martes, 6 de enero de 2015

Prostituídas y prostituidores: dos psicologías enfrentadas

Congreso Internacional Explotación Sexual y tráfico de mujeres        AFESIP España

Carlos París
Prostituídas y prostituidores: dos psicologías enfrentadas

Voy a imprimir un pequeño giro al tema que me ha sido propuesto por la organización del Congreso, “Prostituidas y prostituidores: dos psicologías enfrententadas”, para analizar más que los aspectos psicológicos- en que, por añadidura no soy experto- los roles o papeles de ambas partes. Pienso, en efecto, que las psicologías en cuanto fenómenos individuales, tanto del cliente como de la prostituída, pueden ser enormemente variadas, recorren un amplísimo campo de posibilidades, en cambio, sus situaciones objetivas, los papeles desde los cuales uno y otra se relacionan resultan susceptibles de una descripción comunitaria y representan el nudo del debate sobre la prostitución, así como de las políticas con que esta realidad debe ser afrontada. Y, como se trata de una relación dual, con funciones complementarias, me veré obligado a hablar de sus dos términos, no sólo el llamado “cliente” sino también de la mujer o prostituída. En esta perspectiva nos encontramos ante dos lecturas y valoraciones inversas: la que podemos designar como leyenda áurea o leyenda rosa de la prostitución y aquella que desvela la cruda realidad de los hechos.

Cliente y prostituta en la “leyenda äurea”

“Dos adultos mantienen una relación sexual tras convenir un precio”. ¿No constituye ello un acuerdo perfectamente aceptable? Puede ser repudiada semejante relación si es establecida con menores de edad, con personas sometidas a coacción, forzadas, o si entran en juego drogas ilegales. Pero no, si trata de una relación entre seres libres, en el ejercicio pleno de sus facultades. Así se explica la Asociación de Empresarios de Locales de Alterne, (ANELA) según reproduce Joaquín Prieto en una reciente colaboración publicada en El País. (1)

Consecuentemente, fuera de estos límites, condenar la prostitución únicamente tiene sentido desde posiciones que rechazan el sexo y su libre ejercicio, desde actitudes represivas ante la sexualidad. Ya sea por inmadurez y ñoñería ante nuestro cuerpo y sus pulsiones, por falta de capacidad para asumir nuestra plena realidad. Ya, según la doctrina católica oficial, por la ordenación de la sexualidad humana a la reproducción que permite su ejercicio exclusivamente dentro del matrimonio y sin el uso de medidas contraceptivas. Aunque, ciertamente los teólogos no hayan tenido empacho en considerar necesaria la prostitución, según la teoría del “mal menor”. Y, curiosamente, es esta teoría la que hoy vemos reaparecer, secularizada, en voces como la de la catedrática Mercedes García Arán, que, si bien no osan entrar a discutir éticamente la relación prostituyente, mantienen que su supresión generaría caóticos desordenes. (2)

Mas no es ésta teoría del mal menor, la visión expresada por la ANELA, y, en general, por las posiciones proclamadoras de la leyenda áurea. Según ellas, se trata de una relación en que un individuo, normal y mayoritariamente un hombre, requiere ciertos servicios y está dispuesto a pagar por su suministro, a quien se los proporcione. Estos servicios son de índole sexual. Pero nada los diferencia, a no ser que tengamos una concepción represiva de la sexualidad, de otros, tales como la limpieza del hogar, la atención del camarero o camarera a la mesa en que nos sentamos en una cafetería, el tratamiento por el médico de nuestras dolencias o la asistencia que el abogado nos proporciona en un trance jurídico. Y el individuo en cuestión busca y encuentra una mujer dispuesta a prestarle los servicios deseados. Lo hace libremente, de acuerdo con esta descripción, pero, sin duda -hay que reconocerlo- no por gusto, buscando su satisfacción propia, al modo del cliente. Ni mucho menos por amor, cosa imposible, tratándose, al menos en un primer encuentro, de un desconocido. Lo hace, y ello diferencia radicalmente esta situación de las habituales, normales, relaciones sexuales, para obtener unos ingresos que le permitan sobrevivir en los casos más necesitados o le posibiliten elevar su nivel de vida en meretrices acomodadas.

Entonces, su entrega y actividad ha de ser planteada como un trabajo. La prostituta es redefinida como “trabajadora del sexo”. Se aduce, para quitar hierro al asunto, que incluso hay trabajos más duros y más explotadores que el suyo. Y, como los otros trabajadores, la mujer dedicada a la prostitución debe obtener los derechos laborales que la actual legislación prescribe. Tal es la perspectiva de las relaciones entre cliente y prostituta defendida por los partidarios de la leyenda áurea y cuya consecuencia práctica es que la prostitución debe ser aceptada y mantenida, sin más necesidad que la de regularla por parte de los poderes públicos.


La cruda y dura realidad de la relación

Es interesante observar el falaz juego de esta descripción punto por punto. Algunos detalles de importancia menor, no dejan, sin embargo, de ser significativos. Por ejemplo, he hemos hablado de “un individuo” y ello no siempre se ajusta a la realidad. No debemos olvidar que muchas veces la visita a los burdeles se realiza en pandilla. Como una juerga colectiva, por hombres cargados de alcohol- droga admisibe en la doctrina de la ANELA, pues no está prohibida- y en un clima supermachista, en el cual alguno llega a decir: “vamos a dar una paliza a las putas”. Si no siempre es tan alto el grado de brutalidad y actitudes primarias, en todo caso resulta normal la acumulación de clientes que, sucesivamente, en lamentable hilera, se satisfacen con una prostituta, en ocasiones hasta agotarla. Según Anita Sand se puede contar el número de cuarenta o cincuenta clientes por cada mujer prostituída. (3)

Pero lo decisivo, sin extendernos en comentar aspectos más accesorios, es el deslizamiento que se ha producido de la realidad a su idealización manipulannte. Y la tranquila aceptación de un mundo degradado. Las relaciones sexuales humanas son expresión bien del amor en los casos más nobles, bien de un deseo de goce libre y mutuamente compartido. Y tal es su normal realización. No debemos olvidarlo. En la prostitución asistimos a una radical transformación de estas relaciones. Degradadas y desiguales, se han convertido en “prestación de servicios”.

En términos lógicos reina una completa asimetría .Y dicha asimetría, expresada en su forma más suave, es la de un protagonista dominante y una sirviente. De un lado se sitúa activamente un hombre que experimenta la sexualidad como necesidad fisiológica y como voluntad de goce. Posee el poder del dinero y, aún podríamos añadir, el prestigio social. Actúa como soberano. De otro un sujeto pasivo, la mujer, o- si se quiere ampliar el campo hacia fenómenos más minoritarios- el ser prostituído, para quien la relación no tiene más razón y atractivo que el de los ingresos que le proporciona. Sólo éstos le dan sentido. Pero, entonces, se ha convertido, no ya en sirviente, sino en mero objeto, utilizado por el ser que goza de ella. Podemos decir que la mujer sumida en la prostitución no se ve en función de si misma, sino en el espejo que es el ojo del cliente, como realidad que puede satisfacer a éste. Se ha borrado a sí misma, como ser personal, convertida en mercancía. Por supuesto, la terminología de cliente y prostituta, debe ser sustituída por la prostituidor y prostituída.



Patriarcalismo, mercantilismo y racismo en la prostitución

El carácter patriarcal de la relación resulta evidente. Corresponde a un mundo en que el varón maneja el dinero y tiene derecho a satisfacer a gusto sus instintos. Son tan poderosos que no se les puede poner barreras. En otro caso se incendiaría el mundo. La mujer aparece como un ser necesitado, carente de posibilidades por sí misma y además es despojada de sexualidad propia. Aunque rizando el rizo de sus sumisión, simule un placer no experimentado, para gratificar la virilidad del prostituidor. Es el colmo de la farsa montada por la dominación patriarcal.

Significativo de este carácter patriarcal de la prostitución resulta el hecho de que el combate por la abolición de la prostitución es en su mayor parte librado por mujeres feministas. Por aquellas que promueven un mundo igualitario, roto el dominio del varón, mientras que tantos hombres se muestran partidarios de mantener la prostitución. Los que la defienden más encarnizadamente son beneficiarios económicos del fenómeno como empresarios o chulos, otros se complacen en frecuentar los burdeles y finalmente muchos poco sensibles para la liberación total de la mujer se muestran indiferentes o abogan por la regularización. Y, así, sólo se consiguió la prohibición y sanción de los clientes en Suecia, cuando el Parlamento resultó compuesto igualitariamente por hombres y mujeres.

Junto al patriarcalismo, se manifiesta el mercantilismo que ha dominado la historia humana y ha alcanzado su ápice en el capitalismo. Ambos en estrecha relación. Como acabo de escribir es el varón quien maneja el dinero. Compra a la mujer en la forma más extendida de prostitución. En nuestra sociedad capitalista en que el dinero constituye el resorte más importante de poder, su distribución entre sexos es aplastantemente desigual en todos los niveles sociales. De un lado la feminización de la pobreza, de otro la acumulación de la riqueza o la superioridad de ingresos en manos masculinas. Y a partir de aquí la mercantilización inunda todo el mundo que estamos analizando.

Conforme a una sentencia del Tribunal de Luxemburgo de 2001 la prostitución constituye una “actividad económica”. Para la OIT (Organización Internacional del Trabajo) el “sector sexo” debería ser incluido en el actual mundo industrial. (4) Y, evidentemente, estamos en presencia de una actividad económica .Según datos aireados por la portavoz socialista en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, Elena Valenciano, sólo en España mueve dicha actividad 40 millones de euros diarios y alcanza en el mundo la cantidad de 5 billones de euros anuales. (5) En algunos puntos del planeta este mercado del sexo alcanza proporciones extraordinarias. Según el informe de la OIT la prostitución constituye la principal fuente de ingresos en las economías deprimidas del sureste asiático ( Malaisia, Indonesia, Tailandia y Filipinas). Ello ha exacerbado el reclutamiento de mujeres para dicha actividad. (6)

Y, en conjunto, se sitúa junto al mercado de armamentos y la droga entre los más cuantiosos negocios de nuestra sociedad. No deja de sorprender entonces el interesado y acendrado vigor con que la prostitución es defendida por sus actuales beneficiarios. Pero, aún se llega más lejos, cuando se proclama que su legalización suministraría importantes ingresos a las arcas de los Estados, gracias a la percepción de impuestos, como también defiende la OIT.

Mas semejante situación convertiría al Estado en cómplice y proxeneta. Consideración nada honrosa para un Estado que se pretende de Derecho. Al término despectivamente usado de “Estado bananero” habría que añadir ahora el de “Estado putero”. Y es que, evidentemente, el hecho de que la prostitución constituya una actividad económica explica el interés de sus beneficiarios, mas no justifica el mantenimiento de la misma. Como tampoco el del tráfico de armas y de drogas. Mas bien pone a la luz el carácter perverso de la prostitución, al transformar las relaciones sexuales en compraventa y al convertir en mercancía los cuerpos humanos, las mujeres, y su capacidad de servir de objeto de desahogo para los apetitos sexuales del varón. Como en Suecia propaló la campaña que condujo a la abolición de la prostitución, “comprar cuerpos humanos es un crimen”. Expresión justa, nada desmesurada, si nos percatamos de que, si bien la vida física de la prostituta no es suprimida- aunque en el límite de la violencia que, dígase lo que se quiera reina en este campo, se lleguen a producir verdaderos asesinatos (7)- en todos los casos, aún sin violencia física, se anula la condición humana y personal de la mujer prostituída, al tratarla como mero objeto, al modo del esclavo.

Y la intensa actividad que mueve la prostitución debe ser categorizada, consecuentemente, como “crimen organizado”. Con el cual el prostituidor colabora activamente, ya que sin él no sedaría. Tal es la realidad recientemente denunciada en otra oportuna campaña, esta vez, en Almería, mediante carteles cuyo texto afirma: “La prostitución atenta contra los derechos fundamentales de miles de mujeres y niñas en todo el mundo y existe porque tú pagas”.

Junto al patriarcalismo y el mercantilismo, también otra lacra de nuestra historia se manifiesta aquí: el racismo. El hecho básico es la desigualdad  económica y de poder entre razas que arroja a la mujeres de las razas dominadas al ejercicio de la prostitución, tanto en sus propios países como en tierras a que, en el tráfico de carne humana, son llevadas. Pero, además florece cierta mitología de lo exótico y de ardiente sexualidad de las mujeres no blancas, como han analizado y documentado Laura Keeler y Marjut Jyrkinen. (8)

La pretendida libertad

En una relación patriarcal, mercantilizada y racista ¿se puede mantener la libertad de la mujer prostituída? En la descripción áurea de las relaciones entre cliente y prostituta se afirma la libertad de la prostituta como requisito para una relación lícita y, por ende, regulable. Aun en el supuesto de aceptar la conversión de la sexualidad en negocio mercantil, evidentemente todo contrato económico, para ser válido ha de establecerse en condiciones de libertad. Entonces debemos preguntarnos ¿existe verdaderamente esta pretendida libertad?

Al respecto, podríamos considerar tres grandes situaciones típicas en la mujeres que se encuentran sumidas en el orbe de la prostitución. En primer lugar aquellas que han sido literalmente forzadas, obligadas bajo poderosísima coacción a convertirse en prostitutas, cosa que- como no deja de ser natural- en modo alguno deseaban. Resulta que, en nuestros días, y en nuestro mundo industrial avanzado, constituyen la inmensa mayoría. Según datos de la Policía Nacional y la Guardia Civil, el 90% de las mujeres que actualmente ejercen la prostitución en España son extranjeras. Evidentemente no se trata de turistas que viajan desde países ricos y quieren compaginar nuestro sol y nuestras playas con la prestación de servicios al macho ibérico. Vienen de países de la Europa del Este, cuya incorporación al triunfante capitalismo globalizador les ha hundido en la miseria, también provienen del subdesarrollo creciente de naciones de Ibero- América, o de la abandonada África. Han sido traídas engañosamente con la promesa de ofrecerles un trabajo, que no se anunciaba precisamente como “trabajo del sexo”. Y, luego, llegadas a la tierra prometida, tras haberse endeudado hasta las cejas, son forzadas a ejercer la prostitución.

Caen prisioneras, encerradas, a veces sin otra ropa que la erótica con que deben excitar a los clientes, pero con la cual no pueden salir a la calle. Amenazadas y sometidas al terror, en ocasiones, son, incluso, vendidas. Semejante tráfico de carne humana femenina, que adapta a los tiempos actuales el transporte de esclavos, no es un fenómeno marginal en la realidad que estamos considerando, como los voceros de la prostitución pretenden, define su situación aplastantemente mayoritaria. En la cual las mujeres son víctimas, tanto de la violencia y la codicia patriarcal, como de la que preside, en estrecha relación con ella, el actual orden económico mundial. Y el llamado turismo sexual- ahora con el aditamento de explotar infantes desvalidos- completa y redondea este siniestro panorama. en que los varones ricos y poderosos del Primer Mundo satisfacen sus instintos en la carne de los países pobres, esperándola en su confortable mansión o viajando en busca de ella.

Es el tremendo espectáculo que ofrece un mundo interrelacionado y cruzado por las comunicaciones en una tecnología puesta al servicio no del desarrollo planaterio, sino de la voluntad y beneficio de los poderosos. Pero, no sólo la prostitución es ejercida por mujeres arrancadas a su patria, también es practicada, y así tradicionalmente lo ha sido, en el propio país, sin necesidad de salir de él, a veces con el desplazamiento de las zonas más pobres, rurales, a las grandes urbes. En este sentido se puede dibujar un recorrido que va del pueblo al servicio doméstico en la ciudad, y, en él, al abuso de los señoritos de la casa para acabar en la prostitución. ¿Es factible describir esta historia como un ejercicio de la libertad? En primer lugar, sin duda, cabe hablar de los hombres en cuyas manos esta criatura puede caer para ser explotada y manejada, de los chulos en pequeña escala y de los propietarios de locales y negociantes del sexo. Pero, aún prescindiendo de estas situaciones, imaginando una mujer que ejerce como prostituta por cuenta propia ¿en qué medida la decisión de vender su cuerpo es libre? Distingamos, al respecto, entre voluntariedad y libertad. Y, con arreglo a tal precisión, podríamos decir que en este caso la decisión es voluntaria, pero no estrictamente libre. Aunque arranca de la iniciativa personal, no de una directa coacción de un individuo dominador, está condicionada tal opción por un marco de posibilidades que la fuerzan. Por el acecho de la miseria, de la indigencia, de la penuria. La prostitución aparece como vía para sobrevivir.

En un reciente programa de televisión sobre el sexo en Brasil, una mujer que se ganaba la vida como prostituta así lo declaraba. No había encontrado otra posibilidad para sobrevivir y confiaba en que, ejerciendo la prostitución, conseguiría que su hija no se viera obligada a afrontar el mismo triste destino. Ciertamente no parecía muy satisfecha con su mal llamado trabajo.

Por encima de estos dos mundos, se encuentra el minoritario de la prostitución de lujo, o alta prostitución. Está integrado por mujeres que, supuestamente, han ingresado en este universo de servicio al placer masculino, no por el apremio de la necesidad ni por la fuerza y el engaño, sino por el puro afán de lucro. Refinadas, educadas, obtienen los más altos ingresos por su actividad. Si Lenin hablaba de la aristocracia obrera, aquí- aunque ello no signifique aceptar la idea de la prostitución como trabajo- podríamos hablar de la aristocracia de la prostitución. Y parecería, a primera vista, que en este nivel ciertamente la elección ha sido indiscutiblemente libre.

Examinemos críticamente esta presunción. Sin duda no han actuado las intensas coacciones físicas y económicas que hemos denunciado en los mayoritarios casos anteriores, pero, aún en esta realidad minoritaria, se acusa la presencia de presiones sutiles que cuestionan la pretendida libertad. En primer lugar, la escandalosa diferencia de retribución entre un trabajo productivo y los ingresos obtenidos por complacer los gustos del varón de alta posición. Situación sólo concebible en una sociedad dominada por el despotismo patriarcal, que rige su economía, y para el cual priman, sobre cualquier otra necesidad, los caprichos del hombre de las altas clases sociales. Y esta desigualdad estructural opera sobre mentes que han sido troqueladas por la mitología del consumo, por el acceso a lujos, a los cuales este hombre satisfecho por el servicio femenino abre puertas. Como vemos, la pretendida libertad de las mujeres dedicadas a la prostitución se esfuma, cuando la sometemos a crítica, y, al modo en que Diógenes buscaba al hombre verdadero, tendríamos que tratar de encontrarla con un candil.




La prostitución disfrazada como trabajo

Si hemos examinado críticamente la pretendida libertad de la mujer prostituída, no resulta menos importante atender, ahora, al intento de convertir su actividad en un trabajo. Quizá este planteamiento trate de basarse en el hecho de que la prostitución es una actividad económica, como hemos visto, y representa una fuente de ingresos para la persona que se dedica a ella. Pero, evidentemente, no toda actividad que genera ingresos para quien la ejerce puede ser categorizada como trabajo. En tal caso habría que considerar el robo o la estafa como trabajos, a veces de alta calidad y muy rentables. Y, ciertamente, así son expresados en el argot del gremio de ladrones o estafadores, pero no en el uso social y jurídico. Lo mismo cabría decir del juego, y a nadie se le ocurre que comprar un décimo de lotería y cobrar el premio, si éste es obtenido, se defina como un trabajo. En cambio, se dan verdaderos trabajos, como el llamado “trabajo voluntario”, que, hechos por altruismo, no revierten en ninguna compensación económica. Y en la histórica explotación de la mano de obra esclava asistimos, sin duda, a duros trabajos que no son retribuidos.

El concepto de trabajo, rigurosamente entendido, supone el desempeño una actividad encaminada ya a la producción de una obra, industrial, manufacturera, intelectual o artística, ya a la extracción de bienes naturales, como en la minería o la pesca, ya a la prestación de servicios. Es preciso insistir en la idea de “actividad”, como algo que pone en funcionamiento nuestras facultades físicas y mentales, según las destrezas que previamente hemos adquirido. Así el obrero en la sociedad capitalista, a cambio de un salario, vende su fuerza de trabajo al propietario de los medios de producción. Se puede hablar de explotación, en la medida en que el capitalista obtiene una plusvalía. Se beneficia del trabajo y aumenta su riqueza. Y, ciertamente, el sistema capitalista no representa la forma más justa y humana de organizar la producción, que encontraría en la propiedad colectiva de los medios de producción una fórmula más alta y racionalmente equitativa. Pero, indubitablemente, lo que el proletario vende es su fuerza de trabajo. Algo exterior, no se vende a sí mismo. No vende su cuerpo, ni su intimidad. La mercancía que sitúa en el mercado laboral es su capacidad productiva externa, no su realidad personal, como el esclavo o la esclava que son vendidos y comprados en su entera realidad, en un mercado de carne humana, despojados de la condición de personas.

Y algo análogo podemos decir de otros trabajos, en que una actividad, sea la propia de una profesión liberal, sean servicios manuales, logra una retribución. Un cliente de un restaurante no se permite derechos sobre el cuerpo de quien le sirve. Y el camarero o camera consideraría un ultraje ser manoseada por dicho cliente. Tampoco una persona que se vale de los servicios de un médico o de un abogado adquiere el derecho de imponerle sus ideas o aspirar a que realice acciones que contradigan la ética del profesional. Y es que, aunque en ocasiones se afirme que en nuestra sociedad todo se compra y se vende, aún el más descarado mercantilimo tiene sus límitres. Y, entre ellos, debe figurar la prohibición de comprar algo tan íntimo, personal y noble, como es la sexualidad y su realización.

Frecuentemente se dice, con justo repudio, que en la prostitución se compra el cuerpo de la mujer o del ser prostiuído. Ello es verdad, pero aún tal decir constituye una expresión demasiado débil, respecto a la intensidad de la venta. Porque el cuerpo no es algo exterior, que posee un yo angélico, como pensaba Descartes o ha expresado Gabriel Marcel. El cuerpo es nuestra realidad personal, inseparable del yo, es aquello que nos define, con que hacemos nuestra biografía. Constituye nuestra identidad. Vender el cuerpo es venderse a sí mismo. Y si es alguien exterior quien realiza la venta, como, por desgracia, ocurre con notable intensidad en el tráfico de mujeres es un vendedor de esclavas, como los antiguos negreros.

Conceptualmente, no es posible, por todo lo que acabo de argüir y han argumentado muchas voces, categorizar a la prostitución como un trabajo, sin incidir en grave confusión. Pero, además, debemos pensar en las consecuencias lógicas, a que conduciría la inclusión de tal actividad en el mundo laboral, si se desarrolla estrictamente. Como ha puntualizado Lidia Falcón, en tal caso, habría que pensar que a una prostituta sin trabajo le correspondería ir al INEM a solicitar un burdel y se abriría una bolsa laboral con la oferta de puestos de prostitución. Entonces cabe – prosigue Lidia Falcón- que “ a cualquier mujer que se encuentre en el paro, aunque previamente haya trabajado siempre en fábricas u oficinas, se le podrá ofrecer el “empleo” en un burdel. Si no tiene trabajo en el sector en que se ha formado, puede, sin embargo, ser prostituta”. (9)

Parece una siniestra broma surrealista. Sin embargo, observemos lo que nos relata Gisela Dütting en Holanda: ”.. a algunas personas desempleadas se les ofreció trabajar como recepcionistas en burdeles. Si se niegan a aceptar el trabajo, pierden sus beneficios sociales y el seguro de desempleo”. (10) Aunque el trabajo ofrecido no era estrictamente el de prostituta, imponía la colaboración y presencia en esta actividad a personas que la rechazaban y al rechazarla quedaban gravemente perjudicadas.

En línea con todo lo que venimos comentando, el Grupo de Trabajo sobre las Formas Contemporáneas de la Esclavitud del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, en el año 2003 se declaró “ convencido de que la prostitución nunca puede considerarse un trabajo legítimo”.




La degradación del prostituidor

Si, en la relación entre prostituída y prostituidor, la explotación y alienación a que la primera de estas figuras es sometida, se revela escandalosamente manifiesta, una vez que hemos desenmascarado la leyenda áurea, no deja de ser cierta también la degradación en que el prostituidor cae. Como ya en otras ocasiones he explicado y escrito, (11) semejante degradación adquiere dos aspectos principales. Uno de ellos es la despersonalización, el otro la deshumanización, la caída en una conducta puramente zoológica, de instintividad animal.

El llamado cliente paga, utiliza la superioridad de su dinero para comprar a una mujer- en ciertos casos un niño, niña o un adulto masculino- que se encuentra en inferioridad económica. Pero, al hacerlo, no solo cosifica el ser comprado, borra, también, su identidad personal propia. Se convierte, dentro de una íntima relación, en mera y pura moneda, que es aquello a que la prostituida se ofrece. ¿No representa una alineación perder el rostro humano y transformarlo en un fajo de billetes? ¿No se desprecia a sí mismo en su identidad, al desaparecer transmutado en dinero?. ¡ Qué triste estima de su propia persona!

En el otro aspecto, el prostituidor aparece ciego para el mundo que las pulsiones sexuales abren en la condición humana. En lugar de dirigirlas hacia una relación personal, busca el mero desahogo fisiológico, a cuenta de un ser en quien descarga sus instintos. No sólo este ser utilizado es degradado, también lo es el hombre que actúa como mero macho animal.

Pero, además, es el responsable del hundimiento en una indigna humanidad. La prostiuída ocupa en su relación el lugar de víctima y de objeto. Es utilizada por la pura fuerza o por el poder económico. El prostituidor es el sujeto responsable de este abismo de inhumanidad. Para salir de él debe ser disuadido mediante el castigo, tal como en Suecia o en Corea del Sur se ha establecido. Tanto el proxeneta como el llamado cliente, más exactamente el degradado prostituidor, han de ser perseguidos hasta borrar estas criminales figuras de nuestra sociedad y avanzar hacia un mundo en que las relaciones sexuales alcancen la dignidad y plenitud que corresponde a la condición humana.

Notas

(1) Prieto, Joaquín, “Una fábrica incontrolada de dinero negro”, El País, 27 de septiembre, de 2005, p. 17.
(2) García Arán, Mercedes, “ Prostitución y derechos” en “El Periódico” 4 de octubre de 2005.
(3) Sand, Anita, “Comprar sexo es un crimen” en Poder y Libertad, nº 34, año 2003, p. 38.
(4) Véase la aguda crítica de Raymond, Janice, “Legitimar la prostitución- La Organización Internacional del Trabajo llama al reconocimiento de la industria sexual” en “Poder y Libertad”, nº 34, año 2003, pp. 44-46.
(5) Valenciano Elena, “Mercado de mujeres” en el País, 31 de agosto de 2005. Madrid, 26, 27 y 28 de octubre, 2005 13 Congreso Internacional Explotación Sexual y tráfico de mujeres AFESIP España
(6) Raymond, J. op. cit. p. 44
(7) Una investigación canadiense ha mostrado que las mujeres en la prostitución tienen cuarenta veces mayor riesgo de ser asesinadas, en comparación con mujeres corrientes ( Sand, Anita, “Comprar sexo es un crimen” en Poder y Libertad, nº 38, año 2003, p. 39.
(8) Véase Keeler, Laura y Jyrkinen M. “Racismo en el comercio sexual en Finlandia” en Poder y Libertad, nº 34, año 2003, pp. 48-50.
(9) Falcón, Lidia, “Falsedades sobre la prostitución”, en Poder y Libertad, nº 34, año 2003, p. 19.
(10) Gisela Dütting, “Legalizar la prostitución en Holanda” en Poder y libertad, nº 34, año 2003, p. 15.

(10) París, Carlos, “La degradación del hombre en la prostitución” en Poder y Libertad, nº 34, año 2003, pp. 26- 29. Madrid, 26, 27 y 28 de octubre, 2005 14


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lunes, 5 de enero de 2015

Modelo holandés. Julie Bindel

Modelo holandés
Julie Bindel

Soy inglesa, vivo en Londres y nosotros no hemos legalizado la prostitución. Muchos de nosotros somos de la opinión de que nunca debemos legalizar la prostitución, pero hay algunos otros que opinan justo lo contrario. No sé si estoy equivocada pero creo que hay un sindicato español que acaba de solicitar la legalización.

El objetivo de mi conferencia es ir a las raíces de la prostitución y hablar sobre la realidad cotidiana que se da en los regímenes legalistas, especialmente en Holanda. Para empezar me gustaría que partiésemos de que ya tenemos un problema con la industria del sexo y la legalización no haría sino empeorar las cosas.

Antes de empezar a hablar de Holanda me gustaría, brevemente, hacer una reseña de algunos factores destacables de un estudio que acabamos de finalizar sobre la prostitución no callejera en Londres. Nuestro régimen de control de la prostitución es ignorarla, cuando no es callejera, y perseguirla cuando es callejera siempre y simplemente porque hay quejas de los vecinos que no quieren ver prostitución en sus calles, en su comunidad. Luego hay poco que hacer con el sufrimiento de las mujeres pero sí con inconvenientes. El estudio incluía 730 pisos y plazas que vendían sexo en Londres. Tenemos que tener mente que estamos sólo ante la punta del iceberg porque muchos de los establecimientos donde se vende sexo están ahora escondidos por la influencia de la trata. No encontramos, por tanto, ante pisos y apartamentos privados más que casas de masajes, saunas u otros.
 
Prostíbulo en Bariloche, Argentina, Foto anBariloche

Las mujeres de estos alrededor 700 establecimientos habían sido vendidas a locales con licencias de casas de masajes y saunas; no eran, por supuesto, casas de masajes ni saunas y las autoridades locales, el ayuntamiento les habían dado licencias sabiendo que es lo que estaba pasando. Encontramos entre 3.000 y 6.000 mujeres en estos lugares vendiendo sexo a lo largo de todo Londres. Hay entre 4 y 8 mujeres por establecimiento de media y descubrimos también que las mujeres eran traficadas a lo largo de todo Londres. En cada uno de estos locales había indicios de trata de mujeres. Encontramos 93 étnias diferentes, sólo un 19% de las mujeres era del Reino Unido. No quiero sugerir que cada una de esas mujeres haya sido víctima de la trata pero si que una gran número de ellas lo habían sido. Particularmente de países como Moldavia, países muy pobres donde las mujeres se encuentran fácilmente un día insertas en la industria del sexo.

Un 33% de las mujeres que encontramos eran Europa del Este, 30% del Sudeste Asiático, 12% del oeste europeo y un 1% de África. Luego esto es, más o menos, lo que encontramos en la prostitución no callejera y el nuestro es un régimen que mira para otro lado en vez de legislar contra esto. La prostitución se ha convertido en un tema candente en el debate. No se llega a un acuerdo y no se sabe muy bien qué hacer, si asistir a las mujeres, si hacer más fácil la residencia... Y más recientemente hemos asistido a una campaña casi mundial de algunas organizaciones para legalizar la industria para hacerla más segura para las mujeres (al menos eso dicen) y para ayudar a la policía a erradicar la trata, un argumento muy persuasivo sino conoces el tema.

¿Cómo consideran ellos que vamos a lograr esto legalizando la prostitución? Primero tienes que separar completamente lo que es la trata para prostitución y la prostitución. De tal forma que su argumento se construye de la siguiente forma: si las mujeres son víctimas de trata, son forzadas, si son forzadas, es abuso, luego el forzamiento es algo malo. Las mujeres en el Reino Unido o en España si están en prostitución y no han sufrido trata debe ser por una elección libre. Todos y cada uno de los estudios realizados en la industria del sexo no aguantan este supuesto.

Sabemos, por ejemplo, que muchas de las mujeres víctimas de trata consienten ir con los traficantes a un burdel en otro país. No eligen esto realmente porque no tienen más opciones y, por supuesto, siempre hay abuso. También sabemos que la mayoría de las mujeres locales en prostitución tienen un chulo y están forzadas. Luego se ve como una cosa cruza a la otra continuamente. Es imposible separar las dos cosas, trata y prostitución bajo un supuesto de forzamiento o no. Todas las mujeres en prostitución están allí porque no ha habido opción, por las circunstancias.

Pero qué es lo que dicen las personas prolegalización. Que si dejamos más tiempo para la policía y que no tenga que vigilar la prostitución ordinaria, libre y elegida, contará con más tiempo para impedir la prostitución infantil y la trata, la parte más desagradable de la industria del sexo con la que te puedes topar. Pero así no funcionan las cosas.
 



A muchos de vosotros os van a decir que Holanda es el mejor ejemplo de cómo la legalización mejora las cosas. Esto no ha sido así. Si le echamos un vistazo a la historia de los argumentos para legalizar la prostitución en Holanda, estos vienen de dos lados diferentes.

Por un lado, están las mujeres que se definen a si mismas como feministas con el argumento de que las mujeres deben tener libertad para hacer con sus cuerpos lo que ellas quieran, un argumento muy parecido al usado para legalizar el aborto. Nadie está diciendo que el aborto sea algo bueno pero sí que son las mujeres las que deben decidir tener un aborto si las circunstancias lo hacen necesario. Resumiendo, el lobby pro legalización sostiene que nadie puede decirle a una mujer que no puede prostituirse y si se legaliza habrá protección para la mujer que no va a ser detenida ni criminalizada y puede trabajar en pisos, casas de masajes, saunas... donde va a ser seguro que no hay abusos y donde todos los requerimientos de higiene y seguridad se cumplen. Ella va a tener un mejor trabajo en mejores condiciones.

Otro argumento es que las mujeres podrán así pagar impuestos, que serán así ciudadanas porque van a tener un salario, podrán comprar una casa, tener una cuenta bancaria... todas esas que cuando tú trabajas en el mercado negro o economía ilegal no puedes tener. Las mujeres podrían sindicalizarse de forma que si hay un problema en su lugar de trabajo van a su sindicato a resolverlo. De todos estos argumentos el que me realmente me enfada es el de los sindicatos porque pienso que el gran asunto al que se dedican los sindicatos en mi país es el acoso sexual a mujeres en el trabajo. Pero el trabajo de las mujeres en prostitución es ser acosadas sexualmente. Eso es por lo que son pagadas. ¿Cómo un sindicato puede unir las dos cosas? Pero de nuevo el argumento es persuasivo.

El otro grupo que hizo campaña prolegalización de los burdeles en Holanda fue la policía para lo que sostenía que la industria se les había escapado de las manos. Empezaban a ver, ya en los 90, un aumento de la trata, sabían que se daba prostitución infantil y pronografía, sabían que muchas de las mujeres de la calle eran adictas a las drogas, eran abusadas, tenían proxenetas, eran forzadas... entonces, lógicamente, pensaron que si se legaliza podrían vigilar a las mujeres, protegerlas de que nada les pase.

Lo que realmente ha pasado es que se legalizó el proxenetismo. No hay nada realmente que se haya hecho legal para las mujeres. Técnicamente sí, pero más a fondo vemos que sólo entre el 5 y 10% de las de 20.000 a 30.000 mujeres en prostitución en Holanda se han registrado como prostitutas, pagan impuestos. Hay por lo tanto entre un 90 y un 95% de las mujeres que no se han registrado y siguen trabajando ilegalmente. Luego no las han ayudado pero sí han ayudado a los proxenetas.

Lo que sabemos hasta ahora sobre Holanda es que los proxenetas se han convertido en empresarios del sexo, los clientes son aún más respetados de lo que lo eran antes, las mujeres siguen sin pintar nada, la violencia no se ha reducido... y las actitudes públicas de los holandeses se han hecho más problemáticas porque, contrariamente a Suecia donde los niños crecen aprendiendo que la prostitución es abuso y es algo inaceptable como la esclavitud, los niños en Holanda están creciendo pensando que los cuerpos de las mujeres están allí para ser alquilados, para ser comprados, para meter cosas en su vagina, su ano y su boca, para penetrarlo, para masturbarse... Esa es la aptitud donde las mujeres se entienden como proveedoras de servicios.

Existía la promesa de que con legalización el gobierno pondría mucho dinero para programas de alternativas, de forma que la mujer que quisiese salir de la prostitución pidiera hacerlo. No hay ningún programa de este tipo en Holanda en ningún sitio. Pero lo que creo el Gobierno es una institución únicamente para investigar la situación de la prostitución en Holanda y, sorprendentemente, ellos siempre descubren que es genial, que funciona, que está totalmente bien todo lo que hacen.

El Gobierno también fundó un sindicato llamado Mercado Rojo. Sólo unas 100 mujeres han estado alguna vez afiliadas al sindicato de las 20.000 a 30.000 personas, mujeres mayoritariamente, que están en prostitución en Holanda. Y esas 100 son bailarinas exóticas, strippers y otro tipo de empleadas, ninguna de la calle, ni ninguna de los burdeles. Ninguna que puede hablar de la realidad de la prostitución.

Luego no hay programas de apoyo, el proxenetismo es legal, las mujeres se mantienen mayormente en la ilegalidad, continúa la violencia y los abusos... pero habrá algo bueno si al menos consiguen reducir la trata. Recordemos el argumento acerca de este tema: si se legalizan los burdeles se podrán vigilar por la policía, por los ayuntamientos... Puedo pensar en un montón de razones por las que los proxenetas pueden estar interesados en permanecer en burdeles ilegales y seguro que los lectores también pueden. No tienes que pagar impuestos, ¿qué proxeneta quiere pagar impuestos? Puedes seguir comprando mujeres que son más complacientes que las mujeres locales. Pueden comprar niños... pueden hacer un montón de cosas mientras no tengan licencia. Pero lo que han descubierto es que incluso si tienen licencia también pueden hacerlas.

En Australia, en el estado de Victoria, donde también han legalizado los burdeles, más mujeres víctimas de la trata han sido descubiertas en burdeles legales que ilegales. Lo que empezamos a ver en Holanda durante los cinco años que lleva allí legalizada la prostitución, es un crecimiento de la industria, un gran crecimiento estimado en un 30% porque al lado de los burdeles ilegales que nunca cerraron empiezan a aparecer los legales donde la policía o los ayuntamientos no hacen inspecciones. Una vez que tienen la licencia deja de ser un asunto de la policía, nadie va a ir allí a vigilar. Más y más mujeres son víctimas de la trata hacia Holanda porque es un país muy jugoso para tratar con mujeres.

Si tienes una industria del sexo abierta y legalizada es muy fácil darse cuenta de que nadie va a vigilarte a ti o a tu negocio. Cuando estuve en Ámsterdam viendo los establecimientos sexuales es obvio que muchas de la mujeres han sido forzadas, abusadas, traficadas y no quieren estar allí. Lo que nos tenemos que preguntar es si el sistema legal es tan bueno para las mujeres que trabajar allí, por qué han tan pocas mujeres holandesas en los burdeles. Y si es tan bueno trabajar en prostitución porque hay tantas mujeres en prostitución que se están yendo de Holanda a Dinamarca para ejercer.

No hay ninguna evidencia de que la legalización haya acabado con el estigma que sufre la mujer. Por el contrario, hay una serie de pruebas en aumento de lo contrario. Si una mujer se registra como prostituta y va a un banco a pedir un crédito se lo niegan, si piden un seguro, se lo niegan, si dejan la prostitución y no hay muchas mujeres en Holanda que lo consigan, no pueden conseguir otro trabajo porque han sido prostitutas. Luego esto no ha ayudado a las mujeres para nada y lo que ha desestigmatizado es al proxenetismo y comprar sexo.





Ahora me gustaría hacer un referencia a los vinculaciones con el crimen organizado. Otra de las razones que esgrimió la policía para decir que sería buena la legalización de los burdeles era que la mafia, que está involucrada en la prostitución en cualquier parte del mundo, rompería sus lazos con el negocio aquí porque no querían enfrentarse a una oficina de licencia y preguntarles si pueden abrir un burdel.

A día de hoy continúan existiendo esos fuertes vínculos con el crimen organizado. La influencia de las drogas en Holanda está aumentando porque las mujeres siguen consumiendo. La zona de tolerancia en Ámsterdam fue cerrada hace dos años porque los proxenetas, tratantes y traficantes de drogas estaban trayendo a mujeres drogadictas a esta zona de tolerancia en la calle, en las zonas industriales. Posiblemente no se podrá romper nunca la unión entre coacción, abusos, ilegalidad y prostitución porque son estos los que quieren sacar dinero de las mujeres y abusan a las mujeres.

También el centro de investigaciones creado por el Gobierno ha sido cerrado y el Gobierno está limitando los fondos disponibles para el sindicato. Luego el edificio se tambalea. Desde que se empezaron a hacer estudios sobre los efectos de la legalización la gente se está dando cuenta, aunque los propios holandeses y el lobby prolegalización no lo quieran reconocer, que su experimento social ha fallado: la trata ha aumentado, la prostitución y pornografía de menores ha aumentado, hay más ilegalidad y drogas, las zonas de tolerancia no funcionan porque no se puede desligar la prostitución callejera de la drogadicción... Luego ha resultado ser un absoluto desastre. La violencia contra las mujeres no ha disminuido y el uso de la prostitución ha crecido y se está normalizando cada vez más.

En mi última visita a Holanda fue a la zona de tolerancia en Utrech, a media hora de Ámsterdam, y las mujeres están siendo llevadas a esta zona porque la de Ámsterdam y la de Rótterdam han sido cerradas. Lo que vi me dejó helada. Sí, puede beneficiar a las mujeres en prostitución porque la policía es muy simpática con ellas; hay una caseta abierta toda la noche donde pueden tomar té, comida;... hay unos vestuarios para cambiarse y ponerse la ropa de prostitución; tienen información y prevención de enfermedades de trasmisión sexual; pueden denunciar en el momento para cuando las mujeres son golpeadas, violadas o atacadas; pueden fumar, hablar las unas con las otras... Lo que están haciendo es que la prostitución sea, simplemente, más fácil.

Nadie ayuda a estas mujeres ha salir de la prostitución. Nadie de los que están en esa caseta, que son trabajadores sociales, le ha dicho a alguna de las mujeres: puedes dejar la prostitución si tú quieres. Por qué ibas a necesitar un programa para apoyarlas a salir de un trabajo normal y ordinario. Quiero decir, yo no necesito un programa de apoyo para dejar de dar clases.

Cuando una de estas mujeres está vendiendo sexo en una de estas heladas noches, en una de estas zonas de tolerancia o donde sea, examinadas por hombre tras hombre y tras hombre que pasa con su coche, a veces masturbándose, otras simplemente mirando el escaparate buscando a la mejor mujer que ellos puedan encontrar por ese precio, cuando entran en la caseta a hablar lo que van a decir es que este trabajo es como cualquier otro. No les dan la oportunidad para decir este no es mi novio, es mi chulo; no tienen la oportunidad de decir odio este trabajo, esto no es un trabajo para mi. Pero cuando yo entrevisto a estas mujeres todas dicen esto. Dicen que, por supuesto, este no es un trabajo como el tuyo o el de cualquier otro persona, es abuso, es horrible; pero, al menos, tienen un lugar donde entrar y estar calientes.

Estuve hablando con un policía del lugar donde los hombres llevan a las mujeres ha tener sexo. Había 12 cubículos en los que se puede aparcar de forma que nadie te ve desde el otro lado y tener sexo con la mujer. Cuando estuve allí no estaba limpio, sólo estaba limpia la zona del policía. Los servicios municipales tienen que ir allí a limpiar y lo que yo vi era vomitivo. Había excrementos humanos, había cientos de artículos para limpiar el semen, pañuelos, condones a montones... Y le pregunté al policía si alguna mujer había sufrido abusos, si había habido alguna violación. “Oh, sí”, me contestó, “incluso estoy pensando en pintar los cubos de diferentes colores de forma que cuando una mujer sea violada pueda decir el color del cubículo en el que fue violada así no hace falta analizar tantos centenares de restos de semen diferentes para obtener el ADN”.


Esto no es algo que yo quiera en mi país. Cuando se legaliza la prostitución lo que consigues es la normalización del abusos hacia mujeres y niños. La gente piensa que todo está bien, que no hay problema en abusar de mujeres y niños, en alquilarlos, en comprarlos, en venderlos... y tienes una sociedad que nunca podrá dar marcha atrás desde esta situación. Una vez que el Gobierno empiece a sacar beneficio de impuestos obtenidos del abuso de mujeres y niños, nunca van a dar marcha atrás. Llegados a este punto yo pido que ni siquiera penséis en la legalización: no va a ayudar a las mujeres, va a destrozar tu país, lo va a convertir en un destino del turismo sexual y lo que vais a hacer es legalizar la violación.


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martes, 30 de diciembre de 2014

Los prostituidores

        Mª José Barahona Gomariz
Profesora Titular Escuela Trabajo Social –U.C.M.-

Los prostituidores

El contenido de mi exposición tiene como eje central a los prostituidores, es decir, los sujetos que pagan en el mercado prostitucional por/para obtener placer. Esta es una aproximación amplia que nos sirve de plataforma para la delimitación, para la concreción de quiénes son, qué piensan y por qué lo hacen.

Toda explicación que se puede hacer de los prostituidores queda resumido y evidenciado en el uso de los términos empleados en prostitución.

Así, tradicionalmente se han denominado cliente y prostituta, puta, ramera,.....
¿Cómo puede ser que dos personas involucradas en un mismo acto tengan distinto reconocimiento social?. Así es, el mal llamado hasta ahora cliente, que no es más que un eufemismo que oculta el verdadero hacer, es reconocido en su necesaria existencia pero invisibilizado en su responsabilidad y desprovisto de condena social; en cambio la otra parte, la mujer en prostitución ha sido y es estigmatizada, visibilizada como responsable y condenada socialmente. ¡¡ Cómo cambian las cosas según de quien se trate!!!!, No, cómo cambian las cosas
según se sea varón o mujer.




¿Por qué identifico al prostituidor con un varón y a la persona en prostitución con una mujer?. Porque esa es la realidad mayoritaria de la prostitución y además porque este tipo de prostitución revela el papel fundamental de la mujer como objeto sexual en sociedades sexistas de pauta
patriarcal.

¿No es en sí misma esta terminología la evidencia de una violencia simbólica?. Explica Bourdieu la permanencia y la reproducción de las relaciones de dominación, de sus privilegios y sus injusticias por la violencia simbólica que se ejerce sobre los dominados y que hace aparecer como aceptables unas condiciones de existencia absolutamente intolerables. Define la violencia simbólica como “esa violencia amortiguada, insensible e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento (...) del reconocimiento o, en último término, del sentimiento”.

Kathleen Barry sostiene que la prostitución es una construcción social reveladora de prácticas, ideas, actitudes y comportamientos que desconocen los derechos humanos y son parte de una organización social destinada a perpetuar la dominación del varón sobre la mujer, y de los que tienen más medios sobre los desposeidos.

Esta es la clave que descifra el ser y hacer de los prostituidores. La prostitución es una construcción social de los varones asentada en la desigualdad de género como una forma de expresar, de poner en práctica ideas, actitudes y comportamientos.

La desigualdad de género se sustenta en la diferencia biológica, de sexo, y sobre ella descansan entre otras cosas la sexualidad. Históricamente se han determinado comportamientos sexuales intrínsecos según se fuera varón o mujer, así, a los varones se les ha otorgado, mejor dicho, de forma más correcta, los varones se han otorgado con legitimidad social la “necesidad fisiológica sexual” que implica, según la definición del propio termino necesidad un impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido o aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir. Con ello se ha biologizado lo cultural, es decir, la sexualidad masculina se ha explicado y justificado por el modelo esencialista que sostiene que la sexualidad está predeterminada por la biología: la genética, las hormonas y por extensión, la anatomía y la fisiología corporal. Así, los actos sexuales son ante todo actos “naturales” y esa es precisamente la legitimidad que la sociedad ha otorgado, pero la sexualidad es una construcción social que demanda la culturalización de lo biológico.

Bajo esa idea de “necesidad fisiológica sexual masculina” se ha promovido la puesta a disposición de los varones de unos contingentes de mujeres que según cada época ha respondido a unos intereses.

¿Quién es prostituidor?, es aquel varón que paga por el uso/abuso de la genitalidad de la mujer u otras partes de su cuerpo a fin de obtener placer, dentro de una prostitución entre adultos heterosexuales. Placer que instrumentalizado a través del sexual es en simultáneo o en primacía psicológico. Placer psicológico en el ejercicio del poder en una situación asimétrica, estando caracterizada porque el ser prostituidor es una opción mientras que el ser mujer prostituida es una obligación, o para aquellos que les suene totalitarista, el ser mujer prostituida tiene un grado mínimo de voluntad, de libertad, es una voluntad restringida delimitada por coacciones
(estructurales, microsociales y/o individuales), y por tanto, la acción se convierte en forzada/forzosa.

El prostituidor está desprovisto de estigmatización social en el sistema prostitución porque su conducta está naturalizada, biologizada por su “necesidad sexual”. Ésta es la piedra angular para entender su invisibilidad, les hemos convertido en víctimas, en víctimas de su naturaleza y por lo tanto les hemos quitado la responsabilidad de sus actos, no pueden controlar las respuestas que producen sus hormonas, su bioquímica, la rebelión interna de sus espermatozoides.

Joseph Vicent Marqués nos señala que “el cliente es una figura que se da por supuesto, pero del que poco se habla ¿por qué?, porque cae dentro de las expectativas de la conducta masculina (...) existe una variedad de actitudes sociales ante el asunto, pero la tolerancia hacia el cliente prevalece sobre las demás”.

Bueno, ésta ha sido la tradición heredada culturalmente creada por las sociedades patriarcales, los mitos y leyendas construidos para reproducir y reforzar la defensa tradicional de la supremacía masculina basada  en el razonamiento determinista biológico, en la interpretación interesada del dimorfismo sexual, en el que se ha incluido también  la esfera de la sexualidad. Es la justificación a los actos de los dominantes.

No hay nada más planificado, voluntario y racional que la conducta del prostituidor, ¿por qué? Porque su conducta está limitada por factores externos, estos factores son fundamentalmente dos, la disposición de tiempo y de dinero, con ello ya podemos proceder a la acción que variará en función de la tipología de prostitución seleccionada, medio abierto y medio cerrado. ¿Es entonces la conducta del prostituidor natura o nurtura?, es claro que no es innata sino adquirida, no es necesidad sexual diferenciada sino voluntad individual.




Es precisamente la voluntad individual la que impide la tipologización del prostituidor, no hay rasgos característicos ni definitorios que nos permitan hablan de la categoría prostituidor. Si realizamos una sencilla operación matemática podremos comprobarlo cuantitativamente. ..

-          Cojamos la cifra en que se cuantifica el número de mujeres prostituidas en España (es aproximada): 300.000 ..
-          Multipliquémosla por tres servicios diarios cada una: 900.000 ..
-          ¿Cuántos servicios en una semana? (vamos a multiplicar solo de lunes a viernes ya que los fines de semana disminuyen): 4.500.000 ..
-          ¿Cuántos servicios al mes?: 18.000.000 ..
-          ¿Cuántos servicios al año? (quitando fiestas, Semana Santa, vacaciones de verano y Navidades, son diez meses): 180.000.000
-           
Escalofriante ¿no?, entonces ¿hay una tipología de prostituidores?. No.
Cualquier hombre es un potencial prostituidor.

No hay nada más cultural que la conducta del prostituidor, transmitida, aprendida e integrada en su repertorio de conductas, porque se han socializado con la tradicional ideología masculina. Su conducta está tan integrada que ha pasado a formar parte del mundo del trabajo y del ocio. Del trabajo porque parece que es la rúbrica a un contacto empresarial o la firma de un negocio. De ocio porque se ha integrado dentro de la ruta del ocio como un elemento más, necesario para el disfrute del tiempo libre. Pero esta conducta tiene una característica, es silenciada en el entorno más próximo, es comentada y compartida exclusivamente con los que se saben prostituidores activos, la experiencia pasa a ser un elemento integrador grupal, de pertenencia, se comparte esa experiencia transgresora, pero aún cuando se comparte, la realidad se deforma, se informa de las consecuencias (fue divertido, la mujer era... hicimos... me hizo... sentí... me entraron... duró...) y no de las causas, se comparte el exterior y no el interior, la masculinidad y no la individualidad.

La conducta del prostituidor responde al Síndrome de The Centerfold, este síndrome es una penetrante distorsión en la forma en que los hombres aprenden a pensar sobre las mujeres y la sexualidad. No es un síndrome clínico formal. Tiene cinco elementos: voyeurismo, cosificación de las mujeres y sus cuerpos, validación de la masculinidad, trofismo (comparación de la masculinidad con otros hombres) y miedo a la intimidad.

Ahora voy a parar, ya no voy a ser yo la que hable sino ellos, los prostituidores, a los que hemos entrevistado para conocer su ser y hacer. Pero antes un dato más para acercarnos en la imaginación a la realidad, para entender la esencia, de qué se trata.

En la investigación realizada sobre el prostituidor hicimos 100 observaciones, es decir, observamos a cien prostituidores que habían elegido la prostitución en medio abierto y sólo quiero revelar un dato, la duración del contacto. La moda son 5 minutos, es decir, es el valor más repetido de la muestra, el tiempo de duración del contacto sexual que ha empleado el mayor número de personas.

De las entrevistas en profundidad estructuradas mantenidas con 15 prostituidores, uno de los primeros aspectos que nos sorprendió es que ante la pregunta general de opinión ¿qué piensas sobre la prostitución?, todos manifestaron una actitud más que una opinión. Una actitud de defensa del “yo como prostituidor”, sus respuestas han sido sus justificaciones, así las podemos agrupar en dos fundamentalmente:
.. se justifica su “hacer” porque otros están, y además están de manera libre, como un trabajo más, es una opción laboral que la mujer elige libremente para vivir, es un derecho de las mujeres.
o “Yo veo bien que se ganen la vida de alguna manera, sin hacer daño a la gente claro, porque yo no veo que hagan daño a la gente ni a nada” (Antonio, 54 años, divorciado, con tres hijos, con pareja en la actualidad, se inicia sexualmente a los 19 años con una mujer prostituida en un club. Ahora su tipología principal de prostitución es abierta y acude tres veces al mes)

.. se justifica su “hacer” por ser el propio prostituidor una víctima de su condición de hombre, por ser dependiente de su naturaleza (necesidad sexual) y no de su voluntad.
 o “La prostitución es absolutamente necesaria. Es algo absolutamente necesario en esta sociedad y en las futuras, puesto que evidentemente si no existiera prostitución vendrían graves consecuencias de represión psicológica (...) los hombres tienen unas necesidades fisiológicas muy fuertes, la eyaculación” (Jose Luis, 56 años, divorciado. Acude por primera vez a la prostitución a los 25 años. Hoy su tipología de prostitución es cualquiera, acude dos veces a la semana)

Cuando les preguntamos la opinión sobre ellos como clientes y sobre los otros clientes, todos han calificado y clasificado a los clientes, han diferenciado entre “malos clientes”, en donde están los otros hombres, y “buenos clientes”, en el que se incluye siempre el entrevistado.
 o “Pues hombre hay auténticos cerdos, yo no, (...) Hay auténticos cerdos que utilizan los servicios de estas personas y estas personas tienen su dignidad, esta gente que ejerce la prostitución” (Fernando, 50 años, casado y con un hijo. Su primer contacto con la prostitución es a los 27 años. Utiliza la prostitución cerrada, acude tres veces a la semana)
o “Hay personas que son prudentes y vienen aquí a desahogarse como Dios manda y...hay otros que vienen aquí nada más que... ha hacer sufrir a las personas, que es muy diferente venir aquí a desahogarse y otros que vienen aquí a hacer perrerías” (Jorge , 77 años, acudió por primera vez a los 18 años. Su preferencia en tipología es abierta y su frecuencia ‘cuándo puede porque el aparato está hecho polvo’, acude con un sobrino)

Curioso fue encontrar que la mayoría de los entrevistados identifican el ejercicio de la prostitución “obligado” a la condición de ser mujer inmigrante, no aceptan el tráfico y declaran no haber estado nunca con mujeres traficadas a pesar de haber estado todos con inmigrantes. Aquí están algunas respuestas, curiosas, contradictorias todas ellas:
􀀤 “Yo normalmente prefiero extranjeras, me gustan las rusas, las ucranianas, subsaharianas, marroquíes, colombianas, brasileñas (...) no, no he estado con mujeres traficadas” (Pedro, 47 años, separado pero en la actualidad con pareja estable, conviven. Su primer contacto es a los 34 años. Acude con una frecuencia de dos a cuatro veces al mes, a cualquier tipología de prostitución)
􀀤 “De las chicas que hay aquí en la Casa de Campo ninguna está traficada, no, porque yo conozco a esas mujeres, yo conozco a estas polacas que yo las veo buenas chicas” (Jesús, 40 años, soltero sin pareja. Se inicia en el contacto con la prostitución a los 23 años. Prefiere la prostitución en medio abierto y acude una vez al día)
􀀤 “Yo hablo mucho con ellas y tal, de muy buena onda, y muchas veces lo que me dicen es que pues que vienen...bueno son muy reacias a hablar de ello, muy, muy, muy reacias porque tienen miedo de verdad, pueden llegar a enseñarte lesiones y todo, patadas en el vientre y barbaridades” (Juan, 31 años, soltero sin pareja. Se inicia en el contacto a los 27 años. Acude a prostitución cerrada una vez al mes)
􀀤 “Hay unas que están obligadas a hacerlo por las mafias que hay y las historias que hay (...) yo les pregunto mucho y me dicen que las obligan, tiene que pagar lo del viaje que les ha costado venir aquí o lo que fuera y ya está, tienen que hacerlo por cojones” (Alejandro, 32 años, separado, sin pareja. Se inicia a los 16 años. Prefiere la prostitución abierta y acude cada quince días)

Si una de las razones de ser prostituidor es la ausencia o insatisfacción sexual, oigamos que dicen de ello:
􀀤 “Yo no he sentido un placer especial haciéndolo con una prostituta....lo único que la prostituta te ofrece un tipo de servicios que tu novia no está dispuesta a hacer” (Javier, 35 años soltero, sin pareja. Se inicia a los 35 años. Prefiere la prostitución cerrada, acude una vez por semana)
􀀤 “Una mujer que no se dedica a la prostitución y eso, pues lo haces con ella y...lo haces mejor que con estas, está más claro que el agua, lo haces más a gusto, más todo (...) Es preferible estar con una de las otras antes que con una de estas (...) te da otra satisfacción estar con una mujer que no es prostituta que estar con una de la calle “ (Jesús, acude una vez al día)
􀀤 “Siempre ha sido más satisfactorio con alguien por cariño, he tenido siempre mucha más satisfacción y me han enseñado más cosas de eso (...) hoy en día las prostitutas de sensibilidad y artes amatorias no tienen ni idea” (Pedro, dos a cuatro veces al mes)
􀀤 “Es menos placer con una chica de éstas porque no...no puedes ni besarla, ni la puedes agarrar. No, no son cariñosas” (Alejandro, cada quince días)




Sobre el daño derivado del ejercicio de la prostitución:
􀀤 “Está bien que la persona cobre por prestar unos servicios, aunque haya muchas veces que lleguen a otras secuelas bastante negativas o destructivas, incluso hasta la muerte”. (Carlos, acude con una frecuencia de tres veces a la semana)
􀀤 “Me ha pasado de ponerme en el papel de ella y entonces no se me sube ni de coña, por eso normalmente vas bebido, pierdes un poco la conciencia pues te pones..., hombre, algunas si las vemos alegres y contentas y tal, porque son realmente profesionales y no se les nota, pero te imaginas...es una situación humillante, no?, es humillante, o sea, entonces prefiero no ponerme en el papel de ellas porque entonces no doy pie con bola”. (Pedro, acude con una frecuencia de dos a cuatro veces al mes)

Elección de la mujer prostituida.
􀀤 “No hay nada más excitante que poder encontrar una chica con la clase de atributos físicos con los que sueñas”. (Pepe)
􀀤 “Les miras la cara y luego el culo”. (Andrés)
􀀤 “Las elijo por las características del anuncio, por lo que pone del cuerpo, medidas de pecho... la edad”. (Julio)
􀀤 “Busco tener un buen sexo con jóvenes atractivas”. (Antonio)
􀀤 “Me gustan jóvenes, hasta un máximo de 25 años, claro, pero he estado hasta con personas de 50, pero... me quedo hasta el tope de los 25 que es el que mayor prototipo de absorción tiene porque es más fácil de adaptar a la prostitución”. (Vicente)

Valoran como negativo las circunstancias en las que las mujeres ejercen la prostitución, pero ellos sin embargo, mantienen su acción como clientes, sin renunciar a acudir a la tipología de prostitución con la que se muestran en desacuerdo.
􀀤 “En las plazas, eso es fatal, eso es como si fuera un rodeo de ganado y eso es otra de las cosas que tienen que estar prohibidas. Insisto, la mujer que se dedica a la prostitución es buena gente y hay que tenerla respeto (...) cuando voy doy una vuelta a la plaza de toros y entonces, bueno, pues elijo una chica... me voy a tomar una copa con ella, y allí empieza el punto, si es agradable, si intercambiamos impresiones... si ya hemos hablado las cosas pertinentes, subimos ”. (Fernando)
􀀤 “Cuando vas a un piso y la encargada te enseña las chicas para que elijas con la que quieres tener contacto me siento igual que en el mercado que el comprador va a elegir la pieza que se va a llevar a casa o la pieza que compra para lo que sea, es el momento más desagradable e incluso es tan desagradable que preferiría que cada vez que voy hubiera una sola chica para no pasar por el mal trago de tener que elegir la carne fresca”. (Javier)
¿Por qué?
“Porque ejerces una parcela de poder, cuando tú estás ante una mujer joven (...) A mi edad ya me correspondería una maruja de 50 años y de repente se encuentras en tus manos una periquita de 25, hermosa, durita, etc.” (José Luis)

Con esta breve exposición y sus voces podemos comprobar las contradicciones de su pensamiento y conducta.

Sólo una reflexión para finalizar, si los prostituidores manifiestan que en el encuentro con una mujer prostituida se saben engañados por ellas respecto a sus sentimientos, placer sexual y halagos hacia ellos, si además el contacto es efímero, si ellos se saben no exclusivos, si el sexo lo disfrutan más con las “otras”, si no las encuentran como “maestras” en la disciplina sexual, si......... ¿por qué hay hombres prostituidores?.

Según señala Leonor Nuñez, no se trata de una relación mercantil con un cliente a quien se presta un servicio, sino del consumidor de un bien, siendo el bien consumido la persona prostituida,  una mujer en prostitución, una mujer, un ser humano.


Fuente: Congreso Internacional Explotación Sexual y tráfico de mujeres AFESIP España. Madrid, 26, 27 y 28 de octubre, 2005


Las imágenes han sido agregadas por mí, no aparecen en el texto original.  La mayoría  han sido tomadas desde la web, si algún autor no está de acuerdo en que aparezcan por favor enviar un correo a  alberto.b.ilieff@gmail.com y serán retiradas inmediatamente. Muchas gracias por la comprensión.

En este blog las imágenes son afiches, pinturas, dibujos, no se publican fotografías de las personas en prostitución para no revictimizarlas; salvo en los casos en que se trate de documentos históricos.

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Tráfico y Equidad de Género

Tráfico y Equidad de Género
Janice G. Rd, Ph.D.,
Co-Director Ejecutivo Contra el Tráfico de Mujeres (CATW)

        Se me ha pedido que hable acerca de la igualdad de género en relación con la explotación sexual. En discusiones acerca de tráfico y prostitución, a menudo hay mucha retórica sobre la igualdad de género. De cualquier manera, ¿cuál es la realidad para las mujeres con las que se ha traficado y que han sido prostituídas. Cómo hacemos para que sea real la igualdad de género para las mujeres que han sido sexualmente explotadas?.

        Hay dos modelos enfrentados de igualdad de género relativo a la prostitución. El primer modelo propone que igualdad de género significa que toda prostitución de la mujer ha de verse como una violación de los derechos de la mujer y como una forma de violencia contra ella. Este modelo mantiene que normalizando la prostitución -como un “trabajo sexual”- o legalizándola de alguna manera, se legaliza la esclavitud sexual y la desigualdad de género. Para este grupo, la defensa de los derechos de la mujer prostituta, significa perseguir a los que la llevan a cabo, incluidos proxenetas y clientes y proveedores de servicios para ellas. Esto significa facilitar a las mujeres no solo condones, sino alternativas a la prostitución.

El segundo modelo mantiene que la prostitución es una forma de la igualdad de género y promueve el derecho de la mujer a ser independiente y controlar lo que quiera hacer con su cuerpo. Abogados de este modelo aducen que la prostitución es otra forma de trabajo y que la mejor manera de proteger a las mujeres en este entorno es mejorar sus "condiciones de trabajo". Este grupo mantiene que la prostitución es "trabajo sexual" y que las mujeres deberían ser libres de convertirse en jefes, conocidos en el mundo de la prostitución ilegal como proxenetas. Su mensaje se centra en enseñar a las mujeres a utilizar el condón, pero no cómo crear un futuro diferente para ellas mismas.

La contradicción de este segundo modelo, donde la prostitución es vista como un trabajo, es la admisión de que las mujeres en este ámbito todavía necesitan ser protegidas de los abusos y violencia de la industria del sexo. Los defensores de este modelo erróneo de igualdad de género están bien enterados de los peligros de la prostitución legal, aunque raramente lo admitan en público, o reconocen esos peligros de forma ambigua. Por ejemplo, muchas organizaciones de trabajadoras del sexo, como SWEAT, así como agencias gubernamentales en países donde la prostitución es legal, alertan a las mujeres para que se protejan ellas mismas de los usuarios violentos mediante armas que se pueden esconder bajo la cama (Farley, 2004).

La diferencia esencial entre estos dos modelos de igualdad de género es que la admisión de la prostitución como un simple "trabajo" ayuda a mantener a las mujeres dentro de la actividad. La visión de la prostitución como una violación de los derechos de la mujer, facilita la salida de la mujer de ella.
 
Las putas. Alfonso Melo

El 17 de octubre de 2005, en el Parlamento Europeo, la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y el Grupo Europeo de Mujeres dieron juntos una conferencia de prensa en la que víctimas del tráfico y la prostitución hablaron a los media acerca, no solo de sus experiencias, sino también de la necesidad de una política al respecto. La pregunta esencial fue: "¿quién representa a las mujeres prostitutas - "trabajadoras del sexo" o víctimas?". Ese mismo día un grupo que se autodefinía como "trabajadoras del sexo"dio otra conferencia de prensa en la que pretendían convencer a los medios de la bondad de la prostitución así como de su legalización. El objetivo de la conferencia de prensa fue otorgar voz a las mujeres que habían ejercido la prostitución y a la que no definían como"trabajo sexual", así como una perspectiva diferente de las que la prensa suele denominar "trabajadoras del sexo" (Conferencia de Prensa, 2005).

 Es importante examinar las reclamaciones de organizaciones que pretenden representar a las prostitutas. Muchas resultan ser tapaderas de la industria del sexo. Cuando estuvimos buscando en Internet sitios de organizaciones tales como Network of Sex Work Projects en Vancouver, Canadá, encontramos multitud de enlaces con publicidad de la industria del sexo. Había muchos listados con el encabezado de "Entretenimiento para Adultos" y clubs de sexo y otros negocios de carácter sexual, donde invitaban a insertar anuncios en el sitio para mostrarlos de forma gratuita
(Network of Sex Projects, 2004).

 Asimismo, es importante que sepan que entre las mujeres prostitutas hay mucho más debate acerca de la legalización que en la sociedad en general. Muchas mujeres que son o han sido prostitutas no desean la normalización de esta actividad, convertida en otra forma de trabajo, y no apoyan la legalización de la prostitución, su regulación o la descriminalización de la industria del sexo. Pero sus palabras no llegan a los medios y por esta causa, el público no entiende que muchas mujeres prostitutas saben que la legalización es un mito y que no las protegería.

En Argentina, donde una organización llamada Ammar afirma representar a las prostitutas, está presionando para el reconocimiento de la prostitución como un trabajo, otras prostitutas han organizado un grupo llamado Asociación Ammar. Esta asociación teme que el reconocimiento oficial de la prostitución en Argentina solo sirva para empujar a más mujeres al comercio del sexo. La Asociación Ammar dice: "Queremos ayudar a cada cual a salir de la prostitución, enseñando a realizar otro tipo de actividades, proporcionando trabajo, estudios... Más del 90 por ciento de nosotras quiere dejar la prostitución porque el estigma te acompaña mientras vives. Es un medio de sobrevivir, no un trabajo (Lindsay, 2004)."

¿Qué dicen las prostitutas en los países que han legalizado la prostitución o están considerando hacerlo?. En Holanda, afirman que la legalización o descriminalización no borra el estigma. Las mujeres son más vulnerables porque han de registrarse y perder el anonimato, y la identidad de protituta le acompaña en todas partes. Así, la mayoría de ellas todavía trabajan en la clandestinidad. Solamente el 5-10% está registrada en Holanda y paga impuestos (Daley, 2001, p. 4).

La Coalición Contra el Tráfico de Mujeres ha llevado a cabo dos estudios en los que se preguntaron a casi 200 víctimas de explotación en el comercio sexual. Cuando le preguntamos a las prostitutas si deseaban la legalización de la prostitución , la mayoría respondió que no. Y aquellas que dijeron que sí estuvieron todas de acuerdo en que no deseaban que su hijos acabaran prostituyéndose. (Raymond y otros. 2001: Raymond y otros, 2002).

Uno de los argumentos más importantes para la legalización de la prostitución es que en los países en los que se ha legalizado, las mujeres están mejor protegidas. Pero, ¿qué ocurre realmente en esos países?. En Holanda, Alemania y Austria, por ejemplo, la legalización ha fracasado en la protección de las prostitutas, ha fracasado en el control de la enorme expansión de la industria del sexo, ha fracasado en disminuir el tráfico de niños para prostituírlos desde otros países y ha fracasado en la prevención del SIDA y enfermedades de transmisión sexual. Y ha transformado estos países en burdeles. Vemos esta transformación bastante clara en Alemania antes de la Copa del Mundo de2006. La ciudad de Bremen, siguiendo la pauta de los Juegos Olímpicos de Atenas de
2004, importará entre 30.000 y 40.000 mujeres para cuatro semanas para atender a las demandas de sexo de los hombres que acudirán a los juegos. Las autoridades municipales están construyendo burdeles especiales con cabinas parecidas a las de los WC, donde los hombres pueden entrar al volante de sus coches, demandar sus preferencias sexuales y conducir fuera. La ciudad de Berlin abrirá un mega burdel que abrirá a tiempo para los partidos de fútbol en el que 100 mujeres atenderán a 650 hombres en cualquier momento. (Mega-Brothel, 2005).

Contrariamente a la afirmación de que la descriminalización y legalización controlaría la expansión de la industria del sexo, la prostitución suma actualmente el 5% de la economía de Holanda (Daley, 2001, p. 4). En la década anterior, cuando se legalizó a los proxenetas y los burdeles en el 2000, la industria del sexo aumentó un 25% .
(Daley, 2001, p. 4). En muchas estimaciones, el 80% de las prostitutas de Holanda han llegado allí mediante el tráfico de mujeres (Grupo de Budapest, 1999 {1}). Muchos analistas ligan el incremento del tráfico con el mayor número de permisos legales dados a los proxenetas, traficantes y burdeles de la legalilzada industria del sexo holandesa (Raynmond, 2004; U. S. Department of State, 2004, p. 22).

Otro ejemplo de lo que pasa en un país que se convierte en un campo para el florecimiento legal de la industria del sexo es el Estado de Victoria en Australia, donde la protitución ha sido progresivamente legalizada desde 1980. En una tesis de Ph. D., terminada en 2oo4 en la Universidad de Melbourne, la Doctora Mary Sullivan explica que la prostitución ya no es simplemente una industria legal en Victoria. Tiene un gran peso en la economía. Utilizando los datos de la Standard Industry Classification de Australia y Nueva Zelanda, Sullivan encontró que en 2004, los "servicios sexuales" estaban en lo más alto del ranking de las industrias de los servicios personales en el estado y manejaron el crecimiento total de estas industrias. Adicionalmente, las industrias sexuales en Australia son el equivalente financiero de las 50 compañías top- ranking y están creciendo a una tasa anual del 3,8 %, más deprisa que el Producto Interior Bruto, al 3,6 % (Sullivan, 2004, p. 147).

Otro argumento para la legalización de la prostitución venía siendo, que ayudaría a terminar con la prostitución infantil, porque la policía podría concentrarse en los que abusaran de niños. De cualquier manera, comparado con otros estados de Australia, el Estado de Victoria estima que hay allí 1800 niños prostituídos, el mayor número de todos los estados (Sullivan, 2004, p. 214).

Mucha gente no se da cuenta de que legalizar la prostitución no es solamente legalizar a las prostitutas. Legalizar la prostitución es legalizar la industria del sexo. Legalizar la prostitución es legalizar la explotación sexual. Legalizar la prostitución es legalizar a los proxenetas, traficantes, burdeles y demás, y aprobar el derecho de hombres y mujeres a comerciar con el sexo. Bajo estas condiciones es ilusorio decir que la prostitución promueve la igualdad de género. En vez de eso, los promotores de su legalización convierten en normal la desigualdad, convirtiendo la prostitución en "trabajo sexual" y el tráfico en "migración para trabajo sexual". En realidad, las violaciones de la igualdad de género son disfrazadas por la retórica pervertida de la igualdad de género que promotores de la normalización de la prostitución utilizan para argumentar que protegen a las mujeres.

Un argumento muy utilizado para defender los derechos de las prostitutas es que reconociendo y regulando la prostitución y la industria del sexo se favorece la igualdad de género, reduciendo el SIDA. Sin embargo, muy a menudo, el Estado regula la prostitución regulando a las mujeres - no a los hombres que son los usuarios. La legalización/discriminación va acompañada normalmente por chequeos médicos a las prostitutas. ¿A quién protegen realmente esos chequeos?. Si la meta fuera realmente proteger a las prostitutas, alguna ley obligaría a los clientes a un chequeo y un certificado para entrar en los burdeles. Esto desanimaría a los demandantes.

Es un modo discriminatorio e ineficaz de luchar contra el SIDA apuntar hacia las mujeres en los chequeos médicos en la industria de la prostitución. Un programa anti SIDA más sensible debería dirigirse hacia el grupo que realiza las conductas menos saludables y de más alto riesgo - hombres que compran sexo. Los epidemiologistas han documentado que la epidemia se dirige actualmente en gran medida desde el hombre a la mujer, los hombres van con prostitutas y los que son infectados, transmiten el virus a sus esposas, compañeros sexuales y víctimas sexuales (Hynes y Raymond , 2002). Como a principios de 1998, en la XXII Conferencia Mundial sobre el Sida reconoció que "los hombres conducen la epidemia de Sida" por su egoísta promiscuidad sexual (Inés y Raymond, 2002, p. 213).

Las putas. Diego Perrota. 2010


Una respuesta más ética y efectiva promovería la seguridad de las mujeres dentro de la industria del sexo, trabajando al mismo tiempo en desmantelar esa industria. Muchos grupos que afirman defender los derechos de las prostitutas no se comprometen en terminar con esta industria que explota a las mujeres en todo el mundo. De hecho, muchos abogados pro "trabajo sexual" devienen en aliados de los proxenetas y clientes, ayudando a dignificarlos como hombres de negocios de sexo y consumidores legales.

Tenemos proyectos con "trabajadores del sexo" en muchas partes del mundo, depositando en las mujeres la responsabilidad de negociar con sus clientes el uso del condón, al mismo tiempo que disponemos de cientos de estudios documentando que el poder de negociación de las mujeres para protegerse a si mismas para conseguir que sus clientes masculinos utilicen el condón es extremadamente limitado. Y estos estudios se han realizado con mujeres alejadas de la prostitución. Cuanto menor será el poder de las mujeres prostitutas para negociar con sus clientes la utilización de condones. Además, muchos hombres se niegan a usar condón, los cuales actúan de forma imprudente en su vida sexual, y los que habitualmente contratan prostitutas no actúan así por falta de información acerca de los condones, sino más bien por falta de intimidad, emoción e identidad sexual basada en la igualdad de género y el sentido de la justicia.

Si queremos promover una verdadera igualdad de género para las mujeres prostitutas y eliminar el tráfico, ¿nos debemos cuestionar el mito de que la prostitución es la profesión más antigua?. ¡Proxeneta es la profesión más antigua!.

Así, a menudo escuchamos que la prostitución es inevitable, y que una tolerancia cero referente a ella no es realista. Por eso el foco debe estar en el manejo y regulación de la prostitución, más que en verla toda como violencia contra las mujeres y explotación sexual de las mismas.

No es menos realista trabajar por el fin de la pobreza que hacerlo por el fin de la prostitución. Por ese motivo, ¿por qué no decir que la esclavitud es inevitable porque todavía exista en muchas partes del mundo? ¿Por qué no decimos que nuestra mejor apuesta es regularla? Esto, por supuesto, es lo que ha pasado históricamente en Estados Unidos y Europa durante los debates entre abolicionistas y regulacionistas.

No hay evidencia de que la legalización de la prostitución haga las cosas mejores para las prostitutas. Legalizando la industria del sexo no se termina con la degradación y explotación de las mujeres, ni con el daño, el abuso y la violencia hacia las mujeres que todavía permanecen en una prostitución patrocinada por el estado. Y no hay evidencia de que convertir la prostitución en "trabajo sexual" conlleve igualdad de género.

Las autoridades a menudo saltan al partido ganador de la legalización porque piensan que nada más puede tener éxito. Pero existe una alternativa legal. Mejor que sancionar la prostitución, los estados podrían dirigir la demanda penalizando a los hombres que compran a las mujeres para prostituírlas. Pensando fuera de la caja represiva de la legalización, Suecia ha reconocido que la prostitución es una forma de violencia machista contra mujeres y niños, y ha criminalizado la compra de los servicios sexuales.

Los grupos progubernamentales y los no gubernamentales deberían abogar por un estudio y repetición de la ley sueca. En lugar de dar permiso legal a las profundamente abusivas industrias sexuales, los gobiernos deberían responder a la violencia machista y a la explotación sexual de las mujeres prostitutas demandando legalmente a la prostitución. Escucharán otro orador de Suecia explicando la legislación sueca. Yo simplemente añadiré dos comentarios acerca de la ley sueca.

Los ratios evidentes de tráfico y prostitución en Suecia, comparados con otros países vecinos con condiciones sociales y económicas semejantes, tales como Dinamarca, Finlandia y Noruega donde la compra de los servicios sexuales no está prohibida, es impresionante. Suecia tiene un número muy inferior de mujeres con las que se ha traficado y prostituído, con 400-600 mujeres víctimas de tráfico al año en Suecia. En Dinamarca, 5.500-7.800 mujeres se prostituyen todos los años, 50 por ciento de las cuales se estima que han sido víctimas del tráfico desde fuera del país. En Finlandia, 10.000-15.000 mujeres de Estonia, Letonia y Lituania se prostituyen cada año (Ekberg, 2004, p. 1199).

Segundo, un argumento utilizado hasta la nausea por aquellos que desean criticar la ley sueca es que tiene la consecuencia negativa de dirigir a los suecos fuera, a cualquier otro lugar, para llevar a cabo sus contactos con prostitutas. Junto con el hecho de que no hay evidencia para esta conclusión, sigamos esta lógica en el contexto de un país diferente. Vamos a preguntarnos: ¿la descriminalización de la prostitución de Alemania ha conducido a los alemanes a cualquier otra parte?. Los alemanes contituyen uno de los grupos más grandes de los tours sexuales en Europa y en otras áreas más alejadas. Utilizando la lógica anterior, sería igualmente justo decir que la descriminalización y legalización de la industria de la prostitución lleva a los alemanes fuera de su frontera porque no desean pagar los precios de la industria legalizada, o que desean a las mujeres más exóticas de la Europa del Este. Además, uno puede preguntarse: ¿qué lleva a los alemanes fuera de su país en tan gran número si pueden tener lo que deseen en su propio país?.

Necesitamos desarrollar nuevas formas de promocionar la igualdad de género y defender los derechos de las prostitutas - no la retórica equivocada de que la legalización protegerá a las mujeres. La legalización encierra a la mujer en la prostitución. No existe un proyecto gubernamental de la salida para las mujeres en el Estado de Victoria en Australia, donde se ha legalizado la prostitución, a pesar de que el Acta de Control de la Prostitución de 1994 pidiera su establecimiento (Sullivan, 2004, pp. 161-62). Cuando se legaliza la prostitución, decrece la ayuda a las mujeres para salir de la industria del sexo, porque los gobiernos ya no reconocen esta actividad como un problema, un crimen o violencia contra las mujeres. Cuando se acepta la prostitución como un trabajo normal, no vuelve a verse como algo que las mujeres necesiten abandonar. La percepción de la sociedad acerca de la prostitución cambia porque el público y las autoridades presumen que legalizándola se cuida del abuso. Pero no es así. Solamente convierte el abuso en aceptable como una forma legítima de trabajo. Todo lo que la industria del sexo quiere se transforma en permitido. Y nuevas generaciones de hombres y muchachos piensan que está bien tratar a las mujeres y a las chicas como objetos sexuales e instrumentos.
 
Prostituta. Pedro Sillero López

No podemos reclamar la defensa de la igualdad de género si trabajamos en transformar la explotación sexual de la mujer en un trabajo ordinario. No podemos reclamar la defensa de las prostitutas si no trabajamos para prevenir la prostitución más allá de una simple regulación del riesgo. Debemos defender los derechos de las prostitutas identificando a los proxenetas, a los clientes e interviniendo para prevenir el abuso de las mujeres y el control de la industria de la prostitución. Las mujeres prostituídas y víctimas del tráfico no deberían ser tratadas como criminales o inmigrantes ilegales, sino como víctimas de la violencia y los abusos de los derechos humanos.

Debemos defender la igualdad de género para las prostitutas ayudando a las mujeres a tener el control de su destino. Con el uso de este término, me refiero a la habilidad de las mujeres para tener un efecto sobre sus vidas y su entorno más que para ser controladas por ellos. Me refiero a habilidades prácticas tales como hacer que las cosas funcionen para su beneficio, resolución de problemas, desarrollar estrategias para conseguir que se haga lo que ellas quieren. El subyacente control del propio destino es la capacidad de esperar - esperanza en el futuro- y esperar un futuro diferente de una vida prostituída.




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