miércoles, 17 de enero de 2018

¿Por que la izquierda no puede aceptar que la prostitución se construye sobre un racismo brutal?


¿Por que la izquierda no puede aceptar que la prostitución se construye sobre un racismo brutal?
12/21/2017
Julie Bindel
 Por Julie Bindel

 Traducción: Vito Pinillo
Publicación original: “Why can’t the left accept that prostitution is built on brutal racism?”



​Un entrevistado admitió abiertamente que recurría a mujeres chinas en la prostitución para realizar una fantasía que tenía de ellas. “Puedes hacer mucho más con las chicas orientales …”


Varios de los "compradores de sexo" que he entrevistado me han dicho que a menudo seleccionan mujeres específicas en base a estereotipos racistas y colonialistas. Getty

No es ningún secreto que el comercio sexual está atravesado por la misoginia. La izquierda liberal y otros llamados "progresistas" a menudo se despiden de sus principios para apoyar un comercio global multimillonario basado en el dolor y la opresión de mujeres y niñas. Esto no sorprende teniendo en cuenta el sexismo de la izquierda, pero los mismos apologistas a menudo también guardan silencio sobre el hecho indiscutible de que las mujeres y niñas negras, latinas e indígenas de todo el mundo son las primeras en ser compradas y vendidas a la prostitución.

Durante una extensa investigación para mi libro sobre el comercio sexual, he conocido y entrevistado a mujeres y hombres que se resisten a la normalización del racismo dentro de la prostitución.

Conocí a Ne'cole Daniels en 2015, sobreviviente de la prostitución afroamericana e integrante de la organización abolicionista SPACE International  en una conferencia en los Estados Unidos. Daniels lo tiene claro: el racismo sostiene los sistemas de prostitución en los Estados Unidos. "El comercio sexual es como el racismo. Están diciendo que algun@s valemos menos que otr@s".

A Pala Molisa, un académico del Pacífico y activista contra la violencia masculina de Nueva Zelanda, se le ha acusado a menudo de ser “putófobo” desde que escribió sobre la prostitución como una forma de opresión. Molisa ha sido amenazado con perder su trabajo, blanco de una campaña de hostigamiento y acoso en línea, y acusado por los propagandistas de trabajo sexual de ser un “desgraciado sexualmente reprimido”.

Molisa dice que ha aprendido de su madre y de “otras hermanas indígenas” sobre la supremacía blanca y la base colonial de la prostitución.
“No sólo queremos que se responsabilice a los hombres por reducir las mujeres a ganado sexual. Queremos que se desmantele toda la institución de la prostitución, que es la base de la cultura de la violación patriarcal colonial”, dice Molisa. “El modelo dominante de la masculinidad bajo la supremacía masculina también está determinado por la raza y la clase, por el capitalismo y la supremacía blanca”.



Bridget Perrier es una activista nativa canadiense y sobreviviente de la prostitución. En 2015, Perrier apareció en televisión en el Reino Unido debatiendo con una miembra (blanca) del “Colectivo de Prostitutas de Inglaterra” (ECP). Perrier, que crió a dos hijos de las víctimas de Robert Pickton (asesino en serie) fue acusada por la portavoz de ECP de tener “sangre en las manos” por sus campañas para criminalizar a chulos y puteros. “Esto es sólo una mierda colonialista”, dice Perrier. “Estoy harta de que me digan que la prostitución es buena para mí y para mis hermanas indígenas cuando obviamente no es lo suficientemente buena para ellas mismas”.

Courtney, también una sobreviviente nativa canadiense, me dijo: “El comercio sexual se basa en el racismo y el colonialismo, así como en la misoginia. Para las mujeres nativas y afroamericanas, y todas las mujeres y niñas de color, es otra forma que tiene el hombre blanco de tomar lo que quiere de nuestras comunidades, nuestras culturas y nuestras almas”.

Varios de los puteros a los que he entrevistado me han dicho que a menudo seleccionan mujeres específicas en base a estereotipos racistas y colonialistas. La etnicidad misma se erotiza en la prostitución. Un hombre dijo: “Yo tenía una lista de razas a probar; Las he probado todas durante los últimos cinco años, pero resultaron ser lo mismo”. Otro entrevistado admitió abiertamente que recurría a mujeres chinas en la prostitución para realizar una fantasía que tenía de ellas. “Puedes hacer mucho más con las chicas orientales, como una mamada sin condón y puedes correrte en la boca... Las veo sucias”.

La publicidad de servicios sexuales a menudo depende de estereotipos racistas y colonialistas. Durante una reunión con la Sociedad de Mujeres Asiáticas por la Igualdad en Montreal, me informaron de una investigación donde se analizaban 1.500 anuncios de prostitución en Internet. Se descubrió que el noventa por ciento de éstos utilizaba estereotipos racistas como factor de venta, como las mujeres asiáticas que se describen como “sumisas”, “exóticas”, “recién inmigradas”, “recién llegadas” y “jóvenes y con experiencia”. “Esto es lo que los hombres están buscando en las mujeres asiáticas”, dijo una miembra de los colectivos.

En el principal distrito del Barrio Rojo de Ámsterdam, donde la mayoría de las mujeres prostituidas que se muestran como carne en los escaparates de los burdeles son de Rumania y África Occidental, se ofrecen tan pocas mujeres nacidas en Holanda vendiendo sexo que los proxenetas colocan pegatinas con la bandera holandesa o “NL” (Países Bajos) en los ventanales con fines publicitarios. Las mujeres blancas holandesas se han convertido en una rareza.

La trata de esclavos está viva y goza de buena salud, pero ha sido reestructurada bajo el capitalismo neoliberal. Durante el acto de la prostitución, los cuerpos de las mujeres y las niñas son colonizados por los hombres que los usan. Cómo la izquierda puede ignorar este hecho, mientras afirma estar luchando por una sociedad igualitaria y libre de opresión, es algo que me supera. Puede que gran parte de la izquierda masculina no se preocupe demasiado por la opresión de las mujeres en situación de prostitución, pero ¿no podrían aceptar al menos, aunque sea con la boca pequeña, que el sistema prostituyente se sustenta en parte sobre un racismo brutal?


El libro de Julie Bindel The Pimping of Prostitution: Abolishing the Sex Work Myth se publicó en septiembre 2017 en Palgrave Macmillan. Los detalles del lanzamiento y del debate alrededor del tema tratado pueden encontrarse aquí. ​

Fuente

https://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/blog/por-que-la-izquierda-no-puede-aceptar-que-la-prostitucion-se-construye-sobre-un-racismo-brutal



Los hombres no quieren ver qué hay detrás de la prostitución

ENTREVISTA - Richard Poulin, profesor emérito de la Universidad de Ottawa

"Los hombres no quieren ver qué hay detrás de la prostitución"


Richard Poulin se tapa los ojos durante la entrevista.

IRENE HDEZ. VELASCO | Madrid
02/01/2017



Richard Poulin se presenta a la entrevista con una chapa en la solapa de la chaqueta que deja ya muy claros cuáles son sus principios: "Ninguna mujer nace para puta", un lema que recoge el título del libro escrito por la colombiana Sonia Sánchez, una superviviente de la prostitución. Porque este canadiense, profesor emérito del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Ottawa y autor de numerosos libros y estudios sobre la prostitución y la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, está considerado como uno de los mayores estudiosos mundiales en esa materia.

Las encuestas en España muestran como cada vez son más fuertes los llamamientos a favor de que se regularice la prostitución como si se tratara de un trabajo más. ¿Qué le parece?

Me parece una monstruosidad. Pero déjeme decirle que mientras los llamamientos a favor de una reglamentación de la prostitución son muy fuertes en Europa, son relativamente débiles en América del Norte. Además es necesario distinguir entre quienes están a favor de que no se reglamente para nada la prostitución y de quienes parten de la premisa de que la prostitución es un trabajo como cualquier otro, y que lo que hay que hacer es aplicarle las leyes laborales y punto. Según el razonamiento de estos últimos, los burdeles son lugares de trabajo, ambientes laborales como los de cualquier empresa, y sería ilegal la prostitución que se llevara a cabo fuera de esos lugares reglamentados. Lo que le puedo decir es que no hacer nada ante la prostitución o regularla como un mero trabajo más sería algo muy grave que haría subir de manera inaudita el número de mujeres y niñas dedicadas al sexo de pago y al turismo sexual. Y eso que ahora mismo cada vez se necesitan más prostitutas, porque cada vez son más numerosos los hombres que pagan para tener relaciones sexuales. Es algo que estamos viendo en Alemania, en Holanda, en Tailandia, en España...

¿Está aumentando entonces en España el número de hombres que pagan por sexo?

Sí. De hecho, España es el país con mayor demanda de mujeres que ejercen la prostitución de toda Europa.

¿Y cómo se explica que, en una sociedad en la que existe desde hace tiempo libertad sexual, el negocio de la prostitución sea tan suculento?

A finales de los años 70 las feministas norteamericanas ya plantearon si esa enorme libertad sexual no implicaba también una sumisión sexual, porque para que la liberación sexual sea realmente una liberación es necesario antes que la opresión contra las mujeres desaparezca, y la opresión no ha desaparecido. La prostitución de hecho es una forma de opresión contra la mujer, y sigue existiendo a pesar de que existe libertad sexual porque sigue existiendo opresión.


¿Qué les diría entonces a quienes sostienen que hay mujeres que ejercen la prostitución libremente, porque les da la gana?

Hay muchos niveles de respuesta. A nivel sociológico les diría que se sabe que buena parte de las mujeres que son reclutadas para la prostitución son menores de edad. Y se sabe que muchas de ellas son chicas que han huido de su casa porque han sufrido agresiones sexuales y que justo en ese momento en que escapan y están lejos de sus familiares es cuando son reclutadas para la prostitución. Es también por eso por lo que para ellas es más fácil hacerse prostitutas, porque para sobrevivir a las agresiones sexuales ya desarrollaron la capacidad de disociarse de su cuerpo. Piense que, según los estudios, entre un 75% y un 83% de las prostitutas fueron anteriormente víctimas de violencia sexual.

¿La prostitución es entonces una continuación de la violencia sexual?

Sí. Es complicado, pero se lo voy a tratar de explicar con un ejemplo. Cuando yo empecé a hacer encuestas e investigaciones sobre la industria del sexo, entrevisté en Canadá a varias strippers, a varias de esas mujeres que bailan desnudas delante de hombres sin que estos puedan tocarlas, sólo mirarlas. Cuando hablaba con ellas, estas jóvenes decían estar encantadas de bailar desnudas ante esos hombres que no podían tocarlas, lo consideraban como una especie de venganza por las agresiones sexuales que habían sufrido anteriormente, sentían que ahora eran ellas las que podían explotarlos a ellos... Pero después de pasar algunos meses en la industria del sexo, bailando desnudas, esas mujeres cambiaban de discurso y decían que un culo es un culo, subrayando que los hombres no van a ver mujeres, sino culos. Y lo mismo ocurre en la prostitución. Al principio hay mujeres que creen que ejercen un poder sobre los hombres, pero luego acaban dándose cuenta de que son los hombres los que tienen poder sobre ellas. Para mí en estos momentos como sociólogo es más interesante hacer entrevistas a mujeres que han sobrevivido a la prostitución que a mujeres que la ejercen. Porque las que están activas en la industria del sexo tratan de legitimar su actividad, como hace seguramente usted como periodista cuando alguien ataca a los medios de comunicación.

¿Cuál es la responsabilidad de los hombres que pagan por sexo?

Su responsabilidad es absoluta, total. Si los hombres no pagaran por la prostitución se acabaría con la prostitución, así de sencillo. Porque la industria de la prostitución se ha hecho para el disfrute de los hombres. Da igual que implique a niños, a niñas, a jóvenes de ambos sexos, a mujeres adultas... Es una industria dirigida al placer del hombre.

Y si es así, ¿por qué muchos hombres no quieren hacerse esos planteamientos? Porque no se los hacen, ¿no?

No, evidentemente no se los hacen. Como mucha gente no se hace reflexiones cuando compra una camiseta o unas zapatillas fabricadas por niños del tercer mundo. Los hombres no quieren oír ni quieren ver lo que hay detrás de la prostitución. No quieren saber que al llegar a los 16 años una de cada tres mujeres ha sufrido agresiones sexuales, lo que significa que la violencia hacia las mujeres es gigantesca. En Canadá, el movimiento feminista es muy fuerte y tenemos buenas cifras al respecto. Y si existen esas cifras tan enormes de violencia sexual es porque hay muchísimos hombres que cometen violencia sexual contra las mujeres, es posible que ascienda a un hombre de cada tres. Todo esto se lo comento para hacerle ver que las relaciones sociales entre hombres y mujeres son complicadas y que eso explica en parte por qué a los hombres les parece normal pagar por sexo. Muchos hombres siguen pensando que la mujer debe ser sumisa y que la que no lo es, se merece ser agredida.



Escuchándole resulta claro que usted está en contra de la prostitución. Pero la pregunta del millón es: ¿Cómo se puede acabar con ella?

No, no es la pregunta del millón. En realidad resultaría bastante fácil acabar con la prostitución si se implantara el modelo sueco. Ese modelo, que se aplica en Suecia desde 1999, penaliza al proxeneta y penaliza a los clientes de la prostitución, pero no a las mujeres que ejercen la prostitución. Además, lo que también es importante es que ofrece medios a las mujeres que quieren salir de la prostitución, muchas de las cuales no tienen estudios porque como ya le he dicho fueron captadas con 14 o 15 años. Asimismo, el modelo sueco también cuenta con programas educativos en las escuelas dirigidos a evitar que el día de mañana las niñas puedan ser reclutadas para la prostitución y que los niños puedan convertirse en clientes de prostitutas, en prostituidores. Gracias a todo esto, el número de mujeres que se prostituyen en Suecia ha bajado muchísimo, así como el de hombres que pagan por sexo. Allí, por ejemplo, ya no hay trata de mujeres, porque para los proxenetas no resulta rentable.
Sin embargo, lo que muestran las encuestas en España y lo que denuncian numerosos especialistas es que cada vez más jóvenes consideran el sexo de pago como algo normal, como una forma de diversión, de ocio...
La prostitución está banalizada y la industria del sexo y de la pornografía aún han banalizado más la prostitución. Podríamos definir a la pornografía como propaganda de la prostitución, y cada vez son más los jóvenes que consumen pornografía y a edades más tempranas. En Canadá, por ejemplo, la edad de los violadores ha bajado.


Usted también relaciona capitalismo y prostitución. Sin embargo, la prostitución existe desde siempre, desde mucho antes de que surgiera el capitalismo...

Sí, pero lo que ha hecho el neoliberalismo es impulsar esa idea de la que hablábamos al principio de que la prostitución debe desregularse. El neoliberalismo considera que cada uno es responsable de lo que hace, y según esa premisa las mujeres que se prostituyen son responsables de prostituirse. Antes se reglamentaba la prostitución por cuestiones de higiene y de salud pública, para evitar la propagación de enfermedades venéreas. Hoy se desregula porque se considera que quien la ejerce lo hace libremente. Es una diferencia enorme.


https://amp.elmundo.es/sociedad/2017/01/02/58692f5f468aebbd108b45e0.html?__twitter_impression=true




Putas, putas

Putas, putas
La única voz que se permite es la de las putas contentas, no la de aquellas que cuestionan el sistema prostitucional
Respuesta al artículo de Gabriela Wiener 'Hola, puta'
Beatriz Gimeno


Beatriz Gimeno   - Diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid
15/12/2017 -


Ya soy mayorcita, la palabra puta no me asusta, no me da morbo, no me parece guay, ni sexy. He superado la etapa juvenil de espantar a los conservadores contando hazañas sexuales. No quiero hacerme la moderna, ni la guay, contando mis prácticas sexuales, que son muy raritas (uy, ya lo he dicho), porque creo que no viene al caso.

Soy una mujer adulta y feminista, no más que nadie, pero tampoco menos que nadie. Y me gustaría que fuéramos capaces de hablar de la prostitución sin decir simplezas y complejizando la cuestión como se merece. Esto es, entre otras cosas, sin apelar siempre y casi de manera exclusiva a la experiencia individual. Porque eso es lo que solemos hacer cuando hablamos de cualquier otra institución política, dejar a un lado, o dejar para otro debate, la experiencia individual. Al menos eso es lo que hacemos las personas que creemos que los problemas políticos deben abordarse desde lo social y lo estructural, y no desde lo individual, como quiere el neoliberalismo y como hacemos cuando hablamos de prostitución.

No es que lo personal no importe, que naturalmente que importa; y más en una experiencia como esta, tan dura, tan connotada. Pero no podríamos hablar de ninguna institución (ni de política) si únicamente apeláramos a la experiencia personal de cada una de los millones de mujeres que en el mundo son putas; que lo son en todos los países, en países ricos y pobres, en situaciones terribles la mayoría y en situaciones mejores otras; habiendo sido engañadas, esclavizadas, explotadas o habiéndolo escogido dentro de sus limitadas opciones. Siempre que hablamos de otros derechos, de otras instituciones políticas o sociales, de otras luchas, tenemos en la cabeza una idea del bien común y de transformación social, eso es el feminismo. Pero en la prostitución no sólo no podemos debatir acerca de eso, sino que al contrario, parece que huimos de ese debate para enfrentar los casos particulares de unas contra otras (“yo lo elegí y me gusta”, “yo lo viví como un infierno”); o para recriminar a otras que no hablen del asunto porque no son putas, mientras que parece ser que contratar a una sí que te permite hablar del asunto porque te da un conocimiento profundo del tema. Según esto los puteros son los más cualificados para hablar de la prostitución.

Lo cierto es que ya ese mismo debate está sesgado porque las putas no tienen en absoluto una única opinión sobre la prostitución; pero lo que sí ocurre es que sólo unas pocas tienen acceso a la palabra pública. Normalmente las que están en mejor situación, las que son pagadas por la industria para decir lo que sea, las que están en situación de poder elegir, las que dicen lo que buscan los medios o los programas de televisión, las que coinciden con la deriva mercantilista de la vida que se promociona desde el sistema. La mayoría no tienen ese privilegio, y si alzan la voz son acalladas. La única voz que se permite es la de las putas contentas, no la de aquellas que cuestionan el sistema prostitucional. Luego está la voz de las que no somos putas. Pues lo mismo: Yo en cambio creo que de la institución de la prostitución podemos hablar todas las mujeres, como del matrimonio, el amor romántico, la lactancia, o el trabajo doméstico. Porque son instituciones políticas que nos incumben a todas.



La prostitución es casi la única institución patriarcal que no logramos politizar para el debate; por algo será. La prostitución, junto con el matrimonio, es una institución que se crea para regular el acceso de los hombres al cuerpo de las mujeres de manera ordenada. Para eso sirven las instituciones, para ordenar los comportamientos sociales y evitar la violencia. La prostitución pone a los hombres en un sitio y a las mujeres en otro; es nuestro cuerpo aquel que es el objeto de regulación, no el de los hombres. Es nuestro cuerpo al que ellos acceden pagando. Y eso tiene un significado concreto y tiene unos efectos muy concretos también: materiales y subjetivos. El bien común en disputa aquí es el de la igualdad entre hombres y mujeres. Porque, de nuevo, es esa idea de igualdad la que las feministas tenemos en mente cuando hablamos del amor romántico, del sexo, del matrimonio, de la maternidad, etc.; entre todas debatimos y pensamos qué hacer con estas cuestiones para que, al final, avancemos hacia una mayor igualdad social entre hombres y mujeres.

Ahí es donde hay que preguntarse si la prostitución como institución es una rémora para la igualdad o es un apoyo a la misma. Curiosamente, Gabriela Weiner eso lo sabe y así lo reconoce en su artículo. Reconoce que una cosa es el debate sobre lo personal y otro debate es el de la institución. Muy bien, estamos de acuerdo, queremos debatir sobre la institución. Ella admite que dicha institución cosifica y es perniciosa para la igualdad… pero de ahí no se sigue, según ella, nada; no hay una sola propuesta para combatir una institución que dificulta la consecución de la igualdad; ni una sola propuesta que nos permita avanzar hacia su desaparición. ¿Por qué combatimos todas las instituciones patriarcales excepto esta? Las razones son muy complejas y no caben en este artículo, pero algo tendrá que ver que esté por ahí el interés de uno de los negocios, de las industrias transnacionales, más grandes que existen. Un interés que, por cierto, jamás se hace visible como tal porque siempre pone a empleadas suyas como pantalla. Esto tampoco ocurre en ningún otro debate en el que esté implicada una multinacional, en ninguno. Cierto que en todos los debates políticos, los patronos, los dueños, las empresas, intentan pasar desapercibidos, pero no les dejamos. En este sí, y con la colaboración de gente que se supone de izquierdas. Deberíamos pedir a la industria del sexo que hable en su propio nombre y así todas sabríamos quién defiende qué intereses. La desaparición de la mano que mueve los hilos del debate público es lo que hace que este esté viciado, nunca sabes con quien estás debatiendo.

La propuesta de regular los derechos laborales y las comparaciones con otros trabajos que hace Weiner, no sabemos de dónde viene más allá de que esta exigencia es un mito. Hay muchas putas que no quieren que se regulen sus derechos laborales y hay muchas asociaciones que no desean tal cosa. La mayoría también quiere que no se las persiga, que no se las explote, que no se las detenga, que no se las expulse. En España, la prostitución no es ilegal y quien quiere, puede inscribirse como autónoma y acceder a los mismos derechos que otras trabajadoras. Otras no quieren regularse de ninguna manera porque lo que quieren es ahorrar lo más posible en el menor tiempo posible también, no quieren pagar impuestos, no quieren estar controladas. La mayoría además, no quiere darse de alta como “trabajadoras sexuales”, no quieren depender de un empresario, no quieren estar en un puticlub, no quieren que dicha calificación penda sobre sus vidas para siempre. Regular es regular la actividad empresarial en este caso. De hecho, hace años que se fundó una sección sindical para trabajadoras sexuales y no se apuntó nadie (o casi nadie) y así ha sido en otros países también. Lo que las regulaciones vienen a regular, en realidad, son relaciones de explotación; lo que las regulaciones hacen es facilitar la vida a los empresarios. Me parece que Weiner no ha hablado con muchas putas (más allá de una a la que contrató)


Ya casi nadie dice (ni siquiera las defensoras de la prostitución) que este sea como cualquier otro trabajo. No es lo mismo mamar una polla que pasar la fregona. ¿Por qué? Porque así es el sexo, ese significado tiene en nuestra cultura, así lo hemos construido. Si fuera lo mismo entonces también sería lo mismo que un jefe te toque una teta o un codo. Y no es lo mismo. Las putas son mujeres como cualquier otra, el sexo significa lo mismo para ellas que para cualquier otra mujer, Su subjetividad también se construye en parte ahí. Las mujeres no tenemos ningún gen que nos haga más agradable el sexo sin deseo; no más agradable que a ellos. Los hombres deberían probar a chupar coños de mujeres a las que jamás desearían. Muchos al día, años, deberían probar a dedicarse a ello, deberían probar a que esa fuese la única opción cuando son pobres. Mientras ellos tengan otras opciones y nosotras no, me permito sospechar y, como feminista, protestar.

Hay muchas profesiones feminizadas, sí. Y como feministas lo denunciamos. Analizamos por qué están feminizadas y tratamos de que no lo estén, no sólo de ofrecer más o menos derechos a las mujeres. Y lo cierto es que casi todas esas profesiones pueden pensarse reversibles, excepto la prostitución. Si pudiéramos poner a los hombres en la situación de la mayoría de las mujeres en prostitución es posible que el patriarcado no existiera. El patriarcado es un patriarcado sexual, la sexualidad es una frontera para hombres y mujeres. La prostitución no es reversible porque la ideología que la sustenta es la frontera que pone a los hombres en un lado y a las mujeres en otro: sujeto/objeto; el patriarcado es el que decide qué cuerpos son más valiosos que otros, cuáles son mercantilizables y cuáles no.

Queremos politizar la prostitución y sacarla de las experiencias personales, como hacemos con las cuestiones políticas.¿Por qué no nos preguntamos por el papel que juega en la desigualdad, para qué fue creada, por qué se mantiene? ¿Por qué no nos preguntamos por qué su uso no para de crecer cuanto más iguales y más libres son las mujeres? ¿Por qué no nos preguntamos si el hecho de normalizar y legitimar la prostitución tiene o no tiene algún tipo de consecuencia en la consideración social de las mujeres? Ya hay muchos estudios sobre eso. O si esto tiene alguna consecuencia en la manera en que los hombres aprenden a relacionarse con las mujeres. ¿Podemos o no podemos analizar qué papel que juega en la expansión de la prostitución que detrás de ella esté la segunda empresa transnacional en importancia? ¿Podemos hablar de cómo se construye la sexualidad masculina y la masculinidad en su conjunto y ver cómo se relaciona con la prostitución? ¿Podemos preguntarnos qué papel juega la prostitución en la desigualdad global cuando el Banco Mundial recomienda a los países pobres que dediquen a las mujeres a esto como manera de reducir su deuda? 

¿Tiene esto consecuencias en la situación de las mujeres y niñas de esos países? ¿Podemos preguntarnos por qué sólo escuchamos a aquellas que dicen estar a gusto pero por qué no sufrimos con las que narran experiencias terribles? ¿Qué nos pasa para llegar a bloquear la empatía con estas? 

Si lo pensamos con desapasionamiento veremos que la palabra “puta” está tan connotada desde el punto de vista de la transgresión sexual (y esta es percibida como positiva en un mundo hipersexualizado) que esta connotación bloquea mucha de nuestra capacidad de empatía. Hemos visto a la gente salvando refugiados, pero nunca hemos visto a nadie entrando en los puticlubs a preguntar cómo se encuentran las mujeres que están dentro. Algo nos pasa con este debate. Yo lo que quiero es discutir de la prostitución desde una perspectiva social y política, y no personal y neoliberal.

Fuente:

http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Putas-putas_6_718888139.html




lunes, 27 de noviembre de 2017

Soltar las cadenas de la prostitución

Testimonio de prostitución

24 NOV 2017 -
TESTIMONIO

Soltar las cadenas de la prostitución

En el Día Internacional de la No Violencia Hacia la Mujer presentamos el relato de una mujer que logró salir del mundo de la prostitución y la explotación sexual. Un escenario que según ella es la suma de todas las violencias.
Natalia Herrera Durán - @Natal1aH




“Esta historia empieza como la de muchas otras. Llegué del campo a trabajar como empleada doméstica en una casa de familia en Bogotá. Tenía 12 años. A los 14 conocí a un hombre y por desespero me fui a vivir con él. Con él conocí el maltrato. Me golpeó decenas de veces, me humilló cuando traté de terminar la primaria y un día intentó ahorcarme. Así pasé años amargos, dando tumbos en comisarías de familia y en Medicina Legal, mostrando heridas y moretones.

Mientras buscaba ganarme la vida en una tienda, una clienta me ofreció trabajo atendiendo eventos como mesera. Yo accedí y así conocí la desolación. Durante un año fui secuestrada, violada y mutilada por hombres que pertenecían a un grupo armado. Me vendieron como una cosa y producto de esos abusos quedé en embarazo. Llegué al hospital sin saberlo, pensando que iba a morir de lo mal que me sentía. Tuve la ilusión de que al decir mi cédula saldría reportada como desaparecida. Nada, no apareció nada. Nadie me estaba buscando. Nadie puso un denuncio. No volví a hablar. Cuando salí del hospital casi me mata el desprecio de mi familia, la pobreza, la indolencia.

Con el tiempo y con la angustia de sacar adelante a mi familia, y luego entendí que por los abusos que había vivido, terminé atrapada en la prostitución. Allí me di cuenta de que era como estar secuestrada, pero esta vez frente a la Policía, la Fiscalía y otras instituciones. Un secuestro “normal” para un país que normaliza esta violencia como el “oficio más viejo del mundo”.

En ese camino de dolor conocí a personas que buscaron ayudarme. Personas que me dijeron y explicaron que eso de pelear por mi compañera que estaba endeudada por proxenetas para poder enviarle dinero a su familia era activismo, era defender derechos humanos. Que eso de que no saliéramos de las casas, ni para comprar algo de comer, no era normal. Tan lindas que nos veíamos, maquilladas y entaconadas, pero éramos presas. Algo que no es fácil de identificar. La mayoría contesta que están ahí porque quieren. La mayoría no sabe que es víctima de trata de personas o de inducción a la prostitución.

De hecho, antes de que yo entendiera que esto estaba sucediendo, llegué a creer que me estaban haciendo un favor. Ellos saben las debilidades que uno tiene, las utilizan, las manosean. Saben que uno no tuvo familia o la tuvo y no fue querido o cuidado, saben que debe dinero, que tiene hijos por quien responder. Se hacen amigos o esposos, lo que sea. Todo para asegurar las ganancias diarias de un cuerpo a su lado.

“Las internas”, por ejemplo, que en su mayoría son menores de edad, están confinadas en casas muy bonitas al norte de la ciudad. Son las niñas que no quedan registradas en las planillas de la Alcaldía. Son tratadas como mercancía. Los “clientes” son los tipos bien que no quieren que los vean en las zonas de tolerancia. Si se necesitan diez pocillos, diez pocillos traen de cualquier ciudad. Si se portan mal, las desaparecen. Aunque llegan de otros lados (la mayoría de las mujeres en situación de prostitución en Bogotá vienen de ciudades intermedias y pueblos), tienen, tenemos, historias en común: pobreza extrema, hemos sido abusadas por familiares de niñas, hemos tenido madres adolescentes, familias maltratadoras (si hemos tenido familia), y hemos vivido otras violencias y desprecios.

Conozco chicas que “trabajan” o viven en estratos altos, que han sido operadas, sofisticadas y endeudadas por la industria del sexo. Pero como sobreviviente y activista puedo decir que en este país no existe la “prostituta” o prepago estrato seis, feliz y libre de “ejercer”. Hay mujeres que otros han modelado al antojo de un prototipo, pero detrás de ese rostro o silueta perfecta y glamurosa hay poca educación, pobreza, una familia destrozada, hay violencia sexual durante la infancia. Cuando somos menores de edad, el Estado y la sociedad dicen: “¡Huy, Dios mío, las violaron!”. Pero cuando cumplen 18 años ya son "trabajadoras sexuales independientes" y el Estado dice no tener ninguna responsabilidad. Esas cadenas invisibles duelen.

El turismo extranjero, por ejemplo, está a la cacería de quienes no hayan estado en prostitución, niñas y mujeres campesinas o negras. Yo llegué a la prostitución, por ejemplo, porque respondía al prototipo de mujer campesina, indefensa, delgada, e ingenua. Pusieron precio por mí y una supuesta “amiga” me convenció diciéndome que si yo se lo daba gratis a un novio que me ponía los cachos por qué no iba a cobrar. Luego me enteré de que a ella le habían pagado más de un millón de pesos por venderme. A mí me dieron $300.000 y eso era muchísima plata para alguien que, como yo, ganaba $20.000 por trabajar 12 horas diarias. En el “oficio” algunas veces me obligaron a drogarme porque el cliente quería drogarse en compañía. La industria lo pide y hay que hacerlo, sin importar que sea una mujer que jamás haya oído hablar de eso.

Cuando era “prostituta” no sabía que habían cometido tantos delitos conmigo. Hoy, que ya lo sé, que trato de ser y sentirme sobreviviente me duelen aún más, como me duele la indiferencia de los funcionarios, que juzgan y te culpan de lo que has padecido. Quizás, porque conozco el discurso institucional, la famosa “ruta de atención”, el “protocolo de trata”, todo lo que difícilmente se aplica o llega a las mujeres violentadas. “¿Por qué no olvidas o te callas?”, me dicen. Pero no puedo. Yo no hablo de estas cosas simplemente porque fue un discurso chévere que escuché y me gustó. No. Yo lo he vivido. Lo he visto malvivir de cerquita y espero seguir aportando para que esto cambie”.

*Este relato es de una sobreviviente de trata y explotación sexual que salió del país por amenazas a su vida.

Fuente

https://colombia2020.elespectador.com/pais/soltar-las-cadenas-de-la-prostitucion

Nota: las negritas e imágenes están en el original






sábado, 25 de noviembre de 2017

La RedTraSex, el proxenetismo y las ambigüedades del lenguaje

De cómo se oculta un elefante tras una flor… La RedTraSex, el proxenetismo y las ambigüedades del lenguaje
POR · 11/11/2017

Como la sociedad tiene la “sospecha” de que la prostitución no es un trabajo socialmente aceptable, porque atenta contra la lucha de las mujeres por su liberación, a ese personaje, al capitalista, se lo denomina, como corresponde, de modo despectivo: proxeneta, cafisho, fiolo, etc. La RedTraSex y AMMAR llaman trabajo autónomo a la explotación sexual de las mujeres.

Rosana López Rodriguez
Trece Rosas

AMMAR juega constantemente con el secretismo y la ambigüedad del lenguaje al solo efecto de que no se sepa públicamente lo que realmente quiere. “No somos del Estado”, “ni regulacionismo ni abolicionismo”, “respeto a los derechos laborales”, etc., etc. En privado, las “compañeras” no se privan, sin embargo, de decir lo que piensan y de negociar, a espaldas de la sociedad, con los diferentes bloques de diputados y senadores para imponer por ley la regulación del trabajo sexual, proxeneta incluido. Se dicen ajenas al “regulacionismo”, pero reivindican los modelos “uruguayo” y “neocelandés”.1 Su “nuevo” proyecto es mantenido oculto y solo se ofrece a cuentagotas a público seleccionado, es decir, afín. Esa es la estrategia: que nadie sepa de dónde viene el ataque hasta que reciba el golpe en la mandíbula.



Esta estrategia es la recomendada, como vimos, por las agencias internacionales proxenetas. No obstante, tarde o temprano tienen que decir la verdad. Obviamente, otra vez, camuflada en las ambigüedades del lenguaje. La palma, en este sentido, se la lleva un cuadro sinóptico muy ilustrativo que puede encontrarse en la página de la RedTraSex, que queriendo ocultar la realidad, termina mostrándola. En efecto, el nudo de la estrategia de la ambigüedad, creada para no enfrentar de golpe una oposición compacta sino para irla fragmentado y dividiendo, es la expresión “trabajo autónomo”.



Ambas palabritas están orladas por el prestigio de dos tradiciones políticas diferentes, el socialismo y el liberalismo. Por la primera, se perturba al público de izquierda: “¿cómo vas a estar en contra de las trabajadoras?” Por la segunda, atrae el apoyo inmediato de la burguesía liberal: “cada uno tiene derecho a hacer lo que quiere”. De ese cóctel ideológico explosivo, dejamos para el futuro el análisis de la prostitución como “trabajo” y nos concentraremos aquí en la cuestión de la “autonomía”, sin profundizar demasiado en todas las consecuencias filosóficas y las contradicciones que acarrea, para el feminismo y para cualquier política de liberación humana, un uso liviano de un concepto como ése.

El Diccionario de la Real Academia Española define “autonomía” de una manera, no podría ser otra, que da lugar a lecturas divergentes. Enumerando una serie de usos concretos, en la segunda acepción de la palabra, el DRAE la define como “Condición de quien, para ciertas cosas, no  depende de nadie”. Pero cuando habla, más abajo de “autonomía de la voluntad”, señala: “Capacidad de los sujetos de derecho para establecer reglas de conducta para sí mismos y en sus relaciones con los demás dentro de los límites que la ley señala”. Veamos cómo define “autónomo” el “trabajo” de las prostitutas la RedTraSex, es decir, AMMAR:

El trabajo sexual “autónomo” está definido como aquel que afecta a quien está en condiciones de elegir, porque no es menor de edad, ha hecho uso de esa posibilidad, porque no ejerce la prostitución contra su voluntad y no se encuentra en un espacio de trabajo insalubre, no le retienen un porcentaje elevado de sus ingresos ni se la obliga a trabajar demasiadas horas. Nótese que las especificaciones son lo suficientemente vagas como para que cualquier definición de “explotación laboral” sea discutible: ¿qué es “un porcentaje alto de sus ingresos” y a partir de qué patrón de medida se establece?; ¿cuántas son “demasiadas horas”?; ¿qué sería, exactamente “insalubre”? Pero este no es el fondo del problema.

Esta maniobra gira toda en torno de la “autonomía” como ejercicio de la “voluntad”, no como la de quien “para ciertas cosas, no depende de nadie”. En esta última expresión es que se basa la normativa legal sobre “trabajo autónomo”. El “autónomo” es el que no trabaja bajo patrón. En la definición de la RedTraSex, “autónoma” es la prostituta que trabaja para un patrón “bueno”.



En efecto, esta maniobra ha transformado la categoría “explotación”, que es una categoría técnica de la economía, que explica el funcionamiento del proceso de producción capitalista, en una categoría moral burguesa. En lugar de decir “trabajo producido en relaciones capitalistas, es decir, que consiste en la apropiación de plusvalía, valor enajenado al productor directo como consecuencia de la relación de dependencia de este último a raíz de la carencia de medios de producción y de vida”, la RedTraSex define la explotación a la manera burguesa, como simple “abuso”. Con esta maniobra, la central proxeneta ha hecho desaparecer al capitalista, dividiéndolo en dos personificaciones distintas: el que somete a sus prostitutas a un trabajo insalubre, largas jornadas y por poca plata, desde ahora “el malo”, y el que hace lo contrario, es decir, “el bueno”.

No hay capitalistas buenos y malos. Hay capitalistas. En el mundo de la prostitución, el trabajo asalariado, subordinado, en buenas o malas condiciones, supone la presencia de un patrón, un capitalista. Como la sociedad tiene la “sospecha” de que la prostitución no es un trabajo socialmente aceptable, porque atenta contra la lucha de las mujeres por su liberación, a ese personaje, al capitalista, se lo denomina, como corresponde, de modo despectivo: proxeneta, cafisho, fiolo, etc. La RedTraSex y AMMAR llaman trabajo autónomo a la explotación sexual de las mujeres.

Es cierto que las normas legales se han estirado para hacer aparecer como autónomo a personal “en relación de dependencia”, por la vía de la ficción del “contrato”. El “contratado” es obligado a “renovar” su precaria situación año a año, forma en la que su patrón se saca de encima todas las obligaciones que devienen de tener personal asalariado. Con el asunto de la “autonomía de la voluntad”, la RedTraSex, no solo defiende al proxeneta “bueno”, sino que va a hacerle más fácil todavía la vida al “malo”, escondiéndolo detrás de los “terceros involucrados”. El proyecto de AMMAR defiende a todos aquellos involucrados en el hecho de la prostitución como “terceras” partes que no están ligadas al acto en sí: la que recibe las llamadas, la que limpia y lava las sábanas, el dueño del hotel alojamiento, etc. Obviamente, un prostíbulo entero manejado “a contrato”, con mujeres “sujetos de derecho” que optan “voluntariamente” por prostituirse y que simplemente “alquilan” cuartos o comparten “telefonista”, ni siquiera entra dentro de la definición de trabajo autónomo “bueno”, porque, al no tener patrón, ellas eligen, finalmente, si quieren o no las condiciones en las que libremente entraron. Más perverso, imposible. Finalmente, era cierto: se puede esconder un elefante tras una flor.

NOTAS

1LatFem: “Ni regulacionismo ni abolicionismo: reconocimiento de derechos laborales”, 1º de noviembre de 2017, en latfem.org.

Fuente

http://razonyrevolucion.org/de-como-se-oculta-un-elefante-tras-una-flor-la-redtrasex-el-proxenetismo-y-las-ambiguedades-del-lenguaje/


Pornografía: la propaganda del patriarcado

PORNOGRAFÍA: LA PROPAGANDA DEL PATRIARCADO
3/29/2017
Por MICKEY Z.

​Texto original: http://worldnewstrust.com/pornography-the-propaganda-of-patriarchy-mickey-z
Traducción: Olga Baselga



“Radical significa simplemente 'agarrar las cosas desde la raíz'”. (Angela Davis)

Cada rama del activismo parece convencida de que “su” cuestión es la más urgente de todas, pero ninguno –con alguna excepción– de estos activistas parece dispuesto o preparado para comprender la raíz de todos los problemas de la justicia social.

Desde la cultura corporativa hasta la cultura de la violación, pasando por la violencia doméstica y la ambiental, podemos encontrarnos con que todos los sistemas de opresión y explotación derivan de la Supremacía Masculina.

Llámenlo patriarcado, misoginia, sexismo, privilegio masculino, o pónganle cualquier otro nombre: en todos los casos se trata de violencia machista, omnipresente e implacable violencia masculina a micro- y macro-escala.

[Video: https://youtu.be/3exzMPT4nGI]



Las cifras son tan impactantes como reales. La violencia, que crece casi sin control desde los cimientos de la supremacía masculina, ha extendido sus tentáculos igual que la supremacía blanca y la de clase, y ahora nos lleva al borde del desastre.

Pero antes de que me inunden con Male Tears™, antes de que los gritos de “no todos los hombres” retumben de punta a punta de los mares, me gustaría presentar el eje central de este artículo: la pornografía. Es la nueva Educación Sexual y es donde el patriarcado nos alcanza más insidiosa y eficazmente.

Permítanme decirlo claro: este artículo no versa sobre las trabajadoras sexuales, la pornografía “ética” o el feminismo liberal. Este artículo se centra en que la supremacía masculina es la piedra angular de la cultura dominante y, por tanto, la fuente primaria de toda violencia y opresión. Se centra en las palabras de Sheila Jeffreys: “La pornografía educa al público masculino”.

“La pornografía es una maestra poderosa, tanto en materia de creencias como de conductas, y de hecho proporciona las condiciones ideales para el aprendizaje”, explica la Dra. Mary Anne Layden, Directora del Programa de Trauma Sexual y Psicopatología del Centro de Terapia Cognitiva. “Puede enseñar no sólo comportamientos sexuales específicos, sino actitudes generales hacia las mujeres y los niños, cómo son las relaciones y la naturaleza de la sexualidad”.

Layden continúa: “Aprendemos mejor cuando estamos excitad@s. Si algo activa nuestro sistema nervioso simpático, estamos mejor preparad@s para recordar la información recibida en ese momento. La excitación puede proceder de la emoción, la alegría, el miedo, el asco o la tensión sexual. Tendemos a recordar cualquier experiencia que tengamos en esos estados de excitación. Y el aprendizaje es mejor si se refuerza. El comportamiento recompensado es probable que se repita, mientras que si se castiga es menos probable que se repita. La excitación sexual y el orgasmo son experiencias muy gratificantes”.

Si se preguntan cómo podrían manifestarse estas “recompensas”, tenga en cuenta este estudio, donde se demuestra que la pornografía parece “inducir a sus espectadores a trivializar la violación”.

Permítame también decirlo claramente: no estoy aquí para descubrir la pólvora o hacer mansplaining. Para contextualizar más a fondo, lean a aquellos que han estudiado este problema pinchando en los múltiples hipervínculos de este artículo.



Y ya que están en ello, por favor, consideren también lo que dijeron feministas como:

·         Andrea Dworkin: “Cualquier violación del cuerpo de una mujer puede convertirse en sexo para los hombres; ésa es la verdad esencial de la pornografía”.

·         Sheila Jeffreys: “La pornografía como propaganda, según el análisis feminista, representa a las mujeres como objetos que adoran sufrir abusos, y enseña a los hombres cómo han de llevar a cabo la degradación y el abuso sobre las mujeres”.

·         Gail Dines: “La industria del porno ha secuestrado la sexualidad de toda una cultura y está echando a perder a toda una generación de niños. Y si destrozas a una generación de chicos, destrozarás a una generación de chicas”.

Tal vez la única posibilidad que tengamos de atajar ese daño y generar el cambio social drástico que necesitamos sea reconocer y abordar la fuente: La Supremacía Masculina. Un paso trascendental en esa dirección sería abordar una de sus ramas más maliciosas: la pornografía.

¿Qué podemos hacer cada un@ de nosotr@s, además de cambios a nivel personal? Como Gail Dines explica en el siguiente video, la respuesta puede estar en lo que podríamos llamar contra-reclutamiento, es decir, educación anti-porno, enfocándola como cuestión de salud pública.

[Video: https://youtu.be/_YpHNImNsx8]

Una vez más, les ruego que por favor se tomen el tiempo de abrir los enlaces incluidos en este artículo (más arriba y más abajo) antes de sacar conclusiones.

Otros recursos (http://gaildines.com/resources/)

Más recursos (http://stoppornculture.org/resources-2/organizations/)

Documentales relacionados (http://www.antipornography.org/documentaries.html)

Denunciar la pornografía infantil (https://report.cybertip.org/index.htm)


Mickey Z. es autor de 12 libros, el más reciente: Occupy this Book: Mickey Z. on Activism. Hasta que cambien las leyes o se quede sin fuerzas, se le puede encontrar en la Web aquí y aquí. Cualquier persona que desee apoyar su labor activista puede hacer una donación aquí.


 Texto original: “Pornography: The Propaganda of Patriarchy” by Mickey Z.

Fuente
 http://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/





lunes, 20 de noviembre de 2017

Cómo la pornografía está deformando a una generación de hombres

Cómo la pornografía está deformando a una generación de hombres
5/5/2017

Texto original: http://nypost.com/2010/07/11/how-porn-is-warping-a-generation-of-men/
Traducido por Desobediencia y Felicidad


Hoy la pornografía no es la de la Playboy de tu papá. Si tecleas porno en Google no vas a ver nada parecido a los viejos posters, sino que vas a ser catapultado a un mundo de crueldad sexual y de brutalidad donde las mujeres son sujeto de castigos corporales sexuales y son llamadas por nombres humillantes. No sorprende cuán poco las mujeres realmente saben sobre el porno hoy, ya que la mayoría de las mujeres evitan entrar a esos sitios. No es lo mismo para los hombres que he conocido, en especial aquellos que están en edad universitaria e incluso chicos de secundaria. Han crecido con el porno y, para ellos, esta ha sido la principal forma de educación sexual.

Gail Dines

En el porno, el sexo no trata sobre hacer el amor. Los sentimientos y emociones que normalmente asociamos con ese acto – conexión, empatía, ternura, cuidado, afecto- están ausentes, y en su lugar están aquellos que normalmente asociamos al odio – miedo, asco, enojo, repugnancia y desprecio. En el porno, el hombre “hace el odio” a la mujer, como si cada acto sexual tuviera el propósito de entregar la mayor cantidad de degradación. Así sea asfixiándola o teniendo una relación sexual violenta, el objetivo del sexo porno es demostrar cuánto poder él tiene sobre ella. Y aun así, las mujeres son retratadas como si estuvieran disfrutando de las escenas. Imágenes como estas son ahora lugar común por todo internet y están moldeando la manera en que los hombres piensan sobre el sexo, las relaciones y la intimidad.


El tamaño de la industria hoy es impactante. Aunque los números fiables sean difíciles de encontrar, se ha estimado que la industria global ha alcanzado un total de u$s 96 billones en el 2006, con un mercado estadounidense de aproximadamente u$s 13 billones. Cada año, más de 13000 películas son estrenadas, y aun cuando tengan un presupuesto modesto, las ganancias de la pornografía rivalizan con la totalidad de los mayores estudios de cine de Hollywood.


Según Internet Filter Reviews, hay 420 millones de páginas porno en internet, 4,2 millones de páginas web, y 68 millones de solicitudes de búsqueda de pornografía a diario. Un estudio reciente de Optenet, una firma de seguridad online, mostró que aproximadamente un 37% de las páginas online tienen contenido pornográfico. Mientras tanto, el número de sitios porno se incrementó un 17% desde el año pasado.


Sin duda, el factor clave que lleva al crecimiento del mercado del porno ha sido el desarrollo de tecnologías que permiten a los usuarios comprar y consumir porno en privado, sin avergonzados viajes a locales sórdidos o videoclubes. Estas tecnologías también permiten que puedan ser visualizadas en cualquier lugar, en cualquier momento, incluso se espera que el mercado global de celulares para porno alcance los u$s 3, 5 billones este año, según Juniper Research radicada en Gran Bretaña.


Este es un negocio con un considerable impacto político, con capacidad de presionar políticos, caros litigios legales, y el uso de relaciones públicas para influir el debate público. Como la industria tabacalera, esto no es sólo un tema del consumo personal; sino que el negocio está siendo cada vez más capaz de desplegar una sofisticada y bien provista maquinaria de marketing, no sólo para incrementar sus beneficios sino para promover la imagen de la industria con una luz positiva. Es más, uno de los mitos clave que la industria promueve es que el porno es diversión que no le hace mal a nadie: que es todo sobre la fantasía y el juego, y que no deberíamos tomarlo demasiado en serio.




Mis entrevistas con hombres en edad universitaria cuentan una historia bien diferente. Cuando hablo con los hombres acerca de sus experiencias con el porno, queda claro que no todos se ven afectados de la misma manera, pero sí que les afecta a todos. Recuerden, esta es la generación que creció con porno por internet, y algunos estudios muestran que la primera visualización del porno es a los 11 años. A diferencia de las previas generaciones, estos chicos y hombres tienen un suministro de pornografía explícita 24 horas al día.


Muchos de los hombres con los que hablé creen que el porno es lo que las mujeres quieren, y se molestan y enojan cuando su pareja sexual, tal vez su esposa, su novia o el ligue de una noche, se niega a verse o comportarse como sus estrellas favoritas del porno. Las mujeres suelen negarse a realizar los actos sexuales que los hombres han disfrutado de mirar de forma rutinaria, y en comparación con los gritos orgásmicos y la gimnasia sexual del sexo porno, el sexo con mujeres reales les empieza a parecer aburrido y poco estimulante.


Un estudiante me dijo que “me encanta el porno y ensayo el sexo en mi novia, pero no está interesada. Dejé a la última chica con la que estaba porque quería dejar el sexo convencional. Eso no es para mí. Si las mujeres no quieren probar cosas diferentes, entonces no estoy interesado.


Estos hombres se acostumbraron tanto al sexo porno que algunos se decepcionan por su propia performance sexual. Cuando se comparan a sí mismo con actores fortalecidos por el Viagra, los tipos con los que hablé suelen admitir que se siente como fracasados sexuales y se preocupan de que algo vaya mal con ellos. Adam creció mirando el porno de su padre y sintió que “el porno me enseñó todo lo que sé sobre sexo. Mis padres nunca mencionaron la palabra sexo en casa, y la educación sexual en la escuela fue… un chiste. Tuve esta imagen de cuán genial el sexo podría ser, con los dos haciéndolo por horas. Entonces fue como un shock la manera en que resultó ser la cosa real…”


Lo que más problemático para muchos de estos hombres es que la mayoría necesitan ponerse las imágenes porno en la cabeza para poder satisfacerse sexualmente con sus parejas. Reproducen escenas porno en sus mentes, o piensan en tener sexo con su estrella de porno favorita cuando están con sus parejas. Dan estaba preocupado por su performance sexual con las mujeres. Me contó que “no me enfoco en la mujer sino en la última escena que miré”. Le pregunté si pensó que el porno le había afectado de alguna manera su sexualidad. Me dijo, “no lo sé. Empecé a mirar porno antes de tener sexo, entonces el porno es bastante de lo que yo aprendí sobre sexo. Puede ser un problema el pensar en el porno tanto como lo hago yo, especialmente cuando estoy con mi novia. Significa que en realidad no estoy realmente presente con ella. Mi cabeza está en alguna otra parte”.


El porno se volvió tan violento y degradante que ignoramos que estamos en peligro. Ahora estamos criando una generación de chicos en un porno violento y cruel y dado que las imágenes dan forma a la manera en que las personas piensan y se comportan, esto va a tener un efecto profundo en su sexualidad y en la cultura como un todo. El uso del porno es uno de las cuestiones más graves para la salud pública actual y precisamos que pararlo de raíz ahora antes de que traigamos al mundo una nueva generación de chicos con imágenes aún más duras.


Lamentablemente, no hay respuestas fáciles. Los padres y madres enfrentan un desafío técnico abrumador para evitar que sus chicos accedan al porno. Con educación y mayor concienciación, sólo podemos desear que la sociedad eventualmente se rebele, y que se haga socialmente inaceptable que haya un acceso tan fácil al porno, que los hombres gasten tanto tiempo mirándolo y, que nuestras ideas sobre la sexualidad se deformen tanto.


Gail Dines es autora de “Pornolandia: cómo el porno ha secuestrado nuestra sexualidad” (Beacon Press), publicado esta semana. (julio 2010)


http://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/