sábado, 20 de octubre de 2018

Suecia: penalizar al cliente disminuyó el negocio


Suecia: penalizar al cliente disminuyó el negocio
El país escandinavo ha logrado erradicar el mercado sexual más evidente.
 Los críticos denuncian que
se ha desplazado de los clubes de alterne a los suburbios
Belén Domínguez Cebrián
8 sep 2018 -

En las calles de Estocolmo hay 14 prostitutas. Contadas. El Gobierno sueco empezó en los años noventa a implementar unas políticas a largo plazo contra la trata de seres humanos que se centró principalmente en la protección de la mujer. Hace casi 20 años, en 1999, todos los partidos en el Riskdag (Parlamento sueco), sin ningún atisbo de división, aprobaron prohibir la compra de servicios sexuales y se centraron en el cliente. Hoy en día el consenso entre las fuerzas políticas continúa y Suecia, como en otras materias, es ejemplo para otros países del mundo en cuanto a políticas abolicionistas del sexo por dinero.

“Lo primero que hay que dejar bien claro es que la mujer es la víctima”, explica Petra Tammert Seidefors, de la Agencia Sueca de Equidad de Género. Las expertas consultadas coinciden en que lo esencial es atacar donde está el problema, donde está el control y, sobre todo, donde está el negocio: los chulos y los clientes.

Después de que Suecia se convirtiera en el primer país del mundo en perseguir legalmente el negocio de la prostitución —que mueve “incalculables cifras de dinero”, según Tammert— otros países vecinos hicieron lo mismo. Canadá, Islandia, Irlanda, Francia y Noruega. Este último, además, fue más allá criminalizando la práctica de sexo por dinero de sus propios ciudadanos también en el extranjero, punto al que Suecia, a pesar de haber abierto un largo camino, aún no ha llegado. El Parlamento tumbó esa propuesta en 2014. “Noruega puede juzgar a ciudadanos noruegos que hayan ido al extranjero en viaje de negocios o de turismo y hayan pagado por sexo”, relata la experta en feminismo en Suecia Clara Berglund, quien añade a su lista Grecia y Sudáfrica como países en cuyas agendas está la persecución del cliente.

Suecia levanta la cabeza y presume de moral. “Noruega implantó la ley porque las mujeres montaban mucho jaleo en la calle. Eran muy violentas y había problemas”, narra Tammert. Fue, por tanto, un freno al desorden. Sin embargo en Suecia, continúa, “la ley de 1999 se fraguó y nació de la importancia que le da nuestra sociedad al respeto a la igualdad de género, el respeto a la mujer”. De hecho, “la actitud en la sociedad ha cambiado en estos últimos 20 años. Muchos hombres y chicos ya no piensan o piensan menos en que estas prácticas sean aceptables”, dice Berglund.

Aunque gracias a las políticas suecas —el Gobierno invierte anualmente 6,5 millones de coronas suecas [620.000 euros] en la agencia de equidad de género— se haya conseguido prácticamente erradicar la prostitución más evidente como los clubes de alterne o las chicas de las esquinas en los suburbios, en el país escandinavo ha surgido desde los años 2000 un nuevo enemigo para frenar la prostitución: Internet. Una de las críticas de los detractores del abolicionismo señala que desplaza a las mujeres fuera de la vista, de zonas seguras.

Muchos clientes acceden a conocer prostitutas —la mayoría de Rumanía y de Nigeria— a través de páginas webs. Después de establecer contacto, quedan en los suburbios de las ciudades para ir, muy discretamente, a un hotel o a un apartamento alquilado. “Colaboramos mucho con Airbnb porque ellos no quieren que se practique la prostitución en sus apartamentos”, explica Kajsa Wahlber, relatora nacional sueca de tráfico de seres humanos. Wahlber calcula que en Suecia hay 1.000 prostitutas de las cuales unas 300 son de nacionalidad sueca y el resto extranjeras: Rumanía, Nigeria Polonia, Lituania, Sudámerica (Brasil) y Tailandia. De hecho, las autoridades están poniendo ahora la lupa en los locales de masajes thai. “Son sitios sospechosos”, indica.

Desde que entró en vigor la ley hace dos décadas, más de 7.600 hombres han sido procesados y multados por pagar por tener sexo con una mujer

Además, el Gobierno está trabajando con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para asistir a las víctimas de trata en su retorno a su país de origen, donde “se les sigue apoyando”, dice Petra.
 


En los suburbios trabaja Simon Häggström. Es inspector de policía en la unidad de Operaciones y se ha especializado en crímenes sexuales. Su departamento se dedica a ir a la caza del cliente de prostitución dos noches por semana, además de analizar información e identificar posibles amenazas. La Policía es otra parte importante para desmantelar el entramado de la prostitución. Desde 1999, el Gobierno sueco ha destinado aproximadamente 75 millones de coronas suecas para combatir el crimen y el tráfico de seres humanos (dentro del cual la mujer está en una clara posición de vulnerabilidad, según matizan siempre las expertas).

Desde que entró en vigor la ley hace dos décadas, más de 7.600 hombres han sido procesados y multados por pagar por tener sexo con una mujer, según datos oficiales. Las multas, matiza, son “severas” y dependen de los ingresos de cada persona para que sea un castigo proporcional. “No son como una multa de tráfico”. Los casos más graves, reconoce, sí han terminado en prisión para el cliente.

Fuente
https://elpais.com/sociedad/2018/09/07/actualidad/1536341388_199027.html





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