viernes, 16 de noviembre de 2012

La prostitución, veneno y alimento de un oficio antiguo



Abraham, antepasado de Jesús, no encontraba repugnante el comercio sexual, hoy calificado de indigno y deshonroso

La prostitución, veneno y alimento de un oficio antiguo

Víctor Montoya

Toulouse Lautrec


Si en la antigua Grecia y Mesopotamia la prostitución formaba parte de las tareas del templo, y todas las mujeres participaban en ellas antes del matrimonio como un tipo de ritual religioso, en la cultura incaica existían doncellas que, a tiempo de adorar a los dioses, satisfacían los impulsos sexuales del Inca. También se admitió la existencia de “pampayrunas” (prostitutas), quienes vivían aisladas en el campo y dedicadas al comercio sexual. Entre los mayas estaba permitido que los varones llevaran prostitutas a sus casas.

La prostitución de la mujer es tan antigua como la mercancía, con valor de uso y de cambio, una profesión ejercida generalmente por las mujeres provenientes de los estamentos sociales más bajos, una de las manifestaciones del desplome aterrador de la dignidad humana y los valores morales.

Los hombres, en el pasado, no consideraban indecente el oficio de la prostitución, porque ya entonces, como en la actualidad, eran ellos quienes controlaban la superestructura social, donde las mujeres no tenían acceso sino como hetairas o amantes. Por ejemplo, en los países orientales, la prostitución pública de una mujer estaba admitida por todos.

En Babilonia, la orgullosa ciudad de la Mesopotamia, se permitía que las jóvenes fuesen en peregrinación, por lo menos una vez, al templo de la diosa Milita, para prostituirse en su honor, al capricho de los hombres que acudían a raudales, con la intención de descubrir los misterios del amor a través del contacto con una “profesional del placer”. Se consideraba una virtud pertenecer a la orden de las sacerdotisas del templo Istar -diosa de la fertilidad y la guerra-, y los propios reyes dedicaban sus hijas a la vocación sacerdotal, cuya principal función era servir de prostitutas sagradas en las grandes festividades.

Las hetairas, mujeres que elevan la práctica del amor a la categoría de arte, fueron autoras propias de tratados sobre dichas prácticas, pudiéndose enunciar los tratados de Artyanassa, vieja servidora de Helena, de Filenis de Samos y los de Elefantis. []No en pocas ocasiones, el erotismo literario va asociado a la comedia o se asocia con la sátira y la crítica social.

En las religiones y sistemas de creencias siempre está presente el erotismo, aunque se lo puede encontrar en dos facetas aparentemente muy opuestas: por ejemplo en el cristianismo católico los textos místicos de san Juan de la Cruz y “Las Moradas” de santa Teresa de Ávila poseen una retórica llena de un sublimado erotismo dirigido a la deidad, mientras que en otras religiones (como las de los fenicios, mesopotámicos etc.) existía una prostituta sagrada que llegó a la Grecia clásica, en la Roma Antigua se hace notorio el contraste entre la "lujuria" con abundante arte erótico o, más que entre los griegos, directamente pornográfico y la severa castidad y virginidad impuesta a las vestales. Tales antinomias dentro de un mismo sistema religioso se evidencian asimismo en el hinduismo donde existen movimientos promotores de las más rigurosas ascesis opuestas a lo libidinoso junto a exaltaciones de la sexualidad como ocurre con el conocido texto del “kama Sutra” o las imágenes de templos como los de Suria y Khajuraho.

August Bebel, basándose en los relatos del “Antiguo Testamento”, demostró que los judíos no eran ajenos a este tipo de culto y al oficio de la prostitución. En su libro, “La mujer”, apunta: "Abraham cedía, sin escrúpulos, las gracias de Sara a otros hombres, sobre todo a los jefes de tribus (reyes) que iban a visitarle y le retribuían espléndidamente. El patriarca de Israel, antepasado de Jesús, no encontraba repugnante este comercio que hoy calificamos de indigno y deshonroso. Es notable que aún hoy, en las escuelas, se enseña a las niñas el mayor respeto hacia aquel hombre. Como es sabido y hemos dicho ya, Jacob se casó con dos hermanas, Lía y Raquel, las cuales también le entregaban sus siervas; y los reyes hebreos David, Salomón y otros disponían de numerosas harenes, sin que frunciese el ceño Javeh. Era costumbre, y las mujeres la aceptaban" (Bebel, A., 1976, p. 34).

En la antigua Grecia se establecieron también casas públicas, con mujeres que vivían del comercio sexual. Solón las introdujo en Atenas el año 592 antes de la Era cristiana, como apéndice de las instituciones del Estado; hecho que fue elogiado por sus contemporáneos en los siguientes términos: "¡Loor a Solón por haber comprado mujeres públicas para la depuración de las costumbres y sosiego de una ciudad poblada de jóvenes robustos, que sin tan sabia fundación perseguirían con sus galanteos descarados a las mujeres de las clases principales!". En Lidia, Cartago y Chipre, las jóvenes tenían, por su parte, el derecho a prostituirse para ganarse la dote.

La prostitución de las doncellas, "entre los fenicios y los lidios, se imponía a título de deber religioso, y en esto se funda, evidentemente, la costumbre, frecuente en la antiguedad y en las comunidades de mujeres, de conservar la virginidad para hacer con ella una especie de ofrenda religiosa al primero que llegara y pagara su precio a los sacerdotes. Costumbres análogas existen aún hoy, como relata Bachofer, en muchas tribus indias, en Arabia del Sur, en Madagascar, en Nueva Zelandia, donde la prometida es prostituida por la tribu antes del matrimonio. En Malabar paga el marido un tanto al que desflore a su mujer (...) Semejante institución y costumbres sentaban admirablemente a un clero libidinoso, sostenido por hombres de no mayor valía moral; así la prostitución de la mujer soltera se hizo una regla establecida para el cumplimiento de los deberes religiosos (...) El sacrificio público de la virginidad simbolizaba la concepción y la fertilidad de la tierra productora, y se cumplía en honor de la diosa de la fecundidad, venerada en todos los pueblos de la antigüedad bajo los diferentes nombres de Aschera-Astarté, Milita, Afrodita, Venus y Cibeles. Se elevaban en su honor templos especiales, provistos de altares de toda clase, donde se hacían sacrificios a las diosas, según ritos determinados. La ofrenda en dinero, que los hombres depositaban, caía en la bolsa de los sacerdotes" (Bebel, A., 1976, pp. 31-32).

En la cuenca del Mar Mediterráneo, ya fuera en el Antiguo Egipto o entre los pueblos semíticos solía considerarse ya como una desnudez el hecho que las mujeres mostraran en público su cabellera; la ocultación de la cabellera femenina también existió aunque más moderada en la antigua Grecia y la antigua Roma, en la Roma clásica se distinguía a la mujer que no era “lupa” (lupa = "loba" = prostituta) porque llevaba en público sus cabellos o bien cubiertos o recogidos en un rodete; en el Antiguo Egipto se consideró un acto de desnudez femenino el hecho que la mujer exhibiera su cabellera natural, pero como era común que los egipcios y las egipcias se decalvaran por cuestiones de higiene extrema (por ejemplo evitar piojos) el uso de pelucas por parte de las mujeres era altamente erótico y las mujeres semidesnudas con peluca excitaban como si estuvieran desnudas.

La prostituta y los basureros. Matías Piccinelli

La semidesnudez erótica entre los antiguos egipcios ha sido común en pinturas y estatuaria en la que aparecen representadas bellas mujeres vestidas con tules u otras ropas sutiles de hilado con lino cuyas trasparencias permitían observar gran parte del cuerpo femenino, para el egipcio común como para otros pueblos, la mujer saliendo vestida de las aguas, aunque con sus ropas mojadas ciñéndole el cuerpo y mostrando la mayor parte de sus curvas, ha sido una semidesnudez (semidesnudez que se reiteró más de tres mil años después entre cierta élite francesa en tiempos previos al Imperio Bonapartista: la moda estilo imperio precedió al mismo Napoleón I entre las mujeres, las cuales para evidenciar su belleza corporal llegaron a humedecer sus ropas en el bastante poco apacible clima parisino, lo cual dio lugar a un síndrome de resfríos, gripes, neumonías etc. que fue llamado "enfermedad de las muiselinas” o, recordando a la promiscua emperatriz romana, de las Mesalinas.

Si en la antigua Grecia y Mesopotamia, la prostitución formaba parte de las tareas del templo, y todas las mujeres participaban en ellas antes del matrimonio como un tipo de ritual religioso, en la cultura incaica existían doncellas que, a tiempo de adorar a los dioses, satisfacían los impulsos sexuales del Inca. También se admitió la existencia de “pampayrunas” (prostitutas), quienes vivían aisladas en el campo y dedicadas al comercio sexual. Además, como las costumbres sexuales americanas eran más libres y variadas antes de la llegada de los conquistadores, entre los mayas estaba permitido que los varones llevaran prostitutas a sus casas; en Panamá habían incluso tribus en las que se practicó el homosexualismo de manera natural, hasta cuando la moral cristiana se impuso a sangre y fuego y restringió estas costumbres sexuales.

En Nicaragua, la prostitución "era considerado un trabajo tan respetable como cualquier otro; era corriente que una joven se ganara la vida con amantes de paso y acumulara así su dote. Los padres estaban no sólo de acuerdo, sino que guardaban con ella un entendimiento perfecto: seguía viviendo con ellos -su actividad se verificaba en un lugar especial del mercado-, los sostenía en caso de necesidad y cuando quería casarse su padre le cedía una parcela de su terreno. La aceptación social implicada en estas relaciones está corroborada por la actitud de los jóvenes hacia la que vendía su cuerpo (diez granos de cacao era el precio oficial). Igual que si se tratara de una obrera o una empleada, los muchachos del barrio la rodeaban, la querían, la acompañaban a su trabajo o la iban a buscar. Oviedo insiste repetidas veces en que esos hombres, a los que no sabe dar otro nombre que el de ‘rufianes’, no recibían ni dinero ni favores especiales. Cuando la mujer anunciaba su deseo de casarse, sin revelar el nombre del elegido, pedía a los galanes que le construyesen una casa" (Séjourné, L., 1976, pp. 128-129).

En Bolivia, después de descubierto del “cerro que manaba plata”, en 1545, se concentraron en Potosí, junto a virreyes y capitanes generales, cientos de tahúres profesionales y prostitutas célebres, a cuyos salones lujosos concurrían los conquistadores que no sabían en qué despilfarrar los lingotes de oro y plata.

"Otro fenómeno –señala Bebel–, que tiene por causa la supremacía del hombre sobre la mujer, y que persiste y se agrava a cada paso, es la ‘prostitución’. Si en los pueblos más civilizados de la tierra el hombre exigía a su mujer rigurosa reserva sexual respecto de los demás hombres, y si con frecuencia castigaba una falta con penas muy crueles, por ser mujer de su propiedad, su esclava, y por tener, en caso de infidelidad, derecho de vida y muerte sobre ella, no estaba, en manera alguna, dispuesto a someterse a la misma obligación. El hombre podía, ciertamente, comprar varias mujeres, y, vencedor de batallas, quitárselas al vecino. Pero esto implicaba la necesidad de mantenerlas, lo cual sólo pudo realizar una exigua minoría, dadas la desigualdad de las fortunas y el corto número de mujeres hermosas, cuyo precio aumentó. Mas como el hombre iba a la guerra, viajaba continuamente y ansiaba, sobre todo, el cambio y la diversidad de los placeres amorosos, sucedió que solteras, viudas, mujeres repudiadas o esposas pobres se ofrecían al hombre por dinero y éste las compraba para sus placeres superfluos" (Bebel, A., 1976, pp. 30-31).

En la Europa medieval, la prostitución gozaba de una organización gremial, como cualquier otro oficio, y en cada ciudad existía una casa de mujeres bajo el control de las parroquias, en cuyas cajas ingresaban las ganancias de la prostitución. Además, en ese tiempo, las mujeres pobres del campo acudían a las grandes urbes en busca de mejores condiciones de vida. "Si no lo conseguían con su propio trabajo se les presentaba otro camino: vender sus cuerpos. Esta forma de ganar dinero estaba tan difundida que las mujeres venales organizaron sus propios gremios en muchas ciudades. Estos gremios los legalizaban los regidores de la ciudad (es decir, los habitantes que poseían carta de vecindad), y las prostitutas organizadas perseguían encarnizadamente a toda mujer que se atrevía a prostituirse sin pertenecer a las organizaciones legales aceptadas por los honorables consejeros de la ciudad. Por eso era muy difícil ganar dinero como mujer libre ‘callejera’, fuera de las casas de muchachas, es decir, de los burdeles" (Kollontai, A., 1976, p. 73).

Esto no implicaba que las prostitutas estuviesen a salvo de las represalias desencadenadas por el clero. En los tenebrosos días de la Inquisición y la Reforma fueron cientos, acaso miles, las que ardieron en las hogueras, a pesar de que este acto de doble moral se había ya experimentado a principios de la Edad Media, cuando Carlomagno dispuso que toda mujer prostituta fuese paseada desnuda y a latigazos por las calles, mientras él mismo, como emperador y rey cristianísimo, poseía nada menos que seis mujeres a la vez.

A mediados del siglo XIX, los países que más se dedicaron a la trata de esclavas blancas fueron Alemania y Austria. Desde el puerto de Hamburgo se exportó la mayor cantidad de mercancía viviente hacia América del Sur, Bahía y Río de Janeiro, pero el lote más importante era destinado a Montevideo y Buenos Aires, mientras una pequeña parte iba rumbo a Valparaíso, a través del estrecho de Magallanes. Otra corriente dirigíase, sea por Inglaterra o por vía directa, a América del Norte, donde competían con las prostitutas indígenas, y donde se dividía, dirigiéndose, sea hacia el Oeste y California. Desde aquí seguían la costa hasta Panamá, mientras Cuba, las Indias occidentales y México eran abastecidas por Nueva Orleáns. Bajo el nombre de bohemias, otras jóvenes alemanas eran exportadas, a través de los Alpes, a Italia, y de allí, más al sur, a Alejandría, Suez, Bombay, Calcuta, hasta Singapur y aun hasta Hong-Kong y Shangai. Las Indias holandesas, el Asia oriental y, sobre todo, el Japón, eran malos mercados, porque Holanda no toleraba en sus colonias jóvenes blancas de este género, y en Japón las muchachas del país eran demasiado hermosas y muy baratas. La concurrencia americana por San Francisco contribuía igualmente a hacer muy difíciles los negocios por dicho lado, mientras San Petersburgo y Moscú se proveían de los mercados de Riga y otras ciudades del Báltico.
La calle de las putas.

El comercio de esclavas blancas y el establecimiento de casas públicas fueron cada vez más ascendentes, a pesar del sistema de reglamentación que se introdujo en varios estados europeos, con el propósito de registrar a las prostitutas y así evitar la proliferación de la sífilis y otras enfermedades venéreas. Esta reglamentación, a pesar de todos los esfuerzos y recursos, fracasó en todas partes, debido a que ningún hombre se sometió a dicho control.

En cuanto al número de mujeres que ejercían la prostitución en algunas ciudades europeas del siglo XIX, cabe destacar los siguientes datos: en Londres habían entre 80.000 y 90.000 prostitutas en 1869; en París, la cifra de mujeres registradas por la policía es sólo de 4.000, pero el de las prostitutas asciende a 60.000, y, según ciertos autores, hasta 100.000; en Berlín habían alrededor de 15.065 en 1871. Y como sólo en el año 1876 hubo 16.198 arrestos por infracción de los reglamentos de policía de las costumbres, puede deducirse que no exageran quienes estimaban de 25.000 a 30.000 el número de prostitutas berlinesas. En Hamburgo, en 1860, contábase una “mujer pública” por cada nueve mayores de quince años, y en Leipzig había en la misma época 504 mujeres inscritas, pero se calculaban en 2.000 las que vivían esencial o exclusivamente de la crápula.

En el presente siglo, las mujeres del llamado Tercer Mundo, además de sufrir diversos grados de explotación social, son explotadas sexualmente, ya sea con sistemas del tipo “alquile una esposa”, a través de las compañías financieras internacionales, los grupos bancarios que manejan los hotel-burdeles y con la promoción del turismo mediante anuncios sexistas, donde el cliente puede hacer el amor a crédito o pagar con tarjeta.

La pornografía infantil, impresa o audiovisual, es otra de las manifestaciones de la prostitución y un mercado lucrativo, una industria que se vale del cine, el video, la fotografía y el cómic, para comercializar con el sexo de “mujeres-niñas”.

En Japón, donde la industria pornográfica ha superado en beneficios al poderoso sector del automóvil, existen medio centenar de revistas que publican reportajes con fotografías de adolescentes en trajes de baño o vestidas de colegialas en posturas ligeramente eróticas. Los expertos deducen que el hombre japonés siente una gran fascinación por la “mujer-niña”, y los comerciantes del sexo sacan partido de ello.

En EE.UU., la prostitución infantil es consecuencia directa de la pobreza y el consumo de drogas. Los cálculos sobre el número de prostitutas menores de edad sitúan la cifra de más de un millón. Si se añade a quienes se dedican al “sexo de supervivencia” (encuentros ocasionales con el fin de conseguir dinero para comida o droga), el número asciende al doble o triple. Además, existe medio millón de menores que son usadas en la producción pornográfica, de las cuales muchas han sido importadas por la mafia desde Puerto Rico, Jamaica o México.

En Tailandia, el paraíso sexual del turismo occidental, los traficantes ofrecen un préstamo a los padres de las niñas de nueve y diez años de edad, en tanto a las de doce y trece les ofrecen un trabajo como camareras en res­taurantes o como “bailarinas folklóricas”. Pero, una vez en manos de los proxenetas, que controlan el mercado del sexo, son vendidas a los burdeles de Bangkok, Pattaya y otras ciudades del interior, mientras a las más hermosas las venden al extranjero, a Japón, EE.UU., Europa y Canadá, burlando el control de las autoridades que rastrean la pista de los tratantes que miserablemente engañan a campesinos tailandeses y compran a sus hijas por adelantado para comerciar después con ellas en lugar de proporcionarles el “trabajo decente” que se prometió a la familia. En los pueblos del norte, junto a la frontera con Birmania, no queda ni una sola niña, porque han sido vendidas por sus padres o maridos con un contrato como sirvientas a propietarios de burdeles. Pero los traficantes de niñas, tras agotar las reservas tailandesas, han extendido sus zonas de reclutamiento a Birmania, Laos y China. Y, aunque se sabe que el gobierno birmano encierra en prisiones, o incluso asesina, a las prostitutas que vuelven infectadas con el sida de Tailandia, los proxenetas siguen dedicados a su profesión lucrativa: vender servicios sexuales de niños y ofrecer a buen precio la virginidad y el pánico de una niña birmana o laosiana.

La prostitución infantil no sólo está constituida por las niñas que son vendidas ilegalmente, sino también por aquéllas que huyen de sus hogares o abandonan sus aldeas en busca de mejores condiciones de vida. Algunas caen en la prostitución víctimas del secuestro o el engaño. Presas fáciles, se convierten en propiedad de los mercaderes del sexo.

En Filipinas, las niñas pobres acaban en la prostitución, en esos recintos a media luz de las grandes urbes, donde el precio del servicio de las niñas es tres o cinco veces más que el de las prostitutas mayores de edad; en Tailandia, un país de más de 64 millones de habitantes, 800.000 de sus con-nacionales frecuentan alguna de las miles de casas de citas registradas en los archivos policiales, sobre todo en la capital, conocida como el burdel más grande de Asia. Aquí, en el “país de las sonrisas”, se venden cada año aproximadamente 2.000 niñas a los burdeles para el disfru­te de millones de turistas europeos, americanos y japone­ses. El gobierno reconoce una plantilla de 800.000 prostitutas, pero otras organizaciones no gubernamentales hablan de más de un millón, distribuidas en casas de masajes, peluquerías, bares o ejerciendo la actividad en las calles de las princi­pales ciudades.

En Sri Lanka se ha constatado que la industria del sexo afecta más a las niñas que a las prostitutas adultas. Se calcula que existen unos 50.000 niñas controladas por el sindicato de proxenetas, y otras tantas ejerciendo su oficio en las playas de Maratuwe y en las calles de Colombo; en Filipinas 90.000; en la India, considerado el país que tiene mayor incidencia de prostitución, más de 800.000 niñas venden su cuerpo; en Brasil, las menores que viven de la prostitución alcanzan la cifra de 600.000; en Colombia, el número de prostitutas entre ocho y dieciocho años se ha quintuplicado en los últimos años. Los nuevos centros mundiales de la prostitución infantil son Vietnam, Cam­boya, Laos, China, México, Puerto Rico, Brasil, la República Dominicana y los países del antiguo bloque soviético. Pocos rincones del mundo son inmunes a la irrupción del co­mercio del sexo. En los pueblos del Himalaya nepalí, cada año se venden unas 12.000 adolescentes que van a parar en los burdeles de Bombay, mientras las africanas, que aprenden a hablar una babel de idiomas para vender su sexo, acuden en grupos a Bolonia y al Sur de Europa. Asimismo, después del desplome de los países del Este, se ha producido un éxodo de mujeres que acuden a Occidente, con la esperanza de salvarse de la pobreza y obtener bene­ficios. La policía dice que una cuarta parte de las 500.000 prostitutas que existen en Alemania proceden del antiguo bloque del Este. Incluso en el puritano Oriente próximo todas las semanas aterrizan vuelos chárter de mujeres rusas, polacas y checas en el aeropuerto de Dubai, donde se ofrecen como azafatas rubias y de ojos azules, mientras duran sus visados de 14 días.

Aparte del comercio con mujeres extranjeras, que llegan a Europa engañadas por los traficantes que controlan la prostitución organizada, se han creado agencias para promover los llamados “matrimonios de compra”, en las cuales los hombres occidentales “encargan” una mujer de algún país del llamado Tercer Mundo, con el fin de someterla a una especie de semiesclavitud.

Por otro lado, para los capitalistas, las mujeres no sólo ocupan un lugar secundario, sino que, al mismo tiempo, las usan como objetos sin alma ni cerebro, junto a los productos que ofrecen al consumidor. Los burdeles de Amsterdan, París, Berlín, Bangkok o Manila, las exhiben en escaparates lujosos para que el cliente pueda elegir la que más le agrada, como si fuese un vestido, una botella de whisky o un pedazo de jamón. En los anuncios comerciales, donde se muestran jóvenes esbeltas y semidesnudas decorando un coche o un artefacto electrodoméstico, son un detalle más para vender el producto al usuario.

Bibliografía:

1. Bebel, August: La mujer. Ed. Fontamara, España, 1976.

2. Kollontai, Alexandra: La mujer en el desarrollo social. Ed. Guadarrama, Madrid, 1976.

Víctor Montoya

Víctor MontoyaNació en La Paz, en 1958. Escritor, periodista cultural y pedagogo. Vivió en las poblaciones mineras de Siglo XX y Llallagua. En 1976, como consecuencia de sus actividades políticas, fue perseguido, torturado y encarcelado. Estando en el Panóptico Nacional de San Pedro y en el campo de concentración de Chonchocoro-Viacha, escribió su libro de testimonio ?Huelga y represión?, hasta que en 1977, tras ser liberado de la prisión por una campaña de Amnistía Internacional, llegó exiliado a Suecia.
Cursó estudios de pedagogía en la Escuela Superior de Profesores, en Estocolmo. Dictó lecciones de quechua en institutos, coordinó proyectos culturales en una biblioteca y ejerció la docencia durante varios años. Ha publicado: ?Días y noches de angustia? (premio nacional de cuento, UTO, 1984), ?Cuentos Violentos? (1991), ?El laberinto del pecado? (1993), ?El eco de la conciencia? (1994), ?Antología del cuento latinoamericano en Suecia? (1995), ?Palabra encendida? (1996), ?El niño en el cuento boliviano? (1999), ?Cuentos de la mina? (2000), ?Entre tumbas y pesadillas? (2002) y ?Fugas y socavones? (2002). Dirigió las revistas literarias ?PuertAbierta? y ?Contraluz?. Escribe para una veintena de publicaciones en América Latina y Europa.

Es miembro de la Asociación de Escritores Suecos y del PEN-Club Internacional. Participó en el Primer Encuentro Hispanoamericano de Jóvenes Creadores, Madrid, 1985, y fue uno de los principales organizadores del Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Europa, Estocolmo, 1991.

Su obra mereció premios y becas literarias. Tiene cuentos traducidos y publicados en antologías internacionales. Es redactor responsable de la edición digital de Narradores Latinoamericanos en Suecia: http://www.narradores.cjb.net.


http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2012100502



La mayoría de las IMAGENES han sido tomadas desde la web, si algún autor no está de acuerdo en que aparezcan por favor enviar un correo a  alberto.b.ilieff@gmail.com y serán retiradas inmediatamente. Muchas gracias por la comprensión.
En este blog las imágenes son afiches, pinturas, dibujos, no se publican fotografías de las personas en prostitución para no revictimizarlas.
 

jueves, 15 de noviembre de 2012

Mujeres y niñas mercancías sexuales, prostitución globalizada y liberalismo




Mujeres y niñas mercancías sexuales, prostitución globalizada y liberalismo
lunes 12 de enero de 2009

El tema de la prostitución divide el movimiento feminista. Algunas sensibilidades hablan de libertad... otros de esclavitud. ¿Hay que hablar de prostitutas o bien de mujeres prostituidas? Este artículo, encontrado a la página web Europe Solidaire sans Frontières, permite situar la problemática de manera rigurosa. Más allá de un debate moralista, la dramática realidad de estos millares y miles de mujeres y niñas que se encuentran en el ojo del huracán neoliberal, no nos puede dejar indiferentes y nos pide un posicionamiento claro en tanto que corriente militante anticapitalista y antipatriarcal. Sylviane Dahan.

Richard Poulin. A escala planetaria, centenares de miles - quizás millones – de mujeres y de niñas son, cada año, reclutadas, compradas, vendidas y alquiladas por diferentes redes de prostitución. Esta industria se aprovecha de la existencia de una cultura hipersexualizada, así como de la mercantilización de las relaciones sociales, típica del capitalismo neoliberal globalizado.

Todos los observadores están de acuerdo sobre el hecho de que el tráfico de personas con finalidades de prostitución es la actividad del crimen organizado que conoce actualmente la mayor expansión porque es la más provechoso. Concierne 90-92% de los casos, siente de lejos más importante que el tráfico de personas con finalidades de trabajo forzado (ayudas domésticas, trabajadores agrícolas, etc...). [2] Según la Organización internacional del trabajo, las mujeres y las niñas constituyen, en el 2005, a un 98% de las personas víctimas del tráfico con finalidades de explotación sexual. La oficina de las Naciones Unidas para el control de las drogas y la prevención del crimen estimaba, el año 2006, que prácticamente ningún país del mundo se encontraba al margen del comercio de seres humanos: así, enderezaba una lista de 127 estados considerados como países de origen, y señalaba 137 otros como países de destinación.
Los Países Bajos aparecen como una de las diez plataformas giratorias del tráfico internacional con finalidades de prostitución.
Cortesana veneciana. Tintoreto

Los avatares de la legalización de la explotación sexual de las mujeres
En los Países Bajos, un 80% de las personas prostituidas son de origen extranjero – de las cuales un 70% sin papeles. El sector ilegal es más importante que el sector legal. Según toda verosimilitud, son víctimas del tráfico de seres humanos con finalidades de prostitución, una actividad que se encuentra bajo la influencia del crimen organizado. Este país, que el año 2000 legalizó el proxenetismo y que ha reglamentado la prostitución en burdeles y en zonas de tolerancia, recauda mil millones de euros de impuestos el año, procedentes exclusivamente del sector legal de la prostitución. Los burdeles disponen de licencia y los arrendatarios proxenetas operan en toda legalidad.

La legalización de la prostitución en burdeles y en zonas de tolerancia tenía que poner fin a la prostitución de menores. Ahora bien, la Organización para los derechos de la infancia, que tiene justamente la sede en Amsterdam, considera que el número de menores que son prostituidas ha pasado de 4 000 en 1996 a 15 000 el año 2001. Y el tráfico de menores no acompañados es en pleno desarrollo, como en los otros países europeos que han reglamentado la prostitución y han legalizado el proxenetismo (Alemania, Grecia, Suiza, etc ...). Las refugiadas menores de edad que pedían asilo a su llegada al aeropuerto de Amsterdam eran conducidas en hogares especializados, de las cuales desaparecían. [3] El ritmo rápido de estas desapariciones ha alertado las fuerzas de la orden, que han desmantelado en octubre de 2007 una importante red de tráfico de menores procedente de Nigeria. Una parte de ellas ha sido localizada en los burdeles holandeses, así como en los otros países.

La legalización de la prostitución tenía que poner igualmente fin al control del crimen organizado sobre la industria del sexo. Pero las mafias, todo lo contrario, ha extendido su influencia y prosperan como nunca. El ayuntamiento de Amsterdam ha cerrado el tercio de los burdeles de su barrio de tolerancia, comprando de nuevo los edificios con un coste de 15 millones de euros, con el fin de cambiar su función. «En lugar de mejorar las cosas, la política de permisos concedidos desde octubre de 2000 a los burdeles cerrados, ha llevado a una situación incontrolable», afirma Karina Schaapman, ex-prostituta y concejala. Para el alcalde de la ciudad, el «barrio rojo» ha ocurrido un refugio para traficantes y camellos; la reglamentación no ha alcanzado su objetivo, que era romper los vínculos de esta zona urbana con el crimen organizado». Un concejal del
Partido del trabajo explica: «Antes, se veía la legalización de la prostitución como una cuestión de liberación de las mujeres; hoy se la ve como una cuestión de explotación de las mujeres, y eso se tiene que acabar.»

 El fracaso de la política neerlandesa de reglamentación es patente. Un balance similar acaba de ser sacado con respecto a la prostitución reglamentada a Nevada (Estados Unidos) y a Australia. [4]

Una industria mundial
Centenares de miles - quizás millones - de mujeres y de niñas son reclutadas, compradas, vendidas y revendidas, cada año, por redes organizadas en los mercados locales, nacionales e internacionales. Y, a cada etapa o casi de su transporte, son alquiladas a clientes prostituidores. Son transportadas clandestinamente o, según las circunstancias, legalmente: los visados "de artista" para las bailarinas de cabaret, emitidos por numerosos Estados [5]., son denunciados por diferentes organizaciones internacionales y europeas como medio frecuentemente utilizado por los traficantes para prostituir a las mujeres más allá de las fronteras nacionales en el mercado del sexo del mundo entero, desde los países más pobres en los menos pobres, hasta llegar a los países ricos. Así, por ejemplo, se ama|estima que en los últimos diez años, 200 000 mujeres jóvenes y niñas de Bangladesh han sido víctimas de este tráfico hacia el Pakistán, y 150 000 mujeres jóvenes más procedentes de las Filipinas, de Taiwán, de Tailandia y de Rusia han sido prostituidas en el Japón. Los traficantes, prácticamente desconocidos en Londres a mediados de los años 1990, controlan actualmente a un 80% de las jóvenes prostituidas en las calles de la ciudad. Interpol considera que están en medida de participar en el «mercado» de mujeres jóvenes de los Balcanes en un plazo de 48 horas.

Realizado a escala planetaria, el tráfico de mujeres y de niños no puede ser de ninguna manera un fenómeno espontáneo. Movimientos de población que conciernen millones de personas cada año suponen la existencia de organizaciones bien estructuradas, que cuentan con ramificaciones internacionales y numerosas complicidades, que disponen de recursos financieros enormes, y que tienen al suyo servicio toda una cohorte de reclutadores, de encargados del transporte, de vigilantes, "de adiestradores", de patrones de establecimiento y de asesinos.

El tráfico de seres humanos con finalidades de prostitución constituye una verdadera industria donde hacen fortuna a los vendedores y los revendedores, que son compradores por turnos. Como para cualquier industria, una multitud de personas se beneficia de los «flujos de mercancías»: desde el «protector» hasta el intermediario, desde el reclutador hasta el propietario del burdel, desde el aduanero corrupto hasta el policía en cábala con las mafias, desde estos mercaderes de vidas humanas hasta el Estado que recauda tasas e impuestos con la prostitución legalizada.

Un sistema bien rodado
Un tráfico de alcance mundial no se hace de cualquier manera. Exige comisiones y corrupción desde el más bajo hasta el más alto nivel de la sociedad. Exige igualmente medios que van desde la compra de niños bajo falsas representaciones hasta el secuestro, pasando por el engaño. Las organizaciones criminales pueden administrarlo todo, desde el reclutamiento hasta colocación en el mercado de las personas prostituidas, pasando por su traslado desde los países de origen. Pueden funcionar por subcontratación o bien controlar directamente el conjunto de las operaciones. Pueden igualmente prosperar por medio de colaboraciones estrechas con otros grupos criminales, en el marco de una división internacional o regional del trabajo. Contratan especialistas: financieros encargados de blanquear los ingresos, falsarios, abogados y profesionales del lobby. Pueden actuar de manera integrada verticalmente, desde el reclutador hasta el gerente de los establecimientos de prostitución, pasando por los encargados del transporte y del cobro de las deudas de las víctimas, desde los corruptores que distribuyen comisiones en los operadores de las oficinas de colocación y a los escoltas de las víctimas de todo este tráfico.

Hay redes que reclutan mujeres y niñas sobre el terreno, suministran visados y falsifica documentación y organizan el transporte. Los métodos de reclutamiento varían. El método más extendido consiste a publicar pequeños anuncios proponiendo un trabajo en otro país como peluquera, canguro, muchacha, camarera, maniquí o bailarina. Otro método consiste a reclutar por medio de oficinas de colocación, de agencias de viajes o de matrimonio y de encuentros, que son simples, pantallas. Hay víctimas que han sido vendidas para|por su propia familia, para|por su compañero sentimental o para|por instituciones como orfanatos. Una vez|golpe reclutada, la persona es colocada en una situación de dependencia a lo largo de su tráfico. La víctima pasa semillas de mano en mano hasta su llegada al país de destinación|destino. ¡Una chica de 14 años, repatriada de Bosnia y Hercegovina por la Organización internacional para las migraciones (OIM), había sido vendida 22 veces a diferentes redes de proxenetas y propietarios de burdeles! A cada vez, ha tenido que sufrir violaciones y otras agresiones.

Los traficantes se suceden en el momento del desplazamiento de las víctimas del tráfico, pero la suerte de las chicas no varía. Las violaciones y las otras formas de sujeción son frecuentemente utilizadas incluso para la minoría que conoce el objetivo de su tráfico: su prostitución. Sólo llegar al país de destinación|destino, las personas ven sus papeles confiscados y son inmediatamente prostituidas. Las recalcitrantes pasan por un campo de «adiestramiento», donde son rotas psicológicamente.

Dos prostitutas
En el país de destinación|destino, la víctima del tráfico, tanto si ha sido una persona ya prostituida en su país como si no, verá su pasaporte y sus otros papeles confiscados por los que organizan su prostitución. Tendrá que pagar la «deuda» del viaje. Y en eso se añaden los gastos de alojamiento, de alimentos, de indumentaria, de maquillaje, de preservativos, que son deducidos de sus «ingresos». Una vez todos los «gastos» pagados, no le queda prácticamente nada, incluso a menudo su deuda aumenta. Será vigilada, es decir «protegida» según el punto de vista de los miembros de la red que lo explota. Será amenazada de venta a otra red, donde tendrá que pagar de nuevo una «deuda». Si consigue escapar a las proxenetas, corre el peligro de ser expulsado en tanto que inmigrando clandestina, lo cual, según'OIM, no hace más que alimentar las redes de tráfico operante en los países de origen.

Liberalismo triunfante
El deseo de una vida mejor para sí mismo y para sus hijos empuja a la gente a emigrar o a hacer emigrar a sus niños. Es lo que explica, por ejemplo, que una familia albanesa acepte vender a su bebé a traficantes que lo llevarán|traerán a Italia, o que una familia thai del norte del país celebre el nacimiento de una hija como una promesa de ingresos a través de su futura prostitución en el sur del país. Visto bajo este ángulo, poner fin al tráfico de seres humanos exige más que leyes severas y medidas de protección de las víctimas. Hay que atacar el cimiento|fundamento sobre el cual repone el 90-92% del tráfico: la industria de la prostitución. Pero el triunfo del neoliberalismo en los años 1980 ha permitido una aceleración de la mercantilización de las relaciones sociales y todo se ha traducido en un desarrollo considerable de las industrias del sexo, que han visto su legitimidad aumentada. El sexo tarifado ha conocido, en los últimos decenios, una expansión considerable; la sumisión a las reglas del mercado y a las leyes liberales contractuales de intercambio comporta una aceptación cada vez más extendida del acto mercantil, que da acceso, a cambio de una suma variable de dinero, al sexo de las mujeres y de las niñas. La prostitución ocurre, para un número importante de estados de Europa occidental y del Pacífico Sur, un «trabajo» legítimo y, para algunos, incluso un «derecho» y una« libertad ». En los estados del Sur, la prostitución es considerada como uno de los medios de «desarrollo» económico del país. La prostitución forma parte de la estrategia de desarrollo. Además, bajo la exigencia de pago de la deuda externa contraída por numerosos estados de Asia, y más recientemente de África, la prostitución ha sido fomentada por organismos internacionales como el Fondo monetario internacional y el Banco mundial - que han ofrecido préstamos importantes para el desarrollo de sus industrias de turismo y «diversión». El desarrollo de estos sectores ha permitido el elevada de la industria del comercio sexual.

En el transcurso de los dos últimos decenios, la prostitución como la pornografía han ocurrido industrias legítimas y corrientes: ¿han sido renombradas como "trabajo sexual", "venta de servicios sexuales" o bien como "sexualidad recreativa" (para quien| quién?); las proxenetas son simples "empresarias" o, si queréis, "empresarios eróticos"; los reclutadores son "cazadores de talentos"; ¿los bares de striptease y los burdeles son "lugares|sitios de diversión" y " establecimientos eróticos» (para quien|quién?). Las bailarinas desnudas son "eróticas" o "exóticas", y obtienen de numerosos gobiernos "visados de artista". En nombre de "la autonomía" de las personas y del derecho a "controlar el propio cuerpo" [6] (en beneficio del placer masculino) es defensa el "derecho" a la prostitución y al tráfico de mujeres con finalidades de prostitución
(consideradas como una migración de "trabajadoras del sexo"). Esta ideología liberal se ha ido imponiendo poco a poco. Durante mucho tiempo, todo eso no ha parecido normal, "moral" ni "natural". Han hecho falta cambios profundos y un conjunto de condiciones propicias para que se convirtiera en posible formular la prostitución en tanto que "libertad".

La globalización neoliberal es el factor que domina hoy el desarrollo de la prostitución y del tráfico de mujeres y niñas con esta finalidad. Aumenta las desigualdades sociales y explota los desequilibrios entre los hombres y las mujeres, que refuerza singularmente. Se encarna en una mercantilización de los seres humanos y en el triunfo de la venalidad sexual. Esta industria representa la confluencia de las relaciones comerciales capitalistas y de la opresión de las mujeres, dos fenómenos indestriables. A pesar de eso, la inmensa mayoría de los análisis sobre la globalización capitalista contemporánea no toman en consideración el impacto que sobre las sociedades y sobre las relaciones sociales tiene la industria del comercio sexual. En la abundante literatura producida, muchos aspectos han sido examinados: privatizaciones, preeminencia de las
finanzas, ajustes estructurales, falta de regularización, enriquecimiento y empobrecimiento, crecimiento de las desigualdades, neoliberalismo, reducción de los presupuestos sociales, programas de austeridad, paraísos fiscales, etc ... Pero raros son los estudios integrando dentro de la dinámica de la globalización el desarrollo de las industrias del sexo. Sin embargo, el proceso de mercantilización de bienes y servicios, y más particularmente la comercialización del ser vivo, incluyendo cuerpos y sexos, así como la monetarización de las relaciones sociales, están en el corazón|coro actual acumulación capitalista. Muchos opositores a la globalización neoliberal y a la extensión del reinado de la mercancía en la educación y la salud defienden no obstante la legalización de la prostitución y del proxenetismo, en nombre de los derechos de las "trabajadoras del sexo" (nunca en nombre del "derecho" de los clientes prostituidores); vale a decir, la legalización de la explotación sexual de las mujeres y de las chicas.

Eso se conjuga con una cultura cada vez más hipersexualizada (en beneficio de la "diversión" masculina), de manera tal que una "carrera" en el mundo de la prostitución o de la pornografía aparece incluso rodeada de un cierto hechizo. El reclutamiento para estas industrias se encuentra facilidad. Es uno de los efectos notables, pero a menudo silenciados, de la banalización de las industrias del sexo a escala mundial. Por ejemplo, en los países del Este, donde la prostitución, la pornografía y el tráfico con finalidades de explotación sexual han conocido una explosión en los años 1990, toda una serie de encuestas han revelado que cerca de una sexta parte de las alumnas ucranianas percibía la prostitución de manera positiva, creyente que se trataba de una actividad rodeada de lujo y placer en el Oeste, y que una cuarta parte de las chicas de Moscú, alumnos de
secundaria, consideraba la posibilidad de prostituirse. Cuando la prostitución y la pornografía aparecen como si se tratara de un oficio como otro, se abren vías de «futuro» ... para las chicas.
La prostitución ya no es considerada por mucha gente, sobre todo à la izquierda y entre las feministas liberales, como una forma de sujeción del sexo femenino a los hombres, al sistema patriarcal; ahora se trata más bien de un "derecho". Los años 1990 se han caracterizado por la legitimación de la mercantilización sexual de las mujeres y las niñas en beneficio del sistema prostitucional, en nombre de la implementación de ciertas modalidades de regulación (reglamentarismo).

La prostitución, legal o ilegal, como las otras industrias del sexo, no es organizada por las personas prostituidas: éstas sólo son mercancía y moneda de cambio. Está organizada para|por un sistema proxeneta a favor de los clientes prostituidores. ¿Dónde están pues las proxenetas y los clientes en las palabras de los defensores de la prostitución? En el mejor de los casos, los clientes prostituidores no aparecen más que como partos contratantes de un intercambio comercial, como simples consumidores.
Tienen el "derecho" de consumir a las personas prostituidas, tal como se desprende del derecho contractual burgués: se trata de un entendimiento decidido entre dos personas consentidoras (como si una tercera, la proxeneta, no estuviera implicada). Por qué no defender también otro derecho del consumidor, aquél de ver renovar la mercancía de manera periódica - el tráfico con finalidades de prostitución no sirve precisamente por eso? En efecto, este tráfico no les plantea tampoco ningún problema, ya que es considerado también como un desplazamiento "voluntario" y asimilado a una migración de "trabajadoras del sexo".

Al mismo tiempo, los Estados que han legalizado esta explotación sexual y que consideran una buena parte del tráfico como una migración de "trabajadoras sexo" efectúan una distinción entre "prostitución forzada" y trabajo "ilícito". Entonces, una víctima del tráfico, considerada como "consentidora" de su prostitución, no tendrá derecho a ninguna protección particular y, a menudo, será catalogada como inmigrante ilegal. En este caso, ocurre una amenaza para "la integridad territorial" del Estado. No se trata pues de una víctima, sino de una delincuente - caro su entrada en el país ha sido ilegal - y su "trabajo", es decir su prostitución, constituye por lo tanto un acto "ilícito". [7]

Definir la prostitución o el tráfico por|para su carácter forzado o no implica que ya no es necesario analizar la prostitución como tal: su sentido, sus mecanismos, sus relaciones con el crimen organizado, su inscripción a las relaciones mercantiles y patriarcales, su papel en la opresión de las mujeres, etc ... La legitimación de la prostitución pasa por esta operación de reducción liberal.
El capitalismo neoliberal encuentra su expresión acabada en el ámbito de las industrias del sexo. Este régimen de acumulación estrechamente vinculado a las desregularizaciones de la mundialización refuerza de una manera considerable el sistema de opresión de las mujeres y su sumisión al placer del otro, al placer masculino.
Reduciendo a las mujeres a una mercancía susceptible de ser comprado, vendida, alquilada, apropiada, intercambiada o ganada, la prostitución afecta a las mujeres en tanto que grupo. Refuerza la ecuación arcaica entre mujer y sexo, reduciendo a las mujeres a una humanidad menor y contribuyendo a mantenerlas en un estatuto inferior por todas partes en el mundo.
Las mujeres y las niñas pagan un terrible tributo.


En la cama . Degas

Notes
[1] Traducción (francès/castellà) Sylviane DAHAN
[2] La Organización internacional del trabajo (OIT) considera que 2,45 millones de personas son
víctimas del tráfico con finalidades de explotación sexual cada año. Pero esta cifra se desprende de un estudio sobre el tráfico con finalidades de prostitución «forzada», asimilado al «trabajo forzado», es decir que no toma en cuenta el conjunto del tráfico con finalidades de prostitución.
[3] En los Países Bajos, la mayoría de las menores no acompañadas provienen de la China, de Somalia, de Sierra Leona y, más recientemente, de Angola y de Nigeria.
[4] Melissa Farley, Prostitución and Trafficking in Nevada. Making the Connectem, San Francisco, PRE, 2007; Mary L. Sullivan, Making Sex Work: En Failed Experimento with Legalized Prostitution, North Melbourne, Spinifex, 2007.
[5] El año 2004, las embajadas suizas han concedido 5 953 visados destinados a bailarinas de cabaret, medio privilegiado de los traficantes proxenetas para prostituir a las mujeres. El mismo año, Eslovenia ha concedido 650 visados, una gran mayoría a chicas ucranianas, el Luxemburgo aproximadamente 350, Chipre 1 200 visados y el Canadá 500 visados a rumanas (y sin duda más, si se tienen en cuenta las otras nacionalidades). En el 2004, el gobierno japonés ha concedido 71 084 visados a mujeres procedentes de las Filipinas. Diversos países del Caribe, entre los cuales está Santa Lucía, las Bahamas, Jamaica, Surinam, conceden visados a «bailarinas» para que puedan trabajar en la industria de la diversión para hombres. Es igualmente el caso de las Antillas neerlandesas, dónde la prostitución está reglamentada, sobre todo S. Marteen, Curaçao y Bonaire. El Canadá y Luxemburgo han puesto fin a sus programas de visados de artista al final de 2004
[6] Para Élisabeth Badinter, por ejemplo, la prostitución se integra en un "derecho de forma dificultosa obtenido todavía no hace treinta años y [que] exige el respecto de todo el mundo: la libre disposición del propio cuerpo". La distinción entre prostitución "libre" y "forzada" le permite denunciar el discurso que pretende que las personas prostituidas son "víctimas de la lógica económica liberal y del dominio masculino propio del patriarcado". Calificarlas de "víctimas" supondría admitir la existencia de una opresión social estructural, cosa que ya no es el caso: "El patriarcado agoniza en nuestras sociedades."
[7] Sra. Zwerver, Países Bajos, REJA, Migraciones vinculadas al tráfico de mujeres y a la prostitución, Informe de la Comisión sobre la igualdad de oportunidades para las mujeres y los hombres, Asamblea parlamentaria, Consejo de Europa, dock. 9795, 23 abril de 2003.




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