La desigualdad sexual que normaliza la pornografía: no todo tiene
justificación
Por Aroa Padrino -
TribunaFeminista
La autora reclama que hay que
reaccionar socialmente, también a la izquierda, ante una forma de entender la
sexualidad y la erótica desde un pensamiento neoliberal del hecho sexual,
fomentando la normalización de una pornografía mantenedora de la desigualdad y
violencia de género.
En lo que llevamos de mes han
sido publicadas diversas noticias y artículos informando de las grabaciones de
porno extremo que se han realizado estos días en Barcelona. Feministas ya se
han posicionado en contra de la permisividad de estas grabaciones en el espacio
público, como el Partido Feminista de España enviando una carta al Ayuntamiento
de dicha ciudad, o como Purificación Causapié, Portavoz Socialista del
Ayuntamiento de Madrid, dirigiéndose al gobierno municipal para que actúe
contra otras grabaciones de porno que también han tenido lugar en la capital.
La primera de estas instituciones ha declarado querer poner coto a estas
situaciones, ha llamado a la participación ciudadana para denunciarlas y ha
expresado su preocupación por ''proteger a personas externas ajenas al rodaje,
y en especial a los menores de edad''. Al mismo tiempo, ha manifestado su
opinión acerca de que ''el sexo que se practica en el porno, como cualquier
otro marco en el que se practique sexo entre adultos, es legítimo siempre que
todas las partes estén de acuerdo y lo hayan negociado previamente al contenido
de las escenas''.
Esta afirmación, compartida por
gran parte de la sociedad e incluso por personas que se autodenominan
''progresistas'' y ''feministas'', me inquieta: se trata de la concepción
neoliberal de la sexualidad por la que se entiende que mientras haya consentimiento
todo vale, como si viviésemos en una sociedad de libres e iguales en la que no
existen unas estructuras normativas que nos coaccionan; como si las elecciones
y los consentimientos del dominador y de la dominada no estuviesen
condicionadas -y señalo los géneros porque, qué curioso, en lo relacionado con
violencia y sexo, dos acciones que se han unificado y que configuran la
pornografía mainstream, el guión al que se ajustan unos y otras es bien
distinto-.
No estoy haciendo apología de que
se impongan prohibiciones en las relaciones sexuales que cada cual decida tener
con quien desee, estoy defendiendo una postura crítica feminista ante la
pornografía, que en una sociedad formalmente igualitaria como la nuestra, tan
comprometida con la igualdad entre los hombres y las mujeres y en la que se
desarrollan políticas activas de igualdad, no debería ni cuestionarse. Lo que
sucede es que esta sociedad formalmente igualitaria es solo eso -que no es poco
pero no debe dejarnos completamente satisfechas-, igualitaria en su forma, no
en su contenido.
Alicia Puleo diferencia entre
sociedades patriarcales de consentimiento y de coerción, España es una de las
primeras: la igualdad sexual es un principio constitucional, de modo que para
cumplir fielmente con los estereotipos de género no se aplican normas legales
que nos obligan a ello, actúa nuestra ''libertad'' para ajustarnos
-casualmente- al lugar que históricamente la sociedad patriarcal nos ha
asignado. ¿Cómo puede suceder esto en sociedades ''desarrolladas'', tan
convencidas de que no es deseable que no existan relaciones igualitarias entre
mujeres y hombres?
Lo que sucede es que esta
sociedad formalmente igualitaria es solo eso -que no es poco pero no debe
dejarnos completamente satisfechas-, igualitaria en su forma, no en su
contenido.
El pasado 25 de noviembre, Día
Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, se celebró
multitud de actos condenando las violencias machistas gracias al trabajo del
feminismo por darles cada vez más visibilidad para que se asuman como un
problema social y estructural, no como problemas individuales o casuales. Me
pregunto cómo podemos pretender que esas violencias se erradiquen si no vamos
precisamente a la raíz de los problemas: que somos sociedades formalmente
igualitarias en las que el patriarcado se solapa con el mundo de la creación y
de lo simbólico, ofreciendo modelos de construcción del cuerpo, de las
relaciones amorosas y de la sexualidad en los que se inscribe la desigualdad
sexual -siendo este frente solo uno de todos los que el patriarcado tiene
abiertos-.
Es precisa una reacción feminista
y en bloque contra la violencia sexual hacia las mujeres que es la pornografía
y que se ha convertido en el modelo hegemónico de sexualidad. No tiene ningún
sentido encajonar las diferentes discriminaciones y violencias que
experimentamos las mujeres, la mitad de la población, por parte de la otra
mitad, como si no estuviesen conectadas y no partiesen de la misma raíz: el
patriarcado, el machismo.
Es precisa una reacción feminista
y en bloque contra la violencia sexual hacia las mujeres que es la pornografía
y que se ha convertido en el modelo hegemónico de sexualidad.
No posicionarse en contra de la
industria pornográfica que está generando modelos femeninos y masculinos en los
que se dan unas relaciones desigualitarias, de dominación y de humillación en
las que mujeres y hombres tienen su lugar establecido y que contribuyen a
alimentar en el imaginario simbólico que las mujeres somos cuerpos a los que es
legítimo oprimir, entiendo que es estar a favor de todo ello. No oponerse a un
negocio en el que sobre los cuerpos de las mujeres se practican estas
violencias es haber caído en la concepción neoliberal del ''todo vale si hay
dinero y consentimiento'', qué casualidad que ''todo vale'' si tiene que ver
con los cuerpos de las mujeres (pornografía, prostitución, úteros de alquiler).
Por mucha ficción que se diga que
es, estamos viendo a personas de carne y hueso sobre las que se ejecutan estas
violencias, las cuales además forman parte de toda una violencia simbólica
contra las mujeres con la que se nos dificulta la lucha cognitiva para alcanzar
nuestra autoconciencia como mujeres en un mundo patriarcal, nuestra autonomía
como parte oprimida de este sistema social. No, todo no vale, no se pueden
vulnerar los Derechos Humanos de las mujeres para hacer dinero ni para ninguna
otra cosa, no nos debería valer que nos estén vendiendo un sexo en el que no se
busca tanto el placer erótico como el placer de humillar a las mujeres.
Me pregunto cuál sería la
reacción de la gente de a pie y de las instituciones si apareciese una
industria audiovisual que hiciese un negocio espectacular recreando situaciones
vejatorias hacia personas negras por el hecho de ser negras, judías por el
hecho de ser judías, musulmanas por el hecho de ser musulmanas; por la razón de
que las personas que ejercen esas violencias disfrutan con ellas porque son
racistas, antisemitas, xenófobos, islamófobos; y porque además, las personas
agredidas lo están consintiendo porque, por el motivo que sea, les satisface
una barbaridad ser degradadas por esos motivos.
Hay consentimiento y se supone
que disfrute por ambas partes, ¿quiénes somos las demás para oponernos a ello?
Y, sobre todo, ¿quiénes somos para recriminar a otras que disfruten viendo
violencia sobre personas negras, judías o musulmanas a las que les gusta ser
humilladas por ello? ¿Por qué nos debería parecer mal que esos vídeos se
descargasen, que se pagase por ellos y que nuestras amistades y familiares
formasen parte de la rueda que hace crecer a ese boyante negocio, tan lleno de
disfrute y consentimiento?
¿Por qué la izquierda lo tiene
tan claro cuando hablamos de defender a la clase trabajadora, de combatir el
racismo y la xenofobia, de defender a todos los grupos oprimidos y no cuando se
trata de los derechos de la mitad de la raza humana?
¿Por qué la izquierda lo tiene
tan claro cuando hablamos de defender a la clase trabajadora, de combatir el
racismo y la xenofobia, de defender a todos los grupos oprimidos y no cuando se
trata de los derechos de la mitad de la raza humana? ¿Por qué nuestros
compañeros y compañeras de partido -porque en la trampa patriarcal de la
normalización de estos modelos caen tanto hombres como mujeres- saltan de sus sillas
con cada apología de las barbaridades anteriores y permanecen impasibles ante
la cosificación y humillación que se hace de esta manera de nuestros cuerpos?
Tal y como Ana de Miguel
reflexiona en su libro Neoliberalismo sexual: el mito de la libre elección, las
sociedades democráticas no podemos seguir obviando la complicidad con la que
consentimos que la desigualdad sexual siga presente en nuestro proyecto de
ciudadanía a través de este tipo de construcciones simbólicas. Y para ello es
preciso que seamos críticas, que conozcamos de dónde venimos y cuál es nuestra
historia como mujeres para así poder entender lo que el patriarcado hace con
nosotras hoy en día.
Fuente:
http://tribunafeminista.org/2016/11/la-desigualdad-sexual-que-normaliza-la-pornografia-no-todo-tiene-justificacion/
http://www.bitacora.com.uy/noticia_8666_1.html