martes, 20 de junio de 2017

La relación entre pornografía y explotación sexual



La relación entre pornografía y explotación sexual
Un análisis sobre cómo las decisiones individuales tienen efectos sociales devastadores
Alejandra Acosta
 Editado porAnna Manzana
Publicado el:10 junio 2017
La industria del sexo es uno de los grandes magnates económicos del siglo XXI. Según reportes oficiales de las Naciones Unidas, la prostitución aporta 32.000 millones de dólares al año y la pornografía 97 billones de dólares. Tristemente, estas dos actividades tienen algo más en común que grandes cantidades de dinero: las dos explotan personas.

Antes de analizar la estrecha relación entre pornografía, prostitución y explotación sexual, me parece importante aclarar que siempre habrá personas que ejerzan estas actividades por voluntad propia, pero esto no justifica los millones de abusos que este negocio provoca. Llegados a este punto, deberíamos analizar cuán ético es un negocio en el que un 80% de sus trabajadores son utilizados en contra de su voluntad, utilizando la extorsión, las amenazas y la violencia. (Definición de explotación sexual en el protocolo de Palermo)


¿Qué tiene que ver la pornografía con la prostitución y la trata de personas?
"Para mí la pornografía es una forma de prostitución que se normaliza porque alguien lo está grabando"

"Los tratantes convierten las violaciones que me hacen en un negocio que ofrece placer sexual a otros."

"Aunque yo inicialmente me dedicaba a la prostitución, mi tratante me forzó a realizar escenas pornográficas con una pistola en la cabeza. Es como si hubiera firmado un contrato para ser violada, grabada y comercializada."

"Lo que una mujer calificaría como violación, para nosotras las prostitutas es algo normal".

-Víctimas y supervivientes de explotación sexual

Estas declaraciones están reflejadas en una investigación de la doctora Melissa Farley, realizada en 9 países del mundo a miles de mujeres en situación de prostitución.
Me resulta realmente interesante, como la mayoría relacionan la pornografía con el abuso sexual grabado y cómo afirman haber sido coaccionadas para aparecer en vídeos pornográficos.
Si nos tomamos las cifras alarmantes de la explotación sexual en serio, deberíamos dejar de mitificar la industria del sexo. Es esencial que dejemos de verla como algo separado de la violencia de género por parte de una pareja, una violación o un abuso...porque la única diferencia es que la violencia está monetizada.
Según declaraciones del fiscal general del estado de Massachusetts, la gran mayoría de víctimas de trata de personas que ha detectado a lo largo de su trayectoria, han sido promocionadas en la página pornográfica backpage.

Prostituta cansada. Maita Arriaga Arrizabalaga

Así mismo, en las investigaciones de Foubert, 2011 en materia de pornografía y masculinidad, se detectó que los hombres que consumían pornografía, afirmaban ser propensos a cometer delitos de violencia sexual si sabían que podían salir impunes.
El 88% de los materiales pornográficos, contienen violencia contra la mujer (Bridges, 2010).
El 73% de los casos de abuso sexual de menores y pornografía infantil, son descubiertos a través de páginas pornográficas que con palabras clave, promocionan sexo con menores de edad.
Si detectas indicadores de violencia en la #pornografía y en la #prostitución y no los denuncias, eres parte del problema
Si conoces la realidad de la trata de personas y sigues consumiendo pornografía, hay un 88% de posibilidades de que estés alimentando el negocio de la explotación sexual.

Si como sociedad civil desmitificamos la industria del sexo y nos movilizamos para que se empiece a penalizar al comprador y al tratante, somos parte de la solución. #pornografia

 
Fuente
http://es.blastingnews.com/opinion/2017/06/la-relacion-entre-pornografia-y-explotacion-sexual-001764467.html


Las políticas económicas neoliberales aumentan el trabajo gratuito de las mujeres




26 mayo de 2014
“Las políticas económicas neoliberales aumentan el trabajo gratuito de las mujeres”

Es docente, investigadora y, sobre todo, militante por los derechos de las mujeres. Fue asesora ministerial en el gobierno de Rodríguez Zapatero. Aquí, advierte sobre las consecuencias que provocan en la lucha por la igualdad de los géneros los planes de ajuste en su país y Europa toda. También se suma al debate en torno de la prostitución. Y analiza qué cambió en España con la ley contra la violencia de género.

A su paso por Buenos Aires, adonde vino invitada por una organización regional de mujeres, Cladem, Rosa Cobo Bedia se explayó sobre las consecuencias de los planes de ajuste sobre la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, el debate en torno de la prostitución –¿trabajo o explotación sexual?– y los cambios que trajo la ley contra la violencia de género sancionada una década atrás en España, entre otros temas.

–¿Cómo están afectando las políticas económicas neoliberales en Europa la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres?

–Europa ya está metida de lleno en las políticas económicas neoliberales. Tienen muchos efectos. Pero hay dos básicos, que se pueden identificar analíticamente. El primero de ellos es que aumenta el trabajo gratuito de las mujeres. En la medida en que el Estado abdica de las funciones que hasta ese momento desempeñaba, esas tareas se desplazan a las familias, donde son las mujeres las que las asumen. Se trata de invisibilizar ese proceso de desplazamiento. Al mismo tiempo, han bajado muchísimo los salarios y, entonces, las familias de clase media tienen que prescindir de una ayuda doméstica y esas tareas pasan a hacerlas las mujeres. También con menos dinero en los hogares se tiende a preparar otro tipo de comidas, ya no un bife, sino platos más elaborados que son más baratos pero demandan más trabajo. Las que cocinan suelen ser las mujeres. Del 2003 al 2014, el trabajo gratuito de las mujeres en España ha subido un 4,3 por ciento. Es un dato paradigmático. Imagínese un país de América latina, como sucedió unos años atrás en Perú o en Brasil, que tenga un crecimiento anual de esa magnitud. Ese trabajo gratuito de las mujeres aumenta sobre otro fenómeno, que también es históricamente nuevo, y es el ingreso masivo de las mujeres al mercado laboral. Por lo tanto, tienen la doble jornada laboral.

Rosa Cobo Bedia

–¿Cuál es el segundo efecto?

–Las mujeres hemos entrado al mercado laboral a partir de los años ’60 y ’70, en un proceso de pérdida de derechos para los trabajadores y de reducción muy significativa de los salarios. En 1973, a partir del golpe militar de Pinochet, Chile se convierte en el primer laboratorio donde se aplican las políticas económicas neoliberales; después fue Argentina, Inglaterra... La reducción de los salarios en los últimos veinte años ha sido de muerte. Es decir, las mujeres entran al mercado laboral en la misma posición que tienen en la sociedad: en una posición de clara desigualdad con respecto a los varones. Las mujeres son mayoría en los trabajos de tiempo parcial, en la economía sumergida, en los empleos más precarios, tienen mayor presencia en las maquilas más descalificadas. La mayor parte de los salarios de pobreza son femeninos. El paradigma que lo explica con muchísima claridad es el de las maquilas. Se tiende a pensar que están sólo en Centroamérica y en el Sudeste asiático. Es muy falso: las maquilas están invadiendo el mundo entero. En España también las tenemos. Los dos grandes fenómenos que explican la posición de explotación de las mujeres son la maquila por un lado y la prostitución por el otro. Son las dos metáforas explicativas de la suerte de las mujeres en el siglo XXI. Hay otro efecto que ya no tiene que ver exclusivamente con las mujeres pero que también puede tener una lectura feminista, y es que han ensanchado el mercado y han reducido muchísimo la capacidad de maniobra del poder político, para poder gestionar el mercado en clave social demócrata, keynesiana, de redistribución económica. En términos generales, las políticas económicas neoliberales están aumentando muchísimo la desigualdad social en clave de un abismo entre pobres y ricos, un fenómeno que era completamente desconocido en Europa desde hacía tantísimas décadas. Es un proceso que está más vinculado a la revolución del siglo XIX, con aquel capitalismo que explotaba de una forma inmisericorde, que con cualquier otro momento que haya ocurrido en el último siglo.

–Mencionó a la prostitución... ¿Qué opina de la postura de algunas organizaciones que sostienen que hay que regularlo como un trabajo?

–Es un debate complicado que está presente en muchas partes del mundo y desde luego ha logrado instalarse en un lugar marginal, pero finalmente en un lugar de la agenda política de los países europeos. Y por el mismo motivo está en el centro del escenario político feminista, sin ninguna duda. La mayor parte del feminismo se inclina por la consideración de que la prostitución es una forma de explotación de las mujeres. Adhiero a esa mirada. También es cierto, y hay que tener en consideración que los países que tienen estados de bienestar más desarrollados en Europa, como es el caso de Suecia, Noruega, Finlandia, Islandia, han llegado a la conclusión de que es una forma extrema de explotación sobre las mujeres. Y están haciendo políticas públicas orientadas a penalizar al cliente y a poner sobre la mesa políticas y recursos que hagan posible que mujeres que están viviendo de la prostitución puedan salir de ella. Es importantísimo poner de manifiesto cómo el feminismo está intentando desplazar el foco de la mujer prostituida al varón prostituidor, al putero, al que se llama cliente, a mi criterio, de una forma bastante blanda. No creo que haya que llamarlo así, porque es reconocer una relación comercial.

–Voces que defienden la prostitución como trabajo fundamentan su postura en el derecho a decidir sobre su propio cuerpo de las mujeres, el mismo argumento con el cual desde el feminismo se defiende el derecho al aborto. ¿Qué responde a ese planteo?

–Hay elección cuando hay posibilidades de elegir. Cuando no hay posibilidades de elegir, no. Una mujer extremadamente pobre, con pocos recursos culturales y que ha sido abusada sexualmente en su infancia –porque la mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución lo ha sido y es un aspecto que no se dice–, ¿qué posibilidades de elección tiene? Lo que hay son circuitos semiinstitucionalizados por los que transitan las mujeres para la prostitución, que son los mismos por los que transitan las armas, las drogas, los órganos. Las mujeres van de los países más pobres a los más ricos, y siguen esos circuitos. No se puede decir alegremente que la prostitución es un trabajo como cualquier otro, porque la mayor parte de las mujeres que la ejercen no quieren ejercerla. No pongo en discusión que haya grupos reducidísimos de mujeres que ejercen la prostitución que lo consideren como un trabajo. Dirigí un trabajo de investigación entre 2010 y 2013, financiado por el Instituto de la Mujer en España. En ese marco hemos entrevistado a mujeres que ejercen la prostitución y ninguna de ellas quiere ejercerla. Lo hace porque sencillamente es una posibilidad segura de obtener recursos y mucho más en momentos en que el mercado laboral se ha reducido hasta extremos insólitos. A las mujeres les queda ese recurso para poder vivir, como a gente de poblaciones pobres vender un riñón. Que sea así no quiere decir que sea aceptable. No podemos renunciar a construir una imagen de cómo queremos que sea el mundo. Desde el punto de vista ético y social, no me parece que en esa imagen haya grupos de mujeres para uso sexual de todos aquellos varones que quieran hacerlo. Una ley envía un mensaje a la sociedad. Cuando se legaliza la prostitución se envía el mensaje a todas nuestras mujeres jóvenes –yo estoy pensando en mi hija, de 12 años– de que se trata de una actividad aceptable. Desde luego no quiero que mi hija ni que todas las jóvenes –porque son las jóvenes básicamente las que van a nutrir ese campo– reciban como mensaje que la prostitución es un trabajo como cualquier otro, porque sencillamente no lo es.

–¿Qué secuelas deja la prostitución en las mujeres?

–El uso de alcohol y de drogas es altísimo en ellas. Cuando las entrevistás, te dicen que tienen que beber y tomar drogas porque se les hace insoportable el acostarse con un hombre y luego con otro y luego con otro. Además, es una actividad que desgasta muchísimo porque mientras se acuestan con los hombres tienen que tener unos niveles de control fortísimos para que no se sobrepasen, no utilicen violencia, para que estén el tiempo que tienen que estar, para que no las obliguen a hacer cosas que no quieren hacer. Es un desgaste psicológico extremadamente fuerte y es un proceso de desempoderamiento brutal. Muchas de ellas no utilizan esta palabra pero el significado es ése.

–¿Qué intereses hay detrás de los planteos de legalización y sindicalización de la prostitución?

–Lo voy a decir de esta manera: hay momentos en que cuando no se puede hacer desaparecer fenómenos sociales que son extraordinariamente duros para los que los tienen que vivir, se trata de optar por salidas que mejoren sus condiciones de vida. Pero ya tenemos datos claros y rotundos, como los informes que se han publicado después de tantos años de legalización en Holanda, que sostienen que con la legalización de la prostitución no han mejorado las condiciones de vida de las mujeres que la ejercen. Por lo tanto, no debemos olvidarnos de ese argumento. Si la tendencia es a desnormatizar las relaciones laborales de sectores cada vez más amplios de trabajadoras y trabajadores, a que no haya contratos –le llaman flexibilización–, me pregunto ¿cómo es posible que les vayan a hacer contratos a las mujeres que ejercen la prostitución, sobre todo, si como ocurre en Europa la mayoría no tienen papeles porque son inmigrantes? Su vida no mejora. Lo que mejora con la legalización es la vida de los traficantes, de los dueños de los burdeles y de los varones que saben que tienen cuerpos que son mercancías a su disposición.


–¿Qué cambió en España en la última década en relación con la violencia de género a partir de las leyes que se aprobaron para sancionarla e implementar otras medidas para su prevención?

–A partir de 2004 se empiezan a hacer políticas públicas de igualdad de género y, en ese marco, se aprueba una ley contra la violencia de género. Había más expectativas en torno de esa ley de las que finalmente logró satisfacer. Lo más importante, creo, es el mensaje que se envió a la sociedad de que la violencia contra las mujeres no es aceptable desde el punto de vista moral y social. El umbral de tolerancia se bajó. Eso ha sido muy bueno. Se convirtió, además, en un tema de debate social, político y público, un tema que se consideraba privado. El problema se hizo visible para mucha gente, para la cual hasta ese momento era invisible. La ley tiene una parte impositiva, que se centra en el castigo al agresor, y otra, propositiva, que señala que la violencia contra las mujeres no puede desaparecer si no se hacen políticas de prevención, que tienen que ver con educación sexual en las escuelas, con introducir en los estudios primarios, secundarios y universitarios el problema de la desigualdad entre hombres y mujeres. Hay violencia porque hay desigualdad. Esa parte es la que no se ha cumplido. Ahí también tenemos que decir que la derecha ha sido extremadamente beligerante contra las políticas de prevención. Nunca aceptó introducir la educación sexual en la currícula escolar. En los últimos tiempos, que han sido los peores en España desde que se reinstauró la democracia, como las políticas de ajuste han sido brutales, han desaparecido completamente las políticas sociales y los recursos para las mujeres –aunque no sólo para ellas–. Con lo cual la ley contra la violencia de género se está vaciando de contenidos.

–En Argentina se observa una exacerbación de la violencia hacia las mujeres, con casos que se repiten de mujeres quemadas vivas por sus parejas o ex parejas. ¿Se observa el mismo fenómeno en España? ¿A qué cree que puede responder?

–Podríamos hablar de un canon de violencia patriarcal, que es el de un varón que considera que su pareja es de su propiedad –como en el siglo XIX, cuando no teníamos muchos derechos civiles– y frente a la posibilidad de que ella pueda tener voz, autonomía, pueda irse, utilizan variadas formas de violencia, que en algunos casos desembocan en el asesinato. Ese es el canon de violencia patriarcal que estamos acostumbradas a ver y hemos logrado identificar analíticamente las feministas, y a partir de lo cual hemos generado mucha conciencia e introducido en la agenda política de muchos países. Después, hemos visto que ha habido un surgimiento de nuevas formas de violencia patriarcal. Estoy pensando en los femicidios de Ciudad Juárez, en cómo están aumentando en algunos lugares de Centroamérica los crímenes de mujeres los fines de semanas, adolescentes que se van por ahí a tomar una copa y varios varones las violan colectivamente, y en algunos casos las matan. En maras, en Centroamérica, para que algunas mujeres puedan acceder como miembros de pleno derecho se las obliga a pasar por vejaciones, desde tener relaciones sexuales con los jefes hasta aguantar golpes. Es decir, están surgiendo formas de violencia perpetradas por un varón que no es la pareja de la víctima. Se puede interpretar de esta manera: las mujeres hemos logrado a partir de los años ‘70 más libertad, más igualdad, más autonomía, más independencia económica y por primera vez en la historia –y esto es inédito– podemos decir no a los varones. Y no sólo que podemos decirlo, sino que lo decimos. Las tasas de divorcio son altísimas en muchas partes del mundo, sobre todo en sectores de clase media y media baja. Y no sólo en Europa. Las tasas de natalidad, además, han descendido. Son maneras de decir que no al concepto de familia patriarcal tradicional. Parece que los varones no pueden aceptar ese proceso: que las mujeres les digan que no. Por ejemplo: el 13 por ciento de las mujeres alemanas no quiere tener hijos y no los tienen. Es completamente inédito. Parece que en la medida en que las mujeres ganamos derechos y podemos decir que no a los varones individualmente, los varones colectivamente responden con un tipo de agresividad y de violencia que no estaba en la manera de relacionarse los hombres y las mujeres. No tiene sentido como hecho aislado tomar a una mujer, torturarla, violarla, meterla en cal viva, porque los actos de violencia tienen siempre una dimensión instrumental. Es decir, yo ejerzo violencia contra alguien porque eso me va a producir beneficios. Y, sin embargo, estos actos aparentemente no tienen esa dimensión instrumental. Solamente la tienen si la miramos dentro de un contexto más amplio. Las víctimas de los feminicidios de Ciudad Juárez son mujeres que han salido del dominio masculino, van por las calles, por las noches a los bares, tienen una vida autónoma. Ese es el telón de fondo de esos asesinatos. Una violencia de esas características hace que tu padre, tu hermano, tu novio, te vayan a buscar al trabajo, a la escuela, y que muchísimas menos mujeres salgan a la calle solas sobre todo en determinadas horas. Hace que ellas no tengan la confianza para salir solas.


–¿Por qué si las conquistas que han logrado las mujeres en las últimas décadas tienen que ver con las luchas feministas, el feminismo sigue teniendo tan mala prensa?

–Porque es una teoría crítica de la sociedad que trata de poner en cuestión un sistema de dominio y es el que establecen los hombres colectivamente sobre las mujeres. Todas las teorías críticas de la sociedad siempre generan mucha resistencia social y rechazo por quienes no se benefician: ocurrió con el marxismo, el anarquismo, el ecologismo en países como Brasil y Costa Rica. El caso del feminismo es más grave porque, como decía un filósofo francés del siglo XVII, los hombres son juez y parte al mismo tiempo. Los varones ven amenazados sus privilegios y el feminismo los interpela directamente en la cara y les dice que los privilegios se tienen que acabar, y ellos responden que no son tales, que responden a un orden natural de las cosas. Nadie quiere que le dejen de hacer la cama, de cuidar los hijos, de desarrollar su carrera profesional, ir a jugar a las cartas, a tomar, o compartir las listas electorales de los partidos y el poder, que está en el centro de todo esto. El patriarcado ha subsistido con órdenes económicos muy distintos, pero creo que es un momento histórico muy especial y que hay una alianza a muerte entre patriarcado y neoliberalismo porque las mujeres somos las trabajadoras idóneas para un nuevo mercado laboral sin contratos, para personas intercambiables. Y las mujeres hemos sido definidas como intercambiables siempre. No sé acá, pero en España se decía: “Lo que puede hacer una mujer lo puede hacer otra”, que es una manera de decir que no se requiere calificación profesional ni transformación cultural. En las maquilas puede trabajar cualquiera porque se repite siempre lo que hay que hacer. El feminismo es la teoría crítica que interpela más profundamente los cimientos de la sociedad porque no está pensando en lo público sino también en lo privado. No solamente queremos tener un trabajo bien pagado, entrar en la política y participar en todos los poderes fácticos, sino que además vamos iluminando las relaciones de poder que tienen lugar dentro de las familias.

Fuente
http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-247071-2014-05-26.html




sábado, 10 de junio de 2017

Prostitucionismo

Paco Roda 
Trabajador Social del Ayuntamiento de Pamplona-Iruña

Prostitucionismo
Así es como se está construyendo la nueva revolución sexual patriarcal. Una revolución que amparada en el reglamentismo y en la protección de las mujeres prostitutas no va al núcleo duro del asunto.
07/06/2017

Dicen que es el oficio más antiguo del mundo. Pero servidor cree que es la dominación más antigua conocida. Y es que últimamente es habitual admitirla como un hecho incuestionable, como si fuera una viga maestra que sustenta las relaciones entre hombres y mujeres. Como si esta práctica de opresión patriarcal hubiera cambiado de acera o le hubiéramos dado la vuelta para mirarla de otra manera, más amable. Pero ha sido el feminismo el que nos ha enseñado y demostrado que la prostitución no es solo un mordisco feroz en las carnes de la historia. La prostitución es un mecanismo de dominio y subyugación de las mujeres. La prostitución fue la patente de corso del patriarcalismo protocapitalista y lo sigue siendo con el tardocapitalismo neoliberal.

Y hasta la fecha nadie, o casi nadie, cuestionaba esto: que la prostitución es una transacción siniestra del poder machista que perpetua una sumisión patriarcal a través de la dominación del cuerpo y el deseo. Y esta definición, primero feminista y después marxista en sus versiones más radicales, siempre ha sido admitida por el movimiento feminista. Otra cosa es que ahora se cuestione. Que ahora se venda que la prostitución es libertad y de paso, feminista. Y aquí interesa analizar esa deriva, sus efectos y sus consecuencias para las mujeres: el porqué hoy ir de putas ya no es cuestionable, el porqué el coño de las mujeres es un instrumento de trabajo, el porqué la prostituta ya no es una víctima, sino una mujer libre y además empoderada a través de su cuerpo en venta, el porqué una trabajadora sexual se presenta casi como una heroína que destroza las expectativas de los anticuados comportamientos femeninos, el porqué los hombres están ausentes de esta historia. Y es que hoy pareciera que la prostitución se define más por quién vende que por quién compra.

Qué ha pasado para que la prostitución pueda ser considerada un nuevo derecho de pernada, pero democráticamente regulado. Y aquí sí que hay un salto. Y además mortal, porque ningún grupo de mujeres, al margen de su profesión o situación de vida, tiene una tasa de mortalidad tan elevada como las prostitutas. Alguien dirá que regulando se protege mejor. En Ámsterdam, donde la prostitución está legalizada, sigue habiendo asesinatos de mujeres prostitutas todos los años.

Entonces uno se pregunta qué ha ocurrido en el seno de ciertos feminismos para que se incorpore en el discurso legitimador el consumo de coños a cambio de dinero. Y que no pase nada. Y no solo no pase nada, sino que la posición abolicionista sea considera no solo conservadora, sino además hostil contra las mujeres prostitutas.

Y es que hoy, en pleno retroceso de libertades públicas, de los recortes sociales, de los discursos segregacionistas; en medio de la lacerante violencia de género, la cual ignora como víctimas a las prostitutas muertas por sus proxenetas; en medio del reblandecimiento de las izquierdas estéticas bienpensantes, los nuevos discursos reglamentistas del mercado sexual están pidiendo paso para colocarse en la pole position del novísimo discurso liberador de los cuerpos para campear libres de victimismos.




Uno cree que en esta deriva que intenta equiparar el trabajo sexual con otros trabajos desde la perspectiva de la libre elección y la imposible liberación de la maldición del trabajo, es fruto de un declive del pensamiento crítico y radical. Y una de las cuestiones que el prostitucionismo está defendiendo con intensidad es la siguiente: hay quien libremente prefiere ser puta a ser cajera, limpiadora de oficinas o bombera. Y se argumenta desde la libre elección la decisión de hacer de tu coño un sayo. Que alguien prefiera ser puta a otra cosa, no confirma ni avala mayores cotas de libertad personal, ni siquiera demuestra un avance social, solo demuestra que el capitalismo ha perforado todos nuestros agujeros. Y por más que el prostitucionismo lo quiera justificar, la gran mayoría de las prostitutas del mundo no están en situación de decidir libremente qué hacer con sus cuerpos. Esa decisión «libre» se toma forzada por la necesidad de mantenerse a flote en medio de un pantanal de violencia, desigualdades y pobreza. Y eso lo demuestra el aumento de la prostitución en el reino de España, campeón del puterío socialmente consentido. Desde que la crisis nos cambió la vida, la prostitución de mujeres de más de 60 años ha aumentado en España. ¿Por decisión propia? Por otro lado, esa libre elección es una trampa que navega a la deriva en un mar de dependencias que a diario sangran nuestras vidas y cuerpos. Ser puta puede ser una elección privada, sí, pero solo así se explicará. Porque desde esa privacidad no se puede construir un discurso político de socialización sexual de los cuerpos. Y porque la prostitución solo puede ser abordada con políticas de género, no con políticas de mercado.

Pero así es como se está construyendo la nueva revolución sexual patriarcal. Una revolución que amparada en el reglamentismo y en la protección de las mujeres prostitutas no va al núcleo duro del asunto. Y esto es lo grave. Porque las nuevas teorías reglamentistas, la visibilización y empoderamiento de las trabajadoras del sexo, la propaganda a favor de los derechos de las prostitutas, no pretenden transformar o erradicar la prostitución. Ni siquiera tienen en cuenta a los puteros, ni trata de incidir en la responsabilidad de esa dominación sancionada ahora por un decreto. No. Las nuevas claves de este discurso no se enfrentan a la prostitución, sino a la forma de nombrarla, de socializarla, de considerarla, de gestionarla, de convivir con ella aceptándola. Por eso el reglamentismo compadrea peligrosamente con la postpolítica, porque rompe la cadena causal entre hechos y consecuencias. Eso por no hablar de los beneficios económicos de este negocio que en muchas ocasiones está en manos de proxenetas muy cercanos a la extrema derecha española. Así que, si banalizamos y normalizamos la prostitución, sepamos que estamos fortaleciendo las raíces de la desigualdad humana.

Servidor se declara abolicionista pero no por ello apoya medidas de control o castigo o criminalización hacia las prostitutas. Creo que alguien que reclama derechos para las prostitutas, no puede estar equivocada y no se puede estar en contra de ello. Pero no a costa de encubrir o silenciar los hechos y razones que determinan que la ecuación entre hombres y mujeres siga en caída libre. La prostitución, como dice Kajsa Ekis Ekman, no es otra cosa que sexo, a veces puro y a veces duro, y otras veces ni eso, que se da entre dos personas. Una que quiere y otra que no. Pero el deseo está ausente en esa relación. Ese deseo es el que se compra. Y esa transacción sexual es la que genera y avala relaciones de desigualdad. Por eso hay cosas que no se pueden pensar impunemente.

Fuente

http://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/prostitucionismo





sábado, 3 de junio de 2017

¿Trabajo o Esclavitud sexual?

Mujeres en Situación de Prostitución:
¿Trabajo o Esclavitud sexual?1
Por Cecilia Lipszyc

Prostitución y feminismo
La prostitución tiene su base en un sistema cultural sexual que sustenta la demanda del sexo como servicio prestado por un objeto sexual subordinado y dócil, que desaparece en tanto sujeto y cuya propia sexualidad resulta negada.

Arraigadas razones culturales y sexuales que aparecen “naturalizadas”, mujeres y varones (pero sobre todo mujeres y niñas) pertenecientes a los sectores sociales mas vulnerables son la oferta socialmente producida para esta industria2.

Cecilia Lipszyc

El feminismo siempre ha entendido a la institución de la prostitución como una institución fundacional del patriarcado. Es una de las formas mas extremas de la violencia contra las mujeres. Ha escrito, batallado hasta el infinito sobre la cultura que construye un modelo de varón cuya sexualidad es un impulso de enorme potencia que debe ser canalizado, a través de formas que están socialmente legitimadas, toleradas e incluso estimuladas. Esta concepción parte del supuesto erróneo de una “naturaleza intrínseca” de la sexualidad masculina. (Recordemos que la “naturaleza” siempre es una construcción culturalmente mediada y que el feminismo ha deconstruído los escencialismos como categoría de conocimiento).

Si esa sexualidad es entendida como irrefrenable, si contradictoriamente tendría -en los patrones culturales hegemónicos- como único cauce el matrimonio monogámico, entonces requiere de la prostitución para la “resolución de esa necesidad”. La prostitución es entonces una institución necesaria para el control social de la sexualidad humana3. Ya lo planteaba San Agustín que sostenía que “la prostitución femenina era necesaria para evitar la lujuria generalizada” y Santo Tomás comparando a “la prostitución con una cloaca cuya supresión podía dar lugar a la contaminación del palacio” Shulamith Firestone4 en la “Dialéctica del sexo” sostiene que las prostitutas pagan con su vida la formación varonil que obliga los varones a escindir lo
emocional de lo sexual5 .

La división entre niñas y mujeres “honestas y deshonestas” encubre la discusión del lugar de éstas en la segmentación social, étnica y en alternativas de historias personales, por lo cual algunas resultan más vulnerables y expuestas a esta demanda.

La violencia sexual ejercida sobre los niños/as: incesto, violación, y abusos sexuales en general, van marcando un camino en la psiquis de los abusados, qué “naturaliza” y se repite en la historia personal y generacional. No todas las personas que han sido violadas o abusadas sexualmente en la niñez ingresan posteriormente en la prostitución, pero en toda vida de prostitución existe una historia de violencia sexual en la niñez (personal o familiar). Con el agravante de que esas acciones son llevadas a cabo por familiares directos de las víctimas, ejerciendo el poder que implica relaciones tan asimétricas como son las de padres o familiares adultos respecto de los niños/as.

Kate Millet en su clásico libro “Política Sexual”6 sostenía que la situación de las mujeres en prostitución -el objetivo de su actividad sexual no radica en su propio placer- no hace otra cosa que exagerar “la paradójica situación sexual de las mujeres en el patriarcado: convertida en objeto sexual , no puede gozar de esa sexualidad, que parece ser su único destino, se la alienta a avergonzarse de la sexualidad , a padecer de ella, aun cuando no se le permite elevarse de una existencia casi meramente sexual”. El acto sexual mismo proporciona el reconocimiento del derecho patriarcal.

Quizás sea Kathleen Barry7 en “ La esclavitud sexual de la mujer” y en The prostitutión of Sexuality quien haya hecho los mas arduos planteamientos teóricos sociológicos y estadísticos sobre el reclutamiento de niña/os y mujeres en los circuitos de la explotación sexual que ella denomina “esclavitud sexual” , sostiene que la prostitución, lejos de ser una forma de superación de una cosmovisión puritana, es el modelo de sexualidad como destrucción del yo, y un palpable violación a los derechos humanos de las mujeres y niñas/os.

Francoise Collin8 sostiene que el recurso de la prostitución en una de las múltiples formas de violencia contra las mujeres remite a una estructura común en la cual el deseo de uno sólo y un solo deseo es ley sin el deseo del otro, otro deseo que le ponga límites.9
El tema de debate es que partiendo de estos supuestos que ninguna feminista puede desconocer, como se llega al término “trabajadoras sexuales” aún dentro de algunas – hasta ahora minoritarias- corrientes del feminismo. Pero no son minoritarias en los países centrales. En Viena, cuando tuvo lugar la discusión del Protocolo sobre la Trata, fueron principalmente los países occidentales e industrializados – los países de destino de las víctimas de la trata – los que apoyaban las posturas defendidas por las ONG “pro-trabajo sexual10

Angel Soto con una prostituta. Picasso

El debate se generaliza a partir del trabajo de 1998 de Lin Lean Lim de la OIT que plantea que debería considerarse un sector industrial más por el gran cúmulo de dinero que produce. (Me parece una postura un tanto cínica.)11 Creo que la repuesta más contundente la brinda Carole Pateman 12 en su “Contrato sexual”.

El contractualismo (Rousseau, Locke, Hobbes,- recordemos aquello que los hombres nacen libres e iguales para realizar libremente (casualmente, se habían olvidado el tema del poder y de las relaciones asimétricas entre las clases sociales y entre los sexos) entre ellos el contrato social, político.

Pateman sostiene, que “la idea de que las mujeres son individuos dueños de sí mismos es una ficción de la sociedad patriarcal”, cuyo contrato sexual básico, no explícito, es que los varones tienen asegurado el acceso al cuerpo de las mujeres y parte esencial de ese derecho es su demanda de uso de cuerpos de mujeres como mercancía.

Por último siguiendo a Fanon, Foucault y Buordieu y los conceptos de la producción de consenso: el primero sobre lo aprendido por el colonizado que lo lleva a pensar como el colonizador, el segundo sobre los múltiples mecanismos de disciplinamiento en la producción de conocimiento y conductas de una sociedad y el otro en el término de violencia simbólica que retomando a los anteriores sostiene que el dominado no dispone de categorías de pensamiento para pensarse en su relación con el dominador por lo cual los tres autores sostienen que el dominado piensa como el dominador en términos de lo “natural”·

Remarquemos que la naturaleza es siempre pensada culturalmente por los sectores hegemónicos: en el pensamiento ilustrado la naturaleza es el orden que legitima y sanciona a su vez la adecuada distribución de los papeles entre la Naturaleza y la Cultura.
Con estos supuestos teóricos que posibilidad de “libertad” le queda a una mujer para “elegir” ser prostituída?13 Hablar de un contrato sexual como si fuera un contrato laboral es hablar de “ficciones políticas” son meros contratos de esclavitud. Y llamar a estas relaciones “contrato” es legitimar una lógica infame de dominio”14. La relación entre mujeres y varones es una relación asimétrica de dominio y opresión que llega al máximo en la compra sexual de personas en prostitución.

El “trabajo sexual” no es neutro

Creo que el término “trabajo sexual” no es neutro. El lenguaje y su uso, muy estudiado por el feminismo, que niega la supuesta neutralidad del lenguaje, es uno de los mas formidables formadores del pensamiento y la conciencia, es el estructurador básico de nuestra categorías de pensamiento y por lo tanto es un excepcional mecanismo de producción y reproducción simbólica e ideológica.

Las palabras que decimos no son inocentes, tienen detrás propuestas, no sólo jurídicas sino sobre todo políticas, de política sexual.

Sostenemos obviamente que se debe penalizar exclusivamente a quienes las prostituyen, las reclutan, las trafican, ejercen contra ellas alguna otra forma de violencia o promueven la prostitución, ya sean redes o rufianes individuales.

Denominar “trabajo” a esta actividad es legitimar, naturalizar, los fundamentos de los paradigmas patriarcales de opresión que hemos combatido desde la teoría y la praxis, es contradecir los fundamentos mismos del feminismo.

Legitimar, naturalizar la venta de personas para consumo sexual -al igual que fuera una gaseosa- es como el maximum de la cultura individualista del neoliberalismo que denigra a la humanidad. Es una postura que, con la excusa de no discriminar a las mujeres en situación de prostitución, esconde y legitima el tráfico, la trata y el proxenetismo.
Me parece un deslizamiento teórico -en el mejor de los casos- que la cosificación a la que son reducidas las personas en situación de prostitución en esta sociedad de consumo “del toco y me voy”, que impide relaciones humanas solidarias y comprometidas sean redefinidas como “trabajadoras sexuales”. No es la fuerza de trabajo lo que se vende en el mercado son las personas.
Por otra parte, considero que la utilización del lema “trabajo sexual” para referirse a la situación de prostitución constituye un eufemismo y amerita algunas observaciones. En primer lugar, las ilusiones de progresismo de quienes utilizan tal emblema caen en la misma postura -cuando recordamos que la “primera ola” de tal concepción (la prostitución como si fuera un trabajo) en el planteo de las y los moralistas medievales católicos, cuando la iglesia católica regulaba y recaudaba, por lo menos en España, la por entonces denominada mancebía.
La diferencia entre la antigua y la nueva ola estriba en que ya no se trata sólo de instaurar un etiquetamiento estigmatizante para el control de las mujeres, estén o no en situación de prostitución. 

El emblema de “trabajo sexual” opera como coartada frente a la desocupación estructural. Está claro que han conseguido articularse armoniosamente, aspectos de muy diversa índole.

Desde supuestas necesidades privativas del sexo masculino hasta la desesperación de muchas mujeres por satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia. Por esto propongo un cuestionamiento crítico, porque, a mi juicio, se trata de las políticas y de las éticas en juego.15

En segundo lugar, al evitar nombrar a la prostitución se termina logrando invisibilizar sus efectos dañinos16 generándose, al mismo tiempo, las condiciones necesarias para su promoción y expansión. En tercer lugar, acepto que para quienes ya se encuentran en situación de prostitución (o sus familiares) el eufemismo de autodenominarse “trabajadores sexuales” en algún momento hasta puede constituir una válida estrategia defensiva: hay que tener presente que en situación de prostitución la vulnerabilidad de la integridad física y psíquica es la norma.

La confusión también llegó a Naciones Unidas. La Coalición contra el Tráfico de Mujeres y la Red Internacional de Derechos Humanos, tuvo también que oponerse al Informe entregado por la Reportera Especial de Naciones Unidas Sobre Violencia contra las Mujeres, la Organización Internacional del Trabajo OIT, y el Alto Comisario para los Derechos Humanos de Naciones Unidas.

La Red Internacional de ONG por la defensa de los Derechos Humanos sostuvo una posición contraria en Viena a la postura de la Reportera Especial y el Alto Comisario para los Derechos Humanos.

En su declaración de 20 de mayo de 2000, la Reportera Especial Sobre Violencia Contra las Mujeres, expresó que los términos “víctimas” y “explotación de la prostitución” no debían aparecer en el Protocolo. Ella se preguntaba si “todas las víctimas de la industria del sexo” eran objeto de “explotación sexual” o si solamente era necesario condenar en el trabajo sexual, “las condiciones de explotación similares a la Pero el Informe del Grupo de Trabajo sobre las Formas Contemporáneas de Esclavitud que fue presentado a la Subcomisión para la Promoción y la Protección de los Derechos Humanos el 15 de agosto de 2000 instaba al Comité Especial de Viena para la Elaboración de un nuevo Protocolo sobre la Trata de Personas a que “la aplicación de la definición de trata no se viera limitada a la fuerza o a la coacción, sino que comprendiera todas las formas de trata, que exista o no consentimiento por parte de la víctima”.

El Grupo de Trabajo constataba con inquietud que, en su informe más reciente (E/CN.4/2000/68, par. 13), la Reportera Especial sobre la Violencia Contra las Mujeres hubiera propuesto una definición de “trata” que era incompatible con los principios de la Convención de 1949.17

Este nuevo Protocolo y la definición firme y pertinente que contiene sobre la trata, constituye un paso decisivo y fundamental en toda la regulación de los Derechos Humanos de las Mujeres del Siglo XXI.

Hace fracasar las tentativas de los grupos de presión pro-industria del sexo que han trabajado por excluir toda mención de la prostitución en las nuevas legislaciones sobre la trata.

Sitúa a la Convención sobre la Delincuencia Transnacional Organizada de Naciones Unidas dentro del cuerpo de instrumentos internacionales sobre derechos humanos, en particular con la Convención de 1949 y el artículo 6 de la CEDAW”.

Insistimos en que se debe continuar con la sanción legal y social contra los prostituyentes como principio imprescindible e incuestionable, ya sean éstos explotadores o clientes.

Ello implica poner en cuestión toda una cultura sexual que construye la sexualidad masculina como un impulso irrefrenable -socialmente legitimado que requiere de la prostitución como puntal del orden social y sexual. Un ejemplo al respecto es Suecia que (1999) prohíbe en su nueva ley de violencia contra las mujeres la compra de servicios sexuales dado que considera que pagar por sexo no es derecho de los hombres.18


Notas

1 Se sigue lo planteado en el artículo mío publicado por CLADEM en “Prostitución ¿Trabajo o Explotación Sexual? Lima 2003
2 Cecilia Lipszyc. Artículo publicado en el diario Clarín. Noviembre de 2000.
3 La periodista argentina María Moreno en su artículo “ El trabajo sexual “ cita el testimonio de un entrevistado del oficio sobre los prostituyentes: prefieren la práctica de la prostitución porque la mujer le causa angustia, miedo, es muy compleja para ser tratada en relaciones mas duraderas. Citada por Edith Costa. Leyendo a Carole Pateman. En BRUJAS. Año 18 .N2 26. Argentina.
4 “La Dialéctica del Sexo”.Ed. Kairós.Barcelona 1976
5 Seguimos el artículo de Marta Vasallo. Feminaria Año X, Nº 22/23. Buenos Aires Julio de 1999. Dossier sobre prostitución
6“Política Sexual” .Ed. Cátedra- Madrid 1995
7 La esclavitud sexual de ls mujeres”Ed. L Sal. Barcelona 1979. y The Prostitution of Sexuality”Ed. Univ. Press.New York 1995
8 “La sexualité, un droit de l´homme?
9 Marta vasallo Feminaria . Año X, Nº 22/23. Buenos Aires Julio de 1999. Dossier sobre prostitución
10 Entre estos países cabe citar Alemania, Australia, Canadá, Dinamarca, España, Irlanda, Japón, Nueva Zelanda, Países Bajos, El Reino Unido, Suiza y Tailandia Sobre este último recomendamos el libro “ La Nueva Esclavitud en la Economía Global de Kevin Bales. Siglo XXI). Las razones invocadas eran de diferente índole. Desde el principio, Estados Unidos argumentó que los términos “incitación” y “que la persona consienta o no” eran vagos y confusos y que planteaban problemas a la hora de la ratificación( siendo EEUU uno de los países que nunca ratifican los tratados internacionales)
11 Lin Lean Lim: The Sex Sector, ILO, Suiza, 1998
12 Carole Pateman. “EL contato sexual”. Ed. Anthropos Barcelona 1995
13 Sartre sostenía que la libertad es lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros
14 Edith Costa . Leyendo a Carole Pateman. En BRUJAS. Año 18 .N2 26. Argentina.
15 citado idem
16 El psiquiatra español Francisco Orengo refirió en el Simposio Internacional sobre Prostitución y Tráfico de Mujeres con fines de explotación sexual realizado en Madrid en el 2000, una serie de estudios que coinciden en dar cuenta de los daños sufridos por mujeres en situación de prostitución. Como ejemplo en un estudio sobre 475 mujeres de 5 países, incluido Estados Unidos, el 90 % había experimentado violencia. El 67 % presentaba stress postraumático. El abuso sexual infantil oscilaba entre el 50 y el 90 %, según los estudios considerados. Puntualmente señala, “la incidencia del carcinoma de cuello de útero es mucho más elevada en éste tipo de población”. En resumen su experiencia confirma “los efectos devastadores de la prostitución sobre la salud de las mujeres”. Citado por Leonor Nuñez.
17 A los efectos del Protocolo de la Trata de Personas el consenso en Viena fue : Por “trata de personas” se entenderá la captación, el trasporte, el traslado, la acogida o la recepción, recurriendo a las fuerza o a la coacción o a otras formas de amenaza, al rapto, a la superchería, al engaño, al abuso de autoridad o de la situación de vulnerabilidad de una persona, o recurriendo a la concesión o a la recepción de pagos o beneficios para lograr el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. La explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos; a bis) El consentimiento de la víctima de la trata de personas respecto de la pretendida explotación queque se indica en el apartado a) se considerará irrelevante en el caso de se hayan utilizado cualquiera de los medios enumerados en el apartado a); la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de un niño con fines de explotación sexual se considerará “trata de personas” incluso en el caso de que no supongan la utilización de ninguno de los medios enunciados en el apartado a) del presente artículo;
18 Florence Matreynaud “Penalización de los clientes en Suecia” en Mujeres entre la globalización y la guerra santa. Compilación Marta Vasallo. Le Monde Diplomatique. Julio 2003
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Sobre la autora

Cecilia Lipszyc. Socióloga UBA. Estudio de Postgrado en Estudios de la Mujer UBA. Convencional Nacional Constituyente. M/c. Investigadora. Docente de Postgrado de la U.N.L. Presidenta de ADEUEM. (Asociación de Especialistas Universitarias en Estudios de la Mujer) Consultora y Directora de Proyectos de UNICEF, UNIFEM, Unión Europea. Fue Coordinadora Nacional del Instituto Nacional contra la Discriminación. Directora Regional del proyecto de Naciones Unidas “Feminización de las migraciones en América Latina. Discriminación Xenofobia. Racismo”. Autora de numerosos artículos y libros.
Fallecida en el 2013








Mujeres embarazadas están siendo legalmente prostituidas



 




Mujeres embarazadas están siendo legalmente prostituidas













Mujeres embarazadas están siendo legalmente prostituidas -esto es el capitalismo en su forma más
baja.

    
Seis hombres pagaron por follar en grupo a una mujer prostituida en un burdel legal en Alemania, todos ellos solicitaron una mujer con un embarazo avanzado. Después de soportar esta horrible experiencia -que fue perfectamente legal- ella dijo que sintió como si hubiese prostituido a su criatura no nacida.



Cada vez que alguna noticia sobre el burdel Bunny Rach, en Nevada, se me aparece en las redes sociales, raramente resisto leerla. En 2012, pasé un tiempo en este burdel, acompañada por el proxeneta más grande de USA, Dennis Hof. Encontré mujeres que están tan tristes como desesperadas, y tan decepcionadas de que la legalización empeoró las cosas, en vez de mejorarlas. Una mujer, en avanzado estado de embarazo, le preguntó al administrador del burdel si podía tomarse seis meses libres para tener a su bebé y luego volver sin tener que postular nuevamente a su antiguo trabajo. El administrador le dijo que le iría mejor seguir trabajando embarazada, “porque hay muchísimos hombres que quieren apretar las tetas de una embarazada”.

Cuando leí el artículo titulado, “El Derecho de Una Mujer a ser Una Trabajadora Sexual Embarazada” en el blog de Bunny Ranch, escrito por una mujer prostituida llamada Summer Sebastian, que tiene la triste fortuna de trabajar allí, supuse que Dennis Hof habia encontrado, simplemente, una nueva forma de sacarle dinero a los cuerpos de las mujeres.

Me volví feminista de adolescente, a inicios de 1980, participando en campañas en contra de la industria del porno. En ese entonces, no sabíamos mucho acerca de cómo el porno y la prostitución son indivisibles. Lo que descubrí en ese tiempo fue que, cualquiera fuera el “kink” [fetiche] de un hombre, existiría un género para él. Y esto fue unos años antes de la invención del internet.

Uno de esos géneros era porno de embarazadas. Encontré, buscando en viejas ediciones de la revista Hustler, mujeres en avanzado estado de embarazo y mujeres desnudas fetichizadas por sus grandes barrigas y pechos hinchados.  Recuerdo las fotografías de hombres adultos chupando esos pechos, mientras que otros se eyaculaban sobre esas barrigas.

Después de un tiempo, aprendí a dejar de preguntarme cómo es que los hombres llegan a tener fantasías acerca de forzar sexo en mujeres que están cercanas a dar a luz, y mentalmente guardé bajo llave dentro de la caja “horror” a esos hombres que coleccionan fotos de plantas de pie de niños y niñas prepubescentes.

Recientemente terminé una intensiva investigación de dos años sobre el tráfico sexual global, me ayudó para recordar cómo la pornografía es simplemente prostitución con una cámara. Al visitar burdeles –tanto legales como ilegales- alrededor del mundo, he visto cómo los compradores de sexo obtienen lo que demanden en tanto tengan dinero para pagar por ello. Hay una historia que jamás olvidaré. Seis hombres pagaron para follar en grupo a una mujer prostituida en un burdel legal en Alemania, todos ellos solicitaron una mujer con un embarazo avanzado. Después de soportar esta horrible experiencia -que fue perfectamente legal de acuerdo a la ley alemana- ella dijo que sintió como si hubiese prostituido a su criatura no nacida. Por supuesto, ella no hizo eso. Pero el proxeneta, o “dueño de burdel” como la legalización exige que se le dignifique, ciertamente lo hizo.

Donde la prostitución es legal, como en Alemania, Países Bajos, Australia y Nueva Zelanda, los proxenetas legales venderán literalmente lo que sea a cualquiera, sin preocuparse de que la fuerza policiaca intervenga.

Donde no existen leyes contra la bestialidad, una mujer en un burdel legal puede ser penetrada por animales, cuan grandes sean, y nadie está infringiendo la ley. Es muy probable que la mujer resulte lastimada y altamente traumatizada, pero ¿a quién le importa esta mujer en un sistema donde el lucro triunfa sobre la seguridad y dignidad?

El aumento en el número de mujeres embarazadas a la venta en el comercio sexual calza perfectamente con la noción neoliberal de que el cuerpo de la mujer no es nada más que un mercado, donde todo está a la venta. Como descubrí recientemente al investigar el mercado de leche materna en Cambodia, gente blanca y rica de occidente, no tiene problema en explotar los cuerpos de mujeres morenas pobres para su propia conveniencia.




Summer Sebastian argumenta en su artículo que prostituirse estando embarazada no es nada más que un bien plan de negocios. Si la prostitución realmente fuera un “trabajo como cualquier otro”, ¿entonces ella debería solicitar fuero maternal? No se me ocurre ningún otro trabajo donde estar embarazada sea ventajoso para las mujeres, ni siquiera si se trabaja como partera (que, por cierto, es la verdadera profesión más antigua) Sebastian esta simplemente jugando de acuerdo a las fuerzas del mercado. Los hombres que pagan por sexo deshumanizan a las  mujeres que compran, y eso quiere decir cada parte de ellas, incluyendo la criatura no nacida que crece dentro de ellas.  A algunos de estos hombres simplemente no les importa en absoluto que la mujer a la que abusan está embarazada,  y podría sufrir complicaciones en su salud al tener el tipo de sexo duro que muchos puteros demandan, o al estar en riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual.

Otros se excitan sexualmente con la idea de que un feto cercano a estar completamente formado participe de algún modo en el acto de prostitución. Esto es extremadamente perturbador. Pero no debería sorprendernos –los hombres que pagan por sexo pagan por consentimiento. Ellos no saben o no les interesa si la mujer que compran está traumatizada, incómoda, o le es indiferente el hombre que entrega el dinero. Cuando deshumanizas a una persona con el objeto de obtener placer sexual propio, dejas de preocuparte por cualquier humanidad involucrada, incluyendo la tuya.
* * *
    Por Julie Bindel

Fuente:

https://malditaradfem.wordpress.com/2017/04/23/mujeres-embarazadas-estan-siendo-legalmente-prostituidas/