lunes, 8 de mayo de 2017

El mito de elegir la prostitución como plan de vida



El mito de elegir la prostitución como plan de vida
camiblanco10
Por Camila Blanco

Cuando en ámbitos progresistas se pregona por la reglamentación de la prostitución para proteger los derechos de las trabajadoras sexuales, una genera simpatías. En cambio, cuando en ese mismo ámbito una plantea que la prostitución debe prohibirse y que “consumir” prostitución debería ser considerado un delito (más allá de las limitaciones del derecho penal) a una se la asocia con los ámbitos conservadores y reaccionarios.

Sin embargo, permítanme ubicarme en ese lugar incómodo, ese que dice que sostener que la prostitución debería regularse para proteger a las mujeres prostitutas (porque hablar de prostitución es hablar de mujeres) y reconocerles el derecho a una jubilación y a tributar impuestos es, hoy en día, una postura que peca de ingenua y anacrónica, por no decir de snob.

En primer lugar, debe considerarse que en la actualidad, la prostitución cuentapropista es una rareza. En efecto, el imaginario de que la prostituta decide de manera libre e informada dedicarse a vender sexo por dinero, es simplemente eso, un imaginario. La prostitución siglo XXI va de la mano de la marginalidad, la pobreza y el crimen organizado.

A la prostitución se llega a partir de un estado de necesidad, a partir de la desesperación, a partir de la soledad,  que lleva a la decisión instrumentalizar el propio cuerpo —no para lograr una vida sexual plena, sino para que otros nos consuman, como mero producto de cambio.

No quiero aquí que se me malinterprete. En esta ecuación, la primera víctima es la prostituta y con ella, todas las mujeres como grupo, que nos vemos afectadas a partir de la perpetuación de un sistema de opresión. En definitiva, lo que aquí se cuestiona —como siempre lo hace el feminismo— es el paradigma patriarcal, ese que se genera a partir de naturalizar el acceso de los varones al cuerpo de las mujeres a cambio de dinero.

Nude dancer. Ernst Kircher. 1909
De acuerdo al Reporte 2012 sobre Tráfico de Personas realizado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos —una de las pocas herramienta sistematizadas y actualizadas año a año en materia de tráfico de personas— Argentina es un país de generación, tránsito y destino de varones, mujeres, niños y niñas sujetos a la explotación sexual y al trabajo forzado, delitos que muchas veces van de la mano. Dicho reporte señala que muchas de las víctimas son de áreas rurales y pobres, quienes son forzadas a prostituirse en centros urbanos. Existe un número significativo de víctimas extranjeras, principalmente de Bolivia, Perú y República Dominicana. Asimismo, nuestro país es centro de tránsito para la explotación sexual de mujeres y niñas provenientes de Chile, Brasil, México y Europa del Este. También, existe registro de mujeres argentinas que son llevadas al extranjero para ser prostituidas.

El reporte señala que, si bien Argentina no satisface plenamente los estándares de lucha para la eliminación del tráfico de personas, está realizando importantes esfuerzos en ese sentido. Entre ellos, la creación de protocolos y oficinas de asistencia a las víctimas que reciben fondos federales, provinciales y municipales. De acuerdo a las ONGs especializadas y a las autoridades consultadas para la realización del Reporte, la creación del Ministerio de Seguridad en el año 2010, que coordina los esfuerzos federales en materia de lucha contra la trata y que mantiene una base de datos respecto de delitos relacionados con la trata, así como el establecimiento de la Unidad Fiscal de Asistencia en Secuestros Extorsivos  (UFASE) en el marco de la Procuración General de la Nación —que coordina esfuerzos con la Policía Federal, la Prefectura Naval y la Gendarmería— van en esa dirección.

En este contexto, Marcelo Colombo, fiscal a cargo de la UFASE, afirma que no se puede separar la prostitución de la trata y que ello implica que en el marco abolicionista argentino, no es una opción “reglamentar” la prostitución. Ello, porque la trata de personas es la red que cubre la prostitución en Argentina: no hay prostitución sin redes mafiosas detrás.

Por ello,  defender la prostitución cuentrapropista, en la que, supuestamente, la mujer, libre, sana y educada decide de manera informada que la prostitución es el plan de vida que ella quiere llevar a cabo para darse sustento económico y disfrutar, al mismo tiempo, de su sexualidad es perversamente absurdo.

Existen modelos comparados a los que podemos echar un vistazo para desentrañar estas cuestiones. Ellos son el modelo holandés y el sueco. Ambos países son lejanos al nuestro en cuanto a la idiosincrasia normativa, pero nos sirven como brújula en materia de políticas públicas en relación a la prostitución.

El modelo holandés, al considerar que la prostitución es una faceta inherente a la sociedad, decidió reglamentarla, mientras que el sueco, en razón de considerar a la prostitución como una práctica misógina, coercitiva y violenta, decidió abrazar un modelo abolicionista a partir de la prohibición de la compra de sexo.

Las autoridades holandesas argumentaban que con la regulación de la prostitución sería más fácil detectar las redes de trata ilegal y así combatir a los violadores, proxenetas y traficantes. Sin embargo, a más de diez años de la medida, las licencias para los prostíbulos son ínfimas ya que la mayoría de esta actividad continúa en la ilegalidad. Sumado a ello, los estudios demuestran que Holanda devino uno de los más importantes centros de destino de las mujeres víctimas de trata de Europa del Este.  También, luego de la permisión, la prostitución infantil aumentó (fuente, acá).



Desde el año 1999, Suecia tiene legislación que pena la compra de sexo y descriminaliza la venta. Ello, porque la idea detrás de la reforma es que las prostitutas son las víctimas de un sistema violento y humillante en el que es menester la intervención del Estado. La principal asesora de la reforma sueca fue Gunilla Ekberg, una feminista experta en cuestiones de trata que se ha convertido en una de las principales impulsoras del abolicionismo.  Para ella, la clave de esta cuestión es que ningún sistema que pretenda ser una democracia en la que varones y mujeres son iguales puede tolerar que las mujeres, las niñas y los niños entren al mercado como bienes de compra-venta.  La legislación sueca trajo aparejada una drástica reducción en la compra de sexo y es considerada exitosa, al punto que Noruega implementó el mismo modelo en el año 2009.

Lo interesante de este análisis es que el modelo sueco logró todo aquello que se proponía el modelo holandés, como reducir la prostitución infantil y facilitar la persecución de los proxenetas y explotadores sexuales. Holanda, por su parte, se ha convertido en el centro de destino de mujeres extranjeras víctimas de trata, de prostitución infantil y generó una dinámica que hace difícil investigar a aquellos “intermediarios” o “facilitadores” de la prostitución (fuente, acá). Las autoridades holandesas consideran a esta situación como “crítica” y están decididas a cerrar la mayoría de los prostíbulos y a dar marcha atrás con el paradigma permisivo, que funciona como enclave europeo del crimen organizado.

Más allá de estas experiencias comparadas, somos nosotros y nosotras quienes debemos pensar qué implica ponernos de uno u otro lado en relación a la prostitución. En mi opinión, es claro que decidir prostituirse no es una decisión proveniente de la libertad, sino por el contrario, desde la más humillante opresión. Ese es el presupuesto del que deberíamos partir para tener esta discusión.

http://derechoalsur.com/2012/07/02/el-mito-de-elegir-la-prostitucion-como-plan-de-vida/



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