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domingo, 2 de enero de 2022

Sabemos quiénes somos y lo que queremos

 

Sabemos quiénes somos y lo que queremos

16/08/2021

AUTORA

Puri Liétor

Psicóloga sanitaria y activista Feminista

“El porno es un producto cultural y económico que ha sido diseñado y creado por varones y destinado mayoritariamente al público masculino, donde se erotiza la subordinación de las mujeres y se transforma en una fuente de placer masculino: el placer del poder. El imaginario pornográfico contiene relatos cuyo elemento narrativo es la violencia, a veces extrema, contra las mujeres. El porno no es ficción, crea realidad y lo hace para disciplinar a las mujeres, ya que el estatuto fundamental de las mujeres en los relatos pornográficos es el de proveedoras del placer de los varones, lo que contribuye a moldear la sexualidad de las mujeres desde el interés masculino, y ha tenido como consecuencia que se haya impuesto una interpretación masculina de la sexualidad en el imaginario colectivo.

 

Por eso la pornografía y la prostitución van de la mano, y podemos afirmar que una de las funciones que cumple la pornografía es la de ser la pedagogía de la prostitución.

 

Marta Elisa de León, que estuvo durante diez años en el mundo de la prostitución, explica en el libro que escribió en 2012 sobre su experiencia: “Mi conclusión: casi todos los hombres están programados y la culpa, en parte, es de la pornografía. Toda esa imaginería tan exagerada y antinatural, hace mucho daño. Muchos hombres viven tan enganchados a todo ese mundo de imágenes que luego son incapaces de sentir deseo por algo que no esté dentro de esos parámetros. Y tampoco saben relacionarse con normalidad con una mujer, porque no tienen otra referencia mental salvo la pornográfica”. (Marta Elisa de León, “Las ocultas. Una experiencia de la prostitución”).

 

Las representaciones pornográficas enseñan a puteros y mujeres prostituidas a normalizar un imaginario sexual en el que la agresividad y el sadismo contra las mujeres forma parte de la industria de la explotación sexual”.

 

Estos fragmentos pertenecen al último libro publicado por la prestigiosa socióloga Rosa Cobo Bedía, “Pornografía. El placer del poder”, y la hipótesis central que desarrolla en este trabajo es la visibilización de los grupos masculinos con poder económico y cultural que están proponiendo a la conciencia de nuestra época una redefinición de lo masculino y de lo femenino.

 

La reorganización del capitalismo y la reestructuración del patriarcado se alimentan y sostienen gracias a la sexualización y mercantilización de las mujeres, y su alianza ha normalizado una nueva categoría de mujeres, las servidoras, en concreto servidoras sexuales, laborales y domésticas, que tienen en común una situación socioeconómica de desamparo que las conduce a transitar por los circuitos de supervivencia del capitalismo global.

 

Y eso es posible porque el modelo socioeconómico globalizado actual mantiene la misma desigualdad estructural ancestral que impone una socialización diferencial para mujeres y para varones, y a través de los usos, las normas, las costumbres, las leyes y las políticas públicas, o precisamente por la carencia  de éstas, mantiene la subsidiariedad de las mujeres respecto a los varones. Y a los varones esta subsidiariedad nunca ha parecido molestarles, en ninguna de sus variantes, ni la han considerado impropia, al contrario, la han institucionalizado para normalizarla. Pero esta flagrante injusticia fue denunciada desde sus inicios por  el pensamiento Feminista, articulado después en una Teoría ética y política Feminista y estructurado en una Agenda Feminista con propuestas, objetivos y vindicaciones, que en todo momento han rechazado todas y cada una de las variantes en que se reproduce esta subsidiariedad, y consecuentemente han exigido su eliminación.

 

Y en el siglo XXI, desgraciadamente, aún se mantiene como uno de los objetivos de la Agenda Feminista  la Abolición de la pornografía y la prostitución:

 

–”Prostitución en Cuba: “Ahora trabajamos por internet” (18/2/21): María (seudónimo), con solo 17 años de edad, es una de las jóvenes cubanas que se dedica al negocio del sexo. Desde muy joven recae sobre sus hombros todo el peso del sustento económico familiar; por eso se prostituye desde los 14 años. “Mi familia y yo estamos sobreviviendo ahora, debido a la pandemia, gracias a Internet y las redes sociales.  Hago videollamadas en vivo, bailo, me masturbo, hago todo lo que me piden, a lo único que no llegamos es a la penetración pero así ellos resuelven sus ganas y mi familia y yo nuestra supervivencia.  Recuerdo que de niña  muchas veces me acosté con un vaso de agua con azúcar en la barriga. Mi padre ganaba muy poco y apenas alcanzaba para comer, así que cuando vi la posibilidad de sacar dinero de mi cuerpo no lo pensé dos veces porque no tuve muchas opciones”.

 

Rosa (seudónimo) siguió el mismo camino que María: optó por la prostitución para tener con qué alimentar a su madre y sus hermanas. “La primera vez que me acosté con un extranjero la recuerdo como el peor día de mi vida. Yo era casi una niña y aquel viejo tenía casi 80 años. Cuando empezó a tocarme yo me quería morir, explica la joven. No sabes el asco que se siente cuando te acuestas con alguien que no te gusta. Ahora, aunque obtengo menos dinero y sigo teniendo que hacer cosas que no me gustan es una ventaja no tener que acostarme con ellos, aunque tendré que seguir así porque no hay nada más para mí”.

 

 –“La indiferencia de la Universidad Colombiana ante la prostitución de sus estudiantes” (18/5/20): El principal argumento de quienes ejercen esta actividad es que el motivo para ello es la difícil situación económica y los altos precios de las matrículas. También está la modalidad de intercambiar sexo por calificaciones, que es otra extensión crítica de la situación. En 2017 el psicólogo e historiador Juan Manuel Estrada Jiménez escribió el libro “Universidad y Prostitución“: “En muchas universidades son famosos los catálogos de estudiantes que ofrecen servicios sexuales. Hay catálogos especializados en atención a extranjeros.  La prostitución se naturalizó en las universidades. Las nuevas generaciones han sido condicionadas para actuar sin prever las consecuencias o sin importar que sus decisiones engendren consecuencias negativas. La indiferencia de autoridades administrativas y académicas representa una cómplice validación de estas prácticas.  Mientras la joven pague la matrícula y aporte dinero a los dueños del negocio (que por lo general son empresarios y políticos, no académicos o investigadores), nada importa lo que pase”. Según Estrada, “las universidades católicas que se pronuncian en contra de sentidas necesidades como la del aborto legal y gratuito, no hacen nada por enfrentar y frenar la prostitución universitaria”.

 

Así mismo, concluye que “enfrentar la prostitución universitaria, implica para la universidad desenmascarar su propia indiferencia ética frente a la educación y a las crisis sociales”.

 

         –Prostitución: ¡nunca más! (18/9/2018 Por: Sandra Norak, superviviente de la prostitución, y la Dr. Ingeborg Kraus, psicóloga clínica y psicoterapeuta experta en trauma):  “Cuando se habla de prostitución en la sociedad alemana, se observa cómo la ley regulacionista de 2002 ha promovido la idea de que ésta es un trabajo como cualquier otro. Pero la prostitución deja profundas cicatrices en el cuerpo y en el alma. La salida no es comparable a un simple cambio de trabajo. Una vez atrapadas en el sistema prostitucional, es muy difícil salir y muchas no lo consiguen jamás. Para estar en situación de prostitución, y soportar las incontables penetraciones de desconocidos, que siempre van unidas a una violencia inmensa e inconmensurable, humillaciones, mentiras y la mayor ausencia de humanidad, es necesario tomar una actitud que minimice activamente la violencia, como creer que no es tan horrible y se puede sobrellevar. Psicológicamente es posible recurrir al mecanismo de disociación como una estrategia de autodefensa, pero las secuelas psicofisiológicas que siempre comporta su recurso son persistentes y altamente incapacitantes.

 

Ninguna mujer tendría que recurrir a estrategias que minimizaran el impacto que el comportamiento violento de sus semejantes, normalmente varones, les ocasiona, y mucho menos debería ocurrir contando con la complicidad de los poderes públicos, cuya perpectiva economicista se ve reflejada en decisiones políticas que permiten que la violencia sexual en forma de prostitución no sea reconocida como tal por la sociedad ni por el Estado, sino que se trivializa como un servicio viable.  A las personas prostituidas, la legalización de la compra de sexo les enseña que la violencia que experimentan no es tal, porque pueden ser compradas para uso sexual. El Estado señala con su legislación liberal que la prostitución no es violencia sino un trabajo. Este punto de vista se acepta, incluso en muchos centros de asesoramiento. Es peligroso porque se incita a la prostitución sin informar en primer lugar de la inmensa violencia a la que quedan expuestas.

 

Cuando mi proxeneta me arrastró (Sandra) a un burdel por primera vez y siendo yo adolescente, tuve un mal presentimiento y quise huir. Era joven e insegura y no sabía cómo comportarme o el peligro que corría. Me introdujo a la prostitución insistiendo en que todo era normal y no debía ser tan estrecha. Recordé el posicionamiento de nuestro gobierno afirmando que es un trabajo, y que los proxenetas y directores de burdeles, son entrevistados en programas “serios” en los que se refieren a ellos como empresarios en lugar de como criminales. Recordé que describen la prostitución como si no fuera realmente una mala experiencia. Precisamente esa imagen de normalidad es la que también nuestro Estado comunica con su legislación. Así que por eso me fue todavía más difícil ver que estaba deslizándome hacia un entorno de violencia criminal. No es así como describían la prostitución ni como lo hacen ahora tampoco. Justamente nuestro Estado es responsable de dar ejemplo y orientar a las personas jóvenes y vulnerables. Si mediante la prohibición de la compra de sexo el Estado me hubiera indicado claramente: “la prostitución es violencia y una violación de la dignidad humana” entonces, ese traficante de personas lo habría tenido mucho más difícil para meterme en la prostitución. La triste verdad es que nuestro Estado ha asumido la violencia sexual contra las mujeres como algo normal. Eso es lo que demuestra esta legislación liberal sobre la prostitución y eso es lo que aprende la gente; así es como crecen los niños, creyendo que no es violencia que personas en prostitución sean penetradas y despojadas de su dignidad a diario”.

 

        -PROSTITUCIÓN Y TRATA DE SERES HUMANOS CON FINES DE EXPLOTACIÓN SEXUAL. MÉDICOS DEL MUNDO: Médicos del Mundo considera que la trata de seres humanos con fines de explotación sexual y la prostitución son dos realidades indisociables, que representan una vulneración sistemática de los derechos humanos, como parte de una estructura desigual de género, adoptando un posicionamiento abolicionista frente a la prostitución. Dentro de nuestras acciones consideramos importante poner énfasis en la incidencia política para lograr cambios normativos que protejan a las personas en situación de prostitución y documentamos activamente la vulneración de derechos que sufren, a través de la recogida de testimonios que llevan a cabo nuestros equipos.

 

En los 25 años que llevamos interviniendo con este colectivo, hemos atendido a cerca de 100.000 personas en situación de prostitución y constatando que este hecho vulnera los derechos humanos de las mujeres implicadas y afecta muy negativamente a su salud física, psíquica y social. Sufren estigma social y violencia sistemática, como comprobamos en nuestro trabajo de campo: los testimonios sobre clientes prostituidores que recurren al chantaje emocional para la realización de prácticas de riesgo y las agreden física y verbalmente son alarmantemente frecuentes. Las consecuencias del ejercicio de la prostitución para la salud mental son similares a las que sufren las personas sometidas a torturas.

 

        -”Armengol y Montero analizan los trabajos realizados en Baleares contra la prostitución” (16/7/21): La presidenta del Govern, Francina Armengol, y la ministra de ¿Igualdad?, mantuvieron  un encuentro con representantes del Grupo de Estudio de la Prostitución en Baleares, en la que se han tratado diferentes cuestiones relacionadas con las actuaciones que se han llevado a cabo durante los últimos años para luchar contra la prostitución y la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, así como de los proyectos de futuro. Una de las cuestiones que se ha tratado es el estado del proyecto ‘Red de comunidades autónomas por una vida libre de violencia para las mujeres en contextos de prostitución y la eliminación de la trata y la explotación sexual infantil y adolescente’ que lidera Baleares, con la participación de siete comunidades autónomas más y la ciudad autónoma de Melilla.

 

También se ha hecho entrega a la ministra de dos proyectos recientes: el Estudio sobre la prostitución, la trata y la explotación sexual en Baleares, y la Guía para la actuación ante casos de explotación sexual en la infancia y la adolescencia (ESIA).

 

Este es un fragmento de la presentación de Maria Duran i Febrer, Directora de l´Institut Balear de la Dona, del Estudio sobre la prostitución, la trata y la explotación sexual en Baleares: “En España los datos de los consumidores de prostitución son escalofriantes. Se calcula que el 39% de los hombres y jóvenes han acudido al menos una vez al sistema prostitucional, que es el mismo sistema que introduce los niños a la pornografía y en que se inician en la sexualidad un buen número de jóvenes, que esperan de sus parejas el mismo comportamiento sexual que han visto y, si se niegan, les queda el recurso de conseguirlo en la prostitución. De esta manera se retroalimenta el patriarcado.

 

La pornografía desmembra la sexualidad de la afectividad y esta banalización de la sexualidad, el abuso y la violencia sexual a menores tiene como consecuencia que, cada vez más, la infancia y la adolescencia sean objetos de explotación sexual, otra modalidad de prostitución que no sólo afecta el presente, sino que condiciona el mañana.

 

Desde el IBDONA queremos dar las gracias al equipo de la UIB y las entidades y personas colaboradoras que han hecho posible la elaboración de este estudio, que nos ofrece una radiografía del sistema prostitucional que nos muestra cómo afecta a las mujeres y niñas que forman parte, las causas para que las acceden a la prostitución y las consecuencias de ello en su salud y su vida, sin olvidar el papel que desempeñan en la aplicación de la violencia sexual  el cooptador y el prostituidor”.

 

Estudios e informes actualizados y precisos sobre la situación de la prostitución en España en el momento presente, reflejan las mismas conclusiones que en 2007 reflejaba el Informe presentado por la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer y de la Igualdad de Oportunidades sobre la situación de la prostitución en España:

 

“El posicionamiento al que se ha llegado es que la actividad de la prostitución vulnera los derechos humanos de las mujeres prostituidas y perjudica gravemente su salud y su calidad de vida, constituyendo una forma más de violencia de género:

 

— Que la inmensa mayoría de las mujeres prostituidas en nuestro país proceden, también en su inmensa mayoría, de países empobrecidos o en conflicto y llegan a España a través de redes de trata y tráfico o bien impulsadas por una necesidad vital.

 

— Que en el debate social acerca de la prostitución no se encuentra de buen gusto reflejar las actividades que se llevan a cabo en la actividad de la prostitución, ocultando de esta manera la principal fuente de disconfort e insalubridad de la misma y que esta restricción es tan absurda como pretender hablar de arquitectura sin que puedan mencionarse los planos, pero favorece a quienes se benefician de ella: tanto proxenetas como usuarios”.

 

La presentación de un Anteproyecto de Ley contra la Trata en lugar de la presentación de un Anteproyecto de Ley contra el Sistema Prostitucional, por parte de este Gobierno de Coalición, supondría una clara dejación de funciones a la hora de prevenir la violencia sexual inherente en la actividad de la prostitución, ejercida tanto por proxenetas como por prostituidores.

 

ES INADMISIBLE Y POR ESO NO LO VAMOS A ADMITIR.

 

Y acabo mi artículo como lo empecé, recogiendo las palabras de una mujer referente del Feminismo y la Sociología, la maestra Rosa Cobo:

 

“Como conclusión se puede decir que tanto la pornografía como la prostitución se han consolidado como un hecho político de carácter patriarcal que mercantiliza el cuerpo de las mujeres, promueve la desigualdad y fortalece el poder y el dominio masculino”.

Vamos a exigir a este Gobierno de Coalición políticas públicas y medidas legislativas enmarcadas en la Agenda Feminista, porque es la única garantía para que pueda conseguirse la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres a la que tenemos derecho.

 

#HartazgoFeminista

#LeyAbolicionistaYa

#PorUnaSociedadIgualitaria

 

Fuente

https://tribunafeminista.elplural.com/2021/08/sabemos-quienes-somos-y-lo-que-queremos/?fbclid=IwAR0AC-OF9qkIR-PiGzDNzDtxZEOC4vv3H4nQ8kNfiAq1iMzN0w6VopETDSM

lunes, 31 de mayo de 2021

Preguntas y respuestas sobre pornografía (parte II)

 

Preguntas y respuestas sobre pornografía (parte II)

21/12/2020

 

Grupo feminista radical, apartidista, de ambito estatal. Divulgar el feminismo y promover y realizar acciones para la abolición de la prostitución, el alquiler de vientres, la pornografía y género

Continuando con nuestro trabajo sobre pornografía, en esta segunda parte nos detenemos en las propias “actrices”, los abusos que pasan y su sufrimiento. De nuevo con el formato de preguntas que, como en la entrega anterior, Maddi Beguiristain Garaikoetxea hizo a Mujeres por la Abolición.

 Las directoras porno “feministas” que son entrevistadas dicen que en el porno es legítimo representar todo tipo de fantasías porque se trata exclusivamente de ficción. ¿Qué opina de que en el porno se simulen situaciones de violación u otro tipo de escenas agresivas?

Para empezar, lo que ocurre ante una cámara NO ES FICCIÓN, le está ocurriendo a una mujer real, de carne y hueso. Y escenificar una situación de terror, miedo, algo tan terrible como una violación, o tener que simular una escena físicamente violenta, no puede desligarse de lo que sucede en la realidad, en la vida de estas mujeres.

Aunque se esté actuando o fingiendo, lo que se está relatando es palpable, y que una mujer tenga que gritar “por favor, no me violes” mientras un hombre la penetra, resulta, cuanto menos, atroz.

Escenificar algo tan horrendo puede llevar a las mujeres a revivir situaciones horribles, o incluso a sufrir mucha angustia por tener que interpretar algo tan cruel.

Por otro lado, para los hombres que “actúan” y para los hombres que “consumen” esos vídeos y esas escenas, esto supone que disfrutan, que sienten placer, se masturban y tienen orgasmos viendo cómo hay mujeres que sufren. Y el sufrimiento que ellos viven con placer, con el que ellos se corren, en sus mentes no deja de ser real.

Lo que deberíamos preguntarnos es: ¿Es acaso legítimo, razonable o ético, que haya hombres que disfruten imaginándose y viendo a mujeres siendo violadas? ¿De verdad podemos creer que esto puede ser compatible con una sexualidad sana (ya no digo ni feminista)?

-¿Existen mujeres que disfrutan el porno? ¿Cómo puede ser eso si en su opinión se trata de algo perjudicial para ellas?

Hay una frase fantástica de Lierre Keith que ayuda a comprender el que haya algunas mujeres que puedan “disfrutar” de su propia subordinación. Dice: “Lo brillante del patriarcado… (es que) no sólo naturaliza la opresión. También sexualiza los actos de opresión. Erotiza la dominación y la subordinación. Las institucionaliza como masculinidad y feminidad. Es decir, naturaliza, erotiza e institucionaliza la dominación y la subordinación. Lo brillante del feminismo, es que nos dimos cuenta”.

Efectivamente, las mujeres pueden llegar a naturalizar la opresión a tal extremo que den no sólo por normales, sino incluso como deseables, las relaciones sexuales basadas en la dominación-sumisión, y puedan así disfrutar del porno.

Pero es precisamente por esto que el feminismo debe cuestionar incluso el deseo, porque el deseo se construye, y porque a las mujeres, mediante la construcción de la feminidad, se nos ha enseñado a erotizar y disfrutar de nuestra propia subordinación. Las feministas creemos que esto no sólo es cuestionable, sino que ha de cambiar, porque supone una forma de mantener el status quo, y de hacer que las mujeres soporten todo tipo de violencias (en este caso la violencia sexual) y en todos los ámbitos (incluso en el ámbito de la pareja).

Citando a Patricia Hill-Collins, “las formas contemporáneas de opresión no fuerzan a las personas, rutinariamente, a someterse. En cambio, articulan un consentimiento hacia la dominación, de modo que perdemos la habilidad de cuestionarla y, por tanto, nos coludimos en nuestra propia subordinación”.

Por ende, la aceptación de la violencia que entraña la pornografía es la puerta a la aceptación de la violencia, en general, en las vidas de las mujeres. Por eso las feministas decimos que la pornografía “es real”, porque sus consecuencias son muy reales.

 

·         ¿En qué se diferencia el porno con una escena de sexo en una película? ¿Por qué considera una admisible y la otra no?

Las escenas de sexo que vemos en las películas, normalmente, son también un reflejo de las relaciones sexuales heterosexuales coitocentristas y falocentristas. Suelen mostrar actos sexuales centrados en el placer masculino, y exhiben una supuesta hipersexualidad femenina que, sabemos, no tiene nada que ver con la realidad (no hay más que ver los estudios sobre la brecha orgásmica, que demuestran que las mujeres heterosexuales son las que menos orgasmos obtienen, con respecto a otras mujeres, y también con respecto a los hombres, tanto hetero como homosexuales).

A este respecto, la “sexualidad en el cine” se asemeja a la sexualidad pornográfica. Al fin y al cabo, ambas se rigen por los mandatos del patriarcado.

 

No obstante, el objetivo de la pornografía es más explícito. Pasa de normalizar o naturalizar los roles de la masculinidad dominante (otorga poder absoluto a los hombres, en la escena y en sus casas) y de la feminidad sumisa (somete a las mujeres), a construir una sexualidad basada en estos roles.

La pornografía es uno de los pilares de los roles sexuales, del género. “El porno” idealiza una sexualidad en la que sólo entiende la interacción entre los sexos basada en una jerarquía. La pornografía es inconcebible fuera del marco de la opresión de las mujeres por parte de los hombres.

“El porno”, per se, es sexista, y condena a las mujeres a la servidumbre sexual, tanto a las “actrices” violadas frente a una cámara, como a las mujeres (e, incluso, niñas) que, a posteriori, padecerán eso en sus relaciones sexuales.

Y, por último, “el porno” es una de las bases, a día de hoy, de la cultura de la violación. Lo es, incluso de manera más firme que el sexo en las películas (aunque, como ya sabemos, en ellas lleguen a mostrarse también escenas de violaciones reales, como la de María Schneider en “El último tango en París”), porque lo hace sin máscara, sin camuflaje. “El porno” es explícitamente brutal, cruel, feroz… porque busca serlo, y porque quienes lo hacen saben que eso es lo que quieren los hombres.

Porque los hombres se acostumbran, y necesitan, y buscan actos sexuales cada vez más perversos y violentos, para satisfacer su deseo de poder. Y, para ello, se vuelcan en la pornografía, que les permite encontrar escenas cada vez más salvajes: desde violaciones (ni siquiera escenas en las que se “fingen”, sino violaciones reales, como sabemos que tienen páginas como Pornhub), sadomasoquismo, pederastia…

Por último, en la pornografía, las cámaras se dirigen hacia los orificios de las mujeres, porque imaginar a las mujeres, en su conjunto, haría que los hombres, quizá, atisbaran que, tras esos “agujeros” por donde han de penetrarlas, hay una persona.

La idea de la pornografía, su finalidad, es simple y llanamente deshumanizar a las mujeres hasta tal punto que los hombres puedan follarse sus agujeros sin pensar en lo que le pueda estar ocurriendo a quien los tiene, porque desaparece ese “quien”, y pasa a ser un “que”, un “algo”; la pornografía permite a los hombres no ver a las mujeres como seres humanos. La pornografía es un arma cargada y letal contra la empatía que un hombre pudiera mostrar a quien debiera ser su igual.



Como dice Gail Dines, “los sistemas ideológicos crean justificaciones para la desigualdad”, y “el porno” es un pilar fundamental para la desigualdad sexual y su justificación, hasta el punto de haber secuestrado por completo la sexualidad.

Dines explica que “El porno está, hoy en día, tan imbuido en nuestra cultura, que se ha convertido en un sinónimo de “sexo”, hasta el punto en que criticar el porno supone ganarse la etiqueta de “anti-sexo”… ¿Pero qué pasa si eres una feminista que es pro-sexo, en el verdadero sentido de la palabra: en el sentido de que eres pro-diversión, pro-placer, pro-lo maravilloso que puede llegar a ser el sexo, pero estás en contra de la pornografía (una forma de sexo que degrada, deshumaniza; un sexo que es típico y genérico, porque no se basa en la fantasía individual, el juego o la imaginación, sino que es el resultado de un producto industrial creado por aquellos que no se excitan con el contacto humano, sino con las ganancias que obtienen en el mercado)?”

La industria de la pornografía tiene un poder inmenso, no sólo económico, sino también de control social, que es mayor que la de la industria del cine. Imaginemos qué significa esto.

·         ¿Es posible destruir el patriarcado si mantenemos la pornografía?

Evidentemente, no. Para acabar con el patriarcado es imprescindible, a su vez, acabar con toda forma de explotación sexual y reproductiva de las mujeres.

El patriarcado se fundamenta sobre el uso y, en el contexto del capitalismo, la mercantilización de la sexualidad y capacidad reproductiva de las mujeres. Cuando las mujeres son mercancía, algo que se puede obtener, algo a lo que se puede tener acceso previo pago, es porque las mujeres son concebidas como un grupo con una autonomía menor. Es porque nuestra libertad se ve restringida por los mandatos de la sociedad patriarcal, que nos convierte a las mujeres en la propiedad privada de los hombres.

La pornografía, al igual que la prostitución, no sólo es una vulneración clara de los DDHH de las mujeres, sino que es un atentado contra los cuerpos de las mujeres. Porque, efectivamente, prostitución y pornografía son la misma cosa: porque una es prostitución grabada, la pornografía, y la otra es a la que acuden los hombres que, gracias a la educación que reciben en la pornografía, buscan liberar sus deseos de dominar, violentar, violar… a mujeres en carne y hueso, la prostitución.

Como bien dice Andrea Dworkin, cuando habla de la explotación sexual de las mujeres, dice: “Prostitución: ¿qué es? Es el uso del cuerpo de una mujer para el sexo por parte de un varón. Él paga dinero, él hace lo que quiere. En el minuto que te mueves de lo que es la realidad, te mueves de la prostitución al mundo de las ideas. Hay mucho que discutir, pero estarás discutiendo ideas, no prostitución. La prostitución no es una idea. Es la boca, la vagina, el recto, penetrado usualmente por penes, algunas veces por manos, objetos, por un varón, y luego otro, y otro, y otro y otro.  Eso es lo que es.

Les pido que piensen sobre nuestros cuerpos, si pueden hacerlo fuera de lo que los pornógrafos han creado en sus mentes, las monótonas y muertas bocas y vaginas y anos de mujer. Les pido que piensen concretamente en sus propios cuerpos usados de esa manera. ¿Cuán sexy es? ¿Es divertido? La gente que defiende la prostitución y la pornografía quiere que sientan una pequeña emoción cada vez que piensen en algo clavado en una mujer. Yo quiero que sientan los tejidos delicados de su cuerpo que están siendo abusados. Yo quiero que sientas lo que se siente cuando pasa una y otra y otra y otra y otra y otra vez. Porque eso es lo que es la prostitución.



La prostitución es, en sí, un abuso del cuerpo de la mujer. Las que decimos esto somos acusadas de ser simples. Pero la prostitución es muy simple. En la prostitución, ninguna mujer se mantiene entera. Es imposible usar un cuerpo humano de la manera en que se usa el cuerpo de las mujeres en prostitución y tener un ser humano entero al final de eso, o durante, o al principio. Es imposible. Y ninguna mujer se completa después.”

·         En definitiva: ¿Qué papel juega el porno en el feminismo? ¿Pueden ir de la mano?

El feminismo, en su defensa de las libertades y derechos de las mujeres, tiene como única vía el abolicionismo de cualquier forma de explotación sexual de las mujeres.

Es decir, que no podemos quedarnos en la superficie, y pensar que “el porno puede cambiar”. Parafraseando a Audre Lorde, “las herramientas del amo no destruirán la casa del amo”; o sea, la pornografía en ningún momento nos será de utilidad a las mujeres, ni conseguirá ninguna forma de “liberación sexual”, puesto que su objetivo primordial es la de perpetuar una sexualidad machista, misógina, y eso es incompatible con una sexualidad libre, sana, ni mucho menos feminista.

Haciendo otra vez alusión a lo que explica Sheila Jeffreys sobre la pornografía como propaganda, dice Susan Brownmiller que “la pornografía, como la violación, es una invención masculina dirigida a deshumanizar a la mujer para reducirla a un objeto de acceso sexual y no a liberar su sensualidad de inhibiciones familiares o moralistas… La pornografía representa la esencia pura de la propaganda contra la mujer.” Es decir, la pornografía es, y será siempre, violencia contra las mujeres y, por ello, contraria al feminismo.


Asimismo, según afirma Helen Longino, “La pornografía miente cuando dice que nuestra vida sexual (la de las mujeres) es o debe estar subordinada al servicio del hombre, que nuestro placer consiste en darle placer a los hombres y no a nosotras mismas, que somos depravadas, y que estamos dispuestas a ser objeto de violación, esclavitud, tortura y asesinato. La pornografía miente explícitamente acerca de la sexualidad de la mujer, y a través de tales mentiras fomenta aún más mentiras acerca de nuestra humanidad, nuestra dignidad y nuestra personalidad”.

El feminismo es un movimiento de liberación de las mujeres como clase sexual, y para la consecución de esa liberación, hay que acabar con todo aquello que sostenga al patriarcado: la prostitución, la pornografía, los vientres de alquiler, el género…

Por eso, y para poder vivir nuestra sexualidad libremente, hay que ser feministas, y hay que abolir la pornografía.

 

Mujeres por la Abolición

 

 

 

Grupo feminista radical, apartidista, de ambito estatal. Divulgar el feminismo y promover y realizar acciones para la abolición de la prostitución, el alquiler de vientres, la pornografía y género

 Fuente

https://tribunafeminista.elplural.com/2020/12/preguntas-y-respuestas-sobre-pornografia-parte-ii/?fbclid=IwAR2PD5NL1e5pVetkGNJUC6hymkELmSrA1BAIy9je48xao8Uod24HVUn_lXg






 

Preguntas y respuestas sobre pornografía (Parte I )

 Preguntas y respuestas sobre pornografía (Parte I )

25/11/2020

AUTORA Mujeres por la Abolición

 Grupo feminista radical, apartidista, de ambito estatal. Divulgar el feminismo y promover y realizar acciones para la abolición de la prostitución, el alquiler de vientres, la pornografía y género

 

En momentos en que el uso de la pornografía aumenta, como ha podido comprobarse durante esta pandemia que nos afecta, es cuando más debemos ahondar en lo que significa, en el daño que produce  y en los sistemas de blanqueo que se quieren divulgar. Para ello, hemos preparado, a modo de preguntas y respuestas, un trabajo que pretende ser didáctico a la vez que serio.

 

 ¿Opina que el porno “mainstream” está hecho para el disfrute de un público masculino? ¿Por qué?

 

La pornografía se edifica sobre una sexualidad basada en la dominación masculina, violenta y sádica con respecto a las mujeres. Los hombres, en la pornografía, y con ésta mediante, logran disfrutar de un placer basado en el sometimiento de las mujeres, en la vejación, en la violencia física y sexual.

 

La pornografía, además, no solamente se nutre de las relaciones de dominación-sumisión que se dan entre hombres y mujeres en la sociedad patriarcal, sino que resulta imprescindible, a día de hoy, para su propia construcción: los niños y adolescentes aprenden, mediante la pornografía, a violentar sexualmente a sus pares, mediante prácticas sexuales cada vez más crueles, a las que se acostumbran, normalizando así que la misoginia es inseparable, indisociable, de la sexualidad, y de cualquier otra relación que entablen con las mujeres.

 

Tal y como lo explica brillantemente Andrea Dworkin (en Pornography, Men Possessing Women), “En el sistema de dominio sexual masculino que se da en la pornografía, no hay salida, no hay redención. El sexo de las mujeres es apropiado; su cuerpo es poseído, utilizado y despreciado: esto es lo que hace la pornografía, lo que nos demuestra la pornografía. El poder de los hombres en la pornografía es el poder de los soberanos, crueles y arrogantes, que no dejan de apropiarse y conquistar, por el placer del poder, y el poder del placer.”

 

No hay que olvidar, por supuesto, el papel que juega la pornografía en la violencia sexual (porque el resultado de estas dinámicas de dominación-sometimiento, cargan con la secuela de la normalización de la violación). Lo explica así Gail Dines, socióloga y autora de Pornland: “La implicación de la pornografía en la violación es compleja. Claramente, no todos los hombres que hacen uso del porno violan, pero la pornografía crea lo que las feministas llamamos “cultura de la violación”, mediante la normalización, legitimación y justificación de la violencia contra las mujeres. En una imagen tras otra, el sexo violento y abusivo se presenta como algo sexy y profundamente satisfactorio para todas las partes. Estos mensajes de la pornografía socavan las normas sociales que definen la violencia contra las mujeres como algo inaceptable o anormal, normas que ya son constantemente atacadas en una sociedad dominada por los hombres.

 

En la mayor parte de estas imágenes, la mujer no tiene una integridad corporal, barreras o límites que deban ser respetados. En su conjunto, estas imágenes nos cuentan que la violación de estos límites sería, en realidad, lo que ella está buscando y a su vez disfruta. Este es uno de los muchos mitos de la violación (rape myths) que el porno divulga entre sus usuarios. Imbuidos en el porno hay otros numerosos mitos, todos ellos con intención de presentar la agresión sexual como un acto consentido, en vez de como un acto de violencia.”

 

Si el porno “mainstream” está hecho para un público masculino, ¿Qué opina de estas directoras que intentan hacer un porno “para mujeres”?

Los hombres, ante la cámara, y tras ella, cuando se masturban con este contenido, erotizan y disfrutan de una sexualidad basada en el desprecio y violencia contra las mujeres. Las mujeres, por otro lado, aprenden a erotizar y disfrutar de su propia sumisión.

 

Sexualizar la indefensión y normalizar estas relaciones de poder, incluso en algo tan íntimo como las relaciones sexuales, y hasta en el contexto de las relaciones de pareja, es la táctica perfecta del patriarcado para que las mujeres no solamente no reconozcamos la violencia que se ejerce sobre nosotras, sino que también lleguemos a normalizarla, a aceptarla.

 

En palabras de Sheila Jeffreys, “las niñas aprenden a amar y a tener sentimientos sexuales en una posición de inferioridad, y la erotización de su indefensión forma parte de la construcción de la feminidad”.

 

A su vez, la propia Jeffreys añade “La pornografía como propaganda, según el análisis feminista, representa a las mujeres como objetos que adoran ser abusadas”. Y es que la pornografía, se le ponga el apellido que se le ponga, nunca puede ser feminista, porque su función es inherentemente misógina, dañina para las mujeres.

 

En ningún momento se nos ocurriría hablar de “esclavitud feminista”, o “maltrato feminista”; ¿cómo podríamos, entonces, plantearnos una especie de “violencia sexual feminista” o “explotación sexual feminista”? Es inconcebible.

 


 

¿Encuentra alguna diferencia entre lo que se llama el porno “mainstream” y el porno “feminista”, o cree que en el fondo son lo mismo?

Pretender que el abuso sexual de mujeres y niñas por dinero pueda ser feminista puede responder sólo a dos intenciones:

 

No querer ver lo que realmente sucede en la pornografía: la prostitución grabada de mujeres y niñas, torturadas y vejadas, violadas reiteradamente y grabar este tormento para que los hombres puedan masturbarse con ello.

Querer lucrarse de la explotación sexual de las mujeres: esto tiene un nombre: PROXENETISMO. Y debería penarse, de manera efectiva.

 

 

¿La mercantilización del sexo puede ir de la mano de una sociedad feminista?

Según dice Lisa Thompson, “el “sexo por dinero” es, por naturaleza, un acto de coerción. Si tienes que pagar a alguien, eso significa que (esa persona) no quiere tener sexo contigo.”

 

En el momento en que la sexualidad está sujeta a condiciones de compra-venta, dejamos de enmarcar la sexualidad en el deseo, y entramos en el juego patriarcal del consentimiento. Y el consentimiento es una trampa fatal para las mujeres. Ya lo dice Catherine MacKinnon: “La regla legal del consentimiento es tan perversa que la mujer puede estar muerta y haber consentido.”

 

Es por eso que las feministas abogamos, con contundencia, porque las relaciones sexuales se rijan, tanto desde el marco de la ley, como desde la perspectiva socioeducativa, por el deseo mutuo y el respecto, que den pie a unas prácticas sexuales consensuadas; NO “consentidas”, ni aceptadas, o toleradas, tampoco por dinero.

 

En palabras de Judith Bosch, “no me preguntes si consentí, pregúntame si deseaba”. Decir “él desea y ella consiente” forma parte de la estructura patriarcal de normalización de la violación, porque dibuja la sexualidad desde un prisma en que las mujeres debemos aceptar, tolerar, las relaciones sexuales iniciadas y dominadas por los hombres, que son los únicos que pueden desearlas, en este contexto.

 

Este marco del “consentimiento” no es más que una máscara para la coacción de las mujeres más vulnerables para las que, cuando no hay otra salida, su cuerpo, su sexualidad, se convierte en un bien explotable por terceros.

 

Esto resulta indefendible desde la perspectiva feminista. Las mujeres no somos objetos, no somos mercancía. Y, evidentemente, cualquier marco legislativo o industria que permita o, incluso, se beneficie de tal explotación sexual de las mujeres, no es más que otra expresión de la alianza entre patriarcado y capitalismo.

 

 

Si desde el feminismo se defiende la libertad de la mujer ¿no deberíamos apoyar a las mujeres si libremente deciden que quieren ser actrices porno?

Hay una frase de Ana de Miguel que ilustra perfectamente esta farsa de la supuesta “libre elección”: “Tomar el eslogan feminista de “Mi cuerpo es mío” para redefinirlo como “Tu cuerpo es tu mercancía” es la relación que quiere el neoliberalismo: todo es mercado, y el único límite es el consentimiento individual”.

 

De nuevo, tenemos que hablar del consentimiento, y plantearnos si, realmente, el consentimiento de las mujeres, en el patriarcado, es libre.

 

Cuando las mujeres, sistemáticamente, nos vemos abocadas a una situación de inferioridad, tanto económica como social, hasta el punto de normalizar la violencia en todos sus ámbitos, no podemos hablar de “libre elección”.

 

En un mundo en el que las mujeres no solo naturalizan la opresión, sino que llegan a sexualizarla, el abuso de poder y el aprovechamiento de la vulnerabilidad de las mujeres se convierten en “libre elección” para el discurso proxeneta.

 

 

 


Si tuviera las condiciones laborales adecuadas, ¿podría la pornografía llegar a ser como cualquier otro trabajo?

La prostitución, y su análogo grabado, la pornografía, no son trabajos. Llamarlas “trabajo sexual” supone blanquear, a través del lenguaje, la violencia sexual y la grave vulneración de los DDHH que se dan en las mismas.

 

Fuente

https://contrainformacion.es/el-regimen-juridico-de-la-prostitucion-en-espana-y-la-imperiosa-necesidad-de-una-legislacion-abolicionista/

 

 

 

Asimismo, las consecuencias que acarrean la prostitución y la pornografía para las mujeres, en cualquier aspecto de su vida, pero en particular para su salud, son inaceptables.

 

Las mujeres que se ven sometidas a estas formas de violencia sexual padecen secuelas físicas (desgarros vaginales, anales, lesiones provocadas por actos sexuales violentos), psicológicas (disociación para poder tolerar las violaciones, trastornos afectivos, altas tasas de consumo de alcohol y drogas…), y una gran patología derivada de las relaciones sexuales que llevan a cabo, muchas veces sin métodos de barrera que las protejan de diversas ITS.

 

https://contrainformacion.es/repercusion-en-la-salud-de-la-prostitucion-las-huellas-de-la-esclavitud-en-las-mujeres/

 

(Entendemos que las consecuencias para la salud, como las consecuencias sociales – merma de los derechos y libertades de las mujeres- que se dan en pornografía son las mismas que en prostitución, porque el acto de compra-venta de personas, la violencia que esto, en sí mismo, supone y los riesgos a los que se somete a estas mujeres son los mismos).

 

La industria de la pornografía, que es la misma que la de la prostitución, no utiliza recursos para proteger a las mujeres, sino que pretende garantizar el buen estado de su “producto”, durante el tiempo que le sea útil. Y si estas mujeres enfermaran (VIH+, VPH,…), se aprovecharía, a su vez, de esta situación para pagarles menos, y grabar escenas con otros seropositivos… Así funciona el proxenetismo tras las cámaras.

 

Las medidas de reducción de daños (uso y reparto de preservativos, serologías para ITS y revisiones ginecológicas reiteradas) que lleva a cabo la propia industria, a su vez, consiguen aislar a las mujeres aún más. Les hacen sus propios tests, les atienden “profesionales” designados por los propios proxenetas… Si les preocupara su salud, acudirían a los Servicios Públicos; pero eso supondría que profesionales con cualificación y medios para detectar violencia machista podrían intentar ayudarlas a salir de la industria, y eso no les interesa.

Fuente

https://tribunafeminista.elplural.com/2020/11/preguntas-y-respuestas-sobre-pornografia-parte-i/






 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 15 de marzo de 2020

La prostitución es una industria y las feministas molestan


La prostitución es una industria y las feministas molestan

06/06/2019
AUTORA
Elva Tenorio
Licenciada en Medicina y Psicología. Feminista

Muchas mujeres feministas gastan gran parte de sus energía en señalar que la institución de la prostitución es la perpetuación de un privilegio patriarcal en donde los cuerpos de las mujeres y menores, son traficados, tratados y usados como objetos con la finalidad de satisfacer la sexualidad masculina hegemónica, aunque no siempre esa finalidad sea exclusivamente sexual.
Las feministas denuncian que esa institución, es la síntesis y la demostración palpable del poder del patriarcado, ejercido por los hombres sobre los cuerpos de las mujeres desde la noche de los tiempos, en todas las latitudes del planeta.

Sin embargo y teniendo en cuenta que la institución ha sufrido metamorfosis a lo largo de la historia, es una evidencia que no siempre ha tenido las características actuales. En las diferentes épocas, su manifestación social está unida al contexto y, por tanto, al sistema social y económico de cada periodo histórico concreto. En la actual etapa del sistema capitalista, la prostitución está ligada inexorablemente a las premisas y condiciones ideológicas y económicas del globalizado paradigma neoliberal.
En el neoliberalismo, el motor llamado mercado y el consumo, mantienen funcionando el sistema capitalista. No se limita únicamente a la comercialización de objetos y cosas, sino que el mercado se extiende también a los propios cuerpos y a la comercialización real o simbólica de los deseos humanos, incentivándolos para ello. El neoliberalismo nos promete alcanzar todo aquello que seamos capaces de pagar o desear. Esa es la utopía.

El neoliberalismo nos promete alcanzar todo aquello que seamos capaces de pagar o desear. Esa es la utopía.

El precio de los objetos y también el de los sujetos convertidos en objetos, está irremediablemente ligado al valor que se obtiene de ellos en el mercado. Así, la única limitación para entrar en el juego es la económica. Si no se tiene capacidad de compra, las leyes del mercado te permiten vender o venderse a una misma, en nombre de la libertad individual.
La prostitución y la pornografía para el consumo de los hombres, adquiere en estos momentos históricos la característica de una inmensa industria que contabilizada en el PIB de los estados, o incluso puede ser la principal fuente de ingresos para muchos países empobrecidos.

Estas industrias en expansión precisan de unas condiciones y determinantes básicos para su crecimiento: poder comprar y vender cuerpos humanos con la correspondiente aceptación social, tanto ética, como legal y política.
Para que los sujetos se construyan como objetos o productos que respondan a las leyes de la oferta y la demanda, se precisa de la conformidad social y para eso deben crearse las condiciones para ello.

En este orden neoliberal de la compra-venta de los cuerpos de mujeres y menores para uso y consumo masculino, las feministas molestan. Molestan mucho. Molestan demasiado. Nos recuerdan constantemente lo que otras feministas que nos precedieron reivindicaban como objetivo ético y social para la emancipación de las mujeres: la eliminación de la esclavitud y de la violencia ligada a los privilegios patriarcales, como único camino para alcanzar una igualdad social real, y un cambio radical y diferencial con el modelo masculino imperante. La abolición de la prostitución era para ellas y sigue siéndolo ahora para las mujeres no neoliberales, la condición sine qua non se hace posible esa utopía social revolucionaria.




Estas industrias en expansión precisan de unas condiciones y determinantes básicos para su crecimiento: poder comprar y vender cuerpos humanos con la correspondiente aceptación social, tanto ética, como legal y política.

Por tanto, para domesticarnos en sus leyes, el neoliberalismo ideológico, sus mitos y postulados, deben ser introducidos en el imaginario colectivo, como coartífices imprescindibles de las premisas económicas, pero sobre todo debe convencer a las feministas de que la libertad de las mujeres está intrínsecamente ligada a la venta del propio cuerpo para el uso y satisfacción de los deseos masculinos.
Para ello, nos representarán como mujeres autónomas y autosuficientes, sin ningún tipo de condicionantes sociales, ni mandatos patriarcales que nos limiten. Nos convencerán de que el patriarcado ya no existe porque desapareció, no se sabe cuándo, y que nuestra libertad individual nos autoriza, como propietarias, a disponer de un cuerpo, objeto de deseo, que puede ponerse a la venta y competir en el mercado.

Para persuadirnos de todo ello utilizan los mecanismos e instituciones puestas a su alcance: políticas, culturales y legales, usando a los lobbies de presión y a los grupos de interés ya sea de la propia industria, o de la academia, como activistas y creadores de opinión.

En este contexto hay que analizar la jornada del próximo sábado día 8 de Junio en Barcelona, que, propiciada por el Ayuntamiento de Barcelona, reúne a partidos políticos, juristas y lobbies pro-prostitución. Pretenderán, como llevan haciéndolo desde hace años y desde los propios espacios feministas institucionales, inculcar a las mujeres que el mercado es el único valor en juego, que el precio que adquieran en él nuestros agujeros y cuerpos cosificados, son el resultado de una estupenda opción o salida laboral. Especialmente para todas aquellas mujeres empobrecidas, abandonadas socialmente y expropiadas de antemano de sus derechos humanos básicos, que precisen sobrevivir.

Los derechos laborales constituirán por tanto, los temas de debate ese día y para ello y de nuevo, los agentes del neoliberalismo, desde las instituciones y lobbies que defienden esa industrial de la explotación patriarcal del cuerpo de las mujeres, colaborarán ideológicamente a que continúe su crecimiento expansivo.

Barcelona es ya una ciudad destino de turismo sexual y en ese camino continuaremos, salvo que las feministas, como en otros momentos de la historia, nos opongamos de nuevo y de manera radical a que continúe esta opresión orquestada desde la industria y las instituciones públicas compradas o vendidas al neoliberalismo.

Fuente





viernes, 25 de agosto de 2017

«La prostituta feliz no existe», es un engaño ideológico apoyado por proxenetas, burdeles y clientes

Julie Bindel ha entrevistado a decenas de prostitutas en 40 países

«La prostituta feliz no existe», es un engaño ideológico apoyado por proxenetas, burdeles y clientes

Hay quien, por razones ideológicas, sostiene la prostitución puede ser liberadora: la realidad que muestra este reportaje lo desmiente.

22 agosto 2017


"La mayoría de las 'trabajadoras sexuales' son esclavas actuales. La prostitución raramente es una elección, si es que lo es alguna vez": así titula y resume Julie Bindel un amplio reportaje en el veterano semanario británico The Spectator, donde denuncia la existencia de una connivencia entre el lobby de los interesados en legalizar la prostitución (proxenetas, dueños de burdeles y clientes) y el lobby ideológico que la ve como una "liberación" de la mujer. Julie Blindel, lesbiana y feminista, es conocida en el Reino Unido por su oposición a los vientres de alquiler y su rechazo a las imposiciones lingüísticas de la ideología de género, que considera "el último asalto del lobby transexual contra la feminidad".

Traducimos el reportaje a continuación (los ladillos son de ReL):




En medio de la atrocidad que supone la esclavitud moderna, que afecta sobre todo a hombres vulnerables forzados a trabajos no cualificados, existe en el Reino Unido una forma de abuso aún peor. Este abuso lo podemos ver en cada metrópolis, en cada ciudad y en cada pueblo. Es endémico en todas las culturas y regiones del mundo y, sin embargo, actualmente se justifica en nombre de la "liberación". Nos hemos acostumbrado a pensar en la prostitución como una forma legítima de ganarse el sustento, incluso de "empoderamiento" de las mujeres. Lo llamamos "trabajo sexual" y lo ignoramos. No deberíamos hacerlo.

La "prostituta feliz", un mito
En los últimos tres años he investigado la prostitución en el mundo para verificar si es cierto, como dice la sabiduría popular, que es una elección tan válida como cualquier otra. He llevado a cabo 250 entrevistas en 40 países, he entrevistado a 50 supervivientes del comercio sexual y la respuesta ha sido en casi todos los casos siempre la misma: no hay que creer en el mito de la "prostituta feliz" que se ve en la televisión. Prácticamente siempre es esclavitud. Las mujeres que trabajan como prostitutas tienen una deuda que pagar y están en aprietos. Necesitan ser rescatadas como cualquiera de las otras víctimas de la esclavitud moderna.

Los defensores del mito: una coalición de intereses
Uno de los descubrimientos más inquietantes que he hecho es que las voces que resuenan con más fuerza para que se legalice y se normalice la prostitución proceden de las personas que se benefician de ella: los proxenetas, los clientes y los propietarios de los burdeles. Han tenido éxito hablando en nombre de las mujeres a las que esclavizan. Las personas que conocen de verdad cómo funciona el comercio sexual han sido amordazadas por un lobby poderoso de ideólogos "progresistas" engañados y por quienes especulan con dicho comercio.



Abuso, alcohol, drogas...
Como me dijo Autumn Burris, una ex prostituta de California, que se fugó a finales de los años noventa: "Tenía que decirme muchas cosas, muchas mentiras, para que mi cerebro no estallara en miles de pedazos, enloqueciendo, debido al abuso continuo que sucedía una y otra vez, y a la violencia que entraña la prostitución". Autumn hace campaña en favor del fin del comercio sexual y lleva a cabo cursos de formación para oficiales de la policía y otros profesionales acerca de la realidad de la prostitución.

Una superviviente del comercio sexual en Alemania, Huschke Mau, lo expresó así: "Cada vez que tenía un cliente tenía que beberme no un vaso de vino, sino la botella entera. Si estás sobria y no tomas drogas, te es imposible tener sexo con el cliente. De hecho, cuando dejé de beber, tuve que dejarlo".

En el origen: la epidemia de sida
Si la prostitución equivale a la esclavitud, entonces ¿por qué diablos los defensores de los derechos humanos y muchas otras personas de izquierdas apoyan que la prostitución es un "trabajo" para las mujeres y un "derecho" de los hombres?

Todo empezó cuando surgió la campaña contra el VIH/sida. Entonces pareció lógico legalizar los prostíbulos y el proxenetismo, y crear "zonas de tolerancia" en las calles, como la que hay en Leeds. La "lógica" de esta postura era que si se eliminaban todas las sanciones criminales, las prostitutas estarían vinculadas a organismos de apoyo lo que llevaría al 100% de utilización del preservativo. Esto, a su vez, reduciría drásticamente los índices de VIH, argumentó el lobby pro-legalización de la prostitución, y terminaría con el asesinato de las prostitutas a manos de sus chulos y clientes.

Ésta era la teoría. Pero he visitado una serie de burdeles legales en Nevada, Alemania, Holanda y Australia y he examinado las afirmaciones de los defensores de la legalización y el resultado ha sido que sus argumentos -la base de nuestro debate sobre la prostitución, hoy- sencillamente no se sostienen.

Los efectos de la legalización
La legalización de la prostitución en Alemania, Holanda y Australia no ha llevado a una disminución de la violencia, de los índices de VIH o del asesinato de mujeres. En Melbourne me he reunido con la activista de los "derechos de las trabajadoras sexuales" Sabrinna Valisce quien, confrontada con la realidad de la despenalización, ha cambiado, muy a su pesar, de opinión: "Pensaba que las cosas mejorarían si todo se legalizaba y se legitimaba, pero lo único que se ha conseguido es dar mayor poder a los clientes y a los propietarios de los burdeles".

Lo que comporta la legalización es que los tan cacareados derechos y libertades de los que se dice disfrutan las prostitutas sean reclamados por los propietarios de los prostíbulos y los clientes. Es fácil: simplemente se definen a sí mismos como "trabajadores sexuales" y recogen los beneficios. He oído a varios miembros de lobbies pro-legalización definirse como "trabajadores sexuales" además de proxenetas.



Comercio sexual: una dimensión "aterradora"
La verdadera magnitud del comercio sexual global es aterradora. He visitado un pueblo en la India dedicado enteramente a la prostitución y en el que he conocido a un hombre que prostituye a su hija, su hermana, su tía y su madre. He entrevistado a proxenetas en los mega-burdeles de Múnich, en los que los hombres pagan una tarifa plana que les permite usar la cantidad de mujeres que quieran. En el Sudeste asiático he visto a hombres mayores del Reino Unido pagar por una "cita" con una adolescente en los girly bars.

He descubierto que a pesar de lo que digan los defensores de la prostitución, las mujeres y niñas que se dedican a ella proceden la inmensa mayoría de ambientes violentos, muy pobres y marginados. Ni son libres ni empoderadas: son víctimas de abusos y están atrapadas.

También abusos en la prostitución masculina
No debemos olvidar que esto sucede también con los chicos. Durante un visita a Los Angeles conocí a Greg, nacido en una familia que tenía conexiones con la mafia. Desde que era muy pequeño había sido objeto de abusos sexuales por parte de hombres poderosos. En su adolescencia conoció a un proxeneta y fue vendido para ser utilizado sexualmente durante seis años antes de que consiguiera escapar. Greg rechaza la idea de que vender sexo forme parte de la cultura homosexual.

¿Excepción o interés?
En Amsterdam entrevisté a la mujer que acuñó la frase "prostituta feliz". Actualmente Xaviera Hollander dirige un B&B llamado Happy House. Yo estaba convencida de que había llegado a ser rica y famosa como resultado del éxito estratosférico de su libro The Happy Hooker: My Own Story, que había vendido veinte millones de copias en todo el mundo. Pero lo que descubrí durante esa comida es que lo que le dio fama y fortuna fue vender a otras mujeres. Me contó que fue prostituta durante unos seis meses, sólo para aprender cómo comerciar con el sexo. "Cambié mi pequeño apartamento por un apartamento de cinco habitaciones en un ático en un tiempo récord", me dijo con orgullo.

Hollander se parece bastante al mito de la "prostituta feliz" que vemos en los medios de comunicación. Pero compramos la mentira porque es conveniente creer en ella.

"No quiero que ella disfrute"
He entrevistado a una serie de clientes, tanto en el Reino Unido como en otros lugares, y esto es lo que suelen decir: "No quiero que ella disfrute, esto me arrebataría algo". Y: "Me gustan las prostitutas porque hacen lo que les digo, no como las mujeres reales". ¿Y qué les parece ésta?: "No es distinto a comprar una hamburguesa cuando tienes hambre y tu mujer no te ha cocinado nada".

El sexo no es un derecho humano
Si a los defensores de la prostitución les digo que nada terrible les sucederá a los hombres si no pueden pagar para tener sexo, las quejas que oigo son siempre las mismas: "Pero, ¿qué me dice de los hombres minusválidos? ¿Cómo conseguirán tener una cita?". Cuando les digo que el sexo no forma parte de los derechos humanos, me cuentan de la madre que le compró a su hijo, víctima de una grave minusvalía, una prostituta por su cumpleaños, o del héroe que vuelve de una guerra sin sus piernas y que tiene "derecho" a pagar por una mujer.

Encerradas
Pero consideremos ahora esos millones de mujeres oprimidas. ¿Qué pasa con sus derechos? En uno de los prostíbulos de Nevada que he visitado, las mujeres se quedan encerradas en él durante toda la noche. Los altos muros están rodeados de alambre espinado. También en Seúl, Corea del Sur, las mujeres se quedaban encerradas dentro de los burdeles por la noche... hasta que un incendio mató a 14 mujeres jóvenes en 2002. Si las gallinas en jaula en batería fueran tratadas así, con razón habría una protesta por parte de los mismos liberales de izquierdas que remueven cielo y tierra para defender este repugnante comercio de carne humana.

Durante un breve viaje a Auckland visité la zona de prostitución de la ciudad. Con frecuencia nos dicen que Nueva Zelanda es el patrón oro en lo que a comercio sexual se refiere. El Home Office Select Committee (su presidente, Keith Vaz, tuvo que dimitir tras ser acusado de haber pagado por tener sexo con hombres jóvenes) estaba intentando adoptar un modelo similar de despenalización para el Reino Unido.

En las calles conocí a Carol, que parecía tener setenta años pero era mucho más joven, y que utilizaba un andador para descansar entre cliente y cliente. Me dijo que desde que la prostitución había sido despenalizada trece años antes, nada había mejorado para las mujeres: los clientes seguían siendo violentos y a la policía no le importa, como tampoco a los defensores de los derechos humanos. Mientras las mujeres en todo el mundo luchan para que se acabe la violencia y el abuso, el Partido Laborista y Amnesty International, por nombrar dos organismos públicos, las traicionaban.



Cambiar de nombre a las cosas no cambia su naturaleza
El modo más eficaz de enmascarar un terrible abuso de los derechos humanos es cambiarle de nombre. Un estratega pro-esclavitud de las Indias Occidentales sugirió una vez que en lugar de hablar de "esclavos", los "negros" debían ser llamados "asistentes de las plantaciones". Así "no oiríamos esas protestas tan violentas contra el comercio de esclavos por parte de teólogos píos, poetisas de corazón tierno y políticos con poca visión de futuro". El término "trabajadora del sexo" tiene el lustre adecuado.

Fue Barack Obama quien dijo que el tráfico de personas debería ser renombrado como "esclavitud moderna" para poner en evidencia las terribles condiciones en las que viven estas personas. El Modern Slavery Act de Gran Bretaña fue aprobado en 2015. Se funda en la idea de que no hay lugar para la ambigüedad cuando examinas las circunstancias de las personas protegidas por esta ley: las condiciones en las que viven y su incapacidad para huir de ellas.

Lo mismo se aplica a la prostitución: no es "trabajo sexual". La mayoría del tiempo es esclavitud moderna.

Traducción de Helena Faccia Serrano.


http://www.religionenlibertad.com/prostituta-feliz-existe-engano-ideologico-apoyado-por-58829.htm