miércoles, 29 de junio de 2016

Carta de una puta a un putero



Carta de una puta a un putero, Hegele Recíen

Aceptar la prostitución para que los hombres no violéis a las mujeres quiere decir que vosotros sois seres irracionales dominados por vuestro pene. Es curioso que todas las personas hayamos sido socializadas para controlar nuestros instintos (como el hambre) y poder convivir con otros seres humanos sin dañarlos y, sin embargo, vosotros sigáis siendo incapaces de dominaros, teniendo incluso que sacrificar personas para que os desahoguéis sobre ellas, imponiendo vuestra voluntad sobre la suya.

La sociedad teme que vuestra supuesta incapacidad de controlaros os lleve a violar a una mujer, entonces, decide inventar la prostitución, para que hagáis con las putas eso que no quiere que hagáis con todas las mujeres. Y ese hecho, ese sacrificio de mujeres, pasa a denominarse «mal menor». ¡Un mal menor cuando millones de mujeres y niñas son prostituidas! ¿Cómo va a ser un mal menor si se trata de millones, ¡millones!, de personas? Ni siquiera tratándose de dos mujeres o de dos niñas sería justo. ¿Por qué, si sois incapaces de controlaros hay que crear la figura de una sierva? Si una persona es incapaz de dominar su agresividad y asesina a alguien, en seguida se censura y condena, ¿por qué entonces a un putero, movido por instintos tan animales y primitivos, no sólo no se os cuestiona, sino que se os da un cuerpo sobre el que atentar? Es lo mismo que sucede con los violadores y feminicidas, abusan de todas las mujeres que quieren porque, en su sociedad machista, nadie va a cuestionar su actitud ni, mucho menos, va a hablar sobre los derechos de la mujer a una vida segura y libre.

La sociedad da por normal que, si los puteros no tenéis mujeres para comprar y «desahogaros», las vayáis a buscar donde sea para violarlas y hacer todo lo que no se os permite hacer con las putas. ¿Te imaginas a alguien diciendo que va a agredir a una persona negra si no sacrifican a unas cuantas para que las pueda golpear? ¿Te imaginas que una sociedad inventase como trabajo propio de las personas negras el que una blanca las golpease, para así evitar que no lo hiciese con el resto? Semejante criminal incivilizado sería cuestionado de inmediato, pero como se trata de un hombre machista no se hace nada.

Estás dando por hecho que tú, por ser hombre, eres una bestia, ¿pero qué clase de hombre puede decir eso de sí mismo? ¿Dónde están los demás hombres que deberían sentirse ofendidos al escuchar hablar así de los de su propio sexo? Y hasta te atreves a dar ese ultimátum: «o me dejáis tener putas o violaré mujeres; o sacrificáis a algunas para que sean prostituidas y me corra sobre ellas o lo haré igualmente, pero con todas las mujeres que me encuentre». ¿Cómo es posible que se tenga como algo normal que un hombre necesite copular como una bestia, incluso dañando a otros seres humanos e imponiendo esa necesidad? ¿Por qué nunca se ve cierta anormalidad en tu carácter animalizado?

Llegas incluso a justificarte diciendo que tú tienes unas necesidades sexuales mayores a las de las mujeres. Paradójicamente, esa afirmación te condena, porque estás aceptando que, aunque las mujeres no deseen tener sexo tan a menudo, lo van a tener igual sólo porque tú sí deseas tenerlo. Sí dijeses: «Me masturbo más que la mujer porque tengo más deseo sexual que ella», pues no cometerías ningún delito, pero si dices: «Quiero putas o violo porque tengo más deseo sexual que las mujeres», estás imponiendo tu voluntad y deseos, como los únicos válidos y que deben respetarse, incluso sobre otras personas. Si tus necesidades las satisfaces con y en tu propio cuerpo (con la masturbación, por ejemplo) no dañas a nadie, pero si necesitas a las mujeres para eso, estás imponiendo tus deseos sobre los de ellas, ya que estás utilizando un cuerpo ajeno a ti para satisfacerte, sin que esa persona quiera ni lo necesite tanto como, supuestamente, lo necesitas tú, y eso se llama violación. Queda claro, pues, que la prostitución es violación, es imponer a las mujeres relaciones que no desean, es subordinarlas y ponerlas a tu disposición.


fuente: www.unoentrerios.com.ar

Se consiente entonces que los puteros abuséis «sólo» de algunas mujeres (o abusáis de algunas o abusáis de todas) y se crea una forma de violar «sólo» a algunas mujeres para que no violéis a todas, se inventa un «oficio» que consiste en que le hagan a algunas lo que no se quiere que se les haga a todas. Para ello, se parte de que algunas mujeres pueden ser sacrificadas, de que no todas tienen que respetarse, y se divide a las mujeres en las que no merecen ser violadas (las decentes) y las que sí (las decentes), siendo estas últimas las usables, las violables, las que valen tan poco que pueden ser sacrificadas para que tú las uses y dañes a tu antojo. Es por eso que cuando una puta es asesinada se niega que eso sea violencia de género y a nadie le importa ese asesinato. Las putas son mujeres, como todas, sólo que sobre ella, ¡aún por encima!, recae el estigma que tú le pones cuando decides que alguien tiene que servirte sexualmente.

Ese desprecio hacia las putas queda claro: «Sin putas los hombres violarían mujeres», como si las putas no fuesen mujeres. ¿Cómo se las va a proteger si las que se van a tener que prostituir son también mujeres? ¿A quién entonces se quiere defender? Dentro de esa «categoría» de mujeres, la sociedad cree que hay algunas que son «menos mujeres» y cuya suerte poco importa.
¿Y qué criterio se va a seguir a la hora de elegir cuáles serán putas? ¡Oh, claro! Pues el que se está siguiendo ahora: se legaliza o regula la prostitución para que se convierta en un «trabajo como cualquier otro». Entonces, las mujeres prostituidas no pueden salir de ese mundo, porque, si es un trabajo, nadie les va a facilitar ninguna salida, así como nadie se las facilitaría a una profesora para que dejase el mundo de la educación, es absurdo, si ya tiene derechos, salario y protección, ¿para qué iba a querer dejar ese mundo? Y si nadie les facilita una salida a las putas, ellas no pueden, pues recordemos que un 90%, por lo menos, son víctimas de trata y otras muchas son personas sin recursos para poder formarse y trabajar.

Por lo tanto, las putas seguirán siendo aquellas secuestradas por mafias, lo cual implica que tú has elegido cuáles van a ser las sacrificadas por la sociedad para evitar que tú violes a todas, ya que, si esas mujeres y niñas fueron secuestradas, fue precisamente porque a los puteros os gustan unas determinadas mujeres, es decir, pertenecientes a ciertos países, con ciertos rasgos físicos y determinadas edades. También estarían condenadas a la prostitución las mujeres pobres o inmigrantes. Con lo que gusta tener el control y obtener placer gracias a la convicción de que eres superior, imagina la situación: tú eres superior porque eres hombre, porque no te han sacrificado, porque no te han secuestrado, porque no eres inmigrante, porque eres el que exige lo que te van a hacer y porque tienes el dinero. Así que, además de conseguir que la sociedad sacrifique mujeres para tu satisfacción, eres tú quien elige quiénes van a ser, de dónde y de qué edad.
‪

https://web.facebook.com/permalink.php?story_fbid=620729011425814&id=611963175635731&substory_index=0




Las imágenes han sido agregadas por mí, no aparecen en el texto original.
La mayoría han sido tomadas desde la web, si algún autor no está de acuerdo en que aparezcan por favor enviar un correo a  alberto.b.ilieff@gmail.com y serán retiradas inmediatamente. Muchas gracias por la comprensión.
En este blog las representaciones son afiches, pinturas, dibujos, no se publican fotografías de las personas en prostitución para no revictimizarlas; salvo en los casos en que se trate de documentos históricos.

Se puede disponer de las notas publicadas siempre y cuando se cite al autor/a y la fuente.
 






miércoles, 22 de junio de 2016

Declaración contra el tráfico de personas firmada por Francisco



Desde el día 3 al 4 de junio del 2016  tuvo lugar en el Vaticano una cumbre que reunió más de 100 expertos  y jueces de 30 países convocados en torno al tráfico de seres humanos, las mafias, el narcotráfico, la explotación de la prostitución y de los menores, los migrantes y  los desplazados.
A continuación copio la Declaración emanada de ese encuentro y que tiene párrafos directamente dedicados a nuestro tema.
Es pertinente tener en cuenta este documento porque, más allá de las creencias personales que se tenga en materia religiosa, es indudable que la iglesia católica es un factor de poder muy importante en el mundo y sus enunciados son seguidos por millones de personas.
Alberto B Ilieff


Declaración contra el tráfico de personas firmada por Francisco
Redacción Religiónpapa
Sábado 04/06/2016

De la Cumbre de los jueces contra el tráfico de personas ha salido la siguiente Declaración final firmada personalmente por el Papa Francisco:



DECLARACIÓN

De acuerdo con el Magisterio del Papa Francisco, con las declaraciones de los líderes de las principales religiones y de los alcaldes de las más importantes ciudades del mundo, afirmamos que la esclavitud moderna, la trata de personas, el trabajo forzado, la prostitución y el tráfico de órganos humanos, son crímenes contra la humanidad y deben ser reconocidos como tales. Asimismo, el crimen organizado que mira directa o indirectamente a expandir la esclavitud moderna en sus formas antes descriptas, también debe ser considerado un delito de lesa humanidad y reconocido por tal.

Los abajo firmantes nos hemos reunido en la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales para abordar del mejor modo posible por parte de los representantes de la justicia este dramático reto.
La eliminación de la esclavitud moderna hoy es un nuevo imperativo moral para los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas, según rezan los recién aprobados (septiembre de 2015) Objetivos de desarrollo sostenible (Meta 8.7).

La aplicación efectiva del derecho penal es una condición necesaria para "erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas modernas de esclavitud y la trata de seres humanos y asegurar la pro-hibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados". Esto implica asimismo ayudar a remediar las consecuencias sea para las víctimas sea para la sociedad. Es evidente que la justicia penal está intrínsecamente ligada a la justicia social, y a su vez la justicia social a la justicia ambiental. Como afirma la Encíclica Laudato si', "hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres" (S 49). Rehabilitación, reasentamiento y reintegración tienen por objeto liberar a las víctimas de la esclavitud moderna y de la trata de personas, como asimismo restaurar su dignidad humana y su capacidad de ser social y económicamente in-dependientes. No corriendo más el riesgo de recaer en la trata o de recurrir a actividades ilegales y deshumanas, los sobrevivientes pueden contribuir así positivamente al bien de la sociedad.



Con tal propósito, suscribimos los siguientes 10 objetivos:

1. Promover en cada estado el incremento de los recursos y de la colaboración judicial y policial nacional e internacional con el fin de aumentar las bajas tasas actuales de procesos y de condenas para los criminales con el fortalecimiento de los organismos su-pranacionales de la lucha contra los traficantes y de la tutela de los derechos humanos.

2. Habiendo sido aprobados los Objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas y ratificado el Protocolo de Palermo del año 2000 contra la trata de personas, todas las naciones tienen que reconocer la esclavitud moderna, la trata de personas, el trabajo forzoso y la prostitución como crímenes de lesa humanidad con penas proporcionadas.

3. Los bienes incautados a traficantes y criminales ya condenados deben ser utilizados para la rehabilitación y compensación de las víctimas, y para la reparación de la sociedad. El delito de lavado de dinero debe ser intensamente perseguido, porque consiste en hacer que los fondos o activos obtenidos a través de actividades ilícitas aparezcan como el fruto de actividades legales.

4. Abogar para proporcionar un apoyo adecuado a las víctimas que incluya la asistencia civil y legal, una protección segura de los testigos, la asistencia médica y el sostén a las personas por parte de las agencias de servicios sociales, especialmente en el caso de las víctimas indocumentadas. Favorecer la colaboración con la justicia de las víctimas como testigos, también a través de la protección segura y profesional de los mismos con programas de protección organizados a nivel internacional.

5. En el caso de víctimas indocumentadas, emanar autorizaciones de residencia temporal en el país de destino para los que deseen permanecer en éste, independientemente de su situación legal. Garantizar el acceso efectivo a los tribunales pertinentes, a la asistencia jurídica gratuita, y el acompañamiento hasta la reinserción laboral efectiva.

6. Alentar esfuerzos concertados para reducir las prórrogas al acceso a la asistencia legal por parte de las víctimas reconocidas de esclavitud moderna.

7. El tráfico de órganos, definido y condenado por la Declaración de Estambul (2008), debe ser reconocido como delito en todos los países y perseguido eficazmente por la justicia en los ámbitos nacionales e internacionales. Asimismo junto con ser ilegal tal actividad debe ser también reconocida como típica de las orga-nizaciones criminales internacionales.

8. La sanción de los clientes de servicios sexuales debe constituir parte integral de la legislación para una eficaz lucha contra la es-clavitud y la trata, al igual que quien emplea a sabiendas trabajo forzado.

9. Las víctimas de trata no deben confundirse con los inmigrantes irregulares, ni con las personas objeto de tráfico.

10. La repatriación de los extranjeros no documentados nunca debe ser una respuesta sin el acuerdo de las víctimas a fin de evitar el riesgo de las recaídas y de las actividades ilegales y deshumanas.

Franciscus

Fuente:
http://www.cope.es/detalle/declaracion-contra-el-trafico-de-personas-firmada-por-francisco.html?id=2016060419240001




domingo, 1 de mayo de 2016

Lo que piensa una prostituta de sus clientes, dicho con total sinceridad

La confesión de Tanja Rahm
Lo que piensa una prostituta de sus clientes, dicho con total sinceridad
Aunque no es legal, miles de españoles siguen recurriendo a los servicios de las profesionales. Seguramente se lo pensarían dos veces si escuchasen estas palabras
Héctor G. Barnés
22.04.2016

Tanja Rahm


Uno no puede meterse en la mente de otras personas, por mucho que lo pretenda. Decir “sé cómo te sientes” a una prostituta suele ser un acto banal y vanidoso, en el que simplemente recurrimos a alguna experiencia negativa en nuestra propia experiencia laboral para intentar encontrar alguna relación. Por eso resultan tan interesantes los testimonios en primera persona que nos ayudan a comprender qué ocurre dentro de la mente de las mujeres que ofrecen sus servicios sexuales.
Un buen ejemplo de ello es el libro 'Prostitution Narratives: Stories of Survival in the Sex Trade' (Spinifex Press), que recoge unos cuantos testimonios en primera persona. Uno de ellos, y seguramente el más popular debido a su rápida viralización, es la carta abierta de Tanja Rahm a sus antiguos clientes. La danesa, que actualmente tiene 35 años, trabajó durante tres años como prostituta poco después de cumplir 20. Actualmente es terapeuta y sexóloga.
Puede ser que no represente la experiencia de todas las prostitutas, pero merece la pena leer al completo la carta. Sobre todo si, como ocurre con tantos españoles, se es uno de esos clientes que consideran que al contratar los servicios de una prostituta le están haciendo un favor:

"Querido cliente,
Si piensas que alguna vez me he sentido atraída por ti, estás terriblemente equivocado. Nunca he deseado ir a trabajar, ni siquiera una vez. Lo único en mi mente era hacer dinero, y rápido.
Que no se confunda con el dinero fácil; nunca fue fácil. Rápido, sí. Porque rápidamente aprendí los muchos trucos para conseguir que te corras pronto para poder sacarte de mí, o de debajo de mí, o de detrás de mí.

Y no, nunca me excitaste durante el acto. Era una gran actriz. Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Porque mientras tú te tumbabas ahí, mi cabeza estaba siempre en otra parte. En algún sitio donde no tuviese que enfrentarme contigo acabando con mi respeto hacia mí misma, ni pasar 10 segundos pensando en lo que ocurría, o mirándote a los ojos.

Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas. Preferiría que hubieses salido y entrado tan rápido como pudieses. Cuando pensabas que eras mi príncipe azul, preguntándome qué hacía una chica como yo en un sitio como ese, perdías tu halo cuando pasabas a pedirme que me tumbase y centrabas todos tus esfuerzos en sentir mi cuerpo todo lo que pudieses con tus manos. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo.

Cuando pensabas que podías estimular tu masculinidad llevándole al clímax, debes saber que lo fingía. Podría haber ganado una medalla de oro por fingir. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. ¿Qué esperabas? Eras el número tres, o el cinco, o el ocho de ese día.
¿De verdad pensabas que era capaz de excitarme mental o físicamente haciendo el amor con hombres que no elegía? Nunca. Mis genitales ardían. Del lubricante y los condones. Estaba cansada. Tan cansada que a menudo tenía que tener cuidado de no cerrar mis ojos por miedo a quedarme dormida mientras mis gemidos seguían con el piloto automático.

Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello. No me interesaban tus excusas. Me daba igual que tu mujer tuviese dolores pélvicos, o que tú no pudieses salir adelante sin sexo. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo.
Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira. No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Duda de si todos los hombres eran tan cínicos e infieles como tú.

Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí. No veías a la persona bajo la máscara. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable.
De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años. Básicamente, te daba igual. Porque solo tenías un objetivo, y era mostrar tu poder pagándome para utilizar mi cuerpo como te apeteciese.

Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Era porque mi cuerpo era una máquina que no podía ser interrumpida por el ciclo menstrual, así que metía una esponja en mi vagina cuando menstruaba. Para ser capaz de continuar entre las sábanas.
Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído. Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba.


Cuando venías con objetos, lencería, disfraces o juguetes y querías juego de roles erótico, mi máquina interior tomaba el control. Me dabais asco tú y tus a veces enfermizas fantasías. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años. No ayudaba que tuvieses 50, 60, 70 o más.

Cuando regularmente violabas mis límites besándome o metiendo los dedos dentro de mí, o quitándote el condón, sabías perfectamente que iba contra las reglas. Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no. Y lo disfrutabas.
A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Y lo utilizabas de manera perversa para mostrar cuánto poder tenías y cómo podías traspasar mis límites.
Cuando finalmente te regañaba, y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta. Eras condescendiente, amenazador y maleducado.

Cuando compras sexo, eso dice mucho sobre ti, de tu humanidad y tu sexualidad. Para mí, es un signo de tu debilidad, incluso cuando lo confundes con una especie de enfermiza clase de poder y estatus.

Crees que tienes derecho. Quiero decir que las prostitutas están ahí de todas formas, ¿no? Pero solo son prostitutas porque hombres como tú se interponen en el camino para una relación saludable y respetuosa entre hombres y mujeres.

Las prostitutas solo existen porque hombres como tú sienten que tienen el derecho de satisfacer sus necesidades sexuales usando los orificios del cuerpo de otras personas.

Las prostitutas existen porque tú y la gente como tú sienten que su sexualidad requiere acceso al sexo siempre que les apetece.

Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque te preocupan más tus propias necesidades sexuales que en las relaciones en las que tu sexualidad podría florecer de verdad.

Cuando compras sexo, revelas que no has encontrado el corazón de tu sexualidad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el sexo consiste en eyacular en la vagina de una extraña.
Y si no hay ninguna a mano, no tienes que ir más lejos que a la esquina de tu calle, donde puedes pagar a una mujer desconocida para ser capaz de vaciarte en una goma mientras estás dentro de ella.
Qué hombre frustrado y lastimosos debes ser. Un hombre incapaz de crear relaciones profundas e íntimas, en las cuales la conexión sea más íntima que tu eyaculación.

Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus clímax, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus genitales para librarse de ellos. Qué masculinidad débil. Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por sexo.
En lo que concierne a tu humanidad, creo en la gente de bien, incluido tú. Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable. 

También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites.
Pero ¿sabes qué? Se llama evadir tu responsabilidad. No estás enfrentándote a la realidad. Te engañas pensando que la gente a la que compras no han sido compradas. No han sido forzadas a prostituirse.


Quizá pienses que me hiciste un favor y me diste un respiro hablándome del tiempo, o me diste un pequeño masaje antes de penetrarme. No me hiciste ningún favor. Todo lo que hiciste fue confirmar que no merecía más. Que era una máquina cuya función primaria era dejar a los otros aprovecharse de mi sexualidad.

Tengo muchas experiencias en la prostitución. Me han permitido que te escriba esta carta. Pero es una carta que preferiría no haber escrito. Ojalá hubiese podido evitar estas experiencias.

Tú, por supuesto, te consideras como uno de los clientes buenos. Pero no hay clientes buenos. Solo aquellos que confirman la visión negativa de las mujeres sobre sí mismas.

Sinceramente,
Tanja Rahm"


http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-04-22/carta-abierta-prostituta-que-piensa-clientes-total-sinceridad_1187152/







domingo, 17 de abril de 2016

Nosotras, ¿decidimos?



Nosotras, ¿decidimos?
Mar Esquembre Cerdá
27.03.2016

Nosotras parimos, nosotras decidimos» es la expresión que sintetiza el argumento a favor del reconocimiento del derecho a la libre elección de las mujeres sobre la continuación o la interrupción del embarazo. Es obvio que sólo las mujeres podemos gestar y parir. De ahí que no queramos que sean decisiones de otros las que se impongan sobre nuestro embarazo. Desde esta postura ¿es posible limitar o negar la libre elección de las mujeres en otros casos? Es frecuente que se invoque este derecho para defender prácticas que mayoritariamente realizan las mujeres –como la prostitución o alquiler de sus cuerpos– o que sólo pueden realizarse a través de ellas –como la gestación por subrogación o alquiler de sus úteros– ¿Son asimilables estos supuestos al de la decisión sobre el embarazo? Para responder a esta pregunta quizá convendría plantearnos otra con carácter previo ¿Nosotras decidimos para qué? O más bien ¿para quién o quiénes? ¿a quién o a quiénes beneficia nuestra libre elección?

En el caso de nuestro embarazo, decidimos para nosotras mismas, para trazar nuestro proyecto vital, para el libre desarrollo de nuestra personalidad. Nadie más que nosotras obtiene nada de dicha decisión, a nadie beneficia salvo a nosotras mismas. Por tanto, parece que nuestra libre elección en ese caso no está condicionada por los intereses que de ella se puedan derivar para otros. Respondamos ahora a esas preguntas en el caso de la prostitución y en el de la gestación por subrogación. Obviamente, la respuesta cambia. Aquí sí hay quienes se benefician del ejercicio de la libre elección por parte de las mujeres, lo que introduce un factor de sospecha sobre si realmente se trata o no de libre elección. Por más vueltas que le he dado no conozco ningún supuesto en que esto ocurra de forma abrumadoramente mayoritaria o en exclusiva a los hombres (si se les ocurre alguno, por favor, tengan la bondad de decírmelo. Y no, no vale la «donación» de esperma). Ahí tienen otro factor de sospecha.

Mancebía. grabado medieval
Creo que tendríamos que hacernos otra pregunta más con carácter previo: ¿perjudica a alguien nuestra libre decisión? Pues en el caso de nuestro embarazo, a ninguna persona. En el caso de la prostitución y de la gestación por subrogación, el perjuicio sería para todas las mujeres en el primer supuesto y para todas las que se encuentren en edad «fértil» en el segundo. Porque potencialmente todas podríamos alquilar nuestros cuerpos para el placer y/o los deseos de otros. Y eso, simbólicamente, tiene un precio que todas pagamos: nos convierte en objetos, independientemente de nuestra «libre elección» para serlo o no. Sitúen esto en el capitalismo global, que a mí no me cabe aquí y respondan: ¿es posible limitar o negar la libre elección de las mujeres en algunos casos?

Fuente:
http://www.diarioinformacion.com/opinion/2016/03/27/decidimos/1743340.html




domingo, 10 de abril de 2016

Por qué Francia penalizará a los clientes de prostitución

El debate sobre este asunto empezó en realidad en 2010 donde encontró una  firme oposición del Senado, de mayoría conservadora por lo que se ha dilatado hasta el 6 de abril de 2.016 en que la Asamblea Nacional  convirtió en ley la penalización al prostituidor.
Esto una vez más demuestra que la reglamentación o sostenimiento de la prostitución es una política neta de derecha, basada en la tradicional desigualdad de clase. Ha sido con la firme y sostenida lucha de la izquierda francesa que se ha obtenido este avance de los DDHH.
Laurence Rossignol, ministra de Derechos de la Mujer, ha dicho en la Asamblea:
“Este es hoy un combate contra la fatalidad de los que todavía consideran que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo”

De este modo Francia se une a otros países que han avanzado en sancionar a los prostituidores-“clientes” de las personas sometidas a la prostitución: Islandia, Suecia, Noruega, Corea del Sur, Canadá  e Irlanda del Norte.
Alberto B Ilieff
 




Por qué Francia penalizará a los clientes de prostitución
Publicado: 09/04/2016

El pasado miércoles 6 de abril, Francia aprobó una política pública de lucha contra la prostitución inspirada en el modelo nórdico. Este modelo a veces se critica, se comprende mal e incluso se caricaturiza, por lo que nos gustaría explicar aquí sus pormenores.

El cuerpo legislativo francés, por medio de sus representantes elegidos directamente por sufragio universal, tras muchos años de comisiones parlamentarias de investigación (aquí se pueden leer los informes) y audiencias con todas las partes implicadas, pondrá al país galo en sintonía no sólo con sus compromisos internacionales, sino también, y sobre todo -en nuestra opinión- con la ley de 1981 que penaliza el delito de violación, definido como un "acto de penetración sexual, sea de la naturaleza que sea, cometido sobre una persona ajena, por violencia, coacción, amenaza o sorpresa". En efecto, la Asamblea Nacional reconoce así que la penetración sexual por dinero constituye una coacción por naturaleza, así que la prostitución equivale a violencia, y es por tanto lógico que el autor de esta relación sexual impuesta -el "cliente"- sea penalizado.

Se suele dar por sentado que la prostitución es una actividad inofensiva entre adultos que lo consienten, cuando en realidad son la pobreza y la violencia las que empujan de forma masiva a mujeres a venderse o ser vendidas.
La propuesta de ley socialista que refuerza la lucha contra la prostitución posee también, entre otras cosas, un componente de penalización a los clientes, que a partir de ahora estarán sujetos al pago de una multa. El legislador ha escuchado la voz de las personas prostituidas que experimentan la tortura que representa la imposición de varias penetraciones sexuales indeseadas al día, una tortura física y mental desde ahora certificada por análisis traumatológicos. Tras largos estudios, el legislador ha reconocido que la entrada de personas -a menudo menores- en la prostitución procede de la falta de opciones y alternativas, cuando no es -como ocurre la gran mayoría de las veces- por coacción directa de un proxeneta o de una red de trata. Es ese su gran valor político. El sentido común da por sentado que la prostitución es una actividad inofensiva entre adultos que lo consienten, cuando en realidad son la pobreza, la minoría y la violencia las que empujan de forma masiva a mujeres a venderse o ser vendidas. Nuestros diputados han considerado que el derecho que debe prevalecer no es el de prostituirse, sino el de no verse nunca rebajado a la prostitución.



Los diputados estiman que la propia presencia del dinero en la relación es la prueba irrefutable de la ausencia de libre consentimiento de una de las partes y que "la prostitución es, en realidad, muy simple. Es sexo entre dos personas, entre una que lo quiere y otra que no. Y como no hay deseo, el pago lo reemplaza".

Como no hay muchas voluntarias para acudir a satisfacer los pequeños placeres de los clientes, estos últimos se sirven de proxenetas y traficantes de seres humanos que se dirigen hacia la mercancía deseada, alguien que no puede decir 'no'. Los diputados han podido constatar el fracaso documentado por todas las tentativas de regulaciones del comercio del sexo. En efecto, en todos los lugares donde se ha legalizado la prostitución y donde se pasa a tratar a los proxenetas como empresarios corrientes, el tráfico de mujeres ha explotado, así como la intensificación industrial de su explotación: en Alemania, en Australia, en España y en los Países Bajos. Y con razón: una vez que se normaliza la demanda, nadie se opone a la expansión del mercado... Por el contrario, los diputados consideran que no se debe regular el delito, al igual que no se regula ni el asesinato ni la esclavitud. Debemos procurar los medios para luchar contra ellos, aunque sepamos que se requiere tiempo para eliminarlos. Por desgracia, la penalización de la violación no siempre detiene a los violadores, pero facilita una reparación a las víctimas y permite a las instituciones sociales hacer justicia.



Esta ley estipula, nada más y nada menos, que las mujeres no son mercancías, ni para vender ni para alquilar. En otras palabras, se trata de la dignidad humana.
El legislador ha tenido en cuenta los desastrosos costes humanos y financieros de la prostitución y ha decidido contrarrestarlos por el único modelo viable, testado y funcional desde 1999: el llamado sueco o nórdico, que ha logrado reducir la explotación sexual allí donde se ha implantado y no es de ningún modo prohibicionista. El pueblo sueco consideró que las personas son prostitu-idas por prostitu-tores, y que ante todo deben ser descriminalizadas y apoyadas financieramente para salir de ahí, al contrario que sus compradores, que son la fuente y la condición del sistema prostitucional. El proxeneta sólo existe para responder a una demanda. Sin clientes que compren prostitutas, no hay mercado, ni proxenetismo, ni tráfico de seres humanos, pues estos últimos sólo existirán por y para ellos. Por tanto, no es normal que sólo se penalice a los proxenetas, pues ellos son los segundos en el orden de causalidad. Los clientes son la razón y la causa principal del sistema prostitutor y las violencias que de ahí se derivan. Son directamente responsables del proxenetismo y de la trata, cuyo único objetivo es alimentarlos. Incluso más allá de estas situaciones mayoritarias, ellos son los agentes principales de la violencia inherente a cualquier caso de prostitución: la necesidad de dinero constituye como mínimo una coacción determinante, hasta cuando la relación se considera voluntaria, y esto ocurre en contadas ocasiones.

Sea cual sea la hipótesis, la prostitución es un acto sexual impuesto bajo coacción: la del dinero. La prostitución está en el rango de la violación. Es una violencia sexual perpetrada, mayoritariamente, por hombres. Basta con leer los comentarios que los clientes dejan en foros de internet donde evalúan la mercancía para constatar el vocabulario que comparten con los violadores. La coacción es precisamente lo que busca el prostitutor: lo que compra es la posibilidad de prescindir del consentimiento del otro, para hacer lo que le dé la gana en una relación asimétrica en la que el otro está a merced de quien paga. Un dinero que la otra persona necesita para garantizar su supervivencia o la de su familia; o, peor, que será captado por un proxeneta o una red de trata. El putero no tiene cura; en cualquier caso, suponiendo que él no esté al corriente de la situación, ¿cómo podría verificar el discurso que le servirá para aplacar los escrúpulos que le queden? Todos los estudios sobre los clientes demuestran su relación con el comportamiento de los violadores, y con razón: la prostitución no es una forma de violación; es una violación tarifada. Sin dinero, no hay relación sexual, no es algo deseado. Cada año se trafica con millones de mujeres y de jóvenes para el placer de estos señores a los que es hora de penalizar, aunque sea con una simple multa como prevé la nueva ley.

El reto fundamental en una democracia igualitaria es el siguiente: ¿cómo pueden ser las mujeres ciudadanas iguales que los hombres, si estos últimos pueden pagar por ellas como por un filete en la carnicería? Por consiguiente, los diputados han hecho honor a Francia al decidir que esto no puede ocurrir en un país que procura ser ejemplar en el ámbito de los derechos humanos; que es indigno en una nación que exhibe en sus frontispicios el lema libertad, igualdad y fraternidad. Entre 2013 y 2016 se ha encontrado con el rechazo sistemático del Senado hasta en tres ocasiones (pronto serán cuatro). Pocas leyes han tenido tanta trayectoria parlamentaria y se han votado y vuelto a votar tantas veces durante la Quinta República. Pero ha merecido la pena: esta ley estipula, nada más y nada menos, que las mujeres no son mercancías, ni para vender ni para alquilar. En otras palabras, se trata de la dignidad humana.



Por tanto, nos alegramos del voto de esta nueva ley, que completará el dispositivo legislativo francés en materia de igualdad entre hombres y mujeres, y nos enorgullece haber formado parte, como militantes feministas abolicionistas, de esta "ruptura antropológica que funda otro mundo".

Este post fue publicado originalmente en la edición francesa del 'HuffPost' y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano

Fuente
http://www.huffingtonpost.es/yael-mellul/francia-penaliza-prostitucion_b_9641498


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