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martes, 21 de enero de 2020

REPERCUSIÓN EN LA SALUD DE LA PROSTITUCIÓN: Las huellas de la esclavitud en las mujeres


REPERCUSIÓN EN LA SALUD DE LA PROSTITUCIÓN: Las huellas de la esclavitud en las mujeres
La salud de las mujeres prostituidas

septiembre 18, 2019

Dra. Radfem y M.H. – Mujeres por la Abolición

El 17 de marzo de este año se publicaba en el diario Público un magnífico artículo de Nuria Coronado Sopeña en el que se entrevistaba al ginecólogo burgalés Abel Renuncio y a la psicóloga jurídica y forense Laura Redondo sobre el impacto de la prostitución en la salud de las mujeres sometidas a la misma.


En esta imprescindible reflexión, se ahondaba sobre el sufrimiento, tanto físico, emocional como vivencial de las mujeres que padecen esta lacra, y sobre la tortura que soportan sus cuerpos y mentes.

En Mujeres por la Abolición, queremos recopilar la evidencia científica que existe con respecto a la repercusión en la salud de la prostitución, con la intención de poder aportar datos y un argumentario sólido a las compañeras que peleamos por la abolición de esta forma de esclavitud, e incidir en las instituciones y en el ámbito sanitario (especialmente, en el personal que se dedica a atender a estas mujeres), razonando por qué acabar con la prostitución es una materia urgente.




Las marcas de la tortura: Impacto en la salud física

Como bien dice Abel Renuncio, “es imposible que fisiológicamente ningún cuerpo esté preparado para una explotación de ese tipo”. Y es que las mujeres en prostitución tienen que acostarse con entre 10, 20 e incluso 30 puteros al día.

Sin duda, estas relaciones sexuales continuadas, en las que no existe el deseo y, por lo tanto, sin la necesaria preparación, someten al cuerpo de las mujeres y, en particular, a su aparato genital, a un daño en ocasiones equiparable al de una agresión sexual y, por consiguiente, podemos encontrar desde irritaciones y erosiones vulvovaginales hasta desgarros.

Se estima que el 95% de las mujeres en situación de prostitución han sido abusadas sexualmente, y entre un 60-75% reporta haber sido violada durante la misma. Por lo tanto, y pese a que no contamos con cifras exactas en España (a pesar de que el Pacto de Estado contra la Violencia de Género incluyera la necesidad de realizar un análisis estadístico al respecto), podemos apreciar que las mujeres prostituidas son víctimas constantes y, sin embargo, invisibles, de las formas más brutales de violencia sexual.

A esto ha de añadirse que, a su vez, presentan una prevalencia mayor de diversas enfermedades ginecológicas y, en particular, infecciones de transmisión sexual (y, por ende, las consecuencias de las mismas, que abarcan desde la infertilidad hasta el cáncer, como el de cérvix).

De hecho, existe un estudio madrileño que calcula que hasta un 18% de las mujeres prostituidas padecen una o más ITS.

Según el Plan Nacional sobre el SIDA de CNE (Centro Nacional de Epidemiología), la prevalencia de VIH en mujeres en prostitución desde el 2000 permanece estable alrededor del 1%, aunque, por suerte, haya disminuido gracias al uso más consistente del preservativo desde los 90 (por las campañas de prevención del SIDA).

Se estima que, en los países y regiones de altos ingresos, como Europa, las mujeres en situación de prostitución tienen un mayor riesgo de contraer la infección por VIH que las mujeres de la población general, en una proporción hasta 13 veces superior.

Teniendo esto en cuenta, podríamos decir que, en la población prostituida, existe una epidemia de VIH (más del 1% de la población está infectada), y que el riesgo de estas mujeres es desproporcionadamente alto, y se correlaciona con prácticas punitivas que castigan a las mujeres prostituidas (criminalización, estigma, violencia por parte de los cuerpos policiales, falta de acceso a comida e inseguridad económica).

Asimismo, hay que considerar que, en muchos estudios, sólo se tiene en cuenta a aquellas mujeres que acuden a los servicios sanitarios a realizarse pruebas de detección de estas enfermedades o que pueden acceder a nuestro Sistema de Salud. No obstante, hay mujeres todavía más vulnerables que no llegan a percibir estos servicios y, por este posible sesgo, el riesgo de estas enfermedades es, probablemente, mayor en éstas. Por otro lado, también podría pensarse que quienes acuden son quienes tienen más problemas de salud… Es decir, que se trata de datos de difícil interpretación.

Es fundamental que seamos conscientes de una realidad ineludible: el riesgo de la salud sexual de las mujeres en prostitución es colosal.




Las huellas que no se ven: La herida psicológica

Ser víctima del sistema prostitucional conlleva consecuencias nefastas para la salud mental, debido a que la violencia que se padece es perpetua, incesante, y de una magnitud que, a veces, cuesta imaginar.

Las mujeres en situación de prostitución sufren una forma de violencia machista que se acentúa en lo que respecta al ámbito sexual (la violación por dinero), pero que también implica vejaciones, insultos, desprecios, cosificación (imprescindible para la violación), sexualización constante, y una merma de su persona, que puede acompañarse, en muchos casos, de golpizas, castigos físicos,… que incrementan la sensación de vulnerabilidad, soledad, tristeza y sufrimiento.

En primer lugar, es importante destacar que la herida psicológica que deja la prostitución es el resultado de un continuum de violencia en un sistema patriarcal. Es decir, las mujeres prostituidas llegan al sistema prostituyente debido a diferentes factores (abusos sexuales en la infancia, maltrato, violaciones, desamparo del sistema…) y que, cuando entran en este se sistema, se encuentran con todavía más violencia y misoginia.

No es de extrañar, por lo tanto, que la principal consecuencia psicológica sea el trastorno de estrés post-traumático (hasta el 68% de las mujeres prostituidas lo padecen), que se caracteriza por una “respuesta tardía o diferida a un acontecimiento estresante o situación de naturaleza amenazadora o catastrófica” (CIE-10). Éste incluye, entre otros síntomas, pesadillas con situaciones verdaderamente traumáticas que han sufrido (como las propias violaciones), con flashacks, ataques de pánico e, incluso, ideas autolíticas (que pueden conllevar intentos de suicidio).

A su vez, el abuso de sustancias es notorio y característico del sistema prostituyente, porque es promocionado por los puteros y por los proxenetas, quienes, conociendo la tortura psicológica que están sufriendo estas mujeres, se ofrecen a mitigarla con diversas drogas de abuso, como cocaína, alcohol…

Otra de las causas de este abuso de sustancias podría deberse al aislamiento social que padecen estas mujeres, que, por ejemplo, son cambiadas cada 21 días a diferentes prostíbulos; así no pueden establecer lazos estrechos con ninguna otra mujer, ni dentro ni fuera del club, afianzando así su dependencia para con sus explotadores.

Por ello, cuando Amelia Tiganus (superviviente de prostitución) afirma que “los prostíbulos son los campos de concentración de las mujeres pobres”, nos está relatando cómo dejando a las mujeres solas, desprovistas de sus amistades, de su familia, de su entorno seguro y, además, siendo castigadas cuando incumplen las órdenes de sus prostituyentes, se contribuye a un efecto clave: el desamparo y la sensación de abandono.

No podemos olvidar otros trastornos como los trastornos del estado de ánimo. Se ha visto que hasta un 56’4% de las mujeres prostituidas presentaba sintomatología propia de un trastorno depresivo, aunque en otros estudios realizados esta cifra alcanza al 67% de mujeres. Del mismo modo, los síntomas depresivos se asociaron tanto al padecimiento de ETG (enfermedades de transmisión genital) como al consumo de alcohol, ambas situaciones muy frecuentes en las mujeres que son prostituidas.


Pararse a pensar para poder actuar
Pero, ¿cómo puede la mente de alguien soportar tanta crueldad, tanto sufrimiento, tanta vulnerabilidad? Uno de los pilares con mayor relevancia para explicar esto se trata del abuso sexual en la infancia. Muchos relatos dentro de la prostitución comienzan con el abuso y las violaciones desde que estas mujeres son niñas. Así, numerosos estudiosos demostraban que alrededor de un 60% de las mujeres que eran prostituidas habían sido abusadas a una edad temprana. De esta manera, estas niñas aprenden que el abuso sexual y las agresiones son una condena de la que no hay escapatoria, y al no recibir la atención que requieren, asumen la inevitabilidad de la violencia como un estado perpetuo.

No podemos negar que la prostitución tiene un impacto deletéreo en la salud física, sexual y psicológica de las mujeres. Y tampoco podemos caer en la pasividad, y continuar contribuyendo al abandono que padecen las mujeres prostituidas.

La prostitución no sólo se ha de reconocer como una forma de violencia, sino que hemos de estudiar y profundizar en las consecuencias que ésta implica, y ponernos manos a la obra. Es imprescindible ampliar el estudio de sus repercusiones sobre la salud y, desde todos los frentes, actuar para poder ofrecer la mejor ayuda posible a las mujeres que se ven sumidas en ella.

No solo es una obligación profesional, sino que supone un imperativo moral oponerse a esta barbarie. Como profesionales de la salud, tenemos un compromiso: Concienciarnos. Para ello, es preciso que investiguemos, que estudiemos y hagamos un juicio crítico de la información que nos llega sobre esta cuestión. Sensibilicémonos para mejorar la atención que reciben. Trabajemos la empatía para con estas víctimas invisibles.

No podemos fallarles.

Bibliografía
Prostitution and Trafficking in 9 Countries: Update on Violence and Posttraumatic Stress Disorder. Article in Journal of Trauma Practice · January 2003
https://www.eldiario.es/sociedad/estigma-prostitutas-invisibiliza-agresiones-concebidas_0_844815924.html
https://www.thelancet.com/journals/laninf/article/PIIS1473-3099(12)70066-X/fulltext
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4297548/
Farley, M. Prostitución, tráfico y estrés postraumático.
Kramer, L., & Berg, E. (2003). A Survival Analysis of Timing of Entry into Prostitution: The Differential Impact of Race, Educational Level, and Childhood/Adolescent Risk Factors. Sociological Inquiry, 73(4), 511-528. doi: 10.1111/1475-682x.00069
Fernández, M. L. (2007). Aproximación a la prostitución femenina. En la calle: revista sobre situaciones de riesgo social, (6), 8-12.
Ziáurriz, T. U. (2011). La prostitución, una de las expresiones más arcaicas y violentas del patriarcado contra las mujeres. Pensamiento iberoamericano, (9), 293-312.
https://eciemaps.mscbs.gob.es/ecieMaps/browser/index_10_mc.html
Bagley, C. & Young, L. (1987) Juvenile prostitution and child sexual abuse: A controlled study. Canadian Journal of Community Mental Health 6: 5-26.
Browne, A., & Finklehor, D. (1986) Impact of child sexual abuse: A review of the research. Psychological Bulletin 99 (1): 66-77
Farley, M., Baral, I., Kiremire, M., & Sezgin, U. (1998) Prostitution in Five Countries: Violence and Posttraumatic Stress Disorder. Feminism & Psychology 8 (4): 415426.


Fuente






domingo, 9 de abril de 2017

Imaginarios y Lógicas de la Prostitución




Magdalena González




Imaginarios y Lógicas de la Prostitución
Por Magdalena González - Publicado en Abril 2010




     En relación a la hipótesis de Freud del origen de la sociedad patriarcal, según la cual los hijos cometen parricidio para apropiarse de las mujeres que el padre sometía bajo su poder absoluto, Gregory Zilboorg[1] considera  que “las palabras de Freud se ajustan más a un acto de violación que al asesinato del padre” (...) “el hecho primordial  no tiene relación con la paternidad,(...) el acto no surgía del amor o de la anticipación de la paternidad, tampoco de la tierna solicitud...era un asalto...un acto fálico y sádico”. (…) La idea de la familia nació originalmente de la fuerza de la explotación económica,(…) sus esposas asarían su carne y atenderían todas sus demás necesidades”.

     Carole Pateman cita estas y otras consideraciones de Zilboorg, y ella observa que la apropiación forzada, y la violación de las mujeres por parte del padre, previo al parricidio, seguirá siendo cometido por los hijos después.

     Dice Freud “No hay nada que los hermanos puedan hacer si desean vivir juntos más que erigir la prohibición del incesto…así ellos salvan la organización que los hizo fuertes”    Más allá del asesinato del padre, la interdicción sigue existiendo, pero no respecto de la liberación de las mujeres.

   Lacan[2] cita a Freud en “El malestar en la cultura”  “Quienes prefieren los cuentos de hadas hacen oídos sordos cuando se les habla de la tendencia nativa del hombre a la maldad, a la agresión, a la destrucción y también,  por ende, a la crueldad,(...) el hombre intenta satisfacer su necesidad de agresión a expensas de su prójimo, de explotar su trabajo sin compensación, de utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, de apropiarse de sus bienes, de humillarlo, de infligirle sufrimientos, de martirizarlo y de matarlo. Y acota Lacan: “Si no les hubiera dicho de entrada la obra de la que extraigo este texto, habría podido hacerlo pasar por un texto de Sade”.

    Está bien claro que más allá del asesinato del padre, lo que se sigue sosteniendo, es ese principio de placer, sobre todo respecto de las mujeres.  

     Retomando a Pateman: “Ninguno de los hermanos podrá ser un padre primigenio, pero no renuncian al derecho sexual patriarcal. El derecho se extiende a todos los hermanos a través de la ley de la exogamia. Es decir: los hermanos hacen un contrato sexual. (…) El derecho sexual patriarcal deja de ser el derecho de un hombre, el padre, y se convierte en un derecho “universal”. La ley del derecho sexual del varón se extiende a todos los varones de la fraternidad”.[3]

Katsushika Hokusai
      Julia Kristeva se refiere a la tesis freudiana de la asimilación-identificación con el padre que realizaron los hermanos después de haberlo asesinado,  y haber compartido entre ellos el acto de comérselo, que  representaron en la comida totémica, cuya huella se encuentra en todas las religiones. “Así se convirtieron en él y él se convirtió en ellos. Y al convertirse ellos mismos en el poder, cesaron de quedar excluidos del poder. Contrajeron un pacto simbólico entre hermanos, que forman así un conjunto, una cultura (...)Tótem y tabú es la puesta en relato de una etapa capital de la hominización por la cual el Homo sapiens se convirtió en una animal social, al identificarse, no con la tiranía del padre, sino con su función de autoridad: tal es el acto de la hominización, el acto de la cultura. Las grandes ausentes en este asunto-supongo que se darán cuenta- son las mujeres”.
   Kristeva hace mención al silencio de Freud respecto al destino de la feminidad propia de los hermanos, en el sentido de “cómo habrán resuelto sus capacidades potenciales de haber sido también las mujeres de ese padre, a saber: las víctimas sometidas o pasivas de la pulsión sexual paterna”. Refiriéndose a ese silencio,  Kristeva menciona la fidelidad de Freud al pacto social, “regla de la sociedad por la cual las mujeres están apartadas de la religión de los hermanos”,  mientras también  reconoce la honestidad de él al expresar “(...) el sustrato homosexual del acuerdo sagrado: el desdoblamiento de este destino social como destino homosexual” (...). Ella continúa “Los hermanos se encuentran reunidos entre sí, reprimiendo su feminidad y alejando del espacio sagrado y social el intercambio sexual del que serán objeto las mujeres y que constituirá la esfera de lo privado, de lo erótico, de lo reprimido”.[4]

       La institución de la prostitución es el espacio permitido por la sociedad para que los hombres realicen toda cosa perversa contra las mujeres, digo perversa en el sentido en que dice E.Carpintero[5] “No es en relación a una norma lo que determina lo propio de las perversiones, sino una sexualidad al servicio de la muerte como pulsión”. 

    La facilidad del acceso al goce (patológico), la significación de que esa mujer degradada socialmente hablando, va a responder a un goce también degradado del hombre, que con otra mujer no va a encontrar. La estructura social que estamos viendo, implica un lugar donde la realización de toda fantasía es permitida hasta el goce sádico más cruel. Más allá de todas las religiones, y más allá de todos los valores. Como las guerras, expresión social de una forma, en este caso degradada, de la pulsión de muerte.

    Tratando de acercarme a la comprensión de tal ámbito en la actualidad, y para  detectar algunos imaginarios y también a procesos lógicos acerca de las múltiples formas de relaciones entre los géneros, realicé una investigación con grupos, cuyos integrantes se manifiestan entre otros temas, acerca de las relaciones de pareja, las relaciones casuales, y una de las formas de esclavitud a la que se expone a las mujeres, que es la prostitución. Aquí podemos observar la coexistencia de imaginarios patriarcales arcaicos y sus actuales formas de dominio, abuso y violencia, junto a  procesos lógicos que dan cuenta de relaciones en las que es posible la paridad entre los géneros.
 
Imaginarios y procesos lógicos acerca de la prostitución
Las conversaciones transcriptas a continuación pertenecen a una investigación más amplia sobre imaginario social, que incluye grupos de los dos géneros. Este segmento corresponde a un grupo de ocho hombres entre dieciocho y veintitrés años, pertenecientes a las tres clases sociales.

1) - Yo nunca me metí con pibas fáciles.  Yo quiero que  me cueste... cosa que cuando esté conmigo no ande mirando a nadie. Lo que pasa es que ahora todas las pibas hacen así: sí mi amor, sí mi vida... y le andan tirando besos al de al lado...                                                                                                1’) - No, depende, que nosotros seamos de esa forma no quiere decir que ellas lo sean. Además una cosa es mirar y otra cosa es desear, mirar siempre se va a mirar.
 - Pero si está con vos te tiene que respetar. Si yo veo a mi novia mirando a otro la dejo sin ojos. (Se ríe).



 2)   - Ahora los chicos en su gran mayoría, buscan iniciarse con alguna prostituta...
 - Pero ahora con la liberación femenina es más fácil la cosa.
    - Claro, uno no tiene necesidad de ir y pagar.

 - Te ahorrás el costo.

 3) - No, yo no voy a hacerlo sólo por sexo. Mi novia  siente más amor haciéndolo, lo hace mejor. Y yo siento amor por ella.

 4) - A un flaco le puede atraer la novedad, por unos pesos hacés negocio.
    - Lo hacen porque les gusta ir a esos lugares. La mayoría son los que tienen plata.
    - Los que tienen plata... ya probaron todo, ya no tienen qué probar.

 5) - Hay que probar con un flaco ¿no?.
    - Pero si te dicen: vamos al departamento de una mariposa ¿vos vas a ir?.
    - Pero eso lo hacen porque están drogados, les da todo igual.
    - Las prostitutas se drogan...para estar toda la noche ... para aguantar.

    6) - Y algunas deben disfrutar. Ganan plata y pasan un buen momento.
    - A mí me parece que una prostituta puede llegar a disfrutar, no sé, los primeros dos días de su trabajo, o la primera hora nada más.
    - Yo una vez fui a una despedida de soltero, y había una piba, jovencita, de diecisiete ó dieciocho años, muy linda la piba. Pero era: bueno, el que sigue... ¡Qué va a disfrutar!.
    -La mayoría te dice que hace eso porque tiene que mantener una casa...
    -Para mí no. Para mí buscan el camino fácil. Les gusta eso y entonces...¡bueno!.
    - ¡Ojo!, hay muchos casos que se inician en eso, después quieren salir y no pueden... porque es una mafia.
    - Porque la ven fácil, porque es un modo de ganarse la plata fácil...
    - No, por ahí es gente que no tiene familia, que viene de la provincia...o que la engañaron.

   Se da un intercambio de opiniones, subiendo la intensidad, hasta que uno irrumpe:
 7) - Para mí hay que matarlas a todas.
   - ¡¿Por qué?!.
   -Porque son una raza inferior.
   - ¡Qué  decís! ¡Cómo decís eso! ¡No es así!.
   - Cada uno tiene su derecho de hacer lo que le guste. Y si  a ella le gusta...
   - Hay que agarrarlas a esas y a los narcotraficantes y liquidarlos.
   - Esa es otra historia. A veces han entrado y han querido salir y no se lo permiten porque es una mafia.
   - El día que yo fui eran dos pibas, eran como siete lungos grandotes, traje, mejor departamento, todo....
   - Te das cuenta, vas caminando por la calle y están lo chabones con trajecito, saco... Te dicen: mirá flaco, y te dan la tarjeta, te llevo a ver la mercadería, y si te gusta....
   - Sí, aparte, es la mercadería, es como un pedazo de carne.
   - Y bueno, fijate qué feo es eso. Por eso, me entendés. Yo las mataría.
   - ¡No!, Además vos no podés entrar y decir: no, no me gusta ninguna. A veces, si vos bajas, no subís. Un amigo mío fue a comprar sábanas al Once. Le dieron una tarjeta. Pensó que era de un boliche, entonces bajó. Entró y vio chicas bailando... y el pibe se dio la vuelta y se iba. Se le pararon dos tipos así en la puerta: no, no, acá tenés que consumir o consumir, si no, no te vas. El tipo tuvo que gastar en un trago. Uno se da cuenta en esos momentos que las minas no salen más de ahí.
 - Es terrible, yo vi una piba con quince flacos, ella tendría diecisiete años. Ella controla y es diez minutos por flaco. Con cuántos flacos tiene que pasar la noche.
   - Yo en su lugar me muero.
   - Qué asco... yo las mato.
   - Matarlas no..., habría que ayudarlas.
   - Para ellas es un trabajo, bueh...dicen que es un trabajo.
   - Para mí no. No es un trabajo.  ¿No escucharon lo que dijeron ellos?.
   -Nacen prostitutas.
   - ¡No!, si vos sos hija de prostituta, hermana de prostituta, y nieta de prostituta, vos, ¿qué vas a ser?


    En (1) un representante del poder patriarcal marca el territorio, reclama el ejercicio de su “propiedad” bajo la forma de la exclusividad como mirada, retener la pulsión de la mujer hasta dentro del campo escópico. Si la mujer mira a otro no es de él, y es considerada infiel porque el goce de mirar o ser mirada es acaparado para la mirada exclusiva del “propietario”, así, hasta ese instante de la mirada les pertenece. Hay quienes necesitan que la chica sea “muy difícil”, es decir fácil de dominar, que no haya accedido a la autonomía, que a él le garantiza, ilusoriamente, el ser exclusivo, sin competencia.
    Un compañero de grupo acota que las mujeres “no son como ellos” (1’), y le aclara que el mirar no obliga al deseo, y que es normal, pero el opresor, recurre al “respeto”-temor, “la dejo sin ojos”, con el chiste expresa el alcance de su prohibición a la mirada, y el castigo de castración.

   Salen del ámbito de la mirada y manifiestan cómo se aborda a una mujer y lo difícil que es para algunos hombres. (2) Las “compran” o como veremos más adelante, o las tratan como compradas. Aparece nuevamente reconocido como ritual social el iniciarse sexualmente con mujeres prostituidas, y se refieren a esto manifestando su naturalización.   La liberación femenina es enunciada por uno, e inmediatamente denigrada con ironía por otro: “te ahorrás el costo” significa “son las putas que no cobran”.

   Considero el pago en prostitución como un simulacro de contrato que actúa como salvoconducto para la apropiación ilimitada del psiquismo y el cuerpo de las mujeres, que en la mayoría de los casos producen el efecto de lo que son, verdaderas torturas.  Para C.Pateman, el pago en prostitución, actúa dentro del pacto sexual, para el hombre, como indemnización que impediría (injustamente) que la mujer pudiera reclamar por los daños sufridos. 

 En ese instante alguien separa y se separa, de lo que dicen los otros: él tendrá relaciones sexuales por amor, y en una relación de paridad. Más allá de lo imaginario, según los tiempos lógicos (Lacan), empieza el momento de comprender, que en este grupo dura solo un instante, “...no voy a hacerlo solo por sexo” (3)  Pero inmediatamente comienza el tiempo de concluir, cae el argumento lógico (4) “...por unos pesos hacés negocio” otra vez la mujer como objeto. Esto es conocido en psicoanálisis, “sólo por sexo” es sin empatía, desubjetivizando al otro. Falta el factor erótico, los sujetos, sus particularidades, en fin... falta la relación. Sin esto, no existe la satisfacción para estos hombres, Freud ya se había referido a esta falta de satisfacción en “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa” y es importante remarcar, es una de las características en la relación prostituidora. Lo que se puede dar es solamente a nivel de descarga pulsional, no hacia un otro como objeto de deseo. Y en esas condiciones, como pulsión agresiva, sin la componente relacional, libidinal en sentido amplio, podemos considerarlo manifestación de la pulsión de muerte por la condición de objeto a la que someten a la otra persona. Desde la naturalización de transformar la privación de los Derechos Humanos en transacción comercial, es el no límite.

   También incluyen el prostituir a hombres, que en este caso tiene semblante de mujer, (5) y si es “mariposa” está en la misma categoría que ella. El otro sexo y el propio son desarticulados en parcialidades.

   Como primer tiempo lógico la mirada inicia un proceso, que da lugar a un segundo tiempo lógico que es el tiempo de comprender, que comienza cuando empiezan a trabajar (6)   qué quiere una mujer y aquí aparecen los prejuicios, insostenibles,  acerca de que “algunas deben disfrutar y ganan plata haciéndolo”, “ Ganan plata y pasan un buen momento”, difícil les resulta reconocer el abuso que cometen, aunque aparece esbozado “por unos pesos hacés negocio”, imaginan muy a menudo que ellas gozan con ellos, creyendo que tal cosa es posible solo por su propio narcisismo, pero esa fantasía tampoco es tolerada, ya que tienen que darles dinero para ser aceptados.

   Continúa la conversación manteniendo cada subgrupo su posición, por un lado la realidad de lo que es esa práctica de la prostitución para las mujeres: el encierro, el miedo, la amenaza, el no poder aguantar a los prostituidores clientes, el no disfrutar, la responsabilidad económica con los hijos,  la actuación de las mafias. Aquí están a punto de concluir lo que preguntaba Freud ¿Qué quiere una mujer? Vemos diferentes imaginarios acerca de qué las hace gozar.

Hasta que impacta la violencia más desembozada: (7) “para mí hay que matarlas a todas (...) porque son una raza inferior”. Hay que matarlas a todas: si una mujer goza, entonces hay que matarla aunque sea con la palabra. Aparece lo femenino como una raza inferior. Cuando se le aclara que las mujeres prostituidas son tratadas como un pedazo de carne, contestará : “por eso, mirá que feo, por eso hay que matarlas a todas”. Saben que es feo lo que hacen con las mujeres en general, y es por esa depositación en ellas de todo lo cometido en su contra, que se las victimiza, además se maltrata a la mujer que ha sido vulnerada.   En el caso de las mujeres a quienes ellos han prostituido, son más castigadas precisamente por eso.

    Encontramos la expresión de las múltiples violencias de las que son víctimas las mujeres a quienes han prostituido: por ser mujeres, paradojalmente por haber sido prostituidas por ellos mismos, y por racismo,  y expresan además su fantasía de irreductibilidad del estado de ellas, fijándolas a ese “destino”. La realidad reflejada en este imaginario son niñas y mujeres inducidas, o secuestradas para cubrir el requerimiento masculino permanentemente en crecimiento.


    Continúa la argumentación, alguien dice que  “para ellas es un trabajo, bueh...dicen que es un trabajo” tal vez confundido con lo que se dice en los medios de comunicación, de todos modos sosteniendo el imaginario esclavista. Otro apela a un antiguo mito determinista como argumento: “nacen prostitutas”. Desde argumentos lógicos le contestan invitándolo a ponerse en el lugar de ellas, mostrándole el peso del aspecto cultural “si vos sos hija de prostituta, hermana de prostituta, y nieta de prostituta, vos ¿qué vas a ser?”

    En este grupo podemos apreciar que hay una lógica masculina en defensa de la mujer en general y de la mujer en situación de prostitución, en una posición realista. Y hemos conocido la expresión del paradigma patriarcal arcaico, basada en prejuicios tan antiguos como éste. A pesar de estar en América, donde sus pueblos originarios no dieron lugar a este tipo de explotación de las mujeres, sino recién a partir de la dominación europea (en nuestro caso la española). Incluso aún hoy algunas de estas culturas,  continúan preservándose de este tipo de esclavitud, del mismo modo que muchos otros hombres en todo el mundo, que no prostituyen a las mujeres.  Es importante valorar este tipo de datos, pues desmiente mitos que pretenden naturalizarla, con argumentos tales como que la prostitución es universal, y que siempre existió.

   Este antiguo mito de que las mujeres en esa situación “gustan de eso y ganan plata haciéndolo” además de liberar al prostituidor y a la sociedad de algún sentimiento de culpa, en este momento está muy utilizado en los medios para presentar la prostitución como algo atractivo y rentable para las mujeres.

   Los falaces argumentos de los tratantes de mujeres y niñas se siguen sosteniendo en estos mitos esclavistas, favorecidos por los medios de comunicación visuales y virtuales que las subyugan poniendo énfasis en la imagen de lo externo, bello y joven, y les miente nuevamente promesas de triunfo, placer, y también fama. Vemos ejemplos en T.V., internet, revistas y artículos en diarios y hasta en libros. Pero tanto las “escorts”, como las chicas V.I.P. algunas pertenecientes a familias acaudaladas, incluyendo a las que han comenzado casi niñas, comentan el pasaje de la prostitución a estar bajo trata como algo que en algún momento le sucede casi a cualquiera. Es asombrosamente fácil para ellos captarlas. Sony, jovencita de origen de clase media alta, de diecinueve años comenta “Había estado enferma, ya no tenía qué vender, me iba a quedar sin lugar donde vivir, y algo así era impensable...mientras no te sucede ni lo imaginás, pero cuando vienen los problemas, ya te falta la fuerza para afrontarlos, y en este ambiente, siempre aparece un tipo que te hace de “protector” y se queda con la mayor parte. Después... ya no podés salir,  además... tenés que irte a otro lado, a nadie le gusta verte desmejorada. Te quieren siempre divina, siempre alegre, siempre nena, pero sobre todo, ¡quieren que eso te guste! Para peor, aunque estés bien, se cansan enseguida, las buscan más chicas, Y es así...me muestro princesa porque a los hombres les gustan las chicas así pero...mirá...en esto...si me pongo a pensar...¡Es mejor no pensar!

    Para soportar la situación les es preciso no pensar, y para atraer a esos varones con ese imaginario, deben cumplir sus fantasías de uso, sobre todo, una de las fantasías-excusas del dominador, que es que “ellas lo eligen, a ellas les gusta”.

    En este momento podemos constatar en el mundo el peso del imaginario social patriarcal, a través del aumento y la gravedad de la violencia hacia las mujeres en general, y los horrores, entre otros, cometidos contra las mujeres en situación de prostitución, mientras en los medios de comunicación se las muestra como “oportunidad de empoderamiento para la mujer”.  Este argumento es esgrimido también por algunas  organizaciones internacionales que otorgan subsidios a proyectos para mujeres prostituidas, con la condición de que presenten a la prostitución como “trabajo sexual”, es decir, colocando a los proxenetas y sus mafias en el lugar de empresarios legales.

    Pero también podemos apreciar que cuando nos diferenciamos, como sociedad, de tales paradigmas arcaicos, podemos asumir que es posible una sexualidad al servicio de la pulsión de vida.








Patio de atrás del sexo



Patio de atrás del sexo –
Magdalena González

Una vez fundada Roma, Rómulo convoca a gente de otras comarcas para poblarla. En su mayoría concurren delincuentes, buscando mejores oportunidades que las que tienen en sus pueblos. No asisten mujeres. Entonces, los romanos convocan a los pueblos vecinos a una gran fiesta, pero estos vecinos, advertidos de la peligrosidad de los romanos, no aceptan la invitación. Sólo los sabinos, gente trabajadora y guerrera, llegan al festejo. Según un plan preconcebido de apropiación, en determinado momento los romanos se lanzan sobre las mujeres jóvenes y las secuestran. Tiempo después los sabinos, habiendo preparado su ejército, vuelven para rescatarlas. Pero ya las jóvenes estaban embarazadas o habían parido hijos y “quedarían unidas con ellos por el vínculo más dulce que pueda enlazar a los seres humanos, el de la maternidad. Debían por consiguiente moderar su rencor y dar sus corazones a aquellos a quienes la suerte había hecho dueños de sus personas” (Tito Livio, Historia de Roma, Madrid, ed. Spes).

Magdalena González
“Los mitos cumplen una doble función en la cultura, el intento de respuesta a los enigmas que nos presenta la vida y el ocultamiento de la violencia para la justificación de algún sistema social” (New Larousse Encyclopedy of Mithology, Hamlin, Londres): es necesario no perder de vista ni la riqueza de la ficción alegórica ni la justificación y el ocultamiento de los sistemas opresivos que portan los mitos, por ejemplo el mito del Rapto de las Sabinas sobre la fundación de Roma. Su argumento refuerza a las mujeres en un lugar que aún ocupan: el de tolerar la violencia de la apropiación indebida; reforzar la unión hombre-mujer sin objeción posible de parte de ella en función de un rol que debe estar por encima de todo: la maternidad.

Este modelo de abuso, de violencia, de apropiación y de engaño es el que sostiene la explotación sexual a lo largo de la historia.

Es sólo un ejemplo de los mitos patriarcales que impregnan nuestra cultura, manipulando las mentes de los sujetos para lograr apropiarse de las riquezas de los pueblos y los cuerpos de las mujeres, que operan como mercancía: un bien más. Esto nos introduce en el tema de las mujeres como preciado botín para satisfacer a ese tipo de cultura. Según Marx, no entran ni siquiera como valor de cambio, sino de uso.

Esta característica de uso se conecta con la apropiación de las mujeres en general y, en el extremo de este continuo, prostituirlas.

Hay factores que son clave para la existencia de la prostitución:

- El sistema patriarcal productor y reproductor de la opresión, esclavización y muerte de mujeres, y básicamente de las mujeres a quienes prostituye.

- La demanda del prostituidor cliente, que determina la existencia de la prostitución.

- El imaginario social prostituidor.

- Las crisis económicas.

- El capitalismo en su fase neoliberal, como productor de esclavitud.

- El prostituidor reclutador, personaje clave para destruir la resistencia de las mujeres con el objeto de ingresarlas a la prostitución, llegando incluso al secuestro. Estos personajes, mediante extraordinarias maniobras manipulatorias que, como dice Masud Kahns refiriéndose a los sujetos perversos (Alienación en las perversiones, ed. Nueva Visión, 1987), exigen y consiguen de sus víctimas “la suspensión de la discriminación y la resistencia, en todos los niveles de la culpa, la vergüenza y la separación”.

- La globalización que propicia las redes internacionales de tráfico, produciendo el brutal incremento del secuestro, tráfico y muerte de jóvenes, niñas y niños.

- Los medios de comunicación masiva, que inducen y ofrecen modelos sexuales prostituidores, actuando sobre el imaginario social y favoreciendo la dominación proxeneta. Así se consolida la opinión pública afín a la prostitución, y se genera también su expansión, produciendo en este caso una réplica masiva de lo que hacen los proxenetas, en lo individual, para socavar la resistencia de las mujeres que prostituyen.

- El tráfico de mujeres avalado por los Estados y el sistema patriarcal-neoliberal favorecido por la globalización pretenden hacer pasar la explotación sexual como si fuera trabajo, buscando legalizar el poder obtenido mediante la violencia y el secuestro, y así incrementar aún más sus ganancias.

- La participación de sectores de los gobiernos vinculados a las redes de tráfico de mujeres que, a su vez, se relacionan con los demás tráficos (drogas, armas, etcétera).

El imaginario social prostituidor es una muestra de lo instituido. Veremos cómo la mujer está colocada en el lugar del goce del otro, no en el lugar del deseo del otro, en algunos comentarios de un grupo de hombres entre 26 y 36 años, en el curso de una investigación de imaginario social realizada con técnica de grupos motivacionales.




“Un cliente se transforma en un cliente porque paga. Está haciendo una transacción comercial.” Cuando una persona está cometiendo abuso de otra, el pago por el abuso no lo transforma en acto comercial; es un acto que priva a la otra persona de su lugar de sujeto, por lo tanto de sus derechos humanos. El pago, así, es un acto de perversión: no se pueden comprar personas.

“La mujer de uno no puede hacer cosas que la prostituta puede hacer.”
La mujer en situación de prostitución tampoco puede “hacer cosas” sin sufrir daño, agravado en el caso de ella por la frecuencia y por la diversidad de prácticas perniciosas que se le exige que cumpla.

“Hay cosas que moralmente no se hacen con una persona querida, pero que con una prostituta ni lo pensás porque está para eso, no lo vas a hacer con la madre de tus hijos.”
Aquí encontramos dos aspectos disociados en la cultura patriarcal y en el individuo: la sexualidad cosificadora y el amor; el primero, depositado en la mujer prostituida, y el segundo en la mujer-madre. Además, se trata de una doble moral. Lo que él considera inmoral de sí mismo se lo impone a la mujer prostituida, obligándola porque le paga, y deposita en ella su propia inmoralidad. Lo que para estos varones no es “moral” con la persona querida es su sexualidad de dominio: con la mujer a la que prostituyen, esa “inmoralidad” queda negada.


“Yo no creo que la prostitución sea un mal. Es un mal que se lo haga público, porque puede afectar a tu familia. ¡Si vos tenés una hija y ve por la tele que se gana tanta plata haciéndolo! Y no se ve que se las atormente todo el año.”
Este varón entiende que sería un mal si una hija de él cayera en esto, pero no considera que sea un mal para las que no son cercanas a él. Tiene conocimiento de la realidad: sabe que ganan plata; también sabe, pero en forma separada, que es “un tormento”. Con esa disociación justifica la acción del prostituidor y el sistema proxeneta.

“El hombre puede recurrir a la prostituta por necesidad sexual o porque le gusta. ¿Sabés por qué? Por la fantasía que uno tiene, tal vez tu novia no te hace ciertas cosas. Y vos sabés que a la otra mina le decís ‘Hacé esto’ y lo hace, porque vos le estás pagando. No te van a decir: ‘No, yo no lo hago’. Y es una fantasía que el tipo quiere que se le cumpla. Mis amigos fueron todos porque dicen que son tremendas. Bah, tremendas en el sentido de que hay morochas muy lindas. Las brasileñas son muy lindas, y las venezolanas.”
Cuando este hombre expresa “‘Hacé esto’, ella lo hace porque le estás pagando”. El imaginario social prostituidor es una muestra de lo instituido. Veremos cómo la mujer está colocada en el lugar del goce del otro, no en el lugar del deseo del otro, es lo “tremendo” de sus fantasías pero, sobre todo, lo excita saber que ella está obligada a realizarlas: otra vez vemos la sexualización de la inermidad y del ejercicio del poder. Pero él no lo reconoce en sí mismo. Lo “tremendo” es desplazado y depositado en ella. Él mismo hace un intento de rectificación poniendo el énfasis en la belleza cuando dice: “Bah, tremendas... son muy lindas”.

“Ahora que las mujeres se liberaron, uno no tiene necesidad de ir y pagar. Te ahorrás el costo.” Este joven ironiza sobre el rol de la joven que se avenga a mantener relaciones sexuales, y en general sobre la liberación sexual de las mujeres: es mal visto que ellas elijan libremente acerca de su comportamiento sexual, porque de esa manera ellos pierden el control, y muchos hombres no toleran esa pérdida, pues no accedieron a una independencia interna tal que les permita relaciones de paridad y confianza. Nuevamente vemos cómo se equipara a las mujeres liberadas del control masculino con “putas”, que en este caso no les cobran. La libertad sexual de las mujeres es entendida e implementada por estos varones como la ventaja que ellos tienen ahora para acceder a relaciones sexuales; las consideran aptas para actos sexuales casuales, con la connotación de desechables. Es otra instancia de control y dominio.


No obstante, el prostituidor-”cliente” puede necesitar a alguien que lo mire en su acto: exige un ser humano, él sabe que ella no es una cosa, pero su goce consiste precisamente en rebajarla a una condición de uso: la trata como objeto, pero espera y exige que ella, como persona, ponga la mente y el cuerpo a su servicio. Necesita de la sensibilidad de ella para satisfacer su goce, es decir, su destructividad; y la necesita, además, como testigo de su acto. Trata a las personas, sabiendo que son personas, como si no lo fueran; denigra a la mujer en tanto ella realiza actos humillantes: ese acto denigratorio, el acto de destruirla como sujeto, le produce placer.

A veces buscan mujeres por su belleza o por su educación. Estos casos evidencian que valoran a la mujer como botín: lo que ellas representan. El nexo es emblemático: él, si “la tiene”, participa ilusoriamente de las características de ella.

Este lugar desde el cual se puede acceder a la degradación del otro produce la degradación del varón en cuestión como sujeto mismo (S. Freud: “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa”). Por eso la existencia de la prostitución y, en este momento, su expansión, tienen graves efectos en la cultura y la sociedad.


Mujeres de la vida. Gutierrez Solana. 1932
Es necesario advertir sobre las consecuencias que tienen estos comportamientos en las mujeres prostituidas (ver Magdalena González, “La otra tortura”, Página/12, sección “Psicología”, junio de 2005). En muchos casos, estas consecuencias son comparables a las de las personas que han sufrido tortura física y psíquica, llegando al suicidio; también, a ser víctimas de asesinato por parte de los proxenetas y prostituidores-”clientes”.

Además de los casos de prostituidores-”clientes” que, en formas difíciles de imaginar, torturan a mujeres en situación de prostitución, en todos los casos se da el proceso de desubjetivización, lo que dos mujeres en prostitución describen así: “Los clientes a veces te tratan bien, pero siempre te dan a entender que vos sos lo que sos, nunca vas a ser otra cosa”; “Te sentís basura, ellos te dejan su mierda adentro”. Esto es considerado por Jacques Lacan el peor lugar: ser objeto del goce del otro. Las mujeres sometidas a la situación de prostitución estarían, no en el lugar de objeto de deseo, sino en el lugar de objeto de goce sádico.

El o la proxeneta han manipulado a la joven reclutada para que ilusione estar en el lugar de “la piola”, mientras ocupa el lugar de resto para ellos, para los clientes y para la mayor parte de la sociedad. Ellas viven esa dualidad mediante un proceso de renegación, intentando sostener la ilusión, pero cuando logran integrarse y de-silusionarse, lo expresan así: “Las gilas somos nosotras”.


Se viene incrementado la exigencia de los prostituidores-"clientes" a los proxenetas: así, pueden requerir mujeres cada vez menores, hasta niñas y niños pequeños. La falta de límites ha ido más allá del horror: hay varones que solicitan y obtienen bebés para abusarlos sexualmente. En estos casos está bien claro que lo que cuenta es, antes que una atracción sexual hacia los niños como tales, el goce de la inermidad, la inocencia, el sufrimiento del sujeto, el poder ejercido sobre criaturas victimizadas que ni siquiera saben qué está sucediendo.

Dice una mujer en prostitución (Integrante de Ammar, Asociación Argentina de Mujeres Meretrices Argentinas): “No hay diferencia entre la prostituta de lujo y las de la calle: los golpes son los mismos golpes, las quemaduras son las mismas quemaduras”. Y otra mujer, prostituida en el más alto nivel social y económico, dice: “En esto, límites no hay”.

Se trata de la exploración perversa, sin límites, del otro (contando con la impunidad conferida), y el deseo de dañar, de herir, de vejar la inocencia. No existe, en tal falta de límites, sino la comprobación de un poder. No hay ley psíquica y no hay peligro desde la ley social: la sociedad no la procesa esta destrucción, la reproduce, y la depredación de los más débiles no tiene freno.

En el interjuego permanente entre la sociedad y el individuo, la prostitución, como las guerras, puede verse como una forma social de la pulsión de muerte. Y podemos preguntarnos, desde la teoría freudiana: ¿es la prostitución una forma degradada de la pulsión de muerte? ¿Es el “patio de atrás” de la sexualidad?

En el mundo, anualmente, alrededor de cuatro millones de mujeres y niñas son ingresadas a la prostitución. En la Argentina, cientos de ellas son secuestradas y desaparecidas por las redes de proxenetas, y muchas han sido y están siendo asesinadas. Como expresaron los jueces del Juicio de Nuremberg sobre los crímenes de lesa humanidad, no se trata de problemas individuales, sino de un sistema que los produce.

Autora:  Magdalena González - Psicóloga e Investigadora Feminista
Fuente: Página 12, publicado el 5 de julio de 2009