domingo, 10 de julio de 2016

Sexo sin mercado: La prostitución desde el punto de vista de la educación

Sexo sin mercado: La prostitución desde el punto de vista de la educación
10 diciembre, 2012 •
Enrique Javier Díez Gutiérrez.
Profesor de la Universidad de León y Coordinador del Área Federal de Educación de IU.

La primera causa para ejercer la prostitución es la situación de pobreza que soportan las mujeres en todo el mundo. La crisis-saqueo actual y la pobreza alimentan la prostitución. Según la ONU, de los 1.500 millones de personas que viven con un dólar o menos al día la mayoría son mujeres. Y, lo que es peor, la brecha que separa a hombres y mujeres no ha hecho más que aumentar en el último decenio. Es lo que se conoce como feminización de la pobreza.

En los países del sur, pues, las mujeres son carne de cañón para las organizaciones dedicadas al tráfico de personas (segunda causa de la prostitución), uno de los mayores negocios del mundo que, junto con el de las drogas y el de las armas, generan beneficios astronómicos. Se calcula que anualmente son traficados entre 800.000 y 1,2 millones de seres humanos, de los que el 80 por ciento son mujeres cuyo destino son las carreteras, calles, pisos y puticlubs de los países desarrollados, donde ejercerán de esclavas sexuales de varones occidentales, ya sean ejecutivos agresivos, trabajadores quejosos de ser oprimidos por la patronal, “respetables” padres de familia, niñatos que celebran su fin de curso, curas o solteros a quienes les parece menos complicado eso que establecer una relación con una mujer de igual a igual porque, en este caso, están obligados a satisfacerla sexualmente…

Angel Soto con una prostituta. Picasso


La trata de personas, pues, es consecuencia de la demanda de prostitución de los países ricos; los prostituidores o puteros -que no clientes- son la tercera causa de esta lacra. Se calcula que en España entre un 27 y un 39 por ciento de varones ha recurrido al menos una vez en su vida a la prostitución. Es decir que por lo menos uno de cada cuatro españoles ha sido alguna vez cómplice de este opresivo sistema.

La prostitución no es el “oficio” más antiguo del mundo, es la explotación, la esclavitud y la violencia de género más antigua que los hombres hemos inventado para someter y mantener a las mujeres a su disposición sexual.

Si convertimos esta violencia en una profesión como otra cualquiera para las mujeres. ¿Cómo podremos educar para la igualdad en una sociedad donde las chicas sabrán que su futuro puede ser prostitutas, viendo a otras exhibirse en escaparates al estilo del barrio rojo de Holanda, y los chicos sabrán que puede usarlas para su disfrute sexual si tienen el suficiente dinero para pagar por ello?

La prostitución es una forma brutal de violencia de género

La prostitución es una forma de explotación que debe ser abolida y no una profesión que hay que reglamentar porque es violencia de género: «lo que las mujeres prostituidas tienen que soportar equivale a lo que en otros contextos correspondería a la definición aceptada de acoso y abuso sexual. 

¿El hecho de que se pague una cantidad de dinero puede transformar ese abuso en un «empleo»?, al que se le quiere dar el nombre de “trabajo sexual comercial”.

Regular la prostitución legitima implícitamente las relaciones patriarcales: equivale a aceptar un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, establecer y organizar un sistema de subordinación y dominación de las mujeres, anulando la labor de varios decenios para mejorar la lucha por la igualdad de las mujeres.

Al legitimarla se convierte en un soporte del control patriarcal y de la sujeción sexual de las mujeres, con un efecto negativo no solamente sobre las mujeres y las niñas que están en la prostitución, sino sobre el conjunto de las mujeres como grupo, ya que la prostitución confirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres, cuya función sería la de estar al servicio sexual de los hombres.

Si reglamentamos la prostitución, integrándola en la economía de mercado, estamos diciendo que esto es una alternativa aceptable para las mujeres y, por tanto, si es aceptable, no es necesario remover las causas, ni las condiciones sociales que posibilitan y determinan a las mujeres a ser prostituidas. A través de este proceso, se refuerza la normalización de la prostitución como una «opción para las pobres».

Es esta “normalización” la que quiero analizar, pues a través de la normalización es como se construyen los modos de ser y estar en el mundo que se acaban considerando cuasi-inamovibles.


La socialización en la “normalización” de la prostitución

No es difícil encontrar por la calle vallas publicitarias u octavillas en el parabrisas de los coches con un anuncio de un local de prostitución, eufemísticamente denominado “club de alterne”, donde la imagen estereotipada de una mujer se ofrece como reclamo.

Una imagen que no responde a un modelo habitual de mujer, sino que se presenta con una silueta que responde a lo que supuestamente son los deseos y proyecciones sexuales de los hombres: melena espesa, cintura tan estrecha que se quiebra, caderas amplias, piernas largas, zapatos de tacón de aguja que se distinguen claramente, pechos exuberantes y alzados, que se remarcan, para que no haya duda sobre la edad, joven casi adolescente.

El problema es que estos anuncios, que inundan nuestra mirada han “normalizado” una imagen de la mujer como posible objeto sexual al servicio de los hombres. Y la han normalizado hasta el punto de que se transfiere a otros ámbitos y espacios con absoluta “normalidad” y reaccionando con escándalo cuando se critica y cuestiona.

Esto es lo que ha sucedido en mi Ayuntamiento cuando, con motivo del Carnaval, repitiendo el modelo sexista y trasnochado de concurso de “reina” del carnaval, que sigue poniendo de relevancia la belleza de las mujeres como único atributo valorable, la concejala de educación del equipo de gobierno del Partido Popular, diseña un cartel para dicho concurso que presenta una imagen de mujer de forma claramente sexista y con una pose estereotipada, que se tiende a asociar a la imagen publicitaria de locales de alterne y anuncios de prostitución en los periódicos y medios de comunicación.

Los anuncios de prostitución, las páginas web contribuyen igualmente a la normalización de la sumisión o la dominación.

El papel de los hombres: si no existiera demanda, no habría oferta

En esta socialización en la “normalización” de la prostitución juega un papel fundamental el papel de los hombres. Cuando se habla de prostitución el eje de las discusiones se centra en la situación de las prostitutas, ocultando o minimizando el papel de los prostituidores. Pero debemos empezar proclamar insistentemente un hecho incontrovertible como punto de partida clave de esta situación: “si no existiera demanda, no habría oferta”.

La prostitución no es el “oficio” más antiguo del mundo,es la explotación, la esclavitud y la violencia de género más antigua que los hombres hemos inventado para someter y mantener a las mujeres a su disposición sexual

Es decir, somos los hombres, como clase, los que mantenemos, forzamos y perpetuamos el sometimiento de mujeres, niñas y niños a esta violencia de género, demandando este “comercio” y socializando a las nuevas generaciones en su “uso”.

Partimos de un supuesto básico como clase, sea explícita o solapadamente consentido: se considera que todo hombre, en todas las circunstancias y sea cual sea el precio, debe poder tener relaciones sexuales.

La prostitución se justifica como una realidad social “inevitable” que la mayoría de los hombres acepta como algo natural e inamovible. Los hombres de derechas prefieren que permanezca en la sombra para mantener el juego de la doble moral que sustenta su visión del mundo. Los hombres de izquierdas desean que se legalice, alegando la defensa de los derechos de las trabajadoras y “para liberar al resto de los seres humanos del yugo de la moral retrógrada”. Ambos planteamientos evitan analizar los mecanismos de poder patriarcales inaceptables que lo fundamentan.

Pero sobre todo ambos enfoques siguen centrando los análisis sobre la prostitución en torno a las mujeres que la ejercen, ocultando permanente el rostro y la responsabilidad de los hombres que la practican. El “cliente” o prostituidor, el más guardado y protegido, el más invisibilizado de esta historia, es el protagonista principal y el mayor prostituyente.

La explotación de mujeres, de niños y niñas se hace solo posible gracias al prostituidor, aunque su participación en este asunto aparezca como secundaria.

Los trabajos habituales que se dedican al tema los ignoran y a los prostituidores mismos les cuesta aceptar su condición, representarse como tales. Cómo miraríamos en esta sala a algunos de los varones aquí presentes si supiéramos que son maltratadores. Qué exigiríamos si además han sido denunciados o imputados. Sin embargo aceptamos implícitamente que buena parte de los hombres que aquí estamos podríamos ser prostituidores, clientes y usuarios de esta violencia de género, sin ruborizarnos. Es más, en algún momento surgen comentarios “cómplices”, insinuaciones y alusiones veladas, o no tan veladas, que se convierten en motivo de chascarrillo o gracia y que minimizamos porque lo hemos “normalizado” demasiado.

El rechazo generalizado a afrontar un examen crítico o hacer pesar una responsabilidad sobre los usuarios de la prostitución, que constituyen de lejos el más importante eslabón del sistema prostitucional, no es otra cosa que una defensa tácita de las prácticas y privilegios sexuales masculinos. Por eso es tan importante hacer un análisis de las razones que explican por qué en una sociedad más abierta y libre, como la española tras la etapa de la dictadura franquista, sigue habiendo tantos hombres y jóvenes que acuden a relaciones prostitucionales con mujeres o con otros hombres.


¿Por qué los hombres acuden a la prostitución?

La mayoría de los estudios e investigaciones en profundidad sobre el tema llegan a una conclusión similar: “un número creciente de hombres busca a las prostitutas más para dominar que para gozar sexualmente. En las relaciones sociales y personales experimentan una pérdida de poder y de masculinidad tradicional, y no consiguen crear relaciones de reciprocidad y respeto con las mujeres con quienes se relacionan. Son éstos los hombres que buscan la compañía de las prostitutas, porque lo que buscan en realidad es una experiencia de dominio y control total”.

De hecho, no tenemos más que analizar los anuncios de la prensa escrita o de internet, en donde los reclamos se refieren a cuatro aspectos: por un lado la sumisión, por otro lo que denominan “vicio”, el tercero sería la edad y por último el servicio ofrecido. La sumisión, es decir, el haz conmigo lo que quieras, cuando quieras, las veces que quieras, el tiempo que quieras. La alusión al vicio y a sus sinónimos: “viciosa”, “muy viciosa”, morbosa, etcétera. Alusión a la edad: mujercitas, jovencitas, rasurada, aniñada. De ahí que sean los clientes-prostituidores los principales responsables en la cada vez más reducida edad de la “mercadería” que consumen, pues exigen con ansía y demanda creciente el permanente cambio de las mujeres y que sean cada vez más jóvenes quienes satisfagan su “pasión sexual” a precio fijo y por un lapso de tiempo pautado.

Parece como si una parte importante de la humanidad, los hombres que acuden a la prostitución, tuviera un problema serio con su sexualidad, no siendo capaces de establecer una relación de igualdad con las mujeres, el 50% del género humano, que creen que debe de estar a su servicio. 

Como si cada vez que las mujeres consiguen mayores cotas de igualdad y de derechos, estos hombres no fueran capaces de encajar una relación de equidad y recurrieran, cada vez con mayor frecuencia, a relaciones comerciales por las que pagando se consigue ser el centro de atención exclusiva, regresando a la etapa infantil de egocentrismo intenso, y una relación que no conlleva necesariamente ninguna “carga” de responsabilidad, cuidado, atención o compromiso de respeto y equivalencia.

Una segunda conclusión relevante de los estudios nacionales es que España es uno de los países donde el “consumo” de prostitución está menos desprestigiado. Las encuestas indican que un 39% de los españoles acude de forma habitual a la prostitución, sin que se les reproche socialmente ni se les recrimine legalmente. De hecho, parece que hay un consentimiento social ya no tácito, sino explícito, en mantener estrategias y formas constantes que “alivian” la responsabilidad de aquellos que inician, sostienen y refuerzan esta práctica.

Esta estrategia del consentimiento, tiene que ver con una tercera conclusión que se extrae de estos estudios y es cómo ésta influye en el proceso de socialización de los chicos y jóvenes en el uso de la sexualidad prostitucional. El problema de la socialización que se vive en nuestras sociedades sobre la prostitución sitúa a todo varón homo o heterosexual como un potencial “cliente” una vez que ha dejado de ser niño. Así, no sería demasiado exagerado afirmar que la sola condición de varón ya nos instala dentro de una población con grandes posibilidades de convertirnos en consumidores. Si a esto añadimos la regulación de la prostitución como una profesión estaríamos generando unas expectativas de socialización donde las niñas aprenden que la prostitución podría ser un posible “nicho laboral” para ellas, y los niños aprenden que sus compañeras pueden ser “compradas” para satisfacer sus deseos sexuales.

Por eso cualquier intervención en este problema debería tener en cuenta las representaciones que en el imaginario social legitiman la prostitución, este proceso de socialización educativa. Las leyes de Códigos Penales o los tratados internacionales son necesarios pero nunca serán suficientes para contrarrestar prácticas convalidadas por las costumbres o que se legitiman regulándolas socialmente: derechos de los hombres sobre el cuerpo de las mujeres, derechos de los poderosos sobre el cuerpo de los débiles. Los hombres debemos resolver nuestros problemas de socialización para aprender a vivir sin servidoras sexuales y domésticas.

Tal como vives así educas

Es en este contexto social en el que se produce una permanente socialización de género donde los chicos aprenden un rol esencialmente diferenciado de las chicas. No sólo porque el mundo adulto que le rodea pueda iniciarle o no en el consumo de la prostitución, sino porque ve diariamente, constantemente, en los periódicos y revistas de cualquier kiosko, en las vallas publicitarias de las ciudades y los pueblos, en los anuncios de neón de los “clubes de alterne”, dónde se sitúa a las mujeres y dónde se le sitúa a él.

Qué expectativas puede tener él y qué expectativas puede tener cualquier chica de las que le rodea. Cuáles son las categorías mentales y vitales en las que se enmarca su mundo y cuáles son las que enmarcan el mundo de las chicas que le rodean. El contexto social es un espacio de socialización permanente donde los lugares que ocupamos unos y otras generan un posicionamiento vital y experiencial que marcan profundamente nuestra forma de estar y conducirnos en el mundo.

Socializarse significa impregnarse de los modos, formas y valores de una sociedad. En los últimos 50 años se ha iniciado un proceso de denuncia sobre las diferencias educativas de hombres y mujeres que conllevan a la desigualdad. Hay todo un trabajo académico, de movimientos y asociaciones de mujeres que han desvelado y visibilizado la educación sexista, es decir la educación que sigue estableciendo roles de género en función del sexo, unas relaciones asimétricas y jerarquizadas, siendo superiores y mas valoradas todo lo relacionado con lo atribuido al sexo masculino.
Pero actualmente un sector del movimiento feminista parece poner entre paréntesis el análisis de la prostitución como forma de desigualdad extrema, de violencia de género asumida y consentida. 

Proponiendo la regulación de la prostitución como una profesión, como mal menor, con la excusa de luchar por los derechos de las mujeres prostituidas.

Educar en la igualdad un mundo donde la prostitución es una profesión

Lo que nos preguntamos, desde un punto de vista educativo, ante esa postura es ¿cómo vamos a educar a nuestros hijos e hijas en igualdad con mujeres tras los escaparates como mercancías o sabiendo que es un posible futuro laboral de nuestras hijas? ¿Es posible educar en igualdad en una sociedad que acepta e instituye la desigualdad?

¿Qué consecuencias tendría en el proceso de socialización de nuestras niñas y niños un contexto social y cultural que asuma la prostitución como un posible “nicho laboral” más, como otro cualquiera, para las mujeres jóvenes? ¿Alguien puede pensar seriamente que supondrá un avance en el proceso de construcción de la igualdad entre hombres y mujeres?

Los valores básicos ante la vida no se adquieren socialmente tanto por las declaraciones formales de cuáles han de ser éstos, como por las prácticas sociales en las que vive inmersa la infancia y adolescencia y que asumen casi por ósmosis de su entorno, marcado profundamente no sólo por su contexto familiar y escolar, sino especialmente por los medios de comunicación, los grupos de iguales y la sociedad que les rodea. Por eso es tan importante la coherencia entre los principios y valores que se postulan en la sociedad y las prácticas que se llevan a cabo, pues son éstas las que, en definitiva, construyen las expectativas, creencias y hábitos de niñas y niños sobre lo que esperan de su futuro, sobre lo que han de tener derecho o no, sobre lo que es valioso y justo y sobre lo que es una sociedad realmente igualitaria.

Los niños que se “socializan” en un contexto donde la prostitución está regulada legalmente como una profesión más, que, por lo tanto, es aprobada socialmente y se promociona y publicita -en una sociedad de consumo es imprescindible hacerlo-, están aprendiendo que las mujeres son o pueden ser “objetos” a su disposición, que su cuerpo y su sexualidad se puede comprar, que no hay límites para su uso, que incluso pueden ejercer la violencia o la fuerza sobre ellas porque va a haber determinados espacios donde tengan todos los derechos si tienen dinero para pagarlos.

Por eso es radicalmente contradictorio hablar y defender la igualdad entre hombres y mujeres en el proceso educativo de los niños y niñas y simultáneamente apoyar relaciones y espacios de poder exclusivos para hombres, donde la mujer sólo parece tener cabida cuando está al servicio de éste. Una sociedad, cuyas prácticas regulan una concepción de la sexualidad marcada por estos principios, educa a los niños en la expectativa de que no tienen por qué renunciar a ninguno de sus deseos sexuales y a no tener en cuenta a la otra persona, puesto que si tienen dinero para pagarlo todo es posible.

Llevamos muy poco tiempo construyendo procesos de igualdad, intentando hacer visible los aportes de las mujeres en la construcción de la sociedad, removiendo la invisibilidad que ha recaído sobre las mujeres que han contribuido y aportado a la sociedad arte, creatividad, participación política, ya que sabemos que es necesario tener modelos de referencia. Si la prostitución se convierte en una profesión para las mujeres, nos preguntamos cuáles serán los nuevos modelos de referencia para las mujeres que conllevarán esta propuesta donde el valor de la mujer está en su biología, en su cuerpo, en su imagen y belleza a disposición de los hombres. Una imagen y belleza que sólo tienen algunas mujeres y durante un determinado tiempo muy limitado.

Es más, nos preguntamos cómo va a repercutir en el imaginario de los hombres, en sus conductas, actitudes y creencias, y ¿en la vida de las mujeres? Pensemos en la repercusión que tendrá en las actitudes, creencias y expectativas de los niños y jóvenes que viven en un pueblo donde ya no hay escuela pero sí un denominado eufemísticamente “club de alterne”. Podemos imaginarnos su forma de hablar entre ellos de las mujeres. Y podemos ponernos en la piel de las mujeres. ¿Qué tipo de publicidad se va a difundir, que tipo de mensajes visuales u orales se van a publicitar, para enseñar a las nuevas generaciones de hombres a consumir ese producto, mujeres, que es necesario vender? 

¿Cómo va a afectar a la subjetividad de niños y niñas, de adolescentes este tipo de sociedad?
En una sociedad que regule la prostitución estamos socializando a niños y niñas en valores claramente diferenciados: A los niños, en que ellos como hombres, van a poder comprar, pagar por usar, el cuerpo, la atención, el tiempo… de las mujeres. Y a las niñas, en que ellas como mujeres, pueden estar al servicio de los hombres. Quizás no ellas personalmente o directamente, pero sí las mujeres, muchas mujeres. Si se regula la prostitución, educar en la igualdad va a ser imposible.

Zhang Haiying

Centrar las medidas en la erradicación de la demanda

Estamos inmersos no solo en una lucha económica, sino también en una lucha ideológica, de valores y en una lucha por construir otra subjetividad y otra conciencia social. El modelo de sociedad que presentamos a los jóvenes, encubierto bajo un manto de silencio cómplice, contradice profundamente los mensajes que pronunciamos sobre la educación para la igualdad. Nuestro silencio nos hace cómplices de esta nueva forma de esclavitud y violencia de género. Si queremos construir realmente una sociedad en igualdad hemos de centrar las medidas en la erradicación de la demanda, a través de la denuncia, persecución y penalización del prostituidor (cliente) y del proxeneta: Suecia penaliza a los hombres que compran a mujeres o niños con fines de comercio sexual, con penas de cárcel de hasta 6 meses o multa, porque tipifica este delito como «violencia remunerada». En ningún caso se dirige contra las mujeres prostituidas, ni pretende su penalización o sanción porque la prostitución es considerada como un aspecto de la violencia masculina contra mujeres, niñas y niños.

Regular la prostitución legitima implícitamente las relaciones patriarcales: equivale a aceptar un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, establecer y organizar un sistema de subordinación y dominación de las mujeres, anulando la labor de varios decenios para mejorar la lucha por la igualdad entre los hombres y las mujeres. Al legitimarla se convierte en un soporte del control patriarcal y de sujeción sexual de las mujeres, con un efecto negativo no solamente sobre las mujeres y las niñas que están en la prostitución, sino sobre el conjunto de las mujeres como grupo, ya que la prostitución confirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres, cuya función sería la de estar al servicio sexual de los hombres.

Regular la prostitución legitima implícitamente las relaciones patriarcales: equivale a aceptar un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, establecer y organizar un sistema de subordinación y dominación de las mujeres

Como dice Gemma Lienas, que publica en el último monográfico de Nuestra Bandera sobre prostitución, cambiar el destino de estas mujeres en situación de prostitución no pasa por ponerles multas como ha anunciado que hará el ministro del Interior para evitar el “lamentable espectáculo” a las mentes bienpensantes.

Cambiar el destino de estas mujeres pasa por plantear un sistema económico justo y sostenible que incorpore en igualdad a ambos sexos.

Cambiar el destino de estas mujeres pasa por perseguir a las mafias y no favorecer su instalación en nuestro país con leyes permisivas y con modelos económicos basados en el ladrillo o en Eurovegas.

Cambiar el destino de estas mujeres pasa por transformar la mentalidad de esos varones, no sólo con multas que les quiten las ganas sino con una educación que obligue a los medios a cambiar la imagen de la mujer como objeto sexual y a los hombres a corresponsabilizarse emocional y vitalmente.

Cambiar el destino de estas mujeres pasa porque los derechos de las mujeres dejen de ser derechos de segunda y pasen a formar parte de verdad de los derechos humanos.

Vuelvo al inicio. Se dice que la prostitución siempre ha existido, dicen. También las guerras, la tortura, la esclavitud infantil, la muerte de miles de personas por hambre. Pero esto no es prueba de legitimidad ni validez. Tenemos el deber de imaginar un mundo sin prostitución, lo mismo que hemos aprendido a imaginar un mundo sin esclavitud, sin apartheid, sin violencia de género, sin infanticidio ni mutilación de órganos genitales femeninos. Sólo así podremos mantener una coherencia entre nuestros discursos de igualdad en la escuela y en la sociedad y las prácticas reales que mantenemos y fomentamos.

Como decía Martin Luther King: «Tendremos que arrepentirnos en esta generación no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena». Educar para la igualdad exige romper nuestro silencio cómplice y comprometernos activamente en la erradicación de toda violencia de género. No podemos renunciar a nuestra utopía de trasformar la sociedad y educar en igualdad a hombres y mujeres.

Fuente:

http://www.cronicapopular.es/2012/12/sexo-sin-mercado-la-prostitucion-desde-el-punto-de-vista-de-la-educacion/

miércoles, 29 de junio de 2016

Carta de una puta a un putero



Carta de una puta a un putero, Hegele Recíen

Aceptar la prostitución para que los hombres no violéis a las mujeres quiere decir que vosotros sois seres irracionales dominados por vuestro pene. Es curioso que todas las personas hayamos sido socializadas para controlar nuestros instintos (como el hambre) y poder convivir con otros seres humanos sin dañarlos y, sin embargo, vosotros sigáis siendo incapaces de dominaros, teniendo incluso que sacrificar personas para que os desahoguéis sobre ellas, imponiendo vuestra voluntad sobre la suya.

La sociedad teme que vuestra supuesta incapacidad de controlaros os lleve a violar a una mujer, entonces, decide inventar la prostitución, para que hagáis con las putas eso que no quiere que hagáis con todas las mujeres. Y ese hecho, ese sacrificio de mujeres, pasa a denominarse «mal menor». ¡Un mal menor cuando millones de mujeres y niñas son prostituidas! ¿Cómo va a ser un mal menor si se trata de millones, ¡millones!, de personas? Ni siquiera tratándose de dos mujeres o de dos niñas sería justo. ¿Por qué, si sois incapaces de controlaros hay que crear la figura de una sierva? Si una persona es incapaz de dominar su agresividad y asesina a alguien, en seguida se censura y condena, ¿por qué entonces a un putero, movido por instintos tan animales y primitivos, no sólo no se os cuestiona, sino que se os da un cuerpo sobre el que atentar? Es lo mismo que sucede con los violadores y feminicidas, abusan de todas las mujeres que quieren porque, en su sociedad machista, nadie va a cuestionar su actitud ni, mucho menos, va a hablar sobre los derechos de la mujer a una vida segura y libre.

La sociedad da por normal que, si los puteros no tenéis mujeres para comprar y «desahogaros», las vayáis a buscar donde sea para violarlas y hacer todo lo que no se os permite hacer con las putas. ¿Te imaginas a alguien diciendo que va a agredir a una persona negra si no sacrifican a unas cuantas para que las pueda golpear? ¿Te imaginas que una sociedad inventase como trabajo propio de las personas negras el que una blanca las golpease, para así evitar que no lo hiciese con el resto? Semejante criminal incivilizado sería cuestionado de inmediato, pero como se trata de un hombre machista no se hace nada.

Estás dando por hecho que tú, por ser hombre, eres una bestia, ¿pero qué clase de hombre puede decir eso de sí mismo? ¿Dónde están los demás hombres que deberían sentirse ofendidos al escuchar hablar así de los de su propio sexo? Y hasta te atreves a dar ese ultimátum: «o me dejáis tener putas o violaré mujeres; o sacrificáis a algunas para que sean prostituidas y me corra sobre ellas o lo haré igualmente, pero con todas las mujeres que me encuentre». ¿Cómo es posible que se tenga como algo normal que un hombre necesite copular como una bestia, incluso dañando a otros seres humanos e imponiendo esa necesidad? ¿Por qué nunca se ve cierta anormalidad en tu carácter animalizado?

Llegas incluso a justificarte diciendo que tú tienes unas necesidades sexuales mayores a las de las mujeres. Paradójicamente, esa afirmación te condena, porque estás aceptando que, aunque las mujeres no deseen tener sexo tan a menudo, lo van a tener igual sólo porque tú sí deseas tenerlo. Sí dijeses: «Me masturbo más que la mujer porque tengo más deseo sexual que ella», pues no cometerías ningún delito, pero si dices: «Quiero putas o violo porque tengo más deseo sexual que las mujeres», estás imponiendo tu voluntad y deseos, como los únicos válidos y que deben respetarse, incluso sobre otras personas. Si tus necesidades las satisfaces con y en tu propio cuerpo (con la masturbación, por ejemplo) no dañas a nadie, pero si necesitas a las mujeres para eso, estás imponiendo tus deseos sobre los de ellas, ya que estás utilizando un cuerpo ajeno a ti para satisfacerte, sin que esa persona quiera ni lo necesite tanto como, supuestamente, lo necesitas tú, y eso se llama violación. Queda claro, pues, que la prostitución es violación, es imponer a las mujeres relaciones que no desean, es subordinarlas y ponerlas a tu disposición.


fuente: www.unoentrerios.com.ar

Se consiente entonces que los puteros abuséis «sólo» de algunas mujeres (o abusáis de algunas o abusáis de todas) y se crea una forma de violar «sólo» a algunas mujeres para que no violéis a todas, se inventa un «oficio» que consiste en que le hagan a algunas lo que no se quiere que se les haga a todas. Para ello, se parte de que algunas mujeres pueden ser sacrificadas, de que no todas tienen que respetarse, y se divide a las mujeres en las que no merecen ser violadas (las decentes) y las que sí (las decentes), siendo estas últimas las usables, las violables, las que valen tan poco que pueden ser sacrificadas para que tú las uses y dañes a tu antojo. Es por eso que cuando una puta es asesinada se niega que eso sea violencia de género y a nadie le importa ese asesinato. Las putas son mujeres, como todas, sólo que sobre ella, ¡aún por encima!, recae el estigma que tú le pones cuando decides que alguien tiene que servirte sexualmente.

Ese desprecio hacia las putas queda claro: «Sin putas los hombres violarían mujeres», como si las putas no fuesen mujeres. ¿Cómo se las va a proteger si las que se van a tener que prostituir son también mujeres? ¿A quién entonces se quiere defender? Dentro de esa «categoría» de mujeres, la sociedad cree que hay algunas que son «menos mujeres» y cuya suerte poco importa.
¿Y qué criterio se va a seguir a la hora de elegir cuáles serán putas? ¡Oh, claro! Pues el que se está siguiendo ahora: se legaliza o regula la prostitución para que se convierta en un «trabajo como cualquier otro». Entonces, las mujeres prostituidas no pueden salir de ese mundo, porque, si es un trabajo, nadie les va a facilitar ninguna salida, así como nadie se las facilitaría a una profesora para que dejase el mundo de la educación, es absurdo, si ya tiene derechos, salario y protección, ¿para qué iba a querer dejar ese mundo? Y si nadie les facilita una salida a las putas, ellas no pueden, pues recordemos que un 90%, por lo menos, son víctimas de trata y otras muchas son personas sin recursos para poder formarse y trabajar.

Por lo tanto, las putas seguirán siendo aquellas secuestradas por mafias, lo cual implica que tú has elegido cuáles van a ser las sacrificadas por la sociedad para evitar que tú violes a todas, ya que, si esas mujeres y niñas fueron secuestradas, fue precisamente porque a los puteros os gustan unas determinadas mujeres, es decir, pertenecientes a ciertos países, con ciertos rasgos físicos y determinadas edades. También estarían condenadas a la prostitución las mujeres pobres o inmigrantes. Con lo que gusta tener el control y obtener placer gracias a la convicción de que eres superior, imagina la situación: tú eres superior porque eres hombre, porque no te han sacrificado, porque no te han secuestrado, porque no eres inmigrante, porque eres el que exige lo que te van a hacer y porque tienes el dinero. Así que, además de conseguir que la sociedad sacrifique mujeres para tu satisfacción, eres tú quien elige quiénes van a ser, de dónde y de qué edad.

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Las imágenes han sido agregadas por mí, no aparecen en el texto original.
La mayoría han sido tomadas desde la web, si algún autor no está de acuerdo en que aparezcan por favor enviar un correo a  alberto.b.ilieff@gmail.com y serán retiradas inmediatamente. Muchas gracias por la comprensión.
En este blog las representaciones son afiches, pinturas, dibujos, no se publican fotografías de las personas en prostitución para no revictimizarlas; salvo en los casos en que se trate de documentos históricos.

Se puede disponer de las notas publicadas siempre y cuando se cite al autor/a y la fuente.
 






miércoles, 22 de junio de 2016

Declaración contra el tráfico de personas firmada por Francisco



Desde el día 3 al 4 de junio del 2016  tuvo lugar en el Vaticano una cumbre que reunió más de 100 expertos  y jueces de 30 países convocados en torno al tráfico de seres humanos, las mafias, el narcotráfico, la explotación de la prostitución y de los menores, los migrantes y  los desplazados.
A continuación copio la Declaración emanada de ese encuentro y que tiene párrafos directamente dedicados a nuestro tema.
Es pertinente tener en cuenta este documento porque, más allá de las creencias personales que se tenga en materia religiosa, es indudable que la iglesia católica es un factor de poder muy importante en el mundo y sus enunciados son seguidos por millones de personas.
Alberto B Ilieff


Declaración contra el tráfico de personas firmada por Francisco
Redacción Religiónpapa
Sábado 04/06/2016

De la Cumbre de los jueces contra el tráfico de personas ha salido la siguiente Declaración final firmada personalmente por el Papa Francisco:



DECLARACIÓN

De acuerdo con el Magisterio del Papa Francisco, con las declaraciones de los líderes de las principales religiones y de los alcaldes de las más importantes ciudades del mundo, afirmamos que la esclavitud moderna, la trata de personas, el trabajo forzado, la prostitución y el tráfico de órganos humanos, son crímenes contra la humanidad y deben ser reconocidos como tales. Asimismo, el crimen organizado que mira directa o indirectamente a expandir la esclavitud moderna en sus formas antes descriptas, también debe ser considerado un delito de lesa humanidad y reconocido por tal.

Los abajo firmantes nos hemos reunido en la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales para abordar del mejor modo posible por parte de los representantes de la justicia este dramático reto.
La eliminación de la esclavitud moderna hoy es un nuevo imperativo moral para los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas, según rezan los recién aprobados (septiembre de 2015) Objetivos de desarrollo sostenible (Meta 8.7).

La aplicación efectiva del derecho penal es una condición necesaria para "erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas modernas de esclavitud y la trata de seres humanos y asegurar la pro-hibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados". Esto implica asimismo ayudar a remediar las consecuencias sea para las víctimas sea para la sociedad. Es evidente que la justicia penal está intrínsecamente ligada a la justicia social, y a su vez la justicia social a la justicia ambiental. Como afirma la Encíclica Laudato si', "hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres" (S 49). Rehabilitación, reasentamiento y reintegración tienen por objeto liberar a las víctimas de la esclavitud moderna y de la trata de personas, como asimismo restaurar su dignidad humana y su capacidad de ser social y económicamente in-dependientes. No corriendo más el riesgo de recaer en la trata o de recurrir a actividades ilegales y deshumanas, los sobrevivientes pueden contribuir así positivamente al bien de la sociedad.



Con tal propósito, suscribimos los siguientes 10 objetivos:

1. Promover en cada estado el incremento de los recursos y de la colaboración judicial y policial nacional e internacional con el fin de aumentar las bajas tasas actuales de procesos y de condenas para los criminales con el fortalecimiento de los organismos su-pranacionales de la lucha contra los traficantes y de la tutela de los derechos humanos.

2. Habiendo sido aprobados los Objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas y ratificado el Protocolo de Palermo del año 2000 contra la trata de personas, todas las naciones tienen que reconocer la esclavitud moderna, la trata de personas, el trabajo forzoso y la prostitución como crímenes de lesa humanidad con penas proporcionadas.

3. Los bienes incautados a traficantes y criminales ya condenados deben ser utilizados para la rehabilitación y compensación de las víctimas, y para la reparación de la sociedad. El delito de lavado de dinero debe ser intensamente perseguido, porque consiste en hacer que los fondos o activos obtenidos a través de actividades ilícitas aparezcan como el fruto de actividades legales.

4. Abogar para proporcionar un apoyo adecuado a las víctimas que incluya la asistencia civil y legal, una protección segura de los testigos, la asistencia médica y el sostén a las personas por parte de las agencias de servicios sociales, especialmente en el caso de las víctimas indocumentadas. Favorecer la colaboración con la justicia de las víctimas como testigos, también a través de la protección segura y profesional de los mismos con programas de protección organizados a nivel internacional.

5. En el caso de víctimas indocumentadas, emanar autorizaciones de residencia temporal en el país de destino para los que deseen permanecer en éste, independientemente de su situación legal. Garantizar el acceso efectivo a los tribunales pertinentes, a la asistencia jurídica gratuita, y el acompañamiento hasta la reinserción laboral efectiva.

6. Alentar esfuerzos concertados para reducir las prórrogas al acceso a la asistencia legal por parte de las víctimas reconocidas de esclavitud moderna.

7. El tráfico de órganos, definido y condenado por la Declaración de Estambul (2008), debe ser reconocido como delito en todos los países y perseguido eficazmente por la justicia en los ámbitos nacionales e internacionales. Asimismo junto con ser ilegal tal actividad debe ser también reconocida como típica de las orga-nizaciones criminales internacionales.

8. La sanción de los clientes de servicios sexuales debe constituir parte integral de la legislación para una eficaz lucha contra la es-clavitud y la trata, al igual que quien emplea a sabiendas trabajo forzado.

9. Las víctimas de trata no deben confundirse con los inmigrantes irregulares, ni con las personas objeto de tráfico.

10. La repatriación de los extranjeros no documentados nunca debe ser una respuesta sin el acuerdo de las víctimas a fin de evitar el riesgo de las recaídas y de las actividades ilegales y deshumanas.

Franciscus

Fuente:
http://www.cope.es/detalle/declaracion-contra-el-trafico-de-personas-firmada-por-francisco.html?id=2016060419240001




domingo, 1 de mayo de 2016

Lo que piensa una prostituta de sus clientes, dicho con total sinceridad

La confesión de Tanja Rahm
Lo que piensa una prostituta de sus clientes, dicho con total sinceridad
Aunque no es legal, miles de españoles siguen recurriendo a los servicios de las profesionales. Seguramente se lo pensarían dos veces si escuchasen estas palabras
Héctor G. Barnés
22.04.2016

Tanja Rahm


Uno no puede meterse en la mente de otras personas, por mucho que lo pretenda. Decir “sé cómo te sientes” a una prostituta suele ser un acto banal y vanidoso, en el que simplemente recurrimos a alguna experiencia negativa en nuestra propia experiencia laboral para intentar encontrar alguna relación. Por eso resultan tan interesantes los testimonios en primera persona que nos ayudan a comprender qué ocurre dentro de la mente de las mujeres que ofrecen sus servicios sexuales.
Un buen ejemplo de ello es el libro 'Prostitution Narratives: Stories of Survival in the Sex Trade' (Spinifex Press), que recoge unos cuantos testimonios en primera persona. Uno de ellos, y seguramente el más popular debido a su rápida viralización, es la carta abierta de Tanja Rahm a sus antiguos clientes. La danesa, que actualmente tiene 35 años, trabajó durante tres años como prostituta poco después de cumplir 20. Actualmente es terapeuta y sexóloga.
Puede ser que no represente la experiencia de todas las prostitutas, pero merece la pena leer al completo la carta. Sobre todo si, como ocurre con tantos españoles, se es uno de esos clientes que consideran que al contratar los servicios de una prostituta le están haciendo un favor:

"Querido cliente,
Si piensas que alguna vez me he sentido atraída por ti, estás terriblemente equivocado. Nunca he deseado ir a trabajar, ni siquiera una vez. Lo único en mi mente era hacer dinero, y rápido.
Que no se confunda con el dinero fácil; nunca fue fácil. Rápido, sí. Porque rápidamente aprendí los muchos trucos para conseguir que te corras pronto para poder sacarte de mí, o de debajo de mí, o de detrás de mí.

Y no, nunca me excitaste durante el acto. Era una gran actriz. Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Porque mientras tú te tumbabas ahí, mi cabeza estaba siempre en otra parte. En algún sitio donde no tuviese que enfrentarme contigo acabando con mi respeto hacia mí misma, ni pasar 10 segundos pensando en lo que ocurría, o mirándote a los ojos.

Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas. Preferiría que hubieses salido y entrado tan rápido como pudieses. Cuando pensabas que eras mi príncipe azul, preguntándome qué hacía una chica como yo en un sitio como ese, perdías tu halo cuando pasabas a pedirme que me tumbase y centrabas todos tus esfuerzos en sentir mi cuerpo todo lo que pudieses con tus manos. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo.

Cuando pensabas que podías estimular tu masculinidad llevándole al clímax, debes saber que lo fingía. Podría haber ganado una medalla de oro por fingir. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. ¿Qué esperabas? Eras el número tres, o el cinco, o el ocho de ese día.
¿De verdad pensabas que era capaz de excitarme mental o físicamente haciendo el amor con hombres que no elegía? Nunca. Mis genitales ardían. Del lubricante y los condones. Estaba cansada. Tan cansada que a menudo tenía que tener cuidado de no cerrar mis ojos por miedo a quedarme dormida mientras mis gemidos seguían con el piloto automático.

Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello. No me interesaban tus excusas. Me daba igual que tu mujer tuviese dolores pélvicos, o que tú no pudieses salir adelante sin sexo. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo.
Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira. No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Duda de si todos los hombres eran tan cínicos e infieles como tú.

Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí. No veías a la persona bajo la máscara. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable.
De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años. Básicamente, te daba igual. Porque solo tenías un objetivo, y era mostrar tu poder pagándome para utilizar mi cuerpo como te apeteciese.

Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Era porque mi cuerpo era una máquina que no podía ser interrumpida por el ciclo menstrual, así que metía una esponja en mi vagina cuando menstruaba. Para ser capaz de continuar entre las sábanas.
Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído. Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba.


Cuando venías con objetos, lencería, disfraces o juguetes y querías juego de roles erótico, mi máquina interior tomaba el control. Me dabais asco tú y tus a veces enfermizas fantasías. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años. No ayudaba que tuvieses 50, 60, 70 o más.

Cuando regularmente violabas mis límites besándome o metiendo los dedos dentro de mí, o quitándote el condón, sabías perfectamente que iba contra las reglas. Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no. Y lo disfrutabas.
A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Y lo utilizabas de manera perversa para mostrar cuánto poder tenías y cómo podías traspasar mis límites.
Cuando finalmente te regañaba, y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta. Eras condescendiente, amenazador y maleducado.

Cuando compras sexo, eso dice mucho sobre ti, de tu humanidad y tu sexualidad. Para mí, es un signo de tu debilidad, incluso cuando lo confundes con una especie de enfermiza clase de poder y estatus.

Crees que tienes derecho. Quiero decir que las prostitutas están ahí de todas formas, ¿no? Pero solo son prostitutas porque hombres como tú se interponen en el camino para una relación saludable y respetuosa entre hombres y mujeres.

Las prostitutas solo existen porque hombres como tú sienten que tienen el derecho de satisfacer sus necesidades sexuales usando los orificios del cuerpo de otras personas.

Las prostitutas existen porque tú y la gente como tú sienten que su sexualidad requiere acceso al sexo siempre que les apetece.

Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque te preocupan más tus propias necesidades sexuales que en las relaciones en las que tu sexualidad podría florecer de verdad.

Cuando compras sexo, revelas que no has encontrado el corazón de tu sexualidad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el sexo consiste en eyacular en la vagina de una extraña.
Y si no hay ninguna a mano, no tienes que ir más lejos que a la esquina de tu calle, donde puedes pagar a una mujer desconocida para ser capaz de vaciarte en una goma mientras estás dentro de ella.
Qué hombre frustrado y lastimosos debes ser. Un hombre incapaz de crear relaciones profundas e íntimas, en las cuales la conexión sea más íntima que tu eyaculación.

Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus clímax, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus genitales para librarse de ellos. Qué masculinidad débil. Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por sexo.
En lo que concierne a tu humanidad, creo en la gente de bien, incluido tú. Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable

También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites.
Pero ¿sabes qué? Se llama evadir tu responsabilidad. No estás enfrentándote a la realidad. Te engañas pensando que la gente a la que compras no han sido compradas. No han sido forzadas a prostituirse.


Quizá pienses que me hiciste un favor y me diste un respiro hablándome del tiempo, o me diste un pequeño masaje antes de penetrarme. No me hiciste ningún favor. Todo lo que hiciste fue confirmar que no merecía más. Que era una máquina cuya función primaria era dejar a los otros aprovecharse de mi sexualidad.

Tengo muchas experiencias en la prostitución. Me han permitido que te escriba esta carta. Pero es una carta que preferiría no haber escrito. Ojalá hubiese podido evitar estas experiencias.

Tú, por supuesto, te consideras como uno de los clientes buenos. Pero no hay clientes buenos. Solo aquellos que confirman la visión negativa de las mujeres sobre sí mismas.

Sinceramente,
Tanja Rahm"


http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-04-22/carta-abierta-prostituta-que-piensa-clientes-total-sinceridad_1187152/