lunes, 8 de junio de 2015

El hombre en cuestión, el proceso del devenir cliente de la prostitución

Saïd Bouhama, L’homme en question, le processus du devenir-client de la prostitution,
mouvement du Nid/IFAR, sept. 2004.

EL HOMBRE EN CUESTION,
EL PROCESO DEL DEVENIR CLIENTE DE LA PROSTITUCION


RESUMEN
L’homme en question, le processus du devenir-client de la prostitution, presenta las conclusiones de una investigación sociológica coordinada por el sociólogo francés Saïd Bouhama del IFAR (Instituto de formación, accion, investigación) con ayuda de militantes del movimiento del “Nid”, una asociación francesa que lucha contra la prostitución (www.mouvementdunid.org). Su punto de partida fue la voluntad de romper el profundo silencio que, a pesar de numerosas y apasionadas discusiones sobre el tema de la prostitución, se mantiene generalmente respecto a la cuestión de los clientes. De hecho, a menudo sólo se debate sobre la oferta de prostitución y sobre su regulación (abolicionismo versus partisanos de la legalización, problema de la trata de personas etc.), dejando en las sombras el papel esencial jugado por el consumidor de la prostitución. Este enfoque no puede llegar a explicar de modo satisfactorio el fenómeno de la prostitución, cuya plena comprensión depende, como todo hecho social, de la comprensión de todas las interacciones entre todos los actores implicados. Así, para quien pretende actuar en este campo, es menester prestar atención a la delicada cuestión de los clientes.

METODOLOGIA Y POSICIONAMENTO CIENTIFICO E IDEOLOGICO
El informe se basa sobre 63 entrevistas semi-directivas realizadas con clientes reclutados por medio de anuncios en el periódico. El tipo de estudio y el tamaño de la muestra no permiten pretender un análisis cuantitativo del fenómeno sino más bien un análisis cualitativo. Es decir que se busca primero comprender el hecho sin pretender aún cuantificar los resultados en
términos estadísticos.

La tesis central del informe es que el clientelismo es una relación de dominación fruto de determinantes sociales y, por lo tanto, no es algo “natural” o “un mal necesario”, sino una
realidad histórica que se puede cambiar.

El análisis tiene como objetivo la verificación o rechazo de cuatro hipótesis principales, que proceden de y precisan esta afirmación inicial:
 
Corredor TC.  fuente diario La Capital

- Hipótesis 1: el proceso de clientelismo revela un modelo de sexualidad producto y productor de dominación entre los sexos, que funciona a partir de una doble reducción; reducción del sexo al solo acto físico y reducción de la relación al solo placer masculino. Eso implica la deshumanización del otro, su reducción a un objeto, una mercancía, un servicio.
- Hipótesis 2: el proceso se pone en marcha a partir de momentos precisos: escolarización primaria, descubrimiento de la sexualidad, primeras experiencias sexuales, decepciones sentimentales, momentos de soledad, perturbación de la identidad… Que se haya puesto en marcha el proceso no significa siempre la entrada en la prostitución sino la interiorización de las condiciones de posibilidad de esta.
- Hipótesis 3: el clientelismo se auto-alimenta; producido por un cierto tipo de relación con las mujeres, es también productor de perturbación en estas mismas relaciones.
- Hipótesis 4: el clientelismo contemporáneo es también producto de una postura de irresponsabilidad en la relación con el otro, hecha posible por la cosificación.
Refleja la mercantilización de nuevas esferas, más intimas, de la vida social.

Por fin, cabe precisar que el propósito de este análisis está orientado hacia la acción, con el fin de fundamentar teóricamente y orientar futuras acciones de prevención del clientelismo. La perspectiva “ideológica” que se encuentra en filigrana en el informe es original. No se inscribe en una perspectiva de regulación, porque aceptar la prostitución sería aceptar el modelo de reducción y dominación de la mujer que revela. También rechaza el concepto de “servicio sexual”, argumentando que eso necesitaría para ser justificable que existiese una exterioridad entre la persona que ofrece el servicio y este servicio – lo que es imposible en el caso de la prostitución. Tampoco se adhiere a la perspectiva abolicionista y moralista que denuncia una liberalización excesiva de las costumbres.

Tomando el problema “de raíz”, el autor del informe basa más bien su propia denuncia de la prostitución sobre la condenación del modelo de dominación que implica tal práctica. Para él, el problema reside en el imaginario alienante del sexo y de las relaciones entre géneros producido por la sociedad. La prostitución, no revela entonces ni una “sociedad del tabú” como pretenden los regulacionistas, ni un exceso de liberalización, como afirman los moralistas, sino que es sintomática de fallos en el aprendizaje de la sexualidad y de las relaciones entre sexos, consecuencia de la monopolización por el sector mercantil – mediante, en grande parte, los productos pornográficos – de un espacio dejado libre por los servicios públicos y los padres, y es en este nivel que, según él, se debe actuar.


Corredores TC. fuente diario La Capital











ANALISIS DE LOS RESULTADOS


El análisis de las entrevistas se organiza según tres ejes principales: (1) las secuencias del devenir cliente, (2) los actores y contexto del clientelismo y (3) las lógicas arguméntales desarrolladas por los entrevistados para explicar o justificar su práctica.
1) Las secuencias del devenir cliente
Esta parte del análisis se interesa sobre todo a los episodios de encuentro con las mujeres, con la sexualidad y con el clientelismo a partir del testigo de cada uno y de las relaciones que hacen espontáneamente los clientes entre diferentes aspectos de su vida y su clientelismo. Las diferentes observaciones permiten al autor de realizar una tipología de los clientes, según una serie de perfiles-tipos que, por supuesto, pueden encontrarse juntos en un mismo cliente.

La mayoría de los clientes relacionan su clientelismo con su infancia y adolescencia. Estas se caracterizan a menudo por carencias afectivas, complejos, deseo de normalidad y ausencia de confianza sí mismo que a menudo dificulta o impide relaciones con las mujeres. Eso por supuesto no constituye un factor suficiente para entrar en la prostitución pero puede ser uno de los elementos del devenir cliente. La timidez es igualmente presentada por más de 80% de los clientes como una de las causas de su clientelismo. Una minoría de los clientes incluso parece renunciar a tener relaciones “normales” con las mujeres, utilizando la prostitución como sustituto a una verdadera relación. Ya que la prostituta está “ofrecida” – según las palabras de un cliente (p.43, E53) – resulta más fácil ir hacia ella. El autor califica de “aislados afectivos y sexuales” a este tipo de clientes quienes compran sexo esperando en realidad una relación afectiva que no logran conseguir de otra manera.


Testimonio cliente: « Estoy solo. Hace 17 anos que estoy solo (…). He vivido una vida muy solitaria y sé que no puedo imaginarme tener éxito en construir relaciones sociales de amistad. De todos modos, todo fracasa para mí, siempre me encuentro solo al final.
Me digo que tengo relaciones con los libros, por medio de intereses, de pasiones. Pero las relaciones con las personas son difíciles.” (p. 37, cliente E19)



Es una categoría que representa a una minoría pero que es muy problemática porque encuentra una utilidad social a la prostitución: romper su aislamiento social. Además, esperan de su relación con la prostituta que esta les tranquilice sobre su normalidad, lo que puede conducirlos a conductas agresivas y violentas cuando este deseo paradójico no se cumple.

El segundo elemento importante es el discurso sobre los padres. Aunque diferentes, las situaciones tienen como punto común ser presentadas como determinantes del clientelismo futuro. Se puede tratar de la ausencia o casi-ausencia de uno de los padres, de violencia, de una dependencia demasiado fuerte respecto a la madre la madre o incluso de la práctica del clientelismo por el padre o la prostitución de un miembro de la familia. En todos los casos, estas circunstancias tienen consecuencias sobre la construcción por el chico de su identidad masculina. Aquí, el autor introduce un nuevo “modelo” de clientelismo, al que llama el clientelismo de los “desfasados de la igualdad”. De hecho, si el siglo XX ha sido marcado por una progresiva igualdad, en los sociedades industriales, entre el hombre y la mujer que ha dado lugar a importantes cambios de comportamiento y de normas jurídicas, el proceso del “devenir hombre” y del “devenir mujer”, y en particular la presentación de la “virilidad” como atributo principal del varón, ha sido poco alterado por los progresos hacia la igualdad.
En algunas situaciones más problemáticas (padre ausente que impide la identificación, desigualdad fuerte entre el padre y la madre…), este ligero desfase llega a ser acentuado hasta el punto que el hombre no es capaz de concebir una relación con una mujer diferente de la de dominación. La igualdad es vivida como algo insoportable y lo que se busca entonces en la prostitución es una dominación de la mujer que no es tan fácil conseguir en otras
circunstancias.

Lo que se nota por otra parte en la gran mayoría de los testigos (70%), es la existencia de un tabú sobre la sexualidad. La educación sexual se hace entonces entre compañeros o amigos mediante productos pornográficos, o incluso con la prostitución (la prostituta es considerada como una educadora, en su calidad de “profesional del sexo”).
 
Corredores TC, fuente diario La Capital


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Características comunes a la prostitución y a la pornografía:
- son consumidas mayoritariamente por hombres;
- la relación mercantil esta dominada por el consumidor, quien compra un objeto para dominarlo según sus fantasías;
- la sumisión de la mujer a los deseos masculinos es el modelo vehiculado;
- los dos disocian los aspectos físicos y afectivos de la sexualidad, lo que permite la “cosificación” del otro;
- los dos presentan un consumidor hombre y una consumida mujer con la presentación del placer reducido a la sola eyaculación masculina. La mujer es el objeto de una dominación aceptada cuyo propósito no es el placer mutuo sino sólo el placer masculino.
Cuadro Características comunes a la prostitución y a la pornografía

Aquí, hay una diferencia entre los clientes mayores, para quien las dificultades a entrar en relación con las mujeres y a entenderlas y aprehenderlas como seres humanos completos tienen su origen en una sociedad más cerrada que hoy en día, y los jóvenes, para quienes esta dificultad se origina en una socialización especifica en la adolescencia, esencialmente masculina (actividades “de hombre”: moto, alcohol etc.), entre compañeros, sin muchos contactos individuales con las chicas. De este déficit en la educación sexual deriva otro aspecto del clientelismo: “los compradores de mercancía”, quienes tienen dificultades para considerar a la mujer de otro modo que como un objeto, por lo menos en la relación sexual.

Las primeras experiencias y decepciones sentimentales parecen también importantes en el proceso de devenir cliente. Así, el primer encuentro con la mujer es determinante: la mujer a menudo produce miedo y parece misteriosa e inaccesible o, por lo menos, compleja y difícil de comprender. Unos clientes pasan del romanticismo – mujer idealizada – de una primera relación al consumo – cosificación de la mujer – después de una decepción sentimental. Para otros cuantos, la primera experiencia de la prostitución coincide con la primera experiencia sexual y viene del deseo de acceder a la “normalidad” masculina y darse ánimo para afrontar relaciones futuras con otras mujeres con más confianza. El vocabulario del miedo y de la “valentía” aparece muy a menudo en el discurso de los clientes sobre la mujer. Así, las relaciones con las mujeres parecen tener un valor simbólico y real muy fuerte y la prostitución resulta entonces más segura para muchos clientes en términos de riesgo afectivo (miedo a ser abandonado, traicionado), financiero (unos se quejan de los gastos necesarios para “seducir” a una mujer, sin siquiera tener garantías de éxito) o incluso conyugal (hombres casados para quienes una amante que les conoce es mucho mas peligrosa que varias prostitutas anónimas). A este tipo de cliente, el autor les llama “los alérgicos al compromiso y a la responsabilidad”.

Cualquiera que sea el motivo y la circunstancia (sólo, en grupo, con un amigo…) las primeras experiencias de consumo de la prostitución son raramente descritas como satisfactorias: se habla entre otros de frialdad, de bestialidad, de vergüenza y de ridículo, de impresión de soledad en el acto sexual (masturbación disfrazada), de tiempo cronometrado y de ausencia de sentimientos y de caricias. La realización sexual en la prostitución parece imposible. Cuando los clientes se declaran satisfechos, sus motivos no son el placer sino el alivio, el sentimiento de ser normal, el volver a tener confianza en sí mismos y el sentimiento de dominación y de poder procurado por el dinero. No obstante, todo eso es raramente admitido frente a los compañeros, en razón de una “normalidad viril” que crea una “obligación de placer”. Es un círculo vicioso, porque no se derrumban así los propios mitos que dan lugar a esta “angustia de la anormalidad” que se encuentra en muchos clientes. Esta misma angustia se encuentra también en la relación con la pareja y puede explicar silencios acerca de la sexualidad que intervienen en la degradación de la relación.


Testimonio cliente: «Tenia miedo de decepcionar, quizás, también… en lugar de decir un
minuto, quizás decía a mis compañeros que duraba media hora pero era falso (…). Tenía
ganas de hacer marcha atrás pero con los compañeros atrás que miran, que me hubieran
visto bajar al cabo de dos minutos… pienso que es eso, el orgullo o cosas así (…). Pienso
que alindábamos la realidad, lo pienso, estábamos todos iguales, todos iguales. ”
(p. 59, cliente E46)

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2) Actores y circunstancias del clientelismo
En esta parte, se trata de definir el tipo de circunstancias y actores que acompañan las primeras experiencias y las siguientes.
En cuanto a los factores humanos, el ejército, el grupo de amigos cuando se es joven y el medio profesional aparecen como tres grupos de pertenencia que pueden incitar al clientelismo. Son grupos donde se expresa con suma fuerza una “normalidad masculina” incluyendo el clientelismo y una concepción biológica de las necesidades sexuales de los varones. Esos son lugares donde debería trabajarse mucho más la prevención, pero el objetivo primero de la accion debería situarse antes, en el momento de constitución del imaginario sexual, es decir en la infancia y la adolescencia. El hecho de que la entrada en la prostitución se haga a menudo en grupo o con la complicidad del grupo relativiza la idea de silencio de los clientes sobre sus prácticas. El silencio es selectivo y las reacciones de los grupos de “iguales” – e incluso a veces de ciertos familiares – se caracterizan por la comprensión, acerca de una idea compartida de la virilidad y de la sexualidad.

En cuanto a los factores acompañantes, el primero que se puede destacar es el alcohol y, en una medida menos importante, las drogas ligeras. El alcohol es utilizado para “animarse”, darse “energía” o “fuerza” y superar las inhibiciones. El alcohol está también presentado como formando parte de un sistema que asocia virilidad, seguridad, alcohol y relaciones con mujeres. Para el autor, prevención del alcoholismo y prevención de la prostitución podrían ir juntos, tratando un mismo modelo de masculinidad. Un segundo factor, evocado por un 60% de los clientes, es la soledad, la frecuentación de las prostitutas haciéndose más regular cuando se trata de una soledad prolongada o incluso permanente, y más ocasional cuando se trata de periodos de soledad entre dos relaciones “normales”. En el primer caso, el clientelismo se puede analizar como una respuesta a la ruptura de todos los otros lazos sociales. En el segundo, lo que hay que cuestionar es más bien el modelo de sexualidad, que presenta como normal o soportable la frustración femenina y no la masculina.
El dinero aparece como un factor regulador de un consumo presentado por muchos clientes como de carácter adictivo. Los clientes parecen encerrados en un sistema y su propia voluntad o deseo desaparece delante de una “necesidad” incontrolada, más psíquica que física, la falta de dinero siendo el solo freno a esta dinámica de reproducción.
El último elemento que destaca el autor en esta parte son las representaciones que tienen los clientes de ellos mismos. Se observa una tipología binaria de los clientes, que sirve a la vez de justificación de su práctica: ellos no son los “morbosos”, obsesos sexuales y con deseos inconfesables que solamente pueden poner en práctica con las prostitutas, si no que son unos desdichados, que respetan a las mujeres y tratan de hacer el menor daño posible – unos incluso creen que de cierto modo “ayudan” a las prostitutas

Testimonio cliente: «Al principio fue una iniciación y después se ha vuelto un vicio, un
vicio exactamente como alguien que se ha aficionado al juego. Le compararía con alguien
que… pero un juego en la medida que no hay placer físico, hay algo que sucede en la
cabeza que consiste en, no en – perdonadme la expresión – “vaciarse las cojones” sino en
algo de intelectual que… pues, por supuesto hay el placer físico pero hay el placer
intelectual, que puede tener no un jugador de la lotería, que es un puro juego de azar, pero
que puede tener un jugador de póquer, que puede tener alguien que apueste a las carreras ,
que compra los periódicos, que conoce el nombre de los caballos, los jockey, el estado del
terreno etc. (…) Se ha vuelto una costumbre, incluso durante los quince años durante los
cuales he estado casado. Era, diría que era casi un reflejo, casi una obligación, como para
unos ir a misa o a las casa de apuestas a las carreras de caballos.” (p. 94, cliente E42)

El último elemento que destaca el autor en esta parte son las representaciones que tienen los
clientes de ellos mismos. Se observa una tipología binaria de los clientes, que sirve a la vez de justificación de su práctica: ellos no son los “morbosos”, obsesos sexuales y con deseos inconfesables que solamente pueden poner en práctica con las prostitutas, si no que son unos desdichados, que respetan a las mujeres y tratan de hacer el menor daño posible – unos incluso creen que de cierto modo “ayudan” a las prostitutas.




Testimonio cliente: «Mi objetivo no era irme a la cama con ellas, era discutir. He tenido relaciones extrañas con prostitutas. Era más ayudar que querer consumir. Y es siempre una situación ambigua, porque el consumo viene después de la ayuda. (…) Es paradójico. Siento culpabilidad pero es así. Siento una profunda culpabilidad por el hecho de comprar un cuerpo. No siento culpabilidad por el hecho de ayudarles, porque el respeto que tengo por las prostitutas y lo que hago por ellas, pienso que hay pocos clientes que lo tienen. En cierto modo, desculpabilizo. (…) Pienso que soy un hombre joven, que tiene la posibilidad de tener una relación con una persona del sexo femenino sin que entre dinero en esta relación. Pero hay esta necesidad de ayudar. Necesito ayudar a los demás. (…) Trato de hacerlas reaccionar, de hacerles entender que eso no es vida. Les pregunto sobre su futuro, lo que quieren hacer (…). Pero es confuso porque hay también esta necesidad física que ha sido una espiral de la que no he podido salir” (p.100, cliente E41)

Esta tipología corresponde a otra tipología binaria, las de las prostitutas, divididas, desde el punto de vista de los clientes entre “obligadas” y “libres”. Para unos clientes, elegir prostitutas que les parecen libres (a menudo, eso quiere decir prostitutas nacionales) es una manera de liberarse de su sentimiento de culpabilidad. Otros llegan incluso a enamorarse de prostitutas, desean salvarlas, redimirlas.

3) Lógicas arguméntales
En esta parte, el autor pone en evidencia las lógicas arguméntales utilizadas por los clientes para explicar o justificar su clientelismo. El tipo de argumentación se puede organizar por tipos de cliente (cf. tipología establecida en la parte I), incluso si en realidad varios tipos de lógica argumental se encuentran en un mismo cliente.

Para los aislados afectivos y sexuales, resaltan dos argumentos principales.
- el contacto con la mujer es más fácil dentro del marco de la prostitución: es una situación en la que no están obligados a desvelarse.

Testimonio cliente: “Es fácil ir a ver una prostituta. La relación se establece muy rápido.
No tienes que rendir cuentas. No tienes que ser bueno, estar a la altura de las circunstancias, ser inteligente (…). Con las prostitutas es más fácil porque uno sabe porqué viene y ellas saben porqué venimos. Es una relación clara. Has dado tu dinero y estás triste. Estás triste por supuesto, y unos días más tarde, vuelves a pensar en ello, tienes ganas de volver, siempre buscando algo que no encontraras.” (p.107, E62)


- La prostitución permite superar (o más bien, soportar) la decepción y el fracaso. Un cliente por ejemplo explica que frecuentó prostitutas por primera vez para vengarse de una pareja infiel. En general, corresponde a una perdida de confianza en sí mismo.

Para los desfasados de la igualdad, el recurrir a la prostitución viene de un profundo recelo, e incluso a veces odio, respecto a la mujer, percibida como “mala”, “egoísta” o “complicada”.
Eso concierne clientes solteros pero también casados o en pareja.

Las mujeres aparecen también como “provocadoras” (aparece en 15% de los testigos) en su forma actual de vestir y de actuar, una provocación percibida por estos hombres como un ataque contra su virilidad.

Testimonio cliente: “Para mi es demasiado, no puedo soportar ver a las mujeres así, bueno… yo no entiendo. Es pura incitación. Pero, incluso para las mujeres normales. Hay una panadera al lado de nuestra casa, pues, no entiendo. Además, está casada, siempre lleva escotes profundos. No entiendo. ¿Pero que quiere decir? (…) ¿Quiere decir que la gente puede contactar con ella? Dicen “No, no necesariamente”. Para ellas, es porque se encuentran mejor. Para mi, deberían llevar cosas que provocan mucho menos. Para mí, en la cultura occidental, de hecho es el hombre que se vuelve menos hombre y la mujer, ella enseña para la subasta. A medida que pasa el tiempo las chicas llevan más minifaldas, más vaqueros ceñidos, trapitos que muestran su ombligo, sus pechos, su formas, todo. ” (p.113, E21)

Estos clientes tienen tendencia a pensar que las evoluciones actuales de las relaciones entre hombre y mujer han llevado a una desigualdad a favor de la mujer. La mujer es percibida como poseedora de una fuerte ventaja en relación a sus “posibilidades sexuales” (según ellos, ligar es más fácil para ellas), que no se encuentra matizada como antes por una dependencia financiera. Tienen a menudo un discurso nostálgico sobre el pasado y una actitud de miedo respecto a las evoluciones sociales, a las cuales reprochan haber hecho salir a la mujer de su rol tradicional. En cierto modo, se presentan como victimas de la sociedad y de las mujeres, y justifican así su clientelismo.

Testimonio cliente: “Es que… las mujeres son complejas, y, bueno, en las relaciones hombre-mujer, respecto a lo del dialogo, pues, encuentro que eso se ha deteriorado mucho.
(…) Pienso que el dialogo y la comunicación se han vuelto más difíciles, hay un malentendido. Yo lo percibo desde hace unos diez años. Se puede decir que los hombres no saben más lo que quieren las mujeres, tenemos dificultades para situarnos respecto a las mujeres, hay una incomodidad. (…) Quizás las prostitutas nos ayudan a soportar a las mujeres (risa). Porque, por lo menos, es simple, es claro, es contractual y no te compromete a nada y ya está.” (p. 168, E92)


Estos clientes llegan inevitablemente a cosificar las mujeres, una actitud que comparten con el siguiente tipo de clientes: los compradores de mercancía. Esta tercera categoría de clientes presenta el clientelismo como resultado de una sexualidad imposible en la pareja que les conduce a separar dimensión sexual y afectiva en las relaciones con mujeres. Se habla de decepción, de rutina, de “inexperiencia” de la pareja (por oposición al “profesionalismo” de la prostituta), que no quiere o no sabe hacer “bien” ciertas cosas. La relación sexual no esta pensada como el resultado de un intercambio mutuo, sino como “saber-hacer”, prestación, capacidad profesional o don.

Testimonio cliente: “Es decir… tener una mujer que no te da nada en la cama. Pero que te da tantas otras cosas: una sonrisa, una comida, un vestido bien planchado… y que no tienes ganas de separarte de ella, bueno, vas a ver otra chica, porqué en la cama no tienes nada! Porqué sobre el 90% de las mujeres casadas a hombres que se van de prostitutas, estoy seguro de que hay 70% de ellas que no, la chupan o nohacen cosas así. ” (p. 120, E15)

Estos clientes viven una situación de incomprensión profunda en la pareja y hablan de una relación que a veces no es más que una soledad disfrazada. Tienen a menudo un discurso
“esencialista”, que presenta las sexualidades femenina y masculina como irreductiblemente diferentes y por lo tanto irreconciliables. El deseo esta considerado como algo incontrolable y
“dado” en la natura masculina, en lugar de presentar la capacidad de cada uno a soportar la frustración como fruto de factores educativos y sociales.

UNICEF: “ningún tipo de imperativo biológico impone un numero fijo de orgasmos por día, semana o año. Los individuos pueden a veces encontrar desagradable el hecho de no experimentar el paroxismo del placer sexual, pero el hecho de que no haya nadie para llevarles hasta el orgasmo no constituye realmente una amenaza para su supervivencia.”

Por otra parte, la “naturaleza femenina” esta presentada a menudo como dual: el cliente divide las mujeres en dos grupos, aquellas a quienes “les gusta” (caracterizadas por una sexualidad desbordante y necesidades nunca cumplidas – una imagen vehiculada, entre otros, por las películas pornográficas) y las otras. De hecho, una representación del sexo centrado sobre la eyaculación masculina lleva a una incomprensión de la sexualidad femenina y puede llevar a la impresión de que la pareja queda insensible al placer sexual, lo que aparece en el testimonio de muchos clientes como una de las causas de su clientelismo. En los dos casos, se niega la globalidad de la persona: unas están caracterizadas como carentes de una vida y unos deseos sexuales, mientras que a las otras se las reduce a su sola sexualidad. Esta representación de la mujer conduce también a menudo al miedo de despertar, en la pareja, esta mujer insaciable y de no poder satisfacerla y, por lo tanto, a una vida sexual mutilada, sin discusiones o expresión de los deseos. Resulta más cómodo ir a ver las prostitutas, presentadas como cosas sin alma, mercancías diversas que el cliente puede consumir a su antojo.

Testimonio cliente: “Te encuentras delante de un escaparate, con productos que te apetecen, tienes ganas de probarlos todos, y después seleccionas un poco. Y bueno, lo he probado todo: las morenas, las rubias, los pechos gordos, los pechos pequeños, los culos gordos, los culos pequeños, las bocas grandes. Las negras, las amarillas, todo, así, por curiosidad.” (p.124, E34)

Finalmente, sea cual sea el determinante (aislamiento, búsqueda de una relación sin compromiso etc.), una de las necesidades esenciales del cliente parece ser la cosificación del otro. Se busca una relación sexual que niegue al mismo tiempo la presencia del otro.

Testimonio cliente: “El ideal seria que no tengan alma… atención, lo que quiero decir es, que sean muñecas con una mecánica muy sofisticada, como se ve en las pelis americanas (…). En este caso, no habría ningún problema, no es una alma viviente, es una máquina (p.123,E”)

Unos clientes insisten también sobre el “gasto afectivo” y la complejidad que representa una relación amorosa que no sea mercantil. Forman un “subgrupo” de los compradores de mercancía que el autor llama los alérgicos al compromiso y a la responsabilidad. Pueden ser casados o solteros. En el primer caso, dicen preferir a menudo ir con las prostitutas que tener una amante, considerando que, haciendo lo primero, no engañan realmente a su mujer.
Además, así el riesgo de ser descubiertos es menor que con una mujer fija y que podría exigirles cosas.

Testimonio cliente: “No, no es engañar a su mujer. Son cosas compartimentadas. No es para nada el mismo tipo de relación, es mucho más carnal con una prostituta, no es una relación donde hay afectividad, estabilidad de sentimientos y una problemática amorosa, es el acto por el acto (…). Pienso que hay una separación, es compartimentado.” (p.171, E92)

En el segundo, diversas justificaciones son presentadas según los clientes: miedo al compromiso afectivo después de una relación difícil, no querer fundar un nuevo hogar, un ritmo de vida (viajes, exigencias profesionales…) que no permite el compromiso, madre posesiva que pone trabas a las relaciones (la prostitución es así una manera de evitar elegir entre la relación con la madre y la relación con una mujer), etc.

Testigo cliente: “Porque una mujer en casa, te cuesta tanto como una prostituta y no estas seguro de obtener lo que quieres. Entonces, mejor ir a ver las prostitutas de vez en cuando, estas seguro que tendrás todo lo que quieres y además te cuesta tan caro como una ama de casa.” (p.126, E15)

Por ultimo, una minoría no despreciable (24%) de los clientes entrevistados presenta su práctica como “compulsiva”, comparando el clientelismo a una adicción a la droga. Este sistema es un círculo vicioso que contribuye a aislarles cada vez más de relaciones “normales” con las mujeres.

Testimonio cliente: “Me digo a veces que tengo ganas de dejarlo pero yo… yo no sé si podré (…). Tengo ganas de dejarlo porque a veces no me siento libre. Lo hago porque lo necesito, lo necesito, tengo una necesidad física. Pero me siento forzado. Es como el cigarrillo, eso es. Fumaba antes y un día he tratado dejarlo solo. No pude. ” (p.128, E12)



Por eso, condenan la prohibición y se reprocha a los poderes públicos no entender esta dependencia involuntaria que sufren los clientes. De hecho, casi todos los clientes (96,8 %) interrogados se pronuncian en contra de la prohibición. Justifican su posición recurriendo a la distinción entre prostitución libre y forzada. La regularización permitiría eliminar la última y dar derechos a las profesionales, reprimiendo las redes y los proxenetas.




CONCLUSION/RECOMENDACIONES
El carácter cualitativo del estudio invita a la prudencia a la hora de sacar conclusiones generales del análisis. No obstante, examinando la muestra de clientes entrevistados, ya se pueden derrumbar algunos “mitos” en cuanto al “cliente tipo” de la prostitución. Los clientes pertenecen a todas las clases sociales, todas las edades y son tanto solteros como hombres casados o divorciados, padres o no. Existe una ligera sobrerepresentación de ejecutivos, que puede ser debida al factor del dinero o también a la técnica de muestreo (mayor facilidad de esta categoría socio-profesional a expresarse y ofrecerse como testigo). Por lo tanto, se puede decir que el cliente no es un ser diferente sino que es representativo de la sociedad a la cual pertenece. Eso invita a concluir que el clientelismo es en efecto un resultado social, que hay que atender como tal, y no una tara individual que seria suficiente “curar” o “reprimir”.

Para el autor del informe, no todos los hombres son clientes, pero muchos podrían convertirse en clientes.
Respecto a la regularidad, el informe destaca sobre la muestra una mayoría (casi 70%) de clientes ocasionales, la práctica siendo a veces circunscrita a o sensiblemente más regular en momentos precisos (viajes profesionales, vacaciones…). Estos datos, si no se pueden generalizar, pueden no obstante dar ideas en cuanto a hacia donde orientar las acciones preventivas.

En este respecto, el autor del informe propone algunas pistas de prevención:
- Prevenir actuando sobre la socialización por géneros, inscribiendo la educación sexual como uno de los deberes de la escuela, a todos los niveles.
- Organizar de manera regular campañas de prevención para el público, ya que el clientelismo se produce y se reproduce por varios actores y una multitud de canales (padres, amigos, colegas, esposa, mensajes televisuales…). Comporta una dimensión sistémica, que implica a todos los actores sociales, y una dimensión directa, implicando el entorno del cliente.
- Formar personas capaces de intervenir en la prevención del clientelismo a partir de estudios detallados sobre el tema.
- Romper el silencio público respecto al clientelismo
- Ofrecer a los clientes la posibilidad de ser escuchados: en efecto, el número de personas que respondieron a los anuncios para la encuesta y el tiempo que durado las entrevistas, con momentos frecuentes de emoción, indican por parte de los clientes una necesidad de ser escuchados, que podría ser el primer paso hacia una salida acompañada del clientelismo. No se han encontrado clientes felices, sino personas que tratan de subsanar con la prostitución un vacío afectivo y sexual, sin encontrar tampoco una real satisfacción en el clientelismo.
- Interrogarse sobre los efectos de la pornografía sobre los imaginarios sexuales: la pornografía fue evocada a menudo por los clientes, ya sea como un medio de descubrimiento de la sexualidad, como una práctica acompañando el clientelismo o una secuencia del devenir cliente (primer paso antes de empezar el clientelismo). Parece entonces necesario profundizar el conocimiento que tenemos sobre las imágenes pornográficas, los modelos que vehiculan y sus consecuencias.



Las imágenes han sido agregadas por mí, no aparecen en el texto original.
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En este blog las representaciones son afiches, pinturas, dibujos, no se publican fotografías de las personas en prostitución para no revictimizarlas; salvo en los casos en que se trate de documentos históricos.

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