domingo, 29 de marzo de 2020

Prostitución por continentes: América


Prostitución por continentes: América
14 marzo, 2019

“En algunas calles de México D.F. 50 pesos son suficientes para comprar doce latas de cerveza, tres tortas y el cuerpo de una niña de 16 años”. Esta afirmación hecha por la web Criminalistica.mx nos da a entender una realidad tan brutal como sobrecogedora, y es que hablar de prostitución en América es hablar también de prostitución infantil.

Los datos, a groso modo, que dan en la web son realmente terribles. Según señala UNICEF-MÉXICO, “hay una intervención directa de redes de carácter internacional que promueven el hecho de que los niños puedan entrar a estas actividades, tanto de pornografía como de prostitución siendo menores de 18 años”. Se estima que en México, alrededor de 30 mil menores de edad, son víctimas de la prostitución y el abuso sexual infantil.

“Un informe remitido a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, cita varios países latinoamericanos, entre otros Colombia, donde el número de niños de la calle que se prostituyen en Bogotá se habría quintuplicado en seis años”. Sobre América del Sur y Central, el informe constata la llegada a Chile de cientos de niñas, lo cual constituye “un fenómeno nuevo“.  En varios clubes nocturnos de la capital mexicana, se obligaba a niños a prácticas zoofílicas. En Perú aumenta un fenómeno conocido como “fleteo”: adolescentes y  niñas se prostituyen a domicilio para ayudar a sus familias o para comprar droga. En el norte del continente, Estados Unidos cuenta, según el informe, “con redes muy estructuradas de venta de cintas de carácter pedófilo”  nos informa Criminanistica.mx.

 México, prostitución en la frontera
Rita María Hernández, directora de la Comisión Unidos contra la Trata afirma que “en México la prostitución no está reglamentada ni prohibida; en realidad está tolerada”, y el 96% de las mujeres que lo practican ha experimentado situaciones traumáticas y de violación. Cada año se producen más de seiscientos viajes turísticos internacionales que tienen como destino este país, de los cuales alrededor del 20% confiesan viajar en busca de sexo y en el 3% de los casos para consumir sexo con menores. Esto arroja la terrible cifra de 3 millones de personas que anualmente viajan por el mundo buscando sexo pedófilo. Se calcula que en la capital hay al menos 70.000 personas ejerciendo la prostitución; 70% son mujeres, 25% travestis, transexuales y transgénero, el 5% restante hombres, y alrededor de 18.000 del total son menores. Solo en la capital.

Y es que en México se dan dos circunstancias muy peculiares que tal vez no se den en otros países del continente americano y es que confluyen las corrientes de inmigración que parten desde países de América del Sur tratando de cumplir el sueño americano, con la movilidad propia del turismo sexual, algo que ha provocado que existan auténticos corredores de prostitución bien dedicada a una cosa u otra, según destino.

En Ciudad Hidalgo, situada a 125 km de la frontera sur se desconoce por completo el número total de prostitutas que ejercen. La mayoría de ellas llegan desde países del sur y tratan de localizar a alguien que las pueda ayudar a llegar a la frontera del norte. Mujeres que han pagado a “coyotes” para realizar guiadas ese viaje, se encuentran de repente en habitaciones de hoteles insalubres, abandonadas y engañadas por quienes se han llevado su único dinero con la promesa de acercarlas a la frontera de Estados Unidos (5.000$ cuesta ese acercamiento) y sin más recurso para sobrevivir que venderse de cualquier manera en la calle. Los altos niveles de delincuencia, las mafias dedicadas al narcotráfico, las de trata o las de tráfico de personas, convierten las calles de esta ciudad, sin luz y sin presencia policial, en un infierno.

Hay estados en que existen más de 12.000 bares y cantinas donde trabajan cerca de 30.000 mujeres centroamericanas, de las cuales un 80% son de Honduras.

Este último año, con la llegada de las caravanas de inmigrantes han pedido asilo en México 26.566 personas, de las cuales el 48% son mujeres.  Los abusos, la violencia y el hambre de la que huyeron en sus países es lo único que encuentran. Hay mujeres que tienen tan asumido el hecho de que van a ser violadas por el camino o al legar a las fronteras que toman anticonceptivos solo por prevenir embarazos aunque no tengan pareja y viajen solas con sus hijos. Las mafias y las bandas organizadas aprovechan la precaria situación de estas mujeres para perpetuar la violencia de la que ellas han huído.

Desde Europa creo que no somos capaces de imaginarnos siquiera el auténtico infierno de estas mujeres que, pese a todo lo que han soportado, aún tienen esperanza y luchan, con todas sus fuerzas por un futuro mejor para sus hijos.

La precaria situación económica tanto de las mexicanas como de las inmigrantes, lleva a muchas de ellas a tener tan solo dos opciones para sobrevivir; la prostitución o el narcotráfico, y si se deciden por la primera es tan sólo porque ante la permisividad y tolerancia del gobierno, tienen menos riesgo de ser detenidas y encarceladas.




Otras fronteras
La existencia de un tipo de prostitución fronteriza se da también en otros países, como por ejemplo Venezuela, en donde las mujeres cruzan a Colombia para ejercer en un país donde pueden ganar en una hora el salario equivalente a un mes de trabajo en su país. Algunas de ellas pueden quedarse en ciudades más o menos cercanas, como Medellín en donde hay auténticas batallas por zonas de trabajo y por tarifas aplicadas a los clientes que distan unos cinco dólares más o menos según la mujer sea colombiana o venezolana. La cifra que se maneja es de alrededor de 4.500 mujeres venezolanas ejerciendo la prostitución en Colombia. Otras muchas, sin embargo, han preferido emigrar a Ecuador donde sus servicios son pagados en dólares estadounidenses.

En Panamá la prostitución no se considera ilegal, no existe ninguna norma que lo dicte, pero en ese vacío legal existente se penaliza solo a los proxenetas y la trata, hecho que, al igual que en otros países ocurre, hace que prolifere la expansión de bares y hoteles donde desarrollar esta actividad de forma encubierta.

En Perú esté penalizado el proxenetismo al que se le suele añadir el delito contra la libertad.

En Guatemala los casos investigados por trata de personas han aumentado en los últimos años un escalofriante 625%. La mayoría de mujeres que caen en el engaño de ser llevadas a Estados Unidos se encuentran posteriormente abandonadas en hoteles y el zonas rurales, donde salir del mercado de la trata en el que han entrado sin querer es casi imposible. El país se lanza como uno de los lugares de turismo sexual hasta el punto de que han tenido que endurecer los controles de fronteras con México, El Salvador y Honduras, así como extremar el cuidado en puertos y aeropuertos.

Se considera que en Honduras hay 48.500 víctimas directas del turismo sexual que recaudan 12,3 millones de dólares, lo que supone un 2,7% de PIB con lo cual está siendo incentivado por organizaciones completamente legales.

Esta situación en Guatemala y Honduras se agrava todavía más cuando la mujer es indígena ya que las leyes en defensa de la mujer indígena solo pueden actuar cuando el caso se da en menores. Con las personas adultas hay un vacío legal además del rechazo de toda la comunidad a la que pertenecen ya que la prostitución está considerada una traición a sus valores.

En Chile la prostitución como tal no está tipificada como delito pero si está penado el “abuso de poder o de confianza que promueva la prostitución”.

En Brasil la prostitución no es ilegal aunque sí lo es y está penado trabajar en burdeles, explotar a menores, alquilar lugares para ejercerla y el proxenetismo. Se calcula que hay unas 75.000 mujeres brasileñas ejerciendo la prostitución en el mundo como emigrantes en otros países, pero la cifra realmente alarmante es la de que existen dos millones de niños y niñas de entre 10 a 15 años obligados a prostituirse.

En Costa Rica la prostitución es legal y solo les piden, como requisito, ser mayores de 18 años y tener libreta sanitaria.

Nevada es el único estado de USA que permite la prostitución, y la mayoría de los burdeles se concentran en Las Vegas. En el resto la prostitución es ilegal y perseguida no solo a quienes ofrecen sus servicios sino también a quienes los compran, de hecho, hay partidas presupuestarias para investigar y procesar a los clientes. En Nueva York la oferta y la demanda están penadas con hasta tres años de cárcel aunque también se da la modalidad “delivery” consistente en llevar a las chicas directamente a la casa particular del putero y pagar con tarjeta bancaria.  Una forma efectiva de burlar la ley y donde cobra hasta el chófer que las traslada. No sería extraño que algún día veamos (horrorizadas) en este sentido aplicaciones para el móvil.

La prostitución es ilegal en Nicaragua y se calcula que hay unas 14.000 mujeres de diferentes orígenes ejerciéndola. La mayoría de ellas lo hacen de forma oculta bien por no reconocerse como prostitutas, bien porque sus familias no saben que lo son o bien, por el contrario,  también se da el caso de las que reivindican su derecho a serlo. Muchas se agrupan en la Asociación de Mujeres Trabajadoras Sexuales Girasoles que cuenta con unas 2.300 socias.

Nicaragua ha sido el primer país en capacitar a las trabajadoras sexuales como facilitadoras judiciales a fin de que estas puedan resolver sus conflictos laborales.

 Cuba o el paradigma de la no existencia
En Cuba no es posible saber exactamente cuántos hombres, mujeres y niñas o niños se prostituyen. Ni siquiera se puede dar una cifra porque en Cuba la prostitución tiene unas dimensiones particulares que lo convierten en un caso aparte, distinto al resto de países latinos y que hacen prácticamente imposible el sondeo.

En teoría la prostitución está penada por ley pero el gobierno niega por completo su existencia marginal escudándose en la libertad que ofrece la comunidad cubana frente al liberalismo de terceros países y, sin embargo, Cuba es uno de los referentes internacionales del llamado turismo sexual. De hecho, Cuba siempre ha tenido proyectos igualitarios en materia de educación y hay muchas mujeres que tras graduarse en una carrera de ingeniería o medicina terminan ejerciendo la prostitución por falta de otros recursos laborales. Castro llegó a bromear diciendo que “las nuestras son las putas más cultas del mundo”.

“En los tiempos de la revolución las mujeres buscaban el sexo por poder, al caer el muro de Berlín lo buscaron por dinero. Tras años de bloqueo y caos económico ahora lo buscan como un medio lícito de ganarse la vida”. Hasta tal punto es algo normal en la isla que para muchas personas es una profesión a la que pretenden aspirar y que ha dejado de ser un estigma social. No es raro encontrarse con niños y niñas que aspiran a casarse con un extranjero, algo que creen que pueden lograr desde la prostitución y que, en caso de no alcanzar completamente, siempre les va a suponer un peldaño de ascenso en la escala social.

Padres y madres pueden presumir de que sus hijos e hijas, independientemente de su edad, estén saliendo con extranjeros. En un país donde se sobrevive con menos de un dólar al día, estar con un extranjero que se considera un síntoma de solvencia económica. Lo grave de la situación y que la hace tan diferente es que de la prostitución parece depender la buena marcha de toda la economía de la isla. De no ser por las prostitutas y de los recorridos turísticos, habría cientos de pequeños bares, tiendas y pequeños hoteles de los que dependen familias enteras y que no podrían sobrevivir sin el impacto económico que supone el turismo sexual. El gobierno, consciente de este hecho y haciendo primar el torticero significado de libertad y libre elección, se planeta legalizarla equiparándola a cualquier otro trabajo.

Hablar de la prostitución en el continente americano es sin duda hablar de una larga historia de explotación en la que se juntan características diferenciales a las de otros lugares. El colonialismo, las distintas etnias, las comunidades indígenas, las guerras internas que siempre la han azotado  y el narcotráfico, hace que no se pueda hablar del tema sin clasificarlo por países y sin que se pueda olvidar ni por un momento su propia idiosincrasia. Hablar de prostitución en América latina es hablar siempre de una terrible e histórica injusticia en la que como siempre las mujeres han corrido con la peor parte.

Las corrientes feministas actuales, muchas de las cuales están a favor de la legalización, tienen aquí una explicación más compleja, puesto que históricamente han vivido de forma subjetiva fenómenos de explotación que no hemos vivido, por ejemplo, en Europa.  Si partimos de la premisa de que la prostitución anula cualquier subjetividad y deja a la mujer convertida en un objeto de consumo a manos de los hombres, los abusos cometidos casi de manera industrial, hace que muchas mujeres vean en la legalización de la prostitución una forma de empoderamiento y de independencia económica. Otras lo pueden ver como un mal menor ya que el horizonte de una vida mejor es demasiado lejano como para ser alcanzable. La estructura socioeconómica, con una evidente disparidad en la distribución de la riqueza, los núcleos rurales tan alejados de las grandes ciudades y las pocas opciones laborales condenan a muchas personas al empobrecimiento y la vulnerabilidad. La mayoría de la población tiene unos niveles de pobreza por debajo de lo mínimamente aceptable según dice UNICEF, lo que implica la repetición de estos roles de pobreza y marginalidad. Con la globalización y  los avances tecnológicos, las fronteras parecen haberse borrado y las metas personales son más altas y más difíciles de lograr por lo que para muchas familias, para muchas mujeres, la alternativa de salir de la pobreza, de su país, vivir lejos de las zonas en guerra o empobrecidas por ellas, lejos del narcotráfico y de sus secuaces, lejos de una explotación casi segura en manos de mafias, de maras, de proxenetas, guerrilleros incluso de ONG´s, vivir en otro lugar aunque sea prostituyéndose es una alternativa muy válida.

De poco sirve la teoría ante un estado de violencia estructural tan intensa y férrea. De poco nos van a valer las teorías feministas si no hay detrás un estado que de verdad quiera resolver estos problemas y trate de aplicar una política de alternativas dignas para toda la población. De nada nos sirve a las feministas europeas, blancas y libres hablar a estas mujeres de subjetividad, de libertad, de alternativas laborales si luego los gobiernos y las leyes no hacen prácticamente nada por ofrecerles una vida mejor.

Tras tantos datos y cifras descorazonadoras la sensación de impotencia me abruma. Tratar de dictar “normas” pertrechada tras un simple portátil y desde la cómoda Europa me parece casi un insulto al dolor de todas estas mujeres, y sin embargo, como feministas tenemos que hacerlo, tenemos que seguir haciendo feminismo para la vida, un feminismo completo en el que incluyamos la lucha de las mujeres de cualquier condición en cualquier rincón del planeta como una lucha propia y común.

Las feministas conocemos que el 90% de las mujeres en esta situación están deseando salir de la misma y que no cuentan con apoyos de ningún tipo, que más del 70% son agredidas físicamente, que más del 60% son violadas por sus proxenetas, que el 87% de las mujeres prostituidas han padecido violencias físicas antes de los 16 años, que casi el 80% de las mujeres en prostitución comenzaron a ser prostituidas siendo menores de edad, que el 68% de las mujeres presentan Trastorno de Estrés Postraumático y eso es por lo que tenemos que seguir luchando y levantando la voz a pesar de las otras muchas voces que, aprovechando la coyuntura especial de las mujeres latinas en sus países de origen, tratan de vendernos la prostitución como la única salida posible para ellas.

La prostitución no puede ser una aspiración o un proyecto de vida porque entonces estamos condenando a miles de vidas a la esclavitud.


Por Nina Peña (@ninapenyap)

Fuentes y artículos consultados.

http://paginabierta.mx/prostitucion-cadena-de-explotacion-y-discriminacion/
http://generoconclase.blogspot.com/2010/06/la-prostitucion-en-latinoamerica.html
http://cued.mx/blog/la-prostitucion-en-mexico-un-fenomeno-evidente-que-nadie-quiere-ver/
https://docplayer.es/6503600-Estudio-exploratorio-sobre-trata-de-personas-con-fines-de-explotacion-sexual-en-argentina-chile-y-uruguay.html
http://generoconclase.blogspot.com/search/label/contra%20la%20prostitución
https://www.criminalistica.mx/areas-forenses/criminologia/1249-introduccion-al-problema-social
https://es.panampost.com/priscila-guinovart/2017/03/16/las-prostitutas-del-socialismo-en-america-latina-por-ellas-no-marcha-nadie/
https://www.panamaamerica.com.pa/nacion/prostitucion-la-actividad-que-crece-en-la-ilegalidad-868620
https://www.monografias.com/trabajos16/explotacion-menores/explotacion-menores.shtml
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2008-03-18/la-prostitucion-trabajo-o-esclavitud_522626/
https://www.periodistadigital.com/america/sociedad/2018/12/20/la-megaestafa-de-uruguay-prostitucion-extorsion-cocaina-autos-de-lujo-hoteles-y-mucho-dinero.shtml
https://www.infobae.com/america/venezuela/2017/07/27/the-economist-mas-venezolanas-desesperadas-recurren-a-la-prostitucion-en-colombia/
https://www.youtube.com/watch?v=RqFmLoASDOk
http://latratadepersonasenmexico.blogspot.com/2014/04/aspecto-historico-y-perspectiva-actual.html




Fuente:











“Si un político defiende que la prostitución es un trabajo como cualquier otro, debería demostrarlo prostituyéndose”
Ana de Miguel es profesora del Departamento de Filosofía Moral y Política de la Universidad Rey Juan Carlos y ha participado esta semana en la II Escuela de Pensamiento Feminista de Aragón, organizada por el Gobierno autonómico

“Nos dicen que han elegido libremente ser diputado o diputada, ser ejecutiva o de emprendedora con 3.000 euros de sueldo y, claro, ¿qué van a hacer si otras eligen estar desnudas, en bragas rojas, con tacones tras un escaparate?”

“La libre elección es una tomadura de pelo para los que no pueden elegir nada. El esquema neoliberal es que todo se puede comprar y vender, y es repugnante”

“A la derecha neoliberal le compensa apoyar lo que llaman ‘libre elección’ de las mujeres en el aborto para justificar la prostitución y los vientres de alquiler”
Ana Sánchez Borroy   - Zaragoza
28/04/2019 -






La filósofa Ana de Miguel (Santander, 1961) ha participado esta semana en la II Escuela de Pensamiento Feminista de Aragón, organizada por el Instituto Aragonés de la Mujer. Discípula de Amelia Valcárcel y de Celia Amorós, dirige el curso de “Historia de las teorías feministas” del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid.


Desde que escribió Neoliberalismo sexual, ¿piensa que el mito de la libre elección se ha ido imponiendo más todavía o está retrocediendo?
Francamente, creo que estamos consiguiendo combatirlo. Lo que pasa es que es un gota a gota, conferencia a conferencia, charla a charla, libro a libro... Mi experiencia y la de otras compañeras es que no hay un sitio en que demos una charla en que no acabe todo el público convencido. Sin embargo, es muy difícil contrarrestar a todo el mundo de la creación, de los medios de comunicación de masas… el mundo que llega a los jóvenes y las jóvenes.

El arte y la creación inhibe su juicio crítico; el mito de la libre elección se mueve en eslóganes que llegan muy bien a la gente joven y al resto también. Son eslóganes de tipo "porque tú lo vales", "tú, que eres libre", "que eres una transgresora" que tratan de uniformarles y hacerles a todos idénticos. A través de una libertad entendida como libre elección, se les está introduciendo una concepción de la vida que se reduce a considerar tu cuerpo y el de los demás como un recurso para el éxito social, incluso para ganar dinero en la prostitución

La libertad y la libre elección es un gran valor por el que ha luchado mucho el socialismo y el feminismo, entendido como no estar sujeto ni subordinado a nadie. Ahora, este valor se reconvierte en una apología del capitalismo neoliberal, que mantiene que todo se puede comprar y vender y que el único límite es el consentimiento individual de las personas. Este es el esquema neoliberal, que es repugnante: todo se puede comprar y vender. El mundo es un centro comercial, tonta serías si no sacaras partido a tu mejor recurso, que es tu cuerpo. Es tremendo.

¿Cómo funcionan esos eslóganes del mito de la libre elección?
Por ejemplo, “mi cuerpo es mío” es un eslogan del movimiento feminista, con todo derecho. Es muy importante: significa “mi cuerpo es mío” en el sentido de que no es tuyo ni del Estado; no es de otros. El neoliberalismo lo ha convertido en la idea de que tu cuerpo es tu mercancía, en “tráelo al mercado, nos interesa ponerlo detrás de un escaparate y venderlo”, en “sácale rendimientos” a lo que una socióloga denominaba “tu capital erótico”.

Por eso, tenemos unas generaciones nuevas en las que su cuerpo se ha convertido en su cárcel. Para ellos, el cuerpo es una fuente de identidad muy importante, de valorización, y esperan mucho del sentido de su vida a través del éxito que les pueda dar su cuerpo. La cuestión es cómo este neoliberalismo sexual refuerza a su vez el neoliberalismo económico. La desigualdad entre hombres y mujeres siempre ha actuado legitimando el orden social y económico de cada tiempo. Entonces, ahora, la idea de que el sexo es bueno, que se puede y se debe comprar y vender, de que no hay límites para la compra y venta de los cuerpos... refuerza todo el neoliberalismo global, que es la supercreencia de que todo se puede comprar y vender.




Ana de Miguel en la II Escuela de Pensamiento Feminista de Aragón
Ana de Miguel en la II Escuela de Pensamiento Feminista de Aragón JUAN MANZANARA / ZARAGOZA


Le preguntaba si el mito de la libre elección está avanzando desde 2015, porque ahora algunos partidos políticos han abierto también el debate de los vientres de alquiler...

Sí, la prostitución y los vientres de alquiler tienen más cuestiones similares que distintas, porque las dos significan convertir el cuerpo de las mujeres en un cuerpo de libre acceso para que los demás disfruten de lo que entienden que es su placer o su sentido de vida, en forma de placer sexual o de tener un hijo como sentido de vida. Es un cuerpo para que se realicen sus deseos. También hay gente que hace del sentido de su vida follar con mujeres: llegar a X cifra, probar todas las etnias... Cuando el debate de los vientres de alquiler llegó a este país, hace cinco o seis años, creamos el lema "no somos vasijas". Era una respuesta desde la filosofía moral y política, utilizando la frase de Aristóteles de que las mujeres son “como vasijas vacías” en las que los hombres ponen el semen creador. De esta forma, con esa frase, creábamos argumentos, que es lo que necesitamos para convencer a la gente.

Con el tema de los vientres de alquiler se ha conseguido de una manera relativamente rápida y profunda porque la argumentación es de mucho peso sobre el mundo que queremos hacer, como sociedad, no como personas individuales, sino como comunidad humana que somos. La clave del éxito es que toda la izquierda y todo el feminismo, a pesar de muchas renuencias iniciales, al final ha comprendido que no podía apoyar convertir a las mujeres por libre elección en cuerpos de libre acceso. Porque cuando dejamos a la libre elección cuestiones importantes, ¿qué estamos ofreciendo a la gente que solo tiene su cuerpo, como les ocurre a los millones de personas que llegan por el sur o el este de Europa? Cuando dices que se prostituya solo la que quiera, estamos diciendo que se prostituyan las que no tienen más que su cuerpo.

La izquierda se ha puesto de acuerdo, pero en los partidos de la derecha...
(Interrumpe) Es que la derecha no tiene vergüenza, ¿qué vamos a decir? Quienes mantengan que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera, quienes defiendan que las mujeres tienen que ser libres para venderse o vender trozos de su cuerpo… si un político o una política mantiene esto, tiene una oportunidad de oro de demostrárnoslo. Si les parece que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera, con lo que están invitando a alumnas y a miles de parados de este país a que tomen nota y lo realicen, que nos demuestren que es un trabajo como otro cualquiera: igual que van a un mercado, se ponen un delantal y venden pescado un rato, que vengan al polígono Marconi y que se prostituyan unas horas. Así nos mostrarían que es un trabajo como otro cualquiera. Si no, pensaremos que son unos hipócritas: nos dicen que han elegido libremente ser diputado o diputada, ser ejecutiva o de emprendedora con 3.000 euros de sueldo y, claro, ¿qué van a hacer si otras eligen estar desnudas, en bragas rojas, con tacones tras un escaparate? ¿Tú has elegido las bragas y el escaparate y yo he elegido ser diputada para luchar contra el independentismo? Es que la libre elección es una tomadura de pelo para los que no pueden elegir nada.

¿Le preocupan los cuestionamientos que hacen partidos como el PP, Vox o incluso PACMA del derecho al aborto?
El derecho al aborto no me preocupa tanto porque creo que el tren de la libertad, hace ya años, marcó un hito. El derecho al aborto no es una cuestión de mercado. Por eso, nada tiene que ver con el mito de libre elección, no es comparable con los vientres de alquiler o con la prostitución. Es cierto que los derechos de las mujeres siempre están en cuestión, pero creo que a la derecha neoliberal le compensa mucho más apoyar lo que llaman “libre elección” de las mujeres en el tema del aborto para justificar la libre elección en la prostitución y los vientres de alquiler. Y es así porque hay mucho dinero por medio, hay un grandísimo negocio. Las agencias ganan fortunas y están en manos de personas que tienen nombres y apellidos, ligadas al poder político. Es algo que ocurre a escala mundial.

¿También es un mito, en cierta medida, la elección de nuestro propio físico? Con dietas, cirugía estética…
Sí, es una disciplina corporal brutal, sobre nuestro yo individual y colectivo. Los mitos dan respuesta a cuestiones importantes para el ser humano, con una verdad irracional y de forma narrativa, artística. Hay que tener en cuenta que estamos en una sociedad en la que no se suministra a los jóvenes y las jóvenes respuestas sobre el sentido de su vida. Lo que escuchan continuamente es que no hay futuro, que esta sociedad es una mierda, que qué va a ser de ellos, que van a formarse mucho y trabajar en precario… el discurso oficial que les llega es un horror.

A la vez, de forma acrítica, vehiculada en canciones o películas, les va a llegar una verdad distinta: que la vida sí tiene sentido si me miras aquí, en bikini, lo guapa que estoy, la ensalada tan buena que me he tomado, lo feliz que estoy en el gimnasio… Es patético. ¿Por qué es un mito? Porque la felicidad de las personas que aparecen en las revistas, si es que la tienen, no viene de ahí: viene de que tienen muchísimo dinero, tienen familias estables, declaran que lo más importante son esas familias.

Estamos en plenas elecciones generales, ¿piensa que el 8M puede influir en las urnas?
Sí, claro que influirá. Porque no es solo el 8M; voy mucho a las librerías y la cantidad de libros que hay muy bien escritos sobre el mito de libre elección, sobre cómo se reproduce la desigualdad en sociedades como la nuestra, sobre explicar los fundamentos de la división entre chicos y chicas como algo que envenena las relaciones entre ellos... Hay muchísimas cosas publicadas muy buenas. Creo que el 8M es también la consecuencia de que los jóvenes y las jóvenes discuten en los botellones y los institutos. A la vez, hay mucha confusión, pero la tarea de una vida es ir deshaciendo esa discusión.


Fuente





¿Quién está detrás del discurso para regular la prostitución?


¿Quién está detrás del discurso para regular la prostitución?

02/04/2019
Autora
Sandra Díez
Estudiante de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y Feminista

Desde hace algún tiempo, asistimos a lo que algunos denominan una “ruptura” en el seno del movimiento feminista. Sin embargo, no deberíamos hablar de dos posturas ni de una escisión, sino más bien de una intrusión, un “caballo de Troya” infiltrado en el seno del feminismo (pese a los que muchos quieren hacer creer, históricamente abolicionista de la prostitución, la pornografía, los vientres de alquiler y cualquier forma de explotación de las mujeres) que tiene unos objetivos muy diferentes a la liberación de la opresión patriarcal.

¿Quién hay detrás de la defensa del sistema prostitucional? ¿Quién está empleando tantos medios para presentarlo como una opción laboral? cuando las cifras solo reflejan explotación, violencia, y desigualdad contra las mujeres. El 70% de las víctimas de trata son mujeres y niñas, según el informe de la UNOCD de 2018. Y la trata con fines de explotación sexual es la más frecuente, según el mismo informe. Además, basta escuchar cualquier testimonio de mujeres supervivientes del sistema prostitucional para conocer la realidad. Recientemente escuchábamos a Amelia Tiganus y Melanie Thompson o a Sonia Sánchez en BBC Mundo hace un año. No es casual que desde hace años el discurso que presenta al sistema prostitucional y a toda la industria del sexo como un “trabajo” y de “libre elección” haya empezado a ocupar espacio en la opinión pública. Se ha instalado incluso en sectores feministas, pues es lógico que sus defensores necesiten instrumentalizar la lucha feminista para legitimarse. Por ello es necesario ponerles nombre y apellidos, localizarlos y desactivar su estrategia comunicativa.

A nivel mundial surge una figura clave cuando nos referimos al lobby regulacionista. Es la del multimillonario George Soros (el trigésimo hombre más rico del mundo). Soros fundó en el año 1993 The Open Society Foundations (OSF). El objetivo de la organización, que opera en decenas de países, es apoyar a organizaciones e individuos para luchar por la “libertad de expresión, por gobiernos que rindan cuentas y sociedades que promuevan la justicia y la igualdad”. Grosso modo, la fundación se encarga de financiar aquellas causas que considera justas. En el presente artículo no vamos a juzgar la labor de la OSF en otros ámbitos, tan solo la que promueve una descriminalización total del sistema prostitucional y silencia la verdadera realidad de las mujeres prostituidas y la violencia y explotación a la que se ven sometidas.

¿Cuál es el objetivo final de George Soros? Esta pregunta no es fácil de responder. Sin embargo, el sistema prostitucional es sin duda uno de los más lucrativos negocios del mundo, y Soros es al fin y al cabo un hombre de negocios. Algunos le han definido como uno de los representantes del “filantrocapitalismo”. Hay quien ya ha advertido sobre el riesgo que corren los sistemas públicos si se nutren en demasía de organizaciones filántropas como las de Soros, que no olvidemos que gozan de numerosos beneficios fiscales que evitan que las arcas públicas reciban una gran cantidad de dinero. Basta recordar las palabras de una de las primeras teóricas del feminismo, Mary Wollstonecraft, para estar alerta con hombres como Soros: “Es justicia y no caridad lo que necesita el mundo”.

Desde hace algún tiempo, asistimos a lo que algunos denominan una “ruptura” en el seno del movimiento feminista. Sin embargo, no deberíamos hablar de dos posturas ni de una escisión, sino más bien de una intrusión, un “caballo de Troya” infiltrado en el seno del feminismo

Estrategia para legitimar la prostitución

La estrategia de la OSF para favorecer a la industria del sexo consiste en inyectar cantidades de dinero en diferentes organizaciones alrededor del mundo que actúan como lobbies del regulacionismo, principal beneficiario de que el sistema prostitucional se regule y se normalice y así aumentar su legitimación social. Sus escudos son el feminismo, el colectivo LGTB, la lucha contra el sida y por los derechos humanos en general. La pretendida defensa y promoción de estas luchas es usada por la OSF para legitimar una de las instituciones fundacionales del patriarcado, la prostitución. Su propaganda a favor de la descriminalización y la regulación tiene como resultado la creación de una “realidad alternativa”, una visión parcial, completamente alejada de la explotación y violencia que sufren miles de mujeres y niñas alrededor del mundo.

La supuesta preocupación de la OSF por las mujeres prostituidas ignora todas las opresiones y violencias que se suceden en la industria del sexo. Su visión, producto de una ideología neoliberal y simplificada, reduce la cuestión a un intercambio, una simple transacción entre una persona que ofrece “un servicio” y otra que lo paga. Una decisión “libre” entre dos individuos.

Los argumentos expuestos para justificar la regulación no están fundamentados en investigaciones o en las propias experiencias de países con modelos regulados (artículo traducido del periódico alemán Spiegel sobre las consecuencias de la regulación en Alemania; Aquí sobre la experiencia de Nueva Zelanda). Por supuesto, ignoran completamente la violencia, las cifras de trata, las opresiones que confluyen en este sistema, quiénes son las principales personas afectadas (mujeres, pobres e inmigrantes) etc. Se trata de un análisis extremadamente simple, basado en el mito de la “libre elección” y en experiencias individuales, cuyo objetivo principal es la idealización de la prostitución, presentándola como algo completamente diferente a la trata. Como algo deseable.




Beneficiarios del lobby regulacionista

Para desactivar este discurso patriarcal y neoliberal que pretende explotar a mujeres de todo el mundo, es necesario, ante todo, localizar cómo está estructurado y cuáles son sus mensajes. Los beneficiarios de la OSF que defienden el discurso a favor de la de la prostitución están repartidos por todo el mundo, son organizaciones, asociaciones y también periodistas e investigadores que funcionan como un lobby que favorece el sistema prostitucional y se infiltra en las luchas que hemos señalado previamente, el propio feminismo, el movimiento LGTB y la lucha contra el sida. A continuación, presentamos a algunos de los baluartes del discurso proprostitución y sus conexiones.

La Red Umbrella Fund (nacida en 2012) es una de las principales organizaciones que promueve alrededor del mundo el “trabajo sexual” y que proporciona apoyo financiero a otras entidades (su distinción es un paraguas rojo que hace acto de presencia en muchas de las concentraciones a favor del “trabajo sexual”). Su principal objetivo es instalar la idea de que prostitución y trata no son lo mismo y justificar y promover la idea de la prostitución como trabajo, sin apenas dedicar atención a los datos que no refuerzan su ideario. Aquí nos encontramos con el denominador común de estas organizaciones, antes comentado: ignorar los datos sobre la explotación sexual en el mundo. En uno de sus documentos ofrecen medidas para luchar contra la trata. Ninguna incluye, por supuesto, la condena de los “empresarios” y a los prostituidores. Sus propuestas son, de nuevo, un lavado de cara del sistema prostitucional, carentes de cualquier análisis crítico: “fortalecer los derechos de los trabajadores sexuales”; “cambiar la percepción social del trabajo sexual”. El único objetivo es crear dos realidades distintas entre prostitución y trata.

Elaboran también informes sobre la situación de los “trabajadores sexuales” en diferentes países. Por ejemplo, en el caso de China, su informe consta tan solo de un par de páginas en las que conversan con varias personas anónimas que se presentan como “trabajadores sexuales”. No hay datos sobre violencia, sobre trata, número de mujeres, hombres o personas trans que ejercen la prostitución, sobre las condiciones de vida de estas personas, sobre la demanda, ni ninguna información que sea útil desde el punto de vista de la investigación. Tan solo una imagen “empoderada” y de “autonomía” de estas personas, así como el intento por establecer una relación entre la regulación de este “trabajo” y la mejora de derechos de las mujeres, el colectivo LGTB y las personas seropositivas.

Este discurso se reproduce una y otra vez en todo el material ofrecido por los beneficiarios de las donaciones de la OSF. A partir de la Red Umbrella Fund vamos a continuar destapando la actividad de otras de las organizaciones que apoyan el sistema prostitucional.



Como se muestra en la captura de pantalla, dos de las entidades que colaboran, económicamente y en otros aspectos, con Red Umbrella Fund son la OSF y Mama Cash. Esta última es una asociación fundada en Holanda con el objetivo de defender los derechos de las mujeres y niñas a través de la financiación de diferentes iniciativas en todo el mundo.




Mama Cash y OSF están directamente involucradas en el nacimiento de la Red Umbrella Fund en 2012. En las capturas siguientes, extraídas de las páginas web de la Red Umbrella Fund y Mama Cash, se explica cómo se forjaron algunos de los encuentros entre Soros y la organización holandesa.



En esta captura se narran los primeros encuentros en 1997 entre Soros y los entonces máximos responsables de Mama Cash, Lilliane Ploumen (Ministra de Exteriores de Holanda hasta 2017) y Will Janssen (quien actualmente ostenta un cargo en otra organización que promueve los derechos humanos y el desarrollo, Hivos, también apoyada por la OSF).



Esta captura, extraída de la historia de Red Umbrella Fund, cuenta cómo la OSF y Mama Cash promovieron en 2009 la colaboración entre “donantes” y “trabajadores sexuales”, uno de los momentos en los que se gestó la aparición de la organización de los paraguas rojos. Aparecen también Hivos, donde ahora trabaja uno de los exdirigentes de Mama Cash. La relación entre OSF y Mama Cash está en el origen de muchas de las acciones que el lobby regulacionista ha llevado a cabo en todo el mundo en los últimos años.

Desde Mama Cash, han llegado a publicar artículos pidiendo la no criminalización de los “clientes de trabajadores sexuales” (prostituidores). No deberíamos permitir que se hablara de una ruptura dentro del feminismo entre quienes defienden a prostituidores y quienes pretenden destruir el sistema que permite la explotación y cosificación de las mujeres. Debemos hablar de una injerencia que trata de enfrentar el discurso feminista abolicionista y que utiliza luchas loables y necesarias para mantener los privilegios que el patriarcado otorga a los hombres.



El lobby regulacionista en España

En España, el feminismo está siendo igualmente atacado por el lobby regulacionista. Pero como ocurre en el resto del mundo, éste se ha infiltrado en el seno de la propia lucha para conseguir justificar su discurso desde el propio movimiento, basándose en la ideología neoliberal (“yo decido sobre mi cuerpo”) y sin ningún análisis crítico sobre el sistema prostitucional y su origen como institución fundacional del patriarcado. De nuevo surge la figura de George Soros. En España, ha recibido dinero de Mama Cash y de la OSF de Soros el Fondo de Mujeres Calala, que también apoya y difunde el discurso del “trabajo sexual” en la misma línea arriba explicada y seguida por el resto de las organizaciones. En la captura de abajo podemos ver que ambas fundaciones aparecen entre las entidades que han colaborado con Calala.



Calala promociona desde su twitter la visita de Georgina Orellano, una de las dirigentes de AMMAR, organización que promueve en Argentina el “trabajo sexual” (con una dirigente procesada por delitos de trata)






Las injerencias de Soros en España no acaban ahí. El pasado marzo la Open Society Foundations inauguró una sede en Barcelona, donde el discurso regulacionista cuenta con mucho poder y con el apoyo de algunas autoridades políticas. De hecho, entre los años 2016 y hasta el 2018 Aprosex, conocida asociación que combate el discurso abolicionista y que está detrás del ilegalizado sindicato OTRAS, recibió subvenciones de más de 25.000€ por parte del ayuntamiento de Ada Colau y la Diputación de Barcelona. Ahora la OSF cuenta con presencia física en una ciudad donde las voces que defienden el sistema prostitucional ya son bastante fuertes. Además, no hay que olvidar que España es, y Barcelona muy concretamente, uno de los países europeos con mayor consumo de prostitución, y la entrada al viejo continente desde África y América Latina.

Una vez que alguna de las organizaciones con conexiones con Soros inyecta dinero a alguna de las entidades que abanderan el feminismo, éstas comienzan a promover el discurso que idealiza la prostitución. Ocurre los mismo con dos de las principales organizaciones que promueven los derechos humanos en el mundo: Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Ambos se han posicionado a favor de despenalizar la prostitución y a todas las partes implicadas, lo que ellos consideran “empresarios” o “intermediadores”, pues solo hablan de proxenetismo si existe coerción o violencia explícita, ignorando muchas otras situaciones; y los mal llamados “clientes”. Ambas han recibido dinero de la OSF.

En la captura número 1, el dinero recibido por AI de la OSF en 2014 y en la número 2 la cantidad recibida en 2015. En 2016 la “donación” vuelve a aumentar hasta los 610.000€. Human Rights Watch (captura número 3) empieza a recibir dinero de OSF a partir del año 2011 (es cuando figura por primera vez en su informe de cuentas, en el de 2010 no aparecía).















Captura 1
















Captura 2






      
Captura 3
El lobby regulacionista en el resto del mundo

En Latinoamérica una de las organizaciones con mayor influencia y defensora del mismo discurso idealizador de la prostitución es la argentina AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina). Esta organización ha recibido también financiación de Mama Cash (aquí una de las principales caras de AMMAR, Georgina Orellano, hace referencia a la relación de la organización argentina con Mama Cash).

En Argentina, algunas de las dirigentes de AMMAR han sido investigadas por delitos de proxenetismo. La Cámara Federal de Apelaciones de Mar de Plata procesó en abril de 2018 a María López, dirigente de AMMAR en esa zona, por el delito “de trata de personas con fines de explotación sexual, bajo la modalidad de captación y acogimiento, agravado por el engaño y abuso de la situación de vulnerabilidad de tres mujeres, a quienes explotaba sexualmente en un prostíbulo que regenteaba en la intersección de las calles Guido y Bolívar”. Alika Kinan, sobreviviente de trata argentina y feminista abolicionista, ha criticado siempre duramente cómo AMMAR trata de presentar la prostitución como una opción laboral. Ella mejor que nadie sabe cuál es el horror que las mujeres prostituidas sufren, por ello lucha por desenmascarar el discurso de AMMAR, que, en sus propias palabras, “da a los proxenetas y tratantes todo lo que necesitan para armar su discurso”.

Pero AMMAR no es la única organización financiada por OSF cuyos miembros han sido investigadoa por la justicia por delitos de proxenetismo. La NSWP (Global Network of Sex Work Project) es otra de las principales voces difusoras del discurso a favor del sistema prostitucional. Con sede en Edinburgo, está directamente relacionada con la aparición de la Red Umbrella Fund (en la captura de abajo se puede ver que el paraguas que cubre el logo de la NSWP es el de la RUF). En 2015, la que fue vicepresidenta de la NSWP, Alejandra Gil Cuervo, fue condenada en México a 15 años de cárcel por delitos de trata con fines de explotación sexual. Gil Cuervo, conocida como “Madame Sullivan”, era una de las principales voces por la descriminalización de la prostitución en México y referente en otros muchos países. Su hijo fue también condenado (recurrieron la sentencia, pero a día de hoy no se ha resuelto y continúan en prisión). Varias mujeres relataron cómo las controlaba y llevaba todas las cuentas y el control de sus vidas. En este artículo, publicado en The Guardian y traducido por Traductoras para la Abolición, la activista y escritora feminista Kat Bayard escribe sobre cómo es posible que la NSWP llegara a ser consultor de ONU SIDA en materia de prostitución.

Cuenta con varios “socios” alrededor del mundo, incluso en algunas de las zonas más pobres y más desiguales en cuestiones de sexo. Resulta curioso que esta asociación considere que es más urgente, en países como la India (el más peligroso en el año 2018 para las mujeres según la Thomson Reuters Foundation), una organización de “trabajo sexual” que otra que combata esa desigualdad y ofrezca a las niñas y mujeres una educación y una defensa frente a una sociedad misógina donde las mujeres sufren una violencia brutal y sus opciones para desarrollar su vida son prácticamente nulas.

La National Network of Sex Worker es uno de los miembros de la NSWP en la India. Su línea de actuación es idéntica a todo lo explicado anteriormente. La India es el país donde las mujeres sufren más riesgo de ser víctimas de explotación sexual (Informe Fundación Thomas Reuters). Las cifras sobre la violencia sexual en el país asiático son escalofriantes: en 2016 se registraron un total de 38.947 denuncias por violación, en 20.000 de las cuales las víctimas fueron menores. Todo ello sin contar las prácticas culturales y consuetudinarias que afectan a las mujeres, como son el matrimonio infantil. ¿Hay que suponer que las mujeres indias eligen “libremente” ser prostituidas?

En julio del pasado 2018 la India aprobó por primera vez una ley para luchar contra la trata, la “Trafficking in Persons (Prevention, Protection & Rehabilitation) Bill”. La medida ha sido defendida por activistas como Sunitha Krishnan, fundadora de la ong Prajwala, que ayuda a las mujeres prostituidas a rehabilitarse y reinsertarse en la sociedad. Krishnan lleva años enfrentándose a los proxenetas y exigiendo a las autoridades indias su implicación en la lucha contra esta forma de esclavitud. En su blog personal la activista defendió la importancia que esta ley podía tener para la lucha contra la trata. Las voces en contra llegan de fundaciones como la NNSW, la Red Umbrella Fund y la NSWP. De nuevo condenan la criminalización de los “clientes” y el cierre de burdeles.

El ejemplo de la India, que sucede en muchos otros países con cifras de violencia contra las mujeres muy elevadas y con patriarcados muy fortalecidos, refleja cómo funciona el lobby regulacionista. Elaboran un discurso que convierte el “trabajo sexual” en algo “empoderante” y lo presentan como opción laboral. Para ello utilizan las voces de las “trabajadoras sexuales”, pues sería imposible que el mensaje prosperara si los verdaderos creadores de este discurso salieran a la luz, e ignoran las voces de mujeres que cuentan la verdadera realidad. Utilizan supuestas experiencias individuales que hablan de “libre elección” y dan la espalda al contexto de machismo, racismo y pobreza. Tampoco hablan de cifras y se limitan a establecer relaciones causales que los países con modelos regulacionistas no han podido probar, como el fin de la violencia. En Alemania al menos 55 mujeres prostituidas fueron asesinadas entre 2002 y 2015 por “clientes” o personas relacionadas con el mundo de la prostitución, se registraron otros 29 intentos de asesinato y otros actos violentos que no fueron tenidos en cuenta (los datos fueron recogidos por organizaciones abolicionistas del país).

Consecuencias del discurso por la regulación

Cuanta más desigualdad exista en un país más dañino será este discurso, pues más se afianzarán esas desigualdades y se reducirán las oportunidades para las mujeres y niñas. A no ser que pretendamos dejar su futuro en manos de un hombre blanco millonario, debemos localizar a las organizaciones que, bajo el paraguas del feminismo, los derechos del colectivo LGTB o de la lucha contra el sida, son financiadas por la OSF como parte de la estrategia mundial del lobby regulacionista para apoyar a la industria del sexo y legitimar a los “empresarios” y a los propios hombres que utilizan el dinero para acceder al cuerpo de las mujeres. Mientras las mujeres seamos parte del mercado no existirá una verdadera igualdad y miles de mujeres y niñas serán víctimas en todo el mundo de la explotación más brutal que podamos imaginar.

No es solo la OSF de Soros, otras fundaciones aparecen repetidas veces entre los apoyos que reciben las organizaciones que apoyan este discurso. Soros no invierte solo en entidades, sino que también cuenta con un programa, el “OSF Fellows”, por el que escoge a varios investigadores, que no sean periodistas, que durante 18 meses trabajan a favor de algunas de las causas que la OSF promueve. Los brazos de Soros son largos, se extienden a muchos círculos, pero a veces es imposible unir todas las piezas.

No obstante, las conexiones entre OSF, Mama Cash, la Red Umbrella Fund y la NSWP son evidentes. El origen del dinero que las mueve y su unificado discurso son la prueba de que funcionan para los mismos intereses. Podemos, pues, empezar por buscar su presencia allí donde detectemos un intento por legitimar el sistema prostitucional, con especial atención a los países más desiguales, donde es más complicado combatir este discurso. Para evitar que las mujeres acaben prostituidas es necesario luchar para que los hombres no se conviertan en prostituidores.

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AUTORA
Sandra Díez
Estudiante de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y Feminista

Fuente
https://tribunafeminista.elplural.com/2019/04/quien-esta-detras-del-discurso-para-regular-la-prostitucion/


Nota: el formato, imágenes y negritas están en el original




viernes, 27 de marzo de 2020

Si el sexo no se basa en el deseo ¿en qué se basa?


Si el sexo no se basa en el deseo ¿en qué se basa?

julio 17, 2019
Sandra Díez Guerrero
Asamblea Abolicionista de Madrid

El pasado 21 de junio el Tribunal Supremo sentenció que lo ocurrido en Pamplona durante los Sanfermines de 2016 fue un delito continuado de violación (agresión sexual) y no un abuso. Se reconoce así que la ausencia de consentimiento es violación, y que la intimidación y el sometimiento al que se vio expuesta la víctima no eran compatibles con ese consentimiento. Ese mismo día, un político español (diputado autonómico en el Parlamento de Andalucía) publicaba una respuesta a dicha sentencia en Facebook. En ella, cuestionaba la independencia de los jueces y afirmaba que había sido la presión “de la turba feminista” lo que había forzado esa sentencia. El feminismo clamó por el reconocimiento del delito de violación, para protestar contra esa mirada machista que interpretaba la violencia como algo “normal”, cuando los hechos probados no dejaban lugar a dudas, y eran una prueba inequívoca de que se trataba de una violación. Además, fue la manera de mostrar el apoyo que la mujer víctima de esa agresión sexual necesitaba, después de sufrir el acoso de la turba machista.

El texto publicado por dicho individuo rezuma una alarmante misoginia, que debería ser impropia de este siglo. Una parte en concreto del texto refería lo siguiente: «la relación más segura entre un hombre y una mujer será únicamente a través de la prostitución”.  Esta línea es una síntesis de lo que se encuentra en la mente de los hombres que consumen prostitución, y hay que recordar que España es el tercer país del mundo donde más la demandan. No muestran ninguna preocupación hacia lo que las mujeres sienten y desean (hacia su verdadera voluntad), y conciben el sexo como violencia, basado en la dominación sobre las mujeres, a las que reducen a objetos deshumanizados.

Cuando los hombres ven atacada y dañada su situación de poder y privilegios, la prostitución es el lugar en el que resguardan su masculinidad, donde pueden seguir ejerciendo violencia contra las mujeres de manera casi impune. Entre una violación y la prostitución lo único que varía es que en el segundo caso hay dinero de por medio. Los consumidores de prostitución pagan por explotar sexualmente a las mujeres. No es sino una práctica que fomenta la violencia, la cuna de la ideología patriarcal y de la cultura de la violación, y lo es junto a la pornografía, el otro pilar fundamental de la explotación sexual que sufren las mujeres. Como ha comentado la socióloga y feminista radical Kathleen Barry, no hay diferencia entre los hombres que abusan sexualmente de una mujer en una fiesta y quienes consumen prostitución.
En los últimos tiempos, algunos medios han renunciado a seguir incluyendo publicidad sobre prostitución (Prensa Ibérica Media anunció la retirada de estos anuncios de sus cabeceras el pasado mes de marzo). Sin embargo, a la vez que se extienden acciones como estas, hay espacios (medios de comunicación, ámbito político, plataformas de toda clase) que se convierten en altavoz del discurso que idealiza la industria del sexo y reduce lo que es una relación de explotación, consecuencia de las desigualdades de género y económicas, en una simple transacción. Que una mujer venda su consentimiento y se convierta en un producto dentro de un mercado en el que la humanidad parece cada vez más extinta se normaliza y se presenta como algo natural, como un “trabajo”. La equidistancia cuando se habla de la explotación de mujeres y niñas no existe. Una postura que no condena la prostitución favorece al discurso del lobby proxeneta, que es quien se beneficia de la normalización y naturalización de esta forma de violencia contra las mujeres y niñas.

Que un individuo misógino llegara a esa conclusión justo cuando la justicia reconocía que si las mujeres no manifiestan un consentimiento explícito se trata de una violación no extraña. Sin embargo, la idea que se muestra a continuación fue escrita por una política (diputada de la Asamblea de Madrid) que se sitúa en un ala completamente opuesta al anterior, que se define como feminista y de izquierdas: “si todo sexo no deseado (incluyendo el trabajo sexual pero no solo) fuera una violación, estaríamos no reconociendo a las mujeres la posibilidad de tomar decisiones a pesar de sus deseos o incluso contra ellos.”




Si el sexo no se basa en el deseo ¿en qué se basa? El consentimiento debe ser la manera de expresar ese deseo, y ponerlo por delante significa que lo único que lleve a las mujeres a mantener relaciones sexuales sea que las deseen. El consentimiento puede estar viciado, puede existir presión, intimidación, precariedad…Resulta extraño que la conclusión de una feminista sea separar deseo y voluntad, pero, lamentablemente, hace tiempo que el discurso que protege a la industria del sexo pretende escudarse en el feminismo para justificar que la explotación sexual de las mujeres no es tal si ellas la “consienten”. En su análisis quedan fuera los datos y la terrible realidad de la prostitución, sus consecuencias para las mujeres que día a día son violadas en todo el mundo dentro de ese mercado, y para todas las que habitan el mundo, que comparten su vida con hombres que se rigen de acuerdo con pensamientos machistas como los expuestos por el político en Facebook.

Las palabras del diputado andaluz contienen además una frase que afirma que “la diferencia entre sexo gratis y pagando, es que gratis te puede salir más caro”. La idea de que existe un “sexo” que se “paga” sigue la misma línea que afirma que existe un “trabajo sexual”, y que reduce la explotación a un mero intercambio. Conceder más importancia en una relación al “consentimiento” que al “deseo” es la manera de justificar esa explotación y mantener sus privilegios intactos, pues su única preocupación es eliminar las consecuencias penales sobre sus hechos. Para ello existe la prostitución: mujeres convertidas en productos y el dinero como la manera de explotarlas sexualmente sin perjuicios legales.

Lo que los prostituidores piensan sobre las mujeres y sobre las relaciones sexuales queda plasmado en las palabras del político andaluz. Que esta postura se pueda justificar desde el feminismo es lo que carece de sentido. Abordar la prostitución desde una postura abolicionista es una prioridad, lo ha sido históricamente para el feminismo, pese a que haya quien intente ignorar el pasado abolicionista de la teoría y el movimiento feminista. Los prostituidores son hombres que no muestran ninguna empatía por las mujeres y se aprovechan de su situación de poder y de las desigualdades para acceder a los cuerpos de quienes no los desean. Se sigue sin poner el foco en ellos cuando se habla de prostitución, pero el feminismo debe empezar a buscar una condena social, exponerlos como lo que son, hombres que explotan sexualmente a mujeres. Lo que no se puede es llamar feminismo al discurso que los protege y escuda la explotación.

Fuente







La misoginia como espectáculo


23 junio 2016 ·  
La misoginia como espectáculo
Gabriel Núñez




En el porno del siglo XXI, el sexo es sólo una coartada para la violencia[1]. Amparada tras un arsenal de argumentos falaces, victimista hasta el paroxismo, la pornografía amplía su campo de batalla mientras reduce la condición humana de la mujer y pulveriza su dignidad[2]. Impulsado por una insaciable ansia de ofrecer “todavía más”, el porno se ha convertido en una maquinaria universal de propaganda misógina. La debilidad de sus detractores (y la habilidad del mundo porno para descalificarlos) ha conducido a una situación paradójica, en la que el porno se presenta y se acepta como valedor y defensor del sexo, cuando el sexo, ya lo hemos dicho, no es más que una coartada para ejercer (sin penas) y promulgar (entre aplausos) un modelo machista brutal y extremo. Este alegato contra el porno, contra la aberrante evolución que ha sufrido la representación y exhibición de escenas sexuales, contra la propuesta de un sistema único de relaciones sexuales basado (y complacido) en la conducta violenta y en la actitud despectiva contra las mujeres, es una reflexión desordenada y confusa, alarmada y dolorosa, que se enfrenta, sobre todo, al silencio que la sociedad mantiene sobre este asunto.

PRÓLOGO (‘BLOW JOB’)
La primera vez que fui a ver una película porno (Educating Mandy) junto a varios amigos, a la sala X de la Corredera Baja de San Pablo, en Madrid, comprobé que, efectivamente, aquello “podía herir mi sensibilidad”: ¿cómo era posible tratar así a las mujeres? ¿Cómo se podía ser tan zafio y machista? Y, sobre todo: ¿cómo podía plantearse que algo así se pudiera filmar y exhibir? ¿Cómo estaba permitido? ¿Cómo podía tener público? Salí conmocionado de la sala… y también tremendamente excitado. De vuelta a casa manifesté convencido que nunca más iría a ver semejante barbaridad, criterio que compartieron mis compañeros de aventura, pero pocas semanas después todos nos enganchamos irremisiblemente al porno.

Vista hoy, aquella película parece una nadería comparada con las brutalidades habituales que caracterizan a la producción pornográfica actual. Al fin y al cabo, en aquellos polvos sólo había unos tipejos asquerosos y groseros que trataban con desdén y sin respeto a varias chicas jóvenes y bellísimas. De haberse filmado hoy, Traci Lords, Christy Canyon y compañía, además de todo tipo de insultos, se habrían llevado varios escupitajos en la boca y en los ojos, habrían recibido unas cuantas hostias, les habrían abierto el culo hasta el límite y habrían sido forzadas a vomitar tras atragantarse con las pollas de sus compañeros de reparto, quienes habrían acabado meándose sobre ellas. En fin, lo normal. Sí: lo normal: eso es lo que ocurre en la inmensa mayoría del porno del siglo XXI, el que anuncian y emiten todos los días Digital Plus y las televisiones locales, el que recibe premios y aplausos, el que protagonizan estrellas del espectáculo como Rocco Siffredi o Nacho Vidal. Ése es el porno que se ha instalado en nuestras pantallas, en nuestras casas, en nuestras conciencias.

INTRODUCCIÓN
La pornografía se ha convertido en un tabú, no por inconfensable, sino por intocable. No hay quien que hable en su contra, algo realmente sospechoso, ni síntomas de preocupación o protesta ante la evidencia que la pornografía es un instrumento universal y eficacísimo de propaganda de la misoginia, un aparato reaccionario y fascista que ha reducido, caricaturizado y secuestrado el sexo, una herramienta que publicita y vende un modelo basado en el desprecio de la mujer. Es algo obvio, palpable, pero no hay nadie que levante su voz contra esta arma de destrucción machista[3]. Todavía se sigue considerando a la pornografía como algo vinculado a la libertad sexual, por mucho que se muestre y demuestre ser un mecanismo de desigualdad, discriminación y agresión.

La pornografía del siglo XXI ha seguido un proceso de expansión, legitimación, normalización y radicalización. Se ha producido la pornificación de la sociedad: la pornografía ha entrado masivamente en los hogares a través de la televisión y, sobre todo, de internet y ha penetrado con fuerza en las conciencias y en las costumbres. El porno se normaliza (se hace normal) y a la vez normaliza (impone las reglas de) un modelo de relaciones sexuales basado en la celebración del sometimiento de la mujer, de su reducción a objeto de placer y fuente de satisfacción sexual.

La pornografía se muestra inmune a las críticas por su habilidad para situarlas (y así descalificarlas) junto a compañeros de viaje tan indeseables como los ultraderechistas y los fundamentalistas religiosos. También junto a las feministas, cuya indispensable labor ha sido ridiculizada con saña y sin pausa. Sin embargo las teorías y argumentos de las feministas de los años setenta[4] están más vigentes y son ahora más necesarios que nunca. La pornografía es hoy un paraíso fiscal de la delincuencia del sexo, y alimenta directamente graves problemas sociales como la violencia de género, el proxenetismo, el tráfico de personas, la pederastia y la lamentable educación sexual de varias generaciones. Si la pornografía sitúa a quien la critica junto a fanáticos políticos y religiosos, sus defensores se colocan al lado de los verdugos, violadores, ejecutores y filonazis del sexo.

Ésta es la pornografía del siglo XXI[5]. Esto es el porno, esa manera familiar y amistosa de nombrar la pornografía. El porno ha secuestrado valores como la libertad sexual, la diversidad sexual y hasta la libertad de expresión. El secuestro opera en una doble vertiente: proclamarse como abanderado fundamental de estos valores para después retirarlos del espacio público. Esta labor, aparentemente contradictoria, tiene sin embargo una explicación muy coherente: el porno elimina esos valores porque, en realidad, van en contra de su esencia (reaccionaria, reductora y absolutista) aunque los encarne demagógicamente por razones de legitimidad y de marketing. La estafa, por evidente, no deja de ser eficaz, y así se constata cotidianamente en la propaganda que el porno hace de sí mismo y en el amplio y creciente calado acrítico que su mensaje tiene en la sociedad. Lo que ha secuestrado el porno, puede afirmarse, en fin, es el mismo sexo, sustituyendo su riqueza por una normativa rígida y unidireccional de entender las relaciones sexuales.

El mundo, pues, ya es pornográfico. La vida es pornográfica. El sexo es porno. Sólo porno. El porno ya no es una representación del acto sexual. Es el acto sexual. Y por acto sexual se entiende cualquier cosa que produzca placer al hombre. Al hombre. Cualquiera. Todo lo que excite al hombre (al hombre) es pornográfico y, como tal, adquiere el visado que otorga el sexo y que impide la posibilidad de ser analizado o criticado. En el deformado nombre de la libertad de expresión y en el manipulado anhelo de la libertad sexual se cometen delitos constantes que conforman una propaganda universal respecto a la manera de entender (y practicar) el sexo. Se cometen delitos que se graban y se exponen y se venden con esa coartada sexual, con esa patente de corso del sexo, con esa protección garantizada por la inmunidad de la pornografía.

RADICALIZACIÓN (‘EXTREME SEX’)
¿Se puede hablar de radicalización del porno cuando ya en junio de 1978 la revista Hustler publicaba su famosa portada de una mujer triturada por una máquina de picar carne?[6] Lamentablemente, la respuesta es sí. No sólo porque esa idea ha sido recogida y multiplicada por decenas de webs porno (Meatholes sería el ejemplo más próximo) sino porque su mensaje ha pasado del chiste a la realidad, del montaje al hecho, de la ficción a la ejecución.

El porno se construye y radicaliza sobre la evidencia de que la mujer sigue estando en una situación de inferioridad universal[7] y es, por definición, abusivo, tramposo y amenazante. La descripción que hace el documentalista Stephen Walker de su encuentro con el magnate del porno Max Hardcore es realmente espeluznante, y define a la perfección cómo se las gastan en este negocio.[8]





La radicalización del porno abunda en su planteamiento como caza, tortura y castigo… Se hace una sola pregunta, obsesiva, definitiva: ¿qué más se le puede hacer a una tía? O, lo que es lo mismo: ¿Cómo se puede degradar y humillar más a una puta? El hastío, generado por las propias limitaciones de la representación sexual, sólo sigue esta vía compulsiva: más y más fuerte, más y más duro, más y más extremo. Podían plantearse otros caminos, pero no: la carrera, la lucha, la obsesión, es avanzar en la destrucción de la mujer, y se celebran y aplauden (y son rentables) ocurrencias como tratar a las mujeres como urinarios (Human Toilets), hacerlas vomitar (Gag On My Cock), abofetearlas (Slapp Happy), eyacular dentro de sus ojos (Pink In The Eye), asfixiarlas, escupirles, peerse en sus bocas y un sinfín de modalidades de vejación que son publicitadas y ofrecidas como atrevidas, innovadoras o incluso humorísticas.
No hay lugar para el buen rollo o el afecto o simplemente, la humanidad, se postula la complicidad misógina y la camaradería macho, se adoran los atributos viriles y se destruyen los femeninos, y el lenguaje es tan limitado como insultante. La pornografía tiene ya mucho más de violencia que de sexo. Es más: si una escena sexual no contiene cierta dosis de violencia (verbal, física, actitudinal…), difícilmente será considerada pornográfica.

Desde hace tiempo y cada vez más, el porno ya no es la representación de escenas sexuales, sino la grabación y exposición pública de esos actos y cuanto más crudos (menos cocidos: menos preparados: más realistas) y violentos, mejor. No hay ya lugar para la representación, de modo que el porno se halla genérica y esencialmente mucho más cerca de las grabaciones caseras y de las palizas, humillaciones y actos delictivos grabados en móviles para su posterior exhibición (en el móvil, claro, pero sobre todo en internet, espacio libre, alegal y amoral como principal pantalla)[9].

El porno crea, recrea y transforma al espectador a través de la destrucción del objeto sexual. La ley de la pornografía crea y transforma (al hombre, el espectador) mientras destruye (a la mujer, el objeto). La fórmula ideal exige que el objeto destruido sea bello, pero si hay que elegir entre belleza y destrucción, el porno se inclina por lo segundo: es preferible que el objeto sea menos bello siempre que sea más destruido[10].

La radicalización del porno afecta también al estatus de sus protagonistas. Durante muchos años se lanzó el bulo de que las verdaderas estrellas eran las mujeres, se mitificaban aquellas mujeres que entendían su papel con respecto al hombre: hacer lo que a él le apetezca (todo) cuando a él le apetezca (siempre). El truco coló entre las propias actrices y entre los espectadores más cómodos, porque, en efecto, ellas eran las protagonistas del espectáculo: cobraban más, tenían clubs de fans, asistían a premios, fiestas y festivales, salían en las portadas de los vídeos y las revistas... Esa farsa se ha ido dinamitando hace tiempo, parece que ya no hace falta disimular. Ahora las estrellas del negocio son los actores, aquellos que son más agresivos, los que no tienen límites en el envilecimiento de sus compañeras de rodaje. Ellos ahora tienen nombres y apellidos y son los grandes capos. Ya no se buscan películas de Zara Whites o Ginger Lynn, sino de Rocco Siffredi, Roberto Malone, Christophe Clark, Nacho Vidal, Max Hardcore... ellos son los que saben cómo hay que tratar a las tías. Cada vez hay menos actrices cuyo nombre (artístico o real) aparezca en las producciones. La mayoría atienden a un difuso nombre de pila, sin que casi nunca se identifique a una cara con él. Para qué, qué importan, sólo son tías, sólo son putas, las hay a millones; sin embargo, maestros del sexo, verdaderos maestros como Rocco y compañía se cuentan con los dedos de una mano. Muchas de las actrices actuales proceden de los países del Este. En ellos se reúne excelente materia prima y la mejor de las disposiciones dados los mecanismos habituales del subdesarrollo, la apertura al libre mercado y la urgente necesidad económica. Ellas son, como mucho, Tanya, Ursula, Veronika... qué más da, afortunadamente hay miles de jovencitas necesitadas a las que ofrecer un billete a la fama, a Europa o al capitalismo, y acto seguido escupirles y romperles el culo. Cada día miles de chicas buscan y encuentran la única manera que tienen de soñar con una esperanza en las ofertas o imposiciones de cuantos proxenetas, chulos, esclavistas o productores de pornografía se crucen en su camino. Lo que diferencia a estas cuatro especies nombradas es que sólo los últimos son legales. O mejor dicho: alegales, porque actúan al margen de la legalidad, y saben que hay un mercado legal que les comprará a excelentes precios sus productos y que un extensísimo y relajado y civilizado público jamás se preguntará por lo que les ocurrió en sus respectivas vidas a esos miles de mujeres con las que un día se hicieron pajas mientras observaban cómo las machacaban, insultaban y envilecían un puñado de hombres civilizados, ricos y famosos. Y qué más da; como decían los propios actores, no eran más que putas, y a quién le puede importar lo que le pase a una puta. Porque ése es el proceso que desde hace años se sigue en la gran mayoría de las películas porno, éste es el mensaje constante y redundante, por muy repugnante e irracional que sea. Todas las tías son unas putas. Algunas lo saben y actúan como putas y por lo tanto son tratadas como putas, esto es: sin respeto ni consideración, y desde una posición superior, física, moral y socialmente. Otras no lo saben y necesitan un hombre que se lo haga saber. Cuando ocurre la revelación, la mujer que ya se reconoce como puta agradece al varón su enseñanza y pasa a comportarse como tal, y por lo tanto merece ser tratada como lo que es: puta: nada. Por último están las más reticentes, las más caprichosas, las más obtusas, aquéllas que no sólo no saben que en el fondo son unas putas, como todas, sino que además se resisten a que un hombre se lo demuestre. A éstas sólo cabe obligarlas. Se las chantajea, amenaza o agrede hasta que admiten ser, efectivamente, putas. En este punto ya pueden ser tratadas como se merecen: El guante negro, emitida hace ya años por Canal Satélite Digital, es una premiada película de Christophe Clark que acaba con una pandilla de tipos escupiendo a una chica del Este y diciéndole literalmente: “No eres nada, te vamos a hacer mucho daño, no eres nada, eres una mierda, eres una puta, eres una guarra, no eres nada”. Este tipo de apreciaciones son cada vez más frecuentes, acompañadas por supuesto de órdenes, golpes, azotes y escupitajos. Uno de los nuevos reclamos para la venta de películas porno son los salivazos. Ya no basta escupir con la polla, vaya a ser que alguien crea que el porno se queda en la metáfora, se escupe a la cara directamente, o se mean en la cara de la chica después de correrse y escupirle, o la ponen a oler mierda de cerdos, como en la celebradísima Rocco el perverso, o le meten la cabeza en el váter (metáfora y realidad) y tira repetidas veces de la cadena (como se hace cuando en el váter hay mierda).

Los títulos del porno son muy reveladores y no escapan, ni mucho menos a este proceso imparable de radicalización. La cosificación de la mujer comenzó con términos como rubias, morenas, mulatas o tetonas, hace ya tiempo que no se detiene en consideraciones y va directamente al grano: putas, zorras, cerdas, marranas, guarras. La misma evolución han sufrido los verbos: de seducidas y encantadas se pasó a acosadas, perseguidas o atrapadas, para terminar desgarradas, taladradas, violadas o machacadas. Una puta es material de risa, de broma, de chiste, de insulto, de venganza[11], de humillación. Porque al fin y al cabo una puta no es nada. Si alguna sale del negocio y accede a otros ámbitos (el cine, la televisión) es ridiculizada, condenada, estigmatizada y no se pierde ni una sola oportunidad de recordarle su pasado.
La radicalización del porno invade por supuesto al terreno de las fantasías. Si se es tan ingenuo como para creer que nada de lo que muestra el porno es real, que todo es ficción, o simplemente que no se puede llegar a demostrar que lo es, surgen nuevas preguntas: ¿Es ésta la única fantasía posible? ¿Qué hay detrás de un público cada vez mayor que legitima esta fantasía y este modelo como algo válido y plausible? ¿Es el sexo que ofrece el porno el único sexo posible, la única fantasía sexual valida, el sexo ideal?

Por último, el humor porno, tan celebrado y extendido, sitúa a la mujer en el papel que han sufrido antes otros colectivos discriminados (negros, homosexuales, discapacitados…): es la burlada, la engañada, el motivo de las risas del hombre. Siguiendo con el engaño, son muy significativas las páginas dedicadas a entrevistas de trabajo. Unas veces reales y otras representadas, recogen la experiencia de chicas jóvenes que buscan trabajo y se encuentran en una evidente situación de inferioridad ante el jefe que las tiene que seleccionar: el desenlace, claro, es que tienen que acceder a los requerimientos del jefe. Esta “fantasía” no se detiene siempre en su representación: cuando el trabajo a conseguir tiene alguna relación con el sexo (fotos eróticas, por ejemplo, bailarinas de striptease, camareras en topless) la ficción se convierte en realidad y la conducta del demandante está de nuevo legitimada, pues es evidente que esas chicas son unas putas, de modo que ya se puede hacer con ellas lo que sea. Las webs recogen cientos de ejemplos en los que estos castings grabados con cámaras ocultas muestran a jóvenes que acuden a la cita para encontrar un trabajo y se marchan violadas, grabadas y chantajeadas. Lo que debería constituir prueba de delito se convierte en arma arrojadiza contra la víctima. El asunto, además de pingües beneficios, da para muchas risas. Los autores se jactan de sus trofeos y de la inocencia de las engañadas, las echan a patadas de los despachos, les tienden emboscadas con varios gañanes, se ríen de ellas… Este esquema crece en brutalidad si la víctima es una actriz porno: una mujer que va a un casting porno pude prepararse para lo peor, porque otra vez su condición (actriz porno) legitima que la traten como a tal. Son frecuentes los comentarios de este tipo: “La muy idiota de esta puta creía que venía para hacer un par de mamadas y una doble penetración y mira lo que se encontró”. “Lo que se encontró” suele ser un catálogo infinito de violaciones brutales, maltratos, torturas, palizas y escarnios. El último paso de esta escala macabra son, evidentemente, las prostitutas. Si la protagonista de una escena es una prostituta, hay veda libre. Si se contrata una puta para follar, se la folla, se le hace lo que uno quiere (no uno: los tipos del porno son grandes cobardes y suelen actuar en grupo), se la graba (por supuesto sin su consentimiento, ¿quién necesita el permiso de una puta?) y después se la echa y se le amenaza, “porque es una puta”. Las webs están llenas de estos ejemplos: quizás el método más sangrante y extendido es el de recoger a una puta en la calle, montarla en una furgoneta, y violarla y grabarla mientras la furgoneta se aleja de la ciudad; concluido el trabajo, la tiran de la furgoneta al arcén entre risas y vítores.

ALGUNAS MENTIRAS (‘FETISH’)

“El porno defiende la libertad sexual”. Esa libertad sexual se entiende entonces como la libertad del hombre de satisfacer todas sus fantasías sexuales. El hombre es libre de disponer de las mujeres a su antojo y capricho. La mujer, en el porno (tampoco en el porno) no tiene libertad, tiene obligaciones, recibe órdenes, tiene que acceder a todos los requerimientos del hombre. El hombre es libre, absoluto y caprichoso. La mujer es esclava.

“El porno defiende la diversidad sexual.” Contra la acusación de reducir la mujer a un objeto (con prestaciones y características de serie), el porno proclama su afán de variedad. Y sí, es cierto, el porno es muy variado: en realidad no hay ocurrencia capricho o perversión que el hombre quiera ver (¿por qué querrá con tanto interés y tanta saña el hombre ver estas cosas?) que no esté reflejada en la inagotable oferta pornográfica. Es decir, la variedad está puesta al servicio del cliente, que es el hombre, luego en absoluto es  el porno un reflejo de la diversidad sexual general, sino de la de una parte exclusiva de la población: los hombres: en general el porno ofrece tías buenas dispuestas a hacer todo lo que un tipo desea (cualquier tipo: bien dotado, musculoso, flacucho, impotente, gordo, peludo, lisiado, drogado… aquí no importan tanto los atributos). Y como hay hombres que las prefieren gordas, viejas, peludas, embarazadas, rapadas, chinas, negras, de clítoris gigantes, de tetas de todos lo tamaños, etcétera, el porno ofrece todo eso y más. Y ofrece por supuesto niñas. Y si el cliente quiere hombres también se los da (aunque el porno gay es mucho más delicado, en general). Un ejemplo claro del truco de la diversidad sexual del porno lo encontramos en el bestialismo. Esta categoría no ofrece productos en los que hombres y muchachos penetran a cabras, ovejas y gallinas. Lo que ofrece la zoofilia porno es mujeres expuestas a la acción sexual de animales: mujeres folladas por perros y caballos, mujeres que tienen que chupársela a burros y cerdos, mujeres aterrorizadas por ratas, ratones y culebras que recorren sus cuerpos, mujeres penetradas por anguilas… La mujer es obligada al riesgo, y expuesta como algo inferior a un animal, menos que un perro, menos que un potro, menos que un cerdo (cualquier espectáculo basado en tratar a un animal como se trata a una mujer en el porno sería objeto de denuncia inmediata). Habitualmente, las mujeres obligadas a semejantes brutalidades muestran claramente los rasgos de la heroína y la miseria en sus rostros y en sus cuerpos. Son putas, también. Putas con clientes de cuatro patas. Otro ejemplo clarificador es el sadomasoquismo. Casi siempre son las mujeres las que aparecen atadas, quemadas, torturadas, azotadas, y agredidas. La variedad es otra de las grandes mentiras del porno.




“El porno se sitúa en el terreno de las fantasías.” El porno también realiza un extraño y perverso viaje de ida y vuelta de la realidad a la fantasía: se ampara en la fantasía para legitimar sus representaciones, representaciones que ya no son tales, pues son, en cambio, realidades. Lo real es condición sine qua non para la ejecución y eficacia de la fantasía. La fantasía del espectador tiene que depositarse sobre hechos reales filmados y expuestos y contemplados. Lo cierto es que en el porno nada es fantasía, todo es real, si diez tipos eyaculan en la boca de una chica las diez eyaculaciones son reales, la chica se las traga, tiene arcadas, le entran en los ojos, y todo es real.

“El porno lleva a cabo una importante labor pedagógica.” A menudo se alaba la función pedagógica del porno: enseña cómo hay que hacerlo. Lo que enseña el porno es cómo hay que tratar a las mujeres: hay que insultarlas, despreciarlas, humillarlas, castigarlas, violarlas, atarlas, asustarlas, azotarlas, torturarlas, agredirlas, asfixiarlas, destrozarlas y vencerlas… La seducción es, por supuesto, algo pasado de moda. Y sin embargo está en la seducción el principio justificador de muchas conductas (o enseñanzas) posteriores: seducir no deja de ser algo muy parecido a engañar: a las mujeres hay que seducirlas, es decir: engañarlas: una vez engañadas, ya se puede hacer con ellas lo que se quiera. El engaño es una trampa y la mujer la presa que ha caído en ella. Una vez presa, el cazador es su dueño. De alguna manera la habilidad para cazarla legitima su uso posterior: puede domesticarla, comérsela o degollarla y poner su cabeza adornando el salón. En este sentido es habitual que los actores porno más brutales se les muestre como “caballeros”[12], una burda máscara que no sólo responde a un obsoleto punto de vista sino que esconde también la artimaña del cazador: la galantería como cebo para que se relaje la atención de la víctima. Claro que muchas veces el porno se salta estos vericuetos y va directamente al grano: se las viola y punto. Y si se resisten, mejor: el placer de la resistencia es continuamente expresado en el porno. Así, una página web declara: “¿qué es mejor que una tía que quiera comernos la polla? Una que no quiera comérnosla y tenga que hacerlo”. La pedagogía no se limita a la cama: fuera de ella también se enseña como hay que tratarlas: dándole órdenes. Porque a la mujer también se la enseña como tiene que comportarse: siempre obediente, siempre sumisa, siempre complaciente, dispuesta a todo (para evitar que la tilden de mojigata, estrecha o poco sofisticada), necesariamente predispuesta a relaciones lésbicas para satisfacción del macho, espectador y amo, agradecida y sonriente si la escupen, agradecida y sonriente si la ensucian, agradecida y sonriente si le dan dos hostias. Manchada, dócil. Vencida. Inerte.

SILENCIO Y MIEDO (‘BONDAGE’)
Criticar al porno parece algo inconcebible, porque se ha extendido la idea de que el porno mola, el porno es guay, el porno es lo mejor[13]. El porno se ha instalado en nuestra sociedad y ha logrado legitimarse con una autoridad sorprendente, incluso entre los que no lo consumen. Los que saben realmente de qué va el asunto suelen buscar la complicidad del aficionado, ese rollo machote que ineludiblemente conduce al celebrado “Todas son unas putas”. Resulta sorprendente la resistencia de los ignorantes y la desfachatez de los entendidos. Pero la sorpresa se difumina cuando se tienen en cuenta las múltiples y poderosas estrategias que ha seguido el porno para conseguir esta victoria.

Cuando el programa 21 días, de Cuatro, dedicó un programa a la industria del porno lo llamó 21 días en la industria del porno, y a pesar de que en tal enunciado no había nada que indicase que su presentadora, Samanta Villar, tuviese que protagonizar escenas porno, la periodista y la cadena recibieron una avalancha de insultos y descalificaciones por no haber estado “21 días chupando pollas” como exigían muchos comentarios de televidentes que se sentían “decepcionados, engañados y estafados”. Si algo se le podía criticar al programa era su complicidad con esa industria, su acercamiento en tono de colega y la ausencia absoluta de crítica (más allá de un par de momentos en los que Villar arrugaba la nariz). La propia Villar declaraba: “El equipo y yo queríamos dar una imagen del porno alejada de los tópicos de sordidez, vicio o drogas”. Es decir, que se partía de un prejuicio positivo hacia el género. Algo cada vez más habitual y, a la vez, a contracorriente del ideario habitual de la parrilla televisiva: resulta al menos curioso que cuando en todos los asuntos se intenta buscar el lado oculto, en el porno se intenta mostrar el lado amable[14].

Esta prudencia, este miedo a molestar a la pornografía, a disentir del discurso dominante (la pornografía mola), a señalarse, en fin, es algo muy extendido. Las teorías feministas son ridiculizadas, ninguneadas y descalificadas si están contra el porno y recibidas con entusiasmo si están a favor. Las tribunas de los periódicos ceden con placer su espacio a opiniones tan ridículas y dañinas como las de Enrique Lynch[15] y Vicente Verdú[16], abanderados de esa extensa, cobarde y bochornosa sociedad de hombres llorones que señalan temerosos la pérdida de sus centenarios privilegios.

Por lo demás, en el porno no interesa la conciencia, se descalifica a los redimidos, se burlan de los arrepentidos[17] y hasta análisis brillantes como el de Andrés Barba y Javier Montes en La ceremonia del porno mantienen una prudencia práctica y cobarde: saben que entrar en valoraciones morales no vende, por lo que sus análisis semiológicos y semióticos obvian el hecho que está detrás del discurso: descifran los elementos estéticos y simbólicos de las ejecuciones olvidándose a propósito del destino de las víctimas.

Todo esto conforma un panorama de unanimidad positiva, en el que cualquier crítica es sospechosa, un excelente caldo de cultivo de lo que podríamos denominar reaccionarismo inverso.

NORMALIZACIÓN (‘PORNO CHIC’)

De Haro Tecglen[18] a Vicente Verdú, de Román Gubern a Salman Rushdie, de García Berlanga a Valentino Rossi[19], un nutridísimo elenco de escritores, analistas y famosos ha mostrado su admiración y sus respetos por el porno. La revista Interviú editó hace años una amplísima colección de películas porno acompañadas de unas separatas en las que, junto a algunos datos técnicos, incluían dudosos análisis que abundaban en los aspectos artísticos del asunto y en sus argumentos, y también columnas escritas por todo tipo de famosetes (de actores a cantantes) en los que éstos comentaban sus puntos de vista sobre el género (todos positivos cuando no exultantes), contribuyendo así de manera contundente y machacona a esa normalización del porno, reforzando la impresión de que el porno es divertido, sano (¡sano!), genial, y consagrando su introducción en la vida cotidiana. Algo también reforzado por la inmensa mayoría de los medios de comunicación (unos más que otros: la labor del Grupo Zeta y de Prisa, alentados por los beneficios económicos que la explotación de este material les ha proporcionado, ha sido infatigable), en los que la presencia de anuncios de prostitución tampoco deja de crecer. Así, la parrilla de Digital Plus se ha ido llenando de espacios dedicados al porno y sus taquillas han visto crecer los canales dedicados al porno (de los dos iniciales hasta los nueve actuales) en detrimento del cine de estreno, estrategia común a infinidad de canales locales y generalistas. Las películas de Digital Plus incluyen una sinopsis redactada siempre en términos “simpáticos”, con recursos tan pueriles como la rima fácil. Todo vale para relajar el asunto, para presentarlo como algo inofensivo, cachondo, y parece que la cosa funciona, que la gente se ríe con estas cosas. La Cadena SER celebró los 20 años del porno del Plus en un tono realmente festivo y lleno de risas. No sé por qué causa tanta risa el porno, me temo que serán risas nerviosas, al menos así acaban pareciéndolo. Aunque Digital Plus mantiene decisiones tan sonrojantes como no emitir porno durante la semana santa (sólo en taquilla). También El País Semanal ha analizado el asunto, lo ha llevado a su portada y no ha rozado siquiera la crítica, no ha planteado preguntas elementales, se ha esforzado en ofrecer al gran público una imagen saneada, normal y apetitosa del negocio … Sólo se denuncia la pederastia, aunque se permiten y se celebran las constantes referencias pedófilas en las películas de adultos, donde la referencia a niñas y adolescentes es apabullante, donde se explota la imagen y las actitudes infantiles, donde se aplauden las producciones de jóvenes que acaban de cumplir dieciocho años, donde se juega con la ambigüedad de las edades: el rollo teen, también conocido como barely legal (apenas legal), actrices o modelos pornos muy jóvenes, de apariencia casi infantil.

Incluso quienes se atreven a cuestionarlo, acaban cayendo en sus trampas. En su última novela, Snuff, Chuck Palahniuk pierde una buena oportunidad de sacudir los mitos del porno. El escritor ha optado por la sordidez y la escatología en lugar de llegar al fondo del asunto, y ha perdido fuerzas y tiempo en confeccionar un innecesario muestrario de títulos presuntamente simpáticos en los que se recurre por enésima vez a la parodia de películas de éxito[20]. Una de las protagonistas, la representante de una actriz porno, afirma: “Da igual que una mujer sea una concubina o una damisela a redimir, nunca es nada más que un objeto pasivo para satisfacer las necesidades de un hombre”. Lo que parece una crítica incluye la aceptación de que el hombre necesita hacer lo que hace con las mujeres. Necesita escupirles, azotarlas, humillarlas, insultarlas.

Por supuesto, los protagonistas del negocio también defienden su corralito. El productor de pornografía Larry Flynt afirma que la pornografía es vital para la libertad y que una sociedad libre y civilizada debe ser juzgada en función de su disposición a aceptar la pornografía. El ínclito Max Hardcore explica que comenzó a hacer porno porque en el porno que existía no veía lo que quería ver, y se divierte contando cómo las chicas que llegan a su casa no tiene ni idea de lo que les va a ocurrir. La sorpresa, la mentira, el chantaje, la amenaza, son sus armas. “El secreto está en pulverizar su voluntad, reducirla a pedacitos, y cuando ya sólo son pedacitos, machacarlos aún más”, afirma, entre risas. Podría pensarse que el caso de Max Hardcore representa lo peor de este negocio, de hecho hay compañeros de profesión que reniegan de sus prácticas porque les parecen muy extremas y porque dan una mala imagen del género, pero lo cierto es que sus hazañas beben del porno alemán y del japonés, y han creado escuela entre los nuevos productores estadounidenses y europeos. Sus modos y maneras son cada vez más habituales en las producciones más comerciales, viejas estrellas como Rocco o Vidal van cada vez más allá para no quedarse atrás (los salivazos, el gagging, los azotes, las hostias y los insultos son marca de la casa en ambos casos) y buena parte del porno emergentes se siente inspirado y legitimado por estos maestros.

Cuando Rocco es preguntado por la violencia de sus películas[21] se defiende así: “La violencia es, sencillamente, la forma en que yo vivo mi sexualidad, y son muchas las mujeres que lo comprenden”.

Algunas actrices reconocen haberse sentido maltratadas y asustadas por ellos, pero lo dicen con la boca pequeña para no poner en riesgo su posición, y en general se tiende a no darle demasiada importancia al asunto.

Tampoco los analistas escapan a este efecto normalizador. Gabriela Wiener es una escritora peruana que se ha hecho famosa por “haber venido a España para follar con Nacho Vidal y escribirlo”. El hecho no es exactamente así: si alguien se molesta en leer su Sexografías comprobara que tal afirmación dista mucho de la realidad: después de definir tranquilamente (irresponsablemente) a Vidal como “el violador que toda mujer quisiera encontrar en su camino cuando se ha empalagado de hacer el amor”, Wiener relata un encuentro en el que Vidal le pide que le enseñe su vello púbico y se masturba corriéndose sobre sus zapatos. Tal acto es calificado por Wiener, incomprensiblemente, como su venganza personal en nombre de todas las mujeres que han sido maltratadas por Vidal. El peligro de sus tesis desesperadamente provocadoras quedó en evidencia en una mesa redonda del primer Festival Eñe denominada “Pornófilos” cuando Wiener negó la conveniencia de psicoanalizar su afición por el porno: “Si lo hiciera me vería como una nazi, descubriría que soy una racista, y eso no me gusta”. Por último, un crítico tan poco sospechoso como Jordi Costa afirma: “Pensar que las películas clasificadas X están muy orientadas a satisfacer las necesidades de los hombres degradando un poco a la mujer es uno de los prejuicios que suelen rodear al porno con los que estoy menos de acuerdo. El porno hay que verlo como fantasía: no hay que creérselo a pies juntillas. Es una ficción que, por así decirlo, ocurre en un universo de pasiones excesivas en el que no rigen las mismas reglas morales que en nuestra vida. Por otro lado, hay muchas mujeres dirigiendo porno y lo que hacen no es, en muchas ocasiones, precisamente suave. El porno para mujeres más blando y paternalista suelen hacerlo hombres que creen que, detrás de cada mujer, hay una Heidi que prefiere una caricia a un pasional mordisco”. Y añade: “El porno gusta porque es la sublimación de nuestras fantasías más íntimas en forma de gran espectáculo”. Exacto: el espectáculo de la agresión a la mujer[22].
 La inspiración es uno de los grandes efectos de esta normalización del porno. La televisión, el mundo pop, los videoclips, el cine, la publicidad[23]… están cada vez más influidos por la estética y la ética pornográfica.

EFECTOS Y CONSECUENCIAS (‘CUMSHOTS & BUKKAKES’)

Podemos encontrar teorías sobre los efectos de la pornografía totalmente contrapuestas. Sus defensores alaban sus “virtudes pedagógicas” o insisten en la imposibilidad de vincular conductas o hechos violentos a la contemplación de pornografía, y sus detractores recuerdan que una de las motivaciones fundamentales del consumo de pornografía es la de adquirir nuevas ideas y propuestas para después ponerlas en práctica. Algunos estudios demuestran que, como mínimo, la pornografía deja la impresión en los espectadores de que el sexo irresponsable no tiene consecuencias adversas. Otros detallan numerosos cambios en la conducta sexual después de exponerse a la pornografía, incluyendo la trivialización de la violación. Hay quienes definen la pornografía como una descalificación de la sexualidad que internaliza ideas destructivas en asociación con la misma. Es algo muy cercano a nuestra tesis del secuestro del sexo.

Con todo, lo peor del porno es que es impune. Quien quiera ganar una fortuna maltratando a mujeres puede hacerlo sin temor. Nadie le molestará, nadie le criticará, se hará rico y será aplaudido. Los seguidores de este género podrán declararlo orgullosamente. Se declararán misóginos sin problemas y serán felicitados y admirados.

No se trata de salvar el porno (por mi parte ¡que se joda el porno!) pero sí de plantear sus límites. No se trata tampoco de recurrir a la censura, por ineficaz y porque provocaría el clásico discurso falaz de ir contra la libertad de expresión. Se trata de controlar cómo se genera el producto, de luchar contra la exaltación del terrorismo de género. Hay una manera muy sencilla de hacerlo: adecuarse a los derechos humanos. Andrés Barba y Javier Montes recuerdan en su citado ensayo que Potter Stewart, juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos, sentó las bases de jurisprudencia en estos asuntos manifestando que “no sabía definir la pornografía pero sí era capaz de reconocerla”. Del mismo modo, aunque alguien no sepa definir estos límites, sí será capaz de reconocerlos. Y si tiene alguna duda, puede resolverla con un ejercicio muy simple: ponerse durante un momento en el lugar de esas mujeres. Verá cómo entonces entiende al instante que el porno es, simplemente la celebración de un crimen.




[1] A veces hasta se prescinde de esta coartada. En el subgénero de dominación, por ejemplo, no hay nada de sexo, más allá de que las chicas estén más o menos vestidas; sólo hay un hombre agrediendo a una mujer, pero tales agresiones son admitidas porque se supone que se hacen dentro de un marco sexual (aunque ni siquiera se sigan los parámetros pornográficos de lo sexual y no haya erecciones, ni penetraciones ni eyaculaciones, ni las mujeres finjan orgasmos, sólo griten de dolor).

[2] La dignidad de la mujer y, también, la del hombre. Una de las grandes preguntas que hay que hacerse ante el porno es por qué millones de hombres se excitan, se complacen y envidian el papel de violadores y agresores que les otorga el porno. También cabe preguntarse por la complicidad de la mujer en este negocio, pues sería absurdo caer en el mensaje maniqueo de que el porno divide a hombres y mujeres en criminales y víctimas: las que lo protagonizan voluntariamente, ¿es ésa la imagen que quieren transmitir de la mujer y de las relaciones sexuales?; las que no lo combaten ¿se sienten tal vez bien porque haya “otras que hagan esas cosas”?; y las que intentan cambiarlo desde dentro, ¿no acaban engrosando una industria y participando de sus clichés y sus mensajes?

[3] ¿Por qué nadie escribe en contra de la pornografía? En los últimos veinte años he leído miles de artículos y opiniones a favor y en contra de todos los asuntos imaginables, pero muy pocas voces autorizadas se alzan en contra del porno. Michael Houellebecq sí avisó de la tendencia del porno en un visionario artículo aparecido en Les Inrockuptibles que más tarde recuperó en El mundo como supermercado: “…No habla de la violencia del deseo, sino de una violencia realmente violenta (…) Para reafirmar su potencia viril, el hombre ya no se conforma con la simple penetración (…) Para llegar a sentir placer, ahora necesita golpear, humillar y envilecer a su compañera; sentirla completamente a su merced”.

[4] Andrea Dworkin, Catherine MacKinnon y, cómo no, Robin Morgan, autora del acertado axioma: “La pornografía es la teoría, la violación es la práctica”. Si la contundencia y generalización del argumento pueden hacerlo discutible, una leve corrección del mismo lo convierte en inapelable: “La pornografía es la teoría, la prostitución es la práctica” (Alberto Lema, en Una puta recorre Europa plantea que irse de putas es como pagar una violación).

[5] Existen otras pornografías, pero son anecdóticas, residuales. Hablamos aquí de la tendencia universal, la que triunfa en el mercado.

[6] Larry Flint declaraba en la portada: “Ya no trataremos más a las mujeres como piezas de carne”. La portada suscitó reacciones enfrentadas entre los que la consideraban una agresión brutal y los que la justificaban en el nombre del sentido del humor y de la libertad de expresión

[7] Indiscutible la afirmación de Rosa Regás: “el mayor colectivo esclavizado del mundo es el de las mujeres”.

[8] El director Stephen Walker, durante la grabación de un documental sobre el porno, acude con una actriz a la casa de Max Hardcore y comprueba las agresiones que éste inflinge a la chica hasta que decide intervenir, se enfrenta a las amenazas de Max Hardcore y salen literalmente huyendo. Lo cuenta en su columna del London Evening Standard: “… Felicity (la actriz) salió corriendo y gritando histéricamente. Max Hardcore la había forzado hasta la asfixia. Se negó a seguir el rodaje y él le exigió que pagase a todo el equipo (…) Yo estaba muy asustado. La casa estaba lejos, era muy tarde, los perros ladraban furiosamente y Hardcore estaba muy violento (…) Agarré a Felicity y salimos de la casa. Estuvo llorando todo el camino. Me dijo que estaba aterrorizada, convencida de que Hardcore iba a matarla (…) ¿Quién sabe que hubiese pasado si hubiese estado sola? Este caso es exactamente el mismo de las miles de chicas que ya han grabado con Max Hardcore y de las que grabarán con él”.

[9] Paco  Gisbert: "El de ahora yo lo llamo “sexo filmado”; es como si a un vídeo de una primera comunión o de una boda lo llamáramos una película, las productoras filman ahora a gente follando y ya se creen que es cine porno". En cualquier caso, este fenómeno no es patrimonio exclusivo del porno, aunque sea en él donde se lleva a sus máximas consecuencias. En un magnífica columna en El País, titulada Mirones del horror, Manuel Rodríguez Rivero lo explica así: “Sólo mediante la cosificación absoluta de las víctimas —a las que no se considera seres humanos— es posible reducir su sufrimiento a puro espectáculo que merece ser compartido (…) Al final, la víctima (y su suplicio) pierde realidad: tiende a ficcionalizarse. Y en ello (cada vez más) estamos”.

[10] Manuel Valencia, experto en porno, declara que prefiere “menos glamour y más putas baratas”.

[11] Los argumentos que utiliza Julián Fernández de Quero en su reveladora serie Desmontando al hombre (sexpol.net), aunque dirigidos a la desvelar la naturaleza de la prostitución, son muy aplicables a la pornografía: “Durante miles de años los varones gozaron del privilegio de forzar y violar a las mujeres con el beneplácito de los Estados y Códigos Civiles (…) En las sociedades modernas, el uso de la fuerza física para obligar a las mujeres a mantener relaciones sexuales se ha convertido en delito (…) por lo que la vía sustitutoria más viable es convertir la fuerza física en la fuerza simbólica del dinero”. En este sentido, la pornografía actuaría como cauce o como sustitutivo por proyección. El motor de la construcción del arquetipo pornográfico estaría fundamentado en la venganza del hombre por la pérdida de tal privilegio. Así como “el varón prostituyente considera razonable que las mujeres son inferiores y diferentes a los hombres y que están ahí para obedecer sus deseos sin rechistar”, el actor pornográfico lleva a efecto tal consideración, y el varón pornográfico disfruta contemplándola.

[12] Así suelen referirse a Rocco Siffredi o a Roberto Malone, y así presentaba Miguel Bosé a su amigo Nacho Vidal…

[13] Cada vez que he comentado que estaba escribiendo un artículo sobre el porno, la gente me felicitaba, pero cuando les explicaba que escribía contra el porno se extrañaban y se ponían a la defensiva: “¿Cómo que contra el porno? Si el porno es lo mejor del mundo”. Cuando muestro algunos ejemplos del porno que hoy se consume, suelo obtener como respuesta que ése no es el porno que conocen mis interlocutores. Finalmente, cuando demuestro que ése es el porno que sale en Digital Plus y en todas las televisiones, el que primero te asalta si buscas páginas en internet, el que se anuncia en las revistas más vendidas, entonces (sólo entonces) muchos reconocen que, en realidad, ellos no ven pornografía. No la ven, pero la defienden.

[14] Este tono y esta intención es la que gobierna programas como Mundo X, de Sandra Uve, donde el porno se presenta como un mundo feliz lleno de gente estupenda en el que todos se quieren y todo es muy guay, y hay muchas risas.

[15] Enrique Lynch: “El revanchismo "de género" (o sea, el resentimiento femenino) es un mal que se extiende imparable por todas partes  (…) donde ese carácter resentido es más claro y elocuente es en las letras y en los videoclips de las canciones populares  (…) las mujeres actuales, que tan a menudo se identifican con una masculinidad imaginaria, no emulan la melancolía de los hombres sino que se calzan unas botas de caña alta, se atizan un atuendo de perdularia al estilo Madonna o un traje de leopardo y se retratan basureando sin piedad a potenciales amantes o pretendientes. Ni lloran ni piden perdón”.

[16] Vicente Verdú: “…nunca se llegó tan lejos, en aras de "la igualdad", a rebajar el ser de los hombres. Hombres borrados del lenguaje a través de lo políticamente correcto, difamados en el sistema familiar, desacreditados en sus formas de amar, lacerados en las sentencias de divorcio, envilecidos en la violencia de género, descartados, en fin, como portadores de algún don significante que convenga al futuro. Pocas campañas contra un grupo social fueron tan duras y generalizadas”.

[17] En un ridículo seudodebate de La noria ignoraban sistemáticamente las declaraciones de un actor porno que reconocía que su trabajo le había traído problemas en sus relaciones en la vida real.

[18] “Soy partidario de ese bendito género (la pornografía)”. Y también: “La pornografía dura, la de algunas madrugadas de Canal +, es mucho más decente (que el erotismo) (…). Se ve lo que hay que ver y como hay que verlo”.

[19] Valentino Rossi, fan de Rocco Siffredi, llevaba en su mono lleva la inscripción “Viva Rocco siempre duro”.

[20] Sueño anal de una noche de verano, La zorra sobre el tejado de cinc, El nabo de Oz… Este recurso barato, este chiste fácil, es muy apreciado por muchos aficionados y hasta existen blogs y webs dedicados a recopilarlos.

[21] Entrevista en El Mundo.

[22] Hay quien va más allá: Camille Paglia suele argumentar que se ha exagerado la sensibilización sobre las violaciones.

[23] Ahora Emma Thompson y antes Keira Knightley, protagonizan campañas contra la prostitución y el maltrato actuando como prostituta y maltratada. En el caso de Knightley, su spot de maltrato fue buscado y contemplado con asiduidad por numerosos internautas excitados por la idea de ver a la bella siendo maltratada…

Fotografía de portada y primera del interior del texto de Kathryn.

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