Mostrando entradas con la etiqueta Kaisa Ekis Ekman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kaisa Ekis Ekman. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de febrero de 2020

“El putero moderno se consiguió una niñera queer” de Kajsa Ekis Ekman


“El putero moderno se consiguió una niñera queer” de Kajsa Ekis Ekman*

8 MARÇ
Artículo original en inglés (The modern john got himself a queer nanny) en Feminist Current (agosto 2016).
Traducción del colectivo “Mujeres por la Abolición de la prostitución”.
* Periodista, escritora y activista sueca, autora del libro “El Ser y la mercancía. Prostitución, vientres de alquiler y disociación” que será publicado próximamente en castellano.

 “El putero moderno se consiguió una niñera. Pasa algo raro en los debates sobre la prostitución: mientras que la casi todos los que solicitan servicios de índole sexual son hombres, la abrumadora mayoría de los intelectuales que defienden la prostitución son mujeres. Se trata de un fenómeno extraño que, ciertamente, merece que se lo analice por separado.

En teoría, el putero tiene razones de sobra para preocuparse. Está, por primera vez, en el centro de la discusión: los legisladores, cada vez con más frecuencia, los tienen a ellos (o a la “demanda”, para usar un término empleado por las ONG) en la mira y el modelo nórdico ha sido elogiado por el Parlamento Europeo, que reconoce que es el modelo que mejor combate la trata de personas. Además, los movimientos conformados por sobrevivientes de la prostitución crecen día a día en todo el mundo. Las mujeres se animan a alzar la voz, como sucede en Prostitution Narratives: Stories of Survival in the Sex Trade (“Narrativas de la prostitución: historias de supervivencia en el comercio sexual”), un libro de publicación reciente que devela lo que los puteros realmente les hacen a las mujeres en prostitución. Es la primera vez en la historia que tantas mujeres colectivamente revelan lo que pasa en el mundo de la prostitución, un mundo en el que, hasta no hace mucho, un hombre podía hacer casi cualquier cosa con una mujer sin que nadie se enterase. Esos tiempos ya se acabaron: el putero se está volviendo una figura visible. Crece la tensión. ¿Hemos llegado a un punto en la historia en el que a una mujer le tiene que gustar un hombre para que él pueda acostarse con ella?

A pesar de todo esto, al putero no se le conoce la voz. No necesita hablar. Como siempre, cuando un hombre está bajo amenaza, llega una mujer para ayudarlo: a la vanguardia del discurso que intenta presentar a la prostitución como un “trabajo” no está el putero, sino la académica mujer. En cualquier revista, conferencia o evento en el que se esboce una leve crítica al putero, ahí se alzará una académica proprostitución para defenderlo.

¿Quién es esta académica? Ella se denomina una “subversiva”, una “revolucionara” o una “feminista”, incluso. Por esa razón es que el putero la necesita de embajadora: que una mujer como ella defienda la prostitución hace que parezca el epítome de la liberación femenina: un intercambio de bienes por dinero que es justo para ambas partes, una práctica moderna y socialista que además es pro LGBT y queer. Pero, el putero la necesita más que nada porque, cuanto más hable ella, más nos olvidaremos de que él existe.

El acuerdo tácito pactado entre el putero y la académica proprostitución es que ella va a hacer todo lo posible por defender el modo de actuar del putero, al tiempo que se asegura de que nunca se hable de él. La académica, entonces, habla sin parar sobre la prostitución, pero jamás nombra al putero, porque ella está para asegurarse de que la discusión sobre la prostitución siempre termine en las mujeres. La académica queer usa a la mujer prostituida como escudo protector del putero. Le hace de todo: la analiza, la reconstruye y la deconstruye, la presenta como modelo a seguir y hasta la usa de micrófono (es decir, para acrecentar su fama como académica). A través de este mecanismo, se posiciona como la feminista “buena” que lucha contra las feministas “malas”.

La jugada imita la prostitución a la perfección: la prostituta es visible, se la ve en la calle y en los bares, pero el putero sólo pasa por ahí sin ser visto, lo que hace él no genera vergüenza ni hace que se tejan mitos alrededor de su figura. La función de la académica queer es asegurar la continuidad de ese status quo para el putero.

Ante lo que nos encontramos es una defensa de la prostitución pensada como un escudo doble, ya que a cualquiera que quiera debatir sobre la prostitución le va a costar llegar al putero, porque en el medio se encuentran la académica y la “trabajadora sexual”. Cualquier intento que se haga de hablar de lo que hace, piensa o dice el putero rebota y se termina convirtiendo en una discusión sobre las identidades de las mujeres o en una pelea.

La académica pro-prostitución tiene su propia definición de “debate intelectual”: le dice “escuchar” a cuando ella habla. Asegura que no está de por sí a favor de la prostitución, sino que solamente “escucha a las trabajadoras sexuales”. Cuanto más fuerte habla, más asegura de que eso es prueba de que “escucha”. Cuando se le presenta una persona que no está a favor de la prostitución, denuncia que se la está “silenciando”.

El surgimiento de los movimientos conformados por sobrevivientes de prostitución ha mostrado que la supuesta capacidad que tiene la académica para escuchar a las mujeres en prostitución, está condicionada. Cuando las sobrevivientes hablan en contra de la prostitución, la académica queer puede proceder de dos formas: o directamente no las escucha o argumenta en contra de ellas. Ahí es cuando queda al descubierto que no defiende a la voz de las “trabajadoras sexuales”, sino al putero.

Esta académica es de las hacen denuncias en las redes sociales si se cruza con un hombre que cree que sabe más que ella (mansplaining) o que acapara mucho espacio en el transporte público (manspreading), o si alguien la trata de “preciosa” o si alguien dice que las mujeres se embarazan y no usa el término “personas”, que es más abarcativo. Uno no puede evitar preguntarse cómo es que la indignación que le nace ante esos detalles logra convivir con la insensibilidad que demuestra al hablar de una industria que, según estudios, es la más mortal para las mujeres.

No hay que olvidar que para ella, al igual que para el putero, la mujer en prostitución es “otro tipo” de mujer. Es cierto que la académica emplea un tono de admiración para hablar de la prostituta, mientras que el putero utiliza solamente desprecio, pero, en el fondo, se trata de lo mismo.

La verdad es que la académica queer no es una revolucionaria o una feminista, ya que ni siquiera intenta defender a las mujeres, sino que, más bien, es la niñera del putero. Se trata de una de las funciones más antiguas pertenecientes al patriarcado. La académica lo tranquiliza cuando está preocupado y considera a sus enemigos como propios. Vigila que nadie le saque los juguetes, sin importar lo que él les haga a los demás. Es como aquella niñera de antaño que siempre trataba al hijo varón de la familia como niño y amo al mismo tiempo: obedecía sus pedidos, limpiaba el lío que dejaba y lo subía al regazo para que llore. La niñera, más que cualquier otra mujer dentro del patriarcado, es la figura de la mujer comprensiva. No soporta ver a su joven amo con hambre y por eso él siempre come antes de que ella se prepare algo, pero nunca lo trata como a un hombre con responsabilidades. Sin importar cuántos años tenga, para ella siempre va a ser un niño que no puede controlar su comportamiento. La niñera fue la que permitió que los hombres de clase alta sean, al mismo tiempo, jefe y niño irresponsable. No se puede entender al patriarcado sin comprender cómo la “niñera” le dio forma a los hombres que se encuentran en los escalafones más altos de la masculinidad.

El putero personifica a este tipo de hombre. El tipo de hombre que da órdenes y pretende que le cumplan todos los caprichos, pero que no se hace responsable de su comportamiento. Si le arruina la vida a otras personas, les contagia ETS a mujeres en situación de prostitución y a la propia esposa, contribuye a que se mantenga el negocio de la trata de personas, ¿cuál hay? Ni que fuese problema de él…

El putero de la actualidad no tiene una niñera literal, pero encontró algo parecido en la académica proprostitución: una niñera queer que lo tranquiliza cuando está alterado, se encarga de sus necesidades y lo defiende del mundo exterior. De esta manera, el putero puede seguir fanfarroneando sobre todas las “putas” que se va a coger en los viajes que haga, aunque él nunca aceptaría que su hija se hiciera prostituta (ni tampoco se casaría con una). Puede seguir mirando películas porno pero cuidado con que la novia se porte como “una puta”. Nunca la niñera lo va a retar. Nunca va a entrar en los foros de puteros donde los hombres se congregan para darles una puntuación a las prostitutas a decirles que no tienen que llamarlas “putas”, que el término correcto es “trabajadoras sexuales”. La niñera nunca lo va a retar por estigmatizar a las mujeres o por tener dobles estándares. Los hombres son hombres, después de todo…

Bien, si es así, entonces que crezcan y que hablen y se defiendan ellos solos. Si pagar por sexo es algo que está muy bien, que hablen y cuenten qué hacen y por qué, y que lo hagan utilizando sus propias palabras, las mismas que usan cuando van a los prostíbulos. Y cuando las supervivientes señalen a los puteros, que las niñeras se corran, que no dejen que los hombres se les cuelguen de la pollera en busca de protección. A las niñeras queer del mundo, les pregunto: ¿les pagan para hacer de embajadoras de los puteros, siquiera, o trabajan gratis? ¿Se ofrecen gratis, como lo han hecho mujeres por siglos, para proteger a los hombres y para no se los obligue a madurar y hacerse cargo de los que hacen?

Niñeras queer, a ustedes les hablo: renuncien. También ustedes se merecen algo mejor”.


Fuente






sábado, 25 de enero de 2020

Kajsa Ekis Ekman: 'La puta y la virgen representan a dos industrias en el mercado'


Kajsa Ekis Ekman: 'La puta y la virgen representan a dos industrias en el mercado'

La prostitución es uno de los temas que genera más debate dentro del movimiento feminista, dividido en dos posiciones opuestas: la reglamentarista o pro trabajo sexual, que defiende la normalización de la prostitución en nuestra sociedad, y la abolicionista, que sostiene que la prostitución es incompatible con la igualdad entre hombres y mujeres. Kajsa Ekis Ekman (Estocolmo, 1980) defiende la segunda posición y lo argumenta a partir de la teoría feminista y marxista
Glòria Casas Vila — Feminicidio.net — 29/01/2015

España, Barcelona - Kajsa Ekis Ekman, periodista, escritora y activista sueca ha escrito dos libros: El ser y la mercancía. Prostitución, vientres de alquiler y disociación, sobre prostitución y 'vientres de alquiler (la maternidad subrogada)', escrito en sueco y traducido al inglés y al francés y Stolen Spring, que trata de la eurocrisis económica vista desde la perspectiva de Grecia. Kajsa ha participado en la creación de diferentes colectivos feministas, como Feminist Against Subrogacy. En junio de 2014 visitó Barcelona y dio varias conferencias invitada por la Plataforma Catalana por el Derecho a No Ser Prostituidas (@dretanoser) (ambas conferencias fueron grabadas y se encuentran en el blog de la Plataforma). Kajsa es una habitual de la capital catalana pues tiene un hijo “medio sueco, medio catalán” y habla un perfecto castellano

Kajsa Ekis Ekman


- ¿Por qué has escrito el libro sobre la prostitución y los vientres de alquiler?
- Yo vengo de dos lados, uno teórico y otro práctico. De hecho, todo empezó en Barcelona, donde viví en el año 2005-2006 conviviendo con una mujer rusa que se prostituía en la carretera. Su vida estaba muy lejos de la idea que se nos da hoy de la prostitución como el acto de una mujer fuerte, que sabe lo que quiere, que gana mucho dinero y que lo hace para salir de la pobreza. Ella se hundía más y más en la pobreza y también en el alcoholismo. Traía a los proxenetas a casa, que también intentaban convencerme a mí de que fuera con ellos. Regresé a Suecia y cuando volví de visita a Barcelona, un tiempo después, ella había muerto a causa del alcoholismo y apenas tenía 30 años. Era el momento en que surgía todo este discurso de “la prostitución es libertad”, “la prostitución es feminismo”. Como sabía que, por lo menos en su caso, y en el caso de tantas otras que llegué a conocer, no era así, me puse a leer todo lo que se había escrito sobre la prostitución y decidí escribir el libro, que es más teórico.

 - ¿Y cómo definirías tú la prostitución?
- En realidad, es muy simple. Es sexo entre dos personas: entre una que quiere sexo y la otra que no quiere. Y como el deseo está ausente, el pago lo sustituye. Esta desigualdad de deseo es la base de toda forma de prostitución, tanto de los servicios de escort de lujo como de la esclavitud moderna que se produce con la trata de personas. El dinero permite obtener un consentimiento al comprador y eso muestra todavía más que la otra parte tiene una relación sexual aunque no la quiera. No importa todo lo que se dice o se hace para esconder este hecho porque, si hubiera deseo mutuo, no habría pago. Por eso, la prostitución es el enemigo de la liberación sexual, del deseo recíproco, del placer compartido.

- ¿Qué te ha llevado a tratar también la maternidad subrogada, los (mal) denominados vientres de alquiler?
- Para defender los vientres de alquiler se utilizan los mismos argumentos que con la prostitución: una mujer puede hacer lo que quiera con su cuerpo, es su decisión, gana dinero, puede salir de la pobreza... Se entiende que todo el mundo tiene derecho a tener sexo o tener hij@s aunque no haya ninguna convención de la ONU ni ningún otro texto legal que lo diga. Yo pienso que aquí tenemos dos industrias y que las dos venden el cuerpo de las mujeres como si fuera un producto: en el caso de la prostitución, es el sexo, sexo sin hij@s; en el otro, es el contrario, hij@s sin sexo. Tenemos la vieja dicotomía entre la puta y la virgen, dos industrias que ahora están en el mercado, y yo digo que eso es totalmente incompatible con la igualdad de género y con la liberación de las mujeres.

- En tu libro hablas de una campaña que se hizo en Barcelona bajo el lema 'Yo también soy puta'. ¿Cómo explicas que una parte del movimiento feminista reivindique la palabra?
- La mayoría de las personas que la reivindican no son prostitutas y, por lo tanto, reivindican una palabra que no tiene nada que ver con ellas. Tú, como blanca o heterosexual, no puedes reivindicar las palabras negro o maricón. No te pertenecen. Pienso que reivindicar la palabra puta es una especie de fetichismo, se ve como un tipo de empatía y, en realidad, es una muestra más de la distancia con la realidad de la prostitución. La palabra puta no es una creación femenina, sino una invención masculina. El patriarcado define a las mujeres en función de su sexualidad. Si llamas a una mujer puta, no ves que es un ser humano. Es como decir “¡Ah! Tú eres puta, yo te respeto porque eres puta”. Pero esta mujer no es una puta, antes de ser puta era una niña que quizás tenía sueños, que quizás quería hacer otra cosa. Si tú preguntas: “¿quieres que tu hija sea puta”?, ninguna prostituta te responderá que sí.

- ¿Por qué crees que hay sectores muy amplios de las izquierdas y el feminismo que defienden la prostitución?
- El discurso a favor del trabajo sexual ha convencido a las feministas con el argumento de que la prostitución es resultado del hecho de que las mujeres dispongan libremente de su cuerpo. A la gente de izquierdas, se le dice que la prostituta es una trabajadora y una sindicalista; a los liberales, se les dice que es una cuestión de libertad personal y que la prostituta es una empresaria del sexo; a la gente de los movimientos LGBT y queer, se le dice que las prostitutas son un grupo estigmatizado como los homosexuales. El discurso protrabajo sexual intenta apropiarse del tema central de todas las ideologías para infiltrarse en todas las esferas de la sociedad. Tiene la propiedad increíble de combinar la idea de revuelta (los oprimidos y las oprimidas contra el poder) con el capitalismo (la libertad de vender). La prostitución está rodeada de mitos que nos impiden ver la tragedia que supone que un ser humano compre a otro. Un ser humano reduce a otro ser humano al estado de objeto, de mercancía: “Te compro. Existes para satisfacerme”.

- Sabemos bien poca cosa de la ley integral sueca (de nombre Kvinnofrid, de 'la paz de las mujeres'), que penaliza a los clientes de la prostitución por primera vez en la historia. ¿De dónde viene y por qué se promulgó?
- La ley se basa en las investigaciones que se empezaron a hacer en el año 1977. Se realizaron muchas entrevistas con mujeres que se dedicaban a la prostitución y no solamente con ellas, sino también con los clientes y todas las personas relacionadas con esta actividad. Las investigadoras dejaron los despachos y estuvieron haciendo trabajo de campo durante tres años para comprender cómo era esta realidad en Suecia. El resultado fue un informe de 800 páginas, 140 de las cuales tratan sobre los testimonios de las prostitutas. La investigación fue una bomba y cambió la orientación de todas las investigaciones escandinavas –y más tarde, mundiales-. Desde entonces, la prostitución –de la misma manera que la violación– es una cuestión de política de género. Y a partir de esa encuesta empezó el trabajo que 20 años más tarde resultó en la ley, según la cual (por la primera vez en la historia) la prostitución no se define por quien vende, sino por quien compra.

- ¿Cuáles son los resultados 15 años después de su aprobación?
- Lo primero que hay que saber es que la ley sueca no está hecha para combatir la prostitución, igual que la ley contra los homicidios no está hecha para medir si hay más o menos asesinados. La cuestión es cambiar las normas en la sociedad: ¿comprar sexo es un derecho o no? A lo largo de la historia, la prostitución siempre se ha prohibido de una manera u otra, pero siempre se ha penalizado a la persona que vende sexo. Incluso en Alemania, donde la prostitución es legal, te multarán si lo haces al lado de una escuela o de una iglesia. En Suecia, en cambio, la venta de sexo está completamente despenalizada, no te multarán ni te pondrán en la prisión, no importa dónde te prostituyas, no te pasará nada; lo que hacen es multar al cliente. La ley dice que quien comete el acto de prostitución no es la mujer, la prostituta, sino el cliente. Él es responsable, él tiene la opción.

- ¿Y qué sabemos, de los resultados de la ley?
- El año 2010, se hizo un estudio y se vio que hay menos hombres que compran sexo: antes, lo hacía un hombre de cada ocho; ahora, un hombre de cada 13 –en el Estado español, es un hombre de cada cuatro. Claro está que hay suecos que van a Tailandia a comprar sexo, pero no van cada día. Con respecto a la opinión de la población sobre la ley, entre el 70% y el 80% de la gente está a favor, dependiendo del estudio. También muestra que tenemos muy poca prostitución, por ejemplo, si lo comparamos con Dinamarca –donde la prostitución es legal. Dinamarca es un país mucho más pequeño y cuenta con 10.000 prostitutas, con respecto a las 1.000 o 2.000 de Suecia. Los jóvenes suecos de hoy piensan que el que paga por sexo es un ser patético que no puede conseguir una mujer. No puedes aprobar una ley así y creer que lo resuelve todo. Hay que contar la cantidad de prostitutas que hay y saber de dónde vienen, si están en manos de mafias y redes internacionales, etcétera. La trata de personas se desplaza muy rápido. Por ejemplo, en Suecia, teníamos las mafias de Nigeria, pero se acabaron desplazando a Noruega; y cuando Noruega aprobó una ley como la sueca, se marcharon a Dinamarca. Se desplazan, claro está, sin embargo, si esta ley se extiende por toda Europa, ¿dónde irán?
 




- Aparte de las medidas penales, ¿qué otro tipo de medidas aporta la ley?
- En Suecia tenemos casas de acogida donde te ayudan con terapias psicológicas y recursos para buscar trabajo. Hay un trabajo social importante por hacer: si hay más prostitución, hay más trabajo social. Incluso si optas por la legalización, hay que hacer mucho trabajo social porque la prostitución se acompaña de miseria, drogadicción y alcoholismo.




- ¿Y cómo ves el trabajo social que se hace para ayudar a las mujeres a prostituirse de manera más profesional, dándoles preservativos, etc.?
- Dicen que hacen reducción del daño (harm reduction). Según mi opinión, no es así. Si tú estás con el cliente y éste te pega, ¿de qué te sirve tener un preservativo? Si después sufres estrés postraumático, si sufres porque no puedes sentir una parte de tu cuerpo, si sufres porque te han violado tantas veces... ¿De qué te sirve un preservativo? Para mí, la reducción del daño es la reducción de la prostitución.

- Pero hay ONG que también dan folletos con consejos para responder delante de un cliente violento, por ejemplo.
- Imagínate que trabajas en una oficina de correos y te dicen: “Si el cliente te pega, haz eso; si el cliente te viola, haz aquello”. ¿Este tipo de trabajo sería legal? ¿Si es tan común? ¡No lo creo! Un trabajo donde sufres una tasa de mortalidad 40 veces más elevada que en cualquier otro trabajo no sería legal, todos los sindicatos estarían en contra. Pero, en el caso de la prostitución, los supuestos sindicatos dicen: “Adelante, muy bien. ¡Fantástico!” Es como en El mundo al revés, de Eduardo Galeano. La prostitución es el mundo al revés. Cualquier sindicato dice: “nuestro trabajo es muy duro, nos tratan mal”... e intentan demostrar que es una tarea peligrosa, que se tendrían que reducir las horas, además de luchar contra los patrones de la industria. Los supuestos sindicatos de la prostitución dicen: “nuestro trabajo es fantástico, no sufrimos”. Dicen que la zona roja de Ámsterdam tiene que estar abierta las 24 horas del día. Yo les pregunté si alguna vez habían tenido un conflicto laboral y me respondieron: “¡Noooo!”.
- ¿Qué hay detrás de los 'sindicatos de trabajadoras sexuales'?
- El movimiento global del trabajo sexual tiene la misma estructura por todas partes. Son grupos de 3 o 4 personas en cada país, con muy pocas personas que realmente están en la prostitución. Siempre los solicitan para que hablen con los medios de comunicación. Después hay algunos académicos, trabajadores sociales, sex liberals, gente queer que les da apoyo. En Inglaterra son los proxenetas, patrones de las agencias de escorts, o en Holanda, el Estado mismo, quienes financian este movimiento.

- En el libro explicas la paradoja que supone el hecho de que la prostitución sea reivindicada como un trabajo, pero, en la práctica, se tenga que esconder que es un trabajo...
- Yo digo que la prostitución es una mentira. El hombre que compra sexo, ¿qué quiere? ¿Quiere a una mujer que actúe como una trabajadora? ¡No! Porque una trabajadora mira el reloj, está pendiente del final de la jornada. El hombre que compra sexo quiere a una mujer que esté siempre pendiente de él, alguien que, una vez recibe el dinero, actúe como si estuviera en una cita normal. Ella tiene que hacer que el cliente olvide que es una prostituta y lo tiene que convencer que está allí porque está muy caliente, de que tiene orgasmo tras orgasmo. ¡Los hombres creen eso! Si vas a internet a ver foros de puteros, dicen: “Ah, mira, esta mujer se corrió cuatro veces”. Y piensas: ¡qué tonto! ¿Cómo puede creer que se corrió cuatro veces si seguro que estaba pensando en otra cosa? Es obvio que, para ella, es muy difícil y aquí es donde empieza la disociación, la reificación. Porque ella tiene que actuar como si estuviera en una cita normal, pero, a la vez, intenta apagarse, no pensar y no sentir porque, si no actúa así, no aguantará la prostitución. Es una estrategia de autodefensa.

- En el libro hablas de la disociación en la prostitución, ¿por qué?
- Porque todos, todos los estudios internacionales sobre la experiencia de la prostitución muestran esto, la disociación. Si lees testimonios de la prostitución, no importa si la mujer está a favor o en contra, siempre dice lo mismo: que no piensa en sexo cuando ejerce, que piensa en otra cosa porque, si no fuera así, no aguantaría tener diez clientes o más al día. Y claro está, acaba no teniendo sexo. Por eso la mujer prostituida es la mujer más asexual que existe.

- También explicas que hay sectores que minimizan la realidad de la trata de personas, como Laura Agustín. ¿Cómo es posible?
- Agustín dice que “la trabajadora sexual migrante es muy afortunada porque es súper cosmopolita” y que, si está encerrada en algún lugar “ella prefiere eso porque puede pasar todo el día ganando dinero”. Es muy fuerte, es de un cinismo inmenso. Primero de todo, la diferencia más importante entre la prostitución y la trata de personas es que la víctima de este segundo sistema no gana dinero, es una esclava, no gana nada, mientras que la prostituta quizás se queda con un poco de beneficio, si tiene proxeneta. Esta esclavitud, la trata, es una consecuencia de la prostitución y eso es muy obvio. Hay muy pocas industrias -especialmente hoy, cuando hay tanto paro y tanta migración– que tengan que salir a secuestrar personas, ¿verdad? La mayoría de las industrias tienen gente esperando encontrar trabajo y no tienen que gastar dinero para ir a Ucrania o Rumania a secuestrar gente. Este hecho nos muestra de qué trabajo se trata. Mucha gente no lo quiere hacer, a pesar del paro que hay. Pero es obvio que, especialmente en los países ricos, hay mucha demanda y no hay tanta oferta. Entonces, claro está, la prostituta se gasta muy rápido y las quieren frescas, jovencitas. Si tú quieres una industria del sexo sólo con prostitutas voluntarias, será muy pequeña. No puedes tener una industria como en Alemania, el Estado español u Holanda sin trata de personas.

DE VÍCTIMAS A SOBREVIVIENTES
Los ataques contra la noción de víctima son muy fuertes por todos los países neoliberales. Hasta el punto de que nosotras mismas negamos la noción de víctima con eslóganes como “Ni víctimas ni pasivas, mujeres combativas”. En su libro, Kajsa Ekis Ekman defiende la noción de víctima. Contrariamente al dogma neoliberal que pretende que las víctimas son el contrario del sujeto, Kajsa argumenta que se puede ser víctima y sujeto y que vivimos una estigmatización muy fuerte del estatuto de víctima. Una víctima lo es porque otra persona le hace alguna cosa, no se trata de lo que haces tú, no se trata de tu actitud; una persona muy fuerte también puede ser víctima. Porque el contrario de sujeto no es víctima, es objeto y el contrario de víctima es agresor. El movimiento internacional de mujeres que han ejercido la prostitución se llama sobrevivientes, hecho que significa que no se es víctima para siempre, que se puede salir de la victimización. Hablar de sobrevivencia implica que se ha pasado por una experiencia muy dura. Algunos grupos representantes de este movimiento son Whisper (Women Hurt in Systems of Prostitution Engaged in Revolt), fundado por Evelina Giobbe; EVE (Formerly Exploited Voices Now Educating), Survivors Connect Network o blogueras sobrevivientes como Rebecca Mott, Trisha Baptie, Angel K o Rosen Hicher, que acaba de hacer una marcha de 800 kilómetros en Francia, para reivindicar la penalización de los clientes (medida que el Senado francés revocó este verano). En Suecia, existe el grupo PRIS, Prostitutes' Revenge In Society (la revancha de las prostitutas a la sociedad).






 ¿Reglamentar, prohibir o abolir?
En Europa, encontramos diferentes respuestas políticas ante la prostitución: los países que la reglamentaron a principios de ese siglo como Alemania, Holanda o Suiza y los países (neo)abolicionistas, como Suecia, Noruega, Islandia, Francia e Irlanda del Norte. Los primeros han despenalizado el proxenetismo y han equiparado la prostitución a “un trabajo como otro”, medida que ha comportado un auge de la trata de personas, reconocido en los mismos informes gubernamentales. La mayoría de mujeres de estos países no disfrutan de los derechos laborales prometidos por las reformas de la ley (porque la mayoría son inmigrantes clandestinas, entre otras razones). Los segundos, que han firmado la convención abolicionista de la ONU de 1949 (contra la trata de personas y la explotación de la prostitución de terceras personas), han equiparado la prostitución a una forma de violencia de género y han optado por penalizar la demanda y despenalizar a las mujeres (y hombres) que la sufren. Es el llamado modelo nórdico (ver el libro reciente The Nordic Model, de Trine Rogg Korsvik y Ane Stø), del cual el Estado español está bien alejado. El Estado español es conocido como “el mayor burdel de Europa”. El proxenetismo está parcialmente despenalizado desde 1995 y el actual anteproyecto de reforma del Código Penal del dimitido y abortado ministro de Justicia, Gallardón, pretendía despenalizarlo completamente. La prostitución está presente en los anuncios de periódicos-proxenetas, que –a diferencia de los grandes rotativos europeos– consiguen beneficios astronómicos gracias a la explotación sexual (El País gana más de cinco millones de euros anuales con este tipo de publicidad). Tenemos una patronal de proxenetas legal, la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Compañía (Anela), que mantiene relaciones cordiales con la extrema derecha, como han demostrado las investigaciones del periodista Joan Cantarero. En el norte de Cataluña, en la Jonquera, se han instalado cómodamente diversas fábricas de explotación sexual de mujeres, megaburdeles que algunos denominan Paradise (¿paraíso para quién?), donde el 80% de los clientes son franceses. Diferentes ordenanzas prohibicionistas completan un panorama desastroso en términos de derechos humanos de las personas que son prostituidas y que, a diferencia de Suecia, son criminalizadas. El abolicionismo no es prohibicionismo; este último es el modelo legal en Estados Unidos (excepto en Nevada, donde la prostitución es legal), China o la mayoría de países árabes.

(*) Entrevista realizada y traducida por Glòria Casas Vila, socióloga, activista feminista @glorinsurgent. La primera versión de esta entrevista fue publicada en diciembre de 2014 en catalán en el semanario de información independiente La Directa (@La_Directa), número 374. La entrevista ha sido traducida al italiano por Nicola Tanno y publicada en enero de 2015 en la web de información alternativa Il Corsario.


Fuente






martes, 21 de enero de 2020

Kaisa Ekis Ekman-La periodista sueca que lucha contra la prostitución: "Solo fomenta el crimen, la mafia y la muerte de miles de mujeres"



La periodista sueca que lucha contra la prostitución: "Solo fomenta el crimen, la mafia y la muerte de miles de mujeres"
Por Isabel Valdés│Kajsa Ekis Ekman es una activista feminista que escribió acerca de la mercantilización de los cuerpos y que se presentó en España a dar cátedra sobre el capitalismo y el patriarcado.
El País de España
Publicada: 16/10/2019

Pasó dos años recorriendo Europa para investigar sobre los sindicatos de prostitutas, escribió El ser y la mercancía sobre cómo se mercantiliza el cuerpo de las mujeres en la industria de los vientres de alquiler, escribe para medios como The Guardian y tiene un discurso muy claro sobre el capitalismo y el patriarcado. Kajsa Ekis Ekman es periodista, escritora y activista y está en España dando cátedra en el seminario Entre patriarcado y capitalismo: la historia de la prostitución como doble opresión.

Para ella hay una parte del feminismo que es lucha de clases y otra que no. Es el cuerpo, dice, lo que une a las mujeres, en todo el mundo, de todos los niveles sociales. "Las experiencias de parir, menstruar, sufrir el riesgo de acoso, violación, discriminación... Nos pasa a ricas y pobres". Está en contra de la corriente que "quiere adulterar el nombre 'mujer' y decir que mujer es cualquier persona que se identifica con el rol femenino". Asegura que no, que la mujer es una realidad, "no un estereotipo". Y ve la lucha de clases en el trabajo: "Las mujeres trabajadoras hacen el trabajo más fundamental en cualquier sociedad. Parir, cambiar pañales, limpiar, dar de comer, enseñar a leer, a portarse bien, cuidar a los enfermos. Sin eso ninguna sociedad puede funcionar. Son los trabajos o no remunerados o mal pagados. Ahí no tenemos a las mujeres de clase alta en nuestro lado". En esta entrevista habla sobre feminismo, movimientos y, sobre todo, sobre la prostitución, sus consecuencias y las herramientas legales para combatirla.


Kajsa Ekis Ekman



Durante décadas se puso el foco del feminismo en las víctimas (las de violencia sexual, maltrato, prostitución, trata, violencia psicológica), ¿es el momento de empezar a cambiar ese foco hacia los perpetradores y el sistema que los mantiene?

Hablar de víctimas no es controvertido: nadie cuestiona a un ONG ayudando a las víctimas de trata o una campaña mediática sobre víctimas de abuso. Hasta el culto de la codependencia contribuyó a culpabilizar a las víctimas, quienes reciben el consejo de analizar sus propios defectos como causa del abuso. Dirigiendo la mirada hacia los abusadores provocamos un cambio de perspectiva en muchos sentidos: legislativo, mediático, académico y psicológico. En Suecia se produjo ese cambio en términos legales en 1999 cuando, por primera vez en la historia, el comprador de servicios sexuales empezó a ser penalizado. En España veo también que los medios de comunicación ya no hablan de "mujer asesinada" o "mujer violada" sino de "un hombre mató a su esposa". Ese es un lenguaje que visibiliza al abusador.

Un cambio en el lenguaje para un mundo en el que el auge del neoliberalismo está cambiando los mecanismos, las herramientas y los procesos del patriarcado. ¿Cuál cree que es el que mejor le está funcionando ahora a este sistema?

Hay cosas que cambian y cosas que no; la prostitución como tal no cambió mucho y tampoco la violencia de género. Lo que sí cambió son las formas de legitimar la opresión: las mismas prácticas que antes se defendían con el orden divino y la biología hoy se defienden con la libre elección, el empoderamiento y la diversidad. Es una forma de apropiarse del discurso radical de los años setenta y en adelante. Yo sí creo en la libre elección, es decir, la elección de los libres. El abusador decide abusar. Ni la biología lo impone ni la mujer engaña. Hace poco leí el testimonio de Paula Zubiaur, Gritos silenciosos, sobre una mujer abusada físicamente por su marido durante el franquismo. El régimen en casa era una dictadura: aquí mando yo, yo soy Dios. Hoy los abusadores ya no se presentan como dictadores sino como víctimas. "Ella me maltrata, las mujeres son violentas también...". Hay un nuevo movimiento de "hombres-víctimas" que es mucho más manipulador porque es el mismo abuso pero con disfraz de víctima y capaz de atraer la simpatía de las mujeres abusadas.

¿Cuál creés que es el principal obstáculo del feminismo en esta lucha que se extiende desde la calle a las redes sociales?

El feminismo de hoy es mucho más amplio que el de los años sesenta y setenta. Éramos miles, ahora somos millones. Lo más fuerte es que somos intelectuales y populistas a la vez. Somos el sueño de toda izquierda. Desarrollamos teorías y estamos en la calle, y como cada mujer es el sujeto de la lucha, tenemos una herramienta muy fina para juzgar las teorías: nuestra experiencia. Si una teoría es verdadera, es como si se iluminara la noche con una fuerte luz, porque nuestra experiencia es la base con la cual comparamos la eficiencia de la teoría. Hemos pasado por una época muy oscura, posmodernista, donde nos enseñaban a amar la opresión como subversiva, secuestrando al pobre Foucault por sus fines; la época que empieza ahora tiene muchas más posibilidades.

Entre ellas las que da Internet, las redes sociales. ¿En qué creés que ayuda más la presencia virtual del feminismo y en qué perjudica más?

Cuando las leyes, y la aplicación de las leyes no funcionan, las redes son una herramienta fantástica para poder reclamar justicia. En Suecia tuvo mucho impacto el movimiento Me Too. Mujeres que anteriormente habían denunciado a sus violadores sin éxito ahora salían a las redes para hablar públicamente. Los violadores cayeron como bolos: periodistas, famosos, hasta un artista muy cercano a la Academia, quien había estado violando y abusando de mujeres durante décadas con impunidad total. Sin las redes no hubiera pasado esto. La misma función utiliza Shaun King del movimiento Black Lives Matter en los Estados Unidos contra la brutalidad de la policía. También hay un peligro evidente; cualquier persona puede decir cualquier cosa y nadie sabe si es verdad.

Esa democratización del discurso que ofrece la web también llegó al debate sobre prostitución y alquiler de vientres, ¿son dos formas de esclavitud del siglo XXI?

La prostitución y los alquileres de vientres son dos lados de la misma moneda. Ambas convierten a la mujer en mercancía, ambas comercializan lo que es más fundamental en la vida humana, sexo y reproducción; ambas tienen como superestructura el mito de la libre elección y la idealización de la cosificación y son mutuamente exclusivas. Ningún prostíbulo quiere aceptar a un hijo fruto de sexo comprado. Ningún comprador de vientres de alquiler tiene sexo con la madre. Como dijo Marx, la burguesía se forja un mundo a su imagen y semejanza; así crea el hombre patriarcal un mundo donde separa entre sexo y reproducción, putas y santas, amantes y madres. Eso, literalmente, forma dos industrias.

En cuanto a prostitución, Suecia tiene la mejor ley para luchar contra ella. ¿cómo creés que puede evolucionar esa legislación?

Estoy muy orgullosa de la ley. El hecho de que nadie nos pueda comprar es fantástico. El número de hombres que compran sexo bajó, los niveles de trata son mucho más escasos que en Finlandia y Dinamarca. Los jóvenes no piensan que son más machos por comprar sexo, al contrario, lo ven como algo repugnante que solo los asquerosos que no pueden conseguir mujeres tienen que hacer. Incluso el estigma de haber estado en la prostitución está desapareciendo. Las sobrevivientes hoy hablan de una manera que hubiera sido impensable hace 30 años. Una ley, sin embargo, no es nada sin su aplicación: el éxito depende del trabajo de la policía. En las ciudades donde hay unidades que trabajan con este tema los resultados son muy buenos y si de repente aflojan, se nota inmediatamente. En Estocolmo los resultados son muy buenos gracias a un excelente trabajo. Hubo un intento de criminalizar también la compra de sexo en el exterior, como se hizo en Noruega, pero no resultó,desafortunadamente. Además, habría que modernizar la ley para poder atacar a los sitios web que ofrecen servicios como los de los sugar daddies (relaciones basadas en un intercambio económico, hombres mayores y mujeres jóvenes que, por dinero, entablan una relación), que es prostitución oculta.
Europa tiene formas dispares de luchar contra esto, ¿cuál pensás que es el país que va en el mejor camino?

Francia tiene una ley abolicionista que es mucho más amplia que la sueca. Creo que sería un ejemplo para España también, porque en Francia sí había prostitución antes de la ley. En Suecia había muy poca, eran unos cuantos proxenetas drogadictos, pero no había una verdadera industria.




Para investigar parte de esa industria, pasaste dos años recorriendo Europa conociendo los sindicatos en esta área, ¿cuál fue la principal conclusión que sacaste?

Que los supuestos sindicatos no son sindicatos. Son lobbies con la meta de obtener una legalización total de la industria. Algunos son fundados por estados como en Holanda, otros por proxenetas como en Reino Unido, algunos son activistas como en Francia. Pero no encontré ni un solo sindicato, en el sentido de una organización fundada y pagada por miembros que luchan contra los dueños de la industria. La pregunta obvia a una organización que se autoproclama sindicato es: ¿qué lograron? Si no obtuvieron ni un solo beneficio, ni una reducción de horas laborales, ni precios más altos, ¿qué tipo de sindicato es? Además cabe decir que hasta desde una perspectiva monetaria, olvidando por un momento los derechos humanos, una legalización de la industria de sexo reduce los precios, mientras el precio de un acto sexual en Suecia es muy, muy alto porque hay poca oferta.

Aunque la apropiación del cuerpo de las mujeres es secular, ¿percibís que el incremento de partidos conservadores está recrudeciendo el proxenetismo global?

La industria de sexo no tiene nada que ver con la división política. Tiene que ver con los derechos humanos, y hay gente que lo entiende y gente que no. Y tiene que ver con la demanda y el acceso. Si hay una industria legal y abierta, obviamente más hombres compran sexo. En Alemania uno de cada cuatro hombres compran sexo. En Suecia uno de cada 13. Simplemente los argumentos a favor de la prostitución cambian según la orientación política: la derecha dice que es algo que siempre existió y que eso no cambiará nunca, la izquierda dice que es un derecho vender sexo. Se puede pintar la mierda en muchos colores, pero sigue siendo caca.

¿Cuál creés que es la razón de que los gobiernos no pongan freno a la mercantilización de los cuerpos de las mujeres de forma efectiva con instrumentos legales?
Cada día hay más gobiernos que lo entienden. Ahora en Alemania, por primera vez, hay una mayoría parlamentaria a favor del modelo abolicionista. Y en Nueva Zelanda se está mostrando que la descriminalización fue un fracaso total. Mira, yo siempre digo: la prostitución es sexo entre dos personas, una que quiere y una que no. Y es así de simple. ¿Cómo es posible tener sexo con alguien que no te quiere, que siente asco por vos? La industria fomenta una falta de respeto total hacia la voluntad de las mujeres, el deseo de las mujeres. Fomenta crimen, mafias, venta de nenas, la muerte prematura de miles de mujeres... ¡Y no tiene ni una sola ventaja! No trae absolutamente ningún beneficio para la sociedad. Y si desaparece, nadie la extraña. Los hombres tienen que encontrar mujeres que sí quieran tener sexo con ellos.

Y después de hablar de "cuerpos" ¿cómo de erróneo es ese concepto? Durante varios siglos se ha disociado el cuerpo de la mente, sin embargo, el ser humano es una entidad completa. ¿Cuánto ha afectado esto a la cosificación de los cuerpos de las mujeres? ¿Cómo afecta todavía?

Decía Anne Mignard en Les Temps Modernes en 1976, "uno no tiene un cuerpo, uno es un cuerpo". La división religiosa entre alma y cuerpo se convirtió hoy en una manera de disociación bajo el régimen capitalista. "Yo vendo mi cuerpo, pero no me vendo a mí misma". Así las mujeres en prostitución tratan de sobrevivir, guardando su alma, acomodando el cuerpo. En psicología se llama disociación, en marxismo se llama reificación, pero es la misma cosa. El acto de separarse de su cuerpo, de no sentir su cuerpo. Los testimonios de la prostitución hablan muy claramente de eso. ¿Y no está ahí la paradoja? El sexo es un acto donde se supone que dos personas se unen para disfrutar juntos de sus cuerpos, y aquí pasa lo contrario. Una persona disfruta, la otra persona disocia. Y la primera persona ni se da cuenta. Acá está la tragedia del prostíbulo.


Fuente