sábado, 8 de abril de 2017

La prostitución desde la perspectiva de los Derechos Humanos.




Apuntes para discutir el abolicionismo: 
La prostitución desde la perspectiva de los Derechos Humanos.
Por rcnacional -
 30 diciembre, 2016
 Por Silvina Perugino, Abogada, Especialista en Género y Comunicación (En etapa de Tesis) e integrante de la Secretaria de Género- Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.
Apunte 1 y 2 al final de la nota.

En el artículo anterior analizamos la relación intrínseca entre patriarcado, capitalismo y prostitución.* Reflexionamos sobre el nacimiento del estado como sistema protector de los intereses de una clase, y también de un género. En este sentido profundizamos sobre la íntima conexión entre el sistema de dominación de clase y el sistema de dominación sexo/género. Vimos lo inapropiado de disociar esa relación dialéctica y analizamos la prostitución como una las instituciones creadas por el sistema que dimos en llamar patriarco-capitalista.
En este artículo nos proponemos analizar la prostitución desde la mirada de los derechos humanos. Si bien concebimos el derecho como una institución más del sistema patriarco-capitalista, podemos observar que los fundamentos teóricos en los cuales se basan los derechos humanos, colisionan con la raíz intrínseca de los sistemas de explotación en general, y con el sistema de explotación sexual en particular.

Ciclo Prostitución. Museo Jorge Rando

Los derechos humanos, como concepción ideológica, conforman un instituto nacido con la finalidad de limitar la potestad represiva de la autoridad. En un primer momento, y en los casos de las primeras declaraciones de Derechos Humanos, como el caso de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1879), ponían en cuestión el poder despótico de los reyes; más adelante y ya desarrollándose una concepción de los derechos humanos desde el punto de vista del derecho internacional, el concepto viene a ser una limitante del poder represivo del estado, al poder de ese estado nacido al fragor del capitalismo y del patriarcado. Un estado que, convertido en moderno, tendrá sed en anexar territorios y riquezas, para cuyo fin dará continuidad despiadada a los vejámenes a la humanidad que se celebraban desde el origen mismo de la propiedad privada.
Esos derechos humanos, como ideario, tienen necesariamente un origen cuestionador al capitalismo, y a los otros sistemas que acumulan riqueza a través de la explotación del hombre y de la mujer. Como antecedentes históricos a dicha concepción podemos señalar: la Revolución Francesa (1789), Haitiana (1791), y Española (1808), entre otras.
Particularmente en cuanto a la Revolución Francesa, tuvo la participación activa de mujeres, que empezaban a marcar con trazos gruesos, el camino de la reivindicación de los derechos. Sería apresurado sin embargo para la época, hablar de feminismo en términos de movimiento social y político, de acuerdo a la definición utilizada por la feminista Fanny Edelman, pero estaríamos sí frente a un proto-feminismo. En aquella revolución cumplió un papel destacado Olimpya de Gouges, quien exigió -sin resultados- que la Declaración Universal de Derechos del Hombre y del Ciudadano, incluyera a la Mujer y a la Ciudadana. Exigencia que le costó la vida y que las mujeres vamos a tardar varios años en poder satisfacer.
Un proceso tal vez más apresurado pero igual de errático con respecto al goce efectivo de los derechos humanos, tendrán los esclavos. Así es que, las revoluciones que levantaron los ideales de libertad, sirvieron en gran medida, y en términos generales con la excepción de la Revolución Haitiana, para que la burguesía se trasforme en la clase que detente el poder. Y no sólo el poder económico, a partir de convertirse en la propietaria de los medios de producción en el albor de la Revolución Industrial, sino que detentará el poder político, a partir de su inserción en el proceso de creación de los Estados Modernos. 

Ciclo Prostitución. Museo Jorge Rando

La excusa de la libertad, como fundamento a la renunciabilidad del derecho a no ser esclavizado y el extremo grado de vulnerabilidad de las personas a quienes estos conceptos buscan proteger, obligaron a atribuirle determinadas características a los derechos humanos.  De esta manera los derechos humanos son universales, integrales, interdependientes, irrenunciables, intransferibles, imprescriptibles, inalienables, complementarios. Específicamente nos interesa en este punto la característica de la irrenunciabilidad, ya que la misma le atribuye un carácter a los derechos humanos, que excede el “libre albedrío” y el concepto de “libertad de decisión”, con respecto a su goce y ejercicio. Es decir, esta característica establece que una persona, así desee, por su propia decisión, dejar por ejemplo de gozar del derecho a la vida, esto no puede ser amparado por la ley. Este ejemplo excede el caso de la eutanasia, que se fundamenta, claro está, en una cuestión también de derechos humanos, y de dignidad de la persona, dándole la posibilidad de elegir dejar de someterse a tratamientos invasivos cuando no posee posibilidades de salvar su vida.
Si el estado decidiera legislar creando los mecanismos para que las personas que “deseen” dejar de ejercer sus derechos humanos lo puedan hacer, esa legislación sería tachada de inconstitucional, además de ilegítima. Este principio se aplica a todos los derechos humanos, y se relaciona fuertemente con que, los mismos tienen una conexión intrínseca con la dignidad de la persona. Cabe destacar que, en nuestro ordenamiento jurídico, los tratados internacionales de derechos humanos, tienen jerarquía constitucional (Articulo 75 inc.22 Constitución de la Nación Argentina).
Las teorías acerca de los derechos humanos plantean que los hay de diferentes generaciones, a saber: de primera generación conformada por los derechos políticos y civiles, de segunda generación conformada por los derechos económicos, sociales y culturales, la tercera generación conformada por los derechos de justicia, paz y solidaridad –tomados como derechos colectivos- y una cuarta generación en vías de creación conformada por los derechos a la comunicación. Estas generaciones se van a relacionar con la exigibilidad de los derechos, los de primera generación son exigibles para el estado, los de segunda y de tercera son exigibles en la medida que el estado posea recursos materiales para garantizarlos. Éste es el punto de partida de los organismos internacionales de derechos humanos, punto de vista por supuesto discutible, y que será tarea de humanistas revertirlo hasta lograr que todos los derechos humanos sean exigibles. También está en discusión, la idea de las generaciones, avanza la concepción de ver a los derechos humanos como un todo integral, cuestionando la idea de las generaciones que son una forma de jerarquizarlos.
Estos derechos humanos que se paran frente al poder del estado, necesitan del compromiso del estado de no violarlos tanto en el ejercicio de la función pública en general, como en el ejercicio del poder represivo mediante las fuerzas de seguridad, en particular.
Por otro lado, el estado de derecho debe garantizar que el marco jurídico general se atenga a la concepción de los derechos humanos. Es decir, si bien en términos conceptuales, la violación a los derechos humanos sólo puede llevarse adelante por el estado (en principio) y reconociendo los avances del concepto que se está llevando adelante, si el estado genera un marco regulatorio que autorice por ejemplo la esclavitud en determinadas circunstancias, es responsable, mas allá de la materialidad de los hechos, por dictar normas violatorias a esos derechos. En este sentido, se riñe con el concepto de derechos humanos una legislación que avale prácticas violatorias a los derechos fundamentales de las personas, más aún si esas prácticas son consecuencias del extremo grado de vulnerabilidad de aquellas. Terminar con los grados de vulnerabilidad parecería ser la tarea urgente de un estado que busque garantizar derechos. El derecho a la vida, a la salud, a la integridad física, al trabajo, a la educación, al medio ambiente, a la ciudadanía, de cada uno y cada una de los y las habitantes de un país es la tarea humanista por excelencia.
En lo específico, el reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres merece un tratamiento aparte. Las sociedades modernas tanto han violado en forma sistemática esos derechos, con la nula condena social y legal de las conductas que, el movimiento de mujeres en general y el feminismo en particular, ha tenido a lo largo de los años, la tarea de generar mecanismos que reconozcan los derechos de las mujeres como derechos humanos. Así, en el año 1979 la ONU ha aprobado la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación hacia la mujer, aprobando en 1999 su Protocolo Facultativo; en el año 1994 la OEA ha aprobado la Convención Interamericana para prevenir sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, Convención de Belem do Pará, y su mecanismo de implementación en 2004, así como el Estatuto de Roma (1998), además de la realización de varias Conferencias Mundiales sobre las Mujeres. Las identidades sexuales y de género disidentes aún no gozan de un tratado que proteja el goce de los derechos, sólo los principios de Yogyakarta que no gozan de estatus de convención, al ser meramente declarativo. No vamos a analizar en éste artículo a los organismos internacionales de Derechos Humanos, desde la perspectiva de la política internacional y regional, pero sí nos interesa determinar un marco regulatorio en cuanto a derechos de las mujeres.

Ciclo Prostitución. Museo Jorge Rando

Estos tratados internacionales vinieron a poner los derechos humanos de las mujeres en pie de igualdad con los derechos humanos de los varones. De ésta manera, determinan las obligaciones estatales en cuanto a garantizar el ejercicio de los derechos humanos, mediante la garantía material del goce de los derechos; el concepto de justicia social, se relaciona con la idea de ejercicio material de los derechos. Desde el punto de vista del Estado de Derecho, es necesario el cumplimiento de los parámetros legales, y el cumplimiento de los parámetros materiales, es decir: no sólo la ley que reconoce que el trabajo es un derecho basta para que el estado garantice ese derecho, es necesario que el estado asuma un rol activo en cuanto generador o facilitador de fuentes de trabajo, este ejemplo es aplicable a todos los derechos.
El incumplimiento de estos parámetros, es una de las principales causas que llevan a las mujeres a estar en situación de prostitución y a ser víctimas de redes de trata (esto en términos generales); el quebrantamiento de derechos lleva a estados sociales de tal vulnerabilidad que, niñas, niños, adolescentes, mujeres y travestis/trans, resultan en definitiva susceptibles de entrar en redes de trata y prostitución. Este estado de vulnerabilidad es responsabilidad estatal para el concepto de derechos humanos, un estado que no garantiza el goce efectivo de los derechos de las mujeres, está violando los derechos humanos.
En los tratados específicos de derechos de las mujeres, los planteamientos generales abordan desde la educación, el trabajo, la salud en general y particularmente la salud sexual y reproductiva, la posibilidad de acceso a créditos, cargos electivos, la participación política, la no discriminación, y el derecho a una vida libre de violencia, entre otros; aunque la no garantía de estos derechos es la causa por la cual muchas mujeres y travestis/trans, se encuentran en situación de prostitución. Este orden de cosas no puede, a su vez, ser el fundamento para “legalizar” formas de explotación. La falta de fuentes de trabajo no puede ser el fundamento de la regulación de la esclavitud, la falta de garantía de los derechos de las mujeres no puede ser fundamento de dar un marco regulatorio a la explotación sexual, marco regulatorio que nada tiene que ver con dar derechos laborales a las mujeres, cuestión que dejaremos para analizar en el próximo artículo. El estado no puede alegar su propia impericia y reglamentar la explotación sexual y menos aún fundamentarla en la libertad individual que conlleve a que las personas renuncien a su dignidad como personas, a sus derechos inalienables, cuando los mismos por definición son irrenunciables.

*ver entrada Noviembre 2016





El debate sobre la prostitución



Apuntes para discutir el abolicionismo –
"El debate sobre la prostitución”
Por Silvina Perugino,  Abogada, Especialista en Género y Comunicación (En etapa de Tesis) e integrante de la Secretaria de Género- Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP

El debate sobre la prostitución está abierto, y no sólo entre las filas del feminismo sino que atraviesa la sociedad en su conjunto. Una fuerte campaña nacional e internacional para considerar la prostitución como trabajo, cruza la realidad social en la que vivimos, los lobbies en favor de la reglamentación son cada vez más fuertes. Proponemos, a través de una serie de artículos, pensar la teoría abolicionista a la luz de los argumentos del reglamentarismo, intentando desmenuzar sus implicancias sociales y políticas.
Las posiciones acerca de la prostitución, en líneas generales, se resumen en tres: el prohibicionismo que plantea terminar con la prostitución a través de la represión, tanto de prostituyentes como de personas prostituidas; el reglamentarismo que plantea la necesidad de reconocer a las personas en situación de prostitución como trabajadoras sexuales y enmarcarlas en un régimen legal; y la postura abolicionista que plantea la necesidad que el Estado impulse políticas públicas encaminadas a generar posibilidades reales de acceso al mundo laboral para personas en situación de pobreza en general y de prostitución en particular, independientemente de quien, teniendo todas las posibilidades de desarrollarse en el mundo laboral, decida prostituirse. El debate entre estas dos últimas posturas es el que resulta sin dudas, más interesante para el análisis.

Ciclo Prostitución. Museo Jorge Rando
Uno de los argumentos más fuertes dentro de la postura abolicionista, es la equiparación al ejercicio de la prostitución con la esclavitud, o al menos con alguna forma de ella, en cierta en medida y en determinadas condiciones, en el siglo XXI.
Resulta difícil pensar pacientemente que, aún en la actualidad somos capaces de naturalizar formas de sometimiento humano similares a los sistemas esclavistas del siglo XVI. Esa idea, en principio genera un rechazo guiado a primera vista por los avances en Derechos Humanos que las sociedades han llevado adelante.
Sin embargo, uno de los argumentos del reglamentarismo nos retrotrae necesariamente a esa época. Marca, esta corriente, la necesidad del reconocimiento de la prostitución como un trabajo a partir del derecho a la libre determinación de las mujeres. Y aquí está la clave.
En épocas donde comenzó a discutirse la idea de la esclavitud y del poder político, los teóricos contractualistas, ensayaron la ficción jurídica del “contrato social” a partir del cual las personas libres y soberanas renunciaban en cierta medida a estos atributos y los cedían a otros a fin de ser gobernados por estos últimos, esto se llevaba a cabo a través de un contrato. Esta idea, acuñada desde la más íntima convicción anti-monárquica tuvo un obstáculo importante en su desarrollo, ya que sus teóricos, no acuñaban tantas similitudes con respecto a la esclavitud, la misma seguía siendo un punto en discusión: ser anti-monárquico no necesariamente los posicionaba como anti-esclavistas. Así, la disputa del poder a la monarquía, se daba desde una burguesía que, tomaba para dicho fin, la bandera de los Derechos Humanos, más sin reconocer a la humanidad en su plenitud: de esa humanidad quedaron excluidos/as esclavos/as y mujeres.
De ésta manera, la esclavitud va a sobrevivir un tiempo más y la teoría deberá ensayar argumentos con los cuales sostener, dentro de la perspectiva de la libertad individual fundante del contrato social, el sistema esclavista.
La clave va a estar puesta en la libertad. La libertad que tenemos los seres humanos para decidir sobre nuestras vidas, sobre nuestros cuerpos, hasta incluso decidir sobre nuestra propia libertad. Así, la dimensión de la decisión sobre nuestros cuerpos pendula entre la libertad y el liberalismo.
Según el liberalismo de Locke, uno de los teóricos contractualistas, el hombre es libre de decidir su propia esclavitud, digamos que aun con la espada del amo en el pecho, el esclavo es por un instante dueño de decidir sobre su propia libertad. Hoy, esta idea de contrato entre esclavo y esclavista, esta desechada. Sin embargo en el plano sexual, va ganando terreno, ¿Tal vez porque se basa en pilares anteriores a la esclavitud? También se va perfeccionando, buscando la misma salida que los estados modernos y burgueses encontraron con la esclavitud: convertirla en trabajo asalariado.

Ciclo Prostitución. Museo Jorge Rando

La feminista Carole Pateman en su “Contrato sexual” plantea que antes que los varones se pusieran de acuerdo con la forma de ser gobernados, ya habían dejado a las mujeres presas de aquel contrato, que le da nombre a su libro. Ese contrato las objetiviza, las corre del espacio político, pasan a ser “propiedad del varón”, en todo caso es él quien las representa. De allí se desprende según la autora la ley basamento del patriarcado que es: la ley del libre acceso por parte de los varones al cuerpo de las mujeres. Esta, es la premisa que el patriarcado debe garantizar para su subsistencia.
Ese acceso del que habla Pateman, se cumple básicamente con dos contratos: el matrimonial y el de prostitución, para la autora estos contratos son subsidiarios, es decir, no puede existir el uno sin el otro. La idea de familia monogámica y monoparental necesita la institución “prostitución” para sostenerse. Los atributos sexuales que el sistema patriarcal asigna al varón, no puede desarrollarse sin la prostitución. El instinto sexual del varón es, en términos patriarcales, incontenible y por definición extremadamente lujurioso, cuestiones no permitidas para el estereotipo patriarcal de la mujer-madre, se crea entonces la figura de la prostituta a la que sí le es “permitida” cierta conducta sexual. Por ello estos contratos son subsidiarios, van de la mano, se complementan, son dos caras del mismo sometimiento. Los dos son contratos de sujeción: la prostitución no es la liberación de lo oprimida mujer casada, la prostitución sostiene al contrato matrimonial.
Siguiendo a Pateman entonces, este contrato sexual del que habla y las instituciones matrimonio y prostitución son anteriores al esclavismo. Engels, también hará un planteo en ese sentido. Estas instituciones van a sujetar a la mujer bajo el poder político y sexual del varón, luego los varones harán el contrato político entre ellos, aquí la mujer ya no es libre de decidir.
Se ha recorrido un largo camino en cuanto al derecho a la libertad, pero ese avance parece estancarse en el terreno sexual, a nadie se le ocurriría hoy en un caso de esclavitud laboral pensar en que puede soslayarse la responsabilidad legal del esclavista, si media consentimiento; con lo sexual sucede algo distinto. La voz de la mujer, silenciada por años, aquí cobra un valor inusitado, y la libertad de decisión para prostituirse cobra una envergadura poco probable en lo que respecta a la historia de la prostitución. Siguiendo esta línea de pensamiento, la libertad personal puede justificar cualquier menoscabo en el propio cuerpo, cualquier sometimiento a la autoflagelación; puede que en algunas oportunidades actos de este tipo puedan no evitarse pero, ¿El estado debe garantizar el espacio para que se desarrollen?
Otra idea que es necesario abordar es la idea de “Libertad”, entonces cabe preguntarse: ¿La libertad es una idea absoluta? ¿Es lo mismo la libertad de una niña nacida en una familia de la oligarquía argentina que asiste al Colegio Liceo Franco Argentino, que la de una niña nacida en una “villa” y que sale a la calle a pedir limosnas desde los 6 años, o la de una niña travesti que es expulsada de su hogar cuando decide su identidad de género? ¿Todo es lo mismo? ¿Libertad para decidir es igual a reglamentar la explotación? ¿O libertad será generar una situación de igualdad material, para que realmente la decisión sea tomada sin condicionamientos?

Ciclo Prostitución. Museo Jorge Rando

El liberalismo, desde su propio nombre entraña una trampa, tal vez la más terrible dentro de las teorías políticas, la trampa de hablar de la libertad desde un lugar abstracto, desde un imaginario ideal, y sin problematizar el concepto. La libertad no en sentido de acceso material a los derechos, sino desde la concepción intimista, personal. La libertad no como un concepto político sino como un sentimiento emocional, “sentirse libre” para decidir, “ser libre” desde la sensación, más allá de lo que pase en el día a día. La idea de sentirse libre, desvinculado de la situación material en la que se vive.
El discurso reglamentarista hace hincapié en la libertad de elección, de la libertad de elegir sobre nuestros cuerpos; sin embargo al “trabajo sexual” ligan indefectiblemente la situación de pobreza de las “trabajadoras Sexuales”, nos preguntamos entonces ¿Cómo se relaciona la pobreza material con la idea de la elección en libertad? ¿La pobreza no actúa como condicionante de esa libertad? ¿La pobreza como condicionante es asimilable a otros condicionantes de personas que no están atravesadas por la misma?
El liberalismo encontró obstáculos determinantes a las ficciones que desde su seno pretendían justificar la esclavitud, seguramente también ha encontrado nuevas formas de explotación de la clase que exceden este articulo, el feminismo deberá concentrar parte de sus fuerzas en poner frenos a los avance del liberalismo o el neo-liberalismo en el terreno sexual, en cuestionar la legitimación de una de las formas más brutales de esclavitud moderna, en evitar que el cuerpo de las mujeres sea terreno donde el capitalismo despliegue su batalla de ideas, imponiendo una de sus más importantes
premisas: que todo, absolutamente todo, hasta nuestra propia libertad es negociable y tiene un precio.

 Fuente
http://radiocadenanacional.com.ar/2016/10/12/apuntes-para-discutir-el-abolicionismo-el-debate-sobre-la-prostitucion/




viernes, 24 de marzo de 2017

Vientres de alquiler: la hermana pequeña de la prostitución




Vientres de alquiler: la hermana pequeña de la prostitución
Por Antonio Gómez Movellán -
08/03/2017

La prostitución, la pornografía comercial y la subrogación no son más 
que expresiones del machismo de nuestra sociedad y todas ellas significan
 la explotación de las mujeres por los hombres. Hacer pasar los vientres de alquiler como una práctica inocua o una mera transacción mercantil es no 
ver lo que existe detrás de esta realidad.
El laicismo y el humanismo siempre se han pronunciado contra la explotación de la mujer al tiempo que ha levantado el derecho de las mujeres a la libre reproducción y una sexualidad plenamente libre, incluido el aborto y al ser la última depositaria de las decisiones en relación a su propio cuerpo; siempre se han manifestado en contra de las constricciones que las iglesias o las leyes injustas han impuesto a la mujer en las distintas civilizaciones y a lo largo de los siglos. Concretamente la Iglesia Católica, en nuestro país, ha sido la institución que más daño ha hecho a las mujer al mantenerla relegada a una posición de sierva del patriarcado, influyendo en el Estado para que promulgara leyes en ese sentido. Todos los derechos civiles y sociales de las mujeres han sido contestados por la iglesia católica: el divorcio, el aborto y cualquier medida emancipadora de la mujer; incluso hoy en día sigue presionando a los poderes públicos en contra de los derechos de las mujeres, de los homosexuales, de las lesbianas y transexuales. En España, la Iglesia católica tiene cada vez más problemas para que la sociedad acepte su moral y por eso pretende mantenerla en sus colegios. La lucha por una educación laica ha sido una de las primeras luchas que en el siglo XX emprendió la mujer en España para liberarse de la nefasta tutela católica. Desgraciadamente esta asignatura está aún pendiente en nuestro país ya que los colegios católicos son mantenidos por el Estado y decenas de miles de catequistas adoctrinan en los colegios públicos en la moral católica.

Desde el humanismo y laicismo se apoya el derecho moral y legal inequívoco de todas las mujeres a la autonomía sobre su propio cuerpo y las opciones reproductivas. El acceso de las mujeres a la planificación familiar, anticoncepción, control de la natalidad, anticoncepción de emergencia y los servicios sanitarios plenos debe reivindicarse como un derecho básico de las mujeres y la financiación pública no puede ser utilizada para comprometer estos derechos escudándose en visiones morales religiosas o de éticas privadas. Igualmente el laicismo y el humanismo se han pronunciado contra todo tipo de discriminación para las personas que por su identidad y orientación sexual se encuadran en el LGTB y aboga por una equiparación absoluta en derechos a las personas heterosexuales incluyendo el matrimonio, la adopción y el acceso a las técnicas de reproducción asistida. Sin embargo, la denominada maternidad subrogada no se encuentra en esta perspectiva de liberación y emancipación.

Nadie puede estar a favor o en contra del uso de técnicas reproductivas asistidas; simplemente son técnicas que han sido desarrolladas por la medicina y la biología. El problema es que estas técnicas se conviertan en un mero negocio en el cual la mujer sea exclusivamente un vientre de alquiler. La violencia, física y mental, que supone el tener un embarazo solo por dinero, en la cadena del negocio de la procreación, es un hecho de una agresividad extrema.


La subrogación altruista es una cortina de humo, que no existe en la práctica a gran escala. La denominada subrogación maternal es una industria y en los países donde solo se permite la subrogación altruista, el dinero se da a las mujeres bajo manga. La subrogación maternal está construida sobre una muy antigua noción patriarcal de la reproducción, como en el famoso relato bíblico de Agar; Abraham, debido a la esterilidad de su mujer Sara, tuvo un hijo, Ismael, con la esclava egipcia Agar, del cual son descendientes los ismaelitas. Después de tener a Ismael, Agar fue maltratada y expulsada por Sara al desierto. Se trataba de mantener la dinastía del patriarca Abraham como fuera, incluso utilizando y maltratando a los esclavos.

El llamado derecho maternal o paternal, en sí mismo, no deja de ser otra manifestación de la ideología patriarcal y machista. El humanismo laicista aborda este asunto desde la perspectiva de la liberación sexual y huyendo de los modelos patriarcales de la sociedad. Los vientres de alquiler constituyen una práctica donde los ricos del mundo utilizan a las mujeres de los países pobres y a las clases inferiores como criadoras para tener hijos genéticos. Es un retorno al principio del patriarcado, donde las mujeres son meras criadoras.
Las parejas estériles heterosexuales u homosexuales del mundo desarrollado quieren tener un derecho para satisfacer sus caprichos sentimentales a expensas de las madres biológicas de los países pobres. Antes del desarrollo de las técnicas de reproducción asistida se hacían estas mismas prácticas, de los vientres de alquiler, pero de forma natural. Es el caso, por ejemplo, de la monja Sor Maria en España que tenía un comercio de bebes en varios hospitales de Madrid y también compraba bebes a las mafias de la prostitución de los años sesenta en España para dárselo a las parejas estériles católicas, esquivando la legislación de adopción de la época. Este negocio del tráfico ilícito de bebes siempre ha sido realizado de manera subrepticia por las órdenes religiosas que han mantenido durante años el control de los hospicios y de muchos hospitales de maternidad. El descubrimientos reciente de los restos de 800 cadáveres de bebes y niños menores de tres años en los patios de un convento en Irlanda ha causado un gran estupor internacional, pero ninguna sorpresa. En los hospicios siempre han existido esta práctica de transferencia más o menos legal de bebés; en Argentina, el caso de los bebes robados de las mujeres desaparecidas en la dictadura causó pavor al mundo pero fue la iglesia católica argentina quien sirvió de cauce de esta transferencia de recién nacidos de las jóvenes desparecidas. Incluso Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, tuvo que testificar, en el año 2012, sobre la desaparición de Elena de la Cuadra y sobre apropiación ilegal y el robo de la identidad de su hija en 1977, Ana Libertad, dando, durante el interrogatorio, evasivas poco convincentes y muy sospechosas.


Esta práctica de trasferencias de bebes que ha sido realizada por siglos por las órdenes religiosas  hoy se realizan con prácticas de reproducción asistida por las clínicas de México, Rumania, Polonia, Ucrania o la India que son los países donde más ha florecido este negocio; las personas más ricas van a EEUU donde un bebe cuesta 150.000 dólares y las clases medias van a la India o Ucrania donde cuestan la mitad o menos. Justificar este negocio en la libertad de conciencia es un sinsentido. Es como si quisiéramos amparar la extracción y el comercio ilegal de órganos basado en la libertad de conciencia. La pobreza te puede abocar a la prostitución o te puede abocar a ser una madre de alquiler pero eso no tiene nada que ver con la libertad de conciencia, nunca es una elección libre. Pudiera objetarse que pudiera existir una mujer enteramente altruista; en ese caso regúlese pero de forma muy rígida ya que si no sería el coladero para la explotación comercial de las mujeres en situación de vulnerabilidad. También debe regularse la filiación de los bebes producto de este nuevo tráfico internacional. En México y en la India, se están planteando prohibir la maternidad subrogada ya que se está comprobando la agresividad extrema de esta práctica neocolonial. Por su puesto que el turismo sexual en Tailandia puede ser justificado de mil maneras y cabe verse como una elección libre de las jóvenes que se prostituyen pero también cabe verse como una explotación y abuso sexual por los hombres del mundo desarrollado y nunca la prostitución ha sido una forma para salir de la pobreza; quizás la subrogación maternal sea la hermana pequeña de la prostitución. El objetivo debe ser detener este negocio. No estamos hablando de igualdad, ni de liberación ni de emancipación, estamos hablando de patriarcado y explotación bajo la apariencia de la libre decisión.

Antonio Gómez Movellán
Fundador de al Asociación Europa Laica ( laicismo.org ). Autor de "La iglesia católica y otras religiones en España"

Fuente
http://diario16.com/vientres-de-alquiler-la-hermana-pequena-de-la-prostitucion/



miércoles, 8 de marzo de 2017

Psicoterapeutas alemanes y sus argumentos médicos contra la prostitución



   Psicoterapeutas alemanes y sus argumentos médicos contra la prostitución

      3/5/2016
       Traducción: Liliana M Forero Montoya
      Texto en inglés: http://www.sabinabecker.com/2014/09/german-psychologists-and-the-scientific-case-against-prostitution.html
      Texto original en aleman: http://www.emma.de/artikel/traumatherapeutinnen-gegen-prostitution-317787

      Aunque los políticos alemanes han estado bajo la fuerte presión del lobby proxeneta local para continuar con todas las leyes sobre prostitución, otro grupo de voces se está alzando para unirse a la oposicion de esa poderosa y adinerada fuerza. Son los psicoterapeutas, quienes han trabajado extensamente con mujeres y niñas prostituidas, y lo que han visto en el curso de sus carreras es suficiente para convencerles que la prostitución no es, y nunca será, un trabajo como cualquier otro para la inmensa mayoría de quienes están en situación de prostitución.

      “La prostitución no es de ninguna forma un trabajo como cualquier otro. Es degradante, tortuoso y explotativo. Desde la perspectiva de la persona en situación de prostitución, hay demasiado horror y sufrimiento en juego, que ellas tienen que reprimir para poder sobrellevarlo" Esto afirma Michaela Huber, psicóloga y Directora de la Sociedad Alemana para el trauma y la disociación.
      “En este sistema prostituyente, las mujeres son sistemáticamente sometidas, abusadas y degradadas a objetos" Afirma Lutz Besser, directora del Centro de Psicotraumatología y Trauma Terapia de Niedersachsen.
    
      “La prostitución tiene sus raíces en la violencia cometida durante la infancia, y la sociedad no debe invisibilizar o encubrir esta violencia!" demanda Susanne Leutner, vice presidenta de la asociación de terapeutas del trauma, EMDRIA.

      Las líderes psicoterapeutas alemanas hablan con claridad y llaman a generar conciencia social y apoyar la iniciativa “Stop compra de sexo”. Esta organización, conformada por una coalición de ciudadanas-os y expertas-os, solicita que quienes pagan por sexo, los prostituyentes (puteros), sean castigados, en línea con el Modelo Nórdico: “Esta es nuestra meta, no criminalizar a las personas en situación de prostitución, sino poner el foco hacia los prostituyentes (johns), quienes demandan y crean el "negocio". Ellos son actualmente responsables del hecho del incremento de mujeres jóvenes provenientes de países pobres que son traídas a Alemania para ser forzadas a la prostitución.” Porque "la realidad de las mujeres en situación de prostitución está siendo glorificada o trivializada e ignorada — y la explotación de la mujer de esta manera está siendo normalizada y cimentada.
 
     Esta postura ofensiva de les terapeutas especializadas en el tratamiento de personas traumatizadas, es por decirlo de alguna forma, una sensación. Entre los terapeutas que se han unido a la iniciativa se encuentra el Prof. Günter Seidler, director de psychotraumatology en la University of Heidelberg y un pionero de la investigación alemana sobre trauma. “Existen actualmente demasiadas personas traumatizadas psicológicamente. Las heridas en la salud mental que genera la prostitución son evitables". Afirma Seidler, uno de los primeros 90 signatarios de la solicitud de EMMA para acabar con la prostitución.
    
      “La prostitución es violencia, no una profesión" afirma el Prof. Wolfgang U. Eckart, director del "Institute for History and Ethics in Medicine" en Heidelberg, en la Revista sobre Trauma y Viiolencia. El argumenta: “existe muy poca libertad en la prostitución en general y ninguna libertad en la prostitución con intermediarios. Debido a la inmensa asimetría de poder y potencialidad para la violencia en la relación entre el proxeneta (intermediario) y la persona en situación de prostitución. Esto genera la más antigua forma de esclavitud de la mujer, y a través de una relación de dominación, suministra casi automáticamente todas las fachadas y condiciones para la práctica de actos traumatizantes de violencia de todo tipo"
    

      La Dra. Ingeborg Kraus es la iniciadora de la protesta de los terapeutas contra la prostitución. Esta terapeuta de trauma de Karlsruhe ha atendido víctimas de violación en el marco del conflicto en Bosnia, y tras su vuelta a las clínicas de trauma en Alemania, ha hecho la siguiente reflexión: “Incluso aquí (Alemania), cada paciente mujer ha experimentado violencia sexual”. En algún punto, Kraus se cansó de la tarea de recoger sus pedazos". Ella hizo el siguiente voto: "Quiero trabajar a la vez en la prevención. Por ellas también, la lucha contra la prostitución es parte de prevenir. “En mis largos años de experiencia psicoterapéutica, he acompañado mujeres en situación de prostitución y aprendí sobre sus antecedentes. Esto me hizo ver claramente lo que la prostitución era, en todos los casos la manifestación del continuum de las experiencias violentas en sus biografías.”
    

      Michaela Huber solo puede confirmar que, para ella, en sus propias experiencias como terapeuta y en aquellas de muchísimos colegas encuentra que: El pre requisito para "vender el propio cuerpo" es haber sido alienada o escindida de tu propio cuerpo" Ella continúa: “Solo tienes que imaginártelo, una tiene que dejarse penetrar, una y otra vez, una tiene que practicarlo (la disociación), o no podría hacerlo. Una deja atrás solo una cáscara, para poder continuar con ciertos movimientos y gestos.

      Este separarse de uno mismo - disociación en la jerga de especialistas - es aprendido a la fuerza, muy temprano por las víctimas de violencia. No es ninguna coincidencia que los estudios que muestran que la mayoría de mujeres (y hombres) en situación de prostitución han sufrido abuso sexual u otras  violencias traumáticas, o negligencia en su infancia.

      El Traumatólogo Lutz Besser, demanda que se reflexione sobre la aceptación de la prostitución. El teme que "estemos en peligro de caer en una Era de Hielo de la Ética. La moral es una parte,” dice Besser. “Pero la ética además implica la pregunta: ¿Qué pasa con las otras personas, cuando yo hago algo? Esta pregunta, sin embargo, es una pregunta que los prostituyentes (puteros) no se hacen. “Al hombre que paga por sexo no le importa que la mayoría de las mujeres en este negocio, lo estén haciendo bajo presión o coacción. Tenemos una sociedad que legitima esta situación y demanda una postura en la que la prostitución se asuma como la cosa más normal en el mundo” afirma el terapeuta. “Además es escandaloso que nosotros como sociedad no tengamos una postura clara en esto!".
     

      In Berlin, los políticos están frecuentemente buscando consejo. No solo sobre cómo la prostitución debe ser legalmente regulada; ellos también deciden cómo nuestra sociedad asume una posición sobre ello: si la prostitución debe continuar siendo considerada como "un trabajo como cualquier otro" — o si la prostitución atenta contra la dignidad humana y destruye seres humanos. Les terapeutas firmantes esperan que los políticos no solo pongan bajo su cuidado aún más personas traumatizadas, sino que finalmente asuman el lado de la prevención.