martes, 1 de marzo de 2016

¿El cliente siempre tiene razón?

Comparto esta exposición que presenté en las  “V Jornadas Nacionales Abolicionistas sobre  Prostitución y Trata de Mujeres y Niñas/os” realizadas en Santa Fé, Argentina, en junio del  año 2015



¿El cliente siempre tiene razón?
Alberto B Ilieff

Es más que un lugar común decir que “el cliente siempre tiene razón”, es la base del sistema capitalista y consumista porque es al cliente a quien está dirigida la producción, porque es él quien con su dinero sostiene toda la maquinaria.
Esto lo saben los empresarios, los publicistas, los candidatos político-partidarios cuando les dirigen todas sus seducciones, cuando les crean aquellas insatisfacciones que, les dicen, serán cubiertas con aquel producto, con aquel gobierno.

Cuando hablamos de prostitución decimos que es un sistema el que actúa, el prostituyente, conformado por distintos actores, por nombrar algunos: proxeneta, tratante, hotelero, taxista, persona en prostitución, consumidores.
Sin embargo, la mayoría de los estudios se han realizado especialmente sobre las mujeres en prostitución. Gracias a  ellos llegamos a tirar abajo los mitos que las rodean y a  comprender su situación de víctimas, otros estudios se abocan a su recuperación. La esfera penal se dedica y persigue la acción de los proxenetas y tratantes. Es en este punto donde se hace evidente un hueco en el relato, algo que es sustraído de la escena, se hace notoria la injusticia que se comete al silenciar a la figura más importante: el cliente-consumidor. Quizá porque sea un personaje de perfil muy bajo, porque no hace asociaciones o sindicatos llamativos, no se dedica a marchas ni a salir por televisión. Mientras que el mundo de la prostitución queda reducido a la oferta, aún desde la misma etimología de la palabra (lo colocado adelante, a la vista) es lo que aparece, lo que es expuesto, cargado de redundancias desde aquella llamativa luz roja, el aspecto de la demanda no aparece con igual claridad. Es probable que el cliente se retraiga por compensación a este muestrario vivo en una especie de timidez adolescente.

Son sujetos esforzados que hacen malabares para sacar tiempo al tiempo, para silenciosamente moverse en el mundo prostibulario evitando el rechazo de una sociedad: una novia, una esposa, unos hijos y quizá también nietos, que no comprenderían sus  profundas necesidades.
No tiene horario, es el taxista que detiene media hora su ronda para ir al “privado”, el oficinista que seguramente, a hurtadillas, se estuvo entonando en el trabajo con algo de pornografía y sale apurado en la hora del almuerzo para ir a un departamento cercano a su oficina, el obrero que al final de la jornada antes de volver a su casa toma el colectivo al burdel. En definitiva, personajes de todo color, sin distinción de edad o condición social.



Por estas características es, quizá, que no conocemos sus voces, que no nos hemos dedicado a escucharlos. Si bien últimamente aparecen algunos estudios no creo que muestren a la persona real, sin maquillaje, al cliente de la prostitución en su sinceridad sin máscaras. Personalmente he realizado muchas entrevistas a prostituidores en las que si bien se pueden rastrear distintos elementos, por el marco en que se desarrollaron, no aparecen sus dichos emitidos sin maquillaje. En estas breves palabras pretendo acercarlos, en esta Jornada presentar su voz para ir reparando, cerrando ese punto ciego en el sistema prostituyente en el que ellos están.

No les traigo las palabras que ellos dicen a los entrevistadores, a los estudiosos, ni siquiera a los psicólogos, sino aquellas que se dicen entre pares, entre los que comparten un mismo entusiasmo. Son las que aparecen en algunas páginas y blogs de internet en los que se encuentran y comentan. Impresiona leer sus comentarios en estos sitios web porque ahí se revela la camaradería, como los sujetos sin conocerse, pues hablan desde seudónimos, hacen fichas de las mujeres, describen los lugares y por último hablan de su experiencia sexual con el deseo de que esto oriente a otros varones. Contribución desinteresada a la comunidad masculina.
 
Ashton Kutcher
Presento extractos de sus dichos en lo que me parece más significativo para poder conocerlos en su profundidad con la esperanza que a través de sus propias palabras podamos comprender sus motivos y también porque son escondidos, tapados para que no sean vistos.

Aclaro: estos comentarios son fuertes en su expresión y pueden herir la sensibilidad de algunas personas, han sido únicamente recortados dada su extensión y para poder exponer varios, no he modificado ninguna de las palabras ni la redacción usada.

“Le digo que me gustaria follarla por detras y se pone a cuatro patas, y me lleva a su agujerito, mmmm, que placer, todo prieto, unos cuantos empujones y me corro.
Relajacion y vuelta a trabajo, esta vez con diferentes posturas, y por su vagina humeda, termina con un buen frances.
La verdad es que si quiero sexo anal e implicacion ya se ha donde ir, pero tambien soy de los que me gusta la variedad y no estar siempre visitando la misma persona.”


“…….La verdad es que es muy manejable, la puse en todas las posturas imaginables y me la folle desde todos los angulos. Finalmente me corri con una mamada que me vacio hasta la última gota. No ha estado mal.”

Me parece algo cara la relación calidad precio por lo que en un hipotetico ranking la pondría por detrás de Briguitte por ejemplo pero muy por delante de la docena de orcos que trabajan por Amara. Creo que es una chica que merece la pena probar, pero no estoy tan seguro sobre si vale la pena repetir.”

No hay cosa que más me joda en una Lumi, que te cobre 120€ y no te deje hacer lo que a tí te apetezca, ya que para eso pago

“No me he ido porque llevaba ya el calentón encima, pero ni de coña vale los 100 que cobra. Por 60 no sería mala opción del todo…. Mamada sin poco tiempo, polvo rápido y fuera. Le he pedido que me dé un masaje, para amortizar parte del dinero por lo menos”

Muy manejable y agradable de tocar. Tiene unas tetas de lo más suculentas. El frances sin goma
 
Sean Penn
“cobra 60 la media y 120 la hora, con estos precios espero un servicio excelente, pero no, parece que la chica se queria meter monja antes que puta, y se dedica a cobrar servicios y no hacerlos.
La tía una lerda, que ni picardia ni ostias que pone en el anuncio, ni besa, ni siquiera piquitos, te pone caras si le tocas, un frances de mierda... sosa, pero sosa,sosa, vamos lerda. No se implica en absoluto, autentica muñeca chochona, para meter y no mirar... pero es que la tía ni habla vamos.
Por mi parte, después de un rato de intentar hacer algo, me he mosqueado y largado de allí, no antes sin comentarle, que se dedicara a otra cosa, por que lo que es , por mi parte es el último idiota al que engaña, así que, aplicaros el cuento, y ponerla en vuestras listas negras.”

“aunque gemia se notaba que eran mas que forzados. las he visto mejores, pero no me quejo ya que me lo pasé bastante bien, era bastante warrilla, le metia el dedo en el culo y no me decia nada….
super manejable, culazo, cuerpazo. me quedo la duda de si me dejaria echarselo en la cara.”

“Estuve unos 50/55 minutos con ella, yo iba a lo que iba, a sodomizarla sin piedad, y es lo que hice. Al final la pobre gemia de dolor, pero aguantaba como una campeona.
La primera vez me corrí sobre sus labios y boca, y la segunda dentro de su culito en un maravilloso orgasmo.
En fin, salí contento de allí.”

(el subrayado es mío)


Podríamos hacer una análisis a partir de las palabras para acercarnos más a la comprensión del interior de estos sujetos, pero esto nos alejaría del objetivo que propongo que es mostrar a través de sus propios dichos, como la mujer es fragmentada en trozos de cuerpo sobre los que cae una mirada crítica, la persona no existe, nada que implique el reconocimiento de una subjetividad en esos cuerpos.

No es necesario interpretar nada, todo está ahí, es evidente la violencia, la misoginia que destruye a la mujer, le arrebata su interior y la rompe.



Desde la perspectiva de género sabemos que los varones somos los opresores y las niñas, niños, mujeres, trans son las oprimidas.
Desde el abusador de niños y niñas, el pederasta, hasta el putero, pasando por el violador, el golpeador, hasta el feminicida, hay un hilo conductor, esa línea que los une es la violencia. En todos estos casos el varón ejerce su sexualidad como herramienta ante alguien que por su edad, su condición o vulnerabilidad se halla en situación de sometimiento. No debemos olvidar que el patriarcado les ofrece la base cultural que justifica su accionar dominante y violento. En esto no hay Eros sino Tanatos, destrucción. Y no importa que lo digan como en los testimonios que arriba expuse, o hablen maravillas de las mujeres que son usadas o como los pederastas que califican su acto de “amor a los niños”, la acción en sí misma muestra su característica violenta, no es necesario ir más allá.
El ocultamiento del putero sirve también  para hacer desaparecer la relación de poder y sometimiento entre el poseedor del dinero-falo y la/el desposeído, la realidad de la economía capitalista en clara evidencia.
Hablamos del “cliente”, ahora con claridad señalémoslo y  llamémoslo prostituidor, pero no solamente a él sino todo el sistema prostituyente del que forma parte y, abriendo la mirada, también debemos incluir a esta  sociedad misógina que no solamente permite sino que publicita la violencia de género a tal punto que, bien estamos viendo, se permite llegar al asesinato, al feminicidio.
Los avisos prostituyentes de los diarios, los reportajes a personajes encargados de promover la prostitución, los espectáculos en que se cosifica a la mujer, son algunas muestras de la propaganda que se hace de la violencia de género.

La persona en prostitución desde un principio es quien es mostrada, colocada en su desnudez ante la vista pública, no es ella la que esta invisibilizada, por el contrario,  es el putero quien está realmente quitado de la escena, sacado del pensamiento y la visión, guardado y protegido,  y de este modo su papel de dueño no es conmovido.
Esto es así porque cuestionar al consumidor de prostitución también implica poner la mirada sobre  el lugar de quien tiene el poder-dinero y su peligroso privilegio de someter y abusar de quienes están en situación de inferioridad, lugar del capital en relación al trabajador, del poderoso en relación al vulnerado.
Cuestionar al prostituidor es también poner en la mira a toda la sociedad creadora de desigualdad y sus sistemas de sometimiento y humillación. Es decir que la violencia naturalizada, instituida, es parte integral de este sistema de relaciones, no es un fenómeno externo o consecuencia de otra cosa,  constituye la esencia misma del sistema de opresión y explotación que se hace mucho más claramente con aquellas que desde el patriarcado son estructuralmente vulneradas, las mujeres.
Esto nos trae a un eje que debe ser central en toda esta temática: la prostitución siempre es un hecho social, no individual.
La pregunta entonces debe dejar de ser  “¿por qué la mujer se prostituye?” para ser ¿por qué la sociedad genera la prostitución como institución? ¿cuáles son las condiciones de posibilidad para que exista y sea sostenida una violencia de este tipo?

Si decimos que la institución prostitución implica violencia, desigualdad, estrategias de poder  a través del lugar que se otorga al “cuerpo” y lo que se puede hacer con él dentro de este esquema, el dinero como piedra de toque y justificación, estamos hablando de algo que trasciende la mera individualidad y por lo tanto al propio “cuerpo” para mirar directamente al sistema prostituyente basado en el prostituidor y su dinero y por el a la sociedad toda.

Ante esto, ¿qué caminos tomar?
Reconozco el valor que el dictado de leyes tiene dentro del estado de derecho como señalador de conductas consideradas valiosas o disvaliosas para una sociedad en determinado momento histórico, por eso, penalizar al prostituidor es un avance importante que lo sacará definitivamente del anonimato para ponerlo en el centro de la acción, máxime en un sistema abolicionista en el que la persona en prostitución no es perseguida penalmente. Desde la experiencia sueca otros países se han sumado a la penalización: Noruega, Islandia, Corea del Sur, Canadá, Irlanda del Norte y hace muy poco tiempo Francia.

Obviamente esta será solamente una forma de indicación en la medida en que no se dirijan capacitaciones sobre esta temática a los poderes del Estado y especialmente al personal policial, o sea, haya una verdadera voluntad política para la aplicación de la ley. En Suecia fue necesario un importante trabajo de capacitación a funcionarios judiciales y policiales para lograr su efectiva aplicación.

También es cierto que el derecho penal va detrás de los hechos y no los soluciona, por eso me parece fundamental dedicar nuestros esfuerzos para lograr una verdadera educación sexual integral, basada en el género, como modo de abrir a las generaciones que nos suceden nuevas posibilidades de relación consigo mismo, con su propia sexualidad y con las/los otros y ayudar a las actuales a replantearse su postura desde una visión igualitaria.
 
Stop, zona de prostitución. Gustavo Vázquez King
El prostituidor fue educado para reproducir una sociedad desigual, para mantener el estado actual de división entre los que mandan y los que obedecen en función de un sistema clasista en que la jerarquía esta también basada en el uso de la violencia, aún la legal. La sexualidad también es usada para reproducir este mismo esquema de poder, la prostitución, el prostituidor, son los encargados de poner en caja, de reglar y hacer que se adapte a la norma general a una sexualidad que de otro modo estaría librada al deseo y a la propia satisfacción.

Debemos confiar que un cambio duradero procederá desde las bases, desde los niños y jóvenes, serán estos quienes, luego con su pensamiento y acciones nuevas modificarán la institución de la sociedad.

Educar en libertad, valores humanistas, en la igualdad, es poner las bases hacia un cambio duradero que llevará de por sí a la caída del sistema prostituyente.

Junio 2.015






Las imágenes han sido tomadas desde la web, si algún autor no está de acuerdo en que aparezcan por favor enviar un correo a  alberto.b.ilieff@gmail.com y serán retiradas inmediatamente. Muchas gracias por la comprensión.
En este blog las representaciones son afiches, pinturas, dibujos, no se publican fotografías de las personas en prostitución para no revictimizarlas; salvo en los casos en que se trate de documentos históricos.

Se puede disponer de las notas publicadas siempre y cuando se cite al autor/a y la fuente.




miércoles, 20 de enero de 2016

Laicismo, prostitución y libertad de conciencia

Laicismo, prostitución y libertad de conciencia
La prostitución también degrada al hombre, porque le hace mero comprador de un bien de consumo, arrancado de él la humanidad que se le supone.
Teresa Galeote

Los seres humanos son un fin en sí mismos y no pueden ser utilizados como meras mercancías
La controversia entre la prostitución y la libertad de conciencia para mí no existe; al igual que otros temas de gran calado, yo estoy por la abolición de la prostitución, como lo estoy por la abolición de todas las situaciones que esclavizan a los seres humanos, porque entiendo que la víctima de la esclavitud no ejerce la libertad de conciencia, sino que es llevada a esa situación por causas ajenas a su voluntad.

La trata de mujeres es un negocio muy lucrativo, un negocio que mueve miles de millones de euros y como tal, la prostitución no es ejercida de forma libre, sino que se basa en la esclavitud. ¿Debe ser el Laicismo neutral a la controversia sobre la prostitución? Yo creo que no; porque cuando hablamos de derechos humanos, cuando hablamos de dignidad no podemos ser neutrales, so pena que nos desentendamos de aquello que decimos defender, y en cuyo caso tendremos que entrar en otro debate.



Andrés Carmona sostiene que el Laicismo debe mantenerse al margen; permitir que la libertad de conciencia se imponga sobre cualquier otro aspecto, y hasta ahí podríamos estar de acuerdo, pero… Siempre hay un pero cuando tocamos asuntos delicados y éste lo es. Porque primero habría que definir la libertad, esa hermosa palabra que contiene un alto concepto de la vida y por el que tantas personas han luchado y han perdido las suyas.

La violencia sobre las mujeres que se ejerce en la prostitución está fuera de toda duda, y esa violencia implícita y explícita se da por la situación de esclavitud a que son sometidas las mujeres en todo tipo de prostíbulos y en algunos hoteles. Y es por ello que el laicismo, convencido de la libertad de conciencia que deben ejercer las personas, no puede mantenerse al margen. Ninguna mujer ha nacido para ser puta, sino para realizarse como ser humano, para romper las creencias arcaicas del Patriarcado que la escindieron en varias parcelas: en virgen, en madre, en esposa, y en puta.

“No lo he dicho, pero lo doy por sobreentendido: en todo momento hablo de prostitución voluntaria igual que doy por supuesto que hablamos de aborto voluntario y eutanasia voluntaria”, dice Andrés Carmona, pero yo sostengo que equiparar ambas cuestiones induce a la confusión. Las mujeres que abortan y quienes piden la eutanasia no son carne de cañón para hombres, ni traficantes de mujeres que se lucran con un negocio indigno, al igual que el tráfico de armas o de drogas. En el tráfico de mujeres está el 95% de la prostitución ejercida en el mundo, aunque haya fuentes que disfracen los datos. Dichas mujeres son vigiladas, obligadas a consumir drogas para poder aguantar una vida impuesta. Y hasta que el cuerpo de la mujer aguante...

Libertad de conciencia es el paradigma de laicismo y es esa libertad de conciencia la que esta secuestrada cuando la mujer es usada y abusada como si fuese un objeto cualquiera.

Libertad de conciencia, es la que no tienen las mujeres y niñas que son trasportadas como ganado desde todos los lugares del mundo para divertimento de hombres incapaces de lograr la satisfacción del sexo con compañeras, esposas, amantes en plena libertad de conciencia de ambas partes. Hombres que se creen con el derecho de humillar a las mujeres porque pagan.

Libertad de conciencia es la que secuestran los proxenetas que vigilan obligan y explotan a las mujeres convirtiéndolas en un porcentaje del producto interior bruto. Y qué decir de las mujeres que son asesinadas cuando intentan escaparse de las redes mafiosas que las esclavizan.

El Patriarcado manda mucho, es la cultura impuesta desde tiempo inmemorial y en ella se escinde a la mujer para gloria y disfrute del hombre, negándoles a las mujeres esa plena libertad que para ellos reclaman. La cultura Patriarcal hace al hombre el centro del universo, como antes lo hizo la religión con la tierra, cuando ésta es solo un planeta que gira sobre sí mismo y alrededor del sol.

La neutralidad es el refugio de la cobardía y el laicismo no puede entrar en ese juego porque perdería el principal principio que promulga, La libertad de conciencia.

La mujeres no nacen para ser putas, es la cultura impuesta la que marca las pautas de una sociedad que no tiene tiempo para ir a la raíz de los problemas, una cultura que ha colonizado y sigue colonizando la mente y el cuerpo de las mujeres, una cultura Patriarcal que vierte la acción más directa con el machismo asumido. Una cultura colonizadora que se otorga el poder exclusivo de esa libertad de la que tanto presumen. ¿Libertad para qué?, podríamos preguntarnos.

Coccotte roja. Ernst Kirchner. 1914

“¿Debe decir el laicismo que una opción es más digna que otra, que la dignidad consiste en tal o cual decisión como la correcta? No, el laicismo no puede entrar ahí. Debe defender el igual derecho de cada uno a pensar de acuerdo a su conciencia”, argumenta Andrés Carmona.

Yo argumento que La libertad de conciencia debe ser un principio pleno alejado de todo condicionante que la secuestra. La libertad de conciencia no puede escudarse en la falsa libertad que padecemos, sino en desenmascarar la falsedad que ampara tan dignos principios. Democracia, Libertad, cuantas barbaridades se comenten en vuestro nombre.

Legalizar la prostitución es legalizar la esclavitud, el uso y abuso de las mujeres. Ninguna mujer nace para puta; son las circunstancias de la vida; el hambre, los conflictos bélicos lo que las convierten en puta. ¿Puede entenderse que una mujer acepte de buen grado que durante todo el día su cuerpo sea recipiente de extraños, donde la ternura y el amor estén excluidos? ¿Dónde se aloja la Libertad de conciencia de estas mujeres.

No se puede amparar la prostitución con la legalización, aunque haya algún caso muy aislado de realización en el eufemístico nombre de “trabajadoras del sexo”. ¿Se pondría en el currículum de las profesiones al uso?, ¿acaso quienes la defiende aconsejarían a sus hijas, madres, mujeres, amantes, hermanas… dedicarse a dicho oficio?

La prostitución no es algo irremediable, aunque muchos hombres hagan gala de ser adictos a ella. Suecia ha abolido la prostitución con muy buenos resultados y otros países se inclinan por ello. Para elegir en plena libertad de conciencia hace falta que el trabajo y la justicia sea un bien de primera necesidad que los gobiernos deben poner al alcance de mujeres y hombres, en donde las mujeres no sean presa de las mafias.

Por último, decir que la prostitución también degrada al hombre, porque le hace mero comprador de un bien de consumo, arrancado de él la humanidad que se le supone. Los seres humanos son un fin en sí mismos y no pueden ser utilizados como meras mercancías.

Fuente:

http://www.nuevatribuna.es/articulo/sociedad/laicismo-prostitucion-y-libertad-conciencia/20160110140122124185.html







martes, 29 de diciembre de 2015

El mito de las "organizaciones de prostitutas"

Comparto esta nota que pone en claro lo que se halla detrás de algunas organizaciones de personas en prostitución que abogan casi exclusivamente por la reglamentación de esta actividad.
Los datos que aquí se aportan nos muestran de dónde procede la capacidad económica que esas organizaciones demuestran. Este poder económico es el que le facilita también el amplio acceso a medios de comunicación y a personajes políticos.
Las asociaciones de personas en prostitución que luchan por que los gobiernos les faciliten los medios –educación, capacitación, trabajo-  para poder dejar esta actividad y son decididamente abolicionistas no tienen espacio en los medios de comunicación ni fácil acceso a los estamentos gubernamentales, mucha menos la capacidad económica que las reglamentaristas poseen.
Mucha gente, aún bien intencionada, cree a los llamados sindicatos, asociaciones u organizaciones de mujeres en prostitución reglamentaristas. Creen que ellas son representativas de la mayoría y que realmente buscan la implementación de derechos para ellas y una mejora de las condiciones de su actividad, desconocen que eso es solamente la fachada, que son usadas como punta de lanza, al mejor estilo patriarcal, para que conmuevan a la sociedad y a través de esto se logre la legalización del proxenetismo y  como consecuencia también la de la trata de personas.
Nos consta que son los mismos proxenetas los que obligan a las mujeres en situación de prostitución a asociarse a estos “sindicatos”, y no es para menos, pues la presencia de ellas y el poner en debate en la sociedad la reglamentación de la prostitución tiene como primer objetivo  imponer en el ideario social a esta actividad como un “trabajo” legítimo, y en segundo término, para ellos el más importante, la posibilidad de que el proxenetismo deje de ser delito para ser un “gerenciamiento” como otros y los tratantes reconocidos como agentes de recursos humanos y el dinero obtenido quedará, de ese modo, inmediatamente blanqueado.
Alberto B Ilieff

 
Mancebía. Grabado medieval

TRADUCTORAS PARA LA ABOLICIÓN DE LA PROSTITUCIÓN

El mito de las "organizaciones de prostitutas"
12/19/2015
 El mito de las "organizaciones de prostitutas"
Traducción: Maura Lopez

Texto original: https://ressourcesprostitution.wordpress.com/2015/12/04/le-mythe-des-organisations-de-prostituees/

Mientras que el partido EELV, Europe Écologie Les Verts (EELV) presenta al fundador del lobby pro-prostitución francés, a las elecciones regionales, publicamos en exclusividad el extracto de un capítulo de la destacada obra de Claudine Legardinier: Prostitución Una Guerra Contra Las Mujeres, dedicado a las estrategias de lobbying de la industria proxeneta. Un gran agradecimiento a la autora por esta contribución.
En el plano político, era esencial probar que las mismas mujeres prostituidas eran quienes demandaban un estatus que normalizara su actividad. COYOTE, emblema de esos movimientos y rodeado de un halo de indispensable perfume subversivo fue el primero en su tipo.

Creado en Estados Unidos en 1973, resultó que en realidad reunía un rompecabezas dispar de personalidades: liberales de toda clase, gente de los medios, políticos, clientes… La realidad es que en 1981, las prostitutas representaban… 3 % de los 10 000 a 30 000 miembros (según las fuentes) de la organización. Un engaño magistral. Pero el mito funcionó, en particular en los medios de comunicación. Ese era el objetivo, la fundadora Margo Saint James en persona lo dijo sin reparos: "Un sindicato de prostitutas, es simplemente imposible (10)".

Favorables a los “clientes” y proxenetas, estos movimientos que se ocupan de aparentar ser movimientos de liberación sexual para integrarse en el movimiento feminista, saben encontrar apoyo. En el caso de Coyote, fue subvencionado por la Fundación Playboy. A los ojos de los medios y de la opinión publica, la demanda de legalización del oficio surge de las principales afectadas. ¿A quien se le ocurriría oponerse?

Hoy en día, "sindicatos de prostitutas" florecen en toda Europa y en el mundo. Si miramos más de cerca, nos damos cuenta de que en Inglaterra, por ejemplo, el sindicato IUSW, International Union of Sex Workers, está de hecho "abierto a toda persona perteneciente a la industria del sexo", por lo tanto "trabajadores, así como gerentes y patrones". De este modo, el representante del sindicato de prostitutas, un tal Douglas Fox, que se presenta como "escort boy", es en realidad el fundador, a través de su compañero John Dockerty, de una de las agencias más grandes de "escorts" de Gran Bretaña (11).

Esta porosidad entre personas que se presentan como prostitutas y proxenetas interesados en la descriminalización de la industria es omnipresente. En Suiza, Madame Lisa se exhibe como "puta y orgullosa de serlo", cuando en realidad dirige el prostíbulo mas grande de Ginebra. En Canadá, Terri Jean Bedford, que inició un juicio al estado en 2007 en nombre de los intereses de "trabajadoras sexuales", había sido condenada por dirigir un prostíbulo.
Esta noche me emborracho. Agustín Riccardi

Sindicatos de "prostitutas" albergan entonces indiscriminadamente a los explotadores y los explotados como si defendieran los mismos intereses.

Un ligero tinte marxista – "sindicato", "autogestión" – es suficiente para darle el color de defensa de los trabajadores a grupos corporativos de defensa del "trabajo sexual", pero de la industria y sus ganancias. En Francia, el Strass, "sindicato del trabajo sexual" que se presenta en los medios como movimiento de defensa de personas prostituidas, y adopta la postura de minoría sexual oprimida milita, bajo el patrocinio de "Manifiesto de sex-workers en Europa", por la derogación de las leyes sobre el proxenetismo, es decir, por el derecho de ser proxeneta. Está fuertemente respaldado por algunos ecologistas. Estos grupos despliegan un arsenal intelectual que se ocupa de distorsionar y desvirtuar la noción de libertad y de derechos. De esta manera, se reivindica el derecho a ser "sumisa", el de trabajar para un patrón de prostíbulo o inclusive "el derecho al sexo sin deseo".

Derechos que las mujeres han tenido tiempo, a lo largo de los siglos, de conocer muy bien.
Estas personas tienen evidentemente derecho a reivindicar el sistema que les convenga; pero no el derecho de arrogarse la representación del conjunto de las personas prostituidas.

Su discurso minoritario, fuertemente organizado y omnipresente, a pesar de los gritos contra la "censura" que imponen (12), logra ocultar la voz de la mayoría prostituida que se enfurece al verse representada por personas que pueden escribir en su página Internet Lesputes.org (grupo hoy disuelto) : "Cuando los medios nos piden testimonios sobre nuestra experiencia, es más interesante negarnos a hablar de lo que hemos padecido y hablar solo de los que nos hacen padecer y señalar entonces a los responsables de la putofobia: las abolicionistas, la policía, los gobiernos, etc" (13). En otras palabras, con el objetivo de "terminar con los estereotipos de la víctima", guardar silencio sobre las violencias vividas en la prostitución – las de “clientes” y proxenetas – para acusar principalmente a las "abolicionistas", o sea, a las que se niegan a que la prostitución se convierta en una profesión de futuro".

10. Sheila Jeffreys, "La idea de la Prostitución", Melbourne, Spinifex, 1997, p. 72.
11. Julie Bindel, « Un extraño sindicato al servicio de los proxenetas », http://sisyphe.org/spip.php?article4409, 28 de abril 2013.
12. Sobre 88 artículos publicados en 2012 para criticar el abolicionismo, la tercera parte está escrito por miembros del Strass (cifras Fondation Scelles).
13. Texto escrito por « Maîtresse Nikita » y Thierry Schaffhauser, dos hombres en este caso
Nuestras fuentes
Todos los artículos sobre el STRASS https://ressourcesprostitution.wordpress.com/2014/08/12/quest-ce-que-le-strass/
Todos los artículos sobre los lobbys pro-prostitución
A proposito de Douglas Fox y de su infiltración en Amnesty International + todos los artículos sobre el control del lobby de Amnesty International


http://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/blog/el-mito-de-las-organizaciones-de-prostitutas


Las imágenes han sido agregadas por mí, no aparecen en el texto original.
La mayoría han sido tomadas desde la web, si algún autor no está de acuerdo en que aparezcan por favor enviar un correo a  alberto.b.ilieff@gmail.com y serán retiradas inmediatamente. Muchas gracias por la comprensión.
En este blog las representaciones son afiches, pinturas, dibujos, no se publican fotografías de las personas en prostitución para no revictimizarlas; salvo en los casos en que se trate de documentos históricos.

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viernes, 9 de octubre de 2015

Una mirada marxista sobre la prostitución

Una mirada marxista sobre la prostitución
08 oct, 2015

“La posición de la mujer es el indicativo más claro y elocuente para evaluar un régimen social y la política del Estado”. León Trotsky, Escritos 1938.

Por: Rosa Cecilia Lemus

Si nos guiamos por esta frase de Trotsky, el régimen social capitalista en el que vivimos y la política de sus Estados en todo el mundo, no pasan la prueba. Las estadísticas sobre violencia contra las mujeres, que sus propias instituciones –como la ONU– han calificado como una pandemia mundial, las cifras de pobreza que en el mundo indican a las mujeres como el 70% más pobre, los datos de muerte de mujeres por abortos inseguros, el número creciente de embarazos adolescentes no deseados, el recorte a sus derechos sociales producto de los planes de austeridad, y las escalofriantes cifras sobre la prostitución, la trata de personas y la explotación sexual infantil, son indicativos claros y elocuentes.

En la década del ’90 del siglo pasado, cuando se conoció de manera pública la restauración del capitalismo en los que fueron Estados obreros, la burguesía mundial no pudo esconder su regocijo y declaró a toda voz la “supremacía del capitalismo sobre el socialismo”. Su portavoz más osado, Fukuyama, se adelantó a sepultar la lucha de clases de una vez y para siempre. En su lugar tendríamos el reino de la reconciliación, el progreso y el bienestar para todos. ¿Se estará comiendo hoy sus palabras? ¿O dirá que las cifras de los organismos mundiales del imperialismo están equivocadas?

Como la realidad es la realidad y no se puede ocultar, desarrollaron y siguen desarrollando cambios profundos en el lenguaje, en los conceptos (significado), con la ilusión de que este cambie la realidad. Imposible. Sin embargo, ha tenido sus efectos, sobre todo en algunas clases, especialmente en la arribista pequeña burguesía y en la moderna clase media. Un ejemplo de ello es lo que sucedió este año en Grecia. Tsipras, primer ministro, y Varoufakis, su exministro de economía, centraron su primera negociación con el imperialismo europeo y lo mostraron como un gran triunfo en el cambio de nombres: “Troika por instituciones” e “imperialismo por socios”. Lo peor es que se comieron el cuento de que de ahora en adelante el imperialismo alemán y el francés los iban a tratar como “socios”. La realidad, muy tozuda por demás, ha demostrado que por más cambios en el lenguaje, los imperialistas los siguen tratando como un país semicolonial, en el que se hace lo que dice la troika.

La verdad, aunque parezca increíble, es que el enfoque es bien idealista. La idea no cambia la realidad, a no ser que se convierta en acción. La existencia determina la conciencia. En este laberinto, el lenguaje se ha convertido en un verdadero eufemismo. Al imperialismo le dicen “comunidad internacional”; a las clases sociales “estratos” o “castas”, o simplemente no las hay, solo somos ciudadanos; y a la prostitución, “trabajadoras del sexo”, con la ilusión de que al usar la palabra trabajadoras, porque el trabajo “dignifica” al hombre y a la mujer, desaparezcan por arte del lenguaje las profundas implicaciones sociales, económicas y psicológicas sobre las mujeres que la ejercen y sobre el conjunto de la sociedad. Un alivio, para la mala conciencia. Así, los hombres que las usan y las abusan se van tranquilos porque le dieron “trabajo” a una mujer que va a tener dinero con que comprarle comida a los hijos, y la mujer se siente bien porque estaba trabajando.

Sin embargo, más allá de las ideologías que cada uno de los implicados se haga de sí mismo, la realidad vuelve a poner las cosas en su lugar. Es una lacra de esta sociedad capitalista que millones de mujeres en el mundo tengan que vender su cuerpo para poder sobrevivir con sus familias si las tienen, o que exista un número creciente de niñas y niños que ni siquiera entienden por qué les toca hacer “eso”. Este sistema capitalista ni siquiera les ofrece la oportunidad de vender su fuerza de trabajo para que las explote un empresario, produciendo mercancías que les son enajenadas porque, a pesar de ser producto de su trabajo, no les pertenecen. Estos niños y niñas sometidos a esta esclavitud, no entienden por qué en lugar del juego y el disfrute de su inocencia tienen que ser explotados y usados por un adulto.

Esta realidad no se cambia por más que utilicen, para justificarla y legitimarla, políticas que van desde la legalización a la reglamentación y la penalización. El capitalismo y sus Estados son incapaces de erradicar esta forma de violencia contra las mujeres, las y los niños, los gays, las lesbianas y los transvestistas, porque les son funcionales a su sistema de explotación.




¿La “profesión” más antigua del mundo?

Los plumíferos a sueldo de la burguesía repiten, para comenzar, sus tratados sobre el tema: “la profesión más antigua del mundo”, y hasta la gente común y corriente se refiere a la prostitución de la misma manera. ¿Qué se esconde detrás de esta afirmación? Darle, en primer lugar, un significado de eternidad, es decir, que no se puede cambiar lo que la historia ha definido como un hecho “característico” y connatural a la especie humana. En segundo lugar, darle un sentido “respetable” de profesión u oficio. Sin embargo, desde el marxismo y a partir de las investigaciones hechas por destacados antropólogos como Morgan y Bachofen, Federico Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, muestra cómo la prostitución, que no existía en los primeros estadios del desarrollo de la humanidad, nace como un hecho social determinado por las condiciones de “producción y reproducción de la vida inmediata”, que provoca cambios en la superestructura institucional, familiar, y jurídica, y que se consolida con el surgimiento de la monogamia y de la propiedad privada de los medios de producción.

“Conforme hemos dicho, hay tres formas principales de matrimonio, que corresponden aproximadamente a los tres estados fundamentales de la evolución humana: en el salvajismo, el matrimonio por grupos; en la barbarie, el matrimonio sindíásmico; en la civilización la monogamia con sus complementos, adulterio y prostitución. Entre el matrimonio sindiásmico y la monogamia se deslizan, en el estadio superior de la barbarie, la sujeción de las mujeres esclavas a los hombres y la poligamia”(1). Editores Mexicanos Unidos, p. 83 (subrayado nuestro).
 
Friedrich Engels
En esta misma obra, Engels afirma que “la abolición del derecho materno fue la gran derrota del sexo femenino”, refiriéndose al hecho de que en la medida en que se van desarrollando las fuerzas productivas, y con ellas la fortuna y acumulación, la definición del parentesco y de la herencia por línea materna comenzaba a aparecer como un obstáculo para los hombres, a quienes pertenecían los rebaños, pues los descendientes de los miembros masculinos no permanecían en la gens y por tanto no podían heredar.

Es así como, a la par que va desapareciendo el derecho materno, “se va quitando más y más a las mujeres la libertad sexual del matrimonio por grupos, pero no a los hombres”. Comienza a considerarse la infidelidad de la mujer como un grave crimen, mientras que en el hombre es visto como un comportamiento honroso.

Continúa Engels: “Pero cuanto más se modifica el hetairismo [prostitución] antiguo en nuestra época por la producción capitalista a la cual se adapta, más se transforma en prostitución descocada y más desmoralizadora se hace su influencia. Y, a decir verdad, más desmoraliza a los hombres que a las mujeres. La prostitución, entre las mujeres, no degrada sino a las infelices que a ella se dedican, y aún a estas en un grado mucho menos de lo que suele creerse. En cambio, envilece el carácter del sexo masculino entero” (2). Ídem.
                                                                                                                                                           
¿Qué quiere decir Engels, con esta afirmación tan contundente de que la prostitución envilece al sexo masculino? En primer lugar porque el surgimiento de la prostitución aparece a la par de la necesidad del hombre por establecer el derecho de herencia de su propiedad privada a sus propios hijos y no a los de otros y, por tanto, necesita de la fidelidad absoluta de la mujer para garantizarlo. Pero él se reserva su libertad sexual completa a través de la poligamia y la prostitución. Esclaviza a la mujer doblemente, como propiedad privada para la reproducción de su prole y como prostitución pública para satisfacer su lujuria. En otro sentido, podríamos interpretar que la mujer que se ve obligada a prostituirse para poder sobrevivir, lo hace por necesidad; el hombre que paga por ello, para simple satisfacción de su deseo sexual, convierte de esta manera a la mujer en mero objeto, en una mercancía con valor de uso.

La prostitución y la monogamia en la moderna sociedad capitalista continúan siendo verdaderas antinomias, pero inseparables, dos polos del mismo estado social. ¿Podrá el capitalismo resolver esta contradicción que está en su base material? Creemos que no. Está contradicción se ha agudizado en los últimos tiempos. Por un lado, con su necesidad de incorporar a grandes masas femeninas a la producción social pero sin poder absorber a la totalidad, producto de las leyes capitalistas del mercado, deja enormes contingentes por fuera del aparato productivo, empujándolas a recurrir a la prostitución como forma de sobrevivencia. Por otro lado, ha creado verdaderas industrias del sexo, convirtiendo una necesidad humana en mercancía, profundizando la visión de la mujer como objeto sexual, como fuente de ganancia.

Carlos Marx, en sus escritos sobre la alienación del trabajo mostraba ya la esencia del capitalismo de una forma tan magistral que no pierde su vigencia.

“Llegó un tiempo en que todo lo que los hombres habían venido considerando como inalienable se hizo objeto de cambio, de tráfico y podía enajenarse. Es el tiempo en que incluso las cosas que hasta entonces se transmitían pero nunca se intercambiaban; se donaban pero nunca se vendían; se adquirían pero nunca se compraban: virtud, amor, opinión, ciencia, conciencia, etc., todo, en suma, pasó a la esfera del comercio. Es el tiempo de la corrupción general, de la venalidad universal, o, para expresarnos en términos de economía política, el tiempo en que cada cosa, moral o física, convertida en valor de cambio, es llevada al mercado para ser apreciada en su más justo valor.“ Carlos Marx, La miseria de la Filosofía (subrayados nuestros).

Marx

Y esto que Marx señala como una característica de la sociedad basada en el modo de producción capitalista, cobra su máximo precio en la clase desposeída de los medios de producción, la clase obrera. El capital no solo los expropia del producto de su trabajo sino que somete sus vidas enteras a sus leyes de mercado, en la que los obreros hombres y mujeres no tienen más camino que vender su fuerza de trabajo como mercancía, por salarios miserables. ¿Qué les queda para el disfrute?

“Junto a los excesos del hábito de beber, los excesos sexuales constituyen uno de los principales vicios de muchos de los obreros ingleses. Es además una consecuencia fatal, una necesidad ineluctable de la situación de una clase abandonada a sí misma, que carece de los medios para hacer un uso conveniente de esta libertad. La burguesía solo le ha dejado estos dos goces, mientras que los ha colmado de todo tipo de desgracias y dolores: la consecuencia es que los obreros, para disfrutar aunque sea un poco de la vida, concentran toda su pasión en torno a estos dos placeres y se entregan a ellos con exceso y de la forma más desordenada. Cuando se pone a la persona en una situación que solo puede convenir a una bestia, no le queda más que rebelarse o sucumbir a la bestialidad. Y si, por añadidura, la misma burguesía contribuye encima directamente por su parte al progreso de la prostitución –¿cuántas de las 40.000 chicas que llenan cada noche las calles de Londres viven a cuenta de la virtuosa burguesía?, ¿cuántas deben a la seducción de un burgués el hecho de estar obligadas hoy a ofrecer su cuerpo a todo aquel que pase para poder vivir?– la burguesía tiene verdaderamente menos que nadie el derecho de reprochar a la clase obrera su brutalidad sexual.” (Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra).

Intento demostrar –y espero haberlo logrado–, para aquellos lectores con conciencia crítica, para aquellas mujeres trabajadoras a quienes les indignan las tragedias humanas, para aquellos y aquellas que no solo se complacen con contemplar el mundo sino que quieren transformarlo, que la opresión de la mujer y la prostitución, como una de sus expresiones más brutales, no es eterna ni es una profesión. Es una de las consecuencias más atroces de la opresión y la explotación capitalistas.

Las cifras de la prostitución, la trata y el negocio del sexo

Siguiendo varias investigaciones actuales de diferentes organismos, encontramos que casi todas coinciden en que el negocio del tráfico de personas, la internacionalización de las mafias que lo sostienen, la prostitución infantil, y el negocio de la pornografía, ha crecido a niveles escandalosos. Coinciden también en que la mayoría de las personas reclutadas de manera forzosa son mujeres y que entre ellas un alto porcentaje son menores de edad, y la finalidad del sometimiento es la explotación sexual. La gran mayoría proviene de países pobres de Asia, América Latina y el Caribe, y su destino son los países ricos de Europa, Japón y el Oriente.

El 1 de junio de 2012, la Organización Internacional del Trabajo [OIT] publicó su segundo estudio mundial sobre trabajo forzoso; este informe calcula que la esclavitud moderna alrededor del mundo cobra unos 20,9 millones de víctimas. Este resultado reconoce que la trata de personas se define por explotación, no por movimiento. La OIT calcula que 55% de las víctimas del trabajo forzoso son mujeres y niñas, y que 98% lo son para comercio sexual. El primer cálculo de la OIT sobre trabajo forzoso, en 2005, fue de 12,3 millones de víctimas entre este y la trata con fines de comercio sexual, es decir que en 7 años aumentó casi al doble. Por región, Asia y el Pacífico (que incluye el sur de Asia) siguen teniendo el mayor número de víctimas, aunque señala que en África ha crecido después de 2005.

La Relatoría Especial de la ONU, sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía, en su informe de 2013 plantea lo siguiente: “Desde 2008, el mundo ha sufrido cambios considerables que han tenido importantes repercusiones en el alcance y el carácter de la venta y la explotación sexual de niños. El avance de la globalización, la continua expansión de la utilización de Internet, en particular en los países en desarrollo, el aumento de las migraciones –tanto internacionales como internas– debido en particular a la urbanización, la crisis económica y financiera, las catástrofes naturales, los conflictos y los cambios relacionados con el clima, son otros tantos factores que han incidido en la vulnerabilidad de los niños”.




El Informe Mundial sobre la Trata de Personas 2012, publicado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito indica: “los casos detectados de trata de niños representaban el 27% en el período comprendido entre 2007 y 2010, proporción que fue del 20% entre 2003-2006”. Los datos muestran un aumento significativo entre los dos periodos referidos. En los últimos años, “el aumento fue mayor en el caso de las niñas. Entre 2006 y 2009, la proporción de niñas con respecto al número total de víctimas pasó de 13 a 17%. Dos de cada tres menores víctimas son niñas”. Y continua… “Aunque las tendencias no son homogéneas a nivel mundial, el informe indica que en más de 20 países se registró un claro aumento de la proporción de casos detectados de trata de niños en el período 2007-2010 con respecto al período 2003-2006. Es importante señalar que en África y en Oriente Medio, más de dos tercios de las víctimas de la trata detectadas son niños. A nivel mundial, la trata con fines de explotación sexual representa el 58% del número total de casos detectados”.

Como si fuera poco, en el Informe también se señala una modalidad escalofriante: el tráfico de órganos. “Según varios estudios sobre el tema, ha aumentado el “turismo” para trasplantes de órganos, (…). Personas procedentes de países de altos ingresos viajan a zonas pobres en que hay personas dispuestas a vender sus órganos para poder sobrevivir. En varios estudios se ha destacado que los miembros más vulnerables de la población resultan particularmente afectados por este delito”. Los miembros más vulnerables de la población, es decir los niños y las niñas, las mujeres, los jóvenes –por supuesto pertenecientes a la clase obrera y su ejército de reserva–, los desempleados, y los sectores populares más empobrecidos, que viven en la periferia de las grandes ciudades, dentro de las cuales está también la población negra.

Nuevamente, el Informe de la Relatoría Especial de la ONU se refiere a la modalidad de la pornografía infantil: “La utilización indebida de Internet para difundir pornografía infantil es muy frecuente. Según las estimaciones, el número de imágenes de abusos a niños en Internet es del orden de millones y el número de niños representados individualmente probablemente ascienda a decenas de miles. En general, la edad de las víctimas ha disminuido y las representaciones son cada vez más explícitas y violentas. Es cada vez más frecuente que las imágenes se difundan mediante redes de intercambio de archivos entre pares, lo cual hace más difícil su detección”.

Estimaciones de Naciones Unidas calculan que este “negocio” reporta anualmente ganancias de entre 5 y 7 billones de dólares. Según la revista Forbes, la pornografía mueve cada año alrededor de 60.000 millones de euros en el mundo y tiene unos 250 millones de consumidores. Y un dato interesante más, entre 1998 y 1999 comenzó a verse a mujeres de los países del Este ejerciendo la prostitución en las calles. Es decir, una vez restaurado el capitalismo. La prostitución y la trata están asociadas a negocios como el tráfico de drogas y el contrabando de armas.

Me he detenido en los informes de los organismos oficiales y las cifras que ellos mismos reconocen, para mostrar que no estamos exagerando cuando denunciamos esta cruda realidad. El capitalismo, que se fundó sobre los ideales de la revolución francesa que proclamaban “libertad, justicia y fraternidad”, ha demostrado y sigue demostrando que estos son aplicados solamente para los vencedores, es decir, para la burguesía mundial, que en la fase de desarrollo imperialista no deja piedra sobre piedra para mantener en alza sus tasas de ganancia. No se queda corta la expresión de los “esclavos del capital”, porque no solo en este terreno de la explotación sexual, sino incluso en importantes áreas y zonas del planeta, ramas de la producción social de mercancías están adoptando verdaderas formas de esclavitud, con las famosas maquilas y los barcos fábrica en alta mar. Esta sociedad capitalista está mostrando formas increíbles de barbarie; recordemos solo como un hecho más, los desastres provocados por el calentamiento global y las imágenes de los inmigrantes que llegan por miles a los países europeos y que son tratados a punta de represión. Cuántos de ellos son mujeres y cuántas de ellas serán empujadas a la prostitución.

La mujer como objeto sexual


La prostitución confirma, diariamente y a cada instante, que la mujer es convertida en una mercancía que puede ser consumida por los hombres para satisfacer sus apetitos sexuales. No importa su edad. Ahora también sectores de los LGBTT, son arrojados a la prostitución por la homofobia que los discrimina en el trabajo y en la sociedad. Otro de los sectores oprimidos que corre la misma suerte de muchas mujeres. Pero, ¡qué casualidad!, detrás de todos estos delitos, ya sean los relacionados con la prostitución, con la pederastia, con las violaciones sexuales, con la creación de redes de pornografía o con el uso de ellas, con las redes de trata, están los hombres casi en 100%. ¿Qué hay detrás de esta obsesión tan perversa y agresiva hacia el sexo?

Hay quienes argumentan que “estudios científicos” demuestran que los hombres y las mujeres poseen de manera “natural” diferencias importantes en cuanto a los deseos sexuales. Así, el deseo masculino es más fuerte, imparable, difícil de domesticar o, dicho de manera burda, “la testosterona alborotada, desatada, irrefrenable”. Más allá de los estudios serios de algunos sexólogos, volvemos a encontrar las explicaciones en la esfera de lo social, de la creación de la cultura.

Uno de los medios más utilizados hoy en día, por todas las ramas de la producción, es el de la publicidad, el marketing. Otro gran negocio para desarrollar a fondo la circulación de las mercancías, para utilizar las necesidades y crear otras nuevas, apoyándose en las imágenes, el lenguaje y sus efectos subjetivos en las conciencias o, dicho de modo más moderno, para influir o crear los imaginarios colectivos. Pero estos imaginarios colectivos, preconceptos que ya tienen sus bases objetivas, son llevados hasta el paroxismo por los medios masivos de difusión para llevar al límite las necesidades del mercado, de un capitalismo que con sus crisis recurrentes de sobreproducción busca en este el flujo desesperado de las mercancías con una vida útil más y más corta.

Así, pues, en este marco, entra con fuerza renovada la imagen de la mujer como símbolo sexual, como objeto usado para promocionar la venta de otras mercancías. Generalmente suele ser una mujer joven y bella, de proporciones exuberantes que bien aparece desnuda o escasamente vestida, o vestida de manera muy sugestiva. El efecto deseado es el de llamar la atención del sexo masculino, como reclamo erótico. Bien sea para promocionar un carro o una moto, esta mujer, que está fuera del alcance de muchos hombres, se convierte así en su imaginario, por arte y magia del mensaje subliminal, en un producto alcanzable si compra el producto que ella anuncia. La mujer sirve también como símbolo del éxito masculino, como un trofeo. Según la cultura machista de esta sociedad, cualquier hombre que se precie ha de tener al lado a una mujer de gran belleza, y distinción, signo externo de su riqueza. Así, la mujer se convierte en otra más de las posesiones que el hombre ha de tener para significar su posición social o su virilidad.

Esta cultura machista que golpea a cada minuto, en cada momento, las mentes de los consumidores con verdaderas ráfagas de imágenes, con el objetivo claro de reforzarla, de legitimarla, está en la base de lo que llaman “crímenes pasionales”, feminicidios; en realidad, violencia desatada por la idea de que “si esa mujer no es para mí, no es para nadie”, justificación registrada en las crónicas amarillistas de los diarios de todo el mundo, con este o con otro argumento también común: “cegado por la rabia de la infidelidad de su mujer”. Violaciones callejeras, agresiones verbales, psicológicas, miradas atrevidas, lascivas, en fin, todo este tipo de violencia, tan común y cotidiana, tiene como base de refuerzo este concepto de la mujer como objeto sexual.

La otra cara es la mujer símbolo ama de casa. En los comerciales aparece una mujer ataviada con su delantal, promocionando un producto de aseo o de cocina, o de comida para niños. Todos roles asociados con su papel de esclava del hogar, de señora de la casa, de madre. En este espacio ella es la que decide, y el hombre aparece con un papel secundario. Ella, además de ama de casa, también trabaja, es una mujer moderna, que después de valerse de los productos que el mercado le ofrece para “aliviar” sus labores del hogar, sale corriendo a trabajar. Es una mujer “empoderada”, es una guerrera que hace de todo y, además, se mantiene bella y bien cuidada. Y estas mismas ideas se repiten de manera infinita en las novelas, en las revistas, en las noticias, en el cine, en las canciones, en la educación. Es la reproducción de las ideas dominantes impuestas por la clase dominante por la fuerza de la costumbre.
 
Foto Salvador Batalla
¿Legalización o abolición?

“En el mundo hay cuatro enfoques para tratar la prostitución. El prohibicionista, basado en la represión penal por parte del Estado, donde el cliente es la víctima y se pretende salvaguardar la moral; el reglamentarista, que al no poder combatir la prostitución busca regularla; el abolicionista, que toma medidas penales contra los proxenetas y clientes, y el enfoque laboral o legalista, en el que la prostitución es valorada como un trabajo.” (Revista SEMANA Colombia 2015/08/18).

A propósito de la reunión de los delegados de Amnistía Internacional de todo el mundo, en el que esta ONG hace un llamado a aplicar una política de despenalización absoluta de la prostitución realizada con “consentimiento”, esta revista hace un artículo en el que contempla estos cuatro enfoques. Tendríamos que decir que son, por supuesto, cuatro formas en las que los Estados capitalistas están tratando el problema de la prostitución. Valga la aclaración, son políticas burguesas. El debate se ha puesto a la orden del día, producto de los informes de la ONU y la OIT, registrados en este artículo.

Gran parte de las ONGs que pululan en los diferentes países ha adoptado el enfoque “legalista”, en el que la prostitución es valorada como una “profesión”, y la argumentan desde una posición humanista de defensa de los derechos humanos, de respeto por los derechos sociales de quienes la ejercen y contra la discriminación de sus víctimas. Evidentemente, la visión también burguesa de considerar a los “clientes” como víctimas de la “tentación” que les provocan unas “inmorales mujeres”, merece nuestra condena por ser la expresión más pura de su doble moral, pues penaliza y persigue a las víctimas que ellos mismos crean y recrean. Es un caso parecido al del ladrón que se roba una gallina para darle de comer a sus hijos porque no tiene trabajo y es condenado a largos años de cárcel, mientras que a los ladrones de cuello blanco que saquean las arcas del erario público les dan su mansión por cárcel.

Por supuesto, también estamos de acuerdo con que todas, absolutamente todas las mujeres, tengan derecho a la previsión social y la asistencia médica, financiada y prestada por el Estado como una obligación, sin discriminación de ningún tipo, así como debe existir para el conjunto de la población, y con mayor razón para los trabajadores y los sectores más pobres. Estamos porque las mujeres dedicadas a la prostitución tengan, por parte del Estado, capacitación para el trabajo, y que su empleo sea garantizado también por el Estado. Si para tal fin se organizan, estaremos dispuestas a apoyarlas. De la misma manera que las defenderemos de cualquier tipo de represión y maltrato.

Pero, a partir de aquí, estamos absolutamente en contra de la legalización de la prostitución o de cualquier otra política burguesa para reglamentarla. Defendemos el fin de la prostitución y de todas las formas de mercantilización del cuerpo de la mujer. La política de Amnistía Internacional, de legalizarla para quienes la ejercen “con consentimiento” y penalizar la trata de personas, es una trampa.

Es falso que haya consentimiento de las mujeres dedicadas a ello, porque aunque en algunos casos sea producto de una decisión personal, esta se hace sobre la base de no tener más alternativas, obligadas por la falta de trabajo y por sus condiciones sociales de existencia. ¿Esta política elimina la existencia de proxenetas, o simplemente les cambiará de nombre; los llamarán, de manera respetable, “empresarios”? ¿Evitará acaso la violencia y el maltrato de los “clientes” hacia ellas? Acaso, dentro de la lógica del mercado, ¿el que compra una mercancía no tiene el derecho de “consumirla” como bien le parezca?

No solo gran parte de las ONGs sino incluso organizaciones políticas que se reclaman de izquierda defienden esta postura de la legalización con argumentos como, por ejemplo, que hay mujeres que se prostituyen por elección libre y con plena conciencia de su libertad sexual. Puede ser que exista alguna minoría que se prostituya por propia elección e incluso mujeres burguesas que lo hagan por la emoción de la aventura, para escapar de su vida inútil, poniéndole algo de adrenalina a la prostitución legal de su matrimonio por interés. Pero eso nada tiene que ver con la masiva prostitución que existe en la sociedad. La prostitución está íntimamente ligada a la explotación del hombre por el hombre; en nuestra época, a la explotación capitalista y la destrucción humana que esta produce.
 
El Rancho. Foto infojusnoticias.gov.ar


Una prueba irrefutable la tenemos en Cuba: una de las mayores conquistas de la revolución fue que junto con la expropiación de la burguesía se acabó con la prostitución, no a partir de la represión sino a través de la reeducación y la ubicación en el trabajo productivo social a esas mujeres, que así recuperaron su dignidad. Mientras que con la vuelta del capitalismo, volvió también la prostitución y las “jineteras” se convirtieron en uno de los mayores atractivos del turismo social que ha proliferado en la Isla.

Pero hay aún más, estas mismas corrientes, utilizando la teoría marxista sobre la producción de mercancías, aducen: es un trabajo como cualquier otro, porque la mujer vende su fuerza de trabajo y produce plusvalía para un patrón. El problema es que las mujeres que son obligadas a prostituirse, no venden solo su fuerza de trabajo, venden sus cuerpos, su dignidad. Por eso, se asemeja mucho más a la venta de mujeres que se hacía durante la esclavitud. Y nosotros estamos totalmente en contra de legalizar y reglamentar la esclavitud, que solo beneficia a los esclavistas.

Investigaciones realizadas en algunos países, fundamentalmente los europeos, en donde la prostitución fue legalizada, demostraron que los principales beneficiarios de esta política fueron los “empresarios” del sexo; aumentaron las cifras de prostitución infantil y de mujeres. Su consecuencia fiscal fue el pago de impuestos, engordando las arcas del Estado. Resultó peor el remedio que la enfermedad.

Suecia, en donde existió la legalización hasta 1999, tomó una decisión drástica y cambió su legislación. La prostitución es ahora considerada como un aspecto de la violencia masculina contra las mujeres, niñas y niños. Es reconocida como una forma de explotación de las mujeres, y como un problema social significativo. Penaliza la compra de servicios sexuales, despenaliza la venta de dichos servicios, y, más recientemente, aprobó recursos para ayuda a las mujeres que quisiesen salir de su ejercicio, con planes de capacitación en un trabajo. El resultado es que los índices de prostitución han disminuido notablemente y la trata de mujeres y niñas casi ha desaparecido.

Esta experiencia, en un país capitalista, muestra que es posible avanzar en este sentido, y que la lucha por demandas democráticas de las mujeres, por ejemplo, el derecho al aborto legal, gratuito y libre, el derecho al trabajo en condiciones dignas, deben ser enarboladas y exigidas con fuerza por los trabajadores en su conjunto, y que no basta con bajar los índices de prostitución, hay que eliminarla completamente. Eso será posible en una sociedad en la que los medios de producción no estén en manos de unos pocos sino que pertenezcan al conjunto de la sociedad, en la que las mujeres participen de lleno en la producción social; como plantea Marx en el Manifiesto Comunista: “Es evidente, por otra parte, que con la abolición de las relaciones de producción actuales desaparecerá la comunidad de las mujeres que de ellas se derivan, es decir, la prostitución oficial y privada”.

Luchamos por una sociedad completamente diferente del capitalismo, una sociedad socialista en la que las relaciones humanas, y dentro de ellas las de los sexos, puedan ser fundadas sobre otra moral, la de la solidaridad y el bien común, verdaderamente libres de los condicionamientos económicos burgueses, libres de todo tipo de opresión y sometimiento, libres de la comercialización y la cosificación, en la cual transmitir, donar, entregar, adquirir, o en la que “cada cosa, moral o física” no esté sujeta a la miserable ley del valor capitalista.


Fuente
http://litci.org/es/opresiones/mujeres/una-mirada-marxista-sobre-la-prostitucion/