sábado, 19 de agosto de 2017

Los 'loverboys' que prostituyen a menores en Holanda aprovechando un vacío legal

¿ES EFECTIVO LEGALIZAR LA PROSTITUCIÓN?
Los 'loverboys' que prostituyen a menores en Holanda aprovechando un vacío legal
"Nunca imaginé que acabaría siendo un objeto que pasaría de mano en mano, que me iban a prostituir en coches y a plena luz del día”, relata una víctima de los 'loverboys' holandeses


Foto: Dibujo realizado por Alexandra, víctima de la explotación sexual.

IMANE RACHIDI. LA HAYA
15.08.2017 –

Alexandra quería ser popular entre los chavales de su instituto, pero nunca se imaginó que ese deseo daría un vuelco a su vida. “Me acerqué a unos chicos porque eran muy temidos por los niños de clase, me sentía más poderosa teniéndolos de mi lado, pero nunca imaginé que acabaría siendo un objeto que pasaría de mano en mano, que me iban a prostituir en coches y a plena luz del día”, relata esta joven de Países Bajos, quien a sus 25 años ya ha pasado por manos de decenas de hombres, en contra de su voluntad. Ha estado ocho años controlada por los conocidos como los 'loverboys', chavales que utilizan el engaño y el chantaje para 'enamorar' a jóvenes menores de edad y acabar obligándolas a prostituirse en las calles de un país donde la prostitución no forzada es legal.

La historia del proxenetismo escolar tiene siempre los mismos protagonistas: jóvenes menores de edad, conocidos por todos, que se fijan en chicas adolescentes para manipularlas psicológicamente hasta obligarlas a actuar a su merced. Según datos oficiales, cada año decenas de niñas caen en manos de un grupo, o una persona, que las prostituye. La relación entre Alexandra y su “loverboy” empezó en el patio del colegio donde estudiaban. Le hicieron sentirse importante. “Tenía 15 años, era una chica normal, vivía en una familia feliz, rodeada de mis hermanos mayores. No había sufrido 'bullying', simplemente me acerqué a ellos para ser más popular”, relata a El Confidencial, mientras se enciende su enésimo cigarro y acaricia a su perro.

Quiere mostrarse fuerte. Asegura que ya ha superado todo lo ocurrido, pero el temblor de sus manos y el movimiento continuo de sus piernas la delata. Tan solo han pasado un par de años desde que ha empezado a recuperar la normalidad, mientras da charlas en los colegios sobre esta problemática que vive Holanda. A pesar de haber legalizado la prostitución, voluntaria y ejercida por mayores de 18 años, y de tener inmensos barrios rojos repartidos por diferentes ciudades del país, Holanda ha dejado cabos sueltos: los “loverboys”, los amantes que exigen a las niñas prostituirse para hacer caja a sus proxenetas, escapando a la vigilancia de las autoridades, padres y educadores.

“Eran chicos de mi misma edad. Algunos de mi clase. Quedamos un día y me presentaron a un hombre mayor que les pasaba droga. Me dijo que tenía que vender yo también, como el resto del grupo. Me aseguró que nunca me pillarían y que será divertido. Lo hice unas diez veces, hasta que me empecé a sentir mal y tener miedo a que mis padres lo descubrieran”, rememora esta joven. Su temor hizo que quisiera alejarse de todos esos chavales y de su nuevo mundo, pero ya no había vuelta atrás. “No se lo tomó nada bien. Me amenazó con ir a la Policía y decirles lo que había hecho. Me dijo que ahora tenía que darle dinero, de otra manera: prostituyéndome. Me violó y luego empezó a llevarme de coche en coche para acostarme con otros hombres”, relata, sin descomponerse y ayudándose de las caladas a su cigarro.

Los abusos a menores han crecido hasta convertirse en un fenómeno endémico mundial favorecido por el incremento del número de viajes de negocios en lugares hasta ahora remotos

Un negocio despiadado

Estuvo todo el curso con su destino atado al humor de su proxeneta. La recogía cada mañana y se la llevaba a Rijswik, una zona residencial a unos 20 minutos de La Haya, donde atendía a la clientela. “Me acostaba con hombres durante el día porque, claro, de noche mis padres no me dejaban salir. Él lo tenía todo calculado para que nunca me pillasen. Me sacaba de clase y el colegio nunca llamó a mis padres”, lamenta, sobre sus inicios en la prostitución forzada. La niña que nunca faltaba a clase y que siempre iba con un boletín de buenas notas a sus padres, cambió radicalmente de vida. Empezó a fumar y a descubrir las drogas de manos de un proxeneta. “Una amiga se chivó sobre ‘los chicos malos’, pero mi madre no quiso creerla, le dijo que yo era una buena chica y que era impensable que estuviese haciendo eso”, dice. Cuando su madre vio que su niña, adoptada, se maquillaba cada vez más, pensaron que su pequeña “era una adolescente y estaba cambiando por la edad”, confesó la progenitora, una década después.

Alexandra se acostaba con esos hombres vigilada por un señor que rondaba los cuarenta. “A mí no me daban dinero, los clientes se lo entregaban directamente a él, que lo manejaba todo. Me tenían controlada, amenazada y eso sí, me drogaban siempre”, advierte. Un día, de repente, nadie vino a recogerla a la puerta del colegio. Los muchachos entraron a clase como si nada estuviese pasando. Y ella hizo lo mismo. Su “dueño”, como se refiere a él a veces, había sido detenido por la policía, acusado de tráfico humano y de prostitución forzada. Ella no era su única víctima, según las noticias.



  

           Alejandra de espaldas a su dibujo, que denuncia el proxenetismo escolar en Holanda.

Ese día, Alexandra volvió a casa pero no le contó nada a nadie. Decidió mantenerlo en secreto mientras asimilaba que ya nadie iba a suministrarle drogas ni tenía que acostarse con hombres que le triplicaban la edad. Su proxeneta, aquel hombre que le pegaba una cachetada cada vez que se quejaba, el mismo que le regalaba prendas nuevas para mostrarse sexy, y que había irrumpido en su adolescencia para ponerle fin, estaba ya en manos de la Policía. Según un informe del Relator Nacional sobre la Trata de Personas y Violencia Sexual contra los Niños, ese año (2008) unas 165 menores, en su mayoría chicas, habían sido víctimas de tráfico humano en Holanda. Desde entonces, decenas de jóvenes, no solo menores, son víctimas de la explotación sexual.

La Policía holandesa explica en su web que un “loverboy” actúa de diferentes maneras. La más habitual es que un chico, más mayor que la niña, se acerca a ella de manera suave, poco a poco. Dice amarla, “le da el calor que no puede tener en casa “y mantienen contacto constante en personas, por teléfono, y las redes sociales “para embaucarla”. “Luego trata de hacer que dependa de él, por ejemplo, provocando discusiones entre ella y su mejor amiga o sus padres, para asegurarse de que solo le tenga a él para hablar. Le dirá que la Policía no es de fiar. Y le hará hacer cosas que ella realmente no quiere hacer, hasta acabar en el tráfico de drogas y en la prostitución… A veces bajo amenaza, otras aprovechándose de su confianza. “Le dará drogas, incluso por la fuerza”, añade la Policía en su página web. Un “loverboy” es un traficante, -añade-, un criminal “sin escrúpulos que quiere ganar mucho dinero a expensas de víctimas vulnerables”.

La pesadilla continúa: "Me vendieron por 200€"

Alexandra afirma durante la entrevista que se reconoce en la descripción policial. “Dejé de valorarme, me perdí el respeto durante esos años, no estudiaba, no sabía a quién recurrir. Cuando detuvieron a mi “loverboy”, me quedé con el trauma, y la psicóloga que contrataron mis padres no logró que yo hablase porque sentía vergüenza. Me hundí mucho más y no pude hablar ni denunciar lo que pasó”, rememora. Los traficantes son muy escurridizos y sus crímenes son difíciles de demostrar, como constatan las víctimas y las autoridades. “¿Cómo demuestras que fuiste violada? Las violaciones no tienen lugar en un supermercado, sino en casas, a las que las chicas acaban yendo de alguna manera voluntariamente, y ninguna tiene pruebas de nada. Las chicas se duchan después de acostarse con otros hombres y bajo las drogas puedes hacer barbaridades, entonces ¿cómo pruebo las violaciones?”, sentencia.

“Estuve mucho tiempo sin confiar en nadie y sintiéndome avergonzada de mi misma, hasta que a los 19 años conocí a un chico del que me enamoré. Era muy agradable, le conté lo que me pasó y siempre me repetía que no todas las relaciones giraban en torno al sexo, que él me quería de verdad, y me iba a proteger. Nos hicimos novios, venía a mi casa, y yo iba a la suya”, recuerda, con un rostro de arrepentimiento. “Todo era maravilloso hasta que, tres meses después, me presentó a un hombre de 60 años, narcotraficante. Acabé usando drogas, estábamos siempre en su casa, le cogí mucha confianza y hablábamos siempre de cosas personales. Creí que éramos amigos”, añade.

Ese sexagenario estaba preparando el camino para reconocer su verdad, y la de su amigo. “Un día estaba yo muy drogada y ese hombre me dijo que quería que yo me acostara con él, una sola vez, y que él me daría mucho dinero por ello”. Sorprendida por esta oferta, Alexandra miró entonces a su novio, en busca de socorro y protección. Su respuesta, asegura, fue: “Sí, hazlo, no tiene nada de malo”. Fue ahí cuando esta joven, entonces a punto de cumplir los 20 años, descubrió que su novio, el primer hombre en el que volvía a confiar después de ser víctima de la explotación sexual durante su adolescencia, era también un “loverboy”.

Esa noche, y bajo efecto de las drogas, acabó acostándose con un señor que le triplicaba la edad y por el que sentía repulsión. Lo hizo por órdenes de su nuevo amor. Desde ese día se acabó convirtiendo en su “dueño”. “Me obligó a estar en su casa. Me drogaba, luego me subía a la planta de arriba de la casa y mandaba hombres, uno tras otro, para que se acostaran conmigo. En el piso de abajo, le pagaban a él. Estuvo mucho tiempo así hasta que se hartó de mí”, lamenta. Este proxeneta “se la vendió” a su primo por “200 euros”. Era una persona “muy abusiva”, reconoce dos años después de haberse alejado de él.

El síndrome de Estocolmo

El que sería su tercer propietario era “un pez gordo” en el tráfico de personas en Holanda. Tenía muchas más chicas en su poder, las prostituía en la calle o en un prostíbulo. Algunas eran menores de edad, con documentación falsa. Las otras estaban en su veintena, pero en sus manos años antes. “Cuando me entregó a él, me deprimí. Sentí que él no me quería. Yo era leal a él y hacía todo lo que me pedía. Me sentía despreciada y estaba convencida de que yo había hecho algo mal. Yo era una víctima pero pensaba que la víctima era él”, habla Alexandra, sobre lo que se define como síndrome de Estocolmo. “Era muy violento. Me pegaba con un cinturón. Me enseñó a no sentir dolor. Me maltrataba y golpeaba hasta que un día dejé de sufrir y sentir dolor. Ahí fue cuando paró. Era un enfermo. Pero aun así, cuando me entregó a su primo me sentí triste y eso no era normal”, afirma.

El prostíbulo donde acabó ejerciendo Alexandra fue determinante para ella. “Lo que sufrí antes era un paraíso con lo que tuve que vivir a manos de su primo. Los clientes eran gente abusiva. Uno quería que yo fuese como un perro. Me puso un collar y me ató al radiador. Me pasé toda la noche ahí. Y al día siguiente me volvió a violar. Otros hacían conmigo lo que querían. Uno me violó y después me puso una pistola en la cabeza para matarme. Apretó el gatillo pero no salía ninguna bala. Yo me hice pis encima del miedo que pasé. Acabé destruida”, cuenta. “Si la prostitución forzada existe es gracias a los clientes, pero los clientes no quieren ver la realidad, y hasta les gusta estar violando niñas”, lamenta. Tras varias semanas, y aprovechando un momento de despiste del guardia, escapó de ese lugar. A pesar de todo su sufrimiento, se lo pensó dos veces antes de huir porque, dice, “ellos eran lo único” que le quedaba en la vida.

Esa es precisamente la táctica que siguen los “loverboys” para tener controladas a sus víctimas, advierte la Policía holandesa. Las convierten en emocional y financieramente dependientes, y les dejan la puerta abierta para irse, convirtiendo su vida en un ciclo de abusos sexuales y psicológicos, e incluso llegando a hacer que ellas trabajen como prostitutas legales detrás de los escaparates de un barrio rojo para entregarles el dinero a sus proxenetas. Por ello, cada vez hay más instituciones y grupos de padres con hijos víctimas de “loverboys”, intentan actuar contra esta lacra que el Gobierno no consigue erradicar.

El Barrio Rojo de Amsterdam cuenta con un museo de la prostitución (Efe)

Fundación StopLoverboys: "Salvar a las niñas"

Anita de Wit, madre de una chica de 25 años, abre las puertas de su casa a El Confidencial para mostrar el lugar en el que ha acogido a decenas de jóvenes que han caído en una red de prostitución forzada. El que fuera su hogar, en Alphen ad Rijn, población situado entre La Haya y Utrecht, se ha convertido en lo que ella misma llama “centro de acogida”. Su hija fue capturada por un “loverboy” hace 10 años y cuando empezó a buscar ayuda a las autoridades y las instituciones, se encontró con un muro de ignorancia sobre un problema real de Holanda. Su pequeña tenía entonces 14 años y a día de hoy aún es víctima de una red de tráfico humano: está en manos de su cuarto “loverboy”.

Una madre desesperada por salvar a su hija y una ley que considera que las mayores de 18 años son lo suficientemente adultas como para saber lo que están haciendo, a pesar de haber sido capturadas cuando eran menores de edad. “A ojos de la Policía, ella es mayor y tiene que tomar sus propias decisiones, pero es adicta a las drogas, y no es dueña de su propia vida desde hace una década”, afirma. Anita no está en contacto con su hija y la información le llega con cuentagotas, pero siempre intenta estar al tanto de los pasos de ella para saber cómo y dónde está.

Los médicos intentaron ayudar a Anita recetándole antidepresivos, pero ella prefirió “tirarlos a la basura y comenzar a luchar por salvar a las niñas” víctimas de estos grupos mafiosos. Su fundación se llama "stoploverboys" y para gestionarla recibe la ayuda de su otro hijo, un chaval que se patea ahora las calles intentando aliviar el sufrimiento de muchas chicas que se prostituyen en las calles. “Como sabe que no las puede sacar de ahí, ni salvar, intenta tomarse un café con ellas o invitarlas a algo, para hablar y que sepan que hay personas más allá de la mafia, dispuestas a ayudarlas”, añade.

El movimiento juvenil del Partido Social holandés (ROOD) es uno de los grupos que han llevado a cabo campañas en Holanda para ayudar las víctimas de violencia sexual y prostitución. Durante los últimos años han denunciado que la Policía no se toma en serio la problemática de los “loverboys”, y la protección y asistencia a las víctimas deben mejorar. El ROOD elaboró un informe para respaldar su denuncia en el que incluyó entrevistas con 21 niñas que tenían entre 12 y 24 años de edad cuando fueron obligadas a prostituirse por sus “novios”, engañadas con promesas de amor.

“Las víctimas tienen a menudo una idea negativa sobre la Policía”, reconoció Sigrid van de Poel, directora de Protección juvenil de Seguridad. Por ello, en Ámsterdam, la Policía acordó el pasado mayo trabajar codo con codo con las instituciones sanitarias y juveniles para apoyar psicológica y legalmente a las víctimas de los “loverboys”, y para hacer que las comisarías sean un lugar de confianza para las mujeres jóvenes que quieran deshacerse de sus proxenetas. A día de hoy, solo en la capital holandesa, hay 40 niñas en tratamiento psicológico tras haber sido víctimas de trata de personas.

Prostitución legal: ¿efectiva?

El pasado 1 de agosto, un holandés de 28 años, residente de Utrecht, fue condenado a tres años de prisión por un intento de trata de seres humanos y de forzar a una niña menor de edad a la prostitución. Tenía antecedentes penales por una causa similar. Según el juez, era una persona “sofisticada” en lo que hacía. Inició una relación sentimental con una joven, le hizo fotos y vídeos mientras se estaba duchando y amenazó con publicarlas en las redes sociales si no se prostituía para él. Ella no se sometió a sus órdenes y él publicó las imágenes. “El condenado tiene una completa falta de comprensión de lo reprobables que son sus actos. Fue condenado en 2016 por hechos similares y cometió el mismo delito de nuevo”, afirmó el juez.

En mayo de 2009, la escritora holandesa y víctima de un “loverboy”, Maria Mosterd, reclamó 74.000 euros en compensación a la escuela Thorbecke, su antigua escuela secundaria en Zwolle, en el noroeste de los Países Bajos. El colegio no proporcionó un ambiente seguro de aprendizaje e ignoró sus frecuentes ausencias, recalcó la víctima. Mosterd escribió un libro titulado “Los hombres reales no comen queso”, en el que cuenta su historia: a los 12 años fue capturada por un hombre más mayor que ella y estuvo durante cuatro años cautiva, luchando para escapar de sus manos.

El problema es tanto sacar a las víctimas de estas redes, como reintegrarlas en la sociedad. Holanda no está preparada para hacerse cargo de las víctimas de los “loverboys”, denuncia tanto Anita como Alexandra. “Cuando he conseguido salir, tenía dos opciones: la prisión o el manicomio. Al final me vi encerrada en un psiquiátrico, rodeada de psicópatas y asesinos. Fue muy duro. Me daban muchas crisis, ataques de locura, estaba todo el día con tranquilizantes. Me quitaban la ropa, me ataban y me dejaban sola en aislamiento. Cada noche. Me trataban como una loca. Para ser justos, lo estaba, no estaba muy normal”, concluye, esta vez, mostrando todo su enfado por no haber roto antes con sus verdugos.

Alexandra lleva dos años teniendo pesadillas cada noche y las cicatrices que marcan todo su cuerpo son reflejo de todo lo que le pasó. Algunas se las hizo ella misma, otras las palizas de clientes y proxenetas. Señalándolas, mira hacia el futuro con optimismo y dice que su sueño es levantar cabeza, rehacer su vida y especializarse en la ayuda a las víctimas de la prostitución forzada. “Nadie los entenderá mejor. Yo he sentido mucha vergüenza y miedo. La gente me miraba como si yo fuera un monstruo, pero fueron ellos, mis loverboys, los que me convirtieron en un monstruo”, afirma, decidida a recuperar siete años de su vida robados por una mafia que cuestiona la efectividad de la legalización de la prostitución.



Fuente
https://www.elconfidencial.com/mundo/2017-08-15/explotacion-sexual-loverboys-holanda_1428973/

Nota: imágenes, negrita y letra en color son copia del original.


sábado, 12 de agosto de 2017

La pornografía le sucede a las mujeres



La pornografía le sucede a las mujeres
Andrea Dworkin

‘Estoy hablándoles de prostitución per se, sin mas violencia, sin extra-violencia, sin una mujer siendo golpeada, sin una mujer siendo abusada. La prostitución es en si un abuso del cuerpo de la mujer.’
(Andrea Dworkin pronunció este discurso en la conferencia titulada ‘Discurso, igualdad y daño: Perspectivas legales feministas sobre la Pornografia y la propaganda de odio’ en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, el 6 de marzo de 1993)


Durante veinte años, personas que conocen y personas que no conocen dentro del movimiento de mujeres, con su gran amplitud y fuerza, han estado intentando comunicar algo muy simple: la pornografía sucede. Ocurre. Abogados, llámenlo como quieran – llamenlo discurso, llámenlo acto, llámenlo conducta. Catherine Mackinnon y yo lo llamamos una práctica cuando lo describimos en la Ordenanza antipornografía de derechos civiles que redactamos para la Ciudad de Minneapolis en 1983. Pero el punto es que sucede. Le pasa a las mujeres, en la vida real. Las vidas de las mujeres se hacen bidimensionales y muertas. Estamos aplastadas en la página o en la pantalla. Nuestros labios vaginales están pintados de color púrpura para que el consumidor pueda darse cuenta de dónde enfocar su atención. Nuestros rectos se destacan para que sepa dónde empujar.

Estoy describiendo un proceso de deshumanización, un medio concreto de cambiar a ‘alguien en ‘algo’. No estamos hablando de violencia todavía, no estamos ni cerca de la violencia.

La deshumanización es real. Sucede en la vida real, sucede para estigmatizar personas. Esto nos sucede a nosotras, a las mujeres. Decimos que las mujeres estamos cosificadas. Esperamos que la gente piense que somos muy inteligentes cuando usamos una palabra larga. Pero ser convertido en un objeto es un evento real. Y la cosificación en la pornografía es un tipo particular de cosificación; un objetivo. Te convierten en un objetivo. Y el rojo y el púrpura marcan el lugar en que se supone que él debe hacertelo.

Este objeto lo quiere. Ella es el único objeto que dice ‘lastimame’. Un coche no dice ‘destruyeme’. Pero ella, esta cosa no humana, dice ‘lastimame – y cuanto más me lastimes, más me gustará’.
Cuando la miramos, esa cosa pintada de púrpura, cuando miramos su vagina, cuando miramos su recto, cuando miramos su boca, cuando miramos su garganta, los que la conocemos y los que han estado ahí apenas podemos recordar que es un ser humano.

En la pornografía vemos literalmente a la mujer como el varón quiere que lo experimentemos. Se expresa en escenarios concretos, en la manera en que las mujeres se posicionan y son usadas. Vemos, por ejemplo, que el objeto quiere ser penetrado; esta es la razón de la auto penetración en el porno. Una mujer toma algo y se lo incerta a sí misma. Esta pornografía donde mujeres embarazadas por algún motivo toman mangueras y se las incertan a ellas mismas. Esto no es un ser humano. No se puede mirar esas fotos y decir ‘hay un ser humano, ella tiene derechos, tiene libertad, tiene dignidad, es alguien’. No se puede. Eso es lo que la pornografía hace a las mujeres.

Hablamos del fetichismo en el sexo. Los psicólogos siempre han hecho que signifique, por ejemplo, que un hombre eyacule a un o sobre un zapato. El zapato se puede plantear como si fuera una mesa lejos del varón. Está excitado, se frota contra el zapato, se masturba. Él tiene sexo con el zapato. En la pornografia, eso le sucede al cuerpo de la mujer; se convierte en un fetiche sexual y el amante, el consumidor, eyacula sobre ella. Es una convención en la pornografía que el esperma este ‘en ella’, no ‘sobre ella’. Marca el lugar, como lo posee y donde.  Eyacular sobre ella es una manera de decir que esta contaminada con su suciedad. Ella está sucia. Este es el discurso del pornografo, no el mío. El Marqués de Sade siempre se refiere a la eyaculación como contaminación.

Los pornografos usan cada atributo que tenga una mujer. Lo sexualizan. Encuentran una manera de deshumanizarlo. Esto se hace de maneras concretas, por ejemplo, en la pornografia, la piel de la mujer negra es tomada como un organo sexual. Una hembra, despreciada por supuesto, necesita ser castigada. Su piel misma es el fetiche, el objeto encantado. La piel es donde la violacion se actua – a través del insulto verbal, a través de palabras sucias dirigidas a su piel – y el asalto sexual (golpear, azotar, escupir, cortar, atar, quemar, morder, masturbar y eyacular).

En la pornografía, esta fetichizacion del cuerpo femenino es sexualización para la deshumanización. Es siempre concreta y específica. Nunca es abstracta y conceptual. Esto es por que los debates sobre la pornografía tienen una calidad bizarra. Los que sabemos que la pornografía lastima a las mujeres, hablamos de los insultos y los abusos que realmente les suceden a las mujeres en la vida real – las mujeres en la pornografía y las mujeres que la utilizan. Los que defienden la pornografía, sobre todo por motivos de libertad de expresión, insisten en que es una especie de idea, pensamiento, fantasía, dentro del cerebro, la mente del consumidor.


De hecho, hemos dicho todo el tiempo que la pornografía se trata realmente de ideas. Bueno, el recto no tiene una idea, la vagina no tiene una idea y la boca de las mujeres en pornografia no expresan una idea. Cuando una mujer que tiene un pene empujando hasta el fondo de su garganta, como en la película ‘Garganta profunda’, esa garganta no es parte de un ser humano que está envuelto en ideas. Estoy hablando ahora de pornografía sin violencia visible. Estoy hablando sobre la crueldad de la deshumanización de alguien que tiene derecho a más.

En la pornografía, todo significa algo. Les hable de la piel de las mujeres negras. La piel de las mujeres blancas tiene un significado en la pornografía. Es una sociedad de Supremacia Blanca, la piel de una mujer blanca significa privilegio. Ser blanca es lo mejor posible. Entonces, ¿qué significa que el porno este lleno de mujeres blancas? significa que cuando uno toma a una mujer que está en la cina de la jerarquía en términos raciales y le pregunta ‘¿qué deseas?’ ella, que se supone tiene algo de libertad y de opciones, dice ‘quiero ser usada’. Ella dice ‘usame, lastimame, explotame, eso es lo que quiero’. La sociedad nos dice que ella es el estándar, el estándar de belleza, el estándar de ‘mujeridad’ y femeneidad’. Pero de hecho, ella es el estándar de la complacencia. Es el estándar de la sumisión. Es el estándar para la opresión. Es un emblema, lo encarna, ella modela la opresión. Hay que decir que ella hace lo que necesita para mantenerse viva, la configuración de su conformidad es predeterminda por varones que gustan de eyacular en su piel blanca. Ella está a la venta. Entonces, ¿de que vale su piel blanca? hace que su precio solo sea un poco mas alto.

Cuando hablamos sobre pornografía que cosifica mujeres, estamos hablando de la sexualizacion como un insulto, de humillación. Insisto en que estamos hablando de la sexualización de la crueldad. Y esto es lo que quiero decirles, no es necesario una violencia manifiesta para que haya crueldad.

Cosas son hechas a mujeres todos los días que podrían ser consideradas violentas si fueran hechas en otro contexto, no sexualizado, hacía un varón. Las mujeres son empujadas, sentadas, calladas por nombres insultantes, son bloquedas del paso en la calle o en la oficina. Las mujeres simplemente se mueven. Violación sadica, violación en grupo, asesinato en serie de no-prostitutas. Los golpes, los empujones, los bloqueos. Estas mismas invaciones serían comprendidas como ataques hechas a los hombres. Hechas a mujeres, la gente piensa que está mal, pero está bien. Está mal, pero está todo bien. Está mal, pero así son las cosas. No hagas un caso federal de esto. Se me ocurre que debemos tratar con el corazon del doble estandar, con la percepción de lo que el odio es y lo que no es.

Los varones usan el sexo para lastimarnos. Se puede argumentar que ellos tienen que hacernos daño, disminuirnos, para poder tener relaciones sexuales con nosotras, romper las barreras de nuestros cuerpos, agredirnos, invadirnos, empujarnos un poco, expresar verbalmente o físicamente hostilidad. Se puede argumentar que para que los varones tengan placer sexual con las mujeres, tenemos que ser inferiores y deshumanizadas, lo que significa, controladas, lo que significa, menos autónomas, menos libres, menos reales.

Estoy impactada en cómo el discurso de odio, de odio racista, se vuelve mas explícito en cuanto se convierte en mas agresivo – su significado se hace más sexualizado, como si el sexo fuera usado para la hostilidad. En la historia del antisemitismo, cuando llega la asunción de Hitler al poder de la República de Weimar, se observa un discurso de odio antisemita indistinguible de la pornografía, y no sólo se publica y se distribuye, se muestra abiertamente. ¿Qué hace el orgasmo? Lo que el orgasmo dice es ‘soy real y la criatura inferior, esa cosa, no lo es. Y si la aniquilación de esa cosa me trae placer, así es como debe ser la vida’. La jerarquía racista se carga sexualmente. Hay una sensación de inevitabilidad biológica que proviene de una respuesta sexual derivada del desprecio. Hay urgencia biológica, excitación, ira, irritación, una tensión que se satisface humillando y menospreciando al inferior en actos y en palabras.

Me pregunto, con una tendenciosa ignorancia, cómo es que la gente le cree a los bizarros y falsamente transparentes filósofos de la superioridad biológica. Una respuesta es que cuando la ideología racista se sexualiza, se convierten en escenarios concretos de dominación y sumisión que dan a la gente placer sexual, los sentimientos sexuales en sí mismos hacen que parezcan biológicamente inevitables. Los sentimientos parecen reales. Ningún argumento cambia los sentimientos. Y las ideologías parecen estar basadas en la naturaleza. La gente defiende los sentimientos sexuales defendiendo las ideologías. Dicen ‘mis sentimientos son naturales, entonces, si tengo un orgasmo lastimandote o me siento excitado de solo pensarlo, eres mi compañera en esos sentimientos naturales – tu rol natural es es lo que sea que intensifique mi excitación. No eres nada, pero eres mi nada, usarte es mi derecho porque ser alguien significa que tengo el poder – el poder social, económico, la soberanía imperial – para hacerte lo que quiera.

Este fenómeno de sentirse superior a través de un racismo sexualmente reificado es siempre sádico: su propósito es siempre herir. El sadismo es una dinámica en cada expresión de discurso de odio, para intimidar, para humillar; ahí hay una dimensión subyacente de rebajar a alguien, subordinarlo, minimizarlo. Cuando ese discurso de odio se sexualiza totalmente – por ejemplo, en la realidad sistemática de la pornografia – una clase entera de personas existe para proveer de placer sexual y un sinónimo de sentido de superioridad a otro grupo, en este caso, varones. No toleramos que eso sea llamado libertad.

El problema para las mujeres es que ser lastimadas es ordinario. Sucede cada día, todo el tiempo, en algún lado a alguien, en cada vecindario, en cada calle, en intimidad, en la multitud: las mujeres son lastimadas. Nos consideramos afortunadas cuando alguien solamente nos insulta y nos humilla. Quienes han sido golpeadas en el matrimonio (un eufemismo de tortura) también tienen una idea de la suerte que es. Somos siempre felices cuando algo menos malo de lo que pensábamos posible sucede y nos decimos que si nos nos conformamos con lo menos malo, hay algo mal en nosotras. Es hora de parar eso.

Cuando una piensa en las vidas ordinarias de las mujeres y de los niños, especialmente de las niñas, es muy difícil no pensar en que estamos buscando una atrocidad, si tenemos los ojos abiertos. Tenemos que aceptar que estamos buscando una vida ordinaria: las heridas no son excepciones, más bien, son sistemáticas y reales. Nuestra cultura lo acepta, defiende, nos castiga por resistirnos a eso. El lastimar, el rebajar, la crueldad sexualizada, es a propósito, no son accidentes o errores.

La pornografia juega un gran papel en normalizar las maneras en las que somos degradadas y atacadas, en como humillarnos e insultarnos parece natural e inevitable.

Quisiera que piensen especialmente sobre estas cosas. Numero uno: los pornografos usan nuestros cuerpos como su lenguaje. Todo lo que dicen, lo dicen usandonos. Ellos no tienen derecho a eso. No deberían tener derecho a eso. Número dos: proteger constitucionalmente como si fuera libertad de expresion significa que hay una nueva forma en la que somos propiedad legal. Si la Constitución protege la pornografia como discurso, nuestros cuerpos les corresponden a los proxenetas que necesitan usarnos para decir algo. Ellos, los humanos, tienen el derecho humano de libertad de discurso y la proteccion constitucional, nosotras, la propiedad, propiedad mueble, somos sus cifras, sus símbolos sistemáticos, las piezas que organizan en orden para comunicar. Somos reconocidas solo como el discurso de un proxeneta. La Constitución está del lado que siempre estuvo: del propietario de bienes, incluso cuando su propiedad es una persona definida como persona a causa de la confabulación entre la ley y el dinero, la ley y el poder.  La Constitución no es nuestra a menos que trabaje para nosotras, especialmente proveyendo de refugio a los explotadores. Número tres: la pornografia usa a las que quedaron fuera de la Constitución. La pornografia usa a mujeres blancas, que eran como muebles. La pornografia usa mujeres afroamericanas, que eran esclavas. La pornografia usa hombres estigmatizados, por ejemplo, hombres afroamericanos, que eran esclavos, a menudo son sexualizados por los pornografos contemporáneos como si fueran violadores-animales. La pornografia no está conformada por hombres blancos. No lo está. Ellos están haciendo esto con nosotras o protegiendo a quienes nos hacen esto. Se benefician de ello. Y hay que detenerlos.


Piensen en como el matrimonio controlo a las mujeres, como las mujeres eran propiedades bajo la ley, esto no empezó a cambiar hasta principios del siglo XX. Piensen en el control que la Iglesia tuvo sobre las mujeres. Piensen en que la resistencia se movilizó, y trayendoles problemas a todos esos hombres que pensaban que daban por sentado que esto les pertenecia. Piensen en la pornografía como una nueva institución de control social, un uso democratico del terrorismo contra las mujeres, una manera de decir públicamente que cada mujer que camina por la calle ‘baja la mirada, mira hacia abajo, perra, porque cuando mires hacia arriba vas a ver una imagen de ti misma colgada, vas a ver tus piernas abiertas. Eso es lo que vas a ver’.

La pornografía nos dice que el deber de la mujer es ser usada. Y solo quiero decirles que la Ordenanza anti-pornografia que Catherine MacKinnon y yo hemos desarrollado en Minneapolis dice que el deber de las mujeres no es ser usadas. La Ordenanza repudia las premisas de la pornografía y su uso eventual demostrará que las mujeres desean la igualdad.

Noten que la Ordenanza fue desarrollada en Minneapolis, y su ciudad gemela, St. Paul, aprobó una Ordenanza muy fuerte contra los crimenes de odio. Los tribunales anularon ambos. Quiero que entiendan que hay algunos pornografos y algunos racistas serios y también hay ciudadanos serios que quieren en ambas ciudades que se detenga la pornografía y el racismo. La Ordenanza que Catherinne y yo redactamos surge de esa cultura política, una cultura de base y participativa que no tolera ningún tipo de crueldad hacia las personas.

En otoño de 1983, un grupo de vecinos activistas nos pidio a Catherinne y a mi testificar en una reunión del comité local. El grupo representaba un área de Minneapolis que era principalemente afroamericana, con una pequeña poblacion de blancos pobres. El ayundamiento mantuvo la parcela en zonas de la pornografia.

En su vecindario, durante siete años habian estado luchando contra una serie de leyes contra la zonificacion (division por zonas) que permitian a la pornografia destruir la calidad de vida. La ciudad podria borrar a su poblacion porque en su mayoria no eran blancos y eran mayormente pobres. La pornografia era puesta a proposito en esos lugares y mantenida fuera de los barios ricos y blancos.

Estos activistas vinieron a nosotras y nos dijeron: conocemos de ese tema del odio hacia las mujeres. Esto es prácticamente una cita literal: sabemos que el tema aquí es el odio hacia las mujeres y queremos hacer algo al respecto, ¿qué podemos hacer?

Ellas sabían qué hacer.  MacKinnon y yo organizadas, por supuesto. Organizaron a la ciudad de Minneapolis. Toda la ciudad estaba organizada a nivel popular para oponerse al odio contra la mujer, odiando a la pornografía. Ese fue nuestro mandato cuando redactamos la ley de derechos civiles anti-pornografia. Y las circunscripciones de la gente pobre, la gente de color, fueron organizadas en nombre de las mujeres de esas ciudades. Una ciudad en los Estados Unidos fue organizada por una ola feminista cada vez mayor, trajeron mujeres de clase obrera, prostitutas y ex prostitutas, académicas, lesbianas, estudiantes, y entre otras cosas, un pequeño ejército de víctimas de abuso sexua, para exigir la aprobación de una enmienda a la ley municipal de los derechos civiles que reconoce a la pornografía como una discriminación sexual, como una violación de los derechos de las mujeres. Esta enmienda, que luego redactamos como un estatuto autónomo, se llama comúnmente ‘la Ordenanza’.

La Ordenanza obtuvo el apoyo masivo, comprometido y entusiasmado. Lo hizo porque era justa, era honesta y estaba del lado de aquellas privadas de derechos y oprimidas. La gente se moviliza – no de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba – para apoyar la Ordenanza porque está directamente conectada con el odio hacia las mujeres, la hostilidad, la agresión, aquellos que explotan y apuntan a las mujeres. Esto se hace cambiando las percepciones de la voluntad de las mujeres. Esto destruye la autoridad de los pornografos sobre el tema poniéndoles una ley, dignidad, poder real, ciudadanía, en las manos de las mujeres que ellos lastiman. No importa cuando es despreciada ella por los pornografos y sus clientes, ella es respetada en esta ley. Usando la Ordenanza, las mujeres pueden decirle a los proxenetas y a los prostituyentes ‘no somos tu colonia, no nos poseen como si fuéramos su territorio. No lo quiero, no me gusta, me duele, el dolor duele, la coerción no es sexy, me resisto a este discurso que es de otra persona, rechazo la subordinación. Yo hablo por mi misma ahora, voy a ir a hablar a la corte, contra ustedes y ustedes nos escucharan’.

Queremos una ley que repudie lo que le pasa a las mujeres cuando la pornografía le sucede a las mujeres. En general, el sistema legal misógino limita a los pornografos: abstractamente le podemos llamar sesgo de genero, pero el sistema legal incorpora un odio casi visceral a los cuerpos de las mujeres, como si existieramos para provocar abusos, y como ellos, mienten. Tengo un personaje en ‘Mercy’, llamado ‘Andrea’, que dice que uno debe estar limpio antes de ir ante la ley. Ahora ninguna mujer está limpia o lo suficiente. Eso es lo que descubrimos cada vez que intentamos procesar una violacion: no estamos limpias. Pero ciertamente las mujeres que están en la pornografia no están limpias, y las mujeres que se venden en las esquinas no están limpias, las mujeres que estpan siendo maltratadas en sus casas y siendo pornografiadas no están limpias. Cuando una mujer usa esta Ordenanza, no necesitara estar ‘limpia’ para decir con dignidad y autoridad, ‘soy alguien y por lo tanto, me resisto’.




Cuando el Ayuntamiento de Minneapolis aprobó esta ordenanza dijeron ‘las mujeres son alguien, las mujeres importan, las mujeres quieren luchar, les daremos lo que quieran’. El Ayuntamiento de Minneapolis tenía una idea de la voluntad de las mujeres que contradecía lo que decían los pornografos: la obtuvieron por las mujeres que fueron a testificar para la Ordenanza. La claridad y la autoridad de la Ordenanza se derivan de las experiencias de carne y hueso de aquellas mujeres que quieran usarla: mujeres cuyas vidas han sido violadas en la pornografía. La Ordenanza expresa su deseo de resistir, y su enorme fuerza, traducida en un derecho legal, en su capacidad de soportar, para sobrevivir.

Las mujeres usando la Ordenanza estarán diciendo ‘soy alguien que ha soportado, he sobrevivo, Importa, lo sé demasiado y sé lo que importa. Y voy a hacer que importa aquí en la Corte. Proxeneta, usaré lo que sé contra usted. Señor consumidor, sé mucho sobre usted, y lo usaré aunque seas mi padre, aunque seas mi profesor, aunque seas mi abogado, mi doctor, mi cura. Usaré lo que sé’.

No estuve sorprendida con Catherine y conmigo misma cuando, después de la Ordenanza, los periódicos decían ‘¡Es un logro de la Derecha fundamentalista!’. Nos estaban diciendo ‘no son nadie, no pueden existir, no puede ser idea suya’. No nos sorprendió cuando la gente lo creyó. No nos gusto, pero tampoco nos sorprendió.

El Tribunal dijo que las mujeres victimizadas que querían usar la Ordenanza no eran nadie. El proxeneta si es alguien, él importa, vamos a protegerlo. No fue una sorpresa. Y cuando la Corte dijo que el consumidor si era alguien, y ustedes, mujeres, no son nadie, no importa cuando las hayan lastimado, él es alguien y estamos aqui por él. No fue una sorpresa. Y no fue una sorpresa cuando el Tribunal dijo que cuando las mujeres afirman su derecho a la igualdad sólo están expresando un punto de vista, una opinion, que deberiamos debatir esas ideas, no legislarlas. Cuando afirman que han sido lesionadas – esa violación, esa paliza, ese secuestro – tienes solo un punto de vista al respecto, pero en si mismo la lesión no significa nada. No fue una sorpresa que la Corte diga que habia una relación entre la pornografía y las lesiones de las mujeres, pero que esa relacion no importa, porque el tribunal tiene otro punto de vista, que pasa a ser el mismo de los pornografos: las mujeres no valen nada excepto lo que pagamos por ellas, en ese famoso libre mercado donde tomamos su realidad corporal para hacerla una idea.

Nada de esto fue una sorpresa. Cada cosita fue un atropello.

Escribimos la Ordenanza para mujeres que han sido violadas y golpeadas y prostituidas por la pornografía. Ellas quieren usarla para decir que son alguien, que van a ganar. Somos parte de ellas, vivimos la vida como mujeres, no somos exentas ni ajenas a esto. Escribimos la Ordenanza a favor de nuestras vidas también.

Quiero pedirles que se aseguren que las mujeres tendrán derecho y la oportunidad de acudir a un tribunal y decir esto: esto es lo que me hicieron los pornografos y proxenetas, esto es lo que me quitaron y lo estoy tomando de nuevo. Soy alguien, resisto, estoy en esta Corte porque resisto, rechazo su poder, su arrogancia, su maldad a sangre fría, y voy a ganarles.

Tienen que hacer esto posible. Han pasado diez años. Cuenten el número de mujeres que han sido heridas en estos diez años. Cuántas de nosotras hemos tenido la suerte de haber sido solamente insultadas y humilladas. Cuenten. No podemos esperar otros diez años. Las necesitamos, las necesitamos ahora, por favor, organícense.

Fuente:
https://nottthefunkind.wordpress.com/2017/08/09/la-pornografia-le-sucede-a-las-mujeres/





El trauma como requisito previo y como consecuencia de la prostitución




El trauma como requisito previo y como consecuencia de la prostitución
8/1/2017

Por la Dra. Ingeborg Kraus, en Montreal, Canadá, el 05/10/2016.

Texto original en Trauma and Prostitution: “Le traumatisme comme pré-condition et conséquence de la prostitution”
Traducción: Olga Baselga




Gracias por invitarme aquí en Montreal, especialmente en los espacios V.I.E. (1) y C.L.E.S. (2).

 Judith Hermann (3) dijo: "Si un trauma no recibe reconocimiento, se manifestará bajo la forma de síntomas".

"Responder al trauma de la explotación sexual". El título de nuestro encuentro es de por sí un paso importante para la curación de las víctimas, porque le ponemos nombre al delito: ‘la explotación sexual’; percibimos su gravedad: ‘trauma’; y entablamos diálogo con la víctima, no lo dejamos en un mero "responda usted".

Así pues, esta conferencia que han organizado ustedes es un reconocimiento, una respuesta importante a los traumas de las víctimas.

Estuve en el Congreso Mundial de Salud Mental de las Mujeres (4), que se celebró este año en Dublín. El mensaje estaba claro: el desarrollo sano y duradero de una sociedad depende de la salud mental de las mujeres. Y la salud mental de las mujeres está directamente ligada al respeto que una sociedad tenga hacia los derechos de las mujeres: la igualdad de género, la protección de las mujeres contra todo tipo de violencia, los derechos reproductivos de las mujeres, el acceso a la atención sanitaria...

Algunas imágenes del año pasado nos impactaron. Primero, la imagen de Donald Trump, rodeado por una docena de hombres, firmando un decreto en contra del aborto. Después, la ley firmada por Putin, autorizando la violencia doméstica. Y el alza del islamismo radical oprimiendo al máximo a las mujeres en muchos países árabes es aterradora.

El mensaje de la conferencia estaba muy claro: la salud mental de las mujeres debería ser una prioridad en las agendas políticas del mundo entero. Todavía estamos muy lejos, es más, ¡estamos ante un deterioro a escala mundial de los derechos de las mujeres! Se hizo un llamamiento en ese congreso: mujeres psiquiatras y psicoterapeutas del mundo entero, ¡métanse en política!



La pregunta es legítima: ¿por qué me han invitado? ¿Yo, que vengo de un país que ha convertido la prostitución en una profesión como cualquier otra, un país que no reconoce los traumas inherentes a la prostitución?

Curar un trauma significa ponerle nombre a lo que se ha ocultado, destapar las mentiras. Y eso es lo que he hecho: he puesto palabras donde había silencio. Así que no estoy aquí por casualidad, sino porque he hecho todo lo posible para romper el silencio, que – según creo – es sintomático de una sociedad que ha interiorizado al agresor. Empecé con un llamamiento en mi ciudad natal (5), luego escribí un manifiesto y movilicé a expertos alemanes en traumatología para  adoptar una postura (6), y finalmente puse en marcha una petición mundial (7) en varias lenguas, dirigida a la Canciller Angela Merkel (8), pidiendo la abolición de la prostitución.

Este mensaje también es importante para ustedes: no se callen, levanten la voz, porque si nos callamos unas y otros, pasamos a formar parte del sistema criminal y deshonramos a las víctimas.

La cuestión de la abolición de la prostitución siempre vuelve a ponerse en tela de juicio, incluso por parte de aquéllas y aquéllos que se autodenominan feministas. Pero si es que no resulta en absoluto difícil de entender: bastaría con preguntar a cualquier político si le gustaría que su esposa o hija fuese prostituta. La respuesta será claramente ¡NO! ¿Qué significa esto? Pues que habría mujeres que ‘valdrían’ para ello y otras que no.

Las violencias que aceptamos hacia algunas mujeres son, de hecho, una buena proyección de las disfunciones de nuestra sociedad. Las mujeres de los burdeles alemanes son tratadas como máquinas destinadas a producir más y más. Se ha convertido en una industria y ya no es una relación viva. También es reflejo de una sociedad cercenándose. Será humana con cierto número de personas afines, y menos humana, incluso cruel, con las demás. Y ¿qué dice eso de nosotros, cuando ha dejado de afectarnos el sufrimiento ajeno? Muchas personas me acusan de moralizar. La compasión no es moral o justicia, sino una obligación.

Aceptar este mal es a claudicar ante la violencia contra las mujeres. Es aceptar vivir en una sociedad injusta. Es reflejo de una humanidad que está perdiendo su alma. ¿Por qué y cómo es esto posible, sobre todo para una sociedad democrática, basada en los derechos humanos?

Cuando hablamos de traumas, también hay que reflexionar sobre cómo los traumas individuales y colectivos afectan a una sociedad. Deberíamos preguntarnos: ¿acaso no estamos ante la repetición de traumas colectivos del pasado? De hecho en Alemania hay buena cantidad de ellos, sin reconocer ni superar.

Cuando hablamos de un trauma, hay que comprender sus dinámicas. Y una de ellas es permanecer en silencio, "cállate" acerca de lo que se le hizo a alguien. Les voy a dar algunos ejemplos:
La Alemania nazi atacó, deportó, mató, metió en campos de concentración. Y por estos crímenes no fueron los hombres, sino las mujeres alemanas las que tuvieron que pagar. Cuando los soldados de la Liberación llegaron a Alemania, violaron masivamente a las mujeres. No sólo por los soldados rusos en Berlín, no, en toda Alemania, las mujeres fueron violadas. Y en casa, a menudo les pegaban sus maridos. No se les permitía hablar, tenían que callarse y reprimir su sufrimiento. Este proceso mental, el negar y callar el trauma, y reprimir el sufrimiento, lo han ejercido cumplidamente los alemanes y parece haber pasado de una generación a otra. "Si no se supera el trauma, sucederá de nuevo", dijo Janet hace ya 100 años. Así pues, me pregunto si este silencio sobre la prostitución tiene algo que ver con nuestra historia. Las mujeres fueron violadas, y tuvieron que guardar silencio. Ahora sus hombres violan, y siguen cultivando el silencio.

En segundo lugar, tenemos una larga historia de patriarcado. Para legitimar la dominación y la explotación de las mujeres y los niños sin sentirse culpables, es necesario negar el daño.
Si lo miramos a la luz de la historia de la psicotraumatología, observamos que el fenómeno de la negación llega hasta sus propias raíces: los traumas mismos se han negado durante mucho tiempo. Freud, el fundador del psicoanálisis, estudió a las mujeres (en aquel momento llamadas "mujeres histéricas") y descubrió que todas ellas habían sido objeto de abusos sexuales en su infancia. Cuando esto llegó a oídos de los hombres del Colegio de Médicos de Viena, presionaron a Freud, y tuvo que cambiar su tesis. La cambió mediante el desarrollo de la teoría de las fantasías, negando la realidad. Freud dijo que, de hecho, estas mujeres habían soñado con estos abusos, que los habían deseado, que sólo eran quimeras. Una vez más, negar la violación y "¡guardar silencio!"

Cuando Bowelby y Ainsworth (9) descubrieron que los niños con conducta de apego desorganizado sufrían abandono y / o violencia sexual, les cortaron la financiación. Cuando las feministas de los años 70 dijeron que las mujeres que han sufrido violencia doméstica tenían los mismos síntomas que los soldados de Vietnam, les dijeron que la violación no existe en el matrimonio, y que por tanto no es ningún trauma. Otra vez: ¡guardar silencio! Hoy en día, cuando decimos que la prostitución es violencia y que provoca traumas severos, tenemos que oír en ocasiones "No, es una elección, es un servicio sexual, es un trabajo".


Así pues, tenemos una negación del trauma y la orden de callarse. ¿Por qué? Todo está destinado a proteger un tema tabú: la sexualidad masculina y su supuesto derecho a la satisfacción, sin restricciones o límites.

Me gustaría explicarles cómo se describe la prostitución desde una perspectiva psicotraumatológica.

Tenemos dos tipos de traumas: el segundo origina un trauma complejo.




Cuando examinamos la epidemiología de los traumas (10), constatamos que el riesgo de desarrollar un TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático) es mayor o menor dependiendo del tipo de trauma. La violación presenta el riesgo más alto de desarrollar un TEPT. Por tanto, la primera lección que debemos aprender es que no resulta fácil separar la mente del cuerpo.


 


Cuando nos fijamos en la prevalencia de las violencias sexuales, es decir, en el peor tipo de trauma, debemos afirmar que están ampliamente extendidas. A nivel mundial (11), el 20% de las niñas sufren violencia sexual, y los niños del 5 al 10%. Una investigación nacional (12) realizada en 2014 en Francia arroja las mismas cifras. L@s niñ@s son las víctimas más frecuentes de violencias sexuales. Hay una alta tasa de re-victimización (el 70% de ell@s se convertirán en nuevas víctimas de la violencia sexual en la edad adulta).


El agresor procede del entorno cercano. Así pues, los que deberían cuidar de los niños son los agresores. Los que deberían ser dignos de la confianza de los niños son los que abusan de ellos.


Muriel Salmona, una psiquiatra francesa, me invitó a París el año pasado para hablar de la situación en Alemania y nos hemos dado cuenta de que tenemos las mismas estadísticas. Aquí tienen una investigación de 2004 hecha por Monika Schröttle (13) en Alemania, sobre 10.264 mujeres, con edades comprendidas entre los 16 y los 25 años.


El daño que causa un trauma complejo es un problema a escala nacional y a la sociedad le cuesta millones de euros. Van der Kolk, director médico del Centro de Investigación de Traumatología en Brookline / Massachusetts, dijo que cuando los soldados regresan de la guerra, los periódicos se llenan de ellos, y cuando las mujeres se convierten en víctimas de la violencia doméstica, a nadie le importa. Muriel Salmona (14) dice que seguimos viviendo en la cultura de la violación.


¿Y la prostitución, entonces? ¿Es violencia? ¿O es un servicio?

Se han realizado muchos trabajos de investigación que tratan de determinar si las mujeres en situación de prostitución sufren violencia. Éstos son, de nuevo, los resultados del estudio realizado por Schröttle (13) en 2004. En aquel momento, la mayoría de las mujeres en la prostitución eran alemanas (80%). A la vista de estas cifras, no se puede decir que sea un trabajo como los demás: el 92% han sufrido acoso sexual, casi el 90% violencia física y mental, y el 59% violencia sexual. Hoy en día, las cifras serían aún peores, yo diría que el 100% de todas, porque tenemos sólo el 5% de mujeres alemanas trabajando en la prostitución, y el 95% de otros lugares. Las condiciones han empeorado.

Desde la ley de 2002, que convertía la prostitución en un trabajo como cualquier otro, se puede comprobar que cada vez encontramos más perversiones entre los clientes de la “industria del sexo” en Alemania. Las prácticas son cada vez más peligrosas, con un aumento de la violencia hacia las mujeres y una falta de protección hacia las mismas. Hay un ‘menú’ (15) que circula por Internet, donde los consumidores pueden elegir lo que quieran de una larga lista. Voy a citar sólo algunos ejemplos:


    AF = beso negro
    AFF = Fist-fucking anal
    AO = completo sin condón
    Braun-Weiss = jugar con heces y semen
    DP = Sexo con 2 mujeres o doble penetración (2 hombres en una mujer)
    EL = lamer los testículos
    FFT = Fist-fucking total
    FP = sexo oral sin condón
    FT = sexo oral sin condón y tragar el esperma
    GB = eyaculación en la cara
    GS = sexo en grupo
    Kvp = un hombre defeca sobre una mujer
    SW = una mujer entre dos hombres
    TBL = no hay tabúes, todo vale
    ZA = lamer el ano.


Al leer algo así, no necesito más estudios para analizar si la prostitución es un servicio o no. Lamer el ano de un desconocido no es un trabajo. ¡Debemos detener la negación!

Tenemos que hacernos otras preguntas: ¿Cómo una mujer puede soportar esto?

Esto es lo que dice la experta alemana en traumatología Michaela Huber (16) al respecto:

  •     "Para permitir que unos extraños penetren su cuerpo, es necesario extinguir ciertos fenómenos naturales: el miedo, la vergüenza, el asco, la extrañeza, el desprecio y la auto-culpabilización.
  •     En su lugar, estas mujeres ponen indiferencia, neutralidad, una idea funcional de la penetración, una reinterpretación de este acto como ‘trabajo’ o ‘servicio’.
  •     La mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución han aprendido, a través del abuso sexual o el abandono en la infancia, a desconectar”.



Por eso, cuando analizamos la condición previa para entrar en la prostitución, debemos darnos cuenta de que la mayoría de las mujeres han sufrido graves formas de violencia en su infancia. Tenemos 3 estudios (17): uno por Melissa Farley, y los otros dos por institutos de investigación alemanes. Vemos que las violencias sexual y física predominan ampliamente.

Segunda lección que aprender: no se trata de si existen dos grupos diferentes en nuestra sociedad, es decir, el grupo de ‘trabajadoras sexuales felices’ por un lado, y el grupo de las que sufrieron abusos siendo niñas por otro. No, es un único grupo, el mismo. Son las niñas que fueron abandonadas por la sociedad en el pasado y que son abandonadas por la nueva sociedad de hoy en día. El sistema de la prostitución utiliza a estas niñas traumatizadas para sus propios fines.

               
Entonces, ¿qué le pasa a una persona que ha sufrido un trauma?

Aquí les dejo una frase que recordé hace unos años, cuando esta mujer, que sobrevivió al 11 de septiembre de 2001, fue entrevistada por la televisión alemana:

"He necesitado 10 años para comprender que ya no era una víctima sino una superviviente".

Volvió a casa, se lavó, se quitó el polvo de encima, pero había algo en su cerebro de lo que no podía deshacerse. De hecho, desarrolló un trastorno de estrés post-traumático


Los estudios han demostrado que el TEPT Síndrome de Estrés PosTraumático (18) es muy común entre las mujeres en situación de prostitución. Por eso mismo, primero me gustaría explicarles qué es el TEPT.

Este trauma es un daño que afecta:
    A la biología y anatomía del cerebro
    Al cuerpo
    Al comportamiento / relaciones
    A la psique



Primero les voy a presentar la neurobiología del trauma:

Éstas son las partes del cerebro involucradas en el trauma:

    El córtex prefrontal
    El ‘cerebro primitivo’
    El sistema límbico, con la amígdala y el hipocampo.

 El córtex prefrontal tiene la capacidad de comprender y estar en una situación, de intentar tomar decisiones, recordar el pasado, reaccionar, calmarse.

El ‘cerebro primitivo’ tiene funciones primitivas: es nuestro sistema nervioso autónomo que activa los órganos que nos mantienen vivos. Es el que hace latir el corazón más rápido, acelera la respiración, etc.

La amígdala es nuestro sistema de alarma. Tiene dos funciones:

  •     Es la que efectúa un ‘barrido’ constante de nuestro entorno para detectar si algo quiere matarnos y estamos en peligro; produce hormonas que nos ponen en un estado que nos permite sobrevivir; es la reacción de lucha o huida.

  •     También es una memoria, ya que hay que recordar lo que era peligroso para nosotros.



El hipocampo es el creador de memoria. Es decir, cuando le llega la información, la contextualiza, organiza, agrupa y almacena.

Así pues, si alguien está angustiado, la amígdala se activa y envía mensajes a nuestro cuerpo a través de las glándulas, que producen hormonas para ponernos en situación y luchar, huir o quedarnos inmóviles.

Hay 4 hormonas (19) implicadas:

  •     La adrenalina, encargada de ponernos el cuerpo en situación de lucha para mantenernos vivos, o de escapar.
  •     El cortisol, que nos da la energía para llevar a cabo la reacción de lucha / huida.


También hay dos hormonas para bloquear el dolor:

  •     Los opioides, que son morfina natural. Nos protegen del dolor, pero también bloquean todas las demás emociones. Por eso, a veces, puede que las mujeres que han sido violadas –y hablan de lo que les ha pasado— lo cuenten sin emoción.
  •     La oxitocina, que produce sentimientos agradables. Para bloquear el dolor, el cuerpo se pone en un estado de bienestar. La gente describe su(s) trauma(s) y sonríe. Esto puede resultar muy desconcertante, y también podría explicar las altas tasas de re-victimización. La prostitución puede ser un comportamiento autodestructivo para reducir el dolor interno.



Por tanto, las víctimas del trauma tendrán una mezcla combinada de estas hormonas. Esto puede subir y bajar, etc., pero cuando nos encontramos en peligro y no podemos escapar, la concentración de hormonas nos paraliza. El córtex prefrontal se ve inundado por las catecolaminas y desde ese momento somos incapaces de tomar decisiones. Sabemos lo que está pasando, pero no lo podemos detener, así que nos disociamos.

Podemos ver las dos reacciones y sus consecuencias.

Tercera lección a recordar: el sistema de la prostitución se beneficia del fenómeno de la disociación, en el cual las mujeres son incapaces de defenderse. Ellas hacen sus cuerpos disponibles y sufren una violencia extrema. Estas mujeres están cada vez más traumatizadas.

El fenómeno de la disociación no es algo que se pueda activar o desactivar según se desee. La disociación puede permanecer ahí. Las funciones integradoras existentes pueden ‘apagarse’ durante períodos prolongados. Me quedo impresionada cada vez que veo a estas mujeres reconectándose a la vida. Después de un tratamiento exitoso, algunas me dicen, "Ahora puedo sentir dolor", o "Ahora puedo sentir y la comida tiene sabor" o "Ahora entiendo quién soy".

Si sólo se tratase del fenómeno de la disociación, los daños de la prostitución se limitarían a ese nivel, pero también existen los recuerdos traumáticos. Durante la disociación, gran parte del cuerpo y el córtex están anestesiados. Percibimos las cosas, pero no todas se rememoran en el córtex. Dado que el hipocampo no funciona adecuadamente durante los traumas, la información y contextualización de los incidentes no pueden almacenarse correctamente. A causa de ello, las víctimas de traumas no siempre son capaces de decir "esto me pasó a mí, en ese momento, en ese lugar". También puede haber amnesia, lagunas en la memoria. Algunas partes de la experiencia traumática se almacenan en otra parte del cerebro, a la que llamamos ‘memoria traumática’ (una parte de la amígdala).

Les voy a mostrar dos fotografías (20), de los cerebros de una pareja que fue víctima de un grave accidente de tráfico. Les hicieron una tomografía computerizada, y alguien leyó la historia del accidente.

-       Aquí vemos la reacción del hombre: reacciona con lucha / huida.
-       La mujer se disocia.


Se trata de un experimento realizado por Van der Kolk, que se preguntaba por qué una persona reaccionó de esa manera y la otra con una disociación. Cuando habló con la mujer, se dio cuenta de que había sido víctima de abandono en la infancia. Por eso aprendió a desconectar a una edad temprana.

Esto implica que la memoria traumática está llena de información que pone a la amígdala a todo ritmo cada vez que se la necesita. Esto es lo que nos pone en situación de reaccionar con lucha / huida, o disociación.

Esto explica las elevadas tasas de re-victimización entre las víctimas. Han aprendido a bloquearse en cuanto les provocan. Ya no pueden defenderse o protegerse.

Sólo unas palabras sobre la memoria traumática: esta memoria no funciona bajo los mismos principios que los del córtex. Es una especie de caja negra a la que no tenemos acceso consciente, y ni siquiera sabemos que existe. Esta memoria recoge las experiencias traumáticas sin orden ni concierto, sin ninguna noción de espacio o tiempo. No es semántica, no tiene lenguaje.

Se puede activar en cualquier momento con los acontecimientos ‘detonantes’ que reaniman el trauma: un olor, un color, un sonido, imágenes, palabras, frases, etc. En ese momento se desencadena una intensa ansiedad, como si la persona estuviera reviviendo el trauma en su momento preciso. Es lo que llamamos ‘flashback’.

Estas reacciones se denominan TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático). Es como tener una bomba de relojería en la cabeza.

Aquí he enumerado los síntomas del TEPT: el trauma es una respuesta de miedo. El cuerpo sigue sintiendo como si el trauma todavía se estuviese produciendo, una y otra vez. El cerebro está dañado y nos hace pensar que el peligro sigue ahí, que no se ha ido.

Así pues, aquí tienen las reacciones de un TEPT simple, es decir, de una persona que ha sufrido un trauma de tipo I, como el del 11 de septiembre 2001.

¿Qué pasa ahora si alguien se ve expuesto repetidamente a abusos traumáticos, que incluso son conocidos por personas que deberían preocuparse por ello? Se pueden imaginar que nuestro sistema de alarma está totalmente desajustado y que nuestra capacidad de calmarnos y sentirnos seguros no se ha desarrollado. Muchos estudios sobre el TEPT mostraron una alta comorbilidad con otros trastornos mentales. (21)
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Las víctimas de abusos interpersonales y crónicos están en un desamparo permanente.

No había ningún lugar seguro, ninguna persona segura para ellas. No saben qué significa eso.

Est@s niñ@s también desarrollan un sentimiento de sí mism@s en ese entorno. Los que deberían ayudarles les hacen daño. De tal manera, el ‘yo’ se destruye en el abandono, la decepción, la culpa, la humillación y el aislamiento.

El/la niñ@ desarrolla un profundo sentimiento de vergüenza, porque cree que lo que le ha sucedido es culpa suya.

Estas personas, al llegar a la edad adulta, responden a numerosos criterios diagnósticos (22). Pero quizás sólo tengan uno. Es el trauma complejo (23).

Hace más de 30 años que los expertos en psicotraumas vienen deseando que este nuevo diagnóstico sea aceptado en el sistema de clasificación. La solicitud fue rechazada en 1994, cuando salió el DSM4 (Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales IV), y fue rechazada de nuevo en 2013 para el DSM5. Van der Kolk dice que tenemos un sistema de diagnóstico insensato que ignora la vida de las personas. Se limita a clasificar a las personas según los diagnósticos, describiendo los síntomas, pero sin identificar qué padecen realmente las personas.

Así que otra vez, ¡guardar silencio!


1.    Las personas con un trauma complejo tienen dificultades para regular sus emociones e impulsos. Tienden a reaccionar de forma excesiva al estrés, les resulta difícil calmarse. No han aprendido a calmarse. A menudo, se vuelven auto-destructivas, porque el dolor externo es más fácil de soportar que el interno: trastornos de la alimentación, auto-mutilación, adicciones, prostitución...



 1.   A menudo tienen síntomas disociativos. La información y las experiencias no son narrativas. No pueden hablar de lo que les ocurrió porque el trauma no está integrado en su memoria disponible. La experiencia traumática les sigue afectando, sigue teniendo un impacto en sus vidas, pero no saben por qué, no lo pueden formular. No hay ningún ‘archivo’ en el cerebro de estas personas en que puedan contar lo que les ha pasado. Su memoria está fragmentada. La única manera de escapar, cuando no te puedes escapar físicamente, es hacerlo con la mente: disociarse. No han aprendido a protegerse, a defenderse. Por eso es tan frecuente la re-victimización. Una de las formas más agudas de disociación es el desarrollo de una personalidad múltiple.



  1.  La manera en que se ven a sí mismas se ve afectada. Interiorizan a los agresores: se creen indignas de ser amadas, indeseables. Las víctimas se culpan a sí mismas y creen que nadie las va a entender. Tienen un gran sentimiento de vergüenza, no sólo por lo que se les ha hecho, sino porque creen que se lo hicieron a causa de lo que ellas son.



 1.   La percepción del agresor se ve afectada: piensan constantemente en el agresor, se sienten controladas por él, incluso si ya no está. Adoptan el punto de vista del agresor para sí mismas, le conceden poder absoluto. Se atan a su agresor porque esa unión es necesaria para que la/el niñ@ crezca. Muy a menudo, el agresor también tiene un lado amable. Muchas víctimas de trata llaman a sus proxenetas ‘papá’.




1.    No tienen ningún modelo en su mente de nada parecido a una relación sana. No se puede llevar a cabo lo que nunca se ha vivido, de forma que muy a menudo se les diagnostica un trastorno de la personalidad llamada ‘borderline’ (límite).



1.    El trauma crónico también afecta al cuerpo. A menudo sufren somatizaciones.


Así pues, en terapia, les damos herramientas para que se auto-gestionen. Les damos palabras para nombrar lo que estaba oculto, ponemos las mentiras al descubierto. Lloramos. Les demostramos que es posible una relación diferente.

La dinámica del trauma es "no tienes elección". Comprender lo que ha pasado y lo que han hecho contigo te abre una puerta y te permite decir: "Tengo elección".

¡Gracias!

Dra. Ingeborg Kraus
Psicóloga y experta en psicotraumatología
Iniciadora del manifiesto "Psicólogos alemanes y argumentos científicos contra la prostitución"

Bibliografía:

    http://espacesvie.com
    http://www.lacles.org
    Judith Hermann, Trauma and Recovery, Basic Books, 1997.
    http://iawmh2017.org/wp/
    https://karlsruherappell.com/der-appell/
    http://www.trauma-and-prostitution.eu/en/the-appeal/
    https://www.change.org/p/punish-the-buying-of-sex-abolish-prostitution
    https://stopsexkaufdotorg.files.wordpress.com/2015/03/lettertochancellorangelamerkel-2.pdf
    Bessel Van Der Kolk: Verkörperter Schrecken. (The body keeps the score). Probst Verlag, 2016.
    Posttraumatische Belastungsstörung. Leitlinie und Quellentext. (Posttraumatic Stress Desorder, Guidelines) 2nd Edition. Schattauer. P. 4.
    WHO: Global status report on violence prevention. http://www.who.int/violence_injury_prevention/violence/status_report/2014/en/
    Association mémoire traumatique et victimologie: Impact des violences sexuelles de l´enfance à l´âge adulte. (Traumatic memory and victimology association: Impact of sexual violence from childhood on the adult) March 2015. http://www.memoiretraumatique.org/assets/files/doc_violences_sex/Rapport-enquete-AMTV_mars-2015_BD.pdf
    Study done by Schröttle & Müller 2004 in: Bundesministerium für Familie, Senioren, Frauen und Jugend : Gender Datenreport », Kapitel 10: Gewalthandlungen und Gewaltbetroffenheit von Frauen und Männern, P. 651-652, 2004.
    Dr. Muriel Salmona, Le livre noir des violences sexuelles, Junod, 2013.
    http://www.traummaennlein.de/
    Michaela Huber, Trauma und Prostitution aus traumatherapeutischer Sicht, 2014: http://www.michaela-huber.com/files/vortraege2014/trauma-und-prostitution-aus-traumatherapeutischer-sicht.pdf

17.
    Study by Melissa Farley: Prostitution and trafficking in 9 countries, 2004. http://www.trauma-and-prostitution.eu/en/2015/01/26/prostitution-and-trafficking-in-nine-countries-an-update-on-violence-and-posttraumatic-stress-disorder/
    Study done by Schröttle & Müller 2004 in: Bundesministerium für Familie, Senioren, Frauen und Jugend : Gender Datenreport », Kapitel 10: Gewalthandlungen und Gewaltbetroffenheit von Frauen und Männern, P. 651-652, 2004.
    Study by Zumbeck in Germany in 2001, Zumbeck, Sibylle: Die Prävalenz traumatischer Erfahrungen, Posttraumatische Belastungsstörungen und Dissoziation bei Prostituierten , Hamburg, 2001.

18.
    – Estudio de Melissa Farley, de 2008, que reveló que el 68% de las mujeres en situación de prostitución sufrían un TEPT de intensidad similar a veteranos de guerra o personas que sobrevivían a la tortura. http://www.trauma-and-prostitution.eu/en/2015/01/26/prostitution-and-trafficking-in-nine-countries-an-update-on-violence-and-posttraumatic-stress-disorder/
    – Study de Zumbeck en Alemania, en 2001, que reveló que el 60% de las mujeres en la prostitución sufrían TEPT intenso. Zumbeck, Sibylle: Die Prävalenz traumatischer Erfahrungen, Posttraumatische Belastungsstörungen und Dissoziation bei Prostituierten , Hamburg, 2001.

19.  Dr. Rebecca Campbell: The Neurobiologie of Trauma. 2015. This video is not available any more: https://www.youtube.com/watch?v=mTOZE90-fCY
20.  Bessel Van Der Kolk: Verkörperter Schrecken. (The body keeps the score). Probst Verlag, 2016, P. 85
21.  Hans Morschitzky: Angststörungen. Springer Verlag, 4. Auflage, 2009. Kapitel: Epidemiologie, Verlauf und Folgen der posttraumatischen Belastungsstörung, P. 139-145.
22.  Wolfgang Wöller: Trauma und Persönlichkeitsstörungen. Schattauer, 2006, Kapitel 10: Symptomdiagnostik, P.111-122.
23. Diane Landberg: Complex Trauma: Understanding and Treatment. 21.01.2016. https://www.youtube.com/watch?v=otxAuHG9hKo

Esta entada fue publicada en Allgemein, Les violences, Mécanismes: Dissociation – Troubles Psychotraumatiques, Textes Scientifiques el 17 de julio 2017 por Ingeborg Kraus.

Fuente:
http://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/blog/el-trauma-como-requisito-previo-y-como-consecuencia-de-la-prostitucion

Nota: las negritas y las imágenes son del original.