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miércoles, 1 de febrero de 2023

Trata de personas y pornografía: No, nada de “libre decisión”

 

Trata de personas y pornografía: No, nada de “libre decisión”

LUIS LUQUE

16 ENERO, 2023

 

 



La imagen de una actriz porno sonriendo ante la cámara en un filme del género puede ser la “prueba definitiva” de que, si está metida en ese mundo, es por su propia voluntad. Nada más tranquilizador que ese gesto para quien, tratando de que la conciencia no le encienda una bombilla roja, quiera ver en el rostro risueño de la joven un salvoconducto para su afición a estos productos. Es “porno ético”, qué duda cabe.

 

Detrás de la cámara, sin embargo, puede estar alguien con un arma de fuego apuntando a la muchacha, o pronosticándole una paliza como no se ha visto si no se muestra particularmente “entusiasta”. Les ha ocurrido a chicas (y a chicos) en situación de vulnerabilidad por sus malas circunstancias familiares o económicas, o por ignorancia, a quienes gente con apariencia de respetabilidad han atraído con falsas promesas de trabajo como modelos, actores, etc. Personas que han firmado “contratos” que las obligan a filmar escenas de alto contenido sexual que derivan sin demasiado protocolo en pornografía. Una vez “en ambiente”, ¿qué más da algún que otro exceso? ¿Qué importa traspasar este límie o aquel otro, aunque se incumpla lo pactado?

 

Si la persona no acepta ir a más, a actos de mayor violencia y degradación, el “empresario” dispone de métodos más coercitivos. Los ha sufrido la joven canadiense Jessa Dillow Crisp, obligada por sus familiares a filmar vídeos de este tipo ya desde que era menor de edad. Según testimonió para un artículo de la organización Fight The New Drug (FTND, de activismo contra la pornografía), “me apuntaban con un arma y me decían que si no seguía haciendo lo que me decían, me dispararían. Me estaban violando, pero yo tenía una sonrisa en el rostro. Tuve que actuar como si lo disfrutara”.

 

Si para lograr que alguien acceda a actuar en estas tragedias reales intervienen la coacción o el engaño, o ambos, no se puede hablar de decisión libre, por mucho que la chica o el chico exhiban una sonrisa Colgate. Son personas traficadas, tratadas como objetos: “cosas” vendibles, aprovechables, desechables…

 

No, no lo disfrutan, con lo que ya puede ir desperezándose la conciencia del consumidor “ético”.

 

La violencia, muy presente

Con ayuda de la responsable de un refugio para víctimas de trata con fines de explotación sexual, Jessa pudo escapar de una red de tráfico y pornografía en 2010, y se radicó desde entonces en EE.UU. El suyo es un ejemplo de superación: en lugar de aislarse en su dolor, enmudecer, anularse, tomó la senda de los estudios universitarios, obtuvo un máster en Salud Mental y fundó una ONG contra la trata de personas, BridgeHope, en Denver, Colorado. Con sus conocimientos y preparación, ha impartido formación sobre el tema a funcionarios del Departamento de Estado, del de Seguridad Interna y de la Fuerza Aérea de EE.UU.

 

La joven, que ha accedido a contestar varias preguntas de Aceprensa, sabe de lo que habla cuando aborda la relación entre el porno y la trata.

 

— ¿Cuál es el perfil típico de una persona víctima de trata con fines de explotación en esta industria?

 

— Es imposible definirlo, porque la industria de porno se mueve en función de la demanda de los compradores. Allí donde los traficantes detecten una demanda de pornografía, allí donde haya gente dispuesta a pagar por esto, hacia allí se dirigirán y crearán víctimas, que no encajan en un molde específico: pueden ser niños, niñas, adolescentes, mujeres y hombres, individuos LGBTQ+, no binarios, queer…

 

– ¿Podría darse algún porcentaje aproximado de cuántas de las personas que participan en vídeos pornográficos son víctimas de la trata?

 

— Me es imposible cuantificar ese porcentaje, pero lo que sí puedo decir es que todos los materiales fílmicos de abuso sexual infantil son trata, y los datos indican que la edad promedio a la que filman a víctimas menores de edad es a los 12,8 años (Bouché, 2018). De hecho, un término muy común de búsqueda de material pornográfico es adolescente (Waugh, 2015).

 

Por otra parte, Polaris (2020) muestra, con datos acopiados por la National Human Trafficking Hotline –una línea de ayuda–, que el porno es la tercera forma más común de tráfico sexual de adultos y menores.

 

En general, como afirman mis amigos de FTND (2022), “si alguien es engañado, manipulado o coaccionado para la producción de pornografía, eso se califica legalmente como tráfico sexual. Por ejemplo, si un actor porno se presenta en el plató y descubre que la escena es mucho más agresiva o degradante de lo que le habían dicho, y su agente lo amenaza con cancelar sus otras contrataciones si no sigue adelante con esta, se califica legalmente como tráfico sexual” (párrafo 20), lo que básicamente significa que la trata dentro de la pornografía es más común de lo que uno podría imaginar.

 

“Aunque parte de la pornografía sea consentida, es imposible distinguir qué es pornografía ‘ética’ y qué es trata”

 

— Si es común la trata, lo es entonces la violencia acompañante…

 

— La violencia física se emplea a menudo como forma de control. En mi caso se utilizó tanta, que si alguien me decía algo o me amenazaba con un objeto para obligarme psicológicamente a hacer cosas que no habría hecho por libre albedrío o elección, las hacía. Todo lo que los espectadores podían ver era mi sonrisa, pero las armas que me apuntaban durante la filmación no las captaban los camarógrafos.

 

— ¿No existe entonces, para el consumidor, una manera eficaz de identificar si la persona es víctima de la trata o si realiza esas escenas con plena responsabilidad y consentimiento?

 

— No hay forma de diferenciar, a la vista, entre quien está ahí por elección y quien es víctima de trata y está siendo forzado. Aunque parte de la pornografía sea consentida, es imposible distinguir qué es pornografía “ética” y qué es trata. Además, hay que tener en cuenta que muchas personas que eligen el porno como ‘profesión’ a menudo son violadas, obligadas a hacer cosas que no figuran en sus contratos, y experimentan violencia y traumas extremos durante el rodaje. La industria perpetúa el daño en beneficio económico de los productores.

 

                   Jessa y su esposo, John Crisp (foto: cortesía de la entrevistada)

 

Cuando el porno pone el listón

La violencia en el porno trasciende, sin embargo, el plató. Si el consumidor entiende que las prácticas que ve en pantalla son perfectamente reproducibles, el sufrimiento y la degradación hincarán el colmillo en otras personas.

 

FTND subraya que los traficantes y los abusadores sexuales utilizan estos materiales para preparar a sus víctimas, reducir sus inhibiciones y desensibilizarlas para que “normalicen” lo que, acto seguido, les sucederá a ellas (sobre esta práctica testificaron recientemente ante miembros del Senado francés varias víctimas de trata). La mencionada web cita el testimonio de Elizabeth Smart, una muchacha de Salt Lake City que en 2002, a los 14 años, fue secuestrada durante nueve meses.

 

Según narró Smart, su captor la obligaba a ver pornografía antes de atacarla sexualmente. “Estaba obligada a hacer las cosas que hacían estas mujeres en las fotos. Era casi como si estuvieran poniendo el listón, estableciendo el estándar de lo que mi secuestrador me iba a obligar a hacer después… Casi sentía como si esa pornografía fuera mi sentencia”.

 

Una sentencia que, de forma distinta, pero igualmente negativa, afecta también al espectador y a las personas con las que este se cruce en la vida real. Hay múltiples estudios sobre el tema, uno de ellos muy reciente, el de un equipo británico-estadounidense que examinó los comportamientos de 2.815 consumidores de porno de Alemania, Taiwán, EE.UU. y Corea del Sur. Los investigadores constataron que el visionado de estos materiales incidía de modo notable, en las personas muestreadas, en el desarrollo de una actitud de “cosificación sexual” hacia otras.

 

“La aceptación de la cosificación sexual puede conducir a la aceptación de la violencia contra las mujeres –apuntan–, pero también hay datos que sugieren que no hacen falta formas extremas de cosificación sexual (por ejemplo, una agresión) para afectar negativamente a las víctimas, pues incluso una cosificación sexual sutil en el día a día puede perjudicar el bienestar emocional de las víctimas”.

 

“Aquellas imágenes no definen quién soy”

 

Del pantano del porno nadie sale limpio. Las víctimas, las que menos, y su recuperación es ardua. Jessa, que como experta en salud mental ha hablado con cientos de supervivientes, nos habla de un proceso difícil: “Dado que la curación dura toda la vida, encontrar recursos como vivienda, atención médica, de salud mental y becas para su educación es muy difícil, y se necesitan más servicios para evitar que estas personas vuelvan a ser explotadas”.

 

Tampoco salen indemnes quienes hunden a estas personas en el fango, ni quienes disfrutan del espectáculo desde la orilla. Hay varios perjuicios, y muy interconectados.

 

“El usuario de pornografía suele referir pensamientos negativos sobre sí mismo y dificultades para conectar sexualmente con su pareja”

 

— ¿Cómo se traduce el daño en la vida personal de los consumidores y en sus relaciones sociales?

 

— A nivel neurológico, cuando las personas se autocomplacen sexualmente ante estímulos externos, experimentan una oleada del neurotransmisor del bienestar llamado dopamina, lo que crea una correlación entre pornografía y placer. La dopamina no solo desempeña un papel en las cualidades adictivas del porno, sino que, a medida que una persona sigue consumiéndolo, puede desarrollar una tolerancia a este. Así, lo que solía desatar el subidón de dopamina en el pasado puede requerir otras formas y tipos de porno para crear sensaciones similares de placer. Esto a veces conduce al uso ilícito de material de abuso sexual infantil y/o a la compra de personas que son objeto de trata en el comercio sexual.

 

Por otra parte, el usuario de pornografía suele referir una menor autoestima, menor confianza, más experiencias de depresión y ansiedad, así como pensamientos negativos sobre sí mismo. Además, manifiesta dificultades para conectar sexualmente con su pareja, para fomentar una relación emocional y física con ella.

 

— Por último: a las personas obligadas a participar en vídeos pornográficos, ¿les es posible superar esos recuerdos desagradables y evitar que influyan en sus vidas una vez rescatadas?

 

— Como profesional de la salud mental y como superviviente de la pornografía, creo que es posible curarse y sobreponerse a los recuerdos desagradables de haber sido explotada en el porno, aunque también es increíblemente difícil. Al igual que es difícil recuperarse de una operación quirúrgica importante, hacerlo de las heridas sexuales, físicas y emocionales relacionadas con la explotación que tiene lugar en la producción de pornografía es extremadamente arduo. Requiere no solo trabajo duro y perseverancia, sino un dedicado equipo de profesionales formados que estén equipados para guiarla a una a través del proceso de recuperación.

 

Personalmente, he tenido que aprender a vivir sabiendo que las imágenes de mi humillación, mi violación y el dolor sádico que sufrí se siguen comprando en todo el mundo, lo que significa que sigo siendo objeto de trata y explotación a través del porno. Hoy, sin embargo, soy una superviviente, escritora, oradora, poetisa, esposa, profesional de la salud mental y estudiante de doctorado. Aquellas imágenes no definen quién soy.

 

Fuente:

https://www.aceprensa.com/sociedad/pornografia/trata-de-personas-y-pornografia-no-nada-de-libre-decision/

Nota: las imágenes y palabras en negrita están en el original.







martes, 20 de diciembre de 2016

La desigualdad sexual que normaliza la pornografía: no todo tiene justificación

La desigualdad sexual que normaliza la pornografía: no todo tiene justificación
Por Aroa Padrino - TribunaFeminista

La autora reclama que hay que reaccionar socialmente, también a la izquierda, ante una forma de entender la sexualidad y la erótica desde un pensamiento neoliberal del hecho sexual, fomentando la normalización de una pornografía mantenedora de la desigualdad y violencia de género.

En lo que llevamos de mes han sido publicadas diversas noticias y artículos informando de las grabaciones de porno extremo que se han realizado estos días en Barcelona. Feministas ya se han posicionado en contra de la permisividad de estas grabaciones en el espacio público, como el Partido Feminista de España enviando una carta al Ayuntamiento de dicha ciudad, o como Purificación Causapié, Portavoz Socialista del Ayuntamiento de Madrid, dirigiéndose al gobierno municipal para que actúe contra otras grabaciones de porno que también han tenido lugar en la capital. La primera de estas instituciones ha declarado querer poner coto a estas situaciones, ha llamado a la participación ciudadana para denunciarlas y ha expresado su preocupación por ''proteger a personas externas ajenas al rodaje, y en especial a los menores de edad''. Al mismo tiempo, ha manifestado su opinión acerca de que ''el sexo que se practica en el porno, como cualquier otro marco en el que se practique sexo entre adultos, es legítimo siempre que todas las partes estén de acuerdo y lo hayan negociado previamente al contenido de las escenas''.

Esta afirmación, compartida por gran parte de la sociedad e incluso por personas que se autodenominan ''progresistas'' y ''feministas'', me inquieta: se trata de la concepción neoliberal de la sexualidad por la que se entiende que mientras haya consentimiento todo vale, como si viviésemos en una sociedad de libres e iguales en la que no existen unas estructuras normativas que nos coaccionan; como si las elecciones y los consentimientos del dominador y de la dominada no estuviesen condicionadas -y señalo los géneros porque, qué curioso, en lo relacionado con violencia y sexo, dos acciones que se han unificado y que configuran la pornografía mainstream, el guión al que se ajustan unos y otras es bien distinto-.



No estoy haciendo apología de que se impongan prohibiciones en las relaciones sexuales que cada cual decida tener con quien desee, estoy defendiendo una postura crítica feminista ante la pornografía, que en una sociedad formalmente igualitaria como la nuestra, tan comprometida con la igualdad entre los hombres y las mujeres y en la que se desarrollan políticas activas de igualdad, no debería ni cuestionarse. Lo que sucede es que esta sociedad formalmente igualitaria es solo eso -que no es poco pero no debe dejarnos completamente satisfechas-, igualitaria en su forma, no en su contenido.

Alicia Puleo diferencia entre sociedades patriarcales de consentimiento y de coerción, España es una de las primeras: la igualdad sexual es un principio constitucional, de modo que para cumplir fielmente con los estereotipos de género no se aplican normas legales que nos obligan a ello, actúa nuestra ''libertad'' para ajustarnos -casualmente- al lugar que históricamente la sociedad patriarcal nos ha asignado. ¿Cómo puede suceder esto en sociedades ''desarrolladas'', tan convencidas de que no es deseable que no existan relaciones igualitarias entre mujeres y hombres?

Lo que sucede es que esta sociedad formalmente igualitaria es solo eso -que no es poco pero no debe dejarnos completamente satisfechas-, igualitaria en su forma, no en su contenido.

El pasado 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, se celebró multitud de actos condenando las violencias machistas gracias al trabajo del feminismo por darles cada vez más visibilidad para que se asuman como un problema social y estructural, no como problemas individuales o casuales. Me pregunto cómo podemos pretender que esas violencias se erradiquen si no vamos precisamente a la raíz de los problemas: que somos sociedades formalmente igualitarias en las que el patriarcado se solapa con el mundo de la creación y de lo simbólico, ofreciendo modelos de construcción del cuerpo, de las relaciones amorosas y de la sexualidad en los que se inscribe la desigualdad sexual -siendo este frente solo uno de todos los que el patriarcado tiene abiertos-.

Es precisa una reacción feminista y en bloque contra la violencia sexual hacia las mujeres que es la pornografía y que se ha convertido en el modelo hegemónico de sexualidad. No tiene ningún sentido encajonar las diferentes discriminaciones y violencias que experimentamos las mujeres, la mitad de la población, por parte de la otra mitad, como si no estuviesen conectadas y no partiesen de la misma raíz: el patriarcado, el machismo.

Es precisa una reacción feminista y en bloque contra la violencia sexual hacia las mujeres que es la pornografía y que se ha convertido en el modelo hegemónico de sexualidad.

No posicionarse en contra de la industria pornográfica que está generando modelos femeninos y masculinos en los que se dan unas relaciones desigualitarias, de dominación y de humillación en las que mujeres y hombres tienen su lugar establecido y que contribuyen a alimentar en el imaginario simbólico que las mujeres somos cuerpos a los que es legítimo oprimir, entiendo que es estar a favor de todo ello. No oponerse a un negocio en el que sobre los cuerpos de las mujeres se practican estas violencias es haber caído en la concepción neoliberal del ''todo vale si hay dinero y consentimiento'', qué casualidad que ''todo vale'' si tiene que ver con los cuerpos de las mujeres (pornografía, prostitución, úteros de alquiler).

Por mucha ficción que se diga que es, estamos viendo a personas de carne y hueso sobre las que se ejecutan estas violencias, las cuales además forman parte de toda una violencia simbólica contra las mujeres con la que se nos dificulta la lucha cognitiva para alcanzar nuestra autoconciencia como mujeres en un mundo patriarcal, nuestra autonomía como parte oprimida de este sistema social. No, todo no vale, no se pueden vulnerar los Derechos Humanos de las mujeres para hacer dinero ni para ninguna otra cosa, no nos debería valer que nos estén vendiendo un sexo en el que no se busca tanto el placer erótico como el placer de humillar a las mujeres.



Me pregunto cuál sería la reacción de la gente de a pie y de las instituciones si apareciese una industria audiovisual que hiciese un negocio espectacular recreando situaciones vejatorias hacia personas negras por el hecho de ser negras, judías por el hecho de ser judías, musulmanas por el hecho de ser musulmanas; por la razón de que las personas que ejercen esas violencias disfrutan con ellas porque son racistas, antisemitas, xenófobos, islamófobos; y porque además, las personas agredidas lo están consintiendo porque, por el motivo que sea, les satisface una barbaridad ser degradadas por esos motivos.

Hay consentimiento y se supone que disfrute por ambas partes, ¿quiénes somos las demás para oponernos a ello? Y, sobre todo, ¿quiénes somos para recriminar a otras que disfruten viendo violencia sobre personas negras, judías o musulmanas a las que les gusta ser humilladas por ello? ¿Por qué nos debería parecer mal que esos vídeos se descargasen, que se pagase por ellos y que nuestras amistades y familiares formasen parte de la rueda que hace crecer a ese boyante negocio, tan lleno de disfrute y consentimiento?

¿Por qué la izquierda lo tiene tan claro cuando hablamos de defender a la clase trabajadora, de combatir el racismo y la xenofobia, de defender a todos los grupos oprimidos y no cuando se trata de los derechos de la mitad de la raza humana?

¿Por qué la izquierda lo tiene tan claro cuando hablamos de defender a la clase trabajadora, de combatir el racismo y la xenofobia, de defender a todos los grupos oprimidos y no cuando se trata de los derechos de la mitad de la raza humana? ¿Por qué nuestros compañeros y compañeras de partido -porque en la trampa patriarcal de la normalización de estos modelos caen tanto hombres como mujeres- saltan de sus sillas con cada apología de las barbaridades anteriores y permanecen impasibles ante la cosificación y humillación que se hace de esta manera de nuestros cuerpos?



Tal y como Ana de Miguel reflexiona en su libro Neoliberalismo sexual: el mito de la libre elección, las sociedades democráticas no podemos seguir obviando la complicidad con la que consentimos que la desigualdad sexual siga presente en nuestro proyecto de ciudadanía a través de este tipo de construcciones simbólicas. Y para ello es preciso que seamos críticas, que conozcamos de dónde venimos y cuál es nuestra historia como mujeres para así poder entender lo que el patriarcado hace con nosotras hoy en día.
Fuente: http://tribunafeminista.org/2016/11/la-desigualdad-sexual-que-normaliza-la-pornografia-no-todo-tiene-justificacion/


http://www.bitacora.com.uy/noticia_8666_1.html




sábado, 26 de noviembre de 2016

La práctica de la prostitución. Un Estudio relacional



La práctica de la prostitución. Un Estudio relacional
Por: Ana Rosa Pratesi en: 11 Aug, 2006

 Tomado de Gazeta de Antropología

Introducción
Este ensayo abreva en la información obtenida en el trabajo de campo para una investigación sobre prostitución infantil realizada en el año 1999 en tres ciudades de la provincia del Chaco. El mismo consistió en la observación de niños, niñas y adolescentes, entrevistas a diez de ellos y entrevistas a funcionarios oficiales, integrantes de organizaciones no gubernamentales e informantes de la calle.

La práctica de la prostitución constituye un campo que involucra tanto a ofertantes como a demandantes de servicios sexuales diferenciados, en torno a este comercio aparecen otros actores cuya función e interés están centrados en la ganancia económica, la seguridad o el enlace entre oferta y demanda; es un ámbito social identificado como "el puterío" por quienes lo conforman.

Para referirse al servicio sexual hablan de "trabajo" y por ello, tanto varones como mujeres, adolescentes y adultos se identifican como "trabajadores sexuales". A riesgo de contradecir la voz de estos sujetos, llamaré prostituidos a los prestadores de servicios sexuales, en tanto son personas que -como veremos más adelante- tienen limitada su posibilidad de elección para ingresar, permanecer o salir de esa práctica.

En este sentido la prostitución y todas las formas de explotación sexual de la mujer, han sido reconocidas por UNESCO como formas contemporáneas de esclavitud. También la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres plantea que la prostitución no es voluntaria, es forzada ya que esclaviza a la mujer a través de ella, porque la misma no puede modificar las condiciones inmediatas de su existencia.

 Silvia Chejter (1999) ha diferenciado estas categorías: "Las modalidades pueden nombrarse como: lujosa, burguesa, pobre. Diferenciación que si bien se podría basar en el nivel económico (...) diferencia rituales y modos de representación que preceden y acompañan el 'servicio sexual', escenarios, escenas y guiones narrativos que identifican a las tres categorías mencionadas". 

Dadas las condiciones socioeconómicas de la provincia del Chaco, que ostenta los mayores índices de pobreza del país, hemos obtenido información sobre la prostitución pobre y sólo indicios sobre la prostitución lujosa y burguesa. 

Se trató de una investigación sociológica en tanto el objetivo estuvo dirigido a revelar las situaciones de prostitución en niños, niñas y adolescentes, detectar circuitos y modalidades y establecer los aspectos relevantes del problema.

En este trabajo intentaré una relectura de esos datos desde el punto de vista de las de las organizaciones familiares, de las relaciones entre los sexos y de la vivencia de ser mujer, desde el punto de vista de las personas prostituidas.
Importa conocer las características de los grupos familiares en que han nacido y crecido los y las adolescentes prostituidos, como así también los grupos familiares que conforman los adultos prostituidos.

En la práctica de la prostitución se ponen en relieve particulares relaciones de sexualidad entre varones y mujeres y, para el caso de nuestra investigación, también las relaciones entre varones y varones.

La dicotomía de roles en que se expresa lo femenino se ponen en juego en la práctica de la prostitución, para las mujeres prostituidas y para los homosexuales afeminados o travestís.  

I. Organizaciones familiares

1. La familia de origen de las y los adolescentes prostituidos

Los grupos familiares de los cuales provienen estos adolescentes -varones y mujeres- son familias nucleares monoparentales con muchos hijos, entre cinco y doce para los casos entrevistados. 

El nucleador del grupo es por lo general la madre, quien tiene sucesivos maridos, de modo que los hijos tienen genitores diferentes y comparten padrastros circunstanciales. Sólo en un caso la madre dejó a sus hijos al cuidado del padre, violento y abusador.

Los padres o padrastros no tienen oficios definidos, realizan trabajos temporarios, por lo general en la construcción. Las madres son empleadas domésticas o amas de casa.

Como resultado de migraciones hacia centros urbanos y traslados dentro de una misma ciudad, la familia nuclear no comparte el mismo territorio que la familia ampliada. Esto provoca una pérdida en el capital social y cultural que no se repara con la incorporación de nuevos recursos sino que las redes en que estas familias se desenvuelven, son muy reducidos en su extensión, pobres en su complejidad y poco eficientes como soporte de los sujetos en situaciones de necesidad, crisis, etc.



Desde el punto de vista de los adolescentes entrevistados, el sentimiento de pertenencia hacia el grupo familiar es muy variable, encontrándose relaciones de:

a) Apego 
Expresan cariño hacia sus padres y hermanos, no aparecen reproches ni recuerdos dolorosos, aún en el marco de la pobreza. "un día me mandaron a limpiar ahí afuera (del hogar), y yo... y había una señora que pasó con su hijo y todo, y entonces yo le extrañaba a mi hermanito y a mi mamá y entonces me puse a llorar porque le extrañaba porque me quedaba hace mucho y entonces un día dejé desde ese día y me vine a mi casa" (Gustavo, 13).

En algunos casos el vínculo afectivo se establece entre hermanos, por este motivo el grupo familiar se conserva a pesar de las relaciones violentas con los padres. ¿lo extrañan ustedes? "si, aparte cuando no teníamos pa' comer, él se iba y buscaba changa y eso..." (referencia al hermano mayor preso) (Soledad, 17).

b) Ambivalencia marcada 
Priman los recuerdos de situaciones dolorosas de desamparo o castigo por parte de los padres, sin embargo aún en los adolescentes mayores se observa una gran resistencia a dejar el grupo familiar. En algunos casos se producen episodios de fuga del hogar, pero luego retornan a la vivienda familiar. En todos los casos el amor entre hermanos queda preservado.

c) Autoexclusión 
Son quienes se han ido del hogar, ya sea por relaciones familiares violentas o por la situación de pobreza. Aún así hay una referencia continua al grupo familiar como el lugar adonde se vuelve o se puede volver.

Se trata de distintos modos de subjetivación de las relaciones familiares que tienen en común la experiencia de violencia, ya sea familiar o social, física o simbólica. Antes de avanzar corresponde delimitar el concepto de violencia en relación con otros términos que suelen usarse como alternativos:

Agresión, concepción biologicista que da cuenta de mecanismos de supervivencia de la especie, fue ampliamente desarrollada por Konrad Lorenz.

Maltrato, punto de vista psicológico, supone un sujeto que vivencia el trato del otro como bueno o malo, en consonancia con las pautas histórico-sociales vigentes.

Abuso, término jurídico que presume la existencia de un contrato y un exceso de una de las partes.

Violencia, perspectiva política, hay una relación de poder en la cual quien se sitúa en la posición superior somete a quien está en la posición inferior.

Estas relaciones de poder están presentes en la vida social y familiar de los adolescentes entrevistados y adoptan distintas modalidades.

d) Violencia social
Para explicar el motivo por el cual se insertaron o se mantienen en el mercado sexual, la gran mayoría hace referencia a necesidades económicas extremas. La falta de empleos o trabajos mal pagos hacen que la prostitución se convierta en el medio para la propia subsistencia, la de sus propios hijos o a sus hermanos más pequeños.

"Pero nosotros queremos llevarle a nuestra familia porque cocina mi mamá cocina para poquitos y todo eso, entonces nosotros nos tenemos que rebuscar, para nosotros para comer" (Juan Carlos, 14).

"Y ahora que mi papá esta internado, mantengo a mi familia le doy la mayoría a mi mama. Para darle de comer a mis hermanos... porque no tienen de que vivir. Porque mamá con lo que gana, seis siete pesos nomás hace ella" (María, 14).

"...señores que me ayudaban, que me daban plata para darle de comer a mi hermanito,  porque yo casi le di de comer a mi hermanito hasta los 11 años, le sigo dando a veces" (Natalia, 13).

A esta violencia desencadenante de la situación se suma el estigma por su condición de prostituido; perciben la descalificación en la mirada de los otros.

"Ahora que estoy embarazada, todos me miran, no puedo andar en el centro porque todos me apuntan." ¿Qué dicen? "Que soy prostituta" (Natalia, 13).

"En la (plaza) 25 hay problemas sí, porque te miran tanto la gente, sospechan mal de vos, piensan otra cosa y vos por no decirle esto o aquello, entonces te vas y no le hacés caso nomás. Te vas y hacés lo que vos tenés que hacer nomás. Yo no digo que es sencillo pero te puede llegar a amargar" (Juan Carlos, 14).

Refiriéndose a sus hermanas menores: "Ya sé que van a tener su plata y todo pero lo que va a sufrir, le digo, no van a tener la frente bien alta para el día de mañana decir, bueno yo no salí con este tipo, todos los tipos la van a conocer, yo ya no puedo decir más eso, le digo, sin embargo ellas todavía pueden, que trabajen, que tengan su estudio, todo, yo no voy a traer a ninguna" (Soledad, 17).

e) Violencia familiar
Algunos de los entrevistados mencionan relaciones familiares violentas. La violencia se ejerce de padres a hijos y en algunos casos de los hermanos mayores a los menores; aparece en distintos niveles de la relación: el simbólico, el físico y el sexual.

Al referirme a niveles no sólo indico aspectos de la relación sino también una graduación en la escalada: la violencia simbólica puede darse sola, pero la aparición de la violencia física implica a la simbólica y la aparición de la violencia sexual implica a la física y a la simbólica.

En el nivel simbólico se expresa como amenazas, insultos, la negación o abdicación de la función paterna o materna que deriva en el abandono o expulsión de uno o más hijos del grupo familiar.

"Hace poco anduvimos una semana por la calle, con Natalia, ella no sé donde vivía, yo andaba en la casa de una amiga, dijeron que probaron y que andaba todo bien. Nosotros somos una molestia para ellos. También me duele que ella me niega que soy la hija. Todo Sáenz Peña me tiene como la hermana y no como la hija." ¿Te tuvo cuando era muy joven? "Cuando tenía 13 años y como no me pudo anotar ella, dejó que me anote mi abuela" (Mónica, 18).

"Lo peor, en mi casa, que me duele, es que mi mamá todo el día me esté criticando por este nenito que tengo en la panza, que no me quiere recibir en casa, porque no me da una mano por él. Una vez, le fui a comprar chocolate y le gasté sin querer la plata, porque ella tenía deseos, parecía que estaba embarazada. Le fui a comprar chocolates y ella me dijo que si yo iba a cojer ahora con mi padrastro para que me dé de comer. No, mi padrastro nunca se quiso abusar conmigo. Si me quiso pegar estando embarazada. Me acusaba de que cuando yo tenga va a salir muerto" (Natalia, 13).

En los castigos corporales hacia los hijos participan tanto las madres como los padres o padrastros.

"Porque mi mamá se juntó con otro hombre y... que sé yo, yo no le quería y discutía con mi mamá siempre no peleábamo´ y siempre me pegaban los dos y entonces agarré y me escapé. Porque a mi mamá yo no la quiero {lo afirma con fuerza, es en uno de los pocos momentos en los que levanta la vista para hablarme}... porque... porque, se dejo con mi papá y se juntó con otro hombre... y a mi padrastro no le quiero, porque es muy abuso cualquier cosa venía malo del trabajo y ya se le desquitaba con cualquiera de nosotros" (Estrella, 18).

Pero la violencia sexual sobre los hijos sólo la ejercen los padres o padrastros sobre las hijas; si bien conocemos que hay situaciones de violencia sexual de padres a hijos varones, no las detectamos en nuestra investigación.

"12 años tenía, mi papá una vez quiso abusar de mi y me escapé, me fui, me echó él. (...) Y me fui, y después me agarró, me rompió la cabeza... con un palo de escoba, a mi mamá le pegaba mucho él... iba a ser peor ahora" (Soledad, 17).

"El tercer marido de mi mamá, ese, cuando mi mamá estaba internada en el hospital para tener a mi hermanito, él me llegó unas varias veces en la cama. Yo tenía 9, 10 años" (Mónica, 18).

Un varón relata una experiencia incestuosa, como escenas de seducción, sin connotaciones coercitivas.

"Con mi hermano en el baño, en el baño fue mi primera experiencia. Sí, ya nos atraíamos el uno al otro, y una vuelta yo me estaba bañando solo, y bueno, entró y pasó lo que tenía que pasar, y bueno; Yo tenía 9, tenía, y él tenía; ¿a ver?;un poquito más tenía, no me acuerdo ahora cuánto... (me lleva) seis por ahí" (Gustavo, 18).

Una cuestión por dilucidar es la posición que adopta la madre ante la relación sexual padre-hija (incesto) o padrastro-hija. Hay indicios en estos casos -y en otros que no provienen de la práctica de la prostitución-, que la madre conoce la situación y actúa de distintas maneras: la tolera explícitamente, finge ignorarla o se lo reprocha a la hija.

Serían casos de madres que, como estrategia familiar implícita, privilegian las relaciones de alianza tratando de retener a sus compañeros, por sobre las relaciones de consanguinidad, postura que funciona como catalizador de la disgregación del grupo familiar.
Otra modalidad de relación violenta se presenta cuando un miembro adulto de la familia actúa como proxeneta, es decir cuando explota comercialmente la relación sexual del adolescente con un cliente.

"Y David es el hijo de él, es hermoso ese pibe, y le manda a ejercer la prostitución, él es chonguito machito y viene si anda algún puto viejo por ahí le manda y agarra. Tipo taxi-boy. Pero es el padre quien lo manda, el padre lo manda. Y si no, no comés, si no te echo; así de simple" (Mario, taxiboy).

"Me comentaba que a ella la hicieron trabajar, y fíjese que ella se quedó embarazada sin saber, un día la hermana le mandó un muchacho a la casa por la plata, y me dio tanta impotencia la hermana mayor, que ya está en eso, la hizo entrar a ella, y ella tontamente entró y embarazó ahí" (Médica).  

2. La familia constituida por mujeres adultas prostituidas

Miriam tiene 29 años, proviene de Buenos Aires y desde un año a esta parte vive en Resistencia. Llegó siguiendo a su marido que es presidiario en la cárcel local, hace 14 años que está casada con él. Tiene cinco hijos, los cuatro mayores viven con su abuela en Buenos Aires, la hija menor vino con la madre.

Karina tiene 24 años, a los 16 se trasladó de una población rural del norte de Santa Fe hacia Resistencia, al poco tiempo quedó embarazada y tuvo su primer hijo, años más tarde tuvo dos hijos más con otro hombre quien ha constituido otra familia. Ella es el sostén de sus hijos y de un hermano menor que quedó a su cargo a la muerte de su madre. 

Olga tiene 27 años, hace cuatro que es prostituida, "para mí es eterno ya". Tiene cuatro hijos de entre 14 y 7 años, son hijos de distintos genitores "siempre viví juntada y me separaba, volví a juntarme con uno, con otro... cambie ocho maridos. . Y bueno.. cinco años nomás viví con el verdadero y después cambié todo".

En los tres casos se infiere una estrategia de alianza diferente: 

- Una unión conyugal permanente (Miriam), que persiste aún en una situación extrema, para lo cual cuenta con la solidaridad de otra mujer que se responsabiliza por sus hijos.

- Sucesivas uniones conyugales esporádicas (Olga), convive con distintos varones que son genitores de sus hijos, pero una vez rota la unión conyugal no ejercen la paternidad.

- Sin unión conyugal (Karina), no convive con los genitores de sus hijos.

Las similitudes se encuentran en el ejercicio de la función materna, hay un énfasis en el cuidado físico y moral de los hijos. 

Los cuidados físicos consisten en brindarles alimentación y albergue, pero también preservar su salud.
"Saben que trabajo para ellos, para darles los gustos, para mandarlos a la escuela, y lo necesario que haga falta. Y si, porque de empleada doméstica no quiero trabajar, realmente no quiero trabajar. Porque no tiene sentido acá trabajar de doméstica porque te pagan 5,6 o 7 pesos y estas seis siete u ocho horas y yo directamente con cinco criaturas, para vestirlas y mandarlas a la escuela, darle todo lo que haga falta... no me alcanza. Directamente me arriesgo a esto. En mi caso sí" (Olga).

"Como no tenía recursos para mantener mis hijos, entonces me largué a esto (...) al menos para mantener mi alquiler y para darle de comer a mis hijos, ya me alcanza" (Karina).

"Yo uso (preservativo) porque si me llego a enfermar o algo... mi nena... encima que estoy acá sola, que tengo a mi marido preso y la nena, qué hago... yo si o si tengo que usar, el que no quiere... bueno... papi... toma la plata... " (Miriam).

Como cuidado moral es crucial mantenerlos apartados del ámbito de la prostitución, ya sea ocultando su condición de prostituida o alertando acerca de los peligros.

"Mi parada es en la ruta... un poco es por la gente, yo me... no se vio, por mis hijos más, vio. Porque no va a faltar uno que me vea..." (Karina).

"Tengo una nena de 14 años. Ella no sabe que yo hago esto ni nada porque esta en Buenos Aires. . Pero pienso que si supiera, ahí yo le explicaría todo, los riesgos que hay, todo. Advertir que el día de mañana sea grande""ellas en el tema de la droga, y todo eso ya la saben bien, porque como vieron ir preso al padre... entonces directamente, ya ellas mismas te dicen.. mira mama, cualquier cosa menos la droga. Yo voy a cuidar a mis hermanas, tampoco..." (Miriam).

"Desde que estoy en la calle hasta ahora jamás dicen nada ni les dije nada, al contrario, le atiendo, le doy lo que sea, les digo que no es bueno, y todo. Ellos saben, por ahí hasta ellos mismos me dicen, mama quedate, no trabajes. Tenemos para comer o tenemos lo que nos hace falta, y bueno, quedate. O sea, ellos me comprenden a mí, no sé si es por el hecho de que son mis hijos nomás... pero si, me comprenden... hasta ahora estudian todos, están todos bien" (Olga).  



3. A modo de conclusión

Lo que aparece en forma recurrente es la organización familiar matrifocal. Como fue caracterizada por Bartolomé (1984), se trata de grupos familiares conformados por una mujer con varios hijos, que suelen ser de distintos genitores, con presencia esporádica de compañeros masculinos quienes no realizan aportes sustanciales para la supervivencia de la familia.

En el caso de nuestro estudio, esa matrifocalidad no redunda exclusivamente en la primacía de las relaciones consanguíneas ya que se da con frecuencia por parte de la madre una prioridad a las relaciones de alianza, aún cuando estas sean temporarias.

También encontramos transgresiones a las normas culturales que regulan las relaciones sexuales, ya sea el incesto o sucedáneos, como es la relación padrastro-hijastra. Pero esa transgresión no se produce por mutuo consentimiento sino por el ejercicio del poder en una relación de desigualdad.

Otra de las dimensiones de la organización familiar que no está preservada es la residencia. En estos grupos se ha perdido la relación de vecindad y, por lo tanto, de cotidianeidad, con la familia ampliada. Tampoco se consolidan nuevas relaciones de solidaridad con motivo de los traslados continuos de una ciudad a otra o de un barrio a otro.

Estas características hacen de estos grupos familias vulnerables, ya sea en sus relaciones internas, donde hay miembros objeto de violencia; como en sus relaciones externas que no llegan a constituir una red de apoyo; o en ambas.  

II. Las relaciones entre los sexos

Varón y mujer son los dos sexos culturalmente reconocidos a los que se adjudica valores y roles diferenciados; mientras el varón es activo e independiente, la mujer es pasiva y dependiente del varón.

En la práctica de la prostitución se ponen en escena estos roles aunque la relación se desarrolle con un esquema invertido. Esto vale también para las relaciones sexuales entre varones, donde el prostituido adopta una posición femenina.

Además de este patrón cultural, encontramos una diversidad de modos de relación entre los sexos.  

1. La pareja amorosa

Los noviazgos también suelen ser relaciones violentas, o de escaso componente afectivo. Su evocación no es emotiva.

"Mi novio ¿cómo le puedo decir? me pegaba (...) una vez me fui y me fui a Campo Largo, le dije que iba a ir a (...) y que ya volvía. Agarré, hice dedo en la ruta y me fui a Campo Largo, a la casa de una amiga" (Soledad, 17).

Hay relaciones de fuerte vínculo amoroso que quedan truncadas como consecuencia del estigma del niño o adolescente prostituido.

Su primera relación: "A los 11 (...) Tenía mi novio, de 12 años (...) ; fue rebuenito conmigo, me quería mucho, después se enteró que empecé a hacer esas cosas y no me quiso ver más ni la punta del pie" (Al decir esto su voz se entrecortó) (Natalia, 13).

"Hay una persona que me gusta pero, cómo le puedo decir, no, no puedo hablar con ella, que esto y aquello porque me da medio como una, me da como una vergüenza de ir y decirle así, de frente. (...) de la escuela nos fuimos a la casa, y empezamos a charlar y que esto y aquello y sucedió lo que tuvo que suceder: eso es lo más, lo más, cómo le puedo decir, lo más (Busca las palabras, emocionado) ¿Cómo se dice? Lo más sentido para mí fue" (Juan Carlos, 14).

La asociación entre relación sexual y dinero está presente aún en el vínculo amoroso.

"Con él su novio vamos al hotel y ahí sí, ¡te agarran los leones, te meté en la jaula de los leones si te meté ahí!... Pasa de todo en la pieza esa. En la pieza que estamos nosotros pasa de todo. Claro él es el perro y yo el gato y disparamos para todo lado... (se ríe) ¡Es lindo... va lindo! ¡Más linda es su plata! (...) Bastante, más que yo tiene" (Estrella, 18).  

2. La díada de explotación

El proxenetismo es una figura delictiva que designa la acción de explotar económicamente la actividad sexual de otro sujeto. En la práctica de la prostitución, como en toda actividad económica, existen distintas escalas de explotación; en nuestra investigación encontramos la pequeña escala, en la que un proxeneta explota unas pocas personas prostituidas.

Hay una modalidad de proxenetismo que es invisible a los ojos del explotado, la que ejercen aquellos con quienes los prostituidos mantienen un vínculo muy estrecho, por lo general sus maridos o novios, quienes reciben los beneficios económicos que se producen con la práctica de la prostitución. 

"No, yo tengo mi pareja y no... yo le doy porque yo quiero darle... no que digan ¿Tu pareja trabaja? Por ahora no, pero trabaja, si.. ¿Cuantos años tiene? 22 años... me estará esperando" (Selen, travesti).

"¿Tu novio sabe lo que haces? Sí ¿Cuántos años tiene tu novio? 18 ¿Y le das plata? Cuando no tiene a veces... a veces le digo que no tengo" (Natalia, 14).  

3. La pareja comercial

Las relaciones sexuales pactadas comercialmente son "servicios" que realiza la persona prostituida al "cliente". Los servicios son diferenciados y a cada uno les corresponde una tarifa que se pacta previamente.

En la percepción de las personas prostituidas los clientes presentan rasgos comunes con sus novios o padres, dadas por la situación particular en que se desarrolla la relación, así es que encontramos referencias a:

a) La fidelidad

Existe una relación regular y continuada entre cliente y prostituido/a, esta situación genera en estos últimos una sensación de seguridad y, en algunos casos, esta relación se convierte en un capital social: se recurre al cliente solicitando favores.

"Fijos, fieles, buscan a esa misma persona, y si esa persona no está, bueno, se va o viene más tarde o vienen otro día, ¿viste?, pero suelen ser fijos los clientes" (Gustavo, 18).
b) La iniciación

Aunque anacrónica es frecuente que la relación cliente-prostituida constituya la primera relación sexual para un joven, generalmente por iniciativa de su padre. Esta situación provoca actitudes diferentes en las prostituidas de acuerdo a su edad. Tenemos en las más jóvenes un sentimiento de superioridad y control sobre el cliente, mientras que las adultas asumen un rol docente implícitamente aliada con el padre.

Relatan la situación anacrónica del adolescente que tiene su primera relación sexual con una prostituta, adolescente o madura. Suele suceder con el consentimiento o iniciativa del padre del iniciado.

"Una vuelta fui con un chico de 14 años. Era de acá del centro. ¡Qué si tenía plata, con tal que me de la plata a mi me da lo mismo... Era virgo el pendejo. ¡ Ay! me arde me decía {se ríe burlonamente}... Después le sangraba todo y me mostraba donde le sangraba y le había sacado la telita" (Estrella, 18).

"Casi la mayoría ahora los padres les traen a los chicos, para que ellos pasen, les pagan para que conozcan, para que se hagan (...) debe ser por el miedo que tengan de que salga mal... o algo. Pero la mayoría de los padres mismos. traen.. (...) claro, de 14, 15, 16 años, pero los padres le traen (Olga).

c) El cuidado

La relación adquiere una modalidad paternalista cuando el cliente expresa preocupación (aunque no se ocupa) por la seguridad y bienestar del prostituido/a. Esta actitud del cliente se vive como una relación intersubjetiva de buen trato.

"Eran personas de mucho dinero y eran muy buenitos conmigo, me trataban bien, siempre me aconsejaron y me dijeron que esas cosas no tengo que hacer. " ¿Te aconsejaron, pero al mismo tiempo...? "Mm.. Si, yo siempre me pregunté porque ellos me dicen eso si salen conmigo. Una vez, le pregunté a un señor por qué dice eso, si está saliendo conmigo y me dijo "yo estoy saliendo con vos porque sé que necesitas plata y como 20 pesos para mi no es fácil regalar, entonces te doy a vos haciendo que hagas eso" (Natalia, 13).

d) La violencia

Una vez a solas con el cliente los niños y jóvenes quedan expuestos a posibles prácticas violentas. Algunos de ellos están instruidos por los mayores en cuanto al manejo de ese tipo de situaciones.

"Una vez si allá en la ruta frente al seminario andaba con mi hermana, vino un tipo y me dice vamos, bueno le digo, hablé con mi hermana, pedí la plata adelantado me dice, (...) entramos y le digo la plata por adelantado, y me dice no, pero vamos a hacer primero, no, no, no, me empezó a apretar fuerte el pecho, me puse a llorar y me fui..." (Soledad, 17).

Pareciera que cuanto mayor es la indefensión de la persona prostituida, dada principalmente por la edad, la violencia se exacerba.

"Y entonces ese fue mi primer momento que me estaba sacando la ropa, que esto que aquello y entonces, yo, como algo que sentía dentro de mi cuerpo, y entonces cuando empiezo a disfrutar así, me asusto demasiado y yo tenía acá, las dos manos y los pies y no podía hacer nada (hace gestos como que estaba atado) (...) Tuve mucho miedo" (Juan Carlos, 14).

"Un hombre lo eligió a un pendejito chiquito que, si quería ir no sé a dónde que él le iba a dar plata que esto que aquello, y...el pendejito era un compañero que yo le decía que no se vaya, que no se vaya, y se fue...y resulta que el hombre ese era travesti y se ve que el hombre ese le jugó todo al pendejito y no le dio nada. Entonces después me vino y me contó a mí que le lastimó a la fuerza le quiso hacer y le quería hacer eso ¿viste?, a la fuerza le quería hacer...como el pendejito era chiquitito puede ser por eso" (Juan Carlos, 14).  

3. A modo de conclusión

Encontramos un intercambio de roles y una transversalidad de los valores adjudicados a las relaciones de prostitución y a las que están al margen de esa práctica. Así el novio puede ser (como) el cliente, pero también el cliente puede ser (como) el padre, el hijo o el novio.

Sin embargo lo que predomina son las relaciones prostituyentes, donde la pareja amorosa es valorizada en función de sus recursos, o es beneficiario del producto de la prostitución; y donde la persona prostituida mantiene el estigma.   

III. Ser mujer

Los dos arquetipos vigentes en nuestra cultura en torno a la mujer son la madre y la puta. Arquetipos antagónicos ante la conciencia del varón quien orienta su deseo hacia uno y otro.

Esta contradicción se relativiza en la subjetividad de la mujer prostituida para quien, en la mayoría de los casos, la maternidad constituye el rol que la reivindica socialmente, en especial en la sociedad argentina donde la figura de la madre se reviste de un valor superior.  

1. La maternidad
Hemos visto más arriba que las mujeres adultas prostituidas conforman su familia -con o sin cónyuge- y dedican un importante esfuerzo a la crianza de sus hijos.

El valor de la maternidad se expresa como presión social sobre las jóvenes, de ellas se espera que tengan hijos, que sean madres cuanto antes, con prescindencia de la presencia de una pareja estable.

"Todos me dicen ¿cuándo vas a tener un hijo? y qué sé yo, a veces me pongo a pensar y le digo ¿para qué, para tenerlo así como lo tienen todo sucio, que no tienen ni para comer? Para traerlo a sufrir al mundo, no le digo, dejale nomás" (Soledad, 17).

La posibilidad o imposibilidad de la maternidad está muy presente aún en aquellas que utilizan métodos anticonceptivos, y se expresan como fantasías de esterilidad:

"Soy estéril, tengo la boca de la matriz que no se me abre. Parece como si la tuviera pegá (...) Sí, yo igual me cuido, porque a veces se equivocan los doctores..." (Estrella, 18).

"Me gusta tenerlos hijos pero no puedo (...) soy machorra, no puedo tener. ¿Quién te dijo eso, un médico? No, mi mamá" (Soledad, 17).

Sin embargo uno de los riesgos de la práctica de la prostitución son los embarazos no deseados (o al menos no planeados). Esto genera la utilización de métodos anticonceptivos que varían desde los empíricos a los farmacológicos y mecánicos.

"Si mi mamá me cuida con remedios. Una planta que tiene en mi casa. No me acuerdo muy bien el nombre, hasta ahora no estoy así es que..." (M. Natalia, 14).

"Porque hay una pastilla, que es como una cápsula, que vos te la meté dentro de la vagina y se desarma y hace tipo una cápsula que cuando entra el esprema esperma vuelve a salir y después se desarma sola, cuando te vas a orinar y así. Se compra en la farmacia... Ocho pesos, las dos cápsulas (...) Una por noche y trato de no ir al baño. Porque si vas, se sale" (Estrella, 18).

Cuando fracasan los métodos recurren al aborto en condiciones sanitarias deficientes.

En referencia a abortos: "Ellas no más se hacen, se compran inyecciones y se inyectan... Una casi murió una vez, porque se ve que el bebé era muy fuerte y no quería salir y se inyectaba y se inyectaba y casi se murió... pero la mayoría casi todas abortan... Hay una, que no hace ni quince días que tuvo y está trabajando ya..." (Estrella, 18).  

2. La mujer completa 
Los arquetipos femeninos contradictorios se armonizan en las actitudes de un varón: el homosexual afeminado, el travesti.

A través de su puesta en escena, transformación de su cuerpo, técnicas de seducción y exageración de lo femenino, el travesti se convierte en la mujer ideal desde el punto de vista del deseo del cliente.

Se diferencia claramente de la mujer prostituida que impone distancia y profesionalismo.

"No, en las mujeres es un trato más comercial que otra cosa; en cambio la mayoría de nosotros por ejemplo que vamos por ahí, sea joven, sea viejo; uno se excita, se excita, pero no con todos, no con todo el mundo;Yo, generalmente con las personas mayores no es que me excito, a excepción con el viejito ese que te pone la mano" (Mario).
"Cuando subo ya le digo, yo lo hago porque necesito, no me gusta, no soy mujer caliente" (Ana).

"Entonces dicen: 'la mujer no, porque si la mujer me va tratar así, prefiero un hombre'. Y ahí se le prende la lamparita y empiezan a pensar en el hombre, qué sé yo, y los travestis, son apasionados por ser mujer, entonces ponen todo lo mejor de sí para poder ser mujer y entonces, atrapan al hombre. Eso es lo que pasa. Porque es verdad. Se portan mucho mejor que las mujeres" (Sol, 17).

Por otra parte la sexualidad desplegada por el travesti se abre a diversas alternativas; se puede comprobar que existe una gran demanda de varones homosexuales y de travestis, casi similar a la de mujeres.

"Eso, me parece raro lo que está pasando últimamente: antes vos te ibas con un tipo, y el tipo era macho, era macho. Ahora últimamente se está dando un caso de que pagan para ser pasivo" (Mario).

Pero el travesti no sólo es mejor puta que las mujeres, también ejerce el rol de madre, aunque sus hijos no son niños o niñas; son travestis. De esta manera el travesti alcanza la feminidad completa.

"Pero nosotras los travestis, cuando sale así a la calle, quiere estar en la calle, le enseñamos y le tomamos como hijo... le enseñamos el peligro, cuánto tiene que cobrar, con quién tiene que salir, o los que quieran. -Yo tengo dos hijas divinas que ahora están en Buenos Aires. -Yo tenía tres hijas... desastre.  -Yo misma me encargué de llevarla... a una. Después, hace poco, vino otra y la llevo a su hermana" (Selen y Vicky, travestis).  

3. A modo de conclusión

Ser mujer es una carrera. En el campo que abordamos las mujeres más avanzadas en la carrera son las que, a la práctica de la prostitución, añaden la maternidad. 

Pero tienen en el travesti una dura competencia, ya que éstos son quienes más han desarrollado y explotan las características femeninas valoradas por los clientes. A lo que suman una maternidad putativa sobre sus pares más jóvenes.  



IV. Reflexiones de inicio

En el recorrido de este trabajo van surgiendo cuestiones para la reflexión que tienen que ver con el eje del poder en las relaciones interpersonales y sociales. Estas cuestiones se relacionan con la práctica misma de la prostitución; con la transgresión de normas sexuales que culturalmente rigen en la familia y con los cambios en la estructura familiar.

Cuando, en el inicio de la investigación, nos abocamos a encontrar casos de personas en situación de prostitución, lo que en realidad encontramos fue una práctica extendida y enraizada en la sociedad, que involucra a una diversidad de personas.
Las transacciones de sexualidad prostituida se constituyen como un mercado específico. Allí hay clientes, servicios, pagos diferenciales, intermediarios, explotadores, etc.

Pudimos comprobar el mecanismo de naturalización que esta práctica tiene a través de un discurso legitimador según el cual su origen se pierde en el tiempo, ya que se trata de "el oficio más viejo del mundo", y cuyo fin no se vislumbra.

Pero este oficio se adquiere y se explota en condiciones de desigualdad. Preferentemente serán las mujeres y los más jóvenes, aún niños, los que adquieran el oficio. La situación de necesidad es otro argumento del discurso que naturaliza la práctica. Según un abogado conocedor del campo, cuando una familia se sume en la pobreza "siempre es mejor una mujer puta que un tipo chorro".

Sin desconocer que existen algunas personas que eligen la condición de prostituidas, podemos decir que en la mayoría de los casos no se trata de una libre elección, característica que se evidencia en la imposibilidad de salir de la situación.

De acuerdo a estos rasgos podría decir que no se trata de una relación mercantil con un cliente a quien se le presta un servicio, sino del consumidor de un bien, siendo el bien consumido la persona prostituida.

Situaciones coincidentes encontramos en la modalidad en que se transgrede la prohibición del incesto.

No se trata de relaciones sexuales originadas en la seducción y a iniciativa de cualquiera de los dos componentes, que pueden interrumpirse o finalizar según el flujo de la relación.

Por el contrario se trata de una relación sexual iniciada y mantenida, aún por la fuerza física, por uno de los miembros de la pareja, invariablemente varón y mayor, quien ejerce el poder sobre el otro miembro, generalmente mujer e invariablemente menor, quien opone una débil resistencia y no tiene aliados eficaces dentro de su propia familia.

El poderoso es propietario del cuerpo y la vida del otro; la relación, que está marcada por los celos, no puede terminar a menos que la persona violentada huya de la situación.

Detectamos un tipo de organización familiar matrifocal, que estaría expresando un cambio estructural. 

Según la Encuesta de Opinión realizada por UNICEF (2000) -entre más de 13.000 niños, niñas y adolescentes de zonas rurales y urbanas en 20 países de América Latina y El Caribe, más España y Portugal-, uno de cada cuatro niños y/o adolescentes reporta la ausencia de su padre en el hogar.

Es decir que mientras el varón abdica de su función paterna, se evidencia una mayor responsabilidad directa de las madres en el cuidado de sus hijos. La maternidad se constituye en una carga con un gran valor simbólico.
Si bien se trata de reflexiones surgidas a partir de una investigación acotada, los hallazgos tienen puntos de coincidencia con resultados de estudios realizados en otros ámbitos geográficos y sociales (Springer, 1985; Chejter, 1999). 

El interrogante no explicitado pero que campea en toda la investigación es acerca de la naturaleza de una sociedad en la cual en distintos niveles y relaciones aparece -naturalizada- la sexualidad prostituida.

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Bibliografía

Bartolomé, Leopoldo  1984 "La familia matrifocal en los sectores marginados: desarrollo y estrategias adaptativas", Revista Runa, Nº XIV: 23-47.Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras.

Basaglia Ongaro, Franca  1989 "Mulher", en Enciclopedia Einaudi. Vol. 20. Impresa Nacional. Casa da Moneda.

Chejter, Silvia  1999 La explotación sexual de niñas, niños y adolescentes. Informe Nacional. Buenos Aires, UNICEF.

Foucault, Michel  1980 Historia de la sexualidad. Madrid, Siglo XXI.

Goffman, Erving  1995 Estigma. La Identidad deteriorada. Buenos Aires. Amorrortu.

Guemureman, Silvia (y Adriana Gugliotta)  1998 "Aportes para una reflexión acerca de la violencia perpetrada sobre los niños, niñas y adolescentes", en Inés Izaguirre (coord. y comp.), Violencia social y derechos humanos. Buenos Aires, Eudeba. 

Heritier, Françoise  1989 "Masculino/Femenino", "Parentesco",  "Familia", en Enciclopedia Einaudi. Vol 20. Impresa Nacional. Casa da Moneda.

Lévi-Strauss, Claude  1993 Las estructuras elementales del parentesco. Barcelona, Planeta-Agostini?.

Pratesi, Ana Rosa  1999 La explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes en la Provincia del Chaco. Informe de Investigación. Mimeo. 

Reich, Wilhelm  1983 La irrupción de la moral sexual. Buenos Aires, Homo Sapiens.

Silva, Hélio  1999 Travesti. A invençao do feminino. Río de Janeiro, ISER.

Springer de Freitas, Renan  1985 Bordel, bordéis: negociando identidades. Petrópolis, Vozes.

UNICEF  2000 Voz de los niños, niñas y adolescentes en América Latina y El Caribe. Encuesta de Opinión.

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Nota
El trabajo de campo fue realizado por un equipo conformado por Ana Pratesi, Jorge Roze, Andrea Rizzotti y Graciela Varela.

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Ana Rosa Pratesi. Doctoranda en Antropología Social. Programa de Postgrado en Antropología Social. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Misiones. Argentina. anapratesi@ciudad.com.ar
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Resumen
La práctica de la prostitución. Un estudio relacional

Es un estudio realizado en la ciudad de Resistencia, Provincia del Chaco, Argentina, a través de observaciones y entrevistas a distintos actores que intervienen en la práctica de la prostitución callejera, tanto adultos como adolescentes y niños. Trato de identificar las interacciones que se desarrollan en esta práctica entre las personas prostituidas, sus clientes y proxenetas. También indago en los grupos familiares de origen de las personas prostituidas y los que ellas mismas conforman, echando luz acerca de la naturaleza de las relaciones como las alianzas, la maternidad y el incesto. En esta práctica se recortan los arquetipos de sexo encarnados por la mujer y el varón homosexual afeminado o travesti. Se muestra como las interacciones en las que participan las personas prostituidas, se producen en un contexto de poder caracterizado por una marcada asimetría en las relaciones.  


Abstract
The practice of prostitution. A relational study

We present a study carried out in the city of Resistencia, Province of the Chaco, Argentina, through observations and interviews, on the people that are involved in the practice of street prostitution, as much adults as adolescents and children. We identify the interactions between prostitutes, their clients, and their pimps. We also investigate the original family groups of the prostitutes, to which they themselves conform, casting light on the aspects of the nature of the relationships, like maternity, incest, and family ties. In this practice the embodied sex archetypes are determined by women and effeminate homosexual males, or travestis. We show that the interactions in which prostitutes participate have a power context characterized by a marked asymmetry.



Fuente Hombres Abolicionistas
 http://www.hombresabolicionistas.org/tiki-read_article.php?articleId=32