sábado, 25 de enero de 2020

Kajsa Ekis Ekman: “Los sindicatos de trabajadoras sexuales defienden los intereses del lobby proxeneta”


Kajsa Ekis Ekman: “Los sindicatos de trabajadoras sexuales defienden los intereses del lobby proxeneta”
Amelia Tiganus

Geoviolencia Sexual – 5 de septiembre de 2018

Llegar a la verdad requiere una implicación de nuestras emociones, no es solo una cuestión racional. Y cuando decimos a veces que “la verdad duele” es porque nos toca en lo profundo de nuestro ser. Puede que tenga que ver con lo que somos, con nuestro pasado, con lo que hacemos, con las marcas que nos han dejado los traumas, el desamor, la violencia sexual, el desamparo social. Tiene que ver con nuestra identidad de puta impuesta por el patriarcado.

¿Por qué es tan áspero y a veces hasta desagradable el debate entre nosotras sobre abolir o legalizar la prostitución? Creo que lo que nos duele es acariciar la herida profunda de la opresión. Seamos abolicionistas o pro-prostitución, las putas somos mujeres oprimidas. Y nuestra opresión aunque estemos enfrentadas en el discurso, es la misma. Nos hermana. Nos une.

Volviendo a la cuestión de la verdad: lo importante es profundizar en el debate y buscar todos los argumentos que estén a nuestro alcance para fundamentar nuestra posición abolicionista.

Es el camino que hemos emprendido en Feminicidio.net. Y en ese camino investigamos, consultamos, dialogamos y le pedimos opinión a voces expertas y estudiosas de la prostitución desde una perspectiva feminista. En esta ocasión le damos protagonismo a Kajsa Ekis Ekman (Estocolmo, 1980), periodista, escritora y activista incansable por la abolición de la prostitución. Un referente para el movimiento feminista global.
 
Kajsa Ekis Ekman


A raíz de la constitución en Catalunya de OTRAS, el sindicato de trabajadoras sexuales, contacté con Kajsa, a la que entrevisté por Skype.

En tu libro El ser y la mercancía: Prostitución, vientres de alquiler y disociación haces referencia a los sindicatos de trabajadoras sexuales. ¿Nos podrías contar cuales fueron las principales conclusiones de tu investigación sobre estos sindicatos?

En el debate sobre la prostitución se oía hablar mucho de los sindicatos de “trabajadoras sexuales” como un argumento a la hora de defender el “trabajo sexual”. Decían que no todo está bien en la industria pero que hay sindicatos que defienden los derechos y que apoyando a los sindicatos podríamos llegar a tener un mundo mejor. Por ello me dediqué durante dos años a viajar por toda Europa y a hacer una investigación acerca de quiénes son y qué hacen estos sindicatos. Tras ese periodo encontré cuatro tipos de grupos. Ninguno era un sindicato. Un sindicato es una organización fundada y financiada por sus miembros con la meta de defender sus intereses contra los empleadores. Pero la mayoría de estos supuestos sindicatos son lobistas -grupos que se organizan para conseguir la legalización de la prostitución-.

El primer tipo es el holandés, Rode Draad (Hilo Rojo), una organización que fue fundada y pagada por el gobierno holandés. Es muy interesante porque te puedes topar con ellos en cualquier seminario, en cualquier foro de prostitución, con representantes de un “sindicato” pero siempre son sociólogos o empleados del gobierno los que asisten en nombre del mismo. Preguntando sobre qué cambios han logrado desde el año de su fundación -1986-, me contestaron que han logrado dos cosas: por un lado que las personas prostituidas puedan abrir cuentas bancarias y por otro, que el Barrio Rojo de Ámsterdam no cierre durante la noche. Esto es muy curioso porque normalmente los sindicatos luchan para reducir la jornada laboral, no para aumentarla. Hoy en día Rode Draad ha cambiado de cara y se llama Proud pero está la misma gente detrás y ni siquiera ha cambiado de dirección postal.

El segundo tipo es el de los pequeños grupos lobistas integrados por personas que están en la prostitución, como es el caso de STRASS en Francia. Es cierto que las personas que conforman esta organización ejercen la prostitución pero predominan los hombres. Cuando yo los entrevisté el grupo estaba integrado por tres personas y dos de ellas eran hombres. La estrategia que tienen es que parezca que son miles y miles. Aquí hay que entender una cosa: a la mínima que conozcas el mundo de la prostitución sabes que nunca vas a tener un grupo de miles y miles de prostitutas visibles, ni siquiera de supervivientes. El mundo de la prostitución te devora, te provoca problemas y traumas; muy poca gente tiene la energía para organizarse políticamente. Siempre habrá una o dos liderando un grupo durante un par de años con mucha pasión y luego la mayoría se va a dedicar a otras cosas y a seguir con sus vidas fuera de ese ámbito. STRASS tiene poder de convocatoria y si hay alguna manifestación acude un montón de personas, la mayoría liberales o del movimiento queer. Por supuesto que tienen todo el derecho a manifestarse pero la realidad es que no luchan contra los proxenetas, ni los dueños de los burdeles ni nada de lo que haría un sindicato. Luchan contra las feministas y las supervivientes para tener el modelo holandés o neozelandés.

Hay un tercer tipo de grupo fundado directamente por proxenetas como el de Alejandra Gil, de NSWP en México, que fue condenada a 20 años de cárcel por trata; o el de Douglas Fox en Inglaterra, cuyo fundador es representante del Sindicato Internacional de Trabajadores Sexuales (IUSW), conocido proxeneta y dueño de varias agencias de escorts. Por un lado se lucra con la explotación sexual de las mujeres y por otro dirige el sindicato exigiendo que las leyes contra la trata no afecten los derechos de las “trabajadoras sexuales”.

El cuarto tipo son los sindicatos que ya existen como Confederación de Comisiones Obreras (CCOO) en España, que intentan crear una sección de afiliación para personas en prostitución. Casi nadie se ha afiliado a estos sindicatos y tampoco sus propuestas han generado cambios en la industria.

Conclusión: después de investigar a estos sindicatos no he descubierto ninguno que realmente funcione como tal.

¿Cuál es la estrategia de los proxenetas para camuflarse detrás de los sindicatos?

Hay proxenetas y proxenetas. Aquí estamos hablando de grandes proxenetas y no de unos que explotan a dos o tres mujeres en una esquina. Estamos hablando de proxenetas de nivel internacional, como por ejemplo en Australia, que cotizan en la bolsa y tienen varios clubs. En Holanda todos los dueños de puticlubs han formado una organización. En los años noventa se produjo un cambio importante y la prostitución sufrió una transformación. El proxeneta ya no era un tío medio delincuente, criminal, que estaba en la calle y ganaba dinero explotando a las mujeres y vendiendo drogas. Los clubes de striptease y los productores de pornografía se unieron al negocio de la prostitución: los grandes capitalistas entraron en juego y lo convirtieron en un mercado, entendieron que los cuerpos de las mujeres pueden generar muchísimo dinero y de allí el interés en expandir y viralizar esta actividad. Es justamente lo que pasó en Alemania y en Holanda. Es obvio que los proxenetas estaban detrás de la legislación. Ellos pueden tener -como en Hamburgo- una calle entera con puticlubs donde hay striptease y prostitución, y que eso sea legal. Es normal que estén detrás de los cambios que facilitan su actividad y aumentan sus ganancias. En Suecia, por ejemplo, es imposible que un capitalista pueda sacar dinero de la prostitución porque tendría que ir colocando números de teléfono en algún baño público disimulándolo como “masaje” y correría el riesgo de que viniese la policía en lugar del cliente.






¿Por qué crees que dos grandes capitalistas y filántropos occidentales como George Soros y Bill Gates hacen importantes donaciones en América Latina y Europa a ONG y asociaciones que están a favor de la legalización de la prostitución?

Es una pregunta interesante y para responderla quizás habría que meterse en sus mentes. Por ejemplo, Bill Gates entró masivamente en lo que es la industria de las ONG contra el VIH/SIDA. Lo primero que hizo fue entrar en la India e ir centro tras centro. Las organizaciones locales con las que él trabajaba, luchaban contra el sida distribuyendo condones a personas en situación de prostitución. No sé si él era consciente de eso. Haciendo esas grandes donaciones también dio un empujón al lobby proxeneta que usó ese dinero para difundir que la única manera de reducir el sida era legalizando la prostitución. Lo cierto es que el mensaje que se debería dar es justamente el contrario: la mejor manera de reducir el sida es con una política de abolición de la prostitución

Aquí en Catalunya en marzo de este año Open Society, la fundación de Soros, abrió una sede. Con su política de donaciones fortalece al proxenetismo global. Y acto seguido se inaugura un sindicato de “trabajadoras sexuales”. ¿Podría existir alguna alianza entre los proxenetas y los grandes capitalistas?

No creo que en el caso de Soros o Gates, a nivel personal persigan eso. No creo que quieran ganar más dinero con la prostitución porque hay industrias mucho más interesantes para ellos. En todo caso no solo son ellos los que financian el lobby proxeneta sino que es la Unión Europea, hasta el gobierno sueco lo hace. Mientras la sociedad sueca se ha puesto en contra de la prostitución y es el primer país que ha hecho una ley abolicionista muy eficaz, Suecia está dando mucho dinero a organizaciones de países del “tercer mundo” que presionan para legalizar la prostitución. Habría que investigar el mundo de todas las ONG porque normalmente se piensa que una ONG es algo bueno y no siempre es así ya que allí también hay intereses que van mucho más allá de los humanitarios. Tenemos a Amnistía Internacional como ejemplo.

Quizás son proxenetas los intereses de algunos Estados que pretenden o afirman querer alcanzar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres y saben muy bien que eso representa invertir mucho dinero y esfuerzo para que sus ciudadanas tengan acceso a todos los derechos. Sobre todo en esos países empobrecidos, mal llamados del “tercer mundo”, es más rentable desde una perspectiva neoliberal invertir dinero en fomentar la desigualdad y convertir a las mujeres en mercancía. Como superviviente de prostitución y trata veo que existen ONG que simplemente se dedican a reproducir el sistema prostitucional. Se retroalimentan del sistema y hay muchísima gente que vive de este gran negocio que es la explotación sexual, más allá de los proxenetas. Creo que es lo que pasa con las ONG que no se declaran ni implementan prácticas y políticas abolicionistas.

Esto es muy interesante porque si lo ves de forma objetiva la verdad es que los países occidentales dan ese tipo de ayuda a los países pobres bajo la condición de que mantengan el mercado prostitucional para sus propios clientes. Como en Tailandia. Eso mismo pasa con las adopciones. Hay muchas ayudas a orfanatos bajo la condición de que salgan niños que puedan ser adoptados en Occidente. Damos dinero para biberones y lo que haga falta pero solo si dejan que los niños salgan para que sean adoptados en Europa y en Estados Unidos. Es lo mismo. Los cuerpos de las mujeres, las niñas y los niños de los países pobres tienen que ser accesibles para los consumidores del mundo occidental.

Aquí en el Estado español, organizaciones de prostitutas de Catalunya nos acusan a las organizaciones abolicionistas de estar en contra de ellas pero nosotras no vamos contra ellas sino contra los proxenetas y puteros. Sin embargo, nos preguntamos y te preguntamos: ¿Crees que el sindicato de trabajadoras sexuales de Catalunya forma parte de una estrategia del lobby proxeneta para que se legalice la prostitución en el Estado español?

Lo primero, todos podemos estar en contra o a favor de lo que sea porque tenemos el derecho a la libre expresión. Obviamente las personas que han sobrevivido a la prostitución tienen el derecho a contar sus historias y a ser escuchadas. Lo que ocurre ahora es que se ha roto el silencio que gobernaba durante siglos. Un hombre podía hacerle cualquier cosa a una mujer en prostitución y sabía que la verdad nunca iba a salir a la luz. Los hombres de mucho poder, los ricos, los empresarios, los casados, los padres de familia, los buenos, incluso algunos hombres que luchaban por los derechos de las mujeres… sabían que a una mujer en prostitución la podían violar, la podían golpear, la podían hasta matar y nadie iba a saber nunca nada porque ella se quedaba callada. La prostitución era una especie de tumba, lo que entraba ahí no salía. A partir de la aparición del movimiento de las supervivientes, los hombres ya no pueden contar con este silencio. Esta situación les da miedo y es obvio que hay muchos que quieren silenciar estas voces. Tantos hombres que saben que se acostaron con alguien que tenía 16 años y estaba en la calle borracha o drogada y en ese momento ella era una nadie pero 20 años después sale su libro, su biografía y ahí cuenta y a lo mejor hasta pone nombres y ahí está el casado, con hijos en una gran universidad y ahora sale la verdad. Se trata de la institución de la prostitución y eso está en peligro ahora mismo. El cliente está bajo la luz y eso es muy importante. Creo que es nuestro trabajo más importante, poner el foco en el comprador, en lo que ustedes llaman “el putero”. La ley penalizando la demanda es una parte, porque allí recibe una multa, tiene que dar explicaciones a la policía pero también las historias de las supervivientes los ponen en el centro de la cuestión. Cada vez que hay un debate entre mujeres abolicionistas y mujeres pro-prostitución, ahí se esconde el cliente otra vez detrás de una falda. Nuestro trabajo es sacarlo a la luz y mostrarlo ante el mundo.







¿Cómo consideras que debe actuar el movimiento abolicionista ante estas maniobras organizadas del proxenetismo global?

Ya sabemos que ha fracasado el modelo alemán y holandés, y hasta las autoridades en estos dos países han admitido que es un fracaso total. Por eso las y los pro-prostitución han cambiado de palabra, de la legalización han pasado a la descriminalización, que es básicamente lo mismo: garantizar a los hombres el derecho de comprar mujeres. Pero como Nueva Zelanda está demasiado lejos y allí no podemos ir todas a investigar, dicen que allí es el paraíso de la prostitución sin todos los problemas que hemos visto en Europa. Pero hasta las mujeres prostituidas ahí que creían en la descriminalización han cambiado de opinión, como Sabrinna Valisce.

Es muy importante también estudiar la implementación de la ley abolicionista como hicieron en Francia. Justamente contactaban con diputados en particular que pudieran estar a favor y trabajaron intensamente con esos diputados. Formaron redes muy amplias con personas que a lo mejor pensaban en otras cuestiones de manera diferente pero se unieron por esa causa tanto políticas y políticos de derecha como de izquierda, lo importante es que trabajaron juntos para sacar adelante la ley. Trabajemos con este criterio. Hay que formar grupos muy amplios de trabajo e insistir, insistir, insistir.

Y sobre todo no tener miedo. Lo importante es mantenernos firmes porque las personas pro-prostitución saben que tenemos razón. Comprendí eso cuando llegué a la conclusión de que si desaparece la prostitución nada malo va a pasar. La felicidad no desaparecerá del mundo, ni el sexo ni la libertad desaparecerán del mundo… Solo un montón de violencia, un montón de tristeza, desigualdad, mentiras, decepción y miedo. Me di cuenta de que realmente ellos estaban luchando por algo absurdo.

A nosotras en Feminicidio.net nos parece sospechoso que al mismo tiempo que crece y avanza el discurso “pro-derechos” y de legalización de la prostitución, el Estado español no implementa políticas de prevención del consumo, ni corta de raíz el proxenetismo. ¿Qué papel juegan la sociedad civil organizada y la ciudadanía común ante el riesgo de la legalización de los vientres de alquiler y la prostitución?

Yo creo que el movimiento feminista en España tiene un gran éxito. La huelga de mujeres, el debate sobre el feminicidio, los grupos contra vientres de alquiler… También vi que el año pasado El País eliminó la sección de anuncios de prostitución y eso es un paso adelante. Lo malo creo es que la izquierda en España no ha tomado una posición firme contra la mercantilización de las mujeres. Y eso me parece bastante preocupante porque vale que no sean feministas porque eso es lo típico pero que estén de acuerdo con la prostitución y los vientres de alquiler resulta incomprensible. La izquierda va en contra de la cosificación del ser humano y la explotación. Estar en contra de la venta de terrenos públicos o del agua del grifo y no estar en contra de la venta de mujeres no es coherente. El marxismo ve como consecuencia del capitalismo la reificación de nosotros mismos y la solución es quitar cosas del mercado, no de poner más cosas en el mercado… Es como si yo ahora pongo que vamos a comprar amigos y tú vas a ser mi amiga porque yo te pago y tú me vas a seguir en Instagram y hacer lo que te digo porque te pago. Podríamos proponer esto y no creo que la izquierda esté a favor de ello. Dirían que eso es comercializar la vida. ¿Y por qué con el sexo sí?

En tu libro cuando explicas que el cuerpo no es algo que nos pertenece como si fuera una propiedad ajena a nosotros mismos sino que somos cuerpo y en él existe una implicación del “Yo” entero respecto a la sexualidad. A mí me sorprende también el discurso de la izquierda que apoya la afirmación de la industria proxeneta de que lo que se vende en la prostitución es un servicio. Para mí sin duda alguna en la prostitución no se vende ningún servicio sino la misma existencia, el mismo “Yo” y toda tu humanidad, tus emociones, tu ser…

¡Claro! Porque es eso mismo lo que quiere el putero. Yo lo explico en el libro. Si fuera un servicio no le gustaría porque lo que quiere realmente es el ser, el “Yo”, el cuerpo y todo ello en una persona. Que esté allí y que diga: “Me gustas. Estoy disfrutando.” A algún pervertido puede que le guste estar con un ser inerte pero sino paga por el ser entero.

Cuando hablo del “putero majo”, que es el putero narcisista que busca que le digas lo bueno y maravilloso que es en todo, que busca sentirse superior y realmente necesita creer que él ayuda a las prostitutas dándoles dinero y tratándolas con supuesto cariño que se transforma en violencia a la mínima señal de no hacerle el juego. Hay mucha gente que no comprende cuando afirmo que ese tipo de putero es insoportable porque te obliga a estar allí en cuerpo, mente y alma y no te permite disociarte y escapar mentalmente el rato que estás con él. Los “puteros majos” quieren comprar aquello que ni las putas vendemos: las caricias, el cariño, la ternura, los abrazos sinceros, los besos de amor… Ellos lo quieren todo por un miserable billete. Y no les importa obligar a alguien a fingir cariño. Es mucho más difícil fingir cariño que fingir placer sexual. Una manera de torturar no solo el cuerpo y la mente, sino también el alma.

Claro, ellos lo que quieren es sentirse bien ellos. Porque no se quieren sentir como un miserable putero que compra mujeres tratadas. Lo que ellos quieren es que tú le hagas sentir bien no solo físicamente sino también mental y espiritualmente. Satisfacer esa demanda requiere mucho más esfuerzo por parte de la mujer prostituida.

¿Eres optimista o pesimista con relación al futuro? ¿No crees que estamos viviendo un rearme del patriarcado? ¿Consideras que el regulacionismo está ganando la batalla frente al abolicionismo?

Creo justamente lo contrario. En el año 1999 Suecia introdujo la ley contra la compra de sexo. Éramos los únicos y cuando fuimos al Parlamento Europeo y presentamos la ley ellos dijeron: “¿Realmente van a abolir la profesión más antigua del mundo?”. Y se pusieron a reír a carcajadas. Ahora ya no se ríen. Ahora nos han seguido Noruega, Islandia, Irlanda, Francia, Canadá también. Estamos ganado terreno y también el Parlamento Europeo demostró a través del Estudio Honeyball que el modelo nórdico es el más eficaz en combatir la trata. Y a nivel mundial se está hablando del putero, de la demanda. El sector regulacionista ha tenido su avance también a través de Amnistía Internacional por ejemplo. Pero nosotras estamos ganando terreno a largo plazo. ¿Quién hablaba del cliente como problema hace 100 años? ¿Quién lo hablaba hace 50 o 30 años? Y ahora mismo en Europa cualquier hombre que paga por tener sexo sabe que está haciendo algo malo. Aunque parezca que tu voz se hunde en el mar de voces del otro lado, una vez un hombre haya escuchado tu historia o la historia en primera persona de cualquier otra superviviente se le va a quedar y la próxima vez que lo haga le va a resonar esa voz, ese rostro. ¡Es tan importante eso!

Sí, realmente creo que es cierto porque varios puteros me han escrito para decirme que después de verme y escucharme se habían dado cuenta de que ellos eran lo que yo llamé “el putero majo” y de que eran unos miserables machistas y que nunca antes lo habían pensado así pero que ahora ya lo sabían y que nada volvería a ser igual que antes.

Sí, y también es muy importante que tu mensaje llegue a muchas mujeres que cada mañana se levantan y piensan “yo soy una mujer fuerte, yo no lloro, yo puedo soportar lo insoportable porque tengo dinero y no soy tan débil como las otras”. Pero cuando te escuchan, algo se abre en ellas que ya no se puede volver a cerrar.

Fuente
https://geoviolenciasexual.com/kajsa-ekis-ekman-lobby-proxeneta/






Kajsa Ekis Ekman: 'La puta y la virgen representan a dos industrias en el mercado'


Kajsa Ekis Ekman: 'La puta y la virgen representan a dos industrias en el mercado'

La prostitución es uno de los temas que genera más debate dentro del movimiento feminista, dividido en dos posiciones opuestas: la reglamentarista o pro trabajo sexual, que defiende la normalización de la prostitución en nuestra sociedad, y la abolicionista, que sostiene que la prostitución es incompatible con la igualdad entre hombres y mujeres. Kajsa Ekis Ekman (Estocolmo, 1980) defiende la segunda posición y lo argumenta a partir de la teoría feminista y marxista
Glòria Casas Vila — Feminicidio.net — 29/01/2015

España, Barcelona - Kajsa Ekis Ekman, periodista, escritora y activista sueca ha escrito dos libros: El ser y la mercancía. Prostitución, vientres de alquiler y disociación, sobre prostitución y 'vientres de alquiler (la maternidad subrogada)', escrito en sueco y traducido al inglés y al francés y Stolen Spring, que trata de la eurocrisis económica vista desde la perspectiva de Grecia. Kajsa ha participado en la creación de diferentes colectivos feministas, como Feminist Against Subrogacy. En junio de 2014 visitó Barcelona y dio varias conferencias invitada por la Plataforma Catalana por el Derecho a No Ser Prostituidas (@dretanoser) (ambas conferencias fueron grabadas y se encuentran en el blog de la Plataforma). Kajsa es una habitual de la capital catalana pues tiene un hijo “medio sueco, medio catalán” y habla un perfecto castellano

Kajsa Ekis Ekman


- ¿Por qué has escrito el libro sobre la prostitución y los vientres de alquiler?
- Yo vengo de dos lados, uno teórico y otro práctico. De hecho, todo empezó en Barcelona, donde viví en el año 2005-2006 conviviendo con una mujer rusa que se prostituía en la carretera. Su vida estaba muy lejos de la idea que se nos da hoy de la prostitución como el acto de una mujer fuerte, que sabe lo que quiere, que gana mucho dinero y que lo hace para salir de la pobreza. Ella se hundía más y más en la pobreza y también en el alcoholismo. Traía a los proxenetas a casa, que también intentaban convencerme a mí de que fuera con ellos. Regresé a Suecia y cuando volví de visita a Barcelona, un tiempo después, ella había muerto a causa del alcoholismo y apenas tenía 30 años. Era el momento en que surgía todo este discurso de “la prostitución es libertad”, “la prostitución es feminismo”. Como sabía que, por lo menos en su caso, y en el caso de tantas otras que llegué a conocer, no era así, me puse a leer todo lo que se había escrito sobre la prostitución y decidí escribir el libro, que es más teórico.

 - ¿Y cómo definirías tú la prostitución?
- En realidad, es muy simple. Es sexo entre dos personas: entre una que quiere sexo y la otra que no quiere. Y como el deseo está ausente, el pago lo sustituye. Esta desigualdad de deseo es la base de toda forma de prostitución, tanto de los servicios de escort de lujo como de la esclavitud moderna que se produce con la trata de personas. El dinero permite obtener un consentimiento al comprador y eso muestra todavía más que la otra parte tiene una relación sexual aunque no la quiera. No importa todo lo que se dice o se hace para esconder este hecho porque, si hubiera deseo mutuo, no habría pago. Por eso, la prostitución es el enemigo de la liberación sexual, del deseo recíproco, del placer compartido.

- ¿Qué te ha llevado a tratar también la maternidad subrogada, los (mal) denominados vientres de alquiler?
- Para defender los vientres de alquiler se utilizan los mismos argumentos que con la prostitución: una mujer puede hacer lo que quiera con su cuerpo, es su decisión, gana dinero, puede salir de la pobreza... Se entiende que todo el mundo tiene derecho a tener sexo o tener hij@s aunque no haya ninguna convención de la ONU ni ningún otro texto legal que lo diga. Yo pienso que aquí tenemos dos industrias y que las dos venden el cuerpo de las mujeres como si fuera un producto: en el caso de la prostitución, es el sexo, sexo sin hij@s; en el otro, es el contrario, hij@s sin sexo. Tenemos la vieja dicotomía entre la puta y la virgen, dos industrias que ahora están en el mercado, y yo digo que eso es totalmente incompatible con la igualdad de género y con la liberación de las mujeres.

- En tu libro hablas de una campaña que se hizo en Barcelona bajo el lema 'Yo también soy puta'. ¿Cómo explicas que una parte del movimiento feminista reivindique la palabra?
- La mayoría de las personas que la reivindican no son prostitutas y, por lo tanto, reivindican una palabra que no tiene nada que ver con ellas. Tú, como blanca o heterosexual, no puedes reivindicar las palabras negro o maricón. No te pertenecen. Pienso que reivindicar la palabra puta es una especie de fetichismo, se ve como un tipo de empatía y, en realidad, es una muestra más de la distancia con la realidad de la prostitución. La palabra puta no es una creación femenina, sino una invención masculina. El patriarcado define a las mujeres en función de su sexualidad. Si llamas a una mujer puta, no ves que es un ser humano. Es como decir “¡Ah! Tú eres puta, yo te respeto porque eres puta”. Pero esta mujer no es una puta, antes de ser puta era una niña que quizás tenía sueños, que quizás quería hacer otra cosa. Si tú preguntas: “¿quieres que tu hija sea puta”?, ninguna prostituta te responderá que sí.

- ¿Por qué crees que hay sectores muy amplios de las izquierdas y el feminismo que defienden la prostitución?
- El discurso a favor del trabajo sexual ha convencido a las feministas con el argumento de que la prostitución es resultado del hecho de que las mujeres dispongan libremente de su cuerpo. A la gente de izquierdas, se le dice que la prostituta es una trabajadora y una sindicalista; a los liberales, se les dice que es una cuestión de libertad personal y que la prostituta es una empresaria del sexo; a la gente de los movimientos LGBT y queer, se le dice que las prostitutas son un grupo estigmatizado como los homosexuales. El discurso protrabajo sexual intenta apropiarse del tema central de todas las ideologías para infiltrarse en todas las esferas de la sociedad. Tiene la propiedad increíble de combinar la idea de revuelta (los oprimidos y las oprimidas contra el poder) con el capitalismo (la libertad de vender). La prostitución está rodeada de mitos que nos impiden ver la tragedia que supone que un ser humano compre a otro. Un ser humano reduce a otro ser humano al estado de objeto, de mercancía: “Te compro. Existes para satisfacerme”.

- Sabemos bien poca cosa de la ley integral sueca (de nombre Kvinnofrid, de 'la paz de las mujeres'), que penaliza a los clientes de la prostitución por primera vez en la historia. ¿De dónde viene y por qué se promulgó?
- La ley se basa en las investigaciones que se empezaron a hacer en el año 1977. Se realizaron muchas entrevistas con mujeres que se dedicaban a la prostitución y no solamente con ellas, sino también con los clientes y todas las personas relacionadas con esta actividad. Las investigadoras dejaron los despachos y estuvieron haciendo trabajo de campo durante tres años para comprender cómo era esta realidad en Suecia. El resultado fue un informe de 800 páginas, 140 de las cuales tratan sobre los testimonios de las prostitutas. La investigación fue una bomba y cambió la orientación de todas las investigaciones escandinavas –y más tarde, mundiales-. Desde entonces, la prostitución –de la misma manera que la violación– es una cuestión de política de género. Y a partir de esa encuesta empezó el trabajo que 20 años más tarde resultó en la ley, según la cual (por la primera vez en la historia) la prostitución no se define por quien vende, sino por quien compra.

- ¿Cuáles son los resultados 15 años después de su aprobación?
- Lo primero que hay que saber es que la ley sueca no está hecha para combatir la prostitución, igual que la ley contra los homicidios no está hecha para medir si hay más o menos asesinados. La cuestión es cambiar las normas en la sociedad: ¿comprar sexo es un derecho o no? A lo largo de la historia, la prostitución siempre se ha prohibido de una manera u otra, pero siempre se ha penalizado a la persona que vende sexo. Incluso en Alemania, donde la prostitución es legal, te multarán si lo haces al lado de una escuela o de una iglesia. En Suecia, en cambio, la venta de sexo está completamente despenalizada, no te multarán ni te pondrán en la prisión, no importa dónde te prostituyas, no te pasará nada; lo que hacen es multar al cliente. La ley dice que quien comete el acto de prostitución no es la mujer, la prostituta, sino el cliente. Él es responsable, él tiene la opción.

- ¿Y qué sabemos, de los resultados de la ley?
- El año 2010, se hizo un estudio y se vio que hay menos hombres que compran sexo: antes, lo hacía un hombre de cada ocho; ahora, un hombre de cada 13 –en el Estado español, es un hombre de cada cuatro. Claro está que hay suecos que van a Tailandia a comprar sexo, pero no van cada día. Con respecto a la opinión de la población sobre la ley, entre el 70% y el 80% de la gente está a favor, dependiendo del estudio. También muestra que tenemos muy poca prostitución, por ejemplo, si lo comparamos con Dinamarca –donde la prostitución es legal. Dinamarca es un país mucho más pequeño y cuenta con 10.000 prostitutas, con respecto a las 1.000 o 2.000 de Suecia. Los jóvenes suecos de hoy piensan que el que paga por sexo es un ser patético que no puede conseguir una mujer. No puedes aprobar una ley así y creer que lo resuelve todo. Hay que contar la cantidad de prostitutas que hay y saber de dónde vienen, si están en manos de mafias y redes internacionales, etcétera. La trata de personas se desplaza muy rápido. Por ejemplo, en Suecia, teníamos las mafias de Nigeria, pero se acabaron desplazando a Noruega; y cuando Noruega aprobó una ley como la sueca, se marcharon a Dinamarca. Se desplazan, claro está, sin embargo, si esta ley se extiende por toda Europa, ¿dónde irán?
 




- Aparte de las medidas penales, ¿qué otro tipo de medidas aporta la ley?
- En Suecia tenemos casas de acogida donde te ayudan con terapias psicológicas y recursos para buscar trabajo. Hay un trabajo social importante por hacer: si hay más prostitución, hay más trabajo social. Incluso si optas por la legalización, hay que hacer mucho trabajo social porque la prostitución se acompaña de miseria, drogadicción y alcoholismo.




- ¿Y cómo ves el trabajo social que se hace para ayudar a las mujeres a prostituirse de manera más profesional, dándoles preservativos, etc.?
- Dicen que hacen reducción del daño (harm reduction). Según mi opinión, no es así. Si tú estás con el cliente y éste te pega, ¿de qué te sirve tener un preservativo? Si después sufres estrés postraumático, si sufres porque no puedes sentir una parte de tu cuerpo, si sufres porque te han violado tantas veces... ¿De qué te sirve un preservativo? Para mí, la reducción del daño es la reducción de la prostitución.

- Pero hay ONG que también dan folletos con consejos para responder delante de un cliente violento, por ejemplo.
- Imagínate que trabajas en una oficina de correos y te dicen: “Si el cliente te pega, haz eso; si el cliente te viola, haz aquello”. ¿Este tipo de trabajo sería legal? ¿Si es tan común? ¡No lo creo! Un trabajo donde sufres una tasa de mortalidad 40 veces más elevada que en cualquier otro trabajo no sería legal, todos los sindicatos estarían en contra. Pero, en el caso de la prostitución, los supuestos sindicatos dicen: “Adelante, muy bien. ¡Fantástico!” Es como en El mundo al revés, de Eduardo Galeano. La prostitución es el mundo al revés. Cualquier sindicato dice: “nuestro trabajo es muy duro, nos tratan mal”... e intentan demostrar que es una tarea peligrosa, que se tendrían que reducir las horas, además de luchar contra los patrones de la industria. Los supuestos sindicatos de la prostitución dicen: “nuestro trabajo es fantástico, no sufrimos”. Dicen que la zona roja de Ámsterdam tiene que estar abierta las 24 horas del día. Yo les pregunté si alguna vez habían tenido un conflicto laboral y me respondieron: “¡Noooo!”.
- ¿Qué hay detrás de los 'sindicatos de trabajadoras sexuales'?
- El movimiento global del trabajo sexual tiene la misma estructura por todas partes. Son grupos de 3 o 4 personas en cada país, con muy pocas personas que realmente están en la prostitución. Siempre los solicitan para que hablen con los medios de comunicación. Después hay algunos académicos, trabajadores sociales, sex liberals, gente queer que les da apoyo. En Inglaterra son los proxenetas, patrones de las agencias de escorts, o en Holanda, el Estado mismo, quienes financian este movimiento.

- En el libro explicas la paradoja que supone el hecho de que la prostitución sea reivindicada como un trabajo, pero, en la práctica, se tenga que esconder que es un trabajo...
- Yo digo que la prostitución es una mentira. El hombre que compra sexo, ¿qué quiere? ¿Quiere a una mujer que actúe como una trabajadora? ¡No! Porque una trabajadora mira el reloj, está pendiente del final de la jornada. El hombre que compra sexo quiere a una mujer que esté siempre pendiente de él, alguien que, una vez recibe el dinero, actúe como si estuviera en una cita normal. Ella tiene que hacer que el cliente olvide que es una prostituta y lo tiene que convencer que está allí porque está muy caliente, de que tiene orgasmo tras orgasmo. ¡Los hombres creen eso! Si vas a internet a ver foros de puteros, dicen: “Ah, mira, esta mujer se corrió cuatro veces”. Y piensas: ¡qué tonto! ¿Cómo puede creer que se corrió cuatro veces si seguro que estaba pensando en otra cosa? Es obvio que, para ella, es muy difícil y aquí es donde empieza la disociación, la reificación. Porque ella tiene que actuar como si estuviera en una cita normal, pero, a la vez, intenta apagarse, no pensar y no sentir porque, si no actúa así, no aguantará la prostitución. Es una estrategia de autodefensa.

- En el libro hablas de la disociación en la prostitución, ¿por qué?
- Porque todos, todos los estudios internacionales sobre la experiencia de la prostitución muestran esto, la disociación. Si lees testimonios de la prostitución, no importa si la mujer está a favor o en contra, siempre dice lo mismo: que no piensa en sexo cuando ejerce, que piensa en otra cosa porque, si no fuera así, no aguantaría tener diez clientes o más al día. Y claro está, acaba no teniendo sexo. Por eso la mujer prostituida es la mujer más asexual que existe.

- También explicas que hay sectores que minimizan la realidad de la trata de personas, como Laura Agustín. ¿Cómo es posible?
- Agustín dice que “la trabajadora sexual migrante es muy afortunada porque es súper cosmopolita” y que, si está encerrada en algún lugar “ella prefiere eso porque puede pasar todo el día ganando dinero”. Es muy fuerte, es de un cinismo inmenso. Primero de todo, la diferencia más importante entre la prostitución y la trata de personas es que la víctima de este segundo sistema no gana dinero, es una esclava, no gana nada, mientras que la prostituta quizás se queda con un poco de beneficio, si tiene proxeneta. Esta esclavitud, la trata, es una consecuencia de la prostitución y eso es muy obvio. Hay muy pocas industrias -especialmente hoy, cuando hay tanto paro y tanta migración– que tengan que salir a secuestrar personas, ¿verdad? La mayoría de las industrias tienen gente esperando encontrar trabajo y no tienen que gastar dinero para ir a Ucrania o Rumania a secuestrar gente. Este hecho nos muestra de qué trabajo se trata. Mucha gente no lo quiere hacer, a pesar del paro que hay. Pero es obvio que, especialmente en los países ricos, hay mucha demanda y no hay tanta oferta. Entonces, claro está, la prostituta se gasta muy rápido y las quieren frescas, jovencitas. Si tú quieres una industria del sexo sólo con prostitutas voluntarias, será muy pequeña. No puedes tener una industria como en Alemania, el Estado español u Holanda sin trata de personas.

DE VÍCTIMAS A SOBREVIVIENTES
Los ataques contra la noción de víctima son muy fuertes por todos los países neoliberales. Hasta el punto de que nosotras mismas negamos la noción de víctima con eslóganes como “Ni víctimas ni pasivas, mujeres combativas”. En su libro, Kajsa Ekis Ekman defiende la noción de víctima. Contrariamente al dogma neoliberal que pretende que las víctimas son el contrario del sujeto, Kajsa argumenta que se puede ser víctima y sujeto y que vivimos una estigmatización muy fuerte del estatuto de víctima. Una víctima lo es porque otra persona le hace alguna cosa, no se trata de lo que haces tú, no se trata de tu actitud; una persona muy fuerte también puede ser víctima. Porque el contrario de sujeto no es víctima, es objeto y el contrario de víctima es agresor. El movimiento internacional de mujeres que han ejercido la prostitución se llama sobrevivientes, hecho que significa que no se es víctima para siempre, que se puede salir de la victimización. Hablar de sobrevivencia implica que se ha pasado por una experiencia muy dura. Algunos grupos representantes de este movimiento son Whisper (Women Hurt in Systems of Prostitution Engaged in Revolt), fundado por Evelina Giobbe; EVE (Formerly Exploited Voices Now Educating), Survivors Connect Network o blogueras sobrevivientes como Rebecca Mott, Trisha Baptie, Angel K o Rosen Hicher, que acaba de hacer una marcha de 800 kilómetros en Francia, para reivindicar la penalización de los clientes (medida que el Senado francés revocó este verano). En Suecia, existe el grupo PRIS, Prostitutes' Revenge In Society (la revancha de las prostitutas a la sociedad).






 ¿Reglamentar, prohibir o abolir?
En Europa, encontramos diferentes respuestas políticas ante la prostitución: los países que la reglamentaron a principios de ese siglo como Alemania, Holanda o Suiza y los países (neo)abolicionistas, como Suecia, Noruega, Islandia, Francia e Irlanda del Norte. Los primeros han despenalizado el proxenetismo y han equiparado la prostitución a “un trabajo como otro”, medida que ha comportado un auge de la trata de personas, reconocido en los mismos informes gubernamentales. La mayoría de mujeres de estos países no disfrutan de los derechos laborales prometidos por las reformas de la ley (porque la mayoría son inmigrantes clandestinas, entre otras razones). Los segundos, que han firmado la convención abolicionista de la ONU de 1949 (contra la trata de personas y la explotación de la prostitución de terceras personas), han equiparado la prostitución a una forma de violencia de género y han optado por penalizar la demanda y despenalizar a las mujeres (y hombres) que la sufren. Es el llamado modelo nórdico (ver el libro reciente The Nordic Model, de Trine Rogg Korsvik y Ane Stø), del cual el Estado español está bien alejado. El Estado español es conocido como “el mayor burdel de Europa”. El proxenetismo está parcialmente despenalizado desde 1995 y el actual anteproyecto de reforma del Código Penal del dimitido y abortado ministro de Justicia, Gallardón, pretendía despenalizarlo completamente. La prostitución está presente en los anuncios de periódicos-proxenetas, que –a diferencia de los grandes rotativos europeos– consiguen beneficios astronómicos gracias a la explotación sexual (El País gana más de cinco millones de euros anuales con este tipo de publicidad). Tenemos una patronal de proxenetas legal, la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Compañía (Anela), que mantiene relaciones cordiales con la extrema derecha, como han demostrado las investigaciones del periodista Joan Cantarero. En el norte de Cataluña, en la Jonquera, se han instalado cómodamente diversas fábricas de explotación sexual de mujeres, megaburdeles que algunos denominan Paradise (¿paraíso para quién?), donde el 80% de los clientes son franceses. Diferentes ordenanzas prohibicionistas completan un panorama desastroso en términos de derechos humanos de las personas que son prostituidas y que, a diferencia de Suecia, son criminalizadas. El abolicionismo no es prohibicionismo; este último es el modelo legal en Estados Unidos (excepto en Nevada, donde la prostitución es legal), China o la mayoría de países árabes.

(*) Entrevista realizada y traducida por Glòria Casas Vila, socióloga, activista feminista @glorinsurgent. La primera versión de esta entrevista fue publicada en diciembre de 2014 en catalán en el semanario de información independiente La Directa (@La_Directa), número 374. La entrevista ha sido traducida al italiano por Nicola Tanno y publicada en enero de 2015 en la web de información alternativa Il Corsario.


Fuente






Julie Bindel: “Si llamas empresario a un proxeneta deja de ser reconocido como un criminal”


Julie Bindel: “Si llamas empresario a un proxeneta deja de ser reconocido como un criminal”

Nerea Novo
4 de octubre de 2018
  
Lleva décadas enfrentándose a uno de los principales pilares que sostienen el patriarcado: el sistema prostitucional. Julie Bindel mira a los ojos de las supervivientes de la industria del sexo de todo el mundo. Escucharlas cambió su vida y marcó una trayectoria periodística que ha levantado críticas feroces dentro y fuera del movimiento feminista pero que, a su vez, ha inspirado a las nuevas generaciones de periodistas. En esta entrevista habla sin tapujos de la industria del sexo. Bindel disecciona a pornógrafos, lobbystas pro-prostitución, financiadores y académicos a favor de la legalización de la prostitución. No teme las consecuencias porque cree firmemente en sus compromisos con la causa abolicionista y con uno de los principios básicos del periodismo: ejercer de control del poder. En 2017 publicó The Pimping of Prostitution: abolishing the sex work myth, una obra producto de años de investigación en la que revienta los mitos de la industria del sexo y expone sus miserias tras conocer a fondo organizaciones, lobbystas y activistas prosex de todo el mundo. Se trata de un relato minucioso e impactante, tan iluminador como sobrecogedor que motiva a combatir la esclavitud del siglo XXI.



Julie Bindel participará en 2019 en el Seminario Internacional Retos y desafíos para la abolición de la prostitución en el siglo XXI, organizado por Feminicidio.net, junto a otros referentes del movimiento abolicionista global y a quienes también hemos entrevistado, Kajsa Ekis Ekman y Juan Carlos Volnovich. En este prólogo de su visita a Madrid nos muestra su apoyo por la abolición de la prostitución en España.


Julie Bindel



--¿Cómo fue el proceso por el que pasó hasta convertirse en la periodista feminista y abolicionista que es hoy?

Era muy joven cuando me fui de casa, tenía 17 años. Venía de una familia de clase trabajadora, con pocas oportunidades para las mujeres y un sexismo flagrante. En ese momento, y eso lo documento en mi libro, conocí una serie de asesinatos de mujeres prostituidas y no prostituidas perpetrados por un asesino en serie en el norte de Inglaterra. Y era clara la misoginia hacia las mujeres prostituidas por parte de la policía y los medios de comunicación. También fui consciente de que la misoginia hacia todas las mujeres estaba en su apogeo, que la forma en que la gente entendía los asesinatos de mujeres prostituidas a manos de hombres era que “ellas se lo habían buscado”, que se trataba de una elección que habían hecho estas mujeres y, por lo tanto, se lo merecían.
En ese momento yo estaba involucrada con un grupo de feministas que hacían campaña contra la violencia hacia las mujeres y las niñas, viendo la pornografía en las calles y todo tipo de violencia sexual. Para mí quedó muy claro que esto era una pandemia, que tenía su raíz en el hecho de que las mujeres estaban totalmente oprimidas por los hombres, que esto no era sobre hombres o mujeres como individuos, que pueden ser victimarios o víctimas. Era un sistema. Y la prostitución integraba una parte importante de ese sistema y esa cultura.

Los años siguientes, cuando incluso los movimientos más radicales tenían miedo de hablar sobre prostitución en público, me di cuenta de que la prostitución es la peor forma de violencia masculina porque había dinero detrás y porque, al ser una cuestión mercantilizada, también era una de las peores caras del capitalismo y el colonialismo. Me di cuenta de que este era un argumento clave, que podíamos convencer de que “lo bueno” era “malo”: que la violencia de género es mala, que el abuso infantil es malo pero… cuando decías que la prostitución era mala, incluso las feministas discutían y argumentaban que se trataba de la elección de una mujer. Y aún así era muy claro que todos los problemas contra los que luchaba, las terribles cosas que sufrían las mujeres, violencia machista, abuso infantil… todos ellos los habían sufrido las mujeres prostituidas que yo conocía. Por eso forma parte de mi ideología y como feminista haciendo campaña contras las violencias machistas jamás lo vi como algo separado.

--Teniendo ese punto de vista, ¿qué le animó a escribir The Pimping of Prostitution?

Cuando la academia se centró tanto en una ideología de lo que produce lo que ellos llaman “trabajo sexual”, y eso incluye pornografía, stripping, todos los aspectos de la venta del cuerpo de mujeres para el placer masculino, me di cuenta de que esto no es una teoría de la conspiración sino la cábala de un grupo de gente poderosa que ha marcado la agenda. Esta agenda, contradiciendo las visiones de la izquierda y el liberalismo, nunca apoyaría la industria del tabaco o la compra-venta de riñones de hombres pobres del continente africano, pero apoyan la prostitución sin apoyar el derecho de los hombres de comprar sexo explícitamente: apoyan el derecho de las mujeres a vender sexo.

Cuando vi ciertos estudios académicos a nivel internacional, me di cuenta de que nadie hablaba del sexo en prostitución, nadie hablaba de la realidad más cruda de estas mujeres… Hablaban de cosas como la girlfriend experience (experiencia novia) o bondage y masoquismo, de hombres vendiendo sexo como parte de su subcultura erótica, hablaban de prestar servicios a personas con discapacidad… Todo era parte de un eufemismo y, por supuesto, la mayor “desinfección” que viene por parte de un sector de la academia es la idea de que si descriminalizas todos los aspectos de la prostitución, las personas prostituidas estarán a salvo y no habrá más violencia machista, ni policial, ni por parte de los proxenetas o los clientes. ¡Todo esto era claramente tan orwelliano! Y sucedía sin poder cuestionarlo, al mismo tiempo que colegas académicas trataban de publicar sus artículos apoyando el modelo nórdico o criticando la prostitución como sistema; no conseguían sacar sus artículos en publicaciones que dependían de la revisión y aprobación de otros colegas. Incluso estudiantes de doctorado que querían hacer su tesis doctoral sobre aspectos dañinos de la industria del sexo eran persuadidos por sus supervisores para que la hicieran sobre el empoderamiento de las mujeres en prostitución. Y, por supuesto, la mayor limpieza y manipulación que se ha hecho al respecto de este tema es la sugerencia de que no son mayoritariamente masculinos tanto demandantes como proxenetas y que no es mayoritariamente femenina la parte abusada. Se habla de “gente” en prostitución y “managers” (o empresarios), que pueden ser de ambos sexos.



--Ha viajado por todo el mundo conociendo el lobby y ha conocido, entre otros, el PIC (Prostitution Information Centre), un centro de información en pleno Ámsterdam cuyo modelo no parece aún muy extendido. Pero ¿cuáles son los formatos con los que se ha cruzado?

Depende de dónde provienen y a dónde van los fondos de prevención del VIH/sida. La Open Society Foundation es líder en la ideología pro-prostitución. Creo que la Fundación de Bill y Melinda Gates lo es en menor medida, pero han sido persuadidos. Son gente mayor que dan financiación y toman decisiones sobre dónde debe ir esa financiación. Y han sido convencidos de que con la legalización de la prostitución los ratios de VIH/sida bajarán drásticamente. Dedico un capítulo sobre eso en mi libro: la ciencia no lo apoya. Claramente, con la legalización los hombres tienen más oportunidades para no usar preservativos. Y hay otros sistemas que no apoyamos, como el prohibicionista, que no lo apoyamos porque no queremos que las mujeres sean detenidas, pero la legalización solo da a los clientes más oportunidades para no llevar preservativos.

Por ejemplo, un estudio en Alemania sobre sexo seguro (y este ni siquiera era un estudio de nuestro lado del debate) muestra que un 70% de los demandantes de prostitución piden sexo sin preservativo y eso es bajo un marco de legalización. El resto de los datos se pueden ver en mi libro, pero lanzaron una edición especial de un informe financiado por dinero de prevención del VIH/sida que incluía una serie de artículos que argumentaban, sin mucha base científica, que la descriminalización de los demandantes bajaría las tasas de VIH/sida más de un 40% en 10 años.

Así que la financiación va a países en los que hay una prevalencia alta del VIH/sida. Por ejemplo, Sudáfrica y otros países africanos. También son países en los que se han realizado proyectos sanitarios, como Kenia, Países Bajos, Alemania, Corea del Sur, Camboya… Si algo de ese dinero debería destinarse a hacer lobby y campañas por la legalización de la prostitución o la descriminalización, en realidad paga grandes salarios de líderes de ONG para que digan que representan a las trabajadoras sexuales en un sindicato y todas están de acuerdo en que quieren la descriminalización. Pero estas trabajadoras sexuales, como las que entrevisté en Camboya, ni siquiera conocen las palabras que les ponen en la boca. Claro que quieren que paren las detenciones por parte de la policía, como lo queremos nosotras para todas las mujeres, hombres, niños, niñas y personas transgénero. Lo llevamos diciendo décadas: no queremos criminalizar a las personas prostituidas, pero lo que se les dice a estas mujeres en estos países es que ahora son parte de un sindicato y que ahora luchan por los derechos de las trabajadoras sexuales. En realidad están luchando por salir de esa situación, por el derecho a no ser detenidas ya que la policía también abusa de ellas.

En definitiva, el dinero que va a estos países para reducir el VIH/sida en parte es usado para crear falsos sindicatos y para luchar desde un frente ideológico de la industria del sexo con el objetivo de legalizar la prostitución.


maltrato. Eva Lobatón





--¿Cuál es el interés personal de hombres como George Soros en esta cuestión? La mayor parte del presupuesto para este tema destinado en 2018 en Europa fue asignado a tres países: Suecia, Francia y España. ¿Es esto casual? ¿La fundación de Soros estudia al movimiento abolicionista para debilitarlo?

Sí, la Open Society Foundation ha destinado una gran parte de su investigación al “efecto del modelo sueco”, como ellos lo llaman, y claramente están deseando incorporar a personas de la academia pro-prostitución en investigaciones que cuestionen la criminalización de la demanda. Así que presentan un estudio global que dice que el modelo nórdico ha fallado y que esto pone en peligro a las trabajadoras sexuales, al tiempo que no reduce el número de clientes…

El dinero es clave para esto porque si tú convences a un grupo de personas, eminencias, científicos, de que con la descriminalización del comercio sexual se reducirán las infecciones por VIH/sida en un 40%, la gente va a pensar que es una oportunidad demasiado buena como para perderla, que esto salvará millones de vidas en las próximas décadas. Esto no está basado en nada coherente y es fácil de echarlo abajo, pero el problema es que la mayoría de la gente en el mundo que no tiene ningún conocimiento sobre la realidad del comercio sexual tiene una opinión sobre ello y lo apoya. La narrativa dominante es: legalicemos el comercio sexual, las mujeres lo eligen, la trata es mala, la prostitución es transgresora y empodera.

Todos estos científicos, líderes de ONG y las personas con buenas intenciones que realmente quieren hacer lo más seguro para las mujeres, reducir el VIH/sida… muchos de ellos ya tienen una inclinación ideológica que está avanzando hacia la legalización porque esta es la narrativa popular. La vemos en la cultura popular, por la televisión, en libros sobre “putas felices”, lo vemos en Secret diary of a call girl (serie de televisión titulada Servicio completo en España, emitida en FOX), que está escrita desde la perspectiva de alguien completamente atípico entre las mujeres prostituidas. Tenemos esta narrativa dominante de la misma forma que hace cuatro décadas en Europa se decía que fumar estaba bien, que era bueno para ti, para el pecho: “es cool, queda bien, te relaja…”. Y con el tiempo, hacer campañas, lobby y la buena ciencia hemos cambiado nuestra visión y ahora sabemos que fumar es malo y que hay algunos fumadores que no han tenido problemas de salud que no deberían hablar en nombre de la industria.

Hoy lo que hacemos es cuestionar la narrativa y poner encima de la mesa la propuesta abolicionista que, por supuesto, es la correcta. Y al frente de ese desafío están las supervivientes de la industria del sexo, que son expertas en el tema y es por eso que quise escribir un libro, porque no todas las supervivientes que escriben bien tienen la oportunidad de publicarlo. La mayor mentira que ha sido contada en el mundo moderno es que la prostitución se elige, que asegura que no es dañina y que la legalización resolverá todos los problemas.

--¿Cómo funciona en el Reino Unido la industria del sexo? ¿Hay complicidad policial y de integrantes de partidos políticos?

El problema es que los hombres de izquierdas son profundamente hipócritas en este tema. Obviamente, cuando tienes toda una industria del sexo basada en imperialismo, colonialismo, racismo, misoginia, pobreza y capitalismo extremo no regulado, lo normal sería que la izquierda saliera a protestar contra eso. Sin embargo, como es el derecho de los hombres a acceder al cuerpo de las mujeres y porque lo ven como parte de lo que las mujeres realmente queremos y lo que es bueno para nosotras, su misoginia queda bastante clara. Esta es la mayor hipocresía de la agenda de izquierdas, independientemente de que se autoconvenzan de que están apoyando los derechos de las mujeres al apoyar el comercio sexual. Se niegan a verlo como verían cualquier otra gran corporación dirigida por criminales, dañando a gente pobre, a las más vulnerables. En este país tenemos un Partido Laborista, un Partido Verde y un Partido Liberal-Demócrata que están oficialmente a favor de la descriminalización de la prostitución y dicen hacerlo en favor de las trabajadoras sexuales. Necesitan ser desafiados en este sentido, que su hipocresía se destaque claramente y comparar con otras industrias que explotan seres humanos porque realmente hacen una excepción con la prostitución al apoyarla.

--¿En qué estado de salud se encuentra el movimiento abolicionista allí para luchar contra ello?

El lobby pro-prostitución siempre ha sido más fuerte que el movimiento abolicionista porque tiene mejor financiación. Llama más la atención a la gente porque brinda una forma más cómoda de mirar un problema. Es más fácil pensar que ellas siempre han estado ahí y que las mujeres eligen, aunque pasen por una situación de desesperación, abuso, violencia, pobreza y proxenetismo… Para las mujeres también es mucho más cómodo aceptar que la prostitución no es dañina y que otras mujeres lo eligen porque de otra forma cuando desayunan por las mañanas tendrían que mirar al otro lado de la mesa y ver que su hijo o su marido también mantienen viva a esta industria.

A pesar de que el movimiento por los derechos de las trabajadoras sexuales tiene más poder, estamos empezando a desafiar un equilibrio que hemos conseguido principalmente por el auge del movimiento de supervivientes. No son mujeres que dicen “fui violada”, “fui abusada”, “pobre de mí”. Son mujeres que dicen: “así se comporta la policía”, “así son los puteros”, “así es el comercio sexual”, “así es como funciona la legalización y estas son las políticas y los programas de salida de la prostitución que necesitamos”. Así que en movimiento abolicionista estamos claramente encabezadas por supervivientes.

Y claramente vamos ganando porque hay más países ahora que han implementado el modelo nórdico que países que apuestan por la legalización o descriminalización. Dicho esto, hay muchos países a los que no hemos prestado atención. Estoy haciendo una pieza para una revista estadounidense en la que entrevisté a Amelia Tiganus. La pieza iba sobre Suiza, donde acabo de estar, en Ginebra y Zúrich, las dos ciudades más grandes del país y uno de los peores lugares de comercio sexual legal de los que he visto en el norte global. Es legal desde 1942 e incluso yo, con mi gran investigación y visitando numerosos países y haciendo cientos de entrevistas, solo visité un día las cajas en las que los demandantes de prostitución entran con el coche para abusar de mujeres en Zúrich. Busca “sex boxes” en Zúrich… son horribles, como los prostíbulos, que los llevan quienes dicen que esto es solo otro servicio más de la industria del sexo. Está tan mal como en Alemania y necesitamos estar más vigilantes de esos países y sus políticas, de cosas que se nos hayan pasado.

Cada día ganamos más fuerza y persuadimos a más personas, más gobiernos y más grupos de que llevamos razón, de que el problema que tenemos es que Amnistía Internacional, la Organización Mundial de la Salud, ONU Mujeres, se han creído este sin sentido de la prevalencia del VIH/sida. Y tenemos que estar más vigilantes del origen de estos discursos y seguir haciendo campaña al más alto nivel en todos los frentes: la sociedad, la legislación y el gobierno.

--La Unión Europea ha mantenido una posición neutral en este tema. ¿Podemos esperar un paso al frente de la Unión Europea hacia políticas abolicionistas?

En 2014 una de las europarlamentarias, Mary Honeyball, llevó a cabo una Directiva que plantea que todos los Estados miembros deberían apoyar el modelo nórdico. Claramente, tenemos que estar atentas a todos los niveles de la política. La ONU, la Unión Europea, Estados Unidos y su terrible prohibición con leyes que penalizan a las mujeres… Tenemos que tener mucho cuidado al apoyar, por ejemplo, la causa de revocar la legalización en Nevada, escribí sobre ello en The New York Review of Books. Necesitamos tener mucho cuidado cuando apoyamos la revocación de la legalización para, al mismo tiempo y de forma fraccionada, hacer campaña por descriminalizar a las mujeres y no volver al mismo sistema, como en el resto de Estados Unidos, donde son detenidas por ser prostituidas. Desde mi punto de vista, tenemos que priorizar la campaña por la descriminalización de las personas prostituidas incluso sobre criminalizar a los puteros. Porque si criminalizamos a los puteros, pero las mujeres siguen siendo detenidas, eso es prohibicionismo con un poco de atención en el demandante. Y sabemos las enormes barreras que afrontan los hombres y las mujeres que salen del comercio sexual con antecedentes.







--En la entrevista que le hizo a Amelia Tiganus ella describía los tipos de putero que había conocido aquí en España. ¿Cómo son los puteros en Reino Unido? ¿Hay turistas sexuales?

Creo que hay algunas similitudes. Tampoco hay muchas diferencias. Creo que hay puteros que tienen un sentido de derecho propio, hay puteros que son simplemente sádicos a los que no les importan las mujeres y hay puteros que no son conscientemente sádicos pero que aún así son dañinos. Los turistas sexuales creo que son alentados a convertirse en puteros cuando visitan países en los que la prostitución es legal o cuando está muy aceptada o visible. Hombres que visitan Ámsterdam, Praga o distintas ciudades de España, sin intención de consumir pero que pueden llegar a sentir la presión del grupo para convertirse en puteros y pensar: “¿Por qué no?”. Cuando tienes un McDonald’s al final de tu calle, es más probable que comas comida rápida si eres vago y te han dicho que no tiene nada de malo. Y si no tienes un McDonald’s en cinco kilómetros a la redonda y no hay envío a domicilio, es más probable que pases y te prepares algo tú mismo.
Los hombres ven a menudo el autoservicio en coche (drive-through) o zonas de tolerancia, que son como con el McDonald’s: llegas, coges a una chica, ¿y por qué no? Está al final de la calle. Yo he conocido hombres en los Países Bajos que van a lo que se llaman zonas de tolerancia a mirar a las mujeres de los escaparates y considerar si eso es algo que quieren hacer. Si esas zonas de tolerancia no existieran, y por supuesto no deberían existir, entonces habría menos puteros.

Creo que el proceso de construcción del putero, desde mi perspectiva, con la cantidad de entrevistas que he hecho y los hombres que he conocido y visto en prostíbulos, se divide en dos grandes tipos: unos son misóginos y eso es lo que pagan por sexo, porque ven a las mujeres como meros orificios y receptáculos que usar. Y luego hay hombres que empezaron a pagar por sexo bajo algún tipo de presión social o de grupo, o algún tipo de concepción de que esto les ayudaría a ser sexualmente maduros… Lo que sea. Y entonces es cuando se convierten en misóginos, al pagar por sexo, porque no puedes evitar convertirte en el tipo de hombre que ve a las mujeres como trozos de carne si pagan por sexo. De otra manera, no serían capaces de hacerlo.

--¿Qué puede contarnos de países en los que la prostitución está legalizada y se sostiene con un capitalismo feroz?

Hay algunas diferencias en los países que han decidido apostar por la legalización. Pero en todos se alimentan ciertos mitos: tienes que creer que es un trabajo, que es un empleo normal, que las mujeres u hombres eligen estar involucrados, que es un negocio legítimo en el que se debería pagar impuestos. Tienes que creer que no hay ninguna diferencia con vender un sándwich o los servicios de un fontanero o un electricista, que el consumidor tiene derechos y que hay formas diferentes de llevar estos negocios.
Si llevara un catering y trabajara con comida puede que elija crear un negocio de sándwiches que llevo a oficinas donde se los vendo a la gente y solo necesitaría una pequeña cocina para prepararlos y una cesta. O puedo elegir tener un pequeño puesto donde vender mi comida al lado del parque, o puedo tener un restaurante, o puedo tener una nave donde preparo comida para vender a restaurantes… Es lo mismo en el comercio sexual. Si crees todas estas cosas y lo ves como un negocio normal, ¿por qué no puedes tener un prostíbulo con autoservicio en coche? ¿Por qué no aceptar a seis hombres queriendo hacer un gangbang con una mujer? Por qué no tener una oferta que diga: “dos por uno antes de las seis de la tarde” o “tras la medianoche, comida gratis y folla todo lo que quieras por 50 euros”; “si eres mayor o pensionista… ¡puedes pagar la mitad!”. El resto de los negocios lo tienen. Y este es el problema de cuando la prostitución es vista como una comodidad, como un negocio, un trabajo legítimo. No puedes tenerlo todo: si legalizas tienes que tratarlo exactamente igual que si estuvieras vendiendo hamburguesas, coches o ropa.

--Parte de la investigación de su libro se la dedica al crimen organizado y su vinculación con proxenetas legales e ilegales y líderes de estas organizaciones pseudo-sindicales.

Obviamente, si descriminalizas el comercio sexual consigues más credibilidad y permisividad con los demandantes de prostitución, das apoyo y respetabilidad a los dueños de los prostíbulos y los proxenetas, que se convierten en managers o empresarios y las mujeres no tienen más protección de la que tendrían si fueran criminalizadas. De hecho, tienen menos protección porque no pueden, como en los países con el modelo nórdico, coger un teléfono y decir: “aquí hay un hombre que quiere pagar por sexo conmigo”; ellos ni siquiera necesitan perpetrar un acto de violencia contra ellas porque ya están criminalizados. Por lo tanto, si descriminalizamos el comercio sexual y el proxenetismo se convierte en algo como ir a comprar una hamburguesa, ellos nunca serán detenidos. Si tienes más demanda de prostitución, tienes más mujeres prostituidas, tienes más actos sexuales y, por lo tanto, más actos con violencia sexual porque la violación en claramente endémica en la prostitución. Se cometen actos más violentos que desgarran el ano o la vagina… Más mujeres en prostitución conlleva también una bajada de los precios y, por lo tanto, los demandantes serán más capaces de conseguir sexo sin preservativo si pagan un poco más. Al no haber policía persiguiéndolos tampoco le tienen miedo a eso y: ¿cómo inspeccionas si dentro de la descirminalización alguien está llevando preservativo? ¿Están los agentes en la habitación o le ponen ellos el condón en la polla?

Insisto: al llamar empresario a un proxeneta deja de ser visto como un criminal. Si legalizas o descriminalizas, tienes más demandantes de prostitución, más prostíbulos legales e ilegales, más proxenetas, más demanda de sexo más violento y sádico, por lo que se cometen más crímenes. Y los proxenetas son más brutales en contextos descriminalizados porque tienen protección policial.

--¿Contesta esto también al argumento de que la descriminalización reduce la trata?

Claro, descriminalizar el comercio sexual significa una luz verde para los traficantes, es muy atractivo para ellos. Por eso prefieren ir a Nueva Zelanda, Alemania o Países Bajos que países como Suecia o Francia, donde la policía tiene el ojo puesto en la demanda sin detener a las personas prostituidas, ya que las políticas están focalizadas en criminalizar a los explotadores.

Así que, por supuesto que crecerá la trata tanto en la legalización como en la descriminalización, porque en ambos sistemas sabemos que crecen tanto los prostíbulos legales como los ilegales porque los legales suponen una pantalla de legalidad. Incluso oficialmente en Nueva Zelanda tienen un tipo de prostíbulo que puede albergar hasta a cuatro personas prostituidas y sus dueños no tienen ni que pedir una licencia, así que eso es el salvaje oeste.

--¿Conoce la situación en España con la prostitución?

Veo que está muy arraigada en la cultura española, los hombres jóvenes son más susceptibles de ser llevados a prostíbulos para sus primeras experiencias sexuales de la mano de sus propios padres u otros hombres más mayores. También conozco una investigación que analizaba la demanda de prostitución en seis países, entre ellos, España, y he trabajado con activistas contra la prostitución españolas que me comentan la gravedad de la situación. Y esto también lo he visto yo con mis propios ojos en Madrid, Barcelona, Málaga… Los prostíbulos están tan aceptados y normalizados y tenéis un comercio sexual más legalizado que nosotros aquí. El número de demandantes de prostitución en España es mayor incluso que en el Reino Unido y eso que nosotras tenemos una industria relativamente normalizada y grandes problemas. Creo que en términos de liberación de las mujeres luchando contra el patriarcado y lo que hemos conseguido hasta ahora, en España ha sido más complicado debido a la influencia de la Iglesia Católica. Pero todo esto lo veo gracias a feministas españolas, para nada impongo mi visión colonialista británica en este sentido.

--Para terminar en clave positiva: ¿qué le diría al movimiento abolicionista de España?

No creo que necesitéis ningún estímulo o aliento. Necesitáis todo el apoyo que podáis conseguir de feministas, aliados feministas y otros activistas y grupos por los derechos humanos que os ayuden en esta lucha. Somos un movimiento global y no podemos dejar que cada país luche sus propias batallas porque en algunos países es más complicado que en otros. En España tenéis un trabajo tremendamente difícil y aquí en Reino Unido lo tenemos complicado, pero creo que es más difícil aún en España. Así que necesitamos ir a España y decir: ¿qué queréis que hagamos? Y quizás luego vosotras en España tengáis que ir a Kenia, por ejemplo, y decir: ¿qué necesitáis que hagamos?
Y tenemos que reconocer que ganaremos, que nunca dudemos ni por un segundo. Tenemos que visualizar un mundo sin prostitución y tenemos que trabajar para conseguirlo como un gran objetivo entre nosotras. Debemos vernos como un movimiento global y recordar que tenemos razón, que hay dinero detrás de esto y que es por eso que el otro lado es tan poderoso, pero tenemos que convencer a todas las personas con buenas intenciones que podamos y que no se crean la basura que les cuentan. Porque muchos de los activistas pro-prostitución simplemente necesitan recibir la información de vuestras organizaciones y de otras supervivientes.

Tenemos que tener claro que habrá gente que nunca esté convencida, pero esos son los delincuentes, los beneficiarios, los criminales… Y: ¿sabes? Creo que tenemos que aferrarnos a una cosa: nunca he conocido una abolicionista convencida que se haya cambiado de lado y empezara a hacer campaña pro-prostitución. Y, sin embargo, conozco muchas que solían estar en el lado pro-prostitución que han cambiado y se han puesto de nuestro lado de la batalla.

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Biografía de la entrevistada

Julie Bindel (1962, Darlington, Reino Unido) es periodista, escritora, feminista radical y cofundadora de Justice for Women, una organización de apoyo a mujeres procesadas por matar a sus parejas tras ser víctimas de violencia de género.

Autora de libros como Straight expectations (2014) y The Pimping of Prostitution: Abolishing the Sex Work Myth (2017), también ha participado en la edición de The Map of My Life: The Story of Emma Humphreys (2003) y Exiting Prostitution: A Study in Female Desistance.

En 2008 fue nominada como Periodista del Año en los Stonewall Awards, unos premios en reconocimiento a las personas que han influido en las vidas de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales en Reino Unido.

Fuente:
https://geoviolenciasexual.com/julie-bindel/






miércoles, 22 de enero de 2020

Hombres buenos y mujeres putas


Hombres buenos y mujeres putas

"El otro, efectivamente, es la mujer, enfrentada a la alteridad del no ser. La prostitución es una relación asimétrica cimentada en el poder desde mucho antes de que se produzca el contacto físico. En el momento en el que una persona piensa en otra en términos de mercado, le está confiriendo una categoría económica. Si un hombre puede comprar a una mujer, puede poseerla"
"Hoy le diría a Marx que la situación social de las mujeres es acorde a la situación delcapital. Estamos siendo compradas sexualmente. En definitiva, lo llaman trabajo por no llamarlo expropiación"
Alicia Díaz
29/06/2019 -

Decía Karl Marx que para transformar una sociedad lo primero que hay que conocer de ella es cómo trabaja. Que trabajamos bajo un sistema económico neoliberal no es nuevo. Que producimos, trabajamos y consumimos bajo el marco de una estructura capitalista, tampoco lo es. Que la prostitución, mercado sexual legitimado y normalizado, quiera imponerse como una forma de trabajo, lo explica todo.

Lo que se pretende normalizando la prostitución es naturalizar una forma de relacionarnos sexual y económicamente; o lo que es lo mismo: establecer un sistema sexual socioeconominizado.

La prostitución es, entonces, una estructura socioeconómica ultraliberal. En la medida en que la sociedad normaliza ciertas prácticas sexuales, termina normalizando sus propias anomalías. En prostitución, pese a que al hombre — en su condición de prostituidor— le corresponde ser el sujeto 'anómalo' por su protagonismo sexual naturalizado, el discurso epocalista, sin embargo, determina que la persona anómala sigue siendo la mujer.

No es casual que hayamos creado la figura de la prostituta como el personaje antagonista; en términos de biopoder se explicaría en tanto en cuanto, las instituciones son las encargadas de normalizar el comportamiento de una parte de la sociedad para controlar a los otros, a los anómalos.

El otro, efectivamente, es la mujer, enfrentada a la alteridad del no ser. La prostitución es una relación asimétrica cimentada en el poder desde mucho antes de que se produzca el contacto físico. En el momento en el que una persona piensa en otra en términos de mercado, le está confiriendo una categoría económica. Si un hombre puede comprar a una mujer, puede poseerla.

Al pertenecerle puede violentarla, despojarla arbitrariamente de su cuerpo, de su mente y de su identidad. Puede comprarla de una forma más sustancial al mero trueque monetario. Se está apropiando de la materialidad corpórea y de su psique; está negando su integridad.





La prostitución está ahí entre nosotros — aunque no la consumamos ni participemos directamente en ella—, configurando una forma de vida que nos resulta ajena, modelando nuestra forma de ser y la manera de relacionarnos con los demás. Si aseguramos que la mujer es la otredad respecto al hombre, estaremos designando la posición que ocupan las mujeres en el mundo. Sería impensable para cualquier democracia reconocer que la única salida para sobrevivir de un hombre pobre fuera la venta de su cuerpo.

No lo es porque no hay mercado sexual en torno a él ya que la prostitución no produce, opera como nicho de la expropiación del cuerpo femenino. Arrebata a la mujer de su dignidad, la ningunea e invierte mediante un contrato sexual.

El contrato sexual existe por razones de supervivencia. Nadie debería pactar su derecho a una vida digna. La mujer, en ese contrato, no negocia; se somete porque otros tienen el poder.

El cuerpo de la mujer opera como puente financiero del poder hegemónico masculino. La legalización de la prostitución, desde un punto de vista social y político, es el resultado de la degradación humana, de su naturaleza y de la ética. No es sexo, es dinero y poder.

Es la renuncia a la emancipación femenina. Es la abdicación a la imposibilidad de libertad sexual. La sexualidad es libre cuando es deseada, no buscada por necesidad. La necesidad nos hace esclavos de nuestras decisiones y de nuestro comportamiento. La alienación, fruto de la necesidad, es una pieza de la cadena en las estructuras verticales de poder consistente en hacer creer al sometido que es libre.

Les obliga a conformarse bajo la resignación de los límites materiales reprimiendo una de las esencias de la naturaleza humana: el anhelo de libertad. Podemos debatir sobre prostitución durante siglos, no vamos a ponernos de acuerdo nunca.
El Estado no puede legislar sobre la subjetividad existencialista en la disputa acerca de la libertad. El Estado tiene que hacer política sobre la realidad social. La realidad social es que millones de mujeres en el mundo están en una situación de desigualdad debido a la pobreza estructural. La realidad es que millones de niñas son compradas con fines de explotación sexual. La realidad es que la única salida de las mujeres pobres es la normalización de la prostitución y ésta jamás debería ser un fin en sí mismo.

Solo por una cuestión de responsabilidad civil y democrática, este debate no sería debate, sino una solución política. La solución no es la prostitución, la prostitución es otro de los problemas de la situación de las mujeres.

Ahora bien, podemos hablar sobre otro tipo de formas de prostitución naturalizadas existentes de manera estructural e institucionalizada pero, teniendo en cuenta el uso taimado del término, sería bastante perverso y cínico no diferenciar ni erradicar la que tiene que ver con el mercado sexual.

Hoy le diría a Marx que la situación social de las mujeres es acorde a la situación del capital. Estamos siendo compradas sexualmente. En definitiva, lo llaman trabajo por no llamarlo expropiación.

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