sábado, 3 de junio de 2017

¿Trabajo o Esclavitud sexual?

Mujeres en Situación de Prostitución:
¿Trabajo o Esclavitud sexual?1
Por Cecilia Lipszyc

Prostitución y feminismo
La prostitución tiene su base en un sistema cultural sexual que sustenta la demanda del sexo como servicio prestado por un objeto sexual subordinado y dócil, que desaparece en tanto sujeto y cuya propia sexualidad resulta negada.

Arraigadas razones culturales y sexuales que aparecen “naturalizadas”, mujeres y varones (pero sobre todo mujeres y niñas) pertenecientes a los sectores sociales mas vulnerables son la oferta socialmente producida para esta industria2.

Cecilia Lipszyc

El feminismo siempre ha entendido a la institución de la prostitución como una institución fundacional del patriarcado. Es una de las formas mas extremas de la violencia contra las mujeres. Ha escrito, batallado hasta el infinito sobre la cultura que construye un modelo de varón cuya sexualidad es un impulso de enorme potencia que debe ser canalizado, a través de formas que están socialmente legitimadas, toleradas e incluso estimuladas. Esta concepción parte del supuesto erróneo de una “naturaleza intrínseca” de la sexualidad masculina. (Recordemos que la “naturaleza” siempre es una construcción culturalmente mediada y que el feminismo ha deconstruído los escencialismos como categoría de conocimiento).

Si esa sexualidad es entendida como irrefrenable, si contradictoriamente tendría -en los patrones culturales hegemónicos- como único cauce el matrimonio monogámico, entonces requiere de la prostitución para la “resolución de esa necesidad”. La prostitución es entonces una institución necesaria para el control social de la sexualidad humana3. Ya lo planteaba San Agustín que sostenía que “la prostitución femenina era necesaria para evitar la lujuria generalizada” y Santo Tomás comparando a “la prostitución con una cloaca cuya supresión podía dar lugar a la contaminación del palacio” Shulamith Firestone4 en la “Dialéctica del sexo” sostiene que las prostitutas pagan con su vida la formación varonil que obliga los varones a escindir lo
emocional de lo sexual5 .

La división entre niñas y mujeres “honestas y deshonestas” encubre la discusión del lugar de éstas en la segmentación social, étnica y en alternativas de historias personales, por lo cual algunas resultan más vulnerables y expuestas a esta demanda.

La violencia sexual ejercida sobre los niños/as: incesto, violación, y abusos sexuales en general, van marcando un camino en la psiquis de los abusados, qué “naturaliza” y se repite en la historia personal y generacional. No todas las personas que han sido violadas o abusadas sexualmente en la niñez ingresan posteriormente en la prostitución, pero en toda vida de prostitución existe una historia de violencia sexual en la niñez (personal o familiar). Con el agravante de que esas acciones son llevadas a cabo por familiares directos de las víctimas, ejerciendo el poder que implica relaciones tan asimétricas como son las de padres o familiares adultos respecto de los niños/as.

Kate Millet en su clásico libro “Política Sexual”6 sostenía que la situación de las mujeres en prostitución -el objetivo de su actividad sexual no radica en su propio placer- no hace otra cosa que exagerar “la paradójica situación sexual de las mujeres en el patriarcado: convertida en objeto sexual , no puede gozar de esa sexualidad, que parece ser su único destino, se la alienta a avergonzarse de la sexualidad , a padecer de ella, aun cuando no se le permite elevarse de una existencia casi meramente sexual”. El acto sexual mismo proporciona el reconocimiento del derecho patriarcal.

Quizás sea Kathleen Barry7 en “ La esclavitud sexual de la mujer” y en The prostitutión of Sexuality quien haya hecho los mas arduos planteamientos teóricos sociológicos y estadísticos sobre el reclutamiento de niña/os y mujeres en los circuitos de la explotación sexual que ella denomina “esclavitud sexual” , sostiene que la prostitución, lejos de ser una forma de superación de una cosmovisión puritana, es el modelo de sexualidad como destrucción del yo, y un palpable violación a los derechos humanos de las mujeres y niñas/os.

Francoise Collin8 sostiene que el recurso de la prostitución en una de las múltiples formas de violencia contra las mujeres remite a una estructura común en la cual el deseo de uno sólo y un solo deseo es ley sin el deseo del otro, otro deseo que le ponga límites.9
El tema de debate es que partiendo de estos supuestos que ninguna feminista puede desconocer, como se llega al término “trabajadoras sexuales” aún dentro de algunas – hasta ahora minoritarias- corrientes del feminismo. Pero no son minoritarias en los países centrales. En Viena, cuando tuvo lugar la discusión del Protocolo sobre la Trata, fueron principalmente los países occidentales e industrializados – los países de destino de las víctimas de la trata – los que apoyaban las posturas defendidas por las ONG “pro-trabajo sexual10

Angel Soto con una prostituta. Picasso

El debate se generaliza a partir del trabajo de 1998 de Lin Lean Lim de la OIT que plantea que debería considerarse un sector industrial más por el gran cúmulo de dinero que produce. (Me parece una postura un tanto cínica.)11 Creo que la repuesta más contundente la brinda Carole Pateman 12 en su “Contrato sexual”.

El contractualismo (Rousseau, Locke, Hobbes,- recordemos aquello que los hombres nacen libres e iguales para realizar libremente (casualmente, se habían olvidado el tema del poder y de las relaciones asimétricas entre las clases sociales y entre los sexos) entre ellos el contrato social, político.

Pateman sostiene, que “la idea de que las mujeres son individuos dueños de sí mismos es una ficción de la sociedad patriarcal”, cuyo contrato sexual básico, no explícito, es que los varones tienen asegurado el acceso al cuerpo de las mujeres y parte esencial de ese derecho es su demanda de uso de cuerpos de mujeres como mercancía.

Por último siguiendo a Fanon, Foucault y Buordieu y los conceptos de la producción de consenso: el primero sobre lo aprendido por el colonizado que lo lleva a pensar como el colonizador, el segundo sobre los múltiples mecanismos de disciplinamiento en la producción de conocimiento y conductas de una sociedad y el otro en el término de violencia simbólica que retomando a los anteriores sostiene que el dominado no dispone de categorías de pensamiento para pensarse en su relación con el dominador por lo cual los tres autores sostienen que el dominado piensa como el dominador en términos de lo “natural”·

Remarquemos que la naturaleza es siempre pensada culturalmente por los sectores hegemónicos: en el pensamiento ilustrado la naturaleza es el orden que legitima y sanciona a su vez la adecuada distribución de los papeles entre la Naturaleza y la Cultura.
Con estos supuestos teóricos que posibilidad de “libertad” le queda a una mujer para “elegir” ser prostituída?13 Hablar de un contrato sexual como si fuera un contrato laboral es hablar de “ficciones políticas” son meros contratos de esclavitud. Y llamar a estas relaciones “contrato” es legitimar una lógica infame de dominio”14. La relación entre mujeres y varones es una relación asimétrica de dominio y opresión que llega al máximo en la compra sexual de personas en prostitución.

El “trabajo sexual” no es neutro

Creo que el término “trabajo sexual” no es neutro. El lenguaje y su uso, muy estudiado por el feminismo, que niega la supuesta neutralidad del lenguaje, es uno de los mas formidables formadores del pensamiento y la conciencia, es el estructurador básico de nuestra categorías de pensamiento y por lo tanto es un excepcional mecanismo de producción y reproducción simbólica e ideológica.

Las palabras que decimos no son inocentes, tienen detrás propuestas, no sólo jurídicas sino sobre todo políticas, de política sexual.

Sostenemos obviamente que se debe penalizar exclusivamente a quienes las prostituyen, las reclutan, las trafican, ejercen contra ellas alguna otra forma de violencia o promueven la prostitución, ya sean redes o rufianes individuales.

Denominar “trabajo” a esta actividad es legitimar, naturalizar, los fundamentos de los paradigmas patriarcales de opresión que hemos combatido desde la teoría y la praxis, es contradecir los fundamentos mismos del feminismo.

Legitimar, naturalizar la venta de personas para consumo sexual -al igual que fuera una gaseosa- es como el maximum de la cultura individualista del neoliberalismo que denigra a la humanidad. Es una postura que, con la excusa de no discriminar a las mujeres en situación de prostitución, esconde y legitima el tráfico, la trata y el proxenetismo.
Me parece un deslizamiento teórico -en el mejor de los casos- que la cosificación a la que son reducidas las personas en situación de prostitución en esta sociedad de consumo “del toco y me voy”, que impide relaciones humanas solidarias y comprometidas sean redefinidas como “trabajadoras sexuales”. No es la fuerza de trabajo lo que se vende en el mercado son las personas.
Por otra parte, considero que la utilización del lema “trabajo sexual” para referirse a la situación de prostitución constituye un eufemismo y amerita algunas observaciones. En primer lugar, las ilusiones de progresismo de quienes utilizan tal emblema caen en la misma postura -cuando recordamos que la “primera ola” de tal concepción (la prostitución como si fuera un trabajo) en el planteo de las y los moralistas medievales católicos, cuando la iglesia católica regulaba y recaudaba, por lo menos en España, la por entonces denominada mancebía.
La diferencia entre la antigua y la nueva ola estriba en que ya no se trata sólo de instaurar un etiquetamiento estigmatizante para el control de las mujeres, estén o no en situación de prostitución. 

El emblema de “trabajo sexual” opera como coartada frente a la desocupación estructural. Está claro que han conseguido articularse armoniosamente, aspectos de muy diversa índole.

Desde supuestas necesidades privativas del sexo masculino hasta la desesperación de muchas mujeres por satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia. Por esto propongo un cuestionamiento crítico, porque, a mi juicio, se trata de las políticas y de las éticas en juego.15

En segundo lugar, al evitar nombrar a la prostitución se termina logrando invisibilizar sus efectos dañinos16 generándose, al mismo tiempo, las condiciones necesarias para su promoción y expansión. En tercer lugar, acepto que para quienes ya se encuentran en situación de prostitución (o sus familiares) el eufemismo de autodenominarse “trabajadores sexuales” en algún momento hasta puede constituir una válida estrategia defensiva: hay que tener presente que en situación de prostitución la vulnerabilidad de la integridad física y psíquica es la norma.

La confusión también llegó a Naciones Unidas. La Coalición contra el Tráfico de Mujeres y la Red Internacional de Derechos Humanos, tuvo también que oponerse al Informe entregado por la Reportera Especial de Naciones Unidas Sobre Violencia contra las Mujeres, la Organización Internacional del Trabajo OIT, y el Alto Comisario para los Derechos Humanos de Naciones Unidas.

La Red Internacional de ONG por la defensa de los Derechos Humanos sostuvo una posición contraria en Viena a la postura de la Reportera Especial y el Alto Comisario para los Derechos Humanos.

En su declaración de 20 de mayo de 2000, la Reportera Especial Sobre Violencia Contra las Mujeres, expresó que los términos “víctimas” y “explotación de la prostitución” no debían aparecer en el Protocolo. Ella se preguntaba si “todas las víctimas de la industria del sexo” eran objeto de “explotación sexual” o si solamente era necesario condenar en el trabajo sexual, “las condiciones de explotación similares a la Pero el Informe del Grupo de Trabajo sobre las Formas Contemporáneas de Esclavitud que fue presentado a la Subcomisión para la Promoción y la Protección de los Derechos Humanos el 15 de agosto de 2000 instaba al Comité Especial de Viena para la Elaboración de un nuevo Protocolo sobre la Trata de Personas a que “la aplicación de la definición de trata no se viera limitada a la fuerza o a la coacción, sino que comprendiera todas las formas de trata, que exista o no consentimiento por parte de la víctima”.

El Grupo de Trabajo constataba con inquietud que, en su informe más reciente (E/CN.4/2000/68, par. 13), la Reportera Especial sobre la Violencia Contra las Mujeres hubiera propuesto una definición de “trata” que era incompatible con los principios de la Convención de 1949.17

Este nuevo Protocolo y la definición firme y pertinente que contiene sobre la trata, constituye un paso decisivo y fundamental en toda la regulación de los Derechos Humanos de las Mujeres del Siglo XXI.

Hace fracasar las tentativas de los grupos de presión pro-industria del sexo que han trabajado por excluir toda mención de la prostitución en las nuevas legislaciones sobre la trata.

Sitúa a la Convención sobre la Delincuencia Transnacional Organizada de Naciones Unidas dentro del cuerpo de instrumentos internacionales sobre derechos humanos, en particular con la Convención de 1949 y el artículo 6 de la CEDAW”.

Insistimos en que se debe continuar con la sanción legal y social contra los prostituyentes como principio imprescindible e incuestionable, ya sean éstos explotadores o clientes.

Ello implica poner en cuestión toda una cultura sexual que construye la sexualidad masculina como un impulso irrefrenable -socialmente legitimado que requiere de la prostitución como puntal del orden social y sexual. Un ejemplo al respecto es Suecia que (1999) prohíbe en su nueva ley de violencia contra las mujeres la compra de servicios sexuales dado que considera que pagar por sexo no es derecho de los hombres.18


Notas

1 Se sigue lo planteado en el artículo mío publicado por CLADEM en “Prostitución ¿Trabajo o Explotación Sexual? Lima 2003
2 Cecilia Lipszyc. Artículo publicado en el diario Clarín. Noviembre de 2000.
3 La periodista argentina María Moreno en su artículo “ El trabajo sexual “ cita el testimonio de un entrevistado del oficio sobre los prostituyentes: prefieren la práctica de la prostitución porque la mujer le causa angustia, miedo, es muy compleja para ser tratada en relaciones mas duraderas. Citada por Edith Costa. Leyendo a Carole Pateman. En BRUJAS. Año 18 .N2 26. Argentina.
4 “La Dialéctica del Sexo”.Ed. Kairós.Barcelona 1976
5 Seguimos el artículo de Marta Vasallo. Feminaria Año X, Nº 22/23. Buenos Aires Julio de 1999. Dossier sobre prostitución
6“Política Sexual” .Ed. Cátedra- Madrid 1995
7 La esclavitud sexual de ls mujeres”Ed. L Sal. Barcelona 1979. y The Prostitution of Sexuality”Ed. Univ. Press.New York 1995
8 “La sexualité, un droit de l´homme?
9 Marta vasallo Feminaria . Año X, Nº 22/23. Buenos Aires Julio de 1999. Dossier sobre prostitución
10 Entre estos países cabe citar Alemania, Australia, Canadá, Dinamarca, España, Irlanda, Japón, Nueva Zelanda, Países Bajos, El Reino Unido, Suiza y Tailandia Sobre este último recomendamos el libro “ La Nueva Esclavitud en la Economía Global de Kevin Bales. Siglo XXI). Las razones invocadas eran de diferente índole. Desde el principio, Estados Unidos argumentó que los términos “incitación” y “que la persona consienta o no” eran vagos y confusos y que planteaban problemas a la hora de la ratificación( siendo EEUU uno de los países que nunca ratifican los tratados internacionales)
11 Lin Lean Lim: The Sex Sector, ILO, Suiza, 1998
12 Carole Pateman. “EL contato sexual”. Ed. Anthropos Barcelona 1995
13 Sartre sostenía que la libertad es lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros
14 Edith Costa . Leyendo a Carole Pateman. En BRUJAS. Año 18 .N2 26. Argentina.
15 citado idem
16 El psiquiatra español Francisco Orengo refirió en el Simposio Internacional sobre Prostitución y Tráfico de Mujeres con fines de explotación sexual realizado en Madrid en el 2000, una serie de estudios que coinciden en dar cuenta de los daños sufridos por mujeres en situación de prostitución. Como ejemplo en un estudio sobre 475 mujeres de 5 países, incluido Estados Unidos, el 90 % había experimentado violencia. El 67 % presentaba stress postraumático. El abuso sexual infantil oscilaba entre el 50 y el 90 %, según los estudios considerados. Puntualmente señala, “la incidencia del carcinoma de cuello de útero es mucho más elevada en éste tipo de población”. En resumen su experiencia confirma “los efectos devastadores de la prostitución sobre la salud de las mujeres”. Citado por Leonor Nuñez.
17 A los efectos del Protocolo de la Trata de Personas el consenso en Viena fue : Por “trata de personas” se entenderá la captación, el trasporte, el traslado, la acogida o la recepción, recurriendo a las fuerza o a la coacción o a otras formas de amenaza, al rapto, a la superchería, al engaño, al abuso de autoridad o de la situación de vulnerabilidad de una persona, o recurriendo a la concesión o a la recepción de pagos o beneficios para lograr el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. La explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos; a bis) El consentimiento de la víctima de la trata de personas respecto de la pretendida explotación queque se indica en el apartado a) se considerará irrelevante en el caso de se hayan utilizado cualquiera de los medios enumerados en el apartado a); la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de un niño con fines de explotación sexual se considerará “trata de personas” incluso en el caso de que no supongan la utilización de ninguno de los medios enunciados en el apartado a) del presente artículo;
18 Florence Matreynaud “Penalización de los clientes en Suecia” en Mujeres entre la globalización y la guerra santa. Compilación Marta Vasallo. Le Monde Diplomatique. Julio 2003
___________________
Sobre la autora

Cecilia Lipszyc. Socióloga UBA. Estudio de Postgrado en Estudios de la Mujer UBA. Convencional Nacional Constituyente. M/c. Investigadora. Docente de Postgrado de la U.N.L. Presidenta de ADEUEM. (Asociación de Especialistas Universitarias en Estudios de la Mujer) Consultora y Directora de Proyectos de UNICEF, UNIFEM, Unión Europea. Fue Coordinadora Nacional del Instituto Nacional contra la Discriminación. Directora Regional del proyecto de Naciones Unidas “Feminización de las migraciones en América Latina. Discriminación Xenofobia. Racismo”. Autora de numerosos artículos y libros.
Fallecida en el 2013








Mujeres embarazadas están siendo legalmente prostituidas



 




Mujeres embarazadas están siendo legalmente prostituidas













Mujeres embarazadas están siendo legalmente prostituidas -esto es el capitalismo en su forma más
baja.

    
Seis hombres pagaron por follar en grupo a una mujer prostituida en un burdel legal en Alemania, todos ellos solicitaron una mujer con un embarazo avanzado. Después de soportar esta horrible experiencia -que fue perfectamente legal- ella dijo que sintió como si hubiese prostituido a su criatura no nacida.



Cada vez que alguna noticia sobre el burdel Bunny Rach, en Nevada, se me aparece en las redes sociales, raramente resisto leerla. En 2012, pasé un tiempo en este burdel, acompañada por el proxeneta más grande de USA, Dennis Hof. Encontré mujeres que están tan tristes como desesperadas, y tan decepcionadas de que la legalización empeoró las cosas, en vez de mejorarlas. Una mujer, en avanzado estado de embarazo, le preguntó al administrador del burdel si podía tomarse seis meses libres para tener a su bebé y luego volver sin tener que postular nuevamente a su antiguo trabajo. El administrador le dijo que le iría mejor seguir trabajando embarazada, “porque hay muchísimos hombres que quieren apretar las tetas de una embarazada”.

Cuando leí el artículo titulado, “El Derecho de Una Mujer a ser Una Trabajadora Sexual Embarazada” en el blog de Bunny Ranch, escrito por una mujer prostituida llamada Summer Sebastian, que tiene la triste fortuna de trabajar allí, supuse que Dennis Hof habia encontrado, simplemente, una nueva forma de sacarle dinero a los cuerpos de las mujeres.

Me volví feminista de adolescente, a inicios de 1980, participando en campañas en contra de la industria del porno. En ese entonces, no sabíamos mucho acerca de cómo el porno y la prostitución son indivisibles. Lo que descubrí en ese tiempo fue que, cualquiera fuera el “kink” [fetiche] de un hombre, existiría un género para él. Y esto fue unos años antes de la invención del internet.

Uno de esos géneros era porno de embarazadas. Encontré, buscando en viejas ediciones de la revista Hustler, mujeres en avanzado estado de embarazo y mujeres desnudas fetichizadas por sus grandes barrigas y pechos hinchados.  Recuerdo las fotografías de hombres adultos chupando esos pechos, mientras que otros se eyaculaban sobre esas barrigas.

Después de un tiempo, aprendí a dejar de preguntarme cómo es que los hombres llegan a tener fantasías acerca de forzar sexo en mujeres que están cercanas a dar a luz, y mentalmente guardé bajo llave dentro de la caja “horror” a esos hombres que coleccionan fotos de plantas de pie de niños y niñas prepubescentes.

Recientemente terminé una intensiva investigación de dos años sobre el tráfico sexual global, me ayudó para recordar cómo la pornografía es simplemente prostitución con una cámara. Al visitar burdeles –tanto legales como ilegales- alrededor del mundo, he visto cómo los compradores de sexo obtienen lo que demanden en tanto tengan dinero para pagar por ello. Hay una historia que jamás olvidaré. Seis hombres pagaron para follar en grupo a una mujer prostituida en un burdel legal en Alemania, todos ellos solicitaron una mujer con un embarazo avanzado. Después de soportar esta horrible experiencia -que fue perfectamente legal de acuerdo a la ley alemana- ella dijo que sintió como si hubiese prostituido a su criatura no nacida. Por supuesto, ella no hizo eso. Pero el proxeneta, o “dueño de burdel” como la legalización exige que se le dignifique, ciertamente lo hizo.

Donde la prostitución es legal, como en Alemania, Países Bajos, Australia y Nueva Zelanda, los proxenetas legales venderán literalmente lo que sea a cualquiera, sin preocuparse de que la fuerza policiaca intervenga.

Donde no existen leyes contra la bestialidad, una mujer en un burdel legal puede ser penetrada por animales, cuan grandes sean, y nadie está infringiendo la ley. Es muy probable que la mujer resulte lastimada y altamente traumatizada, pero ¿a quién le importa esta mujer en un sistema donde el lucro triunfa sobre la seguridad y dignidad?

El aumento en el número de mujeres embarazadas a la venta en el comercio sexual calza perfectamente con la noción neoliberal de que el cuerpo de la mujer no es nada más que un mercado, donde todo está a la venta. Como descubrí recientemente al investigar el mercado de leche materna en Cambodia, gente blanca y rica de occidente, no tiene problema en explotar los cuerpos de mujeres morenas pobres para su propia conveniencia.




Summer Sebastian argumenta en su artículo que prostituirse estando embarazada no es nada más que un bien plan de negocios. Si la prostitución realmente fuera un “trabajo como cualquier otro”, ¿entonces ella debería solicitar fuero maternal? No se me ocurre ningún otro trabajo donde estar embarazada sea ventajoso para las mujeres, ni siquiera si se trabaja como partera (que, por cierto, es la verdadera profesión más antigua) Sebastian esta simplemente jugando de acuerdo a las fuerzas del mercado. Los hombres que pagan por sexo deshumanizan a las  mujeres que compran, y eso quiere decir cada parte de ellas, incluyendo la criatura no nacida que crece dentro de ellas.  A algunos de estos hombres simplemente no les importa en absoluto que la mujer a la que abusan está embarazada,  y podría sufrir complicaciones en su salud al tener el tipo de sexo duro que muchos puteros demandan, o al estar en riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual.

Otros se excitan sexualmente con la idea de que un feto cercano a estar completamente formado participe de algún modo en el acto de prostitución. Esto es extremadamente perturbador. Pero no debería sorprendernos –los hombres que pagan por sexo pagan por consentimiento. Ellos no saben o no les interesa si la mujer que compran está traumatizada, incómoda, o le es indiferente el hombre que entrega el dinero. Cuando deshumanizas a una persona con el objeto de obtener placer sexual propio, dejas de preocuparte por cualquier humanidad involucrada, incluyendo la tuya.
* * *
    Por Julie Bindel

Fuente:

https://malditaradfem.wordpress.com/2017/04/23/mujeres-embarazadas-estan-siendo-legalmente-prostituidas/


miércoles, 24 de mayo de 2017

'La prostitución en el corazón del capitalismo'



'La prostitución en el corazón del capitalismo'
 infoLibre adelanta un capítulo del libro de Rosa Cobo que saldrá a la venta este lunes 22 de mayo
Rosa Cobo Publicada 22/05/2017
La escritora feminista Rosa Cobo publica el libro La prostitución en el corazón del capitalismo (Catarata), que saldrá a la venta este lunes 22 de mayo. infoLibre adelanta aquí uno de sus capítulos.
Rosa Cobo es profesora de Sociología del Género en la Universidad de A Coruña y directora del Centro de Estudios de Género y Feministas en esa universidad.

La industria internacional del sexo
La prostitución es el corazón de una industria internacional del sexo que incluye una gran variedad de negocios, desde macroburdeles o locales de striptease hasta editoriales, desde casas de masaje hasta agencias de "acompañantes", desde películas hasta revistas sobre pornografía, sin olvidarnos de las cifras del turismo sexual. La industria del sexo no acaba en el conjunto de negocios que forman parte del sector de la prostitución, pues también otros muchos actores económicos se lucran de esta industria y contribuyen a su apuntalamiento. En efecto, diversos negocios cuya función no está directamente vinculada con la prostitución sirven a sus intereses y también se sirven de esta industria para incrementar sus beneficios. Entre ellos, hay que destacar principalmente hoteles, empresas de bebidas alcohólicas, periódicos, farmacias, taxis o karaokes. ¿Qué ocurriría si las empresas productoras y distribuidoras de bebidas alcohólicas se negasen a surtir a los burdeles o lo periódicos no aceptasen publicar anuncios de locales o pisos en los que se ejerce la prostitución? Lo que quiero señalar es que la prostitución es el eje de todo un sector económico que se articula en torno a los cuerpos de las mujeres prostituidas. El centro de la industria del sexo son los cuerpos de las mujeres, que se han convertido en las mercancías sobre las que se ha edificado esta industria global. Y más concretamente, toda esta actividad económica se sustenta sobre la vagina y otras partes del cuerpo femenino, que se han convertido en el fundamento de un negocio organizado a escala global.

Hasta los años ochenta del siglo XX la prostitución apenas ha tenido impacto económico en las cuentas nacionales. Su dimensión más relevante ha sido la poderosa marca patriarcal sobre la que originalmente se edificó esta práctica social. Sin embargo, la aparición del capitalismo global a partir de los años setenta cambia el rostro de la prostitución y la convierte en parte fundamental de la industria del ocio y del entretenimiento. En efecto, a partir de esa época, al industria del sexo se ha ido globalizando con la ayuda de las redes informacionales, pero también con la contribución de redes criminales.

Hace poco más de tres décadas la prostitución era un conjunto de burdeles con mujeres autóctonas que ejercían la prostitución con encargadas y jefas que gestionaban, a veces paternalistamente, esos pequeños negocios.

Antes existían muchos "clubes de alterne" pequeños. Eran lugares íntimos, casi familiares. Ahora quedan cada vez menos, y los que quedan han vivido una transformación radical, tanto en la forma como en la manera de funcionar. Los pequeños clubes, en su mayoría, están desapareciendo, sustituidos por los megalocales de striptease con show-girls y chicas exhibiéndose con la mínima ropa posible. Son negocios que a veces incluso funcionan con licencia de hotel... Los pequeños locales donde tantas mujeres ejercían de manera más o menos discreta una forma de prostitución light, porque no solamente no estabas obligada a acostarte con los clientes, sino que además podías ganar mucho dinero sin necesidad de ello, son ya cosa del pasado.

En esa antigua forma de prostitución no existían apenas mujeres migrantes, ni tráfico de mujeres para la explotación sexual ni circuitos criminales. En otros términos, ese viejo canon de la prostitución correspondía al capitalismo previo al neoliberalismo, y, por ello mismo, su dimensión más relevante era la patriarcal.

El nuevo canon de la prostitución solo puede ser explicado en el marco de tres sistemas de dominio: el patriarcal, el neoliberal y el racial/cultural. En efecto, varones de todas las clases sociales acceden sexualmente a los cuerpos de mujeres pobres, migrantes y pertenecientes a culturas, razas y regiones del mundo que el Occidente etnocéntrico ha conceptualizado como inferiores. Este es el rostro que ofrece la prostitución en los países con altas tasas de bienestar. En aquellos países con índices de pobreza significativos puede variar el componente cultural o racial en el consumo interno de sexo, pero permanece invariable la explotación sexual de las mujeres por varones de todos los estratos sociales. En efecto, "como en todo fenómeno de prostitución, las minorías étnicas y nacionales están sobreexplotadas". Varones de sus propios países, de regiones próximas y de países occidentales acuden a comprar sexo barato de mujeres que necesitan recursos para sobrevivir. Si bien la marca de clase ha estado presente en la prostitución anterior a la globalización capitalista, en esta época de creciente mercantilización de los cuerpos de las mujeres, la pobreza y la extrema pobreza de las mujeres, es decir, la jerarquía de clase, ha adquirido una dimensión que no tenía en el pasado.

Sorina Vazelina
La globalización económica ha hecho posible que la prostitución se convierta en un lugar de intersección entre el norte y el sur, pues el sur exporta mujeres para consumo sexual de los varones del norte. Y los hombres del norte viajan a países del sur a comprar sexo y ejercer el derecho patriarcal que les autoriza a usar sexualmente a las mujeres en el marco de la prostitución. Esta industria conecta el norte rico y el sur endeudado. Y, además, contribuye a crear una nueva afiliación entre los varones del norte y los del sur. Con más o menos recursos, los varones occidentales comparten con los del resto del mundo la posibilidad de usar sexualmente a las mujeres que el capitalismo neoliberal y los distintos patriarcados han situado en esos lugares acotados para satisfacer el deseo masculino. Incluso en algunos países en los que la prostitución ha sido legalizada, los demandantes no solo creen tener el derecho a usar sexualmente a las mujeres prostituidas, sino que tienen consagrado por ley ese derecho. La cartografía global de la prostitución muestra a varones de los países centrales cruzar regiones e incluso continentes para acceder a cuerpos de mujeres y niñas de otras razas y culturas que solo tienen su cuerpo para sobrevivir. Son migraciones puntuales de los demandantes de prostitución para comprar sexo barato, racializado y, muchas veces, infantil.

La teoría feminista ha propuesto la necesidad de estudiar la política sexual de todas las instituciones para comprender las lógicas patriarcales que habitan en su interior. Pues bien, en este sentido, la política sexual de la prostitución muestra sociológicamente el carácter interclasista de los demandantes y la composición femenina y sin recursos de aquellas que ejercen la prostitución. La lógica patriarcal y la lógica de clase se funden en la prostitución.

La característica más significativa del capitalismo avanzado es su globalización. Y esa exigencia ha llegado a la prostitución. La globalización desactiva las fronteras para el capital y las mercancías. Y la mercancía sobre la que está edificada la industria del sexo, los cuerpos de las mujeres, no pueden permanecer dentro de los límites del Estado nación. Sobre todo porque esa "mercancía" escasea en las sociedades del bienestar y hay mucha disponible en los países con altas tasas de pobreza. Lo que quiero decir es que la globalización de la industria del sexo exige que los cuerpos de las mujeres puedan ser deslocalizados de sus países de origen y sean trasladados a países en los que la demanda no se cubre:

El tráfico, el turismo sexual y el negocio de las esposas que se compran por correo han asegurado que la severa desigualdad de las mujeres pueda ser transferida más allá de las fronteras nacionales, de manera tal que las mujeres de los países pobres puedan ser compradas con fines sexuales por hombres de los países ricos. El siglo XX vio el hecho de que los países ricos prostituyen a las mujeres de los países pobres como una forma de colonialismo sexual.

Como afirmaba en el primer capítulo, siguiendo los análisis de Saskia Sassen, una característica fundamental del capitalismo global es la lógica de expulsiones que pone en funcionamiento para lograr en poco tiempo y sin economías productivas unos niveles de beneficios impensables. Desde este punto de vista, las mujeres prostituidas no solo representan una de las grandes expulsiones del siglo XXI, sino que son sometidas a las mismas reglas que otras mercancías para el consumo. La prostitución es así el máximo exponente de la deslocalización neoliberal, pues las mujeres son trasladadas de los países con altos niveles de pobreza a los países con más bienestar social para que los varones demandantes de todas las clases sociales accedan sexualmente a los cuerpos de esas mujeres. Si bien el cuerpo de las mujeres prostituidas se convierte en una mercancía muy codiciada por los traficantes y proxenetas porque proporciona altos beneficios con bajos costes. Esta forma de funcionamiento del capitalismo, la deslocalización de la producción menos cualificada a países con pocos derechos laborales y altas tasas de pobreza, se ha extendido a las mujeres prostituidas. Sin embargo, esta deslocalización de mujeres para la industria del sexo tiene elementos que la convierten en una auténtica expulsión. Son mujeres expulsadas de su condición de ciudadanía, de sus contextos culturales, de sus entornos familiares y de sus proyectos de vida. Son expulsadas de sus espacios físicos y emocionales y, cuando llegan a los destinos proyectados, ya son seres sin historia; nadie las conoce aquí y tienen que negar lo que son allí, en su país de origen. Por el camino aprendieron a ocultar su historia, y en muchas ocasiones su lengua, como condición de posibilidad para adoptar la nueva identidad que se le ofrece, la de mujer prostituida.

Burdel Chanel. Argentina. Foto elacnasta.com.ar
La prostitución, como hemos dicho anteriormente, tiene tres marcas, sin la identificación de las cuales no es posible la comprensión de esta realidad social: la patriarcal, la capitalista neoliberal y la cultural/racial. En la intersección de estos tres sistemas de poder ha crecido la industria del sexo y han aumentado tanto los consumidores de prostitución como el número de mujeres de las que se alimenta este negocio global. Sin embargo, en estos momentos, la estructura que sostiene esta industria está pilotada por las lógicas económicas que gobiernan el capitalismo global. Solo esto explica los enormes esfuerzos que se están haciendo para que el acceso sexual al cuerpo de las mujeres sea percibido como un asunto de consumo para los varones y de libre elección para las mujeres prostituidas. El imaginario colectivo, resultado en muy buena medida de las estructuras de poder patriarcales y capitalistas, ofrece la imagen de la prostitución como un acto libre de ellas y un acto de consumo de ellos. Dicho de otra forma, las élites dominantes intentan que la prostitución sea vista como un contrato libre entre dos partes que están igualmente interesadas en firmarlo.

Si, como hemos afirmado, la prostitución se encuentra en la confluencia de tres sistemas de poder, el capitalista, el cultural/racial y el patriarcal, el propio título de este capítulo es en sí mismo una propuesta de cómo debe ser interpretada esta práctica social. En efecto, la prostitución es una industria esencial para la economía capitalista, para la economía criminal, para los estados que ven en esta institución una fuente de ingresos públicos, pero también las instituciones del capitalismo internacional, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, que ven en lo que han conceptualizado como industria del entretenimiento y del ocio unos ingresos que pueden garantizar la devolución de la deuda. Poulin afirma que "el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los planes de ajuste estructural proponen préstamos a los estados para desarrollar empresas de turismo y entretenimiento".

Fuente
http://www.infolibre.es/noticias/politica/2017/05/18/la_prostitucion_corazon_del_capitalismo_65209_1012.html




viernes, 12 de mayo de 2017

Por qué legalizar la prostitución es mala idea



Por qué legalizar la prostitución es mala idea
Escrito por Pablo Simón el 30 julio, 2012 en Política

Cuando se habla de la prostitución y sobre qué tipo de políticas se debería emprender al respecto dista de haber un consenso. A izquierda y derecha hay partidarios tanto de la prohibición como de la regulación. Incluso dentro del propio feminismo no hay acuerdo sobre qué tipo de política es deseable. En un principio las salidas regulatorias sobre el tema pueden ser cuatro. La primera es la prohibición tanto del ejercicio como del consumo, algo que ocurre en algunos estados de EEUU. La segunda es la regularización del ejercicio, como pasa en Países Bajos, parte de Alemania, Nevada (EEUU) o Victoria (Australia). La tercera es la vía particular que se aplica en los países nórdicos – especialmente a nivel municipal – la cual pasa por la penalización de los clientes pero no de las prostitutas (la que algunos han llamado la vía abolicionista). Finalmente, una cuarta opción, justo que es la que ha prevalecido en España, es no hacer nada y dejar esta actividad en una especie de vacío legal. Como imaginaréis, este último escenario no es precisamente el preferible así que merece la pena descomponer los argumentos y echar un vistazo a la evidencia empírica para preguntarse: ¿Es buena idea impulsar la legalización de la prostitución en España?

Javier Vanegas
El argumento de la legalización de la prostitución es bastante sugerente y tiene respaldos entre muchos liberales e izquierdistas: Logras hacer transparente una actividad opaca, das garantías sanitarias y de protección a las prostitutas y, de paso, recaudas impuestos y cotizaciones. Dado que es inevitable que exista una demanda masculina de sexo (ya sea por razones biológicas o culturales), el ejercicio de la segunda profesión más antigua del mundo – alguien debió trabajar primero para pagar – es inevitable. Al fin y al cabo, si no se regula lo que se hace es desplazar la prestación del servicio a espacios con menor visibilidad social y con menos garantías sanitarias y sociales. En suma: la demanda de servicios sexuales es inelástica, así que más vale regular la oferta. Sin embargo, los peros a este argumento comienzan cuando se mira la evidencia empírica y se compara entre países con diferentes leyes de prostitución. Reproduzco literalmente unos párrafos del artículo de Victor Lapuente titulado “El liberal, la progre y la prostituta”:

    (…) Pocos años después de la puesta en marcha, en 1999, de una política de penalización al cliente en Suecia, se calcula que el número de prostitutas se había reducido entre un 30% y un 50%, y el de clientes entre un 75% y un 80%.

Por lo tanto la primera evidencia es que la demanda sí que depende del tipo de regulación, por lo que es posible hacer políticas que incidan sobre los demandantes de prostitución. Esto por supuesto, también tiene implicaciones sobre la oferta (sigue):

    La caída de la demanda en países prohibicionistas como Suecia ahoga a la oferta, (…) Así, mientras los traficantes de esclavas sexuales logran introducir anualmente entre 400 y 600 víctimas en Suecia para saciar los apetitos sexuales de aquellos ciudadanos que son capaces de arriesgarse a una pena por comprar sexo, en las vecinas Finlandia o Dinamarca, con la mitad de la población, pero con leyes más permisivas hacia la prostitución, las mafias podrían estar infiltrando hasta 15.000 víctimas al año.

Estos datos ligan con un segundo elemento al que los partidarios de la regulación suele prestar poca atención: el origen de la propia oferta. Casi el 87% de las prostitutas están ligadas a la trata de personas, es decir, a mafias que introducen mujeres provenientes de países de Europa del Este o el Tercer Mundo. De nuevo, la regulación juega un rol crucial en los flujos del tráfico de prostitución tal como muestran estos economistas. En aquellos países en los que existe una regulación más restrictiva las mafias introducen menos prostitutas. Por el contrario, estas mafias operan en mayor medida en aquellos países en los que la actividad está legalizada. La idea es que en los países más permisivos se genera es una divergencia entre dos mercados de prostitución – legal e ilegal – que corren paralelos y se expanden. Un ejemplo claro es que desde que se legalizó la prostitución en los Países Bajos el tráfico de prostitutas ilegales ha crecido un 10%. Además esta regulación tiene la perversión de que, dadas las conexiones de las mafias de la prostitución con el mundo de la droga y la delincuencia, la legalización de esta actividad puede funcionar como una tapadera idónea para el blanqueo de capitales.




Un tercer argumento que se maneja es que la prostitución no supone sino un tipo de trabajo más y que la regulación se debería limitarse a dar carta de naturaleza a esta actividad de libre intercambio. Sin embargo, tal como Gemma Lienas apuntó en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados en 2006, esto dista de ser verdad:


   Algunos datos: Entre un 63 % y un 80 % de las prostitutas han sido víctimas de violaciones. Las prostitutas corren un riesgo 40 veces mayor de ser asesinadas que el resto de la población femenina. Más del 68% de prostitutas sufren estrés postraumático. ¿Se puede considerar un trabajo una actividad que comporta tanto riesgo para la integridad de las mujeres?

Este tema no es baladí porque en este tipo de “servicios sexuales” hay una parte vulnerable, potencialmente a merced de otra más fuerte. El intercambio se realiza en la intimidad y es complicado garantizar que no vaya a haber abuso. No en vano, a las prostitutas en Países Bajos se les da cursillos de artes marciales precisamente por el riesgo al que exponen su propia integridad física. Reto a cualquier lector a que encuentre algún tipo de ocupación al margen de la esclavitud que disponga de semejantes estadísticas de maltrato e indefensión.

Finalmente decir que hay prostitutas a favor de la legalización, en particular asociaciones, la cuales en muchos casos reconocidas como interlocutores sociales. En todo caso creo que se pueden poner bastantes peros a la representatividad que tienen del conjunto del colectivo. El argumento moral de la libre disposición del cuerpo por parte de la mujer podría tener sentido en un mundo ideal en el que 8 de cada 10 prostitutas no estuvieran directa o indirectamente bajo el control de mafias nacionales e internacionales. Como no es el caso, dudo mucho que ellas puedan hablar en nombre de esa mayoría de mujeres que han salido engañadas de sus países para ejercer la prostitución, del mismo modo que nada tiene que ver con la prostitución “de lujo”, que se sitúa lejos del alcance de las mafias. Me parecería poco juicioso pensar que porque existan voces minoritarias (y quizá genuinamente libres en el ejercicio) a favor de la legalización se pudiera extrapolar la demanda al conjunto del colectivo.

En mi opinión los argumentos a favor de la legalización de la prostitución son muy difíciles de sostener con evidencia empírica en la mano. Primero, porque es falso que la demanda de prostitución sea inelástica y no se pueda incidir sobre ella. Segundo, porque la legalización no sólo no aflora el mercado negro de la prostitución sino que lo expande y engorda a las mafias que se nutren de él. Tercero, porque la prostitución se parece más a una forma de esclavitud que a un trabajo remunerado ordinario a tenor de sus secuelas. Y por último, porque las organizaciones de prostitutas que defienden la legalización no se parecen en nada a la inmensa mayoría de damnificadas por la explotación sexual.

Desde mi punto de vista, y con lo que nos señalan también otros estudios, las políticas más efectivas sobre la prostitución son las que se plantean en los países abolicionistas del norte de Europa: sanción a los proxenetas y usuarios, dando una vía de salida y reinserción a la prostituta, la victima genuina. La prostitución supone en casi todos los casos una cosificación de la mujer y es una actividad que se mueve en la periferia social, entre la marginalidad y la delincuencia. Cualquier política pública que quiera abordar este tema debe tener presente que la principal prioridad es la defensa de la mujer, de ahí que crea que la mejor manera de hacerlo sea penalizando la explotación sexual y no dándole carta de naturaleza.

Fuente
http://politikon.es/2012/07/30/por-que-legalizar-la-prostitucion-es-mala-idea/