jueves, 2 de febrero de 2017

Cómo se convirtió la prostitución en la profesión más moderna del mundo




26 de diciembre de 2016
Prostitución & Trabajo sexual
Cómo se convirtió la prostitución en la profesión más moderna del mundo

Kajsa Ekis Ekman
Rebelión

Sobre cómo el discurso del trabajo sexual se ha vuelto hegemonico invisibilizando el componente de pobreza y explotación que lleva el hecho de la prostitución.

Cuando se conoció la noticia de que la vicepresidenta de una de las "organizaciones de trabajadoras-es del sexo" consultada por Amnistía Internacional en política sobre prostitución había sido condenada por tráfico de seres humanos y proxenetismo, muchas abolicionistas se sintieron horrorizadas, pero no sorprendidas, ya que "los derechos de las trabajadoras del sexo" cada día se utilizan más como eufemismo de los derechos de los proxenetas, los propietarios de burdeles y de los hombres que pagan por sexo.
El discurso del "trabajo sexual" ha hecho posible que "el oficio más antiguo" se convierta en la profesión más moderna del mundo. La prostitución ya no es considerada como un vestigio medieval patriarcal, sino subversiva, liberadora, incluso feminista. A los movimientos feministas se les vendió la prostitución como el derecho de la mujer a su propio cuerpo; a los neoliberales, como un símbolo del libre mercado; a la izquierda, como "trabajo sexual" que necesita sindicatos y derechos laborales; a los conservadores, como un acuerdo privado convenido entre dos personas al margen de toda intervención social; al movimiento LGTB, como sexualidad que exige su derecho a expresarse. La prostitución se convirtió en un camaleón capaz de adaptarse a todas las ideologías. Y cuando la izquierda abraza la prostitución como "trabajo", lo hace pasando por alto que el marxismo considera el trabajo como algo intrínsecamente alienante que debería ser abolido y el resultado de la pérdida de la capacidad de trabajadores y trabajadoras a decidir sobre sus propias vidas.

 Otro elemento ausente es la conciencia sobre la forma utilizada por el capitalismo para expandirse de manera incesante en cada vez más dimensiones de nuestra vida, haciéndonos ver nuestros cuerpos y mentes como meras mercancías. El discurso del trabajo del sexo fue inicialmente un discurso marginal surgido en el ambiente político creativo y caótico de California. Obtuvo relevancia cuando el gobierno holandés lo promocionó con miras a preparar el terreno a la re-legalización de la industria del sexo. Holanda, con su floreciente industria sexual, tenía a todas luces un interés económico en obtener impuestos de ella.

El argumento de que la prostitución era un trabajo como cualquier otro resultó ser muy útil. Pero si la prostitución tenía que ser considerada una profesión, era fundamental que hubiera sindicatos, y así fue cómo la organización De Rode Draad (El Hilo Rojo) se convirtió en el primer sindicato de este tipo en el mundo. De Rode Draad fue fundado por el gobierno holandés y presentado como el sindicato de las "trabajadoras del sexo", pero fue financiado con dinero público desde el momento de su creación y su dirección siempre estuvo en manos de sociólogos y sociólogas, no de personas en situación de prostitución.

Hay hoteles en Amsterdam que ponen a disposición de los turistas folletos en los que se les asegura que no deben sentirse culpables de pagar por sexo, ya que "muchas" prostitutas pertenecen al sindicato De Rode Draad. Las referencias a este sindicato son algo prácticamente insoslayable en los libros sobre feminismo de los años 80. Y sin embargo, De Rode Draad nunca llegó a tener más de cien miembros, jamás intervino en un solo conflicto laboral en un burdel y sus representantes, como el sociólogo Jan Visser y la investigadora y escritora Sietske Altink , no tenían ninguna experiencia en prostitución. Sietske Alkink, en el transcurso de una conferencia en 2009, dijo que la demanda de prostitución disminuiría "ya que las mujeres casadas han mejorado mucho en cuestión de sexo". Actualmente trabaja en el Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras y los Trabajadores del Sexo en Europa (ICRSE), en el que -curiosamente- nos encontramos a menudo con los mismos políticos, universitarios y trabajadores sociales apareciendo una y otra vez y construyendo su carrera profesional a base de hablar del derecho a hacer algo que ellos personalmente no han hecho.

Dado que la industria del sexo ha aumentado en el mundo entero, el discurso del trabajo sexual ha adquirido un estatus hegemónico. Y así fue cómo segmentos de la izquierda y del movimiento feminista se tragaron el anzuelo de la propaganda con el plomo y el sedal: luchar a favor de la prostitución se convirtió en luchar por la libertad. Resulta cuando menos extraño. Hace cien años, la lucha contra la prostitución era un asunto crucial tanto para el movimiento obrero como para el movimiento de las mujeres.

Recordemos aquellos carteles del sindicato británico de estibadores que se hicieron tan populares y en los que se leía "No pararemos hasta barrer toda la miseria, la prostitución y el capitalismo" y "An injury to one is an injury to all", que las feministas convirtieron en la consigna "Nos tocan a una, nos tocan a todas". Los estibadores tenían claro que la prostitución condenaba a sus hermanas de la clase obrera a ser utilizadas por los hombres de clase alta y no estaban dispuestos a permitirlo. 




Por lo que se refiere al movimiento de las mujeres, lucharon contra la prostitución antes incluso de exigir el derecho al voto: acabar con la trata de esclavos y esclavas era lo más urgente y prioritario. La prostitución no ha cambiado. Sigue siendo la misma industria, los mismos hombres con dinero comprando mujeres pobres, la misma explotación, la misma violencia y la misma trata (aquello que en el pasado se llamaba "trata de blancas").

Lo que cambió fue la etiqueta. Como dice Sonia Sánchez , una mujer argentina superviviente de la prostitución: "Existe un feminismo que es muy útil para los proxenetas, un movimiento sin movimiento, liderado casi exclusivamente por universitarias, muy lejos del feminismo popular."

Pasé cuatro años viajando por Europa y estudiando las organizaciones del "trabajo sexual" para mi libro L’être et la marchandise (El ser y la mercancía). Vi cómo se repetía siempre el mismo patrón: una organización de "trabajo sexual" con una web muy elaborada y una presencia en las redes impresionante, con cientos o miles de miembros con experiencia en trabajo sexual que en realidad eran tres que quedaban para tomar café. Eso es lo que ocurría, por ejemplo, con el grupo francés Les Putes (ahora llamado STRASS).

También era frecuente encontrar a personas relacionadas con la investigación o con ong's copando la junta directiva mientras que sólo había una persona en la organización con experiencia en prostitución. Esta persona era la única, por supuesto, que hablaba con los medios, como era el caso del ICRSE (International Committee on the Rights of Sex Workers in Europe). En el caso de la organización española Ambit Donà, no contaban ni con una sola persona ejerciendo la prostitución, por mucho que aseguraran "defender el derecho a ser putas".

A veces, los grandes sindicatos contaban con una sección para las personas en situación de prostitución, como era el caso de CCOO en España o el sindicato Ver.di alemán, con escasos resultados. Ni una sola persona en situación de prostitución se afilió a CCOO. En la sección sindical alemana de las trabajadoras sexuales me dijeron que "nunca habían tenido más que unas cuantas afiliadas" y que nunca habían tenido ningún conflicto laboral, a pesar de que la industria de la prostitución alemana es la más importante de Europa, con más de un millón de personas vendiendo sexo todos los días. Igual de decepcionantes fueron los resultados de la regulación en Alemania: sólo un 1% de las mujeres prostituidas se registraron como "trabajadoras sexuales".

Cuando el Estado se preguntó la razón y realizó una encuesta, muchas mujeres en situación de prostitución respondieron que lo que ellas deseaban era dejarla tan pronto como pudieran y que no querían ver la prostitución más que como una solución temporal. Huschke Mau, una superviviente alemana de la prostitución, escribió : «Como la mayoría de prostitutas, yo no me registré como tal porque tenía miedo de no poder dejarlo si lo hacía. Porque tenía miedo de que me preguntaran por qué ya no quería seguir trabajando como prostituta si era un trabajo como otro cualquiera.

Y eso fue exactamente lo que pasó cuando quise dejarlo. Busqué ayuda en la sanidad pública y sólo recibí incomprensión. Y no conseguí salir. ¿Qué se supone que tenía que decir en la oficina de empleo si iba a pedir una prestación para poder pagar el alquiler y la comida sin necesidad de tener que chupar diez pollas cada día? ¿No me preguntarían cómo me había ganado la vida en los últimos tres meses? Y si se lo dijera, ¿no me preguntarían por qué no quería seguir haciéndolo, habiendo un burdel fantástico allí cerca que me podía contratar?

Una mujer que había tenido que volver a las organizaciones de trabajo sexual con la esperanza de encontrar refugio me contó que la usaron sólo como herramienta de propaganda. TAMPET, otra organización holandesa, recibe millones de euros de la Unión Europea para luchar contra el VIH, pero utilizan ese dinero para repartir condones entre las mujeres inmigrantes y en hacer campaña a favor de la despenalización.

 Cuando hablé con su representante, otra trabajadora social, me contó que a menudo las mujeres le pedían que las ayudara a salir de la industria del sexo y que ella les respondía que su trabajo no era sacar a las mujeres de ahí, sino enseñarles a ser mejores prostitutas.» A veces, tras la fachada de los derechos de las “trabajadoras sexuales”, hay hasta proxenetas.

Es lo que ocurre con el British International Union of Sex Workers (IUSW), que está dirigido por Douglas Fox, propietario de una de las más potentes agencias de escorts en Gran Bretaña, la Christony Companions. Este Douglas Fox, que se autodenomina "chico escort independiente", aparece a menudo en los medios hablando de los derechos de los trabajadores y las trabajadoras sexuales y de lo malo que es el feminismo. Esto es lo que dice Huschke Mau de ese fenómeno que nos encontramos a nivel internacional: «Cuando habláis de BesD (Berufsverband erotische und sexuelle Dienstleistungen, organización alemana de trabajadoras sexuales), os referís a ella como "una organización de trabajadoras sexuales organizadas", pero ¿os dais cuenta que sólo representa al 0,01% de las prostitutas alemanas? ¿Qué tipo de organización de prostitutas es ésa que incluye también a los propietarios de los burdeles? ¿Explotadores que crean un 'sindicato' para representar a las trabajadoras?



Que un patrón no tenga los mismos intereses que los trabajadores y las trabajadoras es algo obvio para la izquierda, excepto cuando se trata de prostitución. Y así fue que el International Union of Sex Workers (IUSW) fue rápidamente invitado a incluirse como sección dentro del gran sindicato británico GMB y ahí sigue. La idea de organizar "sindicatos de trabajadoras del sexo" es muy poderosa. Sin embargo, en el transcurso de mi investigación, no encontré ni una sola organización que funcione verdaderamente como un sindicato; es decir, que haya sido creada y financiada por sus miembros, se componga únicamente de personas de ese sector y tenga como adversarios naturales a empresarios y otras personas que obtienen beneficios del sector.

La mayoría de estos grupos forman parte en realidad de un lobby que pretende a toda costa legalizar todos los aspectos de la industria del sexo a través del etiquetado de la prostitución como "trabajo".» Los sindicatos en general hablan de problemas profesionales, de las largas jornadas de trabajo, de los riesgos y de la lucha por los beneficios que genera la actividad profesional.

Pero lo más extraño de los auto-denominados sindicatos de “trabajadores-as del sexo” -aparte de no contar con afiliación y de su total fracaso en llevar adelante denuncias laborales contra proxenetas y propietarios de burdeles- es su insistencia en que el “trabajo sexual” es estupendo. Y, sin embargo, la prostitución presenta unos índices de riesgos laborales que pocos trabajos tienen: un 82% de las personas en situación de prostitución han sido físicamente agredidas, el 83% han sido amenazadas con un arma y el 68% han sufrido violación.

La tasa de mortalidad entre las mujeres que se dedican a la prostitución es más elevada que la de cualquier otro grupo femenino, incluso mayor que la de mujeres sin techo y mujeres toxicómanas. ¿Un sindicato que de verdad representara a las personas en situación de prostitución no debería hablar de estas cosas?.

Pues muchas de las organizaciones arriba mencionadas hacen justo lo contrario: enmascaran los problemas.

Sólo dicen lo mucho que empodera estar en la prostitución, que es una verdadera liberación del patriarcado y una excelente manera de desafiar sus límites. Dejadme que os diga que eso es algo que nunca vais a oír en la calle. ​

Fuente: http://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/blog/como-se-convirtio-la-prostitucion-en-la-profesion-mas-moderna-del-mundo

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220866




miércoles, 1 de febrero de 2017

Putas y terroristas



Putas y terroristas
domingo 01 de enero de 2017
Borja M. Herraiz
Jefe de Internacional de El Imparcial

En un mundo tan volátil como el que vivimos actualmente, con un equilibrio de poder desplazándose poco a poco hacia Oriente y con las potencias emergentes reclamando una cuota de capacidad decisoria cada vez mayor en las políticas de seguridad y defensa, cabe pararse a pensar cómo de divergentes son los planteamientos y las soluciones que se están proponiendo ante dos de los grandes retos de la globalización: el terrorismo y el crimen organizado.


Mientras organizaciones como Estado Islámico o Al Qaeda, y su pléyade de respectivas filiales, siguen infundiendo el temor a lo largo y ancho del globo con periódicos atentados, trasladando el miedo y la inseguridad desde sus feudos perdidos de la mano de Dios hasta nuestras mismas calles y casas, es sorprendente lo poco que nos importa la pandemia que supone, al mismo tiempo, el crimen organizado.

El terrorismo es uno de los grandes temores colectivos del siglo XXI, de eso no hay duda, pero su impacto es, en términos generales, relativo y variable. Vive de la publicidad, de la exhibición de sus actos, de la resonancia mediática y, por extensión, del reconocimiento social de que es una amenaza creíble y patente. Por el contrario, la razón de ser del crimen organizado, y entendemos por éste el blanqueo de capitales, la trata de personas -ya sean refugiados, mujeres, niños o trabajadores-, el tráfico de drogas, armas, animales o arte, los delitos contra el medio ambiente, etc., es la opacidad, el secretismo. Cuanto menos se hable de él, mejor, más productivo y, en consecuencia, más disruptivo.

En este segundo grupo, que normalmente sirve de vía de financiación para el primero, como es el caso, por ejemplo, del petróleo comercializado por redes vinculadas a ISIS, se cuentan centenares, miles de organizaciones que, al no mancharse las manos de sangre, la sociedad global adquiere una menor sensibilidad colectiva ante ellas. Sin embargo, la realidad es que en su conjunto son mucho más perniciosas y erosivas para la estabilidad y la seguridad mundial que los cuatro locos de turno enfundados en chalecos-bomba.

Pero pongámoslo en cifras, pues sólo así logramos atisbar de forma fidedigna la dimensión de esta lacra. El crimen organizado mueve en torno al 10 por ciento de la riqueza mundial. Es decir, uno de cada diez dólares que circulan en el mundo a día de hoy tienen como origen o destino alguna actividad ilícita. Esto se traduce en un impacto negativo en torno al 13 por ciento del Producto Interior Bruto mundial año tras año y creciendo, según el Fondo Monetario Internacional.

Más datos: en estos momentos se blanquea entre el 2 y el 5 por ciento del PIB global, el comercio de drogas genera un volumen de facturación de 750.000 millones de dólares al año; el de falsificaciones, de 650.000 millones; los delitos contra el medio ambiente, de 40.000 millones; el tráfico ilegal de personas, de 20.000 millones; el de animales, de 13.500 millones. Es decir, traducido en su conjunto, cuando hablamos de crimen organizado hablamos de 3 billones de dólares anuales en actividades delictivas, una cifra equivalente a los presupuestos públicos anuales de Alemania y Japón, tercera y cuarta economías mundiales, juntos.



Si nos vamos a las víctimas mortales, las diferencias son igual de gigantescas. La cifra de muertos por actos terroristas en los últimos dos años en Europa y Norteamérica no llega a los 400, mientras que sólo los fallecidos por consumo de drogas en España en 2015 superaron los 800; en Europa, los 16.900; en Estados Unidos, los 43.000; en el mundo, los 187.000. Y esto sólo en cuanto a consumo de estupefacientes. Súmele a estas cifras las defunciones por el resto de conceptos. Terrible.

Pasemos al impacto medioambiental. Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), desde 1990 las redes del crimen organizado están detrás de la tala ilegal de 129 millones de hectáreas de bosques, una superficie casi equivalente a la de toda Sudáfrica. Esto supone un negocio de 152.000 millones de dólares al año, una suma superior a toda la ayuda al desarrollo prevista en el planeta. Además, 350 millones de animales y plantas son vendidos ilegalmente en el mercado negro cada año.

Las nuevas tecnologías y la democratización del acceso a las mismas hacen muy difícil la lucha contra estas organizaciones de guante blanco, pues el flujo de capitales se ha globalizado y la gobernanza mundial, cada vez más conglomerada, no logra dar con una respuesta eficaz a un problema acuciante.

La sociedad occidental está mucho más concienciada ante la amenaza que puede suponer la radicalización terrorista de individuos aislados que con la proliferación de prostitutas forzadas o falsificaciones en sus calles. Lo primero es agresivo y potencialmente mortal, lo segundo en cambio es fruto de lo casual, de la picaresca. He ahí el error de base, la aceptación del crimen organizado en su producto final sin ser capaces de valorar el daño que ha dejado tras de sí.


Desde la esclavitud de personas al destrozo medioambiental, pasando por el expolio cultural o la evasión fiscal, este tipo de delitos son pasados por alto con mayor facilidad porque no acarrean, al menos no de cara al público, delitos de sangre, si bien son terriblemente perjudiciales y llevan aparejados la vulneración de derechos humanos, conflictos de diversa índole, la corrupción generalizada o la economía sumergida, entre otros elementos.

Es necesario abordar esta problemática en su conjunto, pues si el problema no entiende de fronteras, la solución tampoco debe hacerlo. Una mayor cooperación y coordinación ante estas actividades, tanto de las potencias tradicionales como de las emergentes, así como de las organizaciones internacionales, y una persecución efectiva de sus patrocinadores, públicos o privados, urge como paso previo a erradicar una situación que se lleva por delante, no sólo decenas de millones de dólares al año, sino también, como hemos visto, millones de vidas humanas.

http://www.elimparcial.es/noticia/173176/opinion/putas-y-terroristas.html




La regulación de la prostitución sólo favorecería al lobby empresarial



"La regulación de la prostitución sólo favorecería al lobby empresarial"

Beatriz Gimeno, autora del ensayo La prostitución, advierte en esta entrevista de los riesgos que supone la regulación: “no beneficiaría a las mujeres que la ejercen sino a los empresarios que buscan imponer sus intereses económicos”.

Graciela Atencio / -- Feminicidio.net -- 23/09/2012

España, Madrid - Su vida gira en torno a la escritura. Beatriz Gimeno, madrileña de 50 años, publica en distintos géneros y registros con frecuencia. No hay un solo día que pase sin escribir, ya sea ensu blog sobre política y feminismo, en el personalísimo, en el periódico El Plural, en Pikara Magazine, en su perfil de Facebook y en su libreta, que siempre la acompaña pegada a su mano. Escritora, poeta, articulista, conferencista y bloguera, tiene en su haber 10 libros publicados. Sus dos últimas obras editadas, la recopilación de poesías Al menos flores, al menos cantos (Izana, 2012) y el ensayo La prostitución (Bellaterra, 2012) fueron muy bien recibidas por sus lectoras y lectores. Gimeno combina la escritura con el activismo y no concibe pasar por este mundo sin implicarse políticamente. Militante feminista y de los derechos LGTB desde muy joven, su activismo y compromiso con las causas que abraza le permitieron alcanzar una meta: fue una de las fundadoras de la FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) en España y desde allí, durante la época que ocupó la presidencia, dirigió y participó de la campaña política y las negociaciones que culminaron en la aprobación de la ley de Matrimonio Igualitario en 2006 y de la Ley de Identidad de Género en el 2007.

Beatriz Gimeno
Recientemente creó la Red Ecofeminista junto a otras activistas. No se corta ni se autocensura a la hora de criticar y cuestionar las políticas neoliberales en Europa ni a la clase política que gobierna en España. La entrevistamos en un café ubicado en una de las zonas más bellas de la ciudad, el Madrid de los Austrias, en el marco del lanzamiento de la Plataforma E-learning de Feminicidio.net, Beatriz Gimeno coordinará el curso: La prostitución. Aportaciones para un debate abierto. Muestra entusiasmo e interés en que el debate se pueda extender a un amplio sector de la ciudadanía, no solo española, sino global y especialmente latinoamericana. Tiene curiosidad en conocer otros puntos de vista y posicionamientos subjetivos frente al tema.

- Desde tu punto de vista: ¿qué función cumple la prostitución en la era del capitalismo global?

- Creo que hay dos sistemas, el patriarcado y el capitalismo, ambos obtienen beneficios de la prostitución y ambos están entrelazados. La prostitución es un gran negocio mundial al nivel del tráfico de armas o el de drogas. No somos conscientes de la cantidad de dinero que se mueve en torno a esta actividad. Cuando hablamos de prostitución se toca a muchísimos negocios adyacentes. Por ejemplo, los anuncios en periódicos y en internet, los locales de alterne...incluso no podemos dejar de tener en cuenta el turismo mundial, las cuestiones inmobiliarias en algunos barrios de ciudades ricas que se benefician; como a montones de empresas que a lo mejor no consideramos que se dedican directamente a la prostitución pero que tienen que ver, desde teléfonos eróticos hasta hoteles de paso. Esto solemos dejarlo fuera del debate. Las feministas nos centramos en los derechos de las mujeres, obviamente es lo más importante pero a veces no aplicamos la misma valoración o criterios que aplicaríamos a otros negocios. Es ingenuo pensar que con la prostitución no se está haciendo una enorme campaña, por ejemplo, a favor de la legalización. La industria de la prostitución es un inmenso lobby económico que está utilizando dinero, como hace cualquier lobby, para obtener voluntades políticas.

- ¿Sirve la prostitución como actividad para paliar la crisis?

- En algunos países es un factor económico importante.

- ¿En España no lo es?

- En cualquier lugar la prostitución es un negocio del que se obtienen importantes beneficios económicos. ¿En qué sociedad vivimos? En una sociedad neoliberal. ¿Y a quién beneficia la regulación de la prostitución? Fundamentalmente a los empresarios. También es ingenuo pensar que una regulación del sector favorecería a las mujeres que se prostituyen. Todas las regulaciones en el sistema capitalista están hechas para favorecer a los empresarios. Esta no es distinta. ¿Para qué se hacen las regulaciones? ¿A quiénes benefician? En España, la prostitución al estar alegal, de alguna manera, dentro de unos límites, digamos que es posible, todo muy entrecomillado, que sí haya mujeres prostitutas que se beneficien ellas mismas de su actividad. En el momento en que se regule, pasarán a poder ser legalmente explotadas por los empresarios. Eso es lo que ocurriría si se regulara.

- Tu ensayo sobre la prostitución tiene la originalidad de plantear ir más allá de abolir o regular. Propones que los dos sectores del feminismo enfrentados, tendríamos que ser capaces de formar un frente común para combatir la prostitución.

- Bueno, más que combatir la prostitución, porque hay feministas que no están de acuerdo con combatir la prostitución voluntaria, yo sí que creo que hay un trecho por recorrer si consiguiéramos debatir sincera y tranquilamente. Que fuera un debate en el que escucháramos los argumentos ajenos y se escucharan los tuyos, en lugar de que sea una cuestión puramente emocional. El tema se ha convertido en un no-debate.

- También tendríamos que ser capaces de extender este debate a toda la sociedad, ¿no?

- Considero importante que seamos capaces de encontrar un acuerdo respecto a algunas cuestiones dentro del feminismo.


- ¿Qué puntos de acuerdo podrían encontrarse?

- En la trata, en teoría estamos totalmente de acuerdo. Sin embargo, en la focalización de si la prostitución es un trabajo o no, si es voluntaria o no, no hay acuerdo. La trata es el principal problema o quizás sería el más urgente a resolver; las mujeres que están esclavizadas, que no se las deja salir de los burdeles, aquellas a las que se las golpea, se las viola...Todas estamos de acuerdo en que es un delito, que debe estar prohibido y perseguido. Nos podemos preguntar si se está persiguiendo lo suficiente. Es obvio que no. Hay montones de “puticlubs” en las carreteras que todos vemos cuando viajamos por España, donde no entra la policía a averiguar en qué condiciones están las mujeres que se prostituyen. Ahí habría otro punto de acuerdo: no se está haciendo lo suficiente en la lucha contra la trata de mujeres.

- ¿Por qué no nos podemos sentar a dialogar y a debatir abolicionistas y regulacionistas? Me tocó en un par de ocasiones en Madrid ver cómo se insultaban y se gritaban unas a otras. Vaya manera de poner en práctica nuestro discurso feminista entre nosotras.

- El tema de la prostitución se ha enquistado de una manera terrible, todas las mujeres con las que he hablado sobre este tema, a no ser que sean personas que se dediquen a la prostitución, se lo toman así. Es una cuestión muy emocional, nos toca profundamente. Hemos llegado a un límite en el que es imposible debatir sobre esto. Incluso hay violencia verbal. A mí también me ha pasado y me pasa a veces cuando estoy en un debate o en una mesa junto a otras ponentes...me siento mal.

- ¿Te sientes interpelada?

- Sí y mis respuestas me hacen subir el tono de voz o me exalto. Le he preguntado a una amiga regulacionista y me dice que le pasa lo mismo, que ella y yo podemos estar conversando pero cuando estamos en un debate la situación cambia. No hay manera de tener un debate tranquilo sobre el asunto. Por eso dedico una parte del libro al debate en sí. Hemos hecho de ello una especie de cuerpo, de anclaje de nuestra entidad feminista.

- También es un acto catártico poder expresar y manifestar emociones públicamente.

- Sí, pero caemos en las divisiones: una es regulacionista o es abolicionista y ese es su ser feminista digamos. Creo que hay que romper con eso. Al final lo que va a pasar es que quienes impongan sus puntos de vista sean los empresarios, que es lo que sucede en casi todo el mundo debido a que el feminismo no es capaz de tener una postura común sobre el asunto.

- ¿El Estado español es proxeneta?

- No hablaría en esos términos. El Estado español, como todos los Estados europeos, es según le venga. La historia demuestra que primero ha sido abolicionista, luego regulacionista, luego otra vez abolicionista. Vemos que todos los Estados europeos hacen ese camino dependiendo de factores como quién gobierne, si hay feministas en el poder o no. E incluso en el fondo los factores que influyan pueden no tener nada que ver con los derechos de las mujeres que se dedican a la prostitución o con el feminismo.

- ¿Consideras que la Unión Europea está ahora en condiciones de adoptar una política común sobre este tema?

- No. Leía ahora mismo, antes de la entrevista, que nueve países se niegan a imponer cuotas para la presencia de mujeres en empresas; era una política supuestamente común...pues nueve países se han revelado. Imagínate lo que pasaría con la prostitución...los empresarios del sexo tienen mucho poder en algunos países.

- Y tendrán su lobby, supongo.

- Claro, es que todos hacen lobby incluso aquí, a través de asociaciones. No los conozco ni voy a acusar a nadie pero insisto: sería ingenuo pensar que no se promocionan. Están asociados pero no se muestran mucho como sector. Estoy convencida de que emplean dinero a través de asociaciones pro-regulación y de que tienen estrategias de publicidad para imponer sus intereses.

- En tu libro dices que lo que importa en la prostitución es la desigualdad del marco, no el consentimiento. Sus causas son la división sexual del trabajo y la construcción de una ideología que naturaliza la diferencia. Dices que es ahí donde debemos incidir. ¿Cómo? ¿Podemos pensar en prácticas liberadoras desde el movimiento feminista? Esto me parece importante para saltar del discurso a la acción. ¿Cómo dejar de tratar a las prostitutas desde el asistencialismo y el victimismo? ¿Cómo respetar la voluntad de quienes se prostituyen libremente cuando sabemos que dinamitan la Igualdad y en el ejercicio de la prostitución es imposible salir de la opresión?

- La tesis de mi libro responde estas preguntas. No tiene importancia si uno se dedica voluntariamente a esto por necesidad. Digo, voluntariamente entre comillas. En teoría, en el capitalismo, para las personas que somos anticapitalistas, todo consentimiento está viciado, nadie consentiría su propia explotación pero convivimos con eso constantemente. La gente es explotada y nosotros no pretendemos acabar con sus trabajos, sino que pretendemos que sus condiciones de vida mejoren, aunque el objetivo final marxista es acabar con la explotación y con el salario. Uno no dice que haya que acabar con el trabajo de los barrenderos o las señoras de la limpieza que son explotados. Pues lo mismo podría decirse de la prostitución. Deberíamos dejar ese debate, que se ha quedado antiguo y que además la gente no lo entiende ni le llega. Insistir en el consentimiento no conduce a ningún lado. Cuando decimos: “no se puede consentir, ninguna mujer quiere ser voluntariamente prostituta”. Y sale una mujer que dice: "Pues yo sí quiero”, te dinamita el discurso ante la opinión pública. Hay que moverse de ahí y ver que el problema de la prostitución no está en el consentimiento, no en si es un trabajo o no -que también daría igual- sino en lo que significa la institución en sí y en las dificultades que plantea para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres. En cómo afecta nuestras relaciones con los hombres o las relaciones de los hombres con nosotras. ¿Qué enseña la prostitución a los hombres? ¿En qué lugar coloca a las mujeres? Deberíamos centrar el debate más en la institución que en las condiciones particulares.

- La prostitución también afecta a la construcción sexual de la realidad, la masculinidad, la feminidad...

- ¡Claro! ¿Qué aprenden los hombres con la prostitución? Es decir, ¿qué significa la institución para la Igualdad? ¿Es posible la Igualdad con la existencia normalizada de prostitución? Yo creo que no y que además esto se puede demostrar.

- Entonces hay que incidir más en el orden del discurso.

- En el orden simbólico aunque no por eso tienes que dejar de trabajar en la praxis. La única manera de acabar con la prostitución es luchando por la Igualdad de derechos. La prostitución existe hoy quizá más que nunca.

- ¿Por qué crees que sucede esto?

- El feminismo ha hecho que muchos hombres necesiten de la prostitución.

- ¿Te refieres a que ha generado un efecto paradójico y reactivo?

- Sí. Estoy convencida de que el feminismo ha ido socavando el sentido de masculinidad de algunos hombres que ya no pueden gritarle a la mujer como antes ni controlarla, que luego van al trabajo y tienen una jefa...

- A muchos les gustaría domesticar a las mujeres sexualmente ¿no?

- Todo junto. Les gustaría domesticarlas social y sexualmente siguiendo los cánones de la subjetividad masculina tal como la han aprendido ellos. De ahí que muchos hombres necesiten espacios y relaciones donde puedan ejercer esa masculinidad tradicional. Creo que esa es una de las razones por las que ha crecido tanto la prostitución. Además los clientes dicen esto en las encuestas. Ya nos les gusta la prostitución occidental regulada porque las prostitutas ponen límites o tienen protección, por ejemplo como pasa en Holanda; quieren hacer una cosa y la prostituta dice: "no, esto no" y toca un timbre, aparece un guardaespaldas y los echa. Ellos se quejan: "es que parecen profesionales". Y sí, ellas son profesionales. Entonces muchos hombres occidentales de los países ricos se van a buscar niñas o jovencitas al sudeste asiático o a América Latina.

-Pero entonces la prostitución cumpliría una función fundamental para la masculinidad como violencia sexual.

- No lo sé...no toda prostitución es violencia. Lo llamaría dominio en lugar de violencia. Todo el mundo entiende la violencia física pero con otros tipos de violencia los límites no están tan claros. La prostitución constituye un papel fundamental en la construcción de la subjetividad masculina como una subjetividad que puede someter sexualmente a una mujer cuando lo desee. En la autopercepción de ser hombre, él piensa que se lo merece y que por tanto tiene que haber un contingente de mujeres a su disposición cuando lo desee.

- Esto para las abolicionistas es una forma de violencia de género.

- Sí, lo sé, lo sé y sí que lo es pero es necesario distinguir. Hay un problema en decir que "siempre es violencia". Entonces: ¿cómo distinguimos la violencia física de otras violencias? Si todo lo que les pasa a las prostitutas está atravesado por la violencia, ese discurso hace muchas veces que las prostitutas que son golpeadas o violadas, que las hay, no puedan ir a la policía o a los juzgados a poner una denuncia. Si tú dices que toda prostitución es violación, no distingues la violencia simbólica de la violencia real, no matizas. Si todo es violencia, entonces nada es violencia. No toda prostitución es violencia física aunque sí simbólica. No todo acto prostitucional concreto tiene por qué ser violento pero la institución en sí ejerce sobre todas las mujeres una violencia simbólica con la que es imposible avanzar hacia la Igualdad, conseguir la Igualdad. La prostitución es una institución que afianza la desigualdad entre hombres y mujeres.

Suiza.Zurich. Sexbox 2013. Foto AFP
- Siendo realistas, ¿se puede vivir en una sociedad sin clientes?

- ¿En una sociedad sin clientes? ¿Siendo realistas? No, en una sociedad como esta no. Tendría que ser una sociedad igualitaria, donde el patriarcado no existiera. Estamos muy lejos de eso.

- Pero en Suecia, la política de abolir la prostitución ha dado buen resultado.

- Suecia no es ningún paraíso. Es cierto que se trata de una política de Estado allí y algunas feministas en el poder han hecho del abolicionismo de la prostitución algo prioritario. Sin embargo, en Suecia persisten altos índices de violencia de género. Por eso hay que insistir mucho en que las políticas son necesarias, están muy bien, pero mientras no ataques el aspecto simbólico de las construcciones de la subjetividad no vamos a conseguir grandes cambios. Tú puedes imponer políticas y habrá que imponerlas, además las políticas enseñan a la población, son didácticas, todo eso está muy bien, pero hay que conseguir que los hombres no violen a las mujeres porque no lo desean y no porque está prohibido.

- Si la regulación no ha funcionado: ¿por qué insisten las regulacionistas?¿Por qué no tienen en cuenta los informes, estudios y las críticas que hacen las organizaciones de derechos humanos?

- Por muchas razones. Una parte del discurso de las personas que opinan de la prostitución es emanado directamente del lobby empresarial. Los empresarios quieren imponer el tipo de regulación que a ellos les conviene. Esa es una parte del discurso que llega a través de los medios de comunicación. Luego hay otra parte sostenido por asociaciones regulacionistas; ellas dicen que no desean la regulación impuesta por los empresarios, recalcan que no ha funcionado y que no es la que ellas quieren. Y luego hay otra parte bastante importante de gente que no sabe lo que supone la regulación. No todo el o la que discute de prostitución es experta, no es nada malo esto pero la regulación sigue teniendo un halo de que favorece los derechos de las mujeres: eso no es cierto en todos los casos. Las regulaciones han perjudicado a la mayoría de las mujeres, especialmente a las más débiles en los países donde se ha regulado. Además pienso que en este contexto quizá no sea posible otra regulación que la que favorezca a los empresarios.

- Entiendo que no ves otro camino que la explotación sexual en el caso de la regulación de la prostitución.

- No soy la única que piensa así. Algunas mujeres que se dedican a la prostitución sostienen que lo mejor es estar no reguladas. Creo que es lo mejor para ellas, lo podríamos hablar detenidamente, no tiene porque haber un marco regulatorio...Estoy porque el Estado como Estado sea claramente antiprostitución y que tenga políticas de igualdad-antiprostitución. El Estado es el que da legitimidad o no a una institución de desigualdad. Pero dicho esto, que es para mí lo importante, como la prostitución existe, es una realidad y está en las calles y el Estado no puedes dejar a esas mujeres sin nada, sí que creo que ellas deben ser sus propias dueñas, sin empresarios ni proxenetas ni chulos que las sometan.

- ¿Es posible legislar esta posición?

- Sí que es posible, es una legislación menor. No estoy por ninguna regulación porque una regulación legitima la prostitución y no quiero olvidar nunca que la prostitución es una institución que debe desaparecer, que ninguna ley debe legislarla. No es necesario legislar todo en la vida. Un Estado no tiene que inmiscuirse, en el fondo, más allá de lo que la prostitución políticamente signifique (como feministas sabemos lo que significa); sería un acto sexual consentido entre dos personas adultas y no hay porqué legislar nada. Que luego ella cobre o no cobre no nos tendría que importar. Como feministas sí, en lo que tiene que ver con la institución pero en el ejercicio de su libertad, es la decisión de cada mujer.

- Sí pero las abolicionistas te dirían que tú tienes que garantizar también como Estado que no haya violencia contra esas mujeres y la única manera de hacerlo es aboliendo.

- Puedes prohibir el proxenetismo, puedes prohibir las empresas, prohibir y cerrar los prostíbulos. Puedes formar a la policía para que sepa que cuando una prostituta va a denunciar una violación o malos tratos es igual que cualquier otra mujer.

- ¿Qué va a pasar en España con la prostitución? ¿Se va a regular?

- No lo sé, la verdad. Hace poco tiempo hubiera dicho que se iba a regular y que el discurso regulacionista estaba ganando claramente la batalla. Ahora ya no lo veo tan claro y me alegro porque a mí el discurso regulacionista me parece muy pernicioso. No juzga ni valora lo que significa la prostitución en sí, como institución. Las abolicionistas se están modernizando y cambiando su discurso por uno más actual. Antes conectaban con mucha dificultad con gente más joven, creo que esto se ha modificado y que van incorporando cuestiones. Ha habido un reajuste de posiciones, ya no tengo tan claro que el regulacionismo gane la batalla entre otras cosas también, y quizás sea lo más importante, porque las regulaciones han sido un fracaso allí donde se han aplicado.

- En Australia, Holanda y Alemania por ejemplo.

-En general la regulación en esos países ha sido desastrosa para las mujeres que se prostituyen. Y desde el feminismo ¿cómo vas a combatir el sexismo regulando la prostitución? Es la institución sexista por excelencia, tú no puedes estar dando cobertura simbólica, social y cultural, dando legitimidad a una institución sexista. No es posible ni pensable en ese marco combatir el sexismo. Es otra de las cuestiones por la que estoy en contra de cualquier regulación. Otra cosa es preguntarnos cómo nos enfrentamos a una institución sexista que va a tardar en desaparecer; cómo mejoramos la vida de las mujeres que están inmersas en la prostitución, que existen y que tienen todo el derecho a buscarse como puedan la vida. Pero, ¿darle legitimidad? Eso es un suicidio para la lucha por la Igualdad.

- La mayoría de las mujeres que se prostituyen en España son extranjeras, migrantes que vienen de países más pobres ¿Deberíamos cuestionarnos nuestra situación de privilegio desde una ética feminista? ¿Son esas mujeres “las otras”?

- Sí, sí, claro. En el estigma son las otras.

- Pero en el listado de la ética feminista esta autocrítica no figura. Las feministas blancas, occidentales de países ricos, ¿no deberían impulsar esta causa como una prioridad?

- ¿Por qué presupones que no hay autocrítica? Para algunas, para muchas feministas europeas esta causa es una prioridad. Pienso mucho en esto, no creas...Me plantea dudas. ¿Hasta dónde llega el racismo y hasta dónde el clasismo? ¿La otra es otra por ser pobre, por ser negra o mestiza o por venir de otra cultura? Todas estas cuestiones están entrelazadas. A veces lo que se llama racismo es puro clasismo. Cuando una es rica da igual que seas negra, no te vas a encontrar ningún problema en ningún sitio. El racismo, el clasismo y la xeonofobia existen en Europa pero los límites son difusos. La otra es otra por todos estos componentes y claro que desde la ética feminista debemos ser solidarias y acompañar a estas mujeres en la lucha por salir de la opresión. Hay un tema ahí que no he tratado en el libro y que me he apuntado porque me interesa mucho.

- ¿Cuál?

- Las similitudes entre prostitución y servicio doméstico... históricamente y ahora.

- ¿De eso va tu próximo libro?

- No lo sé. Pudiera serlo. Tengo varios proyectos en mente. Escribir le da sentido a mi activismo. Bueno, en plural, las feministas necesitamos nutrir nuestro discurso para volcarlo en el activismo.

http://www.feminicidio.net/noticias-de-asesinatos-de-mujeres-en-espana-y-america-latina/lucha-contra-la-violencia-de-genero/3209-qla-regulacion-de-la-prostitucion-solo-favoreceria-al-lobby-empresarialq.html