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domingo, 9 de abril de 2017

Patio de atrás del sexo



Patio de atrás del sexo –
Magdalena González

Una vez fundada Roma, Rómulo convoca a gente de otras comarcas para poblarla. En su mayoría concurren delincuentes, buscando mejores oportunidades que las que tienen en sus pueblos. No asisten mujeres. Entonces, los romanos convocan a los pueblos vecinos a una gran fiesta, pero estos vecinos, advertidos de la peligrosidad de los romanos, no aceptan la invitación. Sólo los sabinos, gente trabajadora y guerrera, llegan al festejo. Según un plan preconcebido de apropiación, en determinado momento los romanos se lanzan sobre las mujeres jóvenes y las secuestran. Tiempo después los sabinos, habiendo preparado su ejército, vuelven para rescatarlas. Pero ya las jóvenes estaban embarazadas o habían parido hijos y “quedarían unidas con ellos por el vínculo más dulce que pueda enlazar a los seres humanos, el de la maternidad. Debían por consiguiente moderar su rencor y dar sus corazones a aquellos a quienes la suerte había hecho dueños de sus personas” (Tito Livio, Historia de Roma, Madrid, ed. Spes).

Magdalena González
“Los mitos cumplen una doble función en la cultura, el intento de respuesta a los enigmas que nos presenta la vida y el ocultamiento de la violencia para la justificación de algún sistema social” (New Larousse Encyclopedy of Mithology, Hamlin, Londres): es necesario no perder de vista ni la riqueza de la ficción alegórica ni la justificación y el ocultamiento de los sistemas opresivos que portan los mitos, por ejemplo el mito del Rapto de las Sabinas sobre la fundación de Roma. Su argumento refuerza a las mujeres en un lugar que aún ocupan: el de tolerar la violencia de la apropiación indebida; reforzar la unión hombre-mujer sin objeción posible de parte de ella en función de un rol que debe estar por encima de todo: la maternidad.

Este modelo de abuso, de violencia, de apropiación y de engaño es el que sostiene la explotación sexual a lo largo de la historia.

Es sólo un ejemplo de los mitos patriarcales que impregnan nuestra cultura, manipulando las mentes de los sujetos para lograr apropiarse de las riquezas de los pueblos y los cuerpos de las mujeres, que operan como mercancía: un bien más. Esto nos introduce en el tema de las mujeres como preciado botín para satisfacer a ese tipo de cultura. Según Marx, no entran ni siquiera como valor de cambio, sino de uso.

Esta característica de uso se conecta con la apropiación de las mujeres en general y, en el extremo de este continuo, prostituirlas.

Hay factores que son clave para la existencia de la prostitución:

- El sistema patriarcal productor y reproductor de la opresión, esclavización y muerte de mujeres, y básicamente de las mujeres a quienes prostituye.

- La demanda del prostituidor cliente, que determina la existencia de la prostitución.

- El imaginario social prostituidor.

- Las crisis económicas.

- El capitalismo en su fase neoliberal, como productor de esclavitud.

- El prostituidor reclutador, personaje clave para destruir la resistencia de las mujeres con el objeto de ingresarlas a la prostitución, llegando incluso al secuestro. Estos personajes, mediante extraordinarias maniobras manipulatorias que, como dice Masud Kahns refiriéndose a los sujetos perversos (Alienación en las perversiones, ed. Nueva Visión, 1987), exigen y consiguen de sus víctimas “la suspensión de la discriminación y la resistencia, en todos los niveles de la culpa, la vergüenza y la separación”.

- La globalización que propicia las redes internacionales de tráfico, produciendo el brutal incremento del secuestro, tráfico y muerte de jóvenes, niñas y niños.

- Los medios de comunicación masiva, que inducen y ofrecen modelos sexuales prostituidores, actuando sobre el imaginario social y favoreciendo la dominación proxeneta. Así se consolida la opinión pública afín a la prostitución, y se genera también su expansión, produciendo en este caso una réplica masiva de lo que hacen los proxenetas, en lo individual, para socavar la resistencia de las mujeres que prostituyen.

- El tráfico de mujeres avalado por los Estados y el sistema patriarcal-neoliberal favorecido por la globalización pretenden hacer pasar la explotación sexual como si fuera trabajo, buscando legalizar el poder obtenido mediante la violencia y el secuestro, y así incrementar aún más sus ganancias.

- La participación de sectores de los gobiernos vinculados a las redes de tráfico de mujeres que, a su vez, se relacionan con los demás tráficos (drogas, armas, etcétera).

El imaginario social prostituidor es una muestra de lo instituido. Veremos cómo la mujer está colocada en el lugar del goce del otro, no en el lugar del deseo del otro, en algunos comentarios de un grupo de hombres entre 26 y 36 años, en el curso de una investigación de imaginario social realizada con técnica de grupos motivacionales.




“Un cliente se transforma en un cliente porque paga. Está haciendo una transacción comercial.” Cuando una persona está cometiendo abuso de otra, el pago por el abuso no lo transforma en acto comercial; es un acto que priva a la otra persona de su lugar de sujeto, por lo tanto de sus derechos humanos. El pago, así, es un acto de perversión: no se pueden comprar personas.

“La mujer de uno no puede hacer cosas que la prostituta puede hacer.”
La mujer en situación de prostitución tampoco puede “hacer cosas” sin sufrir daño, agravado en el caso de ella por la frecuencia y por la diversidad de prácticas perniciosas que se le exige que cumpla.

“Hay cosas que moralmente no se hacen con una persona querida, pero que con una prostituta ni lo pensás porque está para eso, no lo vas a hacer con la madre de tus hijos.”
Aquí encontramos dos aspectos disociados en la cultura patriarcal y en el individuo: la sexualidad cosificadora y el amor; el primero, depositado en la mujer prostituida, y el segundo en la mujer-madre. Además, se trata de una doble moral. Lo que él considera inmoral de sí mismo se lo impone a la mujer prostituida, obligándola porque le paga, y deposita en ella su propia inmoralidad. Lo que para estos varones no es “moral” con la persona querida es su sexualidad de dominio: con la mujer a la que prostituyen, esa “inmoralidad” queda negada.


“Yo no creo que la prostitución sea un mal. Es un mal que se lo haga público, porque puede afectar a tu familia. ¡Si vos tenés una hija y ve por la tele que se gana tanta plata haciéndolo! Y no se ve que se las atormente todo el año.”
Este varón entiende que sería un mal si una hija de él cayera en esto, pero no considera que sea un mal para las que no son cercanas a él. Tiene conocimiento de la realidad: sabe que ganan plata; también sabe, pero en forma separada, que es “un tormento”. Con esa disociación justifica la acción del prostituidor y el sistema proxeneta.

“El hombre puede recurrir a la prostituta por necesidad sexual o porque le gusta. ¿Sabés por qué? Por la fantasía que uno tiene, tal vez tu novia no te hace ciertas cosas. Y vos sabés que a la otra mina le decís ‘Hacé esto’ y lo hace, porque vos le estás pagando. No te van a decir: ‘No, yo no lo hago’. Y es una fantasía que el tipo quiere que se le cumpla. Mis amigos fueron todos porque dicen que son tremendas. Bah, tremendas en el sentido de que hay morochas muy lindas. Las brasileñas son muy lindas, y las venezolanas.”
Cuando este hombre expresa “‘Hacé esto’, ella lo hace porque le estás pagando”. El imaginario social prostituidor es una muestra de lo instituido. Veremos cómo la mujer está colocada en el lugar del goce del otro, no en el lugar del deseo del otro, es lo “tremendo” de sus fantasías pero, sobre todo, lo excita saber que ella está obligada a realizarlas: otra vez vemos la sexualización de la inermidad y del ejercicio del poder. Pero él no lo reconoce en sí mismo. Lo “tremendo” es desplazado y depositado en ella. Él mismo hace un intento de rectificación poniendo el énfasis en la belleza cuando dice: “Bah, tremendas... son muy lindas”.

“Ahora que las mujeres se liberaron, uno no tiene necesidad de ir y pagar. Te ahorrás el costo.” Este joven ironiza sobre el rol de la joven que se avenga a mantener relaciones sexuales, y en general sobre la liberación sexual de las mujeres: es mal visto que ellas elijan libremente acerca de su comportamiento sexual, porque de esa manera ellos pierden el control, y muchos hombres no toleran esa pérdida, pues no accedieron a una independencia interna tal que les permita relaciones de paridad y confianza. Nuevamente vemos cómo se equipara a las mujeres liberadas del control masculino con “putas”, que en este caso no les cobran. La libertad sexual de las mujeres es entendida e implementada por estos varones como la ventaja que ellos tienen ahora para acceder a relaciones sexuales; las consideran aptas para actos sexuales casuales, con la connotación de desechables. Es otra instancia de control y dominio.


No obstante, el prostituidor-”cliente” puede necesitar a alguien que lo mire en su acto: exige un ser humano, él sabe que ella no es una cosa, pero su goce consiste precisamente en rebajarla a una condición de uso: la trata como objeto, pero espera y exige que ella, como persona, ponga la mente y el cuerpo a su servicio. Necesita de la sensibilidad de ella para satisfacer su goce, es decir, su destructividad; y la necesita, además, como testigo de su acto. Trata a las personas, sabiendo que son personas, como si no lo fueran; denigra a la mujer en tanto ella realiza actos humillantes: ese acto denigratorio, el acto de destruirla como sujeto, le produce placer.

A veces buscan mujeres por su belleza o por su educación. Estos casos evidencian que valoran a la mujer como botín: lo que ellas representan. El nexo es emblemático: él, si “la tiene”, participa ilusoriamente de las características de ella.

Este lugar desde el cual se puede acceder a la degradación del otro produce la degradación del varón en cuestión como sujeto mismo (S. Freud: “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa”). Por eso la existencia de la prostitución y, en este momento, su expansión, tienen graves efectos en la cultura y la sociedad.


Mujeres de la vida. Gutierrez Solana. 1932
Es necesario advertir sobre las consecuencias que tienen estos comportamientos en las mujeres prostituidas (ver Magdalena González, “La otra tortura”, Página/12, sección “Psicología”, junio de 2005). En muchos casos, estas consecuencias son comparables a las de las personas que han sufrido tortura física y psíquica, llegando al suicidio; también, a ser víctimas de asesinato por parte de los proxenetas y prostituidores-”clientes”.

Además de los casos de prostituidores-”clientes” que, en formas difíciles de imaginar, torturan a mujeres en situación de prostitución, en todos los casos se da el proceso de desubjetivización, lo que dos mujeres en prostitución describen así: “Los clientes a veces te tratan bien, pero siempre te dan a entender que vos sos lo que sos, nunca vas a ser otra cosa”; “Te sentís basura, ellos te dejan su mierda adentro”. Esto es considerado por Jacques Lacan el peor lugar: ser objeto del goce del otro. Las mujeres sometidas a la situación de prostitución estarían, no en el lugar de objeto de deseo, sino en el lugar de objeto de goce sádico.

El o la proxeneta han manipulado a la joven reclutada para que ilusione estar en el lugar de “la piola”, mientras ocupa el lugar de resto para ellos, para los clientes y para la mayor parte de la sociedad. Ellas viven esa dualidad mediante un proceso de renegación, intentando sostener la ilusión, pero cuando logran integrarse y de-silusionarse, lo expresan así: “Las gilas somos nosotras”.


Se viene incrementado la exigencia de los prostituidores-"clientes" a los proxenetas: así, pueden requerir mujeres cada vez menores, hasta niñas y niños pequeños. La falta de límites ha ido más allá del horror: hay varones que solicitan y obtienen bebés para abusarlos sexualmente. En estos casos está bien claro que lo que cuenta es, antes que una atracción sexual hacia los niños como tales, el goce de la inermidad, la inocencia, el sufrimiento del sujeto, el poder ejercido sobre criaturas victimizadas que ni siquiera saben qué está sucediendo.

Dice una mujer en prostitución (Integrante de Ammar, Asociación Argentina de Mujeres Meretrices Argentinas): “No hay diferencia entre la prostituta de lujo y las de la calle: los golpes son los mismos golpes, las quemaduras son las mismas quemaduras”. Y otra mujer, prostituida en el más alto nivel social y económico, dice: “En esto, límites no hay”.

Se trata de la exploración perversa, sin límites, del otro (contando con la impunidad conferida), y el deseo de dañar, de herir, de vejar la inocencia. No existe, en tal falta de límites, sino la comprobación de un poder. No hay ley psíquica y no hay peligro desde la ley social: la sociedad no la procesa esta destrucción, la reproduce, y la depredación de los más débiles no tiene freno.

En el interjuego permanente entre la sociedad y el individuo, la prostitución, como las guerras, puede verse como una forma social de la pulsión de muerte. Y podemos preguntarnos, desde la teoría freudiana: ¿es la prostitución una forma degradada de la pulsión de muerte? ¿Es el “patio de atrás” de la sexualidad?

En el mundo, anualmente, alrededor de cuatro millones de mujeres y niñas son ingresadas a la prostitución. En la Argentina, cientos de ellas son secuestradas y desaparecidas por las redes de proxenetas, y muchas han sido y están siendo asesinadas. Como expresaron los jueces del Juicio de Nuremberg sobre los crímenes de lesa humanidad, no se trata de problemas individuales, sino de un sistema que los produce.

Autora:  Magdalena González - Psicóloga e Investigadora Feminista
Fuente: Página 12, publicado el 5 de julio de 2009






miércoles, 8 de marzo de 2017

Psicoterapeutas alemanes y sus argumentos médicos contra la prostitución



   Psicoterapeutas alemanes y sus argumentos médicos contra la prostitución

      3/5/2016
       Traducción: Liliana M Forero Montoya
      Texto en inglés: http://www.sabinabecker.com/2014/09/german-psychologists-and-the-scientific-case-against-prostitution.html
      Texto original en aleman: http://www.emma.de/artikel/traumatherapeutinnen-gegen-prostitution-317787

      Aunque los políticos alemanes han estado bajo la fuerte presión del lobby proxeneta local para continuar con todas las leyes sobre prostitución, otro grupo de voces se está alzando para unirse a la oposicion de esa poderosa y adinerada fuerza. Son los psicoterapeutas, quienes han trabajado extensamente con mujeres y niñas prostituidas, y lo que han visto en el curso de sus carreras es suficiente para convencerles que la prostitución no es, y nunca será, un trabajo como cualquier otro para la inmensa mayoría de quienes están en situación de prostitución.

      “La prostitución no es de ninguna forma un trabajo como cualquier otro. Es degradante, tortuoso y explotativo. Desde la perspectiva de la persona en situación de prostitución, hay demasiado horror y sufrimiento en juego, que ellas tienen que reprimir para poder sobrellevarlo" Esto afirma Michaela Huber, psicóloga y Directora de la Sociedad Alemana para el trauma y la disociación.
      “En este sistema prostituyente, las mujeres son sistemáticamente sometidas, abusadas y degradadas a objetos" Afirma Lutz Besser, directora del Centro de Psicotraumatología y Trauma Terapia de Niedersachsen.
    
      “La prostitución tiene sus raíces en la violencia cometida durante la infancia, y la sociedad no debe invisibilizar o encubrir esta violencia!" demanda Susanne Leutner, vice presidenta de la asociación de terapeutas del trauma, EMDRIA.

      Las líderes psicoterapeutas alemanas hablan con claridad y llaman a generar conciencia social y apoyar la iniciativa “Stop compra de sexo”. Esta organización, conformada por una coalición de ciudadanas-os y expertas-os, solicita que quienes pagan por sexo, los prostituyentes (puteros), sean castigados, en línea con el Modelo Nórdico: “Esta es nuestra meta, no criminalizar a las personas en situación de prostitución, sino poner el foco hacia los prostituyentes (johns), quienes demandan y crean el "negocio". Ellos son actualmente responsables del hecho del incremento de mujeres jóvenes provenientes de países pobres que son traídas a Alemania para ser forzadas a la prostitución.” Porque "la realidad de las mujeres en situación de prostitución está siendo glorificada o trivializada e ignorada — y la explotación de la mujer de esta manera está siendo normalizada y cimentada.
 
     Esta postura ofensiva de les terapeutas especializadas en el tratamiento de personas traumatizadas, es por decirlo de alguna forma, una sensación. Entre los terapeutas que se han unido a la iniciativa se encuentra el Prof. Günter Seidler, director de psychotraumatology en la University of Heidelberg y un pionero de la investigación alemana sobre trauma. “Existen actualmente demasiadas personas traumatizadas psicológicamente. Las heridas en la salud mental que genera la prostitución son evitables". Afirma Seidler, uno de los primeros 90 signatarios de la solicitud de EMMA para acabar con la prostitución.
    
      “La prostitución es violencia, no una profesión" afirma el Prof. Wolfgang U. Eckart, director del "Institute for History and Ethics in Medicine" en Heidelberg, en la Revista sobre Trauma y Viiolencia. El argumenta: “existe muy poca libertad en la prostitución en general y ninguna libertad en la prostitución con intermediarios. Debido a la inmensa asimetría de poder y potencialidad para la violencia en la relación entre el proxeneta (intermediario) y la persona en situación de prostitución. Esto genera la más antigua forma de esclavitud de la mujer, y a través de una relación de dominación, suministra casi automáticamente todas las fachadas y condiciones para la práctica de actos traumatizantes de violencia de todo tipo"
    

      La Dra. Ingeborg Kraus es la iniciadora de la protesta de los terapeutas contra la prostitución. Esta terapeuta de trauma de Karlsruhe ha atendido víctimas de violación en el marco del conflicto en Bosnia, y tras su vuelta a las clínicas de trauma en Alemania, ha hecho la siguiente reflexión: “Incluso aquí (Alemania), cada paciente mujer ha experimentado violencia sexual”. En algún punto, Kraus se cansó de la tarea de recoger sus pedazos". Ella hizo el siguiente voto: "Quiero trabajar a la vez en la prevención. Por ellas también, la lucha contra la prostitución es parte de prevenir. “En mis largos años de experiencia psicoterapéutica, he acompañado mujeres en situación de prostitución y aprendí sobre sus antecedentes. Esto me hizo ver claramente lo que la prostitución era, en todos los casos la manifestación del continuum de las experiencias violentas en sus biografías.”
    

      Michaela Huber solo puede confirmar que, para ella, en sus propias experiencias como terapeuta y en aquellas de muchísimos colegas encuentra que: El pre requisito para "vender el propio cuerpo" es haber sido alienada o escindida de tu propio cuerpo" Ella continúa: “Solo tienes que imaginártelo, una tiene que dejarse penetrar, una y otra vez, una tiene que practicarlo (la disociación), o no podría hacerlo. Una deja atrás solo una cáscara, para poder continuar con ciertos movimientos y gestos.

      Este separarse de uno mismo - disociación en la jerga de especialistas - es aprendido a la fuerza, muy temprano por las víctimas de violencia. No es ninguna coincidencia que los estudios que muestran que la mayoría de mujeres (y hombres) en situación de prostitución han sufrido abuso sexual u otras  violencias traumáticas, o negligencia en su infancia.

      El Traumatólogo Lutz Besser, demanda que se reflexione sobre la aceptación de la prostitución. El teme que "estemos en peligro de caer en una Era de Hielo de la Ética. La moral es una parte,” dice Besser. “Pero la ética además implica la pregunta: ¿Qué pasa con las otras personas, cuando yo hago algo? Esta pregunta, sin embargo, es una pregunta que los prostituyentes (puteros) no se hacen. “Al hombre que paga por sexo no le importa que la mayoría de las mujeres en este negocio, lo estén haciendo bajo presión o coacción. Tenemos una sociedad que legitima esta situación y demanda una postura en la que la prostitución se asuma como la cosa más normal en el mundo” afirma el terapeuta. “Además es escandaloso que nosotros como sociedad no tengamos una postura clara en esto!".
     

      In Berlin, los políticos están frecuentemente buscando consejo. No solo sobre cómo la prostitución debe ser legalmente regulada; ellos también deciden cómo nuestra sociedad asume una posición sobre ello: si la prostitución debe continuar siendo considerada como "un trabajo como cualquier otro" — o si la prostitución atenta contra la dignidad humana y destruye seres humanos. Les terapeutas firmantes esperan que los políticos no solo pongan bajo su cuidado aún más personas traumatizadas, sino que finalmente asuman el lado de la prevención.





miércoles, 22 de febrero de 2017

Las personas que han sufrido una tortura deben ser capaces de reconstruir los hechos para convivir con el trauma

Este artículo si bien se refiere a la tortura en general, puede ser perfectamente aplicado y casi sin salvedades a los casos de prostitución-trata de personas.
Las personas que son prostituidas al igual que las que son víctimas de trata viven varias veces por día y todos los días del año la destrucción de su integridad como personas al ser convertidas en un simple objeto de satisfacción ajena ya fuere sexual o económica (prostituidor, proxeneta, tratante y demás componentes del sistema prostituyente que se benefician)
La práctica en sí misma, con independencia del modo en que se ha accedido a ella o se continúa su ejercicio, constituye un acto degradante, siendo el acto del pago la coronación de la humillación al poner un precio a una persona, a su cuerpo, precio que por elevado que pudiera ser -que no lo es en absoluto- nunca podrá cubrir lo que la dignidad y humanidad valen como tampoco  el daño que provoca.
Así como el detenido torturado es capaz de autoculparse, como un mecanismo de defensa ante la violencia del medio, las víctimas de prostitución-trata de personas pueden llegar a no reconocer su situación y acusarse a sí mismas de haber elegido esa situación y exculpar a sus proxenetas y tratantes. Este mecanismo les da una ilusión de seguridad y de dominio sobre su vida que les permite no derrumbarse.
Dentro de la impronta cultural de la tortura y como un elemento importantísimo en el derrumbe de la autovaloración positiva y por lo tanto, del respeto hacia sí misma, figura el estigma social sobre la persona en prostitución. Este factor es usado por los proxenetas para la destrucción de la personalidad hasta lograr el sometimiento mostrando que no hay salida posible y que la prostitución es un destino fijado. Es por este motivo que les reglamentaristas se oponen a hablar de situación de prostitución, o de personas en prostitución o prostituidas, ya que sostienen la idea de la  prostitución como identidad. Para el proxenetismo se “es” prostituta/o, “una vez prostituta, siempre prostituta”.
Recordemos, sumado a todo esto, que la mayoría de las personas fueron prostituidas tempranamente, entre los 12 y 16 años, cuando su cuerpo y mente se hallaban en plena transformación.
La lectura de este artículo nos acerca a lo no dicho, a lo que no se quiere ver del mundo de la prostitución.


Alberto B Ilieff


Las personas que han sufrido una tortura deben ser capaces de reconstruir los hechos para convivir con el trauma
20 febrero, 2017
MADRID, 20 Feb. (EUROPA PRESS) –

Las personas que han sufrido un episodio de tortura deben ser capaces de reconstruir un relato de lo que les ha pasado para evitar que reaparezcan los recuerdos de lo vivido y poder aprender a “convivir” con ese trauma.
“Es una batalla para reconstruir a la persona que se rompió con la tortura, a partir de los ejes que determinan su posición en el mundo”, ha reconocido en una entrevista a Europa Press el psiquiatra Pau Pérez Sales, del Hospital Universitario La Paz de Madrid, que acaba de publicar el libro ‘Tortura Psicológica. Definición, evaluación y medidas’.
Este experto, que desde hace décadas trabaja en el apoyo a víctimas, reconoce que las técnicas contemporáneas de la tortura son “muy psicológicas” lo que, además, también permiten proteger al torturador.
En parte, ha reconocido Pérez Sales, porque “la sociedad actual no tolera brazos rotos ni otras secuelas físicas”, de ahí que ahora se trabaje más en la degradación o humillación de la persona, exponiendo a la víctima a “entornos torturantes” en los que “se intenta destruir en mayor medida a la persona”.
Ante esta situación, el tratamiento de las personas que han sido torturadas pasan por una primera parte en la que hay que intentar que sean capaces de “establecer un espacio de seguridad mínimo”.



RECUPERAR SENSACIÓN DE SEGURIDAD
“Las personas que han sido torturados viven con miedo, permanentemente asustados y con reacciones de alarma, por lo que deben recuperar sensación de seguridad”, según este experto.
El siguiente paso es ayudarles a elaborar una secuencia ordenada en el tiempo de lo que pasó, ya que las víctimas suelen confundir pasado con presente, tienen recuerdos vagos, ‘flashes’, y eso les hace vivir aterrorizados, admite.
Por ello, según Pérez Sales, hay que “reconstruir un relato que la persona se pueda contar a si mismo” sobre lo que ocurrió, “sin entrar en pánico o angustiarse”.
“Es necesario poder en algún momento ser capaz de contarlo todo, no a otra persona pero si a uno mismo, ser capaz de contar los hechos, reconstruirlos con un hilo narrativo. Si no, no desaparecen los miedos”, ha explicado.
Además, la última fase del tratamiento busca que la víctima recupere la confianza que ha perdido en el ser humano y en uno mismo. “Uno piensa cómo puede haber personas así, y también hay dudas sobre uno mismo, porque te hace ver como una persona débil, y esto hace que muchas personas sean incapaces de reconstruir un proyecto de vida a partir de la tortura”, según lamenta.
Por ello, hay que conseguir que aprenda a convivir con ese trauma sin borrarlo, asumir que “la experiencia ha cambiado tu forma de ser, y la manera de ver el mundo y a uno mismo”.

LA HUELLA DE LA TORTURA ES CULTURAL
En lo que respecta a los tipos de tortura que más huella dejan, este experto reconoce hay un hay un componente cultural que determina qué método resulta “más demoledor”.
Así, hay estudios con musulmanes que salieron de la cárcel de Guantánamo que muestra como, de todas las situaciones horribles que vivieron (ahogamiento, palizas o situaciones de aislamiento), el método que dejó más secuelas fue mantenerlos desnudos para hacer los interrogatorios, sobre todo si lo hacían delante de una mujer.
“Eso tiene que ver con la humillación que eso supone en el mundo árabe, donde el hombre no se desnuda. Eso y el miedo a perros, porque en los países árabes no hay perros”, ha reconocido Pérez Sales.
En cambio, un estudio en País Vasco con 200 personas que habían estado incomunicadas a las que también habían sometido a todo tipo de métodos y malos tratos demostró que lo más duro para ellos fue la amenaza a la familia. “A mí me pueden hacer lo que sea, pero en el momento que hablan de tus padres o tu hermana, la gente pregunta qué había que hacer o dónde hay que firmar.



FALSAS CONFESIONES O ERRÓNEAS
No obstante, Pérez Sales también reconoce que la situación límite a la que se exponen las personas torturadas también lleva a algunos a acabar autoinculpándose o reconociendo un hecho que, en realidad, no han cometido.
“Estudios Estados Unidos muestran que hasta un 20 por ciento de gente que confiesa delitos graves, como matar a su hijo o su pareja, ha mentido fruto de un entorno torturante. Llevado al extremo, la posibilidad de que uno acabe reconociendo lo que el otro quiere que reconozca es muy alta”, según admite.
Asimismo, rechaza también que las torturas físicas sean eficaces ya que hay estudios que muestran que, cuando alguien es golpeado o es sometido a muchas lesiones, se producen fallos de memoria o recuerdos distorsionados que hacen que la información no sea fiable.
E incluso hay modelos de simulación de interrogatorios que muestran que, cuando se presenta un dilema, “la información que se ofrece es menor y de peor calidad que la que se obtendría de un diálogo normal entre dos personas”.
“La tortura no es eficaz, aunque sea muy peliculera y dramática”, según admite este experto, lamentando que el cine ha banalizado estas prácticas hasta el punto de que pueden hacer que muchos las justifiquen en determinados casos. Pese a que, como asegura citando la serie ’24’, “un Jack Bauer en la vida real en realidad lo estropearía todo”.

Fuente
http://www.psiquiatria.com/psicologia/las-personas-que-han-sufrido-una-tortura-deben-ser-capaces-de-reconstruir-los-hechos-para-convivir-con-el-trauma/?utm_source=boletines+psiquiatria.com&utm_campaign=a292e69e3f-EMAIL_CAMPAIGN_2017_02_20&utm_medium=email&utm_term=0_89ad673455-a292e69e3f-69416377




sábado, 7 de diciembre de 2013

El «Vietnam» de cada día

El «Vietnam» de cada día.
Un estudio demuestra que el 68% de las prostitutas sufre síndrome de estrés postraumático
Patricia Matey

Qué significado tiene para usted la palabra prostituta? Piense un minuto. La respuesta será diferente para cada uno de los lectores de este artículo. Y tal vez, muchos de ellos se replantearán sus conceptos a partir de las siguientes líneas, cuando conozcan los resultados de las últimas investigaciones que asocian la prostitución con el elevado riesgo de sufrir síndrome de estrés
postraumático (SEP).

La conversación de las putas. Alex Ceball

Hasta ahora, probablemente, pocas personas podían relacionar una de las consecuencias psíquicas más graves (el SEP) que padecen los soldados que van la guerra, la población que vive en zonas de conflicto bélico o aquéllos que directa o indirectamente sufren un atentado terrorista -por citar los ejemplos más representativos- con las niñas y mujeres que ejercen la prostitución. Sin embargo, y a pesar de que el debate sobre los riesgos de salud de las prostitutas ha estado siempre focalizado hacia las enfermedades de transmisión sexual, las nuevas investigaciones demuestran que más del 50% de las mujeres que viven de su sexo sufre estrés postraumático. La doctora Melissa Farley,
psicóloga e investigadora del Kaiser Foundation Research Institute (California) así lo ha demostrado en una investigación que fue presentada en el último congreso de la Asociación Americana de Psicología, celebrado a finales de agosto. Su estudio añade más datos a una serie de investigaciones previas cuyos resultados constatan la elevada incidencia de trastornos psíquicos entre las prostitutas.

En el nuevo trabajo, realizado con 130 mujeres prostitutas -con edades comprendidas entre los 14 y los 61 años- de San Francisco (EEUU) y de otras seis ciudades de Europa, Asia y Africa, el equipo que lidera la doctora Farley encontró que dos tercios de estas féminas padecían síndrome de estrés postraumático.
«Esencialmente, tenemos que considerar la prostitución en sí misma como un factor de estrés traumático», reconocía recientemente esta investigadora en el diario The New York Times.

Violencia

De hecho, y mientras que menos de un 5% de la población general sufre este síndrome, el 68%, según el nuevo estudio, de las prostitutas cumple con los criterios necesarios para ser diagnosticada de SEP. Es un porcentaje elevado, si se compara con los estudios que establecen que un 15% de los veteranos del Vietnam sufre este síndrome de forma recurrente.

La extremada violencia a la que han sido y son sometidas las mujeres que ejercen la prostitución es la causa principal que dispara la incidencia de este trastorno: un 82% había sido agredida durante el ejercicio de su profesión; el 88% sufrió amenazas físicas, y hasta un 68% había sido violada. Al miedo diario al que se enfrentan las mujeres que viven del sexo, debido a los malos tratos y vejaciones que pueden sufrir, se suman los fantasmas del pasado: un 57% de las participantes reconoció haber sufrido abusos sexuales durante la infancia. «Otras investigaciones dan un porcentaje más alto de mujeres con antecedentes de abuso sexual, pero en nuestro estudio algunas de las participantes reconocieron que no querían pensar en su pasado cuando respondieron al cuestionario sobre su infancia», determinan los autores del trabajo.

Abuso de drogas (75%) y alcohol (27%), así como la existencia de algún problema de salud física (50%) son los otros enemigos a los que deben enfrentarse las prostitutas, cuyas cifras de mortalidad son 40 veces más elevadas que las de la población general. Para la mayoría de ellas, como para muchas de las que hoy se están adentrando en el mundo de la prostitución, vivir del sexo no es un oficio de libre elección: más del 90% reconoció que quería dejar esta forma de vida y
describieron lo que necesitaban para escapar de ella.





La mayoría de las IMAGENES han sido tomadas desde la web, si algún autor no está de acuerdo en que aparezcan por favor enviar un correo a  alberto.b.ilieff@gmail.com y serán retiradas inmediatamente. Muchas gracias por la comprensión.
En este blog las imágenes son afiches, pinturas, dibujos, no se publican fotografías de las personas en prostitución para no revictimizarlas.
Se puede disponer de las notas publicadas siempre y cuando se cite al autor/a y la fuente.