La prostitución, muy lejos del glamour
Jimena Barón promocionó su último
disco con los papelitos que se usan para pedir “servicios sexuales” y desató el
debate.
Mariana Iglesias
07/02/2020 -
“Trato de aguantar sin salir, pero cuando no
tengo nada para darle a mis pibes salgo, no me queda otra... Fijate que a fin
de mes las esquinas están llenas…”. La conversación con aquella mujer comenzó a
cambiar mi cabeza. Estábamos en Constitución. Yo hacía una nota sobre
prostitución. Eran los 90', recién entraba al diario y, convencida de que cada
persona es libre de hacer lo que quiere, que los cuerpos son propios, que las
decisiones son personales, apoyaba la idea de la prostitución como trabajo. Además,
estaba la injusticia de los edictos policiales, que siempre habían penalizado a
las mujeres y travestis. En 2015 fui a Ushuaia y conocí a Alika Kinan, la
primera mujer que llevó a juicio a sus explotadores y denunció al Estado por no
protegerla. “Ninguna mujer nace para puta”, decían las pintadas de los frentes
de los cabarets de la "ciudad roja" del fin del mundo. Los locales
habían sido clausurados, en todos había habido mujeres explotadas y sus dueños
terminaron condenados por trata y explotación sexual. Su historia y la de
muchas de sus compañeras terminaron de convencerme. No hay nada de
“empoderante” en la prostitución. Se trata más bien de desesperación, hambre y
vulnerabilidad. Lo aseguran especialistas de la Procuraduría de Trata y
Explotación de Personas y de los Programas de Rescate y Acompañamiento a las
Víctimas. Ammar, el sindicato que pregona el “blanqueo” de este “trabajo”,
tiene cuatro referentes procesadas y condenadas por explotación. Dice la ONU
que el 80% de las mujeres en situación de prostitución fue abusada en su
infancia o adolescencia. Las travestis, las trans, luchan por el cupo laboral
porque no se resignan a que la prostitución sea su única salida. Parece mentira
que a esta altura se pueda pensar que niñas, mujeres, travestis y trans deban
seguir sosteniendo privilegios (y delitos) de varones a costa de indignidad y
violencia. No hay consentimiento real cuando hay necesidad. Jimena Barón jugó
con el tema para promocionar su nuevo disco. Aunque el marketing lo quiera, no
hay glamour posible en el sometimiento.
Nota: las negritas están en el original.
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